
Por Carlos Valdés Martín
La mente humana posee
la facultad de establecer
modelos a partir de datos dispersos, es más, cualquier operación
mental requiere de marcos conceptuales para funcionar. Esta interpretación de
la mente humana hacia el conjunto es instantánea y espontánea, de tal manera
que está operando continuamente. Este argumento comienza por el conjunto,
afirmando que la totalidad existe y que en automático la capta la mente; aunque
si esta captación es correcta o equivocada habrá que definirlo.
Monoteísmo y
marxismo: preludio
Ciertas
ideologías son claras en su
referencia hacia la totalidad, por ejemplo, las religiones monoteístas
sin dudar refieren hacia una divinidad creadora del universo, que existe antes
del principio de los tiempos y que existirá después de que el creyente haya
muerto, y que le garantiza existencia eterna a su alma. En ese concepto místico monoteísta, la
totalidad está garantizada en un punto de unificación que concentra en Dios.
Para una mentalidad atea también existe algún tipo de unificación que presenta
mayores dificultades, porque no queda definida de antemano, aunque es viable
hacer trampa. El mejor ejemplo de esa trampa realizada está en la filosofía que
busca ser radicalmente materialista de Marx y Engels (en especial este último),
que pretenden erigir un “materialismo radical”, que sea ateo y que sea
consecuente con un concepto de materia que recorra la totalidad del sistema,
junto con la “varita mágica” de reconstituir la sociedad desde sus cimientos. Curiosamente,
Engels con claridad trata a la
materia misma como a una divinidad afirmando que es eterna infinita e
inmutable, sin principio ni final, y que su ley del cambio también resulta
eterna.
De la misma manera, consciente del “problema de la totalidad” planteado
diáfanamente en Hegel,
el afamado Marx, se propone establecer una interpretación total del capitalismo
como sistema económico-social, estableciendo a la sociedad misma como una especie de deidad que
posee leyes propias que guían a la humanidad desde el principio de los tiempos
y lo seguirán haciendo de manera firme hasta el último aliento de los siglos.
Para tal propósito, Marx recurre a algunas simplificaciones conceptualmente
fatales, como que el tiempo se cristaliza en un valor que no desaparece y que
la dualidad del sistema se levanta sobre una dupla de capital-malo y
proletariado-bueno, como si la
posición en la producción manara con su manual de ética en un filtro salvador.
Esta referencia a religión con marxismo es importante por el protagonismo
político del marxismo y su embate contra el “otro campo”, que se dividió entre
liberalismo ganador indiscutible y el fascismo perdedor.
Ahora bien, el
ejemplo del propio Marx muestra que la unificación conceptual de la totalidad
presenta retos formidables, por lo que espontáneamente dicha unificación no se
termina, ya que el conjunto desborda a las partes. A pesar de su talento y
dedicación Marx fue incapaz de terminar su obra sobre la economía capitalista,
limitándose a establecer el primer tomo de El capital, y el
crítico Antonio Escohotado ha mostrado que justamente Marx todavía no alcanzaba
a definir bien un concepto clave de su sistema, que son las clases sociales, el
cual paradójicamente funda al sistema de pensamiento comunista, con el cual
comienza el afamado Manifiesto comunista de 1848.
Lo anterior significa que hay una paradoja en el proceso de pensamiento que
pretende ser estrictamente materialista, dado en este ejemplo y esa paradoja,
tal como se ha mostrado prácticamente, termina siendo catastrófica: caída del
sistema y caída del Muro de Berlín.
La
incertidumbre fue soportada por Heisenberg
El pensamiento
humano y la ciencia en particular buscan resolver los enigmas que se presentan. Una de las fases
indispensables consiste en definir con la mayor precisión posible el qué de
nuestras observaciones. El hambre de conocimiento es la inclinación espontánea
y nadie está contento reconociendo la propia ignorancia, por lo mismo existe
una tendencia hacia el saber, la cual no resulta sencilla de resolver. La
humanidad comenzó con un conocimiento muy imperfecto de la realidad y con
escasas herramientas mentales para dominar su entorno; lo mismo sucede con cada
individuo, que comienza con una mente sin elementos para resolver su entorno.
El camino recorrido por la humanidad ha transitado por muchos logros, que no
son inventos sencillos tales como el lenguaje y la escritura, las matemáticas y
la física, etc. Un individuo por sí mismo no está en capacidad de inventar lo
que tomó generaciones de maduración e individuos sobredotados en alcanzar, sin
embargo, para eso está la educación y lo que recibimos de la generación pasada.
Ahora bien, la capacidad para recibir conocimientos y asimilarlos es muy
variable, siendo que sin la participación del individuo mismo el resultado es
paupérrimo. Asimismo, alcanzar resultados excelsos en conocimiento no resulta
sencillo, por lo que las mejores universidades cobran exorbitantes cantidades
por la promesa de ponerse en contacto con un sistema exitoso de transmisión del
saber.
La pedagogía
aborda el camino para alcanzar el conocimiento y sus resultados se revisan
constantemente con (más o menos) insatisfacción en cada periodo. El reto de la
pedagogía no es sencillo, por que el reto de alcanzar el conocimiento atraviesa por el “desierto” de la
ignorancia. El filósofo Descartes señaló que el primer paso del saber
efectivo (método racionalista)
atraviesa por la duda radical, que tras dudas mucho, alcanza certezas y luego
bajo ciertos principios metódicos alcanza a reconstruir los objetos de
realidad. Antes de alcanzar las ideas claras y distintas cartesianas, habría
que pasar por el trago amargo de la duda y dejarla en claro, sin embargo, la
mayoría no está dispuesta a pasar por incomodidades en el proceso del saber.
Existe una
incomodidad peculiar del pensamiento científico que hizo historia bajo el sello
de Heisenberg, que se ha denominado incertidumbre. Este físico señaló la
imposibilidad real de definir la posición junto con su energía y desplazamiento
de la más pequeña partícula. A los colegas esta incertidumbre no les agradó e
intentaron refutarla en vano, de tal manera que los esfuerzos inútiles por
derribar esa incertidumbre consolidaron los principios de la física cuántica,
que a la fecha avanza tan campante. Así, como el científico riguroso no acepta
la incertidumbre, hasta que la rodea de un marco teórico, también el simple
ciudadano se molesta con las indefiniciones y busca una explicación, la mente
humana está diseñada para unir rápidamente los puntos para mostrar un esquema,
señalada en la psicología como pareidolia, o bajo otro argumento, como dar
rostros.
El mapa sobre
la tierra incógnita
Entre sus
múltiples humoradas, Carroll se preguntaba por qué las carátulas de los relojes
no arrojaban fuego en lugar de dar puntualmente la hora. De manera espontánea
sabemos que el mundo está sujeto a leyes o reglas, que conjuran el caos
subyacente, tal como la sucesión del día y la noche se sobrepone al clima
lluvioso que no esperábamos. Aquí por caótico se entiende lo inesperado e
imprevisible, donde no podemos predecir su comportamiento y se desborda a
nuestras previsiones.
En la Antigüedad
los marineros sabían que nadie había recorrido todos los mares, por lo que dejaban regiones separadas en los
mapas que llamaban las “tierras incógnitas” y “mares desconocidos”. Esta
separación en el espacio permitía tener más confianza en las zonas donde sí
habían pasado los viajeros. La confección del mismo mapa era otro avanza para
crecer la confianza del viajero, pues desplegar un planto ante la vista permite
un alcance rápido de lejanías y fijar en la mente las rutas y entornos. Sin los
mapas la mente se extravía con facilidad, por más que se requiere de memoria
para reconocer los sitios y el avance, sin esa ayuda para la memoria resulta
poco recomendable aventurarse por tierras desconocidas. Cuando el paisaje
resulta por completo desconocido y le agregamos configuraciones que nunca antes
miramos estamos ante una “tierra incógnita", la cual se abre a la
imaginación de los prodigios, las hadas o los monstruos.
El mapa da una
enorme tranquilidad y facilita los viajes como nunca antes, sin embargo, de
manera espontánea reconocemos que “el mapa no es el territorio”. Al mismo,
tiempo la teoría del conocimiento y la lingüística reconocen con que nuestra mente confunde con facilidad
entre la representación y la cosa misma,
por más que seamos cuidadosos. Sin mapa hay errores mayúsculos como el de Colón
que calculó llegar a China y tropezó con América. Con un mapa erróneo la equivocación está
garantizada. De hecho, los mapamundis usuales no dan una representación
intuitiva de los territorios de los países, por el efecto de volver plano lo
que es esférico, así los extremos del Norte aparecen proporcionalmente más
grandes; sin embargo, siguen siendo los más usuales y nos evitan la molestia de
las tierras incógnitas.
La conexión
ordenada: converger en un único punto
En este universo sucede algo increíble: por un solo punto
pueden conectarse con todos los demás sitios, en sentido, estricto de todos. A primera vista
parece una exageración, pero no lo es. Lo explico por partes. ¿Es viable
siquiera imaginar que todo converge en un único punto? El argumento puede
resultar disparatado cuando señalamos que el universo es una especie de
infinito que se expande a la velocidad de la luz y que no es viable alcanzar
sus límites, precisamente porque esa velocidad luz es el límite de la rapidez.
Por principio es imposible que todo converja en un punto. Dejemos de lado el
argumento cosmológico que un Big Bang implica que el universo surgió desde
algún lugar, que al estar tan comprimido cabe imaginarlo como un punto masivo,
más allá de los límites normales de compresión. Mejor veamos si un simple punto
en un plano se puede conectar con todo el plano, que por principio
representaría una infinidad de puntos. Más aún, con una línea recta es viable
conectar ese único punto con todo el plano. Conectar cualquier punto elegido en
el punto seleccionado, resulta sencillo establecer una reca, que vaya de X
hacia Y, sin importar qué tan distante esté Y, ni en qué coordenada se
encuentre. Como suponemos que hay una infinidad de puntos Y en ese plano, por X
pasará también una infinidad de rectas. Y ese plano pequeño también lo podemos
expandir teóricamente al tamaño que gustemos, y entonces será una cantidad
infinita de líneas también, conectando a ese sencillo punto con cualquier otro
punto del universo.
Desde otro punto
de vista, la capacidad de conexión con cualquier punto nos la imaginamos como
un privilegio excepcional. Nadie tiene capacidad real de trazar líneas
geométricas que se extiendan en línea recta hacia cualquier punto. Ese viaje en
línea recta lo cumplen las hipótesis geométricas y nuestra imaginación, aunque
una sensación espontánea la atribuye al viaje de la luz en el espacio sideral,
por más que Einstein comprobó el viaje en espacio curvo. Existe la sensación de conexión entre puntos
lejanísimos, como si fueran líneas, que el simple concepto de espacio pareciera
permitir.
Cada uno de los
puntos en el plano tiene la misma capacidad de estar conectado con todos los
demás. Sin embargo, tendemos a no imaginar en esos términos democráticos y al
punto que se conecta con todos los demás tendemos a verlo como privilegiado. Esa
es la noción de un centro del
círculo como un punto único y extraordinario que cumple con un requisito
especial, como si esa centralidad sí permitiera conectar con toda la
circunferencia. El centro conecta con líneas que llamamos radio y que tienen el
mismo tamaño entre el centro y la ruta más próxima a la circunferencia. El
punto del centro indica una jerarquía espontánea del espacio, por más que en el
otro lado opera una indiferencia de los espacios continuos.
¿A quién
culpar de todo en todo? A la élite mundial
Ahora bien, la
sociedad humana funciona distinto respecto de los sistemas ordenados de manera
estricta. El panal de abejas posee un sistema instintivo que no requiere de
legislar, ni deliberaciones legales, ni programaciones de presupuesto, ni
jueces dando veredictos, ni un presidente o rey dando órdenes. La complejidad
humana en su interacción es mayor que la del reino animal, porque los seres
humanos tenemos más factores involucrados. Entre humano aparecen todos los
factores que acabo de señalar les faltan a las abejas, además de otros más que
están en los sistemas económicos, lingüísticos, efectos tecnológicos, etc.
Ahora bien, para las tesis conspiranoicas la realidad humana es extremadamente
sencilla: atrás de todo lo importante que sucede en el mundo hay una élite
oculta que mueve los hilos. Que, si cae un gobierno, responden la élite; que,
si resulta que no cayó, la misma respuesta; que, si el gobierno funciona bien,
responden la élite; que, si está fallando, la misma respuesta de la élite. Lo mismo para la economía: que, si el dólar
sube, es la élite; que, si el dólar baja, es la élite; que, si se mantiene
oscilando, también es la élite. Y las respuestas monótonas y aburridas, sobre
la élite tiene las culpas, se extienden hacia cualquier asunto, como los gustos
musicales. Que, si Madona muestra mucha pierna, es la élite; que, si Madona
tiene muchos bailarines, es la élite; que, si se le termina su carrera,
entonces es la élite que se aburrió de tanto promoverla. Que, si cambian los
gustos musicales, y ahora son Taylor y Dua Lipa, ¿qué esperan para culpar a la
elite?
Lo que explica forzadamente
tanto, termina por no explicar nada. En el periodo medieval, para el
cristianismo más ingenuo bastaba invocar al Espíritu Santo o a sus contrarios
en Demonios, para atribuir la lluvia, el crecimiento de las cosechas, un
invierno crudo, un incendio, unos lobos aullando en la noche, la enfermedad de
los niños, y el exceso de ratas en los basureros. Por la ciencia y la educación
se supone que ya no somos tan ingenua y que no vamos a imaginar conque una
entidad fantasiosa y sin pruebas de su existencia es la culpable de todo. Ese
mismo argumento gastado se repite con las tesis conspiranoicas, que culpan a la
Elite de todo lo malo y, por excepción, lo bueno.
¿Dónde está esa
élite conspiradora dueña del mundo?
A la hora de preguntar más a fondo sobre la élite
mundial, empiezan los resbalones, porque todo conocemos con nombre y
apellido a los gobernantes de países más poderosos y a los ricos más ricos de
la actualidad. Pero la claridad no le agrada a la tesis conspiranoica, pues
prefieren una colección de sus repudios y de omisión donde les agrada. Cuando
le rascamos un poco, resulta que a muchos deorientación conspiranoica les agrada
Putin, y por tanto no lo incluyen
como élite mundial, al más belicista de todos los presidentes de
potencias. Hubo una moda donde eran los “globalistas”, los únicos
auténticos de la élite mundial que sí movían los hilos malos, por tanto, los
nacionalistas tipo Putin y Lula no les desagradaban, pero cambian los vientos
de la política y para los norteamericanos ahora pareciera que sí, ya son parte
de los malos. Viceversa, para los simpatizantes de Putin, van cambiando los
miembros de la élite mala. Para los simpatizantes de Xi Ping, también están
cambiando los de la élite mala.
En algún momento,
pareciera que las tesis conspiranoicas, estaban contra el Estado
norteamericano, que era el Deep
State, que movía los hilos de todo lo malo. Pero aparece Trump,
entonces los ultra-millonarios
fiesteros y controlando al Estado norteamericano ya no les parecen Deep
State. Entonces a contentillo, se cambia el contorno de la élite mundial y
terminará por ser nada relevante.
Conforme la
propaganda de pro-palestinos se incrementó, entonces los judíos vuelven a estar
de moda como los manejadores de la élite mundial, cuando pase esa oleada, con
certeza dejarán de ser el eje del jaloneo.
En conclusión, la supuesta élite conspiradora
no está formada por todos los gobernantes poderosos y hasta tiránicos,
ni los ultra-ricos reales, sino una serie de filtrados según los gustos arbitrarios de quien argumente.
Una teoría de calidad científica entraría con facilidad a las universidades,
pero la teoría de la conspiración se queda en la red social, multiplicada por
videoclips, memes políticos y en tramas de videos anónimos que alimentan el
bullicio político. Las teorías conspiranoicas no pretenden alcanzar las
academias, sino entretener
audiencias y alimentar discursos políticos. Algunas tendencias
políticas han encontrado la manera de aprovechar el miedo y la confusión, para
alimentar sus propios intereses.
Si existiera
la élite concreta no por ello estará unificada
Suponiendo que
alguno encuentra una élite definida y la establece con algún rigor, colocando a
todos los gobernantes y a todos los ricos, al menos habrá definido a un grupo
para culpar, pero ¿ese grupo realmente está coordinado? El segundo problema es
que la teoría conspiranoica le atribuye a la élite mala una capacidad de
actuación unificada muy superior a la existencia del Estado, de tal manera que
operaría a un nivel de eficacia superior a las coaliciones del Estados.
Por si fuera
poco, la tesis conspiranoica le atribuye a la élite mala una rigurosa línea de
actuación, con fidelidades imbatibles, hasta con siglos de continuidad, por
ejemplo, porque tuvieran sangre de alguna añeja familia de ricos judíos como
Rothschild, de una aristocracia europea o hasta de alguna ficción literaria
pura, como el Priorato de Sion. Cuando los hijos adolescentes desobedecen
al padre ¿se imaginan que los bisnietos siguieran rigurosamente las
maquinaciones de un bisabuelo muerto? Eso quieren creen las tesis
conspiranoicas, como si las élites (individuos ultra ricos y poderosos) fueran
dóciles títeres de unos familiares muertos hace cientos de años. Es sobradamente
obvio, que unos individuos extremadamente poderosos y ricos no son fáciles
marionetas de sus abuelos o de sus equivalentes en riqueza y poderío.
Si existiera
la élite unificada no por ello es causa lo que se le atribuye
Una famosa
versión de tesis conspiranoica fue la afirmación de que las élites mundiales
tenían lista la caída del dólar para que fuera sustituido por una moneda
inexistente, llamada el Amero. Se puso de moda la tesis del Amero,
como una moneda que sustituiría al dólar y serviría como una moneda común de la
región del tratado del libre comercio norteamericano, incluso, hasta sería el
remplazo mundial del dólar como la moneda dominante. En el año 1999 un
académico canadiense, señaló que era buena idea proponer una moneda unificada
en Norteamérica. La idea no fructificó en ámbitos políticos ni financieros, por
eso no pasó de una simple idea. Pero en círculos de teorías de conspiración afirmaron que el Amero estaba en
camino y hasta que ya se había acuñado en secreto.
Después de 2010, las tesis del Amero suplantando las soberanías nacionales se
desinfló y se ha ido olvidando.
Revisando la
historia económica, es obvio, que la idea del Amero siempre fue una calca vaga
del Euro como moneda de la Unión Europea. La integración económica de Europa
occidental ha sido analizada y mostrada abiertamente, sin necesidad de ninguna
conspiración. Desde mediados del siglo XX, era evidente que la ruta de
viabilidad económica de Europa transitaba por la integración económica, que
avanzó lentamente y con los Estados como sus agentes activos. Hay montones de
iniciativas públicas y tratados internacionales a la luz del día, donde los
Estados europeos más importantes, planteaban sus políticas, que buscaban
alcanzar el nivel de integración económica, que convenía compartir una moneda
común. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial fue voluntad de los
principales países europeos avanzar por un camino de integración económica, que
evitara de raíz posteriores enfrentamientos militares entre esos países,
basándose en una voluntad de integración económica. Fue el consenso de la
población europea para evitar una nueva Gran Guerra lo que motivó la creación
en 1948 de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), que
ya implicaba una ruta hacia la Comunidad Económica Europea, y abriría la ruta
hacia la Unión Europea. La
ruta hacia la moneda Euro estaba marcada y era pública desde muchas décadas atrás, sin requerir
de una élite financiera secreta, y el camino se siguió con la presencia pública
de los Estados, que tienen su sistema democrático (bueno, malo o regular), pero
que no requiere de una élite mala inventando algo en lo oscuro. Y ya que
sucedieron las cosas, un distraído que jamás ha revisado buenos libros de
historia, inventa que en la villa Bilderberg todo quedó sellado entre
elitistas.
Un individuo
de élite, mientras más super-poderoso resulta menos dócil
Por élite se
entiende a una selección de los personajes más poderosos, ya sea por poder
político o dinero (es raro que se asuma algo más). ¿Un individuo con tanto
poder posición política o derivado de su riqueza será dócil a las órdenes de
otros? La amplia experiencia indica que los más poderosos no resultan dóciles a
los demás y de ahí vienen los conflictos típicos. Por ejemplo, las guerras
entre las dinastías de los siglos anteriores y los grandes empresarios que
terminan desafiando las leyes de su país.
El argumento
ordinario sobre las élites, entonces falla al suponer que esas agrupaciones sí
son integradas y homogéneas, cuando no existen pruebas de ello. La antigua existencia
de las aristocracias nobiliarias en Europa sería un proyecto explícito buscando
la integración de élites político-económico gobernantes. Vista la historia de
Europa desde el medievo al presente, resulta evidente que la rebeldía de los
aristócratas de las élites, con facilidad llevaba a choques militares,
reflejos de antagonismos insolubles. Por lo mismo, las instituciones de
vasallaje intentaban dominar esa tendencia hacia la rebeldía de los demás
miembros de la élite.
Otro intento de controlar tales rebeldías fue la estructura de los Estados
absolutistas, que procuraban juntar constantemente a los aristócratas, formando
la Corte del Rey, de tal manera que Versalles servía como un dispositivo para
integrar a los aristócratas en élite.
En conclusión, la
pertenencia a una élite no garantiza la mutua lealtad entre los miembros de la
élite, mientras las visiones de conspiración siempre se imaginan que hay una
élite suprema que está perfectamente de acuerdo para manipular lo que sucede en
el mundo. En el ejemplo de la aristocracia se observa perfectamente que las
luchas estallan con facilidad y que no hay una lealtad suprema de las élites,
como en Juego de Tronos.
Los acuerdos
entre los súper poderes requieren de formalidad y no escondidillas
Los acuerdos
entre grandes potencias nacionales requieren de formalidades para que las
partes sepan que acordaron algo. El mantener un acuerdo tan secreto que sus
partícipes no señan que están comprometidos a algo importante es un absurdo. El
reparto de esferas de influencia entre EUA y la URSS fue explícito, y, aún así,
las partes se pasaron de la raya en algunas ocasiones. Sin fuerzas que obliguen
a cumplir un pacto, lo escrito se vuelve una fantasía. Los pactos entre
potencias que permanecen casi secretos como el nazi-soviético, se vuelven tinta
mojada con facilidad, pues no hay otras fuerzas que garanticen su cumplimiento.
Conclusiones
La totalidad es un modelo forzoso del pensamiento, pero la ausencia de un referente
racional de ésta favorece la argumentación de fantasías. El término de élites
ha sustituido el conocimiento preciso de cómo se dirige a la totalidad social.
En lugar de estudiar el comportamiento de los gobernantes y la estructura del
Estado, se emplea de manera confusa y difusa el término de élites como una
falsa explicación. El empleo
racional del término élite debe estar sustentado y apuntar hacia el
contenido evidente, sin utilizarse como un bolso multiusos para acomodar
únicamente a los ricos y políticos cuando te caigan mal ese día. La evidencia
señala que todos los muy ricos
(multimillonarios de primer nivel) y poderosos (presidentes y líderes de
grandes países), a partir del nivel cumbre sí son élites. Asimismo, la
evidencia señala que los más poderosos del mundo no están de acuerdo entre
ellos y, que no siguen un plan
preconcebido desde hace siglos por un banquero judío Rotschild ni una
agenda ñoña, llamada la Agenda 2030 de la ONU.