
Por Carlos Valdés Martín
Definición
En su definición
conceptual la propiedad es sinónimo de privada
y, para mayor claridad, la propiedad es un hecho material (económico), antes
que legal. Cuando alguna cosa resulta propiedad entonces alguien (uno o muchos)
la obtiene y otros (por definición muchos) ya no la poseen, entonces en
automático cualquier propiedad resulta ser privada, conforme priva a otros de
su obtención. Primero se obtiene una propiedad, que surge de la apropiación de
una persona (o un grupo) sobre un objeto (o varios), entonces se logra una
vinculación aceptada como positiva y necesaria. Para ilustración del
surgimiento de la propiedad son usuales los ejemplos del cazador y la presa, aplicando
un escenario primitivo de cazadores para simplificar el ejemplo y proponer un
fundamento.
Las primeras
definiciones de diccionario de la RAE sobre la propiedad van hacia lo
mismo: “1. Derecho o facultad de poseer alguien algo y poder disponer de
ello dentro de los límites legales. 2. Cosa que es objeto del dominio, sobre
todo si es inmueble o raíz. 3. Atributo o cualidad esencial de alguien o algo.”
De la primera definición dejo en suspenso la parte del “derecho” por ser un
derivado y no la base material o económica. Entonces hay dos definiciones, la
primera es poseer algo y la segunda refiere a una cualidad intrínseca (por
ejemplo, el hierro tiene una propiedad de magnetismo). Para lo que aquí vemos
lo interesante de la propiedad consiste en el poseer algo externo. La mente que
piensa es una cualidad y en ese sentido es propiedad del individuo, pero eso no
es objeto de la economía, por lo que no abordaremos el sentido de una cualidad
propia. Quien vende su inteligencia que viene de su mente, la debe exteriorizar
como un servicio o alquilar su tiempo por un salario, lo cual muestra la misma
cualidad hacia el exterior, ya como un objeto de dominio y puede vender su
pensar como trabajador intelectual o como dueño de algún conocimiento.
Vista la propiedad como cualquier objeto de dominio,
entonces también es etimológicamente “privada”, pues la etimología de propiedad
viene de privado, compuesta de
los términos latinos “pro” y “privo”.
En ese sentido general, el término propiedad privada es un pleonasmo que
se refiere a que algún sujeto posee algo para sí y en ese sentido cuenta con
propiedad.
El problema se complica cuando se propone una segunda
modalidad de propiedad colectiva o común o social o estatal contra la primera
modalidad que supone la relación entre un individuo y cualquier objeto (o
conjunto). Bajo el supuesto de dos modalidades —entre una propiedad social (en
cualquiera de sus variaciones) y una propiedad individual—, entonces ya tendría
sentido especificara a la “propiedad privada” como una categoría específica,
apuntando a que la segunda parte indica a los particulares y a individuos
egoístas. Entonces, afirmar que la “propiedad privada” es el origen de la
alienación, presupone de manera oculta, que hay una propiedad “no privada”, que
luego resulta ser una “propiedad social”.
Sin embargo, los partidarios de la propiedad privada a veces
llegan a extremo de negar que exista una modalidad real de su opuesto como
“propiedad social”. Veamos de dónde viene esto.
El fantaseo de
Engels: hubo algo antes de propiedad privada
A partir del
marxismo, sus fundadores sostuvieron la existencia de una propiedad social (y sus
modalidades) como una realidad más justificada y fuerte que la propiedad
privada, mientras rompían lanzas contra la modalidad privada a la cual
consideraron un factor de enajenación y de explotación. En ese sentido, Marx
acusó la propiedad privada como la fuente esencial de terribles males de su
sociedad; básicamente, la acusa de la explotación.
Como los
partidarios del mercado, el capitalismo y del liberalismo llegaban a sostener
que la propiedad privada era casi un fenómeno eterno, consustancial al ser
humano, por su parte, los fundadores de la teoría marxista intentaron probar lo
contrario.
En un libro
clásico, Engels trató de demostrar que en los orígenes de la humanidad no
existía propiedad privada de los medios de producción. En su texto, El
origen de la familia, la propiedad privada y el Estado intenta demostrarlo sin contar con estudios
antropológicos o de historia económica que sostuvieran de manera irrefutable su
tesis. Engels se enamora del trabajo antropológico de Morgan
entre los indios de EE.UU.
y le suma rastros de aquí y allá en otros autores y temas. Mediante un paciente
recolectar datos e indicios, Engels intenta sustentar sus tesis y le da una
forma agradable.
Sin datos
suficientes en la parte económica pura, Engels conecta su argumento con el tema
de las relaciones familiares, que provienen desde ambientes más colectivos y el
tema de la formación del Estado. La parte de la familia poco tiene de relación
con la propiedad privada, mientras que la parte del Estado contiene una amplia
relación, en especial, con la legalización de formas de propiedad y la
autoridad que las resguarda o promueve. Sin embargo, estos otros dos temas no
aportan nada concluyente que realmente sustente la hipótesis de que la sociedad
primitiva sea ajena a la propiedad privada.
Pospisil vs
Engels en una antropología con propiedad privada, etc.
Contrario a lo
investigado y creído por Engels, el antropólogo profesional Posil encontró que en
las sociedades primitivas se funciona con propiedad privada, mercado,
capitalismo, individualismo y esto sucede antes de que haya un Estado. El
antropólogo de campo encontró que las sociedades primitivas funcionaban de la
manera antagónica a lo que miró Engles en su famoso El origen de la familia,
la propiedad privada y el Estado.
El propio Engels,
para intentar demostrar que en el origen (incluso mítico) de la humanidad hubo una comunidad armoniosa y una
propiedad colectiva de los medios de producción como la institución
fundamental, se basa por entero en los estudios de Morgan sobre los indígenas
americanos y, una recopilación de indicios sobre sociedades griegas y pre
feudales. Hay que aclarar que Engels no contaba con estudios bastantes ni
exhaustivos sobre tales periodos precapitalistas, tanto en el sentido de que él
no tuvo acceso a estudios detallados de tales periodos, simplemente porque no
los había y que él no estudió tan a fondo el periodo. La hipótesis de tales
comunidades y propiedad colectiva originarias son harto problemáticas,
resultando mucho de una tendencia de hermosear un periodo, para acomodar el
material histórico a las teorías de Marx.
El antropólogo de
campo Pospisil encuentra propiedad privada y hasta relaciones próximas al
asalariado en comunidades primitivas, cuando estudia detalladamente Nueva
Guinea. Esta entrada únicamente es para mostrar que un estudio posterior del
antropólogo Pospisil derrumba por completo las hipótesis de Engels sobre una
comunidad originaria sin propiedad privada.
Descripciones
de la comunidad idílica en Engels y Rousseau
El argumento de
Engels nunca encuentra pruebas claras ni contundentes para demostrar de modo
exhaustivo que las poblaciones originarias carecieran de propiedad privada sobre
sus medios de producción, para no perder su batalla él desliza un cuarto
argumento: la bondad originaria y la noción de que hubo un comunismo primitivo
antes de las sociedades de clases antagónicas.
El argumento conceptual parece lógico: antes de la fragmentación hubo una
humanidad unificada que no padecía ninguna ruptura, como espejo del arquetipo
de madre-hijo, proyectado hacia una comunidad maternal. Sin embargo, en
excavaciones las huellas
arqueológicas encuentran huesos rotos y muestras de violencia entre tribus.
La visión de una comunidad idílica y solidaria de los primeros tiempos no
encuentra suficientes elementos antropológicos y hay estudios serios que
indican que entre las organizaciones tribales hubo también una práctica general
de individualismo y propiedad privada organizada.
Antes y con menos
elementos, J. J. Rousseau elaboró sus descripciones sobre la “bondad natural”
del “buen salvaje” que permanece como un niño, antes de que la civilización lo
corrompa, en sus especulaciones sobre el origen de la desigualdad.
Hay suficientes
relatos de tribus honorables y con una solidaridad interior formidables para
armar relatos del comunismo primitivo, sin embargo, también hay elementos para elaborar
descripciones antagónicas a la “tribu buena”.
Propiedad
territorial
Rousseau más que
atacar a la propiedad privada en sí, lo que considera maligno es la “propiedad territorial” señorial
(y enorme en su época) y en esto Proudhon repite el argumento. Lo que ataca el anarquista Proudhon es el
exceso de propiedad, en especial, la territorial, mientras defiende la de
herramientas y casa personal, como una base de toda existencia digna y de
libertad.
Un anarquismo más
individualista no cree en una sociedad comunitaria idílica como el comienzo y,
en particular Proudhon, cree en el individuo como fundamento. El ataque frontal
de Marx contra este autor en Miseria de la filosofía, se centra contra
su falta de método y desconocimiento de los mecanismos económicos del capitalismo,
burlándose de las propuestas de reforma social.
La reforma económica de Proudhon consiste en limitar las grandes propiedades y
favorecer a la pequeña, mientras Marx imagina que aboliendo toda propiedad
privada se obtendrá un efecto de revolución social por entero sano; una
propuesta que abrió el camino ideológico para proyectos de dictaduras sobre y
contra el proletariado.
Los enfoques de Rousseau y Proudhon ven en la
gran propiedad territorial que se apropia por violencia y sin trabajar como
un despojo, que origina la gran desigualdad. En ese sentido, no toda
propiedad privada es igual, pues los grandes cercados y apropiaciones violentas
por bandas militares y el Estado son el origen de la desigualdad. En el enfoque
de Marx, en el pasado quizá sí hubo alguna propiedad privada individual
justificada (pequeñoburguesa), pero en el presente capitalista ya los medios de
producción son objetivamente sociales y deberán ser expropiados a favor del
proletariado, como la única clase revolucionaria.
Propiedad
privada es una limitación y renuncia
Cuando se pone un
cerco y queda definida una propiedad privada ese gesto marca una
delimitación, y pone un límite a la expansión. Adentro de la cerca del
propietario el derecho romano definió un derecho de “uso y abuso” (jus utendi
et abutendi). En
consonancia, afuera de la cerca y en la no-propiedad se carece de tal dominio y
por tanto no existe tal derecho, lo cual implica una restricción voluntaria
ante el mundo. Tomar lo que es propio es el acto económico aceptable, mientras
que tomar lo de otros resulta
en el robo.
El agente
político que no reconoce ningún límite de propiedad ajena, se comporta como el
déspota absoluto de todas las cosas en la tierra, pues se adjudica para sí ese
derecho absoluto. Esto está contenido en el precepto de negar toda propiedad
privada de los otros, y de hecho así se comportó el Estado de la URSS,
siguiendo la interpretación a modo del marxismo. Frente al Estado soviético ninguna
propiedad privada está a salvo y las excepciones por conveniencia o gracia del
mismo son temporales y están sujetas al capricho posterior. Por conveniencia transitoria
en la URSS se permitió al campesino tener propiedad y se le dijo
“¡Enriquecéos!”, para
luego cambiar el timón y aplicarle la colectivización forzosa y requisar todas
las herramientas y granos, provocando el hambre masiva. Notemos que el Estado soviético
se puede caracterizar como el propietario privado de la nación entera, de ahí
las críticas de Trotsky a Stalin al caracterizarlo “socialpatriota” y “socialista
nacional”, enemigo de extender la revolución permanente.
Entonces la
propiedad privada, a la que por lo común se tilda de egoísta, implica
una renuncia ante el colectivo universal de todo lo que no es su propiedad. En
ese sentido, la propiedad privada es menos egoísta, por cuanto supone renunciar
a usar y abusar de todo ese universo de propiedades que están fuera de la
propia. Además, esto implica que el propietario privado reconoce un universo
real o potencial de otros propietarios a los que respeta y espera el mismo
trato cuando exige que se respete su propiedad privada.
Oposición
entre el Soberano de Hobbes y base del liberalismo en Locke
El filósofo
político Thomas Hobbes señala que el único origen de la propiedad está en una
decisión del poder soberano, ya que es parte de sus facultades. Para la visión
del Leviatán
el ciudadano privado carece de facultades políticas para definir su propiedad
privada, por lo que desde el poder político se establece dónde comienza y
termina cada propiedad. En esa perspectiva, la autoridad del Estado es capaz de
todo y el individuo (solo o agrupado) deberá plegarse a ese poder.
El teórico
antagonista es John Locke quien define que la propiedad proviene de la
apropiación de las personas mediante el trabajo y que ahí está el fundamento
natural, que luego lo legaliza el Gobierno.
Locke comienza afirmando que cada individuo posee su propio cuerpo y que, por
ello, la acción de su cuerpo, provee objetos que quedan como su propiedad
objetiva legítima. Por un lado, considera a la naturaleza intocada como un “bien
común”, pero al trabajarse queda convertido en la propiedad de quien opera esa
transformación. Por ejemplo, «Aunque la tierra y todas las criaturas inferiores
pertenezcan en común a todos los hombres, cada hombre tiene, sin embargo, una
propiedad en su propia persona; sobre esta nadie tiene derecho alguno, salvo él
mismo. Podemos decir que el trabajo de su cuerpo y la obra de sus manos son
propiamente suyos. Cualquier cosa que él remueva del estado en que la
naturaleza la proveyó y la dejó, mezcla con ella su trabajo y le une algo que
es suyo, y con ello la hace su propiedad.»
Este comienzo
liberal de Locke posee más ramificaciones a profundidad de lo que se observa a
primera vista, donde se levanta un entramado de libertades y derechos civiles. La
parte de la relación entre el trabajo y la propiedad, incluso es aceptada por
un antagonista como Marx, quien pretende que una etapa futura comunista
resolverá la contradicción entre la propiedad común y la apropiación individual.
Aparente
materialismo marxista es ficción política
Frente a las
definiciones legalistas y generalistas (o abstractamente filosóficas) de la
propiedad, en apariencia Marx y Engels (y sus sucesores) apelan a la producción
material como el fundamento de las formas legales. Ese pareciera ser su
argumento de fondo, por tanto, al molino y el arado correspondería la propiedad
feudal donde “no hay tierra sin señorío”, dando base a la aristocracia. Luego basándose
en la manufactura y la gran industria con su comercio mundial le correspondería
el capitalismo industrial y su defensa de la propiedad privada como el gran
principio legal. En el
esquema marxista, la misma “socialización” de los medios de producción,
conforme la industria implica mayor participación de proletarios, implica la
directa forma social de producción desde la cual se desprende una propiedad
social, que deberá ser regulada por los “productores asociados”, aunque en una
primera etapa por el Estado en manos de tal asociación proletaria. Visto más en detalle el argumento ha sido una
ficción que sirve a proyectos de tiranías pintadas de rojo. La forma
capitalista no implica una única modalidad de propiedad privada y de grupo, tal
como su muestra en la historia de las sociedades por acciones, la existencia de
espacios públicos urbanos, la gestión del dinero, las leyes que regulan la
operación concreta de la propiedad privada. En el capitalismo avanzado hay
muchas normas que relativizan la “propiedad privada”, sin desaparecer su
fundamento. El hecho real de que las empresas sean gigantescas y trasnacionales
no las vuelve sujetas a una entidad metafísica de una Sociedad que las pueda
controlar entre sus directores.
Lo real es que lo social y colectivo siempre se manifiesta mediante individuos
concretos y agrupaciones específicas, por lo cual el intentar imponer un “todo
social” como su propietario, es una mascarada de un Estado totalitario.
Sin embargo, las
buenas definiciones legales de la propiedad privada ya están remitiendo a un
contexto económico y material definidos, por lo que no son simple “legalismo”
ni fantasías de la superestructura. Por ejemplo, el teórico del derecho, Carnelutti
se mantiene fiel a las definiciones económicas que van de la mano del concepto
de propiedad, cuando comienza su texto con “puse el ejemplo de quien, al pasar
ante una frutería, roba o compra una manzana. Estos, del robo o de la compra,
son actos jurídicos: pero antes que al campo del derecho, pertenecen al de la
economía.”
Propiedad es
la manifestación del espíritu y la primera libertad objetiva
No conviene mantener
separado el fundamento de la economía respecto de lo que sucede en la mente y
el corazón, que en términos clásicos se ha llamado espíritu humano. Hay una
libertad al interior de la mente que no se ha manifestado, por ejemplo, la
imaginación cuando el soñador viaja con su mente entre las estrellas y las
visita sin parar, pero en el mundo objetivo, es la propiedad la primera
manifestación de la libertad que se hace objetiva.
El ejemplo típico del cazador, que tras perseguir a su presa la obtiene y la
come, ahí está una propiedad. El animal cazado es la propiedad indiscutible del
cazador. Lo mismo sucede con el recolector que arranca el fruto del árbol y lo
pone en una cesta y en su boca, con ello la propiedad privada está bien definida.
El apetito físico o la inquietud por obtener algo físico es la manifestación de
su libertad.
La libertad está
en el tomar o crear, también en el consumir (comer, vestir, usar el medio de
producción) y en el deshacerse del objeto (enajenar, comerciar). Ahí están
todas las fases de la propiedad privada presentes. Está la apropiación, el
disfrute (consumo) y el deshacerse del objeto. El cazador puede abandonar todo
o parte de su presa, quizá ha llegado al sitio otro depredador y debe
abandonar.
Esta es la libertad
objetiva, que ha salido de la mente y adquiere sitio en el mundo de los
objetos. La apropiación es la manifestación de la voluntad (acto libre) que
efectivamente logra algo para el individuo. Sin el objeto esta libertad se
disipa, por ejemplo, al fracasar la cacería. La toma de posesión del objeto,
ya sea por simple toma de un objeto preexistente (en el ejemplo, un animal
salvaje) o por la elaboración (con más complejidad, interviniendo la astucia
del saber para sacar de la naturaleza frutos que antes no estaban ahí).
Propiedad
privada no excluye compartirla o su despojo
Como la libertad
nunca desaparece, quien obtiene su objeto perfecciona esa condición al
compartir su objeto y,
por lo mismo, imaginamos al cazador como proveedor familiar o a la recolectora
en el mismo sentido. La voluntad libre con su objeto lo entrega de
diferentes maneras a otros que reconoce como sus correspondientes (iguales,
próximos, superiores, inferiores, etc.) mediante la entrega del proveedor
familiar, el que entrega un tributo forzoso, el que comparte equitativamente en
un contrato comercial, el que dona porque lo hace desinteresadamente, etc.
Como el objeto
está presente en el mundo material, lo que uno se haya apropiado y generado
como su propiedad tampoco excluye que otro lo repercuta con una segunda
apropiación, a veces, en el extremo del despojo. Pongo un ejemplo: El cazador
lanza una flecha que hiere a un venado, que escapa desangrándose y el cazador
sigue su huella, buscando alcanzarla; pero en la lejanía hay otro cazador,
hacia el cual avanza la presa herida y, al fin, cae muerta a sus pies. O quizá
el segundo cazador también flecha al venado y lo hiere. El otro cazador
desconoce la acción del primero, pero se beneficia terminando la cacería y
apropiándose del venado. El primero que completa el recorrido considera que el
otro cazador es un ladrón, que lo está despojando de su presa. La primera
apropiación del cazador fracasa. Para una parte esto sería un robo y para el
otro, simple fortuna a su favor.
Ambigüedades
de la propiedad ante los muchos sujetos, los terratenientes
La apropiación
del objeto que lo convierte en propiedad por un acto libre posee mucho
espacio-tiempo para las ambigüedades conforme haya simultaneidades y sucesiones
que entrelazan los procesos. Los litigios y los problemas reales están plenos
de propiedades en situación compleja. La vivienda contigua en edificios o
condominios es un perfecto ejemplo de los encuentros y perplejidades de la
propiedad, cuando los interesados se aglomeran. Los pasillos, escaleras y
corredores se declaran área común porque varios los van a apropiar y tratar
como su propiedad sin aviso previo y de manera recurrente. Alguno puede cambiar
el color del área común o quitar un foco furtivamente para remplazar uno del
interior de la vivienda por una urgencia; otro puede dejar basura en el pasillo
mientras se decide a llevarla al basurero; otro puede poner a su perro molesto
o bravo en el pasillo, dificultando o impidiendo el tránsito. Esas áreas
comunes representan un reto y fuente de constantes roces entre quienes
pretenden apropiarse de ese espacio de diferentes maneras.
La hipótesis
física de que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo,
pone de relieve que el espacio es un bien esencial en sí mismo. A veces, el
propietario legal del suelo debe conceder el paso porque su legalidad crea
problemas a sus vecinos, según el principio de “servidumbre de paso”. Esto es
importante, porque el simple cercado (o registro) de grandes extensiones para
definirlo como propiedad privada se ha considerado la modalidad típica de propiedad
privada abusiva o de despojo. En general, la presencia de grandes terratenientes ha indicado el
abuso alrededor del principio económico de la propiedad privada y abre espacio
para la discusión del monopolio. Basta que un grupo violento se apodere de
grandes extensiones territoriales para que ese espacio niegue las múltiples
propiedades que hay en ese territorio bajo un argumento seudo-legal. Ese
proceso es el que denuncia Proudhon en su ensayo ¿Qué es la propiedad?
Basándose en la evidencia europea de las grandes extensiones territoriales. En
esos casos, bajo el letrero de propiedad privada (o aristocrática, señorial,
terrateniente o estatal) se esconde la negación de la propiedad básica que
surge del proceso de producción y vida de la población laboriosa.
División del
trabajo como solución del objeto a disposición de muchos
El mundo material
está pletórico de apropiaciones fallidas y de mezcla de situaciones en la ruta
de la apropiación. En la historia económica, el surgimiento de la división
del trabajo es una regla básica de avance hacia la productividad, que va
funcionando en todos los espacios, por tanto, el espacio para esa posible
disputa al compartir su objeto se formaliza en el sistema económico. La
división del trabajo implica que ese objeto de la apropiación libre se ha de
fragmentar en su proceso, para pasar por varias manos y mentes que lo van
formando por partes. Lo que es una fuente de conflictos en la objetividad de la
cosa apropiada se convierte en una forma de movimiento organizadas, donde
muchos van participando en la creación del objeto adecuado al uso. Encontrar
cómo desarrollar una división del trabajo sistemática fue uno de los méritos de
Adam Smith que permitió consagrar la forma empresa capitalista, donde se
reparte la acción sobre los objetos entre muchos, despertando las potencias del
trabajo hasta un nivel nunca antes logrado.
La propiedad que
se integra con la
participación de muchos implica un gran problema de su apropiación, pero
la paradoja se resuelve con formas de movimiento. En específico, el capitalismo
la resuelve con el control del empresario o capitalista sobre el objeto
producido, mientras su creación es obra de muchos empleados, que bajo división
del trabajo desarrollan el objeto. Esta forma histórica del capitalismo no es
en esencia muy distinta de la acción colectiva de un grupo de cazadores que se
dividen entre quien tiende trampas para las presas potenciales y los cazadores
que las atacan, entre quienes afilan las flechas o tensan las cuerdas, entre
quienes siguen las huellas y cargan las provisiones o al animal cazado, etc.
Hay división de trabajo ese grupo voluntario y también en el grupo pagado por
salario; asimismo hay muchas modalidades de relaciones como surge en el sistema
feudal y esclavista, el despótico asiático y el Estado totalitario. En todas
las variaciones de la economía conocidas, se integran sistemas con división de
trabajo.
Robo,
arrebato, despojo, explotación, guerra
El robo es quitar
a otros lo que les es propio, por tanto, implica arrebatar y ese acto abre el
campo para la violencia entre particulares, que al generalizarse es la guerra. De
hecho, el robo se considera un acto que implica violencia sobre quien es
robado. El argumento de Marx es que primero y ante todo, el capital ha robado
sistemáticamente al proletariado, por lo que su propuesta de régimen comunista
es desaparecer el robo, estableciendo una situación que imposibilita el robo
desde su raíz. La realización histórica del argumento de Marx muestra que hay
un error estructural de su planteamiento, pues termina facultando al Estado
totalitario para robar a todos sin contención alguna, entonces no se “expropió a
los expropiadores”, sino que monopolizó la facultad de robo en el Estado, que
toma como su propiedad privada a la nación entera (y a la nación vecina cuando la
descubra en debilidad).
El robo también
es un acto libre, pero contrario a la ética y que rompe el posible pacto pacífico
entre individuos. Quien es robado se lamenta como víctima y reacciona contra el
ladrón. El ladrón que se sabe ofensor, se apercibe para utilizar la violencia,
y a veces la aplica desde un comienzo.
El robo es lo
antagónico al compartir libremente, ya sea por regalo o contraprestación medida
(mercado), sustituyendo a la voluntad libre por la violencia o la astucia.
Hay otros
términos que contienen al robo bajo modalidades como son arrebato (quitar con
rapidez), hurto (robar sin que se note), despojo (robar a lo que no se tiene
derecho), la explotación (abuso sobre un aparente contrato laboral o comercial)
y guerra (aplicar una violencia superior que somete a la muerte o a la
impotencia completa).
Contrato,
compartir, comercial, tributo, pax
La libertad que
con trabajo y/o astucia ha ganado algo al mundo natural objetivo, poseyendo ese
objeto entonces está en condiciones de compartirlo bajo diferentes modalidades.
Cuando hay dos partes iguales en voluntad libre se establece el contrato, que
es la manera de pactar esa igualdad y acordar cierta distribución de intereses.
El contrato es un concepto clave en la convivencia social, pues también es la
expresión de la libertad, cuando se encuentran dos o más partes para poner el
claro sus propósitos y alcances.
El contrato en
cuanto encuentro de voluntades libres permite el compartir la propiedad de
muchas maneras, ya sea mediante contraprestaciones o sin ninguna reciprocidad
aparente. El Estado como dominador de una sociedad tiene el privilegio del
imponer tributo o impuesto, que es un pago obligado bajo el pretexto que sea.
En principio se supone que el Estado dará algún beneficio a cambio del tributo,
pero en el extremo de potencias conquistadoras no hay un dar a cambio, sino un
simple evitar daños mayores.
Mientras haya
contratos de voluntad hay posibilidad de convivir en paz y si se prolonga este
principio, se establece un beneficio como en la “pax romana”.
La ética
establece tanto el respeto de la propiedad legítima y una obligación de
compartir en varias situaciones: ante el desvalido, al huérfano, a la viuda, al
extranjero (deber de hospitalidad), etc.
Contrato:
mutuo beneficio, esclavitud, explotación
Que haya un
concepto que sea muy general y por ello imposible de eludir para la condición
humana, no excluye que existan aplicaciones desastrosas y nocivas. La presencia
del contrato no excluye que haya en la historia una modalidad de esclavitud
donde una parte desaparece su capacidad para hacer cualquier contrato sucesivo,
pues ha perdido por entero su libertad.
La esclavitud
marca el caso más paradójico, pues un libre contrato podría asumir la forma
donde una parte renuncia a su libertad perpetua para contratar. Esa esclavitud
era la paradoja del sistema grecolatino que avanzó en el esclarecimiento
filosófico y en establecer una república libre, pero en la base dejaba sometido
a un pueblo esclavo, sometido a cadenas y contradiciendo todos los logros de la
élite de las ciudades.
La explotación posee un rasgo similar, pues un contrato salarial puede dejar en
condiciones reales tan deplorables al trabajador, que desaparece su capacidad
concreta de ejercer su libertad. Por eso mismo, se impusieron leyes laborales
para limitar la jornada laboral, pues la prolongación de horarios deja sin
tiempo para ejercer la libertad. Algo parecido sucede con los salarios
miserables que no permiten ejercer la libertad habitual en una sociedad
mercantil, donde el poder de compra es clave entre las potencias de la
subsistencia.
La definición
marxista de explotación posee
una trampa enorme, cuando diseña un concepto bajo teoría del valor
trabajo, donde cualquier trabajo bajo mandato del capital se vuelve explotación
sin importar lo bien retribuido ni el horario razonable de trabajo. La teoría
del valor-trabajo posee errores teóricos de fondo, pero funciona para una
justificación ideológica en contra del capital, donde mete el rótulo de
explotación, aunque haya contratos libres y una retribución justa entre las
partes. Es decir, el marxismo
falsea la noción de explotación que sería un robo al trabajador, para
ponerla en toda relación capital-trabajo, cuando en la historia esa relación ha
permitido la elevación real de los ingresos y que las masas salgan de niveles
de miseria generalizada.
La relación de
Estado totalitario frente a su “ciudadano” es donde sí está presente una
evidencia de esclavitud moderna, pues el sistema totalitario quita todas
las libertades reales y las simula para imponer todas las normas al ciudadano,
que carece de derechos reales. Cuando el Estado quita al ciudadano la facultad
de establecer los contratos que desee sin dañar al prójimo y no le permite
tomar posesión de las cosas (hacer propiedad privada) entonces opera como el
amo esclavista general.
Contratos
múltiples, sociedad compleja, Estado
El surgimiento
del Estado antiguo, Engels intenta ligarlo a un desprendimiento de las clases
propietarias, cuando resulta ser un aspecto más general. A veces el Estado
mismo puede ser la clase dominante, en otras ocasiones, es un aparato en medio
de grupos opuestos.
El rasgo más
típico popularizado por Weber es que el Estado “posee el monopolio de la
violencia legítima”. Sin embargo, durante milenios los privados tienen una
parte del derecho a la violencia, por eso no hay que acentuar solamente ese
acceso a la violencia, que a veces no es un monopolio. El lado complementario
está en la fracción de “legítima”, donde se establece un sistema de leyes, pero
también de intercambios económicos.
El Estado más
antiguo requiere que haya alguna complejidad de voluntades para entrelazar, de
ahí que sea más grande que las simples familias y quizá tribus (grupos pequeños
con acuerdos cara a cara).
La ley además
implica alguna estabilización en la escritura, así las modalidades antiguas de
Estados pronto establecieron códigos y requirieron de escribas, para poner en
letras la gestión de los asuntos públicos.
Para lo que aquí
hemos visto, el contrato puede y debe incluir la modalidad de acuerdo entre
muchos. Con el contrato entre mucho
más que dos surge un sistema emergente, viene un cambio
cualitativo para señalar ¿quién lo garantizar o mantiene o modifica? El acuerdo
en asamblea de los participantes en el contrato comienza a ser difícil, en
especial, cuando haya participantes alejados, etc. De hecho, surge el
gobernante o juez, que puede entenderse como representante (Rousseau) o
como efecto de alguna otra causa.
Sobre ese
contrato entre muchos hay una inestabilidad de las voluntades cambiantes, por
lo que se levanta la figura de un gobernante o juez que garantice que el
contrato se mantiene íntegro o que se puede cambiar hacia un siguiente acuerdo.
Y el garantizar el cumplimiento de contratos colectivos implica la posibilidad
de violencias colectiva, por tanto, de la guerra, y de ahí la apelación al
monopolio de la violencia, con lo cual arribamos en el concepto de Estado.
La negación de
la propiedad privada como absurdo de Marx y base totalitaria
Dando por
descontado el talento del joven Marx, resulta sorprendente que haya enfocado su
crítica contra la propiedad privada sin un motivo fuerte. Con alguna inocencia
sus polemistas se preguntaron ¿qué no se trata de que el proletariado recupere
la propiedad? En algún momento, de sus escritos de juventud pareciera que de
eso se trata, por ejemplo, en las apasionadas descripciones críticas de la
enajenación de sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, donde
cuestiona que el productor laborioso, el proletario, quede despojado de todo
producto salido de sus manos, que ese producto bajo la forma de capital lo
controle y haga miserable su existencia.
Una parte importante de los críticos socialistas y de izquierda del siglo XIX
se ocuparon de rescatar la propiedad para el productor directo, proponiendo
reformas sociales y cooperativas, donde se recupera a la propiedad privada para el obrero
(visto como el despojado). De hecho, surgió un vigoroso movimiento de izquierda
que tuvo cierto éxito político en muchos países, pero Marx y Engels se
diferenciaron teórica y políticamente de esa idea donde la propiedad era
integrada a su “dueño natural”, como buscaban muchos socialistas, anarquistas,
etc. En la trayectoria intelectual de Marx, ya en su periodo juvenil es fácil
descubrir, el origen de ese error, cuando convierte a lo “social” en una sustancia benevolente, al
modo de un romántico Michelet “substancializado”,
bajo una modalidad hegeliana con máscara materialista. En ese argumento, donde
Marx eleva a los social como substancia benevolente y omnipresente, es que la
“propiedad privada” le parece un principio disolvente, porque disuelve al todo
orgánico y comunitario (paraíso perdido) en una desagregado de egoísmo enajenante
y la piedra de toque del sistema opresor. Bajo ese argumento, Marx deja abierta
la puerta de la desposesión sistemática, para que el Estado siga cumpliendo de manera
ampliada el proceso de desposesión de los trabajadores directos que le critica
a la empresa capitalista. Aunque en escritos específicos Marx también es un
crítico del Estado y su maquinaria despótica, su argumento básico deja al
“elefante” del Estado en la sala sin observarlo. Esta tibieza de Marx ante la
opresión del Estado se explica, quizá también para diferenciarse de sus rivales
políticos, que fueron los anarquistas de Bakunin contra quienes se enfrascó en
furiosos debates por la dirección de la Primera Internacional.
El error teórico
de Marx surge al convertir lo social
en una sustancia de nivel casi mítico y mágico con capacidad de resolver
por sí misma la problemática histórica, una vez que se hayan desaparecido
mediaciones elegidas a modo, en particular, al capital seleccionado como su
objetivo a destruir en una revolución radical. En el pensamiento de Marx, lo social
casi mágico se convierte directamente y sin escalas en la colectividad del
bien, el proletariado, que es catalogado como la “clase revolucionaria”
predestinada a hacer el bien y redimirse a sí misma, redimiendo a la humanidad
entera, liberando a toda la humanidad de manera íntegra y radical. Por lo
mismo, el acto de violencia extrema y sin frenos para aplicar, que esa revolución
se convierte en el bálsamo de la curación por sí mismo, se completa la fórmula
para una tragedia futura. Esta tríada conceptual es lo social angelical, la
clase revolucionaria víctima y la revolución como medio de acción es coherente
entre sí, pero deparaba tremendas sorpresas y decepciones. Esta tríada
consistente entre lo social-clase-revolucionarias y revolución termina
emergiendo bajo la batuta de Lenin como contradictoria con los procesos reales
y contraproducente en términos de sufrimiento humano. En específico, la
dirección revolucionaria de los bolcheviques, emanada de una Revolución que
intentaba con fiereza cumplir la guía teórica de Marx, se enfocó para destruir
con velocidad y prontitud la propiedad privada, pero en este punto se hace
evidente que tropieza con una gran roca imbatible, que es la realidad del
proceso productivo y social. Bajo el rótulo de la propiedad privada no
está un simple capitalista avaricioso, sino el proceso de producción y
apropiación, donde cada objeto creado es una propiedad y por tanto genera una
apropiación potencial muy compleja. Desde la Revolución de octubre, el Estado
autoritario encabezado por los bolcheviques decide apoderarse del rótulo
“social”, lo cual es un absurdo.
La lucha de los
comunistas rusos contra la propiedad privada se convirtió en una “licencia para
robar y matar” gigantesca y sin límites. Como desaparecer la propiedad en su
sentido básico es imposible, la idea política de reprimir la propiedad privada
nunca se limita a expropiar las grandes empresas, sino desata una persecución
generalizada contra las operaciones espontáneas de producción. Que la persecución contra la “propiedad
privada” desata un mecanismo perverso para acosar y asesinar a ciudadanos
pacíficos se nota con la mayor claridad en el trato que reciben los campesinos
como productores directos de su propia subsistencia, que es prohibida y
acosada a tal nivel, que el Estado soviético causa hambre masiva por sus coacciones
deliberadas. El modelo de persecución contra la propiedad privada que
resulta en desastres y muerte masiva se repite en diversos países, por lo que
no es un error ni exceso del dirigente (Stalin, Mao, etc.) sino un resultado
sistemático desde una teoría social y política, empleando medio eficaces
del poder descarnado: represión, persecución, etc.
Conclusiones
En su concepto
más fundamental la propiedad es privada, ya sea de un individuo o de un grupo,
mientras el concepto de “propiedad social” suele disfrazar una intervención del
Estado, que suele ser la mascarada de la “propiedad privada” de una élite
gobernante.
El adjetivo de
privado posee el rasgo de un cierre o clausura, en el sentido de que la propiedad
bajo control del individuo o grupo no va más allá de algún límite, donde hay un
límite ante el resto de no propiedades.
Es usual que una
propiedad sea controlada por agrupaciones, pero sigue siendo propiedad privada
de tal grupo o asociación, etc. El concepto de propiedad social en el sentido
de toda la sociedad o su representante mediante el Estado queda sujeta a paradojas,
en especial, cuando crea una propiedad privada monopólica en manos de los altos
funcionarios del Estado.
Los grandes
filósofos han incluido el tema buscando ofrecer un horizonte bien fundamentado.
Que la propiedad privada sea una
institución esencial de la economía funcional no descarta que existan áreas o
espacios de lo público y zonas mixtas que requieran gestionarse mediante el
Estado o instancias colectivas, como sucede con la extensiones y zonas de confluencia
pública.
Despreciar el
tema de la propiedad o intentar resolverlo con simplismo ha sido una
fuente constante de mala gestión económica y hasta de tragedias políticas, por
lo que el estudio de este tema de la
propiedad y sus mejores maneras de aplicación sigue siendo una asignatura de
actualidad.
Hobbes, Leviathan (1651). «Esta propiedad, siendo necesaria para la paz y dependiendo del poder
soberano, es un acto de ese mismo poder orientado a la paz pública. Estas
reglas de propiedad (o lo mío y lo tuyo) [...] son las leyes civiles...»
Locke,
Segundo Tratado sobre el
Gobierno Civil
(1689), especialmente el Capítulo V "De la propiedad".