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miércoles, 29 de abril de 2026

HABITAR ESTÁ EN LA CONDICIÓN HUMANA


 

                     Por Carlos Valdés Martín

En la naturaleza esencial del ser humano está el habitar (Heidegger), por eso la proyección mental de inmediato señala al primitivo como cavernícola y al moderno lo imagina en una habitación confortable. Aristóteles afirmó que quien pervive alejado de cualquier ciudad está entre dos opciones: es una bestia o un dios, por eso definió a un zoón politikón. Este calificativo fue por habitar en la ciudad.

Aunque Sodoma fuera una ciudad de perdición, la esposa de Lot no se resistió a mirar hacia atrás cuando la abandonaba. Al filósofo íntegro, Sócrates, le resultaba mejor el suicidio que huir de su amada ciudad, Atenas, porque para él era preferible la muerte que abandonarla con deshonra.

Además del dormir (momento de fragilidad potencial), el habitar implica un entorno de protección. La escala va desde la más sutil sombra o una “cobija de estrellas” hasta las costosas mansiones que resguardan con las mayores comodidades.

Los nómadas y los viajeros ponen al límite esa condición, como si llevaran a cuestas su hogar. A falta de hospedaje normal, los antiguos agremiados utilizaban los talleres como vivienda. En especial, los aprendices debían acomodarse entre piedras y pajas, para descansar.

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