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domingo, 6 de agosto de 2023

DESDE JODOROWSKY HASTA ZABLUDOVSKY EN LA FIESTA DE REFORMA

 



 

 

Por Carlos Valdés Martín

 

Esa fiesta era tan espectacular, que, al día siguiente, los titulares gritaron: "Orgía Hippie". Y es una anécdota completamente cierta, en la mejor zona de la Ciudad de México, sobre una fiesta divertida con la mezcla de personajes notables. Al día siguiente, en la prensa se difundían las fantasías estrambóticas, donde aparecía el apellido Jodorowsky. Ese apellido llamó mucho la atención y no era el único notable. En las publicaciones escandalizadas lo argumentos mezclaban esperpentos, revelaciones insospechadas y una sensualidad rayana en lo porno. Ese apellido sonoro y lejano no alcanzaba a pronunciarlo con claridad. Eran los alocados años del descubrimiento del hipismo y revelaciones tan variadas sobre hongos alucinógenos, que no sabía si tomar en serio lo que aparecía en la revista o echar a correr. De momento escondí la revista bajo un cojín y mi padre no se dio cuenta, aunque en la casa no había una prohibición por la lectura, ese texto sí me provocaba dudas y hasta angustia. Preferí revisar ese escrito con calma en la soledad del baño.

Por la rareza de los apellidos asociaba ese nombre con el ícono de las noticias comerciales de la noche, al noticiero con Zabludovsky. En la televisión de blanco y negro, con tan escasos canales para mirar, las noticias de la noche, llamadas las “24 horas con Jacobo Zabludovsky”, eran la referencia indispensable para los adultos. A la hora que salía prefería retirarme a dormir, tanto por sugerencia de mi madre, como por la convicción adolescente temprana de que las noticias eran aburrimiento puro. En la pantalla televisiva, el locutor más famoso resultaba de una edad indefinida, aunque a los ojos de un chico resultaba un vejete flanqueado por enormes audífonos.

Los audífonos daban un aire extraterrestre al locutor Zabludovsky y la complicación del apellido sumaba en el ambiente extraño. Luego la “pantalla de plata” del televisor transforma lo extraño en cotidiano. El acceso al televisor comenzó siendo un lujo y novedad, para tornarse en un ritual de todas las clases sociales, que, en las noches del México tranquilo, encendían los noticieros nocturnos. Ese noticiero les decía a millones de mexicanos qué maravilla era su país, qué sucedía de importante y qué esperar en su mañana cotidiano. Esas noticias moldeaban la realidad, indicando el imponente aparato del Estado que incluía cada rincón del país; señalaba lo inusitado; marcaba las fronteras de lo criminal e ilegal; mostraba los objetos del deseo en productos novedosos; señalaba los límites de la ciencia y tecnología con la aviación y hasta con las hazañas de los astronautas; la sana diversión del olimpismo deportivo; las tendencias de la belleza. La importancia de los noticieros para moldear una época debe subrayarse. Y el noticiero más importante lo conducía el curioso personaje Zabludovsky, quien durante una hora o más, acaparaba las miradas de millones de mexicanos. Un locutor señalando con voz pausada cómo era su realidad, apuntando los lineamientos de qué creer y esperar. Esa era una década conectada por las microondas, que captaban las antenas y desembocaban en cada televisor colocado en el centro de millones de hogares.

Mientras la televisión se levantaba como el medio de comunicación clave, remplazando al radio y periódico, también operaban con intensidad y bullicio muchas otras formas de expresión. En esas décadas, en particular la expresión teatral se revolucionó con nuevas tendencias, muy disruptivas y en México sonó el nombre de un joven emigrado, Alejandro Jodorowsky. El joven provenía desde el sur del Continente y destacó por su ánimo contestatario, creativo y viajero. Él pronto sobresalió con proyectos irreverentes que se asociaron al ámbito juvenil del hipismo y la contracultura. Jodorowsky protagonizó escándalos que lo hicieron notorio en muchos países, y, en su andar incansable, tomó asiento en México. En este país, el joven “Jodo”, como lo apodaban sus amigos (destacando el verbo joder con el apellido) mostró su talento y versatilidad, lo cual no detallaré, pues merece un ensayo completo. A lo que aquí interesa es que él acudía a los ambientes intelectuales de la capital del país, donde se codeaba con creadores selectos y estrellas del cine, teatro y la pantalla televisiva. Y uno de los puntos de contacto entre esos grupos de artistas emergentes y los consagrados eran las fiestas.

¿Cómo se mezclan los sonoros apellidos Jodorowsky y Zabludovsky? En una rápida noticia sobre una fiesta, que fue interrumpida por la policía y apareció en las notas escandalosas de México, allá por el año 1971. Aparecían en la publicación muchos nombres destacados: fueron detenidos Isela Vega junto a otras estrellas como Alejandro Jodorowsky o José Alonso, aparecía el nombre de Héctor Bonilla y Jorge Luke. Un periódico sacó una nota el sábado 13 de febrero de 1971 donde señalaba que las autoridades irrumpieron en una “fiesta hippie”, donde abundaba “rock, travestis, homosexuales, hippies y olor a mariguana a todo lo que daba”[1]

En sus recuerdos, Jodorowsky sospecha que fue una trampa de la CIA, porque la fiesta era enorme y realizada en plena Avenida Reforma, en la parte más vistosa de la ciudad, por lo que la redada parecía un desatino de la policía. El caso pasó como un chispazo de escándalo por todos los medios públicos, inclusive los noticieros más importantes, como el oficioso de Zabludovsky. Ningún participante fiestero quedó detenido. Fueron llevados a una comandancia policial, declararon ante el Ministerio Público y luego de pasar largas horas amagados, se terminó la pesadilla. El resultado fue un acto policiaco de amedrentamiento, para fichar y espantar, una especie de advertencia contra el “sector dorado” de la capital de la república, ante quienes la autoridad mostraba su prepotencia.

 NOTAS:

 

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