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domingo, 19 de julio de 2026

PROPIEDAD PRIVADA EN SUS FUNDAMENTOS

 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

Definición

En su definición conceptual la propiedad es sinónimo de privada y, para mayor claridad, la propiedad es un hecho material (económico), antes que legal. Cuando alguna cosa resulta propiedad entonces alguien (uno o muchos) la obtiene y otros (por definición muchos) ya no la poseen, entonces en automático cualquier propiedad resulta ser privada, conforme priva a otros de su obtención. Primero se obtiene una propiedad, que surge de la apropiación de una persona (o un grupo) sobre un objeto (o varios), entonces se logra una vinculación aceptada como positiva y necesaria. Para ilustración del surgimiento de la propiedad son usuales los ejemplos del cazador y la presa, aplicando un escenario primitivo de cazadores para simplificar el ejemplo y proponer un fundamento.

Las primeras definiciones de diccionario de la RAE sobre la propiedad van hacia lo mismo: “1. Derecho o facultad de poseer alguien algo y poder disponer de ello dentro de los límites legales. 2. Cosa que es objeto del dominio, sobre todo si es inmueble o raíz. 3. Atributo o cualidad esencial de alguien o algo.” De la primera definición dejo en suspenso la parte del “derecho” por ser un derivado y no la base material o económica. Entonces hay dos definiciones, la primera es poseer algo y la segunda refiere a una cualidad intrínseca (por ejemplo, el hierro tiene una propiedad de magnetismo). Para lo que aquí vemos lo interesante de la propiedad consiste en el poseer algo externo. La mente que piensa es una cualidad y en ese sentido es propiedad del individuo, pero eso no es objeto de la economía, por lo que no abordaremos el sentido de una cualidad propia. Quien vende su inteligencia que viene de su mente, la debe exteriorizar como un servicio o alquilar su tiempo por un salario, lo cual muestra la misma cualidad hacia el exterior, ya como un objeto de dominio y puede vender su pensar como trabajador intelectual o como dueño de algún conocimiento.

Vista la propiedad como cualquier objeto de dominio, entonces también es etimológicamente “privada”, pues la etimología de propiedad viene de privado, compuesta de los términos latinos “pro” y “privo[1]. En ese sentido general, el término propiedad privada es un pleonasmo que se refiere a que algún sujeto posee algo para sí y en ese sentido cuenta con propiedad.

El problema se complica cuando se propone una segunda modalidad de propiedad colectiva o común o social o estatal contra la primera modalidad que supone la relación entre un individuo y cualquier objeto (o conjunto). Bajo el supuesto de dos modalidades —entre una propiedad social (en cualquiera de sus variaciones) y una propiedad individual—, entonces ya tendría sentido especificara a la “propiedad privada” como una categoría específica, apuntando a que la segunda parte indica a los particulares y a individuos egoístas. Entonces, afirmar que la “propiedad privada” es el origen de la alienación, presupone de manera oculta, que hay una propiedad “no privada”, que luego resulta ser una “propiedad social”.

Sin embargo, los partidarios de la propiedad privada a veces llegan a extremo de negar que exista una modalidad real de su opuesto como “propiedad social”. Veamos de dónde viene esto.

El fantaseo de Engels: hubo algo antes de propiedad privada

A partir del marxismo, sus fundadores sostuvieron la existencia de una propiedad social (y sus modalidades) como una realidad más justificada y fuerte que la propiedad privada, mientras rompían lanzas contra la modalidad privada a la cual consideraron un factor de enajenación y de explotación. En ese sentido, Marx acusó la propiedad privada como la fuente esencial de terribles males de su sociedad; básicamente, la acusa de la explotación.

Como los partidarios del mercado, el capitalismo y del liberalismo llegaban a sostener que la propiedad privada era casi un fenómeno eterno, consustancial al ser humano, por su parte, los fundadores de la teoría marxista intentaron probar lo contrario.

En un libro clásico, Engels trató de demostrar que en los orígenes de la humanidad no existía propiedad privada de los medios de producción. En su texto, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado intenta demostrarlo sin contar con estudios antropológicos o de historia económica que sostuvieran de manera irrefutable su tesis. Engels se enamora del trabajo antropológico de Morgan entre los indios de EE.UU.[2] y le suma rastros de aquí y allá en otros autores y temas. Mediante un paciente recolectar datos e indicios, Engels intenta sustentar sus tesis y le da una forma agradable.

Sin datos suficientes en la parte económica pura, Engels conecta su argumento con el tema de las relaciones familiares, que provienen desde ambientes más colectivos y el tema de la formación del Estado. La parte de la familia poco tiene de relación con la propiedad privada, mientras que la parte del Estado contiene una amplia relación, en especial, con la legalización de formas de propiedad y la autoridad que las resguarda o promueve. Sin embargo, estos otros dos temas no aportan nada concluyente que realmente sustente la hipótesis de que la sociedad primitiva sea ajena a la propiedad privada.

Pospisil vs Engels en una antropología con propiedad privada, etc.

Contrario a lo investigado y creído por Engels, el antropólogo profesional Posil encontró que en las sociedades primitivas se funciona con propiedad privada, mercado, capitalismo, individualismo y esto sucede antes de que haya un Estado. El antropólogo de campo encontró que las sociedades primitivas funcionaban de la manera antagónica a lo que miró Engles en su famoso El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

El propio Engels, para intentar demostrar que en el origen (incluso mítico) de la humanidad hubo una comunidad armoniosa y una propiedad colectiva de los medios de producción como la institución fundamental, se basa por entero en los estudios de Morgan sobre los indígenas americanos y, una recopilación de indicios sobre sociedades griegas y pre feudales. Hay que aclarar que Engels no contaba con estudios bastantes ni exhaustivos sobre tales periodos precapitalistas, tanto en el sentido de que él no tuvo acceso a estudios detallados de tales periodos, simplemente porque no los había y que él no estudió tan a fondo el periodo. La hipótesis de tales comunidades y propiedad colectiva originarias son harto problemáticas, resultando mucho de una tendencia de hermosear un periodo, para acomodar el material histórico a las teorías de Marx.

El antropólogo de campo Pospisil encuentra propiedad privada y hasta relaciones próximas al asalariado en comunidades primitivas, cuando estudia detalladamente Nueva Guinea. Esta entrada únicamente es para mostrar que un estudio posterior del antropólogo Pospisil derrumba por completo las hipótesis de Engels sobre una comunidad originaria sin propiedad privada.

Descripciones de la comunidad idílica en Engels y Rousseau

El argumento de Engels nunca encuentra pruebas claras ni contundentes para demostrar de modo exhaustivo que las poblaciones originarias carecieran de propiedad privada sobre sus medios de producción, para no perder su batalla él desliza un cuarto argumento: la bondad originaria y la noción de que hubo un comunismo primitivo antes de las sociedades de clases antagónicas[3]. El argumento conceptual parece lógico: antes de la fragmentación hubo una humanidad unificada que no padecía ninguna ruptura, como espejo del arquetipo de madre-hijo, proyectado hacia una comunidad maternal. Sin embargo, en excavaciones las huellas arqueológicas encuentran huesos rotos y muestras de violencia entre tribus. La visión de una comunidad idílica y solidaria de los primeros tiempos no encuentra suficientes elementos antropológicos y hay estudios serios que indican que entre las organizaciones tribales hubo también una práctica general de individualismo y propiedad privada organizada[4].

Antes y con menos elementos, J. J. Rousseau elaboró sus descripciones sobre la “bondad natural” del “buen salvaje” que permanece como un niño, antes de que la civilización lo corrompa, en sus especulaciones sobre el origen de la desigualdad[5].

Hay suficientes relatos de tribus honorables y con una solidaridad interior formidables para armar relatos del comunismo primitivo, sin embargo, también hay elementos para elaborar descripciones antagónicas a la “tribu buena”.

 

Propiedad territorial

Rousseau más que atacar a la propiedad privada en sí, lo que considera maligno es la “propiedad territorial” señorial (y enorme en su época) y en esto Proudhon repite el argumento[6].  Lo que ataca el anarquista Proudhon es el exceso de propiedad, en especial, la territorial, mientras defiende la de herramientas y casa personal, como una base de toda existencia digna y de libertad.

Un anarquismo más individualista no cree en una sociedad comunitaria idílica como el comienzo y, en particular Proudhon, cree en el individuo como fundamento. El ataque frontal de Marx contra este autor en Miseria de la filosofía, se centra contra su falta de método y desconocimiento de los mecanismos económicos del capitalismo, burlándose de las propuestas de reforma social[7]. La reforma económica de Proudhon consiste en limitar las grandes propiedades y favorecer a la pequeña, mientras Marx imagina que aboliendo toda propiedad privada se obtendrá un efecto de revolución social por entero sano; una propuesta que abrió el camino ideológico para proyectos de dictaduras sobre y contra el proletariado.

Los enfoques de Rousseau y Proudhon ven en la gran propiedad territorial que se apropia por violencia y sin trabajar como un despojo, que origina la gran desigualdad. En ese sentido, no toda propiedad privada es igual, pues los grandes cercados y apropiaciones violentas por bandas militares y el Estado son el origen de la desigualdad. En el enfoque de Marx, en el pasado quizá sí hubo alguna propiedad privada individual justificada (pequeñoburguesa), pero en el presente capitalista ya los medios de producción son objetivamente sociales y deberán ser expropiados a favor del proletariado, como la única clase revolucionaria.

 

Propiedad privada es una limitación y renuncia

Cuando se pone un cerco y queda definida una propiedad privada ese gesto marca una delimitación, y pone un límite a la expansión. Adentro de la cerca del propietario el derecho romano definió un derecho de “uso y abuso” (jus utendi et abutendi)[8]. En consonancia, afuera de la cerca y en la no-propiedad se carece de tal dominio y por tanto no existe tal derecho, lo cual implica una restricción voluntaria ante el mundo. Tomar lo que es propio es el acto económico aceptable, mientras que tomar lo de otros resulta en el robo.

El agente político que no reconoce ningún límite de propiedad ajena, se comporta como el déspota absoluto de todas las cosas en la tierra, pues se adjudica para sí ese derecho absoluto. Esto está contenido en el precepto de negar toda propiedad privada de los otros, y de hecho así se comportó el Estado de la URSS, siguiendo la interpretación a modo del marxismo. Frente al Estado soviético ninguna propiedad privada está a salvo y las excepciones por conveniencia o gracia del mismo son temporales y están sujetas al capricho posterior. Por conveniencia transitoria en la URSS se permitió al campesino tener propiedad y se le dijo “¡Enriquecéos!”[9], para luego cambiar el timón y aplicarle la colectivización forzosa y requisar todas las herramientas y granos, provocando el hambre masiva. Notemos que el Estado soviético se puede caracterizar como el propietario privado de la nación entera, de ahí las críticas de Trotsky a Stalin al caracterizarlo “socialpatriota” y “socialista nacional”, enemigo de extender la revolución permanente[10].

Entonces la propiedad privada, a la que por lo común se tilda de egoísta, implica una renuncia ante el colectivo universal de todo lo que no es su propiedad. En ese sentido, la propiedad privada es menos egoísta, por cuanto supone renunciar a usar y abusar de todo ese universo de propiedades que están fuera de la propia. Además, esto implica que el propietario privado reconoce un universo real o potencial de otros propietarios a los que respeta y espera el mismo trato cuando exige que se respete su propiedad privada.

Oposición entre el Soberano de Hobbes y base del liberalismo en Locke

El filósofo político Thomas Hobbes señala que el único origen de la propiedad está en una decisión del poder soberano, ya que es parte de sus facultades. Para la visión del Leviatán[11] el ciudadano privado carece de facultades políticas para definir su propiedad privada, por lo que desde el poder político se establece dónde comienza y termina cada propiedad. En esa perspectiva, la autoridad del Estado es capaz de todo y el individuo (solo o agrupado) deberá plegarse a ese poder.

El teórico antagonista es John Locke quien define que la propiedad proviene de la apropiación de las personas mediante el trabajo y que ahí está el fundamento natural, que luego lo legaliza el Gobierno[12]. Locke comienza afirmando que cada individuo posee su propio cuerpo y que, por ello, la acción de su cuerpo, provee objetos que quedan como su propiedad objetiva legítima. Por un lado, considera a la naturaleza intocada como un “bien común”, pero al trabajarse queda convertido en la propiedad de quien opera esa transformación. Por ejemplo, «Aunque la tierra y todas las criaturas inferiores pertenezcan en común a todos los hombres, cada hombre tiene, sin embargo, una propiedad en su propia persona; sobre esta nadie tiene derecho alguno, salvo él mismo. Podemos decir que el trabajo de su cuerpo y la obra de sus manos son propiamente suyos. Cualquier cosa que él remueva del estado en que la naturaleza la proveyó y la dejó, mezcla con ella su trabajo y le une algo que es suyo, y con ello la hace su propiedad.»[13]

Este comienzo liberal de Locke posee más ramificaciones a profundidad de lo que se observa a primera vista, donde se levanta un entramado de libertades y derechos civiles. La parte de la relación entre el trabajo y la propiedad, incluso es aceptada por un antagonista como Marx, quien pretende que una etapa futura comunista resolverá la contradicción entre la propiedad común y la apropiación individual[14].    

Aparente materialismo marxista es ficción política

Frente a las definiciones legalistas y generalistas (o abstractamente filosóficas) de la propiedad, en apariencia Marx y Engels (y sus sucesores) apelan a la producción material como el fundamento de las formas legales. Ese pareciera ser su argumento de fondo, por tanto, al molino y el arado correspondería la propiedad feudal donde “no hay tierra sin señorío”, dando base a la aristocracia. Luego basándose en la manufactura y la gran industria con su comercio mundial le correspondería el capitalismo industrial y su defensa de la propiedad privada como el gran principio legal[15]. En el esquema marxista, la misma “socialización” de los medios de producción, conforme la industria implica mayor participación de proletarios, implica la directa forma social de producción desde la cual se desprende una propiedad social, que deberá ser regulada por los “productores asociados”, aunque en una primera etapa por el Estado en manos de tal asociación proletaria.  Visto más en detalle el argumento ha sido una ficción que sirve a proyectos de tiranías pintadas de rojo. La forma capitalista no implica una única modalidad de propiedad privada y de grupo, tal como su muestra en la historia de las sociedades por acciones, la existencia de espacios públicos urbanos, la gestión del dinero, las leyes que regulan la operación concreta de la propiedad privada. En el capitalismo avanzado hay muchas normas que relativizan la “propiedad privada”, sin desaparecer su fundamento. El hecho real de que las empresas sean gigantescas y trasnacionales no las vuelve sujetas a una entidad metafísica de una Sociedad que las pueda controlar entre sus directores[16]. Lo real es que lo social y colectivo siempre se manifiesta mediante individuos concretos y agrupaciones específicas, por lo cual el intentar imponer un “todo social” como su propietario, es una mascarada de un Estado totalitario.

Sin embargo, las buenas definiciones legales de la propiedad privada ya están remitiendo a un contexto económico y material definidos, por lo que no son simple “legalismo” ni fantasías de la superestructura. Por ejemplo, el teórico del derecho, Carnelutti se mantiene fiel a las definiciones económicas que van de la mano del concepto de propiedad, cuando comienza su texto con “puse el ejemplo de quien, al pasar ante una frutería, roba o compra una manzana. Estos, del robo o de la compra, son actos jurídicos: pero antes que al campo del derecho, pertenecen al de la economía.”[17]

Propiedad es la manifestación del espíritu y la primera libertad objetiva

No conviene mantener separado el fundamento de la economía respecto de lo que sucede en la mente y el corazón, que en términos clásicos se ha llamado espíritu humano. Hay una libertad al interior de la mente que no se ha manifestado, por ejemplo, la imaginación cuando el soñador viaja con su mente entre las estrellas y las visita sin parar, pero en el mundo objetivo, es la propiedad la primera manifestación de la libertad que se hace objetiva[18]. El ejemplo típico del cazador, que tras perseguir a su presa la obtiene y la come, ahí está una propiedad. El animal cazado es la propiedad indiscutible del cazador. Lo mismo sucede con el recolector que arranca el fruto del árbol y lo pone en una cesta y en su boca, con ello la propiedad privada está bien definida. El apetito físico o la inquietud por obtener algo físico es la manifestación de su libertad.

La libertad está en el tomar o crear, también en el consumir (comer, vestir, usar el medio de producción) y en el deshacerse del objeto (enajenar, comerciar). Ahí están todas las fases de la propiedad privada presentes. Está la apropiación, el disfrute (consumo) y el deshacerse del objeto. El cazador puede abandonar todo o parte de su presa, quizá ha llegado al sitio otro depredador y debe abandonar.

Esta es la libertad objetiva, que ha salido de la mente y adquiere sitio en el mundo de los objetos. La apropiación es la manifestación de la voluntad (acto libre) que efectivamente logra algo para el individuo. Sin el objeto esta libertad se disipa, por ejemplo, al fracasar la cacería. La toma de posesión del objeto[19], ya sea por simple toma de un objeto preexistente (en el ejemplo, un animal salvaje) o por la elaboración (con más complejidad, interviniendo la astucia del saber para sacar de la naturaleza frutos que antes no estaban ahí).

Propiedad privada no excluye compartirla o su despojo

Como la libertad nunca desaparece, quien obtiene su objeto perfecciona esa condición al compartir su objeto[20] y, por lo mismo, imaginamos al cazador como proveedor familiar o a la recolectora en el mismo sentido. La voluntad libre con su objeto lo entrega de diferentes maneras a otros que reconoce como sus correspondientes (iguales, próximos, superiores, inferiores, etc.) mediante la entrega del proveedor familiar, el que entrega un tributo forzoso, el que comparte equitativamente en un contrato comercial, el que dona porque lo hace desinteresadamente, etc.

Como el objeto está presente en el mundo material, lo que uno se haya apropiado y generado como su propiedad tampoco excluye que otro lo repercuta con una segunda apropiación, a veces, en el extremo del despojo. Pongo un ejemplo: El cazador lanza una flecha que hiere a un venado, que escapa desangrándose y el cazador sigue su huella, buscando alcanzarla; pero en la lejanía hay otro cazador, hacia el cual avanza la presa herida y, al fin, cae muerta a sus pies. O quizá el segundo cazador también flecha al venado y lo hiere. El otro cazador desconoce la acción del primero, pero se beneficia terminando la cacería y apropiándose del venado. El primero que completa el recorrido considera que el otro cazador es un ladrón, que lo está despojando de su presa. La primera apropiación del cazador fracasa. Para una parte esto sería un robo y para el otro, simple fortuna a su favor.

Ambigüedades de la propiedad ante los muchos sujetos, los terratenientes

La apropiación del objeto que lo convierte en propiedad por un acto libre posee mucho espacio-tiempo para las ambigüedades conforme haya simultaneidades y sucesiones que entrelazan los procesos. Los litigios y los problemas reales están plenos de propiedades en situación compleja. La vivienda contigua en edificios o condominios es un perfecto ejemplo de los encuentros y perplejidades de la propiedad, cuando los interesados se aglomeran. Los pasillos, escaleras y corredores se declaran área común porque varios los van a apropiar y tratar como su propiedad sin aviso previo y de manera recurrente. Alguno puede cambiar el color del área común o quitar un foco furtivamente para remplazar uno del interior de la vivienda por una urgencia; otro puede dejar basura en el pasillo mientras se decide a llevarla al basurero; otro puede poner a su perro molesto o bravo en el pasillo, dificultando o impidiendo el tránsito. Esas áreas comunes representan un reto y fuente de constantes roces entre quienes pretenden apropiarse de ese espacio de diferentes maneras.

La hipótesis física de que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, pone de relieve que el espacio es un bien esencial en sí mismo. A veces, el propietario legal del suelo debe conceder el paso porque su legalidad crea problemas a sus vecinos, según el principio de “servidumbre de paso”. Esto es importante, porque el simple cercado (o registro) de grandes extensiones para definirlo como propiedad privada se ha considerado la modalidad típica de propiedad privada abusiva o de despojo. En general, la presencia de grandes terratenientes ha indicado el abuso alrededor del principio económico de la propiedad privada y abre espacio para la discusión del monopolio. Basta que un grupo violento se apodere de grandes extensiones territoriales para que ese espacio niegue las múltiples propiedades que hay en ese territorio bajo un argumento seudo-legal. Ese proceso es el que denuncia Proudhon en su ensayo ¿Qué es la propiedad?[21] Basándose en la evidencia europea de las grandes extensiones territoriales. En esos casos, bajo el letrero de propiedad privada (o aristocrática, señorial, terrateniente o estatal) se esconde la negación de la propiedad básica que surge del proceso de producción y vida de la población laboriosa.

 

División del trabajo como solución del objeto a disposición de muchos

El mundo material está pletórico de apropiaciones fallidas y de mezcla de situaciones en la ruta de la apropiación. En la historia económica, el surgimiento de la división del trabajo es una regla básica de avance hacia la productividad, que va funcionando en todos los espacios, por tanto, el espacio para esa posible disputa al compartir su objeto se formaliza en el sistema económico. La división del trabajo implica que ese objeto de la apropiación libre se ha de fragmentar en su proceso, para pasar por varias manos y mentes que lo van formando por partes. Lo que es una fuente de conflictos en la objetividad de la cosa apropiada se convierte en una forma de movimiento organizadas, donde muchos van participando en la creación del objeto adecuado al uso. Encontrar cómo desarrollar una división del trabajo sistemática fue uno de los méritos de Adam Smith que permitió consagrar la forma empresa capitalista, donde se reparte la acción sobre los objetos entre muchos, despertando las potencias del trabajo hasta un nivel nunca antes logrado[22].   

La propiedad que se integra con la participación de muchos implica un gran problema de su apropiación, pero la paradoja se resuelve con formas de movimiento. En específico, el capitalismo la resuelve con el control del empresario o capitalista sobre el objeto producido, mientras su creación es obra de muchos empleados, que bajo división del trabajo desarrollan el objeto. Esta forma histórica del capitalismo no es en esencia muy distinta de la acción colectiva de un grupo de cazadores que se dividen entre quien tiende trampas para las presas potenciales y los cazadores que las atacan, entre quienes afilan las flechas o tensan las cuerdas, entre quienes siguen las huellas y cargan las provisiones o al animal cazado, etc. Hay división de trabajo ese grupo voluntario y también en el grupo pagado por salario; asimismo hay muchas modalidades de relaciones como surge en el sistema feudal y esclavista, el despótico asiático y el Estado totalitario. En todas las variaciones de la economía conocidas, se integran sistemas con división de trabajo.

 

Robo, arrebato, despojo, explotación, guerra

El robo es quitar a otros lo que les es propio, por tanto, implica arrebatar y ese acto abre el campo para la violencia entre particulares, que al generalizarse es la guerra. De hecho, el robo se considera un acto que implica violencia sobre quien es robado. El argumento de Marx es que primero y ante todo, el capital ha robado sistemáticamente al proletariado, por lo que su propuesta de régimen comunista es desaparecer el robo, estableciendo una situación que imposibilita el robo desde su raíz. La realización histórica del argumento de Marx muestra que hay un error estructural de su planteamiento, pues termina facultando al Estado totalitario para robar a todos sin contención alguna, entonces no se “expropió a los expropiadores”, sino que monopolizó la facultad de robo en el Estado, que toma como su propiedad privada a la nación entera (y a la nación vecina cuando la descubra en debilidad).

El robo también es un acto libre, pero contrario a la ética y que rompe el posible pacto pacífico entre individuos. Quien es robado se lamenta como víctima y reacciona contra el ladrón. El ladrón que se sabe ofensor, se apercibe para utilizar la violencia, y a veces la aplica desde un comienzo.

El robo es lo antagónico al compartir libremente, ya sea por regalo o contraprestación medida (mercado), sustituyendo a la voluntad libre por la violencia o la astucia.

Hay otros términos que contienen al robo bajo modalidades como son arrebato (quitar con rapidez), hurto (robar sin que se note), despojo (robar a lo que no se tiene derecho), la explotación (abuso sobre un aparente contrato laboral o comercial) y guerra (aplicar una violencia superior que somete a la muerte o a la impotencia completa)[23].

 

Contrato, compartir, comercial, tributo, pax

La libertad que con trabajo y/o astucia ha ganado algo al mundo natural objetivo, poseyendo ese objeto entonces está en condiciones de compartirlo bajo diferentes modalidades. Cuando hay dos partes iguales en voluntad libre se establece el contrato, que es la manera de pactar esa igualdad y acordar cierta distribución de intereses. El contrato es un concepto clave en la convivencia social, pues también es la expresión de la libertad, cuando se encuentran dos o más partes para poner el claro sus propósitos y alcances.

El contrato en cuanto encuentro de voluntades libres permite el compartir la propiedad de muchas maneras, ya sea mediante contraprestaciones o sin ninguna reciprocidad aparente. El Estado como dominador de una sociedad tiene el privilegio del imponer tributo o impuesto, que es un pago obligado bajo el pretexto que sea. En principio se supone que el Estado dará algún beneficio a cambio del tributo, pero en el extremo de potencias conquistadoras no hay un dar a cambio, sino un simple evitar daños mayores.

Mientras haya contratos de voluntad hay posibilidad de convivir en paz y si se prolonga este principio, se establece un beneficio como en la “pax romana”.

La ética establece tanto el respeto de la propiedad legítima y una obligación de compartir en varias situaciones: ante el desvalido, al huérfano, a la viuda, al extranjero (deber de hospitalidad), etc.  

Contrato: mutuo beneficio, esclavitud, explotación

Que haya un concepto que sea muy general y por ello imposible de eludir para la condición humana, no excluye que existan aplicaciones desastrosas y nocivas. La presencia del contrato no excluye que haya en la historia una modalidad de esclavitud donde una parte desaparece su capacidad para hacer cualquier contrato sucesivo, pues ha perdido por entero su libertad.

La esclavitud marca el caso más paradójico, pues un libre contrato podría asumir la forma donde una parte renuncia a su libertad perpetua para contratar. Esa esclavitud era la paradoja del sistema grecolatino que avanzó en el esclarecimiento filosófico y en establecer una república libre, pero en la base dejaba sometido a un pueblo esclavo, sometido a cadenas y contradiciendo todos los logros de la élite de las ciudades.

La explotación posee un rasgo similar, pues un contrato salarial puede dejar en condiciones reales tan deplorables al trabajador, que desaparece su capacidad concreta de ejercer su libertad. Por eso mismo, se impusieron leyes laborales para limitar la jornada laboral, pues la prolongación de horarios deja sin tiempo para ejercer la libertad. Algo parecido sucede con los salarios miserables que no permiten ejercer la libertad habitual en una sociedad mercantil, donde el poder de compra es clave entre las potencias de la subsistencia.

La definición marxista de explotación posee una trampa enorme, cuando diseña un concepto bajo teoría del valor trabajo, donde cualquier trabajo bajo mandato del capital se vuelve explotación sin importar lo bien retribuido ni el horario razonable de trabajo. La teoría del valor-trabajo posee errores teóricos de fondo, pero funciona para una justificación ideológica en contra del capital, donde mete el rótulo de explotación, aunque haya contratos libres y una retribución justa entre las partes. Es decir, el marxismo falsea la noción de explotación que sería un robo al trabajador, para ponerla en toda relación capital-trabajo, cuando en la historia esa relación ha permitido la elevación real de los ingresos y que las masas salgan de niveles de miseria generalizada. 

La relación de Estado totalitario frente a su “ciudadano” es donde sí está presente una evidencia de esclavitud moderna, pues el sistema totalitario quita todas las libertades reales y las simula para imponer todas las normas al ciudadano, que carece de derechos reales. Cuando el Estado quita al ciudadano la facultad de establecer los contratos que desee sin dañar al prójimo y no le permite tomar posesión de las cosas (hacer propiedad privada) entonces opera como el amo esclavista general.

Contratos múltiples, sociedad compleja, Estado

El surgimiento del Estado antiguo, Engels intenta ligarlo a un desprendimiento de las clases propietarias, cuando resulta ser un aspecto más general. A veces el Estado mismo puede ser la clase dominante, en otras ocasiones, es un aparato en medio de grupos opuestos[24].

El rasgo más típico popularizado por Weber es que el Estado “posee el monopolio de la violencia legítima”. Sin embargo, durante milenios los privados tienen una parte del derecho a la violencia, por eso no hay que acentuar solamente ese acceso a la violencia, que a veces no es un monopolio. El lado complementario está en la fracción de “legítima”, donde se establece un sistema de leyes, pero también de intercambios económicos.

El Estado más antiguo requiere que haya alguna complejidad de voluntades para entrelazar, de ahí que sea más grande que las simples familias y quizá tribus (grupos pequeños con acuerdos cara a cara).

La ley además implica alguna estabilización en la escritura, así las modalidades antiguas de Estados pronto establecieron códigos y requirieron de escribas, para poner en letras la gestión de los asuntos públicos.

Para lo que aquí hemos visto, el contrato puede y debe incluir la modalidad de acuerdo entre muchos. Con el contrato entre mucho más que dos surge un sistema emergente, viene un cambio cualitativo para señalar ¿quién lo garantizar o mantiene o modifica? El acuerdo en asamblea de los participantes en el contrato comienza a ser difícil, en especial, cuando haya participantes alejados, etc. De hecho, surge el gobernante o juez, que puede entenderse como representante (Rousseau) o como efecto de alguna otra causa.

Sobre ese contrato entre muchos hay una inestabilidad de las voluntades cambiantes, por lo que se levanta la figura de un gobernante o juez que garantice que el contrato se mantiene íntegro o que se puede cambiar hacia un siguiente acuerdo. Y el garantizar el cumplimiento de contratos colectivos implica la posibilidad de violencias colectiva, por tanto, de la guerra, y de ahí la apelación al monopolio de la violencia, con lo cual arribamos en el concepto de Estado.

 

La negación de la propiedad privada como absurdo de Marx y base totalitaria

Dando por descontado el talento del joven Marx, resulta sorprendente que haya enfocado su crítica contra la propiedad privada sin un motivo fuerte. Con alguna inocencia sus polemistas se preguntaron ¿qué no se trata de que el proletariado recupere la propiedad? En algún momento, de sus escritos de juventud pareciera que de eso se trata, por ejemplo, en las apasionadas descripciones críticas de la enajenación de sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, donde cuestiona que el productor laborioso, el proletario, quede despojado de todo producto salido de sus manos, que ese producto bajo la forma de capital lo controle y haga miserable su existencia[25]. Una parte importante de los críticos socialistas y de izquierda del siglo XIX se ocuparon de rescatar la propiedad para el productor directo, proponiendo reformas sociales y cooperativas, donde se recupera a la propiedad privada para el obrero (visto como el despojado). De hecho, surgió un vigoroso movimiento de izquierda que tuvo cierto éxito político en muchos países, pero Marx y Engels se diferenciaron teórica y políticamente de esa idea donde la propiedad era integrada a su “dueño natural”, como buscaban muchos socialistas, anarquistas, etc. En la trayectoria intelectual de Marx, ya en su periodo juvenil es fácil descubrir, el origen de ese error, cuando convierte a lo “social” en una sustancia benevolente, al modo de un romántico Michelet “substancializado”[26], bajo una modalidad hegeliana con máscara materialista. En ese argumento, donde Marx eleva a los social como substancia benevolente y omnipresente, es que la “propiedad privada” le parece un principio disolvente, porque disuelve al todo orgánico y comunitario (paraíso perdido) en una desagregado de egoísmo enajenante y la piedra de toque del sistema opresor. Bajo ese argumento, Marx deja abierta la puerta de la desposesión sistemática, para que el Estado siga cumpliendo de manera ampliada el proceso de desposesión de los trabajadores directos que le critica a la empresa capitalista. Aunque en escritos específicos Marx también es un crítico del Estado y su maquinaria despótica, su argumento básico deja al “elefante” del Estado en la sala sin observarlo. Esta tibieza de Marx ante la opresión del Estado se explica, quizá también para diferenciarse de sus rivales políticos, que fueron los anarquistas de Bakunin contra quienes se enfrascó en furiosos debates por la dirección de la Primera Internacional.

El error teórico de Marx surge al convertir lo social en una sustancia de nivel casi mítico y mágico con capacidad de resolver por sí misma la problemática histórica, una vez que se hayan desaparecido mediaciones elegidas a modo, en particular, al capital seleccionado como su objetivo a destruir en una revolución radical. En el pensamiento de Marx, lo social casi mágico se convierte directamente y sin escalas en la colectividad del bien, el proletariado, que es catalogado como la “clase revolucionaria” predestinada a hacer el bien y redimirse a sí misma, redimiendo a la humanidad entera, liberando a toda la humanidad de manera íntegra y radical. Por lo mismo, el acto de violencia extrema y sin frenos para aplicar, que esa revolución se convierte en el bálsamo de la curación por sí mismo, se completa la fórmula para una tragedia futura. Esta tríada conceptual es lo social angelical, la clase revolucionaria víctima y la revolución como medio de acción es coherente entre sí, pero deparaba tremendas sorpresas y decepciones. Esta tríada consistente entre lo social-clase-revolucionarias y revolución termina emergiendo bajo la batuta de Lenin como contradictoria con los procesos reales y contraproducente en términos de sufrimiento humano. En específico, la dirección revolucionaria de los bolcheviques, emanada de una Revolución que intentaba con fiereza cumplir la guía teórica de Marx, se enfocó para destruir con velocidad y prontitud la propiedad privada, pero en este punto se hace evidente que tropieza con una gran roca imbatible, que es la realidad del proceso productivo y social. Bajo el rótulo de la propiedad privada no está un simple capitalista avaricioso, sino el proceso de producción y apropiación, donde cada objeto creado es una propiedad y por tanto genera una apropiación potencial muy compleja. Desde la Revolución de octubre, el Estado autoritario encabezado por los bolcheviques decide apoderarse del rótulo “social”, lo cual es un absurdo.

La lucha de los comunistas rusos contra la propiedad privada se convirtió en una “licencia para robar y matar” gigantesca y sin límites. Como desaparecer la propiedad en su sentido básico es imposible, la idea política de reprimir la propiedad privada nunca se limita a expropiar las grandes empresas, sino desata una persecución generalizada contra las operaciones espontáneas de producción. Que la persecución contra la “propiedad privada” desata un mecanismo perverso para acosar y asesinar a ciudadanos pacíficos se nota con la mayor claridad en el trato que reciben los campesinos como productores directos de su propia subsistencia, que es prohibida y acosada a tal nivel, que el Estado soviético causa hambre masiva por sus coacciones deliberadas. El modelo de persecución contra la propiedad privada que resulta en desastres y muerte masiva se repite en diversos países, por lo que no es un error ni exceso del dirigente (Stalin, Mao, etc.) sino un resultado sistemático desde una teoría social y política, empleando medio eficaces del poder descarnado: represión, persecución, etc.

 

Conclusiones

En su concepto más fundamental la propiedad es privada, ya sea de un individuo o de un grupo, mientras el concepto de “propiedad social” suele disfrazar una intervención del Estado, que suele ser la mascarada de la “propiedad privada” de una élite gobernante.

El adjetivo de privado posee el rasgo de un cierre o clausura, en el sentido de que la propiedad bajo control del individuo o grupo no va más allá de algún límite, donde hay un límite ante el resto de no propiedades.

Es usual que una propiedad sea controlada por agrupaciones, pero sigue siendo propiedad privada de tal grupo o asociación, etc. El concepto de propiedad social en el sentido de toda la sociedad o su representante mediante el Estado queda sujeta a paradojas, en especial, cuando crea una propiedad privada monopólica en manos de los altos funcionarios del Estado.

Los grandes filósofos han incluido el tema buscando ofrecer un horizonte bien fundamentado.  Que la propiedad privada sea una institución esencial de la economía funcional no descarta que existan áreas o espacios de lo público y zonas mixtas que requieran gestionarse mediante el Estado o instancias colectivas, como sucede con la extensiones y zonas de confluencia pública.

Despreciar el tema de la propiedad o intentar resolverlo con simplismo ha sido una fuente constante de mala gestión económica y hasta de tragedias políticas, por lo que el estudio de este  tema de la propiedad y sus mejores maneras de aplicación sigue siendo una asignatura de actualidad.



[1] https://etimologias.dechile.net/?propio

[2] Lewis Henry Morgan, "La sociedad antigua" (publicado en 1877).

[3] El argumento de Engels más que una falsificación directa implica una suposición, porque valora la relación con la extensión territorial como si fuera el “medio de producción” clave, cuando el elemento clave son las herramientas y armas rudimentarias. Los nómadas y seminómadas se desplazan, por lo que no hay fijeza territorial, con lo cual se desplazan y no privatizan la tierra; lo cual se confunde con posesión en común.

[4] Leopold Jaroslav Pošpíšil (1923-2021), antropólogo checo-estadounidense especializado en antropología del derecho, realizó su investigación más importante entre los Kapauku (también llamados Kapauku Papuans o Kamu), un grupo de las tierras altas de Nueva Guinea Occidental. En Kapauku Papuans and Their Law, etc.

[5] Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres.

[6] "¿Qué es la propiedad?" (1840), Pierre-Joseph Proudhon.

[7] Karl Marx, Miseria de la filosofía.

[8] Completo es “jus utendi, fruendi, et abutendi re sua, quatenus juris ratio patitur”

[9] Lema de la Nueva Política Económica de los comunistas soviéticos, promovida por Bujarin, que luego sería desaparecida bajo una radicalización de la colectivización forzosa.

[10] Trotsky, en varias obras como La revolución permanente y Stalin, el gran organizador de derrotas.

[11] Hobbes, Leviathan (1651). «Esta propiedad, siendo necesaria para la paz y dependiendo del poder soberano, es un acto de ese mismo poder orientado a la paz pública. Estas reglas de propiedad (o lo mío y lo tuyo) [...] son las leyes civiles...»

[12] Locke, Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil (1689), especialmente el Capítulo V "De la propiedad".

[13] Locke, Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil (1689), Capítulo V, párrafo 27.

[14] Marx, Crítica del programa de Gotha.

[15] Marx, El capital, Grundrisse, Manifiesto, Miseria de la filosofía, La ideología alemana, etc.

[16] La fantasía de Hilferding imaginando que el monopolismo total estaba a la vuelta de la esquina.  

[17] Las buenas definiciones legales de propiedad y sus significados de inmediato remiten a su fundamento filosófico y material, como en Carneluti, en Cómo nace el derecho.

[18] Hegel, Filosofía del derecho.

[19] “Besitzergreifung” en Hegel, Filosofía del derecho.

[20] En la misma dialéctica del amo y esclavo de la Fenomenología de Hegel, la entrega del un bien o servicio, cuando se ha temido a la muerte.

[21] La distinción tajante entre la gran propiedad territorial como un robo y la pequeña propiedad nacida del trabajo es tesis central de Proudhon, de la cual se burla y antagoniza Marx en Miseria de la filosofía, para atacar el texto Filosofía de la miseria.

[22] La conocida obra de Smith La riqueza de las naciones.

[23] Según Clausewitz ese es el objetivo implicado en las guerras. De la guerra.

[24] El llamado “cesarismo” o centrismo, que tanto interesó a Gramsci en su Cuadernos de la cárcel.

[25] Esta parte de la teoría de Marx, en realidad, fue conocida bastante tarde, en sus publicaciones póstumas y fue revalorada por los llamados neomarxistas y humanistas de mitad del siglo XX como Lukács, Mészaros, Marcuse y Fromm.

[26] El término, hace homenaje a Spinoza, quien realzó la cualidad de este concepto, conforme la “substancia” es lo que se sostiene por sí mismo y sirve para explicar todo lo demás. En la Ética, es Dios, el concepto de substancia” como lo sustentado por sí mismo, sin requerir de otro. En este caso, para Marx en lo humano la sociedad que produce es el punto de la substancia, según lo señala en la Ideología alemana: “hombres que producen en sociedad” es la base de todo.