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jueves, 10 de mayo de 2018

ANÁLISIS Y RESEÑA DE EL PRINCIPITO DE SAINT-EXUPÉRY








Por Carlos Valdés Martín

La narración de Antoine de Saint-Exupéry provoca la inmersión hacia un espacio mágico y lejano, elaborado al fusionar la infancia con una conciencia más allá de la madurez usual. Al duplicar la percepción de la infancia este relato escapa de lo habitual. Bajo la forma de relato infantil, El Principito, contrasta el mundo de los adultos cotidiano y normal, con otro mundo más sutil y sensible, pleno de descubrimientos e inocencia.[1] Entonces, la infancia no señala una simple edad, sino la mezcla de la niñez normal con un baño de sabiduría, bajo el pretexto de un viaje y a la manera de los rituales iniciáticos, descritos desde la antigüedad y conservados en algunas asociaciones. Esta fusión entre la infancia y otra perspectiva podría atribuirse a que Saint-Exupéry fuera un piloto solitario, con largos periodos de aislamiento y experiencias traumáticas como extraviarse en el desierto, o bien que esto se mezcle con su experiencia de francmasón, que tensa las cuerdas del espíritu, mediante una doble negación que estalla en potenciación.[2] La eficacia completa del relato depende de que seamos convencidos por el discurso del niño-sabio que nos habla desde esa otra realidad que complementa la nuestra y la infantil—, para que El Principito genere un gran efecto.

Argumento
El cuento se relata desde el punto de vista de un piloto que sufre una descompostura y permanece atorado en mitad del desierto intentando arreglar su avión, cuando aparece un extraño niño que insiste en obtener unos dibujos. Poco a poco, el piloto va conociendo al visitante que resulta ser el Principito, quien viaja desde un asteroide que es su hogar. El chico explica las características de su asteroide, con sus tres pequeños volcanes, la existencia de una rosa excepcional, superior a las flores ordinarias, el problema que tiene con los brotes de árbol baobab y las características de su hogar. Por su parte, el piloto explica sus primeras reacciones y cómo recordó sus limitaciones como dibujante ante las peticiones recibidas. Luego el Principito explica sus curiosos viajes por varios asteroides, cada uno con un único habitante, que es un personaje prototipo de una actividad o actitud humana, bastante caricaturesca, señalando algunos vicios y carencias de los adultos. 
En el relato se remonta hasta la llegada del Principito cuando desciende a la Tierra y se comunica con una serpiente amarilla que le explica dónde está, pues cae en el desierto. Luego encuentra un sitio más amigable y un Zorro lo convence de domesticarlo, para también enseñarle cuestiones esenciales, incluso la lección afamada de “ver con el corazón”. Después topa con el piloto y se ocupa de los dibujos, que sí le agradan. Juntos viajan hasta encontrar un pozo de agua. Cuando llega el momento oportuno, el Principito se entrega al veneno de la Serpiente amarilla para deshacerse de su cuerpo y así comenzar su viaje de regreso, pues su tiempo se ha cumplido. El piloto queda entristecido, pues siente gran afinidad con el Principito y abriga la esperanza de que regrese algún día.

La doble infancia crea esa otra realidad esencial
En el relato, la infancia aparece duplicada: en la vivencia del piloto que se frustró de niño cuando dibujó boas enormes digiriendo elefantes que parecen sombreros; en el personaje central, que retrata una infancia fantástica proveniente de las estrellas. La primera infancia del piloto ha sido castrada por la incomprensión del adulto y sobrevive en secreto, cual semilla moribunda, sin nada que la alimente. La segunda, en el Principito es una infancia enérgica y que se ventura por distintos mundos, para seguir aprendiendo lo esencial. La segunda infancia contacta a la primera para recuperar la memoria y la confianza de que sí merece un lugar bajo el cielo. Al interactuar esas dos infancias, la perdida y la proveniente del asteroide se conjugan para provocar otra realidad más intensa y mágica, revitalizando el candor del piloto y perfeccionando al niño de los cielos.

Esa realidad esencial
La trama se dedica a demostrar la importancia y la efectividad de esa otra realidad que habita en la infancia y está al alcance de los adultos, que la han olvidado o se esmeran en reprimirla mediante diversas mascaradas de seriedad. Por eso casi siempre se considera que en el núcleo del relato está la enseñanza del Zorro, quien explica su clave al Principito: “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.” Directamente el Zorro lo llama su “secreto” como un mago indica su fórmula y la entrega al momento de despedirse de su nuevo amigo, con quien ha afianzado su vínculo especial. Entonces a través del relato se reinventa un órgano nuevo de la visión esencial, al que llaman el corazón, como residencia del afecto y generador de las emociones sinceras; es decir, el ingrediente del amor puro es ingrediente básico de esa otra manera de “mirar”. Pero en este relato no se exponen amores adultos, sino de afectos infantiles, los que surgen por una mascota o una flor única, por un amigo o por una puesta de sol, por una estrella lejana o un dibujo; en suma, describe formas básicas de amor las que entran en juego. Por último, habría que enfatizar que ingrediente de esta mezcla es la sencillez porque rehúye de la complicación y lo que busca es simplificar fórmulas hasta alcanzar lo esencial, dejar de lado cuestiones irrelevantes representadas por aspectos del mundo adulto.[3] Basta descubrir un pozo con agua fresca para encontrar la fuente de la vida, basta mirar una rosa o una estrella para descubrir la esencia última.

Lo iniciático
Si leemos las características del proceso iniciático en las diversas culturas, tal como lo sintetiza, Joseph Campbell,[4] entonces este cuento condensa las reglas y etapas de una iniciación. El personaje cumple su tiempo, siente el llamado para una búsqueda, se lanza tras el umbral, sigue las peripecias mediante viajes, enfrenta peligros, supera las pruebas, encuentra las claves, sale transformado y victorioso, para recibir una exaltación con un probable regreso a su hogar del asteroide. Bajo tales reglas de la iniciación, la Serpiente amarilla es un sacerdote del umbral, que lo recibe en la Tierra y lo regresa a los cielos; el Zorro es un maestro de la naturaleza, que le da muchas enseñanzas, y el Piloto es su compañero de aventuras.
Dos rasgos evitan que descubramos con facilidad tal aspecto iniciático en El Principito, siendo un niño y que la percepción de los riesgos es mínima. Los héroes infantiles no están excluidos de la mitología y la literatura, incluso es un ingrediente de interés remontarse hasta la infancia de los personajes para comprobar su carácter superior, como un Hércules derrotando serpientes en la cuna o un Ganesha que permanece niño con cabeza de elefante.
Sin embargo, la falta de combates físicos y la minimización del riesgo nos desconciertan para caracterizar a este relato como iniciático o de carácter heroico, con lo cual adquiere una singularidad, pues la violencia nunca es aceptable para este cosmos infantil del Principito, relegándose a una hipótesis natural, que se expresa en las espinas de la rosa que habita en el Asteroide.

La jerarquía invertida y sus recorridos
Sirviéndonos de la “jerarquía” como herramienta de análisis literario nos encontramos con una reversión básica en la escala, pues todo gira alrededor de la elevación del niño y sus características esenciales para salvar al adulto.[5] Esa ruta donde la visión infantil salva al adulto no señala un recorrido tan extraño, conforme lo muestran las religiones y sus adoraciones a niños divinos, como el Niño Jesús en su Navidad o el juguetón Eros entre los antiguos. En este relato un niño del cielo (desde el Asteroide-Estrella) baja a la Tierra para continuar su aventura, ha visitado previamente varios planetoides y quiere conocer más mundo para contestar sus preguntas.
En la zona baja de la jerarquía habitan los curiosos personajes de los Asteroides que representan los vicios o ridiculeces del mundo adulto. Estos diversos personajes son recorridos por el elemento libre, por tanto, superador de las jerarquías que es el protagonista. Desde la llegada al primer Asteroide se encuentra al Rey con lo cual quedan cuestionadas todas las jerarquías políticas, por tanto, el texto adquiere un aliento más allá de lo político y, en ese sentido, irreverente. La imposibilidad de que el Rey mande en su planeta diminuto y deshabitado, la inviabilidad de emitir órdenes que nadie obedecerá y la frescura del Principito frustran los intentos de imposición. En esa visita se confirma que el niño viajero no está sometido a nadie y no es súbdito, por tanto, es capaz de recorrer cualquier jerarquía. Las siguientes visitas a los Asteroides confirman que los habitantes solitarios resultan más bien esclavos de sus pasiones o profesiones absurdas, aunque intenten someter al visitante de alguna manera. No se piense que entre los personajes de los Asteroides existe una relación jerárquica pues ellos son indiferentes entre sí. El propio Principito únicamente le da una mayor importancia al farolero, pues es el único que hace algo útil.  
La Tierra es el espacio de aprendizaje del Principito, dentro del cual un sentido de autoridad lo poseen la Serpiente amarilla (quien cuida la entrada y salida) y el Zorro porque es quien enseña cual filósofo.[6] El piloto y narrador posee un papel intermedio, sirve como el testigo clave y quien rescata el otro extremo de la infancia. La mayor enseñanza proviene desde los representantes de la naturaleza, en particular, el Zorro que funciona como mentor y quien está facultado para entregarle los secretos clave al Principito.
El recorrido se completa con la muerte física del Principito y su viaje cumplido, entonces se ha perfeccionado la sabiduría candorosa y la comprensión de la infancia esencial. Pero ¿cuáles son los peldaños que se recorren?

Tres niveles de fuerza, belleza y candor
El ritmo propuesto por el recorrido resulta sorprendente al desplazarse por tres “espacios” jerarquizados de ese cosmos mágico que habita el Principito. En el comienzo, la infancia posee una peculiar fuerza, tanto por su mirada (espontánea y penetrante, de la cual no es consciente) como por su carácter laborioso (trabajando en su propio asteroide) y su rasgo aventurero que se lanza al viaje. Esa fuerza está envuelta en debilidad, pues es un niño y además reconoce las potencias desbordantes de los árboles baobab y las fieras indefinidas, por eso requiere la ayuda de extraños como el piloto, la serpiente amarilla o las aves.
Tarda en darse cuenta que está cautivado por la belleza, aunque ésta es su guía del Principito. La percepción de la belleza comienza con el personaje de la rosa y termina en ella misma, aunque incluye varios aspectos como el gusto por los atardeceres (con el movimiento de la silla sobre el asteroide que le permite mirar hasta 43 ocasos) y la delicia del agua pura del pozo. Esa percepción de belleza se incrementa y perfecciona con las enseñanzas del Zorro y el contacto con el piloto. Conforme ha alcanzado el grado suficiente de sensibilidad el protagonista está bien dispuesto para regresar con la rosa.
El candor representa la sabiduría de la infancia, por eso resulta indispensable recorrer el mundo pero mantener la misma mirada del corazón. En este relato se opone el candor infantil contra el aprendizaje de los adultos que limita y somete a las reglas de la “seriedad”. La infancia comprende suficiente lo esencial, por tanto siempre hay que volver al candor, que es el peldaño superior de una jerarquía.[7]

Trabajo material y de otro tipo
El trabajo aparece abundantemente en el relato y de muchas maneras lo cual resulta curioso para un cuento con ambiente infantil. El trabajo material y adulto está representado por la descompostura de la aeronave, como un esfuerzo casi inútil, pero obligatorio, mientras que se propone otro, bajo la ficción del dibujo y del amaestrar a los animales, un laborar propio de los enamoramientos y del arte. No por lo anterior, el trabajo sencillo se tacha de inútil, el propio Principito es un personaje laborioso que se ocupa del planeta. Un segundo tipo de trabajo que no es comprendido por el mundo de los adultos y sí por el corazón limpio del niño y del cómplice mayor que ha abierto los ojos. Ambas clases de faenas se pueden identificar cuando existe la actitud correcta o el momento es mágico: “Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar.”
Aun así esta dualidad básica de trabajo adulto opuesto al del niño, se dispersa en más variaciones. Existe una laboriosidad repetitiva y útil pero con un sentido preciso, que describe la cotidianeidad del Principito para desarraigar baobabs antes de que crezcan, deshollinar los volcanes y conseguirle un capelo a la rosa. Aparecen otros tipos de actividades ociosas, con un cómico sinsentido, como la del Geógrafo que carece de informantes o la del Rey sin súbditos. Contraponiéndose a la ociosidad y al sinsentido, existen otras labores muy trascendentes como lo que propone el Zorro, que es el domesticar con el amor, para crear lazos amistosos.
Si el trabajo posee sentido o carece depende de la perspectiva, según se demuestra en el arte del dibujo. El piloto comienza el relato lamentándose de la incomprensión del torpe arte que representa serpientes digiriendo elefantes, que luego es una actividad reivindicada por los requerimientos y comprensión del Principito.

La pregunta filosófica y la candorosa
El cuento señala que conviene interrogar de otra manera, porque las preguntas ordinarias —sobre qué edad tienes, cuántos hermanos tienes o cuánto valen las casas— resultan inútiles para captar lo importante de la existencia. El relato invita a preguntar de otra manera, tal como hacen los niños o los filósofos juguetones, aunque no los pensadores profesionales sino los desconcertantes como los cínicos o los gimnosofistas.[8] Una diferencia del Principito frente a los demás personajes es su insistencia en obtener respuestas, con él la duda adquiere una categoría diferente a la planteada en la existencia ordinaria. Él no se queda con su duda, pregunta y vuelve, repite e insiste hasta alcanzar una respuesta satisfactoria, esa es una duda filosófica que abre la puerta para la sabiduría.
Para cuestionar correctamente debe crecer la imaginación, armonizar con el pensamiento candoroso, en cambio a los adultos: “Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?"” En lugar del camino socrático que perfecciona al pensamiento, aquí se sigue el camino del perfeccionar a la imaginación, en especial a la candorosa de la infancia.

Agua y veneno
En este relato, el agua adquiere un rango superior, gracias al efecto del desierto, que al ocultarla avariciosamente le confiere un rango inusitado. El pozo de agua escondido en la lejanía le confiere belleza al desierto y, justo, en el instante que cada sediento bebe resulta un disfrute casi milagroso.
Esta situación se basa en experiencias personales del autor, que en efecto, sufrió un accidente entre las dunas desérticas y deambuló deshidratado durante peligrosas jornadas. La contraparte al agua de vida lo representa un veneno de la serpiente amarilla, que paradójicamente sirve de un instrumento de liberación del Principito, mediante su separación de cuerpo material para volver a su estrella: hay que demostrar fe en el alma etérea para asumir tal argumento. Entonces el veneno sería una contraparte del agua de vida, para escalar hasta la trascendencia.

El maestro Zorro
El personaje del Zorro resulta ser un maestro de la naturaleza, capaz de enseñarle al Principito verdades de gran interés y, por tanto, es quien más lecciones le imparte. En especial, transmite cinco enseñanzas: los ritos son relevantes, que lo importante es invisible (otra manera de ver), la clave de la individualidad de la flor (o de cualquiera), el domesticar con amor y dejar fluir los sentimientos, cuando hasta la tristeza del adiós entrega una bendición.
La afirmación del Zorro sobre la importancia de los ritos ha sido poco observada cuando comenta que cada jueves los cazadores se van a bailar y él puede descansar, lo cual da un ritmo diferente a su vida. Esta afirmación es precedida por otra explicación sobre la importancia de verse a la misma hora siempre: “—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad.” La cita puntual es una demostración de mutuo afecto, que abre el camino para la felicidad.
El Zorro le descubre al Principito lo que significa domesticar (amar): “Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música.” Sin embargo,  no es un amor posesivo, sino el de individuos que se respetan, tanto que son capaces de separarse por el bien de algún otro.  
El Zorro explica la individualidad de la rosa definida por el amor: “—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo.” Las otras rosas de la tierra son igual de hermosas, pero no tienen la cualidad única, pues es la relación individual y afectiva la que provoca tal diferencia.
La enseñanza más explícita es un “secreto” que le regala el Zorro al despedirse y suele ser la frase más citada de esta narración: “—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.” Esta enseñanza explica que hay dos modalidades para ver que son la material y la espiritual a la vez que emocional. La modalidad de ver con los ojos nos guía entre la vida práctica, la otra modalidad abre el corazón y abreva la sabiduría. Los ojos físicos muestran la cáscara superficial, mientras el corazón muestra la esencia. Esta revelación la aplica al tema de la rosa, que se cautiva por la dedicación del Principito, el tiempo físico para el cuidado de la flor la ha metamorfoseado en única. Mediante la enseñanza del Zorro esa gran verdad regresa al corazón y resulta esencial.
En cuanto el Principito aprende a ver con el corazón adquiere una edad distinta (que no se refleja en el cuerpo, pues no es material), entonces puede y debe alejarse del Zorro, porque su enseñanza está terminada y ha finalizado un ciclo.

Rosas y estrellas
La elección de pocos elementos simbólicos fuertes y muy arquetípicos resulta afortunada, con escasos símbolos resulta suficiente la decoración de este relato. Por ejemplo, basta señalar que hay habitantes entre las estrellas para desatar amplias ensoñaciones; basta indicar una rosa hermosa y coqueta para evocar los romances furtivos, afortunados o trágicos.
La importancia simbólica de las rosas fue creciendo desde el Renacimiento europeo, aunque ya era apreciada desde tiempos remotos. Las mejoras en el cultivo y su extensión comercial mediante variedades más aromáticas, grandes y duraderas contribuyó a su prestigio en Occidente. La presencia de esta flor en la literatura ha ido creciendo y se ha estabilizado como un símbolo del amor, la pasión amatoria, la sensualidad, la femineidad y también como representación oculta de Cristo, bajo la forma rosacruz. En el relato, la flor coqueta del asteroide representa una femineidad tradicional, plena de encantos y misterios, tan recatadas como vanidosa. También sirve para explicar el contraste entre la pasión única, al modo del amor, frente a la presencia múltiple del género, con la presencia de muchas rosas en la tierra.
Si bien, las estrellas concretas en este relato son asteroides carentes de luz propia, el cuento siempre juega con su faz de estrellas; así, el Principito le llama continuamente “estrella” a su hogar. Desde tiempos inmemoriales se ha considerado a la estrella un potente símbolo como hogar de los dioses, representación individual de una divinidad, guía celeste, designación del Destino mediante los horóscopos y expresión inalcanzable de los ideales. En este caso particular, una estrella-asteroide es el hogar individual del Principito, por lo que ilustra la idea mística o religiosa de que el verdadero hogar del espíritu humano flota entre los cielos.

La muerte es ilusión y recuerdo
La enseñanza final del cuento incluye una actitud ante la muerte, el Principito señala “Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad (…)  Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado”. Y para alcanzar a esa muerte que no mata hay que madurar y esperar, hay que aprender y cumplir un ciclo. No se refiere a la muerte accidental y sinsentido, sino a una especial que marca un renacimiento entre las estrellas, con un sitial propio.[9]
Entre las culturas antiguas la memoria era clave, por tanto recordar resultaba vital para comprender el mundo. No resulta casual que los griegos consideraran a Mnemosine una deidad importante, que fue madre de las Musas, por tanto del recuerdo dependía la creatividad humana. El relato entero elabora un recuerdo febril alrededor de un niño extraño, pero tan pleno de las cualidades más fundamentales que el Principito de Saint-Exupéry merece ser recordado… siempre.


Notas:



[1] La peculiaridad de un pensamiento nuevo y una nueva época lo describe Lyotard al considerar que comprender la posmodernidad convierte a los pensadores en niños, los viejos modernos se convierten en infantes posmodernos, de ahí su título La posmodernidad (explicada a los niños).
[2] Cual multiplicación de dos cifras negativas, surge una cifra positiva que efectúa la famosa “negación de la negación”, aquí el tránsito de la debilidad infantil hasta la candorosa sabiduría, según recomiendan algunos pensamientos paradójicos.
[3] Un subtema de interés es la miniatura o lo dialéctica entre lo pequeño y lo grande, pasando por lo normal; eso trae mucha diversión e interés al relato, comenzando con las boas que se vuelven sombreros cuando son mal vistas, o la relación entre el retoño y el baobab. El sentido de tranquilizar (evitar preligros, etc.) mediante lo pequeño o diminuto es muy importante en el relato. Cf. Gastón Bachelard, etc.   
[4] Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.
[5] Giles Deleuze en Lógica del sentido plantea las pautas de este tipo de análisis mediante la utilidad de la “serie”.
[6] Desde las fábulas de Esopo se ha señalado la capacidad didáctica de los animales y, en particular, al zorro se le han atribuido cualidades intelectuales.
[7] Esto es una escala de fuerza-belleza-candor y también un círculo porque regresa al hogar asteroide-estrella. La jerarquía también está señalada por la distancia sideral entre el cielo y la tierra.
[8] Tal cual señala que Diógenes hacía preguntas y daba respuestas desconcertantes. Tanto él como los gimnosofistas dieron respuestas sorprendentes a la representación legendaria del  Poder, Alejandro Magno.
[9] En las mitologías, señala el cumplimiento del ciclo heroico y la deificación como la narración de Castor y Pólux.

sábado, 24 de marzo de 2018

VIENE EL LIBRO "LEVITACIÓN INMINENTE"




Ya viene el lanzamiento del libro "Levitación inminente" del autor Carlos Valdés Martín. El libro entrega una serie de relatos en ambientes que funden la estricta cotidianidad con la invención. Bajo las premisas de que “nada es más fantástico que un acontecimiento real, nada más real que una fantasía perseguida rigurosamente” estos cuentos exploran el ambiente de personajes arrinconados o con oportunidad de cambiar sus vidas.

Pronto estará accesible en Amazon y su red de distribución, para la adquisición en papel o medio electrónico.

domingo, 4 de marzo de 2018

RESUMEN DEL CAPÍTULO X DE LA REPÚBLICA DE PLATÓN







 Por Carlos Valdés Martín

En este capítulo final de La república, Platón trata sobre la estética, la recompensa de los justos y la inmortalidad del alma. Su abordar al arte resulta curioso porque el filósofo lo expulsa definitivamente de la ciudad ideal. El motivo proviene de su división entre la parte material y el mundo de las ideas, recién argumentado. Arranca considerando el modo de apropiación presente en el arte, con el ejemplo de la pintura, considerando que resulta una mera imitación de algo real, pero que resulta muy versátil. Quien fabrica una mesa, debe crearla a partir de un modelo ideal o quien domina una actividad convertirla en una realidad, en cambio el pintor puede imitar con igual precisión una mesa, que a un carpintero o múltiples escenas, cual si un espejo se girara en muchas direcciones. Apretando el argumento, Platón concluye que la imitación del pintor o el poeta en nada aporta al alma; incluso la desprecia pues tal imitación satisface a los sentidos, pero resulta un alimento de mala calidad para el alma, que se intoxica de emociones indebidas, como sucede con la representación dramática.[1]
Con certeza su referencia a Homero,[2] —siendo tan admirado por los todos los griegos— resulta llamativa y su rechazo tan tajante a cualquier aportación debió ser estridente; mientras elogia a quienes hicieron constituciones (sistemas de leyes) como Licurgo o a los generales que condujeron batallas exitosas, aclara que los largos poemas homéricos que deleitan alrededor de tan variados temas nunca han sido guías a seguir por ninguna persona y menos por las ciudades. Concluye, de moto terminante que en un Estado perfecto la imitación del arte en nada aporta al alma, pero sí complace al vulgo. Si dividimos la manera de abordar las cosas en sus tres principales modalidades tenemos el hacer,[3] el utilizar y el imitar, resultando las dos primeras indispensables y la última desechable. La imitación del arte reproduce y da gusto, pero le parece que nada proporciona como no sea satisfacción ilusoria. 
La recompensa de los justos no se debe pensar limitada a la existencia en la tierra, pues para Platón el alma es inmortal. Establece una relación entre cada cosa y su propio mal, que para el cuerpo corresponde el mal de la enfermedad; pero argumenta que los males del alma (los morales) no logran disolverla, con lo cual plantea su argumento sobre la inmortalidad del alma. Quienes imaginan que los males disuelven al alma es porque la confunden con el cuerpo, que si pudieran verla en su pureza no dudarían en su perpetuidad, para lo cual pone el ejemplo de un cadáver rescatado de un naufragio que está cubierto “de conchas, algas y piedrecillas”.[4] Además estima que los justos son premiados con buena fortuna terrestre y honrados por su reputación.
Para redondear el tema de la inmortalidad del alma, Platón ocupa la segunda mitad del capítulo X con un relato que cautivará al periodo cristiano siguiente (recordemos que el filósofo escribe en el siglo V antes de la Era Cristiana), sobre las recompensas del más allá, aunque reticente ante sus afirmaciones sobre la rencarnación. En esta parte dibuja los rasgos de los mitos sobre cielo e infierno, plasmados desde una visión religiosa anterior al cristianismo. El autor recurre al relato de Er, un personaje descrito como un “panfilio” (región al Sur de Anatolia y con la anotación de hijo de Armenio) que fue sacado entre muchos cadáveres en descomposición, pero el suyo no daba signos de carne pútrida. Según costumbre se le preparó para la pira funeraria y un poco antes de ese desenlace el citado Er regresó de la muerte[5] para contar los prodigios que observó.
Estando muerto Er recibió el juicio de las almas,[6] reconoció el camino dividido según comportamientos, miró los castigos y beneficios recibidos por las almas, es decir, es un relato sobre cielo e infierno, claro antecedente de la Divina Comedia de Dante[7]. Expone castigos de diez años por cada injusticia cometida y a los excedidos de males no se les permitía renacer en mil años y todavía padecían al ser enviados al Tártaro por hombres de fuego[8]. Expone con detalle fantasioso y engalanado, el sitio donde se reúne la diosa Necesidad con sus hijas las Parcas, elaborando el hilo del Destino mediante uno huso rodeados de esferas (la traducción usa el término “torteras”) de colores, transparencias y movimientos diferentes, provocando un espectáculo singularísimo, aderezado con Sirenas cantarinas y una especie de música de las esferas[9]. En ese escenario se genera una especie de magia cósmica, en base a la cual se define una lotería para la reencarnación, organizada por un Adivino. Los “lotes” son azarosos y los reciben todas las almas que están en proceso de encarnarse. Lo único que se reparte es la posición para que cada alma elija libremente el tipo de cuerpo y existencia que adquirirá. Resulta curioso y hasta desconcertante que en paralelo, este relato incluya una noción de predestinación, mediante el hilado de las Parcas, bajo el signo de Necesidad, donde el Destino ya quede predeterminado; pero, luego aparezca un acto de elección, un instante de libre albedrío como veremos.
Conforme se elige después se van acabando las oportunidades, aunque el filósofo insiste que hasta las opciones últimas son buenas y que la final tocó turno a Ulises el más popular héroe griego, quien quedó muy satisfecho[10]. Recibir el sitio primero no resulta una ventaja, cual le aconteció a un alma que seleccionó a un tirano destinado a subir y luego caer para devorar a sus hijos[11].
Es notable que esa elección de cada vida terrestre será el momento más trascendente y, digamos, libre para cada alma, por lo mismo Platón se cuestiona con fuerza sobre la importancia de estar preparados para ese momento de regreso, donde radica “todo el peligro para el hombre”[12] de acertar o fallar su nueva existencia. 
Es de recalcar que el momento de la elección es libre y lo decidido no está limitado, incluso se permite cambiar de especie animal. Tras esa elección suprema seguía el destino de las personas, pero también de animales mezclados, por lo que implicaba una palingenesia. Nótese lo opuesto que es este concepto de transmutación de especies frente al rechazo de la “mezcla de razas” como decadentes para la ciudad ideal. En el proceso de retorno a la existencia, cada alma también elige un Hado (guardián de su vida[13]) para acompañarlo en su existencia terrenal. Luego su destino es tejido por las Parcas para hacerlo definitivo. Para redondear el proceso de reencarnación, las almas viajan a un desierto campo del Olvido y tras cruzarlo, acaban su jornada y para saciar su sed beben aguas del Leteo para borrar recuerdos, y de esa bebida habría una medida pero algunas se exceden. Platón describe un ciclo de muerte-preparación-elección-hado-renacimiento, donde el olvido es un elemento clave para explicar ese regresar sin saber. También ese mismo argumento sirve para fundamentar el arte pedagógico de la mayéutica, concebido como un parir las ideas, sacándolas del olvido donde habitan en cada mente. Ese alejamiento mental que es prerrequisito del renacer para borrar memorias, el texto lo llama aguas de Despreocupación —en términos budistas sería el paso del desapego radical.
Pero Er no tuvo permiso de beber y debió recordar completa su visión del más allá, con sus nociones celestiales, infernales y de reencarnación. Al final las almas terminan su preparación y  ascienden cual estrellas, entonces  renacen.
No parece casual que el primer y más famoso texto sobre una utopía política finalice con el tema de cielo e infierno. La visión de una vida eterna y la rueda de la existencia es el otro gran “objeto” trascendente y de reflexión que se enfrenta a la sociedad y su moral. En la reflexión filosófica un extremo conduce hasta su opuesto, entonces el conjunto material del más acá, implica elaborar su espejo del más allá. Tocando cielos e infiernos culmina esta reflexión del filósofo griego, dejándonos con un extraño sabor de boca al terminar su lectura. ¿Resulta forzoso para la reflexión de la polis perfecta el acabar en la discusión del más allá? Paradójicamente, esta visión del más allá de Platón prefigura la teología cristiana que dominó el panorama los siguientes dos milenios en Occidente[14] y, por si fuera poco, la activa intervención de la religión y sus conceptos de salvación operó para la reconfiguración de la sociedad después de la caída de Roma.


NOTAS:


[1] Anotemos que no en todas las obras de Platón existe un marcado desprecio por el arte, que aquí se manifiesta por su inutilidad para la república perfecta. Se comprende que este enfoque además es la antípoda de la corriente romántica, que planteó la salvación por medio del arte y la pasión que despierta, a manera del sucedáneo de la religión.  
[2] Es el autor al que se atribuyen la Ilíada y la Odisea, los poemas cruciales en la formación de la poesía y el arte griego clásico. No se ha podido comprobar su existencia real y su autoría sigue siendo motivo de controversias.
[3] Recordemos también que el producir mismo era despreciado por los griegos, ya que muchas actividades eran relegadas a los esclavos o a clases vistas con desconfianza como el comercio, quedando delimitada la parte aceptable a lo intelectual, saludable, administrativo y militar.  
[4] La república, p. 357.
[5] La hipótesis de “regresar de la muerte” resultaba muy interesantes para las leyendas griegas, considerándose un raro privilegio ese volver de entre los muertos, reservado para algunos héroes o dioses marcados, tal como señalan Hércules, Perseo y Perséfone.
[6] El tema del “juicio de las almas” resulta más importante entre la mitología egipcia, donde ante Osiris, el dios Anubis pesaba en una balanza el corazón que representaba la trayectoria de vida de los recién muertos. El concepto de “juicio de las almas” proporciona un sentido racional al pasaje hacia la muerte. A su manera está presente en la noción cristiana de un Juicio Final, como reinserción de un sentido al final de los tiempos.
[7] ALIGHIERI, Dante, La divina comedia. El detalle del sitio indica dos aberturas en el suelo y dos en el cielo, sirviendo para entrada o salida en exclusiva, a modo de doble escala que garantiza que la salida sea irreversible, como señala la leyenda de Cerbero.
[8] “hombres salvajes, y según podía verse, henchidos de fuego”, La república, p. 362.
[9] Ese escenario tan colorido e imaginativo, pareciera ser la inspiración para la Apocalipsis bíblica.
[10] La república, p. 367, al ganar la elección de renacer en un hombre ordinario. Lo cual nos señala que este argumento de la metempsicosis termina siendo de cuño “democrático”, por lo que balancea las tesis aristocráticas de la ciudad perfecta de Platón.
[11] La república, p. 366. La leyenda de Atreo citada por Poe en La carta robada contiene ese trágico argumento, del tirano que, engañado, se merienda a sus hijos en un banquete.
[12] La república, p. 365.
[13] La república, p. 367, entregado por la Parca Láquesis, sancionado por Cloto y vuelto irreversible por Atropos.
[14] En El tema de nuestro tiempo, Ortega y Gasset afirma que la historia funciona como un profeta volteado en la otra dirección, por lo que las tendencias mentales de cada época predicen los acontecimientos del siguiente periodo, pues el pensamiento se mueve adelante que las otras realidades históricas.