Por Carlos Valdés Martín
La mente humana posee la facultad de establecer modelos a partir de datos dispersos, es más, cualquier operación mental requiere de marcos conceptuales para funcionar. Esta interpretación de la mente humana hacia el conjunto es instantánea y espontánea, de tal manera que está operando continuamente. Este argumento comienza por el conjunto, afirmando que la totalidad existe y que en automático la capta la mente; aunque si esta captación es correcta o equivocada habrá que definirlo.
Monoteísmo y marxismo: preludio
Ciertas ideologías son claras en su referencia hacia la totalidad, por ejemplo, las religiones monoteístas sin dudar refieren hacia una divinidad creadora del universo, que existe antes del principio de los tiempos y que existirá después de que el creyente haya muerto, y que le garantiza existencia eterna a su alma. En ese concepto místico monoteísta, la totalidad está garantizada en un punto de unificación que concentra en Dios. Para una mentalidad atea también existe algún tipo de unificación que presenta mayores dificultades, porque no queda definida de antemano, aunque es viable hacer trampa. El mejor ejemplo de esa trampa realizada está en la filosofía que busca ser radicalmente materialista de Marx y Engels (en especial este último), que pretenden erigir un “materialismo radical”, que sea ateo y que sea consecuente con un concepto de materia que recorra la totalidad del sistema, junto con la “varita mágica” de reconstituir la sociedad desde sus cimientos. Curiosamente, Engels con claridad trata a la materia misma como a una divinidad afirmando que es eterna infinita e inmutable, sin principio ni final, y que su ley del cambio también resulta eterna[1]. De la misma manera, consciente del “problema de la totalidad” planteado diáfanamente en Hegel[2], el afamado Marx, se propone establecer una interpretación total del capitalismo como sistema económico-social, estableciendo a la sociedad misma como una especie de deidad que posee leyes propias que guían a la humanidad desde el principio de los tiempos y lo seguirán haciendo de manera firme hasta el último aliento de los siglos. Para tal propósito, Marx recurre a algunas simplificaciones conceptualmente fatales, como que el tiempo se cristaliza en un valor que no desaparece y que la dualidad del sistema se levanta sobre una dupla de capital-malo y proletariado-bueno, como si la posición en la producción manara con su manual de ética en un filtro salvador. Esta referencia a religión con marxismo es importante por el protagonismo político del marxismo y su embate contra el “otro campo”, que se dividió entre liberalismo ganador indiscutible y el fascismo perdedor[3].
Ahora bien, el ejemplo del propio Marx muestra que la unificación conceptual de la totalidad presenta retos formidables, por lo que espontáneamente dicha unificación no se termina, ya que el conjunto desborda a las partes. A pesar de su talento y dedicación Marx fue incapaz de terminar su obra sobre la economía capitalista, limitándose a establecer el primer tomo de El capital, y el crítico Antonio Escohotado ha mostrado que justamente Marx todavía no alcanzaba a definir bien un concepto clave de su sistema, que son las clases sociales, el cual paradójicamente funda al sistema de pensamiento comunista, con el cual comienza el afamado Manifiesto comunista de 1848[4]. Lo anterior significa que hay una paradoja en el proceso de pensamiento que pretende ser estrictamente materialista, dado en este ejemplo y esa paradoja, tal como se ha mostrado prácticamente, termina siendo catastrófica: caída del sistema y caída del Muro de Berlín.
La incertidumbre fue soportada por Heisenberg
El pensamiento humano y la ciencia en particular buscan resolver los enigmas que se presentan. Una de las fases indispensables consiste en definir con la mayor precisión posible el qué de nuestras observaciones. El hambre de conocimiento es la inclinación espontánea y nadie está contento reconociendo la propia ignorancia, por lo mismo existe una tendencia hacia el saber, la cual no resulta sencilla de resolver. La humanidad comenzó con un conocimiento muy imperfecto de la realidad y con escasas herramientas mentales para dominar su entorno; lo mismo sucede con cada individuo, que comienza con una mente sin elementos para resolver su entorno. El camino recorrido por la humanidad ha transitado por muchos logros, que no son inventos sencillos tales como el lenguaje y la escritura, las matemáticas y la física, etc. Un individuo por sí mismo no está en capacidad de inventar lo que tomó generaciones de maduración e individuos sobredotados en alcanzar, sin embargo, para eso está la educación y lo que recibimos de la generación pasada. Ahora bien, la capacidad para recibir conocimientos y asimilarlos es muy variable, siendo que sin la participación del individuo mismo el resultado es paupérrimo. Asimismo, alcanzar resultados excelsos en conocimiento no resulta sencillo, por lo que las mejores universidades cobran exorbitantes cantidades por la promesa de ponerse en contacto con un sistema exitoso de transmisión del saber.
La pedagogía aborda el camino para alcanzar el conocimiento y sus resultados se revisan constantemente con (más o menos) insatisfacción en cada periodo. El reto de la pedagogía no es sencillo, por que el reto de alcanzar el conocimiento atraviesa por el “desierto” de la ignorancia. El filósofo Descartes señaló que el primer paso del saber efectivo (método racionalista)[5] atraviesa por la duda radical, que tras dudas mucho, alcanza certezas y luego bajo ciertos principios metódicos alcanza a reconstruir los objetos de realidad. Antes de alcanzar las ideas claras y distintas cartesianas, habría que pasar por el trago amargo de la duda y dejarla en claro, sin embargo, la mayoría no está dispuesta a pasar por incomodidades en el proceso del saber.
Existe una incomodidad peculiar del pensamiento científico que hizo historia bajo el sello de Heisenberg, que se ha denominado incertidumbre. Este físico señaló la imposibilidad real de definir la posición junto con su energía y desplazamiento de la más pequeña partícula. A los colegas esta incertidumbre no les agradó e intentaron refutarla en vano, de tal manera que los esfuerzos inútiles por derribar esa incertidumbre consolidaron los principios de la física cuántica, que a la fecha avanza tan campante. Así, como el científico riguroso no acepta la incertidumbre, hasta que la rodea de un marco teórico, también el simple ciudadano se molesta con las indefiniciones y busca una explicación, la mente humana está diseñada para unir rápidamente los puntos para mostrar un esquema, señalada en la psicología como pareidolia, o bajo otro argumento, como dar rostros[6].
El mapa sobre la tierra incógnita
Entre sus múltiples humoradas, Carroll se preguntaba por qué las carátulas de los relojes no arrojaban fuego en lugar de dar puntualmente la hora. De manera espontánea sabemos que el mundo está sujeto a leyes o reglas, que conjuran el caos subyacente, tal como la sucesión del día y la noche se sobrepone al clima lluvioso que no esperábamos. Aquí por caótico se entiende lo inesperado e imprevisible, donde no podemos predecir su comportamiento y se desborda a nuestras previsiones.
En la Antigüedad los marineros sabían que nadie había recorrido todos los mares, por lo que dejaban regiones separadas en los mapas que llamaban las “tierras incógnitas” y “mares desconocidos”. Esta separación en el espacio permitía tener más confianza en las zonas donde sí habían pasado los viajeros. La confección del mismo mapa era otro avanza para crecer la confianza del viajero, pues desplegar un planto ante la vista permite un alcance rápido de lejanías y fijar en la mente las rutas y entornos. Sin los mapas la mente se extravía con facilidad, por más que se requiere de memoria para reconocer los sitios y el avance, sin esa ayuda para la memoria resulta poco recomendable aventurarse por tierras desconocidas. Cuando el paisaje resulta por completo desconocido y le agregamos configuraciones que nunca antes miramos estamos ante una “tierra incógnita", la cual se abre a la imaginación de los prodigios, las hadas o los monstruos.
El mapa da una enorme tranquilidad y facilita los viajes como nunca antes, sin embargo, de manera espontánea reconocemos que “el mapa no es el territorio”. Al mismo, tiempo la teoría del conocimiento y la lingüística reconocen con que nuestra mente confunde con facilidad entre la representación y la cosa misma[7], por más que seamos cuidadosos. Sin mapa hay errores mayúsculos como el de Colón que calculó llegar a China y tropezó con América. Con un mapa erróneo la equivocación está garantizada. De hecho, los mapamundis usuales no dan una representación intuitiva de los territorios de los países, por el efecto de volver plano lo que es esférico, así los extremos del Norte aparecen proporcionalmente más grandes; sin embargo, siguen siendo los más usuales y nos evitan la molestia de las tierras incógnitas.
La conexión ordenada: converger en un único punto
En este universo sucede algo increíble: por un solo punto pueden conectarse con todos los demás sitios, en sentido, estricto de todos. A primera vista parece una exageración, pero no lo es. Lo explico por partes. ¿Es viable siquiera imaginar que todo converge en un único punto? El argumento puede resultar disparatado cuando señalamos que el universo es una especie de infinito que se expande a la velocidad de la luz y que no es viable alcanzar sus límites, precisamente porque esa velocidad luz es el límite de la rapidez. Por principio es imposible que todo converja en un punto. Dejemos de lado el argumento cosmológico que un Big Bang implica que el universo surgió desde algún lugar, que al estar tan comprimido cabe imaginarlo como un punto masivo, más allá de los límites normales de compresión. Mejor veamos si un simple punto en un plano se puede conectar con todo el plano, que por principio representaría una infinidad de puntos. Más aún, con una línea recta es viable conectar ese único punto con todo el plano. Conectar cualquier punto elegido en el punto seleccionado, resulta sencillo establecer una reca, que vaya de X hacia Y, sin importar qué tan distante esté Y, ni en qué coordenada se encuentre. Como suponemos que hay una infinidad de puntos Y en ese plano, por X pasará también una infinidad de rectas. Y ese plano pequeño también lo podemos expandir teóricamente al tamaño que gustemos, y entonces será una cantidad infinita de líneas también, conectando a ese sencillo punto con cualquier otro punto del universo.
Desde otro punto de vista, la capacidad de conexión con cualquier punto nos la imaginamos como un privilegio excepcional. Nadie tiene capacidad real de trazar líneas geométricas que se extiendan en línea recta hacia cualquier punto. Ese viaje en línea recta lo cumplen las hipótesis geométricas y nuestra imaginación, aunque una sensación espontánea la atribuye al viaje de la luz en el espacio sideral, por más que Einstein comprobó el viaje en espacio curvo. Existe la sensación de conexión entre puntos lejanísimos, como si fueran líneas, que el simple concepto de espacio pareciera permitir.
Cada uno de los puntos en el plano tiene la misma capacidad de estar conectado con todos los demás. Sin embargo, tendemos a no imaginar en esos términos democráticos y al punto que se conecta con todos los demás tendemos a verlo como privilegiado. Esa es la noción de un centro del círculo como un punto único y extraordinario que cumple con un requisito especial, como si esa centralidad sí permitiera conectar con toda la circunferencia. El centro conecta con líneas que llamamos radio y que tienen el mismo tamaño entre el centro y la ruta más próxima a la circunferencia. El punto del centro indica una jerarquía espontánea del espacio, por más que en el otro lado opera una indiferencia de los espacios continuos.
¿A quién culpar de todo en todo? A la élite mundial
Ahora bien, la sociedad humana funciona distinto respecto de los sistemas ordenados de manera estricta. El panal de abejas posee un sistema instintivo que no requiere de legislar, ni deliberaciones legales, ni programaciones de presupuesto, ni jueces dando veredictos, ni un presidente o rey dando órdenes. La complejidad humana en su interacción es mayor que la del reino animal, porque los seres humanos tenemos más factores involucrados. Entre humano aparecen todos los factores que acabo de señalar les faltan a las abejas, además de otros más que están en los sistemas económicos, lingüísticos, efectos tecnológicos, etc. Ahora bien, para las tesis conspiranoicas la realidad humana es extremadamente sencilla: atrás de todo lo importante que sucede en el mundo hay una élite oculta que mueve los hilos. Que, si cae un gobierno, responden la élite; que, si resulta que no cayó, la misma respuesta; que, si el gobierno funciona bien, responden la élite; que, si está fallando, la misma respuesta de la élite. Lo mismo para la economía: que, si el dólar sube, es la élite; que, si el dólar baja, es la élite; que, si se mantiene oscilando, también es la élite. Y las respuestas monótonas y aburridas, sobre la élite tiene las culpas, se extienden hacia cualquier asunto, como los gustos musicales. Que, si Madona muestra mucha pierna, es la élite; que, si Madona tiene muchos bailarines, es la élite; que, si se le termina su carrera, entonces es la élite que se aburrió de tanto promoverla. Que, si cambian los gustos musicales, y ahora son Taylor y Dua Lipa, ¿qué esperan para culpar a la elite?
Lo que explica forzadamente tanto, termina por no explicar nada. En el periodo medieval, para el cristianismo más ingenuo bastaba invocar al Espíritu Santo o a sus contrarios en Demonios, para atribuir la lluvia, el crecimiento de las cosechas, un invierno crudo, un incendio, unos lobos aullando en la noche, la enfermedad de los niños, y el exceso de ratas en los basureros. Por la ciencia y la educación se supone que ya no somos tan ingenua y que no vamos a imaginar conque una entidad fantasiosa y sin pruebas de su existencia es la culpable de todo. Ese mismo argumento gastado se repite con las tesis conspiranoicas, que culpan a la Elite de todo lo malo y, por excepción, lo bueno.
¿Dónde está esa élite conspiradora dueña del mundo?
A la hora de preguntar más a fondo sobre la élite mundial, empiezan los resbalones, porque todo conocemos con nombre y apellido a los gobernantes de países más poderosos y a los ricos más ricos de la actualidad. Pero la claridad no le agrada a la tesis conspiranoica, pues prefieren una colección de sus repudios y de omisión donde les agrada. Cuando le rascamos un poco, resulta que a muchos deorientación conspiranoica les agrada Putin, y por tanto no lo incluyen como élite mundial, al más belicista de todos los presidentes de potencias. Hubo una moda donde eran los “globalistas”, los únicos auténticos de la élite mundial que sí movían los hilos malos, por tanto, los nacionalistas tipo Putin y Lula no les desagradaban, pero cambian los vientos de la política y para los norteamericanos ahora pareciera que sí, ya son parte de los malos. Viceversa, para los simpatizantes de Putin, van cambiando los miembros de la élite mala. Para los simpatizantes de Xi Ping, también están cambiando los de la élite mala.
En algún momento, pareciera que las tesis conspiranoicas, estaban contra el Estado norteamericano, que era el Deep State, que movía los hilos de todo lo malo. Pero aparece Trump, entonces los ultra-millonarios fiesteros y controlando al Estado norteamericano ya no les parecen Deep State. Entonces a contentillo, se cambia el contorno de la élite mundial y terminará por ser nada relevante.
Conforme la propaganda de pro-palestinos se incrementó, entonces los judíos vuelven a estar de moda como los manejadores de la élite mundial, cuando pase esa oleada, con certeza dejarán de ser el eje del jaloneo.
En conclusión, la supuesta élite conspiradora no está formada por todos los gobernantes poderosos y hasta tiránicos, ni los ultra-ricos reales, sino una serie de filtrados según los gustos arbitrarios de quien argumente. Una teoría de calidad científica entraría con facilidad a las universidades, pero la teoría de la conspiración se queda en la red social, multiplicada por videoclips, memes políticos y en tramas de videos anónimos que alimentan el bullicio político. Las teorías conspiranoicas no pretenden alcanzar las academias, sino entretener audiencias y alimentar discursos políticos. Algunas tendencias políticas han encontrado la manera de aprovechar el miedo y la confusión, para alimentar sus propios intereses.
Si existiera la élite concreta no por ello estará unificada
Suponiendo que alguno encuentra una élite definida y la establece con algún rigor, colocando a todos los gobernantes y a todos los ricos, al menos habrá definido a un grupo para culpar, pero ¿ese grupo realmente está coordinado? El segundo problema es que la teoría conspiranoica le atribuye a la élite mala una capacidad de actuación unificada muy superior a la existencia del Estado, de tal manera que operaría a un nivel de eficacia superior a las coaliciones del Estados.
Por si fuera poco, la tesis conspiranoica le atribuye a la élite mala una rigurosa línea de actuación, con fidelidades imbatibles, hasta con siglos de continuidad, por ejemplo, porque tuvieran sangre de alguna añeja familia de ricos judíos como Rothschild, de una aristocracia europea o hasta de alguna ficción literaria pura, como el Priorato de Sion. Cuando los hijos adolescentes desobedecen al padre ¿se imaginan que los bisnietos siguieran rigurosamente las maquinaciones de un bisabuelo muerto? Eso quieren creen las tesis conspiranoicas, como si las élites (individuos ultra ricos y poderosos) fueran dóciles títeres de unos familiares muertos hace cientos de años. Es sobradamente obvio, que unos individuos extremadamente poderosos y ricos no son fáciles marionetas de sus abuelos o de sus equivalentes en riqueza y poderío.
Si existiera la élite unificada no por ello es causa lo que se le atribuye
Una famosa versión de tesis conspiranoica fue la afirmación de que las élites mundiales tenían lista la caída del dólar para que fuera sustituido por una moneda inexistente, llamada el Amero. Se puso de moda la tesis del Amero[8], como una moneda que sustituiría al dólar y serviría como una moneda común de la región del tratado del libre comercio norteamericano, incluso, hasta sería el remplazo mundial del dólar como la moneda dominante. En el año 1999 un académico canadiense, señaló que era buena idea proponer una moneda unificada en Norteamérica. La idea no fructificó en ámbitos políticos ni financieros, por eso no pasó de una simple idea. Pero en círculos de teorías de conspiración afirmaron que el Amero estaba en camino y hasta que ya se había acuñado en secreto[9]. Después de 2010, las tesis del Amero suplantando las soberanías nacionales se desinfló y se ha ido olvidando.
Revisando la historia económica, es obvio, que la idea del Amero siempre fue una calca vaga del Euro como moneda de la Unión Europea. La integración económica de Europa occidental ha sido analizada y mostrada abiertamente, sin necesidad de ninguna conspiración. Desde mediados del siglo XX, era evidente que la ruta de viabilidad económica de Europa transitaba por la integración económica, que avanzó lentamente y con los Estados como sus agentes activos. Hay montones de iniciativas públicas y tratados internacionales a la luz del día, donde los Estados europeos más importantes, planteaban sus políticas, que buscaban alcanzar el nivel de integración económica, que convenía compartir una moneda común. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial fue voluntad de los principales países europeos avanzar por un camino de integración económica, que evitara de raíz posteriores enfrentamientos militares entre esos países, basándose en una voluntad de integración económica. Fue el consenso de la población europea para evitar una nueva Gran Guerra lo que motivó la creación en 1948 de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), que ya implicaba una ruta hacia la Comunidad Económica Europea, y abriría la ruta hacia la Unión Europea. La ruta hacia la moneda Euro estaba marcada y era pública desde muchas décadas atrás, sin requerir de una élite financiera secreta, y el camino se siguió con la presencia pública de los Estados, que tienen su sistema democrático (bueno, malo o regular), pero que no requiere de una élite mala inventando algo en lo oscuro. Y ya que sucedieron las cosas, un distraído que jamás ha revisado buenos libros de historia, inventa que en la villa Bilderberg todo quedó sellado entre elitistas.
Un individuo de élite, mientras más super-poderoso resulta menos dócil
Por élite se entiende a una selección de los personajes más poderosos, ya sea por poder político o dinero (es raro que se asuma algo más). ¿Un individuo con tanto poder posición política o derivado de su riqueza será dócil a las órdenes de otros? La amplia experiencia indica que los más poderosos no resultan dóciles a los demás y de ahí vienen los conflictos típicos. Por ejemplo, las guerras entre las dinastías de los siglos anteriores y los grandes empresarios que terminan desafiando las leyes de su país.
El argumento ordinario sobre las élites, entonces falla al suponer que esas agrupaciones sí son integradas y homogéneas, cuando no existen pruebas de ello. La antigua existencia de las aristocracias nobiliarias en Europa sería un proyecto explícito buscando la integración de élites político-económico gobernantes. Vista la historia de Europa desde el medievo al presente, resulta evidente que la rebeldía de los aristócratas de las élites, con facilidad llevaba a choques militares, reflejos de antagonismos insolubles. Por lo mismo, las instituciones de vasallaje intentaban dominar esa tendencia hacia la rebeldía de los demás miembros de la élite[10]. Otro intento de controlar tales rebeldías fue la estructura de los Estados absolutistas, que procuraban juntar constantemente a los aristócratas, formando la Corte del Rey, de tal manera que Versalles servía como un dispositivo para integrar a los aristócratas en élite.
En conclusión, la pertenencia a una élite no garantiza la mutua lealtad entre los miembros de la élite, mientras las visiones de conspiración siempre se imaginan que hay una élite suprema que está perfectamente de acuerdo para manipular lo que sucede en el mundo. En el ejemplo de la aristocracia se observa perfectamente que las luchas estallan con facilidad y que no hay una lealtad suprema de las élites, como en Juego de Tronos.
Los acuerdos entre los súper poderes requieren de formalidad y no escondidillas
Los acuerdos entre grandes potencias nacionales requieren de formalidades para que las partes sepan que acordaron algo. El mantener un acuerdo tan secreto que sus partícipes no señan que están comprometidos a algo importante es un absurdo. El reparto de esferas de influencia entre EUA y la URSS fue explícito, y, aún así, las partes se pasaron de la raya en algunas ocasiones. Sin fuerzas que obliguen a cumplir un pacto, lo escrito se vuelve una fantasía. Los pactos entre potencias que permanecen casi secretos como el nazi-soviético, se vuelven tinta mojada con facilidad, pues no hay otras fuerzas que garanticen su cumplimiento.
Conclusiones
La totalidad es un modelo forzoso del pensamiento, pero la ausencia de un referente racional de ésta favorece la argumentación de fantasías. El término de élites ha sustituido el conocimiento preciso de cómo se dirige a la totalidad social. En lugar de estudiar el comportamiento de los gobernantes y la estructura del Estado, se emplea de manera confusa y difusa el término de élites como una falsa explicación. El empleo racional del término élite debe estar sustentado y apuntar hacia el contenido evidente, sin utilizarse como un bolso multiusos para acomodar únicamente a los ricos y políticos cuando te caigan mal ese día. La evidencia señala que todos los muy ricos (multimillonarios de primer nivel) y poderosos (presidentes y líderes de grandes países), a partir del nivel cumbre sí son élites. Asimismo, la evidencia señala que los más poderosos del mundo no están de acuerdo entre ellos y, que no siguen un plan preconcebido desde hace siglos por un banquero judío Rotschild ni una agenda ñoña, llamada la Agenda 2030 de la ONU.
[1] Engels, AntiDühring y Dialéctica de la naturaleza.
[2] Prólogo a El capital de Marx, donde reconoce su deuda filosófica con Hegel y la repite en muchos otros textos y cartas, resumida en la afirmación que su teoría fue poner a Hegel sobre sus pies, porque el antecesor era un idealista.
[3] Aunque el fascismo posee un parentesco político originario con el marxismo, el ultra-nacionalismo estatista no se acerca a los fundadores Marx y Engels, sino a la deriva autoritaria del propio estalinismo y otras ramas, que levantaban “socialismos nacionales” bajo despotismo estatal. Lo miró con claridad el prócer caído, Trotsky, en muchos escritos contra Stalin y la Komintern, como España última advertencia, La internacional comunista después de Lenin, etc.
[4] Escohotado, entrevista sobre Los enemigos del comercio.
[5] Discurso del método.
[6] Deleuze y Guattari en Mil mesetas, se tradujo con el neologismo de “rostrificación”.
[7] Kant estaba muy ocupado con esto, por eso terminó creyendo que es imposible conocer “la cosa en sí”, con lo cual se armó una batahola intelectual. Véase Kant La crítica de la razón pura.
[8] El concepto del Amero surgió en 1999 como una propuesta académica del economista canadiense Herbert G. Grubel , siguiendo el ejemplo del euro en la Unión Europea, en su libro The Case for the Amero: The Costs and Benefits of Replacing the Canadian Dollar with a Common Currency.
[9] El locutor Hal Turner afirmó que el gobierno de EE.UU. ya había acuñado "ameros" en secreto para reemplazar el dólar, el peso y el dólar canadiense. Turner mostró imágenes de monedas que, en realidad, eran medallas de fantasía diseñadas por el artista Daniel Carr. Las presentaba como si fueran reales.
[10] Véase sobre la importante institución del vasallaje en Anderson El Estado absolutista y Huzinga, El otoño de la edad media.
