Por Carlos Valdés Martín
La izquierda comunista resultó fratricida, a la
manera de un delirio que termina siendo repetitivo. A semejanza de quien juega
en una pendiente resbaladiza, la caída termina siendo inevitable. La traición no
sucede al principio, casi nunca es al comenzar y en los días de lucha, sino
cuando hay un triunfo. Cuando se gana el poder, ese impulso incluye el matar a sus camaradas.
El escenario se repite como pesadilla obsesiva de traiciones y crímenes. El
gobernante comunista mata a sus camaradas, a sus correligionarios, a quienes
siguieron la gran aventura juntos, a quienes tuvieron los mismos peligros, a
los heroicos compañeros… a ellos los termina matando.
El caso más famoso de la historia fue el asesinato de Trotsky por órdenes de Stalin, que es un minúsculo grano
de arena entre una playa enorme de muertes ordenadas por los jefes comunistas.
Lenin murió demasiado rápido para que se notara con
claridad el proceso de canibalismo político que había desatado su Revolución de
Octubre. Cualquier líder máximo de
una revolución comunista, cuando triunfa, queda rodeado de una camarilla
incondicional y un aparato de poder inmenso. Lenin fue diferente de Stalin,
pero dejó listas las armas y las cárceles para perseguir opositores.
En la declaración promedio, cualquier líder afirma que
nunca ha matado a sus camaradas comunistas, sino a enemigos del pueblo, a espías
disfrazados o a quienes traicionaron la causa. El pretexto del líder comunista
se desmonta con facilidad y se descubre el doblez de quien monopoliza el poder.
Este escrito está documentado sobre el primer modelo de comunismo real
levantado por Stalin, sobre el impulso de la Revolución Rusa, pero se ha
repetido el fenómeno en otros procesos totalitarios y, a veces, una traición
mortal sucede antes de las revoluciones.
El fenómeno se intensifica y concentra sobre los
militantes comunistas fieles, en ese sentido es fratricidio, canibalismo
político o reflejo cainita, pero no es privativo contra ellos. La feroz
violencia del totalitarismo se expande contra toda la población, por más
apolítica y pasiva que se comporte, pues manipula a toda la población y contra cualquiera
se puede voltear para destruirlo. De hecho, el totalitarismo realiza actos de terror
“preventivo” y un muestreo de ataques contra víctimas indefensas. Aquí no
centramos en cómo se ataca al propio grupo comunista y sus afines. Véase la
vida de Bujarin y de miles de viejos bolcheviques, todos asesinados por Stalin
y sus nuevos tiranos. Y lo mismo se repitió en la China de Mao, la Cuba de
Castro, etc.
Variante no
agresiva o socialdemócrata
Hay otras izquierdas pacíficas que esquivan en ese
furor, únicamente entre las variantes radicales de izquierda emerge su lado
asesino. A veces, desde la izquierda radical se alocan desde antes de tomar el
poder. Fenómeno denunciado por Sartre en su obra Las manos sucias,
basado en un caso real donde los comunistas asesinan a un camarada inocente,
por seguir los gestos del lejano partido comunista de Moscú. La cuestión se pone mucho
peor, cuando los radicales toman el Poder sin freno, reparten sentencias
de Muerte como dulces, castigando sin juicio real y sin frenos.
Hay variantes no agresivas del marxismo que no siguieron
ese patrón del caníbal político ni el totalitarismo, en
especial, se les llamó reformismo o socialdemocracia. Esas variantes de
políticas socialdemócratas al inicio incluían a los más fieles fedatarios del
legado de Marx, como fueron Eduard Bernstein y Karl Kautsky, pero los sucesores
de esa tendencia fueron abandonando su identidad con Marx. Las tendencias
socialdemócratas fueron atacadas incansablemente por la organización de Lenin y
Stalin, siendo que después se
dejaron de identificar con el legado marxismo y, aunque se llaman socialistas,
su naturaleza también cabría verse como un liberalismo reformista.
A traición
Comentaba, el caso Bujarin, que había sido siempre fiel
camarada de Lenin, quien era elogiado como “el favorito del partido”, que de redactar la
Constitución de la URSS lo arrastraron hacia la tortura de la NKVD para que
confesara crímenes inexistentes... Le prometieron que, si se inculpaba y
afirmaba las mentiras, entonces no maltratarían a su familia. Pero los policías
rojos de Stalin le mintieron.
Este proceso es una
traición a quienes luchan por la revolución comunista, pues sus propios
dirigentes terminan asesinándolos sin piedad.
Debo aclarar que esto
no es un tema ético sino de dinámica política y socioeconómica, por lo que
quien se embarca en un proceso revolucionario radical debería anticiparlo desde
el principio, pues se encontrará con que él matará a sus camaradas o sus mismos
camaradas lo terminarán traicionando y eliminando.
Por eso mismo, la
regla inflexible es que los comunistas han sido perseguidos por regímenes
dictatoriales comunistas.
Desde el primer
régimen comunista la pauta ha sido que el comunista ganador persiga a sus
anteriores colegas y a todo aquel que se salga de sus órdenes, incluyendo a
enorme cantidad de comunistas.
Regla repetitiva
El esquema es
repetitivo: gana un comunista y persigue a sus antiguos compañeros. Veremos que
es repetitivo: Comienza la revolución en Rusia contra el zar y gana Kerensky un
socialista. Llega Lenin a agitar y lo derroca, para imponer a su grupo. A Lenin
lo ayudaron muchos grupos, por ejemplo, los marineros de Kronstadt.
Muy rápido hubo desacuerdos con ese grupo y la gente de Lenin los reprimió con
mano de hierro. Primero Rusia entró en guerra civil entre los comunistas del
Estado soviético, contra los zaristas y los burgueses, pero pronto surgieron
otros grupos de izquierda que no estaban tan a gusto. Lenin los reprimió con
mano de hierro. Luego llega Stalin, quien había fingido que era un moderado
dentro de los bolcheviques. En cuanto tuvo el poder, mostró su auténtica cara…
el país terminó en un baño de sangre, con hambrunas, represión sin fin y campos
de concentración. Entre los enemigos que aniquiló Stalin estuvieron los más
fieles comunistas que hicieron la Revolución Rusa.
Stalin radicalizó el
ataque
Hasta los amigos y
colaboradores más cercanos de Lenin para Stalin se volvieron un estorbo.
Por ejemplo, Nicolai Bujarin
que había redactado la Constitución soviética, al año siguiente cayó de la
gracia de Stalin. Por la naturaleza de la tiranía roja que se impone después de
una revolución, el líder máximo termina matando a todo opositor, incluyendo a
los comunistas que fueron más útiles y fieles para construir su régimen.
¿Saben que Stalin acabó con toda la dirección
comunista de Lenin en unos pocos años?
Acabó con todos.
Camarada Bujarin
Para recordar, observemos un personaje notable: el
camarada Bujarin era la joven promesa entre los Comunistas, tenía la confianza
de Lenin y, en alianza con Stalin, alcanzó a ser la cabeza principal de la
Internacional Comunista, como su Secretario General en 1926.
Pero Nicolai Bujarin escondía un irónico “defecto”,
pues él conocía más sobre Marx y Lenin que el propio Stalin. Los libros de
Bujarin eran de divulgación y enseñanza para la juventud comunista en la URSS y
el extranjero. Su palabra era tan confiable para el pueblo de la URSS que fue
el encargado del periódico oficial, cuando ese papel impreso era el medio de
comunicación más importante.
Por si fuera poco, Bujarin estaba a cargo de redactar
la nueva constitución soviética en 1936.
Nadie puede brillar por sobre el tirano
Pero algo no le agradó a Stalin y su mano derecha
policíaca, Yagoda, avivó la flama de la desconfianza. Stalin decidió que un
personaje de la vieja guardia bolchevique acaparaba demasiado prestigio individual
y lo opacaba como gobernante supremo de la URSS.
La decisión fue fulminante y Nicolai Bujarin fue
detenido. Quedó encerrado en solitario, sin derecho a defenderse ni acceso a un
juicio con jueces independientes.
El prisionero Bujarin bajo presión y amenazas, aceptó
firmar cualquier confesión falsa con tal de que no lastimaran a su esposa e
hijo.
Sin pruebas, son juicios simulados
Sin ninguna prueba material, mediante una confesión
arrancada con brutalidad, Bujarin fue condenado a muerte.
El final de este joven líder del comunismo fue morir
en el paredón a manos de soldados soviéticos por orden del dirigente comunista
Stalin.
La promesa de no lastimar a su esposa, claro que no la
cumplió Stalin, enviándola al exilio interior, a un Gulag más. ¿El verdadero y
único delito de esta camarada? Ser la esposa de Bujarin, un comunista demasiado
comprometido y que opacaba a Stalin.
De hecho, Stalin diseñó la cruel y, en cierto sentido
demencial, política de castigar a las familias de los comunistas que procesaba
su policía política. Un mínimo de 8 años de exilio interior, que era una forma
de presidio, para las esposas de los varones comunistas que caían de su gracia.
Orden operacional 00447 de la NKVD
¿Alguien sabe qué fue la orden operacional 00447 de la
NKVD bajo régimen comunista?
Una pista: sucedió el 30 de julio de 1937.
Otra pista del lugar: Moscú. Es de suponer que ni
siquiera la han oído ni visto.
Nadie en Occidente ni los investigadores de la misma época
tuvieron noticias. Fue una orden interna de la policía que se siguió con escrúpulo,
pero el público no debía saberla. Se conservó y clasificó en los archivos de la
policía en la URSS. Fue una orden directa y obligatoria. Durante décadas era
desconocida, porque se trató de un documento oficial, pero mantenido en secreto,
que se desclasificó hasta 1990 y lo publicó un periódico ruso, señalando las
fuentes originales en 1992.
Fue una orden interna de la policía política de la
URSS para actuación inmediata. Contexto: en ese año la URSS no tenía ningún
capitalista, ya los habían eliminado a todos. La orden de la policía política
establecía una persecución inmediata contra quienes fueran considerados
enemigos. Había dos tipos de castigos: Fusilamientos y envío al Gulag por 10
años, donde era muy elevada la mortalidad.
¿Quiénes eran sus enemigos? Cualquiera que se
sospechara como enemigo.
Cuotas predefinidas para prisiones y
gulags
Esta orden represiva seguida por toda la policía
política a nivel nacional establecía un criterio absurdo de establecer cuotas
por regiones, para encarcelar y mandar a los campos de concentración. Sin
pruebas la NKVD debería fusilar a 1,000 personas de una región antes de que terminara
el año. El mecanismo resultó más demencial y cruel que en las peores pesadillas
de Kafka. La culpa es una cuota, hay que fusilar a mil. Podían fusilar algunos
más, pero nunca fusilaban a menos.
La orden 00447 puso cuotas de personas a fusilar por
región y para mandar al Gulag. Sin juicios, sin pruebas... Después de 20 años
de gobierno comunista, se ordenaba fusilar y enviar a la cárcel de trabajos
mortales por cantidades. Sin investigar, sin juicios. Nada más la policía
política debía cumplir de inmediato, para tener suficientes personas para
fusilar y enviar a morir en los gulags. En las regiones menos pobladas, la
policía política NKVD al menos debían proveer 100 prisioneros a fusilar y 400
para trabajos forzados. En regiones más pobladas se ordenaba entregar unos
2,000 para fusilar y 12,000 para el gulag. Así, por cantidades de personas a
fusilar y encarcelar, sin juicios previos ni investigaciones. El nuevo jefe de
la NKVD era Nikolái Yezhov, y los subalternos cumplieron con las cuotas para
asesinar y encarcelar... De hecho, las rebasaron.
Persiguiendo a las familias
Otro detalle de horror, fue que el politburó del
Partido Comunista controlado por Stalin ordenó que los familiares de los
prisioneros fueran castigados. Las esposas de los fusilados también eran
encerradas o enviadas a un exilio a las zonas más frías y hostiles de Siberia. Los
hijos mayores de 15 años eran exiliados o confinados como prisioneros de
reformatorios.
La referencia oficial es el “Operativnyy prikaz NKVD
SSSR № 00486”.
Esta orden fue firmada por Nikolái Yezhov (jefe del NKVD) el 15 de agosto de
1937 y aprobada personalmente por Stalin y el Politburó, que la discutió y
respaldó alrededor del 5 de julio de 1937. En la resolución inicial se ordenaba
confinar a las esposas de traidores, y luego se detalló esa misma orden.
El sistema de Stalin en la URSS primero castiga a
cualquiera y luego criminaliza a toda la familia. La mejor situación que
recibía la familia era un exilio interior en una región donde el clima no fuera
tan atroz; aunque la regla, era confinarlas a regiones de frío siberiano. Cuando
el castigo a la familia era peor, había fusilamientos o resultaban
encarcelados.
El nombre de la primera carnicería: Gran
Terror o Gran Purga
¿Tuvo nombre ese terrorismo masivo? Se llamó el Gran
Terror o la Gran Purga efectuada entre 1936 y 1938, asociada a la farsa jurídica
llamada los Juicios de Moscú.
¿A quiénes incluyó esa salvaje persecución? En
especial, estaba dirigida contra los viejos comunistas, los que hicieron la
revolución, pero no se limitó a ellos. Para efectos de que el totalitarismo no
tuviera barreras o críticas era menester que el aparato gobernante destrozara a
los comunistas que hicieron la revolución. Si algún comunista de la etapa
revolucionaria sobrevivía debía quedar tan aterrado y doblegado que ya no sería
capaz de ninguna resistencia. Almas quebradas exigía Stalin.
La organización Memorial (reconocida
internacionalmente por documentar represiones soviéticas) y los archivos
desclasificados del NKVD proporcionan las cifras más precisas, basadas en
documentos internos. Estos muestran 681,692 ejecuciones judiciales por cargos
políticos en 1937-1938, de un total de alrededor de 1.5 millones arrestados.
Alrededor de 122,000 miembros del Partido Comunista
fueron arrestados siendo miembros; de estos, se estima que 100,000-150,000
fueron ejecutados o murieron en detención. Un tercio de los 3 millones de
miembros del Partido fueron expulsados y/o arrestados, lo que implica un millón
afectados, con una tasa de mortalidad alta (50-60% murieron). La organización Memorial
en sus investigaciones detalladas estima que 600,000 miembros del Partido
murieron como resultado directo o indirecto de las purgas (incluyendo Gulag).
Asesinatos públicos: Juicios de Moscú y
Gran Purga
Los regímenes de comunismo totalitario siguen dos
modelos de comunicación ante su represión brutal. Uno es el modelo abierto,
pero decorado de su “causa justa”, algo parecido a los autos de fe y las
hogueras de la Inquisición. El otro es el modelo de
ocultamiento total, negando que hayan matado o reprimido a nadie, ya sea
fingiendo suicidios o decorando crímenes como situaciones fantasiosas; por
ejemplo, pintando el presidio
como reeducación voluntaria.
Los Juicios de Moscú (1936-1938) fueron tres
grandes procesos públicos montados como espectáculo (show trial) contra
antiguos líderes bolcheviques (como Zinóviev, Kamenev, Bujarin, Rykov y otros
"viejos bolcheviques"). Fueron acusados de
traición, conspiración trotskista-fascista y espionaje; confesaron bajo tortura
y casi todos fueron ejecutados. Estos juicios sirvieron de propaganda para
justificar la purga general y eliminar a la vieja guardia revolucionaria.
El modelo de estos Juicios consiste en montar un
espectáculo público para el autoconsumo comunista, aunque también para fingir
ante el mundo entero. La represión es abierta y con intención de asesinar a los
principales dirigentes comunistas que participaron en la Revolución de Octubre
con Lenin, pero fingiendo que ellos se han corrompido y son servidores del
capitalismo. El procedimiento era sencillo, pues al acusado se el encarcelaba,
torturaba y amenazaba a la familia exigiéndole una confesión fantasiosa. La
policía política (Cheka, luego NKVD) ya tenía experiencia en esa persecución y
sometimiento de reos.
¿Cómo procedía la policía política soviética? Se le
entregaba un guion al acusado y luego ensayaba la escenificación de su
culpabilización. El prisionero era engañado, prometiéndole clemencia. Luego en
público el acusado leía una declaración teñida de fantasías sobre sabotajes y
conspiraciones ante un juez. Esa representación teatral de la declaración
pública filmada era la prueba absoluta de que sí era culpable y luego quedaba
sentenciado con todo rigor. En los llamados Juicios
de Moscú la élite comunista de Lenin fue exhibida y humillada en público. Los
miembros del Comité Central bolchevique de Lenin que hicieron la Revolución de
Octubre, arriesgando sus vidas y sufriendo mil penalidades en el camino, eran
acusados y sentenciados sin piedad por su compañero de armas, Joseph Stalin y
su nueva camarilla. Fueron sentenciados Kamenev, Zinoviev y tras ellos, sucedía
una masacre de los viejos bolcheviques. También los nuevos militantes
comunistas fueron asesinados. La élite de los mejores comunistas de Lenin, estaba
entre quienes fueron humillados y asesinados. Se estima que unos 100,000
comunistas formados en la Revolución y los cuadros más comprometidos con el
marxismo fueron asesinados. Pero la Gran Purga o Gran Terror no era una acción
selectiva, sino masiva. En esos dos años otro medio millón de simples proletarios
fueron asesinados por juicios irregulares o simples sospechas. Se fusilaba y
confiscaba, hasta las familias eran enviadas al exilio exterior o encarceladas.
Cifras de la Gran Purga o Gran Terror en
Rusia soviética
Víctimas totales: Las estimaciones más aceptadas
(basadas en archivos soviéticos abiertos tras 1991) indican alrededor de
680.000 a 750.000 ejecuciones durante el Gran Terror (principalmente
1937-1938), más cientos de miles de muertos en gulags o deportaciones. En
total, se arrestó a más de 1,5-2 millones de personas en ese período.
¿Cuántos eran comunistas y cuántos simples proletarios?
La purga fue especialmente feroz contra las propias filas del Partido Comunista
y la élite soviética. Se estima que fueron detenidos unos 100.000
cuadros/comunistas del partido, de los cuales más de la mitad (alrededor de
50.000-60.000) fueron ejecutados. De los
miembros del Comité Central elegidos en 1934, alrededor del 70% fueron purgados
(muchos ejecutados). Del Politburó y altos mandos, casi todos los antiguos
bolcheviques fueron eliminados.
En el ejército, cerca del 50% de los oficiales
superiores fueron represaliados. Sin embargo, la gran mayoría absoluta de las
víctimas no eran cuadros del partido ni "proletarios de vanguardia",
sino campesinos (especialmente "kulaks"), minorías étnicas (polacos,
alemanes, coreanos, etc., vía "operaciones nacionales"), obreros
comunes acusados de sabotaje, intelectuales y población en general. Las
"operaciones kulak" y étnicas representaron la mayor parte de las
ejecuciones (más del 70-80% del total).
El fingimiento total y la propaganda
El comunismo real que comienza con Lenin y se
perfecciona con Stalin es una maquinaria de control absoluto, donde el Estado
reemplaza todo. El modelo está fingiendo que redime al proletario, entonces sustituye
a la verdad con frases dulces y promesas, encarcela a la libertad, suprime la
religión tradicional por una religión de Estado, y corta los lazos espontáneos
por cadenas obligaciones ante el Estado totalitario.
El fingimiento comenzó en la propaganda desde Lenin,
pero esto fue antes de que asaltara el Poder. Desde el punto de vista de la
ciencia política fría Lenin era un genio de la propaganda, que es otra manera
de decir: un genio de la manipulación de masas mediante mensajes. La propaganda
de Lenin es anterior y próxima a la de Goebbels. La diferencia es que la
propaganda del Partido Comunista de Lenin fue encaminada a meter las enseñanzas
de Marx en la cabeza de la gente y agitar al proletariado. ¿Entró el complejo sistema
de Marx en la cabeza de los simples proletarios? Hay serias dudas, pero siempre Lenin engañaba
a sus enemigos y trataba de enseñar lo que para él era la verdad a sus partidarios
y los proletarios. Desde la propaganda de Lenin hasta la mentira institucional
de Stalin media un pequeño paso, pero hay un abismo de
crímenes y sistematización de las falsificaciones. Antes de ganar y monopolizar
el poder político concentrado, esa propaganda de Lenin fue heroica, luego, con
el monopolio del poder todo cambió. La propaganda se convierte en sistema; pues
pasa a controlar un aparato de policía y el sistema judicial amañado, que
únicamente sigue las órdenes del Partido en el Poder.
Los bolcheviques de Lenin fuera del poder ondeaban la
verdad como si la apreciaran. Fuera del poder pretendían
tener la razón y haber encontrado la verdad. Al concentrar el poder, la función
de la propaganda cambia y, en lugar de utilizar algo de razón para encontrar la
verdad, solamente interesa la propaganda y generar apariencias. La propaganda
se multiplica y el argumento pierde sentido, la razón se nubla y quedan las
consignas del Estado que se repiten. Quien no repita las consignas del Estado,
pasará a ser considerado un “enemigo del pueblo” y destinado al paredón de
fusilamiento o al presidio de trabajos forzados, llamado gulag, que es un camino
más largo hacia la muerte.
Disfrazar el asesinato: Maiakovski
Personajes que resultaban molestos para el régimen de
Stalin comenzaron a morir en suicidios sospechosos.
El poeta y dramaturgo Maiakovski fue uno de los más
aclamados representantes de las nuevas tendencias revolucionarias bajo el
primer periodo de Lenin. Maiakovski fue aclamado en la URSS y también
reconocido en el extranjero por su talento, por eso era consentido del régimen.
En pocos años, la deriva de Stalin lo decepcionó cuando se premiaba a los
escritores por aplaudir los caprichos del gobernante, sin importar el talento.
Maiakovski no era capaz de traicionar a sus propios sentimientos
y fingir que el país avanzaba con perfección. Sus últimas obras de teatro, La
chinche (1929) y La casa de baños (1929), satirizaban abiertamente la
burocracia soviética, lo que le valió rechazo y censura por parte de organismos
gubernamentales. En un país donde las libertades civiles no importaban y la policía
política tenía carta blanca para intervenir, cualquier gesto resultaba
peligroso y más cuando venía de una estrella del arte.
En esos años, disfrazar los asesinatos políticos se
volvió una técnica habitual bajo el terror estalinista. Maiakovski apareció
muerto con un disparo en el corazón dentro de su habitación en Moscú. El
disparo en el corazón resulta una técnica de suicidio ineficiente y poco usual.
Según la policía política al servicio del régimen, apareció una carta de
suicidio. Una despedida, que pretendieron fue escrita dos días antes, la cual
decía: “A todos. Si muero, no culpen a nadie. Y por favor, nada de chismes.” La aclaración es breve y rompe
el estilo poético de la carta, parecía más una frase de amenaza en mitad de una
despedida. Se especula que la policía secreta soviética (OGPU) pudo estar
implicada y que cubrió su asesinato. Defensores de esta teoría del crimen
político señalan que el oficial encargado del caso fue asesinado 10 días
después. Se ha argumentado que la
bala encontrada no coincidía con la de su pistola, y, en adición, que la
versión del "suicidio por amor" fue impulsada por la intelectualidad
oficialista con vehemencia provoca más sospechas.
Anna Ajmátova, acoso y tragedias sin tregua
Nacida como Anna Gorenko (1889–1966), adoptó su seudónimo tras la
oposición de su padre a que "mancillara" el apellido familiar con la
poesía. Anna Ajmátovafue una de las figuras más emblemáticas de la literatura rusa del
siglo XX y la voz lírica de la resistencia frente al terror estalinista. Fue
una talentosa poetisa que resistió con cautela al estalinismo y sufrió acoso,
censura y la detención de su hijo, reflejando el dolor de la época en su obra clandestina Réquiem.
Rodeada de persecuciones y acoso, ella se salvó de ser asesinada, como de
milagro.
Fue figura central del movimiento literario
del acmeísmo, un movimiento que buscaba la claridad y concreción frente
al simbolismo vago. Su vida estuvo marcada por la represión soviética. Su
primer esposo, el poeta Nikolái Gumiliov, fue ejecutado en 1921. Su
hijo, Lev Gumiliov, pasó años en el Gulag, y entonces durante años
ella aguardó largas horas en filas frente a las prisiones soviéticas.
Su último marido, Punin, murió de hambre y agotamiento
en un campo de concentración en 1938. Los poemas de Anna se prohibieron, ella fue acusada de traición y
deportada a un rincón inhóspito del interior. Por temor a que fusilaran
a su hijo quemó todos sus papeles personales. En 1944, pudo regresar con su
hijo a Leningrado, ciudad devastada tras el asedio alemán.
En 1946 otra vez recibió la censura oficial. Ella
y el poeta Zóschenko fueron expulsados de la Unión de Escritores Soviéticos, lo
que conllevó a la prohibición de sus obras. Ese ataque fue cruel y, además,
implicaba negarle hasta las cartillas de racionamiento, por lo que vivió años
hundida en una miseria atroz.
Muchos de sus amigos cercanos y familiares
fueron exiliados, encarcelados o fusilados; su hijo estaba bajo la amenaza
constante de ser detenido, y ella estaba a menudo bajo estrecha vigilancia. Sin
acceso a comunicaciones, en el extranjero pensaron que ella había muerto. Sus mejores
obras —Requiem y Poema sin héroe— únicamente circulaban en
secreto de boca en boca, por miedo a más represión.
A pesar de ser calificada de "mitad
monja, mitad ramera" por el régimen y sufrir el silencio forzado
durante parte de su vida, nunca abandonó Rusia. A la caída del estalinismo, ya
al final de su vida, tuvo una rehabilitación pública, pudo ejercer su vocación poética
y recibió reconocimiento internacional, como candidata al Premio Nobel de
Literatura en 1964 y 1966.
Marina Tsvetáieva, el suicidio obligado
Habiendo adquirido fama por su obra poética, Marina
Tsvetáieva prefirió alejarse de la URSS y vivió en Europa después de la Revolución.
En 1925, la familia se trasladó a París, donde Marina continuó con su actividad
literaria. En 1938, y tras un período de angustiosas dudas —temía por el
destino propio, por el futuro de su hijo Mur y por las condiciones de rechazo
que le esperaban— regresó con su hijo menor a Rusia, donde se encuentran su
marido y su hija, Alia, colaboradores del gobierno soviético.
Sin embargo, ella regresó a la Unión Soviética en 1939
tras muchos años de exilio, convencida por su esposo. Pronto, entonces surgió
la tragedia de ser perseguida por el régimen estalinista. Su esposo, un comunista
leal al régimen, fue ejecutado bajo la perversa tendencia de totalitarismo
que destruye a sus colaboradores y, para más tragedia, su hija fue enviada a
un gulag.
Después de las tragedias familiares, Marina quedó
por completo aislada, empobrecida y sin poder publicar, por lo que se
suicidó el 31 de agosto de 1941 en el exilio interior de Yelábuga. Dejó una
carta para su hijo «Perdóname, pero seguir viviendo sería peor. Estoy
gravemente enferma, ya no soy yo. Te amo con locura. Entiende que ya no podía
vivir más. Dile a papá y a Alya, si los ves algún día, que los amé hasta el
último momento y explícales que me encontré en un callejón sin salida.»
Nadie se salva ni con un gulag de oro
Los fieles servidores de la represión del sistema
comunista, sin importar su fidelidad y dedicación, también cayeron bajo las ruedas
del totalitarismo. Pongo un ejemplo, pero hay miles de casos donde se demuestra
que el servilismo ante Stalin era un esfuerzo inútil. El ejemplo, que utilizo
es curioso porque este personaje comunista organizó la mayor minería del oro
para la URSS.
Eduard Petrovich Berzin (también escrito Bersin o
Berzin; probablemente el “Eduard Versen” por transliteración fonética) fue uno
de los organizadores iniciales del sistema Gulag en Kolyma, región remota de Siberia.
Nacido en 1894 en Livonia (actual Letonia), bolchevique letón, chequista desde
1918 y oficial del NKVD. Protegió a Lenin en 1918 con los fusileros letones. En
1926 organizó el complejo de campos Vishlag en los Urales. En 1931-1937 Stalin
lo nombró director de Dalstroy (empresas estatales de construcción del Extremo
Oriente), responsable de crear el sistema de campos de Kolyma para extraer oro
con mano de obra forzada (principalmente presos políticos). Resalta la ironía
de levantar un gulag que esclaviza a los proletarios soviéticos hasta la
muerte, para extraer oro. ¿Qué cara hubiera hecho Marx mientras escribía
diatribas contra el fetichismo del oro si tuviera la visión súbita que sus
partidarios y en su nombre esclavizaban proletarios para extraer el oro
maldito?
Inicialmente Berzin aplicó un régimen relativamente
“blando” con salarios y reducciones de pena para buenos trabajadores, pero después
impuso condiciones brutales (trabajo en una temperatura helada de -55 °C) para
cumplir los planes quinquenales. Finalmente, Kolyma se convirtió en uno de los
Gulags más mortíferos produciendo cientos de miles de muertos, mientras extraía
el oro metálico de las entrañas de la tierra.
Berzin, a pesar de los excelentes resultados
económicos logrados con su crueldad y la muerte de decenas de miles de prisioneros,
fue arrestado. Su arresto fue el 19 de diciembre de 1937 al regresar de unas
vacaciones en Italia, acusado de espionaje para Gran Bretaña y Alemania y, en
el extremo de las acusaciones absurdas, de planear entregar la región de Magadán
a Japón. Fue fusilado el 1 de agosto de 1938 en la prisión de Lubyanka.
Rehabilitado póstumamente en 1956.
Conclusiones: no es una casualidad de
personas malas, es un sistema
La traición sistemática y letal contra los propios comunistas
leales no es una casualidad, sino resultado forzoso del fenómeno totalitario. Nunca
es una falla accidental causada por un líder malvado, que ocultó sus
intenciones hasta monopolizar el poder. Tampoco se deriva de un súbito
enloquecimiento del dirigente, bajo la premisa de que el poder absoluto corrompe
absolutamente. El esquema se repite, así que la causa es estructural
y yace en el corazón del sistema. Y esa causa estructural la estudia la ciencia
política, bajo el rótulo de totalitarismo, donde este fenómeno atroz no resulta
exclusivo de los regímenes comunistas, aunque sí potenciado dentro éstos y
donde posee su propia estructura ideológica.
La consolidación del
poder absoluto en un régimen totalitario, provoca una paranoia
institucionalizada. El régimen comienza aplastando oposiciones reales, pero
terminará aplastando a toda la población, por lo que inventa enemigos del
pueblo o amenazas exteriores constantemente, que no son reales, sino pretexto
para continuar el régimen de terror. El sistema de partido
único y “centralismo democrático” convierte cualquier opinión en discrepancia y
la más mínima expresión en traición. No se requiere de repeler al régimen comunista
para ser acusado de traición y castigado de la manera más cruel. Incluso
intentar seguir la opinión oficial es incierto, porque ésta última va cambiando
y el aplaudidor puede ser acusado por su aplauso anterior. Los servidores más
fieles del Estado, también son castigados con la misma dureza. El Estado exige al
ciudadano que contribuya para espiar al vecino y al desconocido, entonces cualquiera
termina como sospechoso. Las purgas atomizan la sociedad, entonces nadie confía
en nadie y todos están obligados a seguir al líder sin parar.
En especial, el totalitarismo comunista sigue políticas
utópicas y objetivos caprichosos (duplicar la producción de acero o triplicar
la de trigo), que al fracasar empujan a fabricar chivos expiatorios de modo
masivo. Las transformaciones radicales como la colectivización forzosa y los
planes quinquenales producen hambrunas y caos económico. El fracaso exige encontrar
culpables o inventar “chivos expiatorios”. El descontento ante tales trastornos
se persigue como delito. Sin asumir ninguna culpa por una visión ideológica irrealizable,
se culpa a “saboteadores”, “infiltrados” o “traidores”.
En especial, el comunismo busca rehacer a la sociedad sin
límites, más al extremo del cero de la tabla rasa. Cualquier desviación y con
más motivo la de antiguos camaradas, es intolerable. La violencia es mirada
como purga para “limpiar” la sociedad de “clases moribundas” o elementos
impuros. La operación resulta parecida al racismo extremo que intenta purificar
la sangre de patógenos de ficción, por contaminación genética. Mientras los
ideales originales de Marx y otros son destruidos en la realidad, se siguen
proclamando en una especie de religión oficial, bajo el mando del líder
supremo.
Hannah Arendt explica que el terror no cesa cuando
desaparece la oposición real; al contrario, se intensifica. Cuando se ha matado a
los opositores, entonces se los inventa. Perseguir enemigo inventados, sirve
para mantener la movilización total, mientras pulveriza los lazos humanos y la
solidaridad previa (familia y amistad) para crear su masa dependiente y sumisa.
La élite comunista en
el poder forma una nueva clase explotadora que monopoliza el Estado y la
propiedad nacionalizada, pero el mecanismo
ideológico lo niega con violencia. Para preservar sus privilegios y poder
absoluto, reprime a todo el mundo, mientras distribuye propaganda para
consolidar la hipocresía como norma, bajo un dogma ideológico que funciona como
una seudo religión de “culto a la personalidad”, donde el líder es infalible.
El fenómeno del canibalismo político y la traición
fratricida es una tendencia estructural del movimiento comunista. Lo que
Trotsky vio como una degeneración y otros marxistas miraron como una
desviación, es mucho más profundo. El modelo de canibalismo político resulta
sistemático y surge desde la estructura del modelo de comunismo real, que funciona
como totalitarismo político. Quienes busquen evitar la tragedia estarán
obligados a cambiar de modelo, sacar las raíces podridas desde Marx y dejar de
sembrar la simiente envenenada de los totalitarismos.
NOTAS:
Isaac Deutscher señala esto en su
biografía de Trotsky El profeta armado 1879-1921 o defendiendo Petrogrado
contra Kornílov en 1917 y apoyando el asalto al Palacio de Invierno. Trotsky
mismo los había llamado a los marineros de Kronstadt el "orgullo y gloria
de la Revolución Rusa".
La Orden Operacional NKVD № 00447
(del 30 de julio de 1937, firmada por Nikolái Yezhov) fue un documento top
secret durante la época soviética y solo se desclasificó tras la apertura de
archivos en la era postsoviética (principios de los 1990).La primera
publicación pública ampliamente reconocida ocurrió en En 1992, en el periódico
ruso "Труд" (Trud) el 4 de junio de 1992. Esta fue la primera vez que
el texto completo (o casi completo) se hizo accesible al público general. Publicado
en colecciones de documentos desclasificados, como en el sitio Электронная
библиотека исторических документов (docs.historyrussia.org) o en istmat.org.
Memorial (Международное
историко-просветительское, правозащитное и благотворительное общество
«Мемориал», o International Memorial Society) es considerada una de las fuentes
más confiables y rigurosas en el estudio de las represiones políticas en la
URSS y en la Rusia postsoviética. Durante más de 30 años recopiló y sistematizó
documentos desclasificados del Estado (como fondos del Archivo Estatal Ruso,
RGASPI y archivos regionales), testimonios orales y libros de memoria locales.
Su base de datos en línea contiene más de 3 millones de nombres de víctimas de
represión política (estimando que cubre solo ~25% del total).
Claudín, La crisis del movimiento comunista, "Los procesos de Moscú... no eran como para
tranquilizar... pero la gigantesca campaña propagandística... coronación de la
edificación socialista" (pp. 160-161).
Merece una mención especial el Juicio
de los Veintiuno (1938, uno de los procesos-espectáculo de la Gran Purga), se
acusó formalmente a Yagoda, al doctor Lev Levin y otros de haber envenenado a
Gorki (también a Kuibyshev y Menzhinski) por órdenes de opositores como
Bujarin. La mención es porque refuerza la hipótesis de que el escritor Máximo
Gorki, la gloria de las letras comunistas, se sospecha ampliamente que fue
asesinado por la policía política, fingiendo un envenenamiento.
Historiadores como Robert Conquest y
testigos posteriores confirman que los acusados eran entrenados para recitar
estos guiones en público, como en una representación teatral, para dar
credibilidad a las acusaciones.
Publicado por primera vez en periódicos
soviéticos poco después de su muerte (como en el anuncio oficial del 15 de
abril de 1930). La carta a mano tiene partes poéticas y es viable que la
escribiera, pero hay serias dudas que Maiakovski fuera obligado o engañado antes
de morir.
Alberto Ruy Sánchez, El expediente
Anna Ajmátova.