
Por Carlos
Valdés Martín
Las teorías extensas buscan sus límites últimos y extremos, por eso
tratan de redondearse y para ese objetivo aplican cierres conceptuales, por tanto, la teoría
del capitalismo de Marx requería de un cierre hacia el pasado del capitalismo,
lo cual realiza con la teoría de la “llamada acumulación originaria”.
En la juventud me impactó y maravilló porque se relacionaba directamente con la etapa de la colonización latinoamericana y su atraso secular, sobre eso hay un
capítulo de El capital que llama la atención. Sin embargo, visto desde una perspectiva
general, más filosófica y rigurosa, entonces la teoría de Marx resulta en
tramposa, con tintes de efecto emocional contrarios a la ciencia estricta. Este
es el cierre sobre el origen del sistema capitalista de la teoría de
Marx, para formular que hubo una “acumulación originaria” con ciertos
mecanismos definidos.
Cerrar el lado del origen: requerimiento conceptual
Las teorías más o menos sistemáticas requieren de redondear
sus argumentos y Marx se aboca a considerar ¿de dónde vino el capitalismo? Era imperioso
que al terminar Marx su primer tomo de El capital se enfocarse para
responder. Anotemos que el argumento principal de El capital está
centrado, para purificar el concepto de capital y no confundirlo con otros
aspectos, para reducirlo a la pura relación capital-trabajo, basado en una ley
del valor- trabajo que se despliega en el mercado, y que implica una relación
de dinero, etc. Mientras cuando Marx apunta al origen la senda se dispersa y
aparece un abanico desordenado de causas.
Este “cierre” del sistema hacia los orígenes no debería ser
arbitrario, sino que incluya la obligación de fertilizar hacia la naturaleza de
su sistema, por eso uno de sus requisitos clave sería “destrozar” la versión
positiva del capitalismo elaborada por la línea de economistas clásicos, cuando
señalan que el capitalismo inventa la manera de crear riqueza y liberar a las naciones
de la cadena milenaria de la miseria. En ese sentido, los capítulos finales
sobre la “acumulación originaria” contienen una carga potente de polémica, más
o menos forzada.
El origen angelical del capital vs el origen de pecado
original
De manera explícita en el capítulo XXIV de El capital, Marx
remite el asunto como una clave causal, moral y religiosa, señalando que busca
derribar (con ironía) un precepto de la casi-religión contraria: Esta
acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el
mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la
manzana, y con ello el pecado se posesionó del género humano. Se nos explica su
origen contándolo como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos había,
por un lado, una élite diligente, y por el otro una pandilla de vagos y
holgazanes.” La
mayoría lo olvida, pero el joven Marx estuvo muy interesado en la conversión de
la religión en acción política, para lo cual debatió con el grupo de “los jóvenes
hegelianos” y
hasta intentó una alianza con Feuerbach, quien explícitamente convertía la
religión en materialismo social, mediante su texto La esencia del
cristianismo. Aquí, Marx aprovecha el argumento torpe de un desconocido
Thiers, para ironizarlo, como falso origen del sistema asalariado (falacia del
hombre de paja), para plantear lo que él considera la verdad sobre el origen:
“En la historia real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista,
el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la
violencia.” El
complejo proceso histórico, en sus muchas complejas dimensiones, en este pasaje
textual de Marx resulta posible reducirlo a la intervención violenta. Por
cierto, en sus fundamentos teóricos del sistema el propio Marx ha desechado
que la violencia sea la protagonista de la historia, afirmando que la
producción es el auténtico fundamento, mientras que la violencia representa la
irrupción de un modo de reparto por la fuerza, siendo que el reparto es un
fenómeno secundario.
Definición del proceso esencial
De manera reiterada, Marx niega que la acumulación de dinero por medios
honestos o laboriosos sea el origen del amasar capitales, sino que todo surge
en una escisión violenta entre medios de producción (básicamente tierras) y
trabajadores directos que quedan desposeídos. “La llamada acumulación originaria
no es, por consiguiente, más que el proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción.
Aparece como “originaria” porque configura la prehistoria del capital y del
modo de producción correspondiente al mismo.”
Este proceso dual de acopio de medios de producción en manos
capitalistas y una masa laboral desposeída lo resume en un proceso: despojo de
tierras. “En la historia del proceso de escisión hacen época, desde el punto de
vista histórico, los momentos en que se separa súbita y violentamente a grandes
masas humanas de sus medios de subsistencia y de producción y se las arroja, en
calidad de proletarios totalmente libres, al mercado de trabajo. La expropiación que despoja al
trabajador de sus tierras, constituye el fundamento de todo el proceso.”
Este proceso lo observa concretamente en Inglaterra y no lo encuentra Marx igual en otros países, lo
cual, menciona de pasada, pero lo subsume arbitrariamente como si fuera lo
mismo.
Después Marx resume tres siglos de historia económica del campo inglés en unos
pocos rubros, para concluir que hubo despojos masivos y la agricultura de
ovejas de pastoreo sustituyó a las labores para producir alimentos, donde Marx
señala: “La expoliación de los bienes eclesiásticos, la enajenación fraudulenta
de las tierras fiscales, el robo de la propiedad comunal, la transformación
usurpatoria, practicada con el terrorismo más despiadado, de la propiedad
feudal y clánica en propiedad privada moderna, fueron otros tantos métodos
idílicos de la acumulación originaria. Esos métodos conquistaron el campo para
la agricultura capitalista, incorporaron el suelo al capital y crearon para
la industria urbana la necesaria oferta de un proletariado enteramente
libre.”
La más ligera revisión apunta a que Marx reúne procesos disímbolos (tema de las
tierras eclesiásticas con diversos otros aspectos de disputas por las tierras),
los cuales pueden repetir las incesantes luchas feudales alrededor de las
tierras y su atributo señorial. Pero en Inglaterra de los siglos XV al XVII esto
empujó hacia la ruta de desarrollar capital, distinto a lo que venía sucediendo
en Europa desde un milenio anterior, también saturada de luchas e invasiones
que cambiaban de manos las tierras y desplazaban al campesino.
El método real de este caso: el golpe emocional
¿Qué procedimiento sigue Marx en esos capítulos finales?
Utiliza el caleidoscopio
del horror para abrumar en la polémica, para obtener su triunfo sin
requerir de una discusión a fondo con Smith y otros clásicos, que miran el
origen del capitalismo de manera más “angelical”. Logra un impacto emocional
sin interesarse por la síntesis histórica, aplica un knockout emocional para “cerrar su análisis
del capitalismo.
Este recurso del golpe emocional ya lo ha empleado Marx en
varias partes de su obra al describir los inmensos sufrimientos de los obreros
fabriles y sus familiares durante el terrible amanecer de la revolución
industrial. En la parte dedicada a la Gran Industria, Marx ya utilizó ampliamente
los informes de los inspectores industriales, que elaboraban “libros blancos”,
con las denuncias para corregir abusos de los empleadores.
El museo del horror del vagabundaje
La persecución atroz e inhumana contra los vagabundos
Marx la atribuye al capital, cuando la información histórica parece ligarla a
las relaciones y costumbres feudales, es decir, a la tendencia no
capitalista de trato hacia los campesinos desplazados.
Analizando los acontecimientos ingleses de los siglos XV al XVII, Marx observa
la crueldad de las leyes contra los vagabundos, que son tratado de manera
inhumana e imponiéndoles los más severos castigos. “De esta suerte, la
población rural, expropiada por la violencia, expulsada de sus tierras y
reducida al vagabundaje, fue obligada a someterse, mediante una legislación
terrorista y grotesca y a fuerza de latigazos, hierros candentes y tormentos, a
la disciplina que requería el sistema del trabajo asalariado.”
Los métodos atroces para someter y controlar a poblaciones vagabundas existía
antes del pre-capitalismo y fueron típicos para imponer los designios del
Estado. Casi de inmediato, Marx reconoce que, en el capitalismo de su presente,
en el mismo país descrito y unas décadas después ha desaparecido esa violencia
contra sectores desposeídos,
pero él argumenta que ha sido sustituida. El argumento posee un desliz que
resulta enorme, para atribuir violencia terrible, cuando no se ejerce.
En ese mismo pasaje observamos un segundo desliz, tan típico
de Marx, que atribuye al capital (que entendido como empresa regular es casi
inexistente en ese periodo) lo que está haciendo el Estado. El “lavado de
rosto” del Estado opera sistemáticamente en el pensamiento de Marx, conforme
presume que se trata de un comité para cumplir los designios de los
capitalistas, aunque los capitalistas sean los grupos débiles y atacados por
ese mismo Estado. Un ejemplo curioso son
las leyes de “salario máximo” que se imponen en la antigua Inglaterra, por las
cuales se declara delincuente al patrón que pague un salario superior al
decidido por el gobierno. El castigo es tanto para el patrón como para el
trabajador. Hay pena de prisión al patrón por pagar salarios más altos que los
legales
Las relaciones asalariadas (capital/trabajo) son marginales cuando sucede esta
ley inglesa en el año 1360.
Lo mismo sucede al mirar los argumentos de las leyes
contra la vagancia, que corresponden a una mentalidad y actuación
típicamente no-capitalista (opuestas al sentido de trabajo asalariado
típico, que funciona fuera de relaciones de obligatoriedad estatal), sino a
relaciones feudales mezcladas con esclavitud. La lista de Marx comienza con el
rey Enrique VII (1485) de Inglaterra y sus políticas contra el vagabundaje.
Sigue con los ejemplos terribles de Enrique VIII, Eduardo VI, Isabel (1572), y
Jacobo I. En esta larga lista de medidas
crueles e inhumanas que decretan los reyes ingleses contra el vagabundaje queda
claro que no poseen una funcionalidad específica para fortalecer la relación
capital-trabajo, pero así lo plantea Marx. Resulta evidente que matar y mutilar
a un posible asalariado no favorece la dotación de mano de obra. Ahora lo
planteo como pregunta ¿Matar y mutilar a un vago favorece a la modalidad del
trabajo asalariado? Para nada, más bien implica otro tipo de relaciones, las
propias de la esclavitud y las de servidumbre feudal en sus modalidades más
opresivas. Las medidas parecen más enfocadas a infundir terror y arraigo
territorial que a la productividad, por ejemplo: “Se los debe atar a la parte
trasera de un carro y azotar hasta que la sangre mane del cuerpo; luego han de
prestar juramento de regresar a su lugar de nacimiento o al sitio donde hayan
residido durante los tres últimos años y de “ponerse a trabajar” (to put
himself to labour).”
Repetidamente estas leyes se enfocan en reubicar y arraigar a los vagos en su lugar de nacimiento (criterio
100% feudal, no capitalista), bajo penas terribles para quien escapa de
ese territorio o finge para no retornar (de nuevo criterio feudal). Se
establecen regímenes de esclavitud, donde se exige alimentar poco y obligar a
trabajos humillantes. Se agregan las lesiones con marcas como animales, en un
sentido, contrario a la libre contratación.
El propio Marx reconoce que en el periodo temprano del siglo
XIV las leyes terribles contra el vagabundaje no estaban creando una clase
proletaria masiva, pues el ambiente seguía siendo de gremios y no funcionaba un
circuito normal de capital-trabajo.
Leyes que suponen favorecer al capital lo muestran
sometido
En el capítulo XXIV, Marx sigue haciendo un apretado resumen
de las leyes sobre el salario y otros temas laborales, para indicar que
favorecen al capital; aunque su misma presentación muestra que someten al
capital según las decisiones arbitrarias de la autoridad y sin fundamento
económico. Comienza con las injustas regulaciones de máximos al salario, las
cuales tienen penas para los obreros y capitalistas, señalando Marx que para el
obrero las penas carcelarias son algo mayores.
“Así, por ejemplo, en las secciones 18 y 19 de la ley de
aprendices de Isabel, se infligían diez días de cárcel al que pagara un salario
superior al legal, pero veintiún días, en cambio, a quien lo percibiera.”
Anotemos dos cuestiones, que los aprendices son una figura más gremial que
capitalista, y que un patrón o
maestro gremial podía ser sometido a muchos castigos en esta misma
falta, mientras que al empleado solamente le aplica uno. En ese sentido, lo que
bajo la óptica de Marx parece una gran ventaja para el lado del capital,
resulta que toda la ventaja está del lado del Estado, que castiga a todos, los
encarcela y los multa suprimiendo su hipotético derecho a contratarse según
conveniencia.
En el periodo analizado, el sistema de gremios se fue
disolviendo poco a poco, para predominar cada vez más las nuevas relaciones
asalariadas, la ruptura de las relaciones paternales o gremiales en la
producción artesanal y, mientras tanto, el empoderamiento del aparato de
Estado, cada vez más capaz de entrometerse y apoderarse de la producción que
antes no fue de su incumbencia (la Edad Media previa, donde el gremio queda más
a su arbitrio).
Más adelante, dentro del relato de los acontecimientos
ingleses, Marx denuncia con motivos a las leyes que prohíben las coaliciones de
trabajadores, aunque no explica por qué tales prohibiciones del régimen
absolutista contra las coaliciones obreras,
que comenzaron en el siglo XIV se terminaron bastante rápido en cuanto el
régimen capitalista adquirió madurez de régimen fabril: “Las crueles leyes anticoalicionistas fueron
derogadas en 1825, ante la amenazadora actitud del proletariado. Sólo a
regañadientes las abrogó el parlamento”.
Al observarse la evolución política de los siglos XIX al XXI, se observa con
facilidad que la prohibición de las asociaciones no es típica del capitalismo
funcional, sino de los Estados dictatoriales, con independencia de qué régimen
económico propongan.
Al terminar el periodo de “acumulación originaria”
analizado, Marx reconoce que se terminan las leyes de regulación del salario
(que evitaban su elevación) y que “Finalmente, en 1813 se derogaron las leyes
en torno a la regulación del salario.”.
Sin embargo, como el interés de Marx es polémico, argumenta que había presión
de la oferta salarial y otro tipo de leyes, que de manera colateral favorecían
la baja salarial, al dar subvenciones a los pobres “mediante el impuesto de
beneficencia.”
Arrendatarios capitalistas bajo los terratenientes
El cambio en el campo, lo reconoce Marx como un proceso dual
en torno a la propiedad de los medios de producción. Mientras el marxismo usual
se centra en considerar como capital a la propiedad de los medios de
producción, el argumento hace evidente que los medios de producción se dividen
en dos: la tierra monopolizada por terratenientes (efecto de tipo feudal, pero
tardío) y el arrendatario capitalista, que paga renta por el espacio agrícola,
para reunir un capital con los campesinos asalariados. Entonces, en términos
marxistas, no surge una clase explotadora sino dos diferentes: un terrateniente rentista
(que no aporta la parte industriosa o productiva) y un arrendador capitalista
que sí organiza la producción agrícola, adelantando capital y organizando a los
asalariados. Como Marx ya cree que resolvió qué es el capitalismo, la aparición
originaria de una segunda clase dominante la considera como un reparto de la
explotación misma.
Surge el arrendatario capitalista “que valoriza su capital
propio por medio del empleo de asalariados y entrega al terrateniente, en
calidad de renta de la tierra, una parte del plusproducto, en dinero o in
natura [en especies].”.
Sin embargo, en esta posición resulta evidente que no se podría denominar al
capital como la clase dominante, ya que está disperso y sometido al
terrateniente. Marx reconoce que primero este capitalista agrícola estaba en
situación mediocre (o no dominante), y que la combinación de la mejora
tecnológica agrícola con la devaluación del dinero repercutió en que se
enriqueció.
Despojos de campesinos y mercado interno
El crecimiento de la mano de obra disponible para ser
asalariada, Marx la ubica desprendiéndose de despojos y expulsiones de tierras.
Una causa general del periodo es la mejora de las técnicas, por lo que con
menos manos se produce lo mismo, así que se expulsan agricultores de las
tierras. “Pese al menor número de sus cultivadores, el suelo rendía el mismo
producto que siempre, o más, porque la revolución en las relaciones de
propiedad de la tierra iba acompañada de métodos de cultivo perfeccionados, una
mayor cooperación, la concentración de los medios de producción, etcétera, y porque no sólo se obligó a
trabajar con mayor intensidad a los asalariados rurales, sino que además el
campo de producción en el que éstos trabajaban para sí mismos se contrajo cada
vez más.”
Este mismo desplazamiento con más productividad es condición de posibilidad de
la instauración de manufacturas capitalistas, de lo cual Marx pone el ejemplo
de hilanderos en la región prusiana.
También en El capital, anota otra creación mediante
este mismo proceso, cuando se levanta un mercado interno, al separar la
producción agrícola y la industrial. “La expropiación y desalojo de una parte
de la población rural, (…) además crea el mercado Interno”.
De tal manera, que la división más compleja del trabajo proporciona los
mercados masivos de la época capitalista.
Paso de tortuga y aceleración de la industria
Al proceso del arrendatario y la manufactura de la primera
etapa, Marx la llama como un “paso de tortuga“, que no era el adecuado para el
ritmo industrial, el propio del capitalismo más estrictamente dicho.
Para ese paso rápido, Marx apela (también dando saltos) a las formas del
capital no productivo, que son la comercial y la usuraria (luego convertida en
bancaria y financiera), pero dando zancadas de gigante (y sin respetar la
consistencia histórica) revuelve diversos elementos, para hacer la mixtura de
la “acumulación originaria”.
Marx señala que con las comarcas auríferas y otros terribles
aspectos, se levanta el primer mercado mundial, por lo que suma la conquista y
el saqueo, la esclavitud y demás desmanes, para integrarlos en una visión de
“guerra comercial”, donde todo queda atribuido al capital (por más que no sean
elementos de esa naturaleza capitalista). Como su ejemplo es Inglaterra, vuelve
a centrarse, pero también dando saltos de tiempo y agregando elementos: “En
Inglaterra, a fines del siglo XVI, se combinan sistemáticamente en el sistema colonial, en el de
la deuda pública, en el moderno sistema impositivo y el sistema proteccionista.
Estos métodos, como por ejemplo el sistema colonial, se fundan en parte sobre
la violencia más brutal. Pero
todos ellos recurren al poder del estado, a la violencia organizada
y concentrada de la sociedad, para fomentar como en un invernadero el
proceso de transformación del modo de producción feudal en modo de
producción capitalista y para abreviar las transiciones. La violencia es la
partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia
económica.”
Como es fácil de observar, el argumento de Marx reúne arbitrariamente fenómenos
de distinta naturaleza para atribuirlos al sistema capitalista, afirmando que
están disolviendo al modo feudal; sin embargo, “mira sin ver” que el actor
total es el Estado, el cual está haciendo casi todo, pero lo atribuye al
capital. En ese sentido, se aplica una larga falacia de falsa atribución para
culpar de los crímenes de su vecino, el Estado dictatorial.
La parte válida es notar ese cambio de ritmos entre la
tortuga de la fase de arrendatario hacia el ritmo rápido de la fase
industrializada del capitalismo, pero mucho de esta velocidad está marcada
por las acciones del Estado, que también está acelerado más que la vieja
maquinaria feudal dinástica de los siglos anteriores, además de ampliarse. Que
el Estado compre los buques y entregue salarios a los soldados no convierte a
la invasión colonial en una empresa capitalista. Claro que hubo ejemplos de
“empresas coloniales”, pero sometidas a un régimen mixto, de alianza entre la
Corona Inglesa o la república Holandesa con privados para sus aventuras
coloniales. Las acciones militares, de pillaje y de sometimiento violento, Marx
las atribuye al capital —sin mayor rubor ni matices—, cuando son actos
directos de Estado, y siempre es el mismo esquema explicativo. Entiéndase que
esto no disculpa los muchos actos que cometieron en la colonización los
empresarios en persona, pero es obvio que esa no es su función típica, como lo
es del soldado y del administrador colonial.
La colonización y los negocios sin capital: puro asalto
estatal
Bajo un enfoque que francamente debe llamarse tramposo, Marx
insiste en considerar como capitalismo a las operaciones de Estado como el
pillaje, la imposición de monopolios artificiales y los asaltos de bandidaje a
traición. Con esto, Marx mete en el rótulo de “capitalismo” precisamente lo que
no corresponde a la operación capital-trabajo que con cuidado se ocupó de
definir, sino que recolecta toda clase de atropellos de tipo asalto del Estado
imperial y su régimen esclavista.
El secuestro y encarcelamiento de personas para obligarlas a
trabajar en esclavitud fue común como negocio exterior por potencias emergentes
(Holanda e Inglaterra), pero esa relación no corresponde al régimen económico
capitalista. Aquí Marx aplica un criterio falaz de tipo disonancia cognitiva o
esquizofrénico, sin asumir lo evidente, porque ha visto la película completa.
La naciente república de Holanda se comporta como el soldado que en la guerra
lejana comete toda clase de crueldades y en el regreso a su hogar adopta una
actitud piadosa de buen padre y marido ejemplar. En concreto, Marx denuncia a
los holandeses que hacen trata de esclavos en Célebes y Malaca, describiendo
horribles condiciones de captura y prisión. Como crítica moral la descripción
está perfecta, pero como investigación económica es un “cherry-picking”
arbitrario y anticientífico. La falla garrafal de Marx es que pretende
describir como componente esencial del capitalismo un eslabón que contradice la
operación capitalista que ha planteado el propio Marx. El secuestro esclavista
de nativos rompe la lógica de la relación capital-trabajo y la hace imposible
en la región donde opera, desapareciendo al factor trabajo asalariado y
sustituyendo al capital por un señorío esclavista. Lo que sí sucedió
históricamente es que el intercambio mercantil de modo usual puede reunir
diferentes “modos de producción”, porque precisamente esa es su naturaleza, el
mercado reúne trabajos divididos y mercancías distintas, donde el punto de
encuentro es la compra-venta dejando de lado el origen de la mercadería. En un
mismo almacén, pueden
encontrarse mercaderías que provengan de una fábrica moderna, de una
producción del artesano con sus propias manos, de una cooperativa igualitaria y
de una plantación esclavista. Sin embargo, a lo largo de miles de páginas Marx
mismo se ha encargado de establecer que la esencia del capitalismo está en la
relación capital-trabajo de condición asalariada, que no depende de un contrato
esclavo, el cual corresponde a otra relación social; para al final del tomo I, inventarse que la esclavitud da
nacimiento al capitalismo.
En el caso concreto que describe Marx, lo que está
describiendo es el asalto de gobernantes y/o particulares contra zonas débiles
o enemigos descuidados, que aplican rapiña de bienes y personas a las que
esclavizan. Pone el ejemplo, de los asaltos de holandeses en Malaca: “Para
apoderarse de Malaca, los holandeses sobornaron al gobernador portugués. Éste,
en 1641, los dejó entrar a la ciudad. Los atacantes volaron hacia la casa del
gobernador y lo asesinaron, para “abstenerse” de pagarle las £ 21.875 que le
habían prometido. Donde asentaban la planta, los seguían la devastación y la
despoblación. Baniuuangui, una provincia de Java, contaba en 1750 más de 80.000
habitantes; en 1811 apenas eran 8.000. ¡He aquí el doux commerce
[dulce comercio]!”
Una revisión de fuentes históricas indica que Marx utiliza un rumor sin
ningún fundamento, inventado por ingleses para desprestigiar a sus rivales
holandeses, para afirmar que el gobernador portugués se rindió por traición.
Las fuentes actuales indican que los holandeses tuvieron sitiada Malaca de 1640
a 1641 hasta que vencieron la resistencia. El rumor calumnioso se basa en la
muerte del gobernador dos días después de la caída de la plaza, que nada tuvo
que ver con alguna traición o una falta de paga. Los datos de la despoblación
son más realistas considerando que aconteció una guerra feroz entre holandeses
y portugueses hasta la toma de Malaca, pero Marx está dando a entender que la
despoblación fue por esclavismo, lo cual no está demostrado con claridad. Lo
que sí sucedió es que los holandeses privilegiaban el comercio con otros
puertos, por lo que Malaca ya no fue tan importante para el comercio regional e
internacional, entonces la población no se siguió concentrando ahí. El ejemplo
de la región de declive en Banyuwangi (o Baniuuangui) entre 1750-1811 es
tramposo, pues ahí se concentró la guerra entre Portugal y Holanda, por lo que
la población se desplazó. En su conjunto, Malaca no se despobló por causa del
dominio holandés, incluso creció su población. Cierto, que el régimen holandés
local aplicó régimen de esclavitud y tuvieron guerras constantes, contra
Portugal y contra sultanatos locales, lo cual provocó muerte y desolación, pero
reitero que esas son operaciones típicas del imperialismo colonial de los
Estados militares, no son operaciones típicas del capital comercial mismo. En
síntesis, Marx emplea ejemplos falseados (desde su fuente) y con trampa en
datos (desde su fuente) y luego aplica un método arbitrario de atribuir como
nacimiento del capitalismo, a las acciones típicas del Estado militarista y las
bandas de saqueo, es decir, las operaciones diferentes a la relación
capitalista. En conclusión, Marx se dedica a falsear el concepto de capitalismo
y capitalista, para verter
toda la indignación moral que recoge de ejemplos arbitrarios.
Precisiones sobre la esclavitud, Liverpool y otras
modalidades
¿Cómo Marx relaciona a la esclavitud con el capitalismo?
Básicamente, porque la efectuaron “naciones capitalistas” y fue un gran negocio
que acumuló fortunas. Al ejemplo de Holanda, agrega los atropellos y saqueos
ingleses, por ejemplo, “Liverpool creció considerablemente gracias a la trata.
Ésta constituyó su método de acumulación originaria. Y hasta el día de hoy la
“respetabilidad” liverpulense es el Píndaro de la trata, la cual —véase la
citada obra del doctor Aikin, publicada en 1795—- “exalta hasta la pasión el
espíritu comercial y de empresa, forma famosos navegantes y rinde enormes
ganancias”. Liverpool dedicaba a la trata, en 1730, 15 barcos; en 1751, 53; en
1760, 74; en 1770, 96, y en 1792, 132.”
Procurando un análisis económico, esta organización tiene tres componentes: el
armamento y dirección por el Estado, pues el barco esclavista requería ser un
mercante armado con soldados y cañones; el sistema esclavista que compra la
mano de obra, principalmente para plantaciones mercantiles; el saqueo
no-comercial de las personas esclavizadas; y el negocio comercial
semi-monopólico (no de competencia normal capitalista) que gana mucho dinero
con el saqueo. Un sistema semejante lo aplicaron los musulmanes contra
africanos tribales durante 1,300 años sin que se aproximara a una
transformación capitalista, sino como un engranaje de los sultanatos, con
diversos tipos de relaciones de explotación. Reitero durante 1,300 años los
musulmanes esclavizaron población africana y el total también es mucho mayor
que la esclavitud europea, pero esa población a la fecha no parece avergonzarse
de su pasado esclavista y la crueldad aplicada en África y otras regiones
mientras las oprimía.
En general, el argumento de Marx es teleológico, lo cual
falsea los hechos al interpretar los antecedentes por los resultados. Marx sabe
que el capitalismo inglés ha triunfado y que el gobierno de Inglaterra ya ha
prohibido la esclavitud para favorecer una mayor libertad bajo un capitalismo
normal, por lo que juega a que el pasado ya estaba resuelto y que dentro del
resultado están contenidas todas las premisas antagónicas. Hay un quid pro
quo en el análisis histórico de Marx para atribuir a la forma
capital-trabajo todas las versiones contrastantes y no asimilables que
surgieron en el camino tortuoso de la historia. Los hechos duros y claros
indican que Inglaterra fue prohibiendo
paulatinamente la esclavitud (en un calendario rápido cuando consideramos
transformaciones de relaciones fundamentales), en 1772 hubo leyes contra la
esclavitud en territorio metropolitano, en 1807 se prohibió el comercio de
esclavos y en 1833/34 se abolió la esclavitud activamente en todo el imperio.
Incluso esta abolición inglesa presionó a otros reinos para eliminar la
esclavitud, según parece en el caso del Imperio Otomano, que heredaba una
tradición esclavista musulmana milenaria. Si leemos el relato tremendista
de Marx en su capítulo XXIV (publicado en 1867) nos haría pensar que la
esclavitud imperaba en el capitalismo inglés, cuando ese mismo capitalismo eliminó activamente la
esclavitud a escala planetaria.
Argumento de la desaparición de la propiedad privada del
trabajador y llegada del comunismo
En el principio del numeral 7, Marx reconoce las cualidades
de la propiedad privada del trabajador libre, ya sea campesino o urbano, para
luego señalar su limitación. En una larga cita comenta: “capital, esto
es, su génesis histórica. En tanto no es transformación directa de esclavos y
siervos de la gleba en asalariados, o sea mero cambio de forma, no significa
más que la expropiación del productor directo, esto es, la disolución de la
propiedad privada fundada en el trabajo propio. La propiedad privada del
trabajador sobre sus medios de producción es el fundamento de la pequeña
industria, y la pequeña industria es una condición necesaria para el desarrollo
de la producción social y de la libre individualidad del trabajador mismo.
Ciertamente, este modo de producción existe también dentro de la esclavitud, de
la servidumbre de la gleba y de otras relaciones de dependencia. Pero sólo
florece, sólo libera toda su energía, sólo conquista la forma clásica adecuada,
allí donde el trabajador es propietario privado libre de sus condiciones de trabajo,
manejadas por él mismo: el campesino, de la tierra que cultiva; el artesano,
del instrumento que manipula como un virtuoso.”
Luego Marx señala que este proceso alcanza sus límites,
donde surge el capital concentrado que socializa la producción expropiando a
los trabajadores directos. Luego, los capitales se concentran, con lo cual éstos
son expropiados: “Esta expropiación se lleva a cabo por medio de la acción de
las propias leyes inmanentes de la producción capitalista, por medio de la
concentración* de los capitales. Cada capitalista liquida a otros muchos.
Paralelamente a esta concentración, o a la expropiación de muchos capitalistas
por pocos, se desarrollan en escala cada vez más amplia la forma cooperativa
del proceso laboral, la aplicación tecnológica” Luego anuncia el final del capitalismo, por
la expropiación de los expropiadores por la masa del pueblo trabajador,
mediante un salto dialéctico. En esta forma, Marx anuncia la llegada del
modo de producción socialista/comunista de una manera consistente con su
argumento.
Sin juzgar si la conclusión de Marx sea correcta o no,
simplemente basta señalar esta conexión
entre la idea de un principio y un final. Bastante consistente como
panorama, aunque es obvio que el salto de etapas y la simple mixtura de
elementos sobre el concepto de capital ya indica las fallas potenciales. En
descargo de Marx y para vergüenza de sus realizadores mediante la torcedura de
utopías monstruosas, hay que reconocer que él esperaba que se restaurara la
propiedad individual, en la manera de cooperativas generalizadas, no bajo el
sometimiento a un Estado tiránico. Explícitamente señala: “Es la negación de la
negación. Ésta restaura la
propiedad individual, pero sobre el fundamento de la conquista
alcanzada por la era capitalista: la cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la
tierra y sobre los medios de producción producidos por el trabajo mismo.”
La “ley general” de la acumulación originaria es falsa
El planteamiento central del capítulo de El capital
sobre la “acumulación originaria” es una larga cadena de falacias, pues el
hambre y la miseria del período no se explican principalmente por la lógica
“capitalista”, sino por
políticas estatales (mercantilismo,
proteccionismo, colonialismo de Estado, guerras, etc.), combinado por la
insuficiencia de “fuerzas productivas” del periodo. Además, el desarrollo económico
de los capitales (amasar la “masa crítica” de capitales) dependió más de
instituciones financieras o estatales que no dependió de un “robo previo”
masivo contra los productores directos.
El argumento de Marx no carece de datos reales, pero sí incluye
una fuerte falacia de “falsa generalización” combinada con un “Cherry-picking”
de casos, para establecer como ley general que se requiere de una
separación violenta del trabajador respecto de los medios de producción para
que surja un “mercado de fuerza de trabajo libre” en los dos sentidos; sin
trabas, legales para venderse y sin ningún medio de producción para sobrevivir.
La investigación histórica general demuestra la falsedad del argumento, sin
embargo, en varias ocasiones suceden tales fenómenos juntos, sin que acontezca
una causalidad. Por ejemplo, el hambre de tierras por terratenientes ha sido una constante histórica,
donde los imperios militares, los señores feudales, los conquistadores nómades,
etc. representan diversas maneras de esa hambre de tierras. Las conquistas y
agresiones, apropiaciones guerreras y hasta catástrofes naturales primero
separan al trabajador de la tierra y luego se les reintegra de variadas maneras.
El periodo feudal es un periodo de constantes guerras que se explican
principalmente por el “hambre de tierras”, pues los señoríos requieren de mucha
tierra para el aristócrata, bajo un sistema complejo de contribuciones
difíciles de medir y que desemboca en continuas guerras.
El argumento de Marx contiene una parte de verdad, pues los
datos históricos muestran repetidos periodos de expulsión de trabajadores de
las tierras y grandes apropiaciones por terratenientes. Eso es lo que
siempre sucede, siglo tras siglo. Lo cierto, es que sí hay horribles procesos
de campesinos despojados y de terratenientes impuestos, bajo diferentes
presentaciones históricas. Pero Marx se concentró en un periodo específico
cuando la expulsión de campesinos de Inglaterra y sus alrededores mandaba a la
población excedente a los barrios bajos de las ciudades inglesas, para ser
tomados por las fábricas capitalistas.
No hay ninguna “ley general” sino observaciones parciales
de casos particulares
Esto lo muestra la investigación de Gerschenkron en Economic Backwardness in Historical
Perspective: A Book of Essays. Esta fue una investigación mucho más
completa y documentada que lo expuesto por Marx, quien, ante la ausencia de
investigaciones de historia económica precisas, de manera arbitraria compactó
casos distintos. Para la historia de las ideas, entonces lo extraño es que la
obra de Gerschenkron fue una investigación tardía y poco observada por la
academia.
La verdadera búsqueda de una ley general sobre la
aparición del “trabajo libre” o asalariado requiere de una investigación estricta
que no ignore algo tan evidente y a la vista en todos los libros de historia.
¿A qué nos referimos con esta evidencia? Que la cronología continua de los
pueblos son los desplazamientos, guerras, calamidades, etc. que desarraigan a
grandes masas de población que recurrentemente están desprovistas de tierras y
otros medios de producción, que buscan desesperadamente recuperar para
continuar su vida. Los desplazamientos masivos y emigraciones forzadas son una
contante de la historia humana.
¿Qué son los pueblos pastores guerreros que han azotado
Asia y Europa sin descanso durante miles de años sino los agentes del
desplazamiento y desposesión de poblaciones enteras?
Pasan miles de años de invasiones y de pueblos desplazados masivamente, por lo
que hay un potencial repetitivo de masas de “trabajadores libres”, pero desde tales
masas de “trabajadores libres” no se forma un capitalismo. Las poblaciones
locales invadidas quedan transitoriamente libres y no por ello se creaba un
mercado laboral estructural, sino uno marginal como se observa alrededor
del Mediterráneo.
¿Desposesión de campesinos o explosión demográfica?
El capitalismo como sistema laboral sí requiere de mano de
obra masiva, pero la expulsión y separación de campesinos de las tierras para
convertirlas en propiedad privada no es un mecanismo único. ¿De dónde viene la
mano de obra hacia EUA? Tanto de una explosión demográfica novedosa del
capitalismo, como de una emigración masiva desde Europa. A su vez, una parte de
la emigración europea puede ligarse con esa “acumulación originaria”, pero no
es la totalidad ni siquiera la mayoría directa. Entonces el caso inglés
de desposesión masiva de campesinos para sacarlos de las tierras de labor y que
esos mismos campesinos desplazados se volvieran obreros es un caso peculiar y
no define alguna ley de la acumulación originaria.
Volvamos al argumento anterior: el capitalismo es el primer
sistema que crea una explosión demográfica peculiar, que pareciera no tener
límites, combinada con una recurrencia de la ciudad masiva. Este fenómeno es
poco notorio porque repite (o hace renacer) el fenómeno de la “revolución
agrícola” que permitió las primeras ciudades y un crecimiento de la población
humana muy superior al sistema de la cacería y el pastoreo nómadas.
Curiosamente los pastores nómadas sí pueden generar sus propias dinámicas de crecimiento
poblacional, pero al moverse generan la materia prima de las invasiones de
pueblos que enmascaran su crecimiento local.
Pero la explosión demográfica capitalista es superior a la
agrícola, pues terminó acompañada de la medicina moderna y periodos de paz
(contra la leyenda negra del capitalismo, es un sistema que ha contado con
grandes periodos pacíficos),
una combinación que permitió expansiones de población sin comparación con los
milenios previos.
La otra parte de la acumulación de capital: riqueza
concentrada
La acumulación concentrada de riqueza que se vuelve capital,
para Marx se obtuvo de diversos procesos de saqueo colonial y de rapiña. Viendo
los acontecimientos históricos, los saqueos y fortunas mal habidas han sido
comunes, y también algunas (excepcionales en el panorama de la historia de la
humanidad) se volvieron capital industrial. Sin embargo, hay una gran objeción:
durante miles de años los saqueos, invasiones y despojos han ocurrido entre los
más distintos pueblos sin que jamás se llegara a desarrollar el
capitalismo. El saqueo de
otros es una institución propia de los Estado vencedores por medios
militares, que se creen con el derecho de saquear a los vencidos. Ese proceso
no es capitalismo en el sentido de negocios, el negocio capitalista mismo es
por entero ajeno a ese proceso de conquista militar y saqueo. Claro que el
Estado o ejército que conquista y saquea puede estar financiado por capitalistas,
pero aquí no es el tema, porque estamos viendo el periodo de nacimiento del
capitalismo, cuando el capitalismo no es todavía la causa de los grandes
movimientos.
Sí, hay un periodo donde la inercia normal de los Estados
para conquistar y saquear se revuelve con las nuevas tendencias capitalistas,
lo cual es muy importante, pero no debe confundirse como el origen mismo del
capital. El argumento falso de Marx
posee un tinte de falacia moral, para atribuir a la estructura del
capital, que es económica y bastante neutral éticamente, con las
cualidades del Estado depredador y de los ejércitos coloniales. Lo que estoy
señalando es que el capital nace por la unión de propiedad privada de
medios de producción e intercambio, trabajo asalariado (libre de
contratarse al mejor postor) y mercado grande (más o menos libre) de
oferta y demanda, para lo cual sí requirió de cierta masa de capitales
(en medios de producción y en medios de dinero para su financiamiento)
y multitud de obreros disponibles. La unión de estos factores no surge
espontáneamente en las economías y no sucedió lo suficiente durante miles de
años de historia humana. Para que sucedan estas cuestiones hay requisitos clave, entonces sus
requisitos más importantes son cierta división del trabajo (mercantil, incluso
internacional), cierto nivel tecnológico (división del trabajo, interna a la
empresa), medios de cambio (aprovisionamiento de dinero) y un marco regulatorio
que respete la propiedad privada (un Estado de derecho en algún nivel). Para
que se cumplieran estas condiciones no era indispensable la desposesión masiva
de campesinos de las tierras, pues la revolución demográfica que surge bastaba
para la mano de obra requerida. Para que se cumplieran estas condiciones no era
necesario que se saquearan lejanas comarcas para tener capital en sentido de
medios de producción, sino que se requería un desarrollo tecnológico. El triunfo
militar en lejanas comarcas era el resultado posterior de la mejor
técnica y los talleres manufactureros crecientes bajo métodos de división de
trabajo y aplicación del saber. La plata y el oro de América sí estaban
circulando en el sistema mercantil europeo y alimentando la manufactura del
capitalismo naciente, pero los telares y talleres no se hacían de plata y oro,
como sus materias primas, sino como su estímulo en demanda efectiva. La plata
y el oro amonedado jamás fueron el requisito indispensable para la
existencia de mercados potentes,
que pueden existir perfectamente con monedas fiat (fiduciarias o
simbólicas). Cuando en el siglo XIX (poco a poco) la plata y el oro
desaparecieron de escena y quedaron fuera de la circulación mediante el dinero fiat
(o fiduciario) ningún mercado capitalista se cayó, sino que el mercado
capitalista fue más próspero.
El argumento es falaz, pues no sucedió así
Como hemos visto, la mayor parte de las invasiones, despojos
y desplazamientos del periodo de la llamada acumulación originaria no las
hicieron los capitalistas, sino que fueron guerreros, aristócratas, invasores y
agentes del Estado. La participación del capital privado en esos vergonzosos
episodios es secundaria, pero significativa por el potencial productivo al
generar barcos, cañones y fusiles, que sí se debe atribuir al contexto
capitalista. Sin embargo, la polémica marxista falsifica la historia al atribuir directamente al proceso
capitalista la tendencia hacia la invasión y saqueo iniciales (y luego
perpetuos, según Lenin en El imperialismo).
El punto importante es que la operación capitalista normal es producir-vender-ganar,
no es la de invadir para apoderarse de un territorio, para con ello
producir-vender-ganar. Es obvio, que este último modelo, es propio del invasor
militar, que luego se vuelve parásito del proceso capitalista, el cual será
capaz de operar en territorios no colonizados y con recursos comprados. El
argumento falaz de Marx, se resume en una frase famosa que dice: "Si el dinero, según Augier, 'nace
con manchas naturales de sangre en un carrillo', el capital viene al mundo
chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza".
Las guerras y conflictos dinásticos interminables, con sus conquistas y
colonizaciones ya estaban presentes antes del capitalismo, luego siguieron con
el capitalismo; sin embargo, el ciclo económico capitalista es el primero que no
requiere de tales invasiones como lo demuestra la segunda mitad del siglo
XX con la descolonización
territorial por los países más maduros en la operación capitalista, bajo
el llamado principio Wilson.
¿Cómo sucedió realmente la acumulación de capital en
tanto originaria?
Adelantando las conclusiones, Gerschenkron resume que “La acumulación originaria de capital
no fue un prerrequisito del desarrollo industrial en los principales países”.
En concreto, este historiador de aspecto económico, afirma que en los países
europeos continentales no ocurrió bajo el modelo teórico marxista y lo confirmó
basándose en estudios económicos puntuales. En Alemania la industrialización se
financió mediante bancos universales, que movilizaron crédito para grandes
proyectos en acero, química, ferrocarriles, etc.
No comenzó el capitalismo industrial con el despojo campesino. Los campesinos
siguieron atados a la tierra, por la importancia de los señores de la tierra,
llamados “junkers”. El “gran salto” industrial alemán de los años 1870-1913 se
dio sin una acumulación previa de capital durante siglos ni una desposesión
masiva de campesinos que los obligara a asalariarse en las nuevas industrias.
En Rusia hubo dos modelos de industrialización sucesivos y
no respondieron con exactitud a la idea de “acumulación originaria” de Marx.
Incluso el propio Marx pareció dudar en ese caso concreto, sin definir cómo
Rusia sorteaba esa vía al capitalismo.
El modelo zarista de finales del XIX con la industrialización tardía, sin
desplazamiento masivo de campesinos, donde las grandes empresas reciben
financiamiento y facilidades del Estado imperial del Zar. Por simple búsqueda
de confirmación ideológica, las interpretaciones marxistas consideran que bajo
el zarismo sí ocurrió una “acumulación originaria”, por simple veneración del
concepto, aunque le agregaran términos como “sui géneris” o “desigual y
combinado”.
En la etapa comunista soviética para industrializar se basa
en la intervención estatal masiva mediante subsidios, garantías, pedidos del
gobierno, protección arancelaria y, bajo Stalin, además agrega la colectivización
forzosa del campesino y la aplicación de terror masivo, donde aplica un modelo
esclavista en el Gulag. Todo el proceso en Rusia no requirió la “prehistoria
sangrienta” descrita por Marx para la acumulación originaria de capital, para alcanzar
los resultados de industrialización dependieron de la intervención del Estado,
para suplir la acumulación de capital privado.
Motivo para mantener una excepción
Con lo antes escrito está comprobado ampliamente que el
planteamiento teórico central sobre la “acumulación originaria” de capital no
corresponde a la situación frecuente. Siendo un caso peculiar esa separación
simultánea de los medios de producción en dos polos, entre los capitalistas
apropiándose y los trabajadores separados de sus medios, entonces el hecho de
que se repita por los marxistas casi como una legalidad forzosa del nacimiento
del capitalismo revela una
búsqueda de coherencia argumental y exigencia de motivar su anticapitalismo.
Ese argumento servía para redondear la noción de Marx sobre que la relación
capital-trabajo siempre es una relación de ganar-perder y que el capitalismo
únicamente se enfoca en expropiar al proletariado.
La afirmación terrorífica y romántica donde Marx sintetiza
su argumento sobre la “acumulación originaria del capital”, se centra en la
crueldad inherente a un sistema. Resulta que la historia concreta del capital
no integra tales extremos y que mucho de lo atribuido corresponde al Estado
desatado como actor protagónico y tiránico, además de que el proceso inglés
descrito no implica una regularidad histórica.
La cuestión más de fondo es que para Marx, la forma
capitalista implica una expropiación perpetua del proletariado, cuando la realidad es más compleja.
Por ese mismo motivo fracasa en la teoría del valor-trabajo, para convertir el
tiempo trabajado en una sustancia, mediante el argumento metafísico de la
coagulación material del “trabajo abstracto”.
Una perspectiva más amplia que la del siglo XIX
Por si fuera poco, tomando una perspectiva más amplia, la
historia mundial implica una sucesión de guerras y saqueos que surgen de las
contradicciones violentas entre Estados y poblaciones, donde sucede básicamente
lo mismo que expone Marx: invasiones, expropiación de medios de producción con
violencia, desplazamiento y manipulación masiva de trabajadores desposeídos,
crueldad para someter a los trabajadores y sus familias, uso del poder del
Estado para acumular riqueza y traspasarla a los favoritos del gobernante,
esclavismo en distintas manera, abuso contra los más desprotegidos como mujeres
y niños, rapiña de las zonas alejadas, abuso constante de los agentes militares
contra población desarmada, etc. En fin, todas las horrendas situaciones que Marx mira en el
periodo previo al capitalismo, también
sucedieron entre las más diversas poblaciones y culturas a lo largo de milenios;
la única diferencia es que en otros ambientes no se tendió a concentrar capital
y asalariados, bajo una revolución tecnológica constante. Y esa revolución tecnológica fue la base
para enriquecer a los países y, entre poblaciones menos hambrientas,
luego moderar los abusos y hasta sembrar principios de más ética ante el
prójimo. Dado este argumento, Marx
confunde una cura de la miseria de las masas con la enfermedad, es decir, el
marxismo confunde las infinitas circunstancias trágicas del antecedente (siglos
XIV al XVIII) con la salida
positiva mediante la productividad de la empresa capitalista.
En fin, Marx está justificado al indignarse por las atrocidades de sus
antepasados o contemporáneos, pero confunde esa “enfermedad social” del capital
con la medicina sistemática desde donde surge ese avance.
La enfermedad se repite como barbarismo repetitivo de la miseria y la violencia
masiva, capitaneada por los violentos y rapaces concentrados en el Estado. La solución está en la ruta de la
transformación tecnológica y la aplicación de la ciencia a la vida, que se favorece
mediante el mercado y las empresas capitalistas garantizando un bienestar material
que se va elevando constantemente. ¿El sistema de mercado y la empresa tienen graves
defectos? Eso es obvio, de la misma manera que el ser humano incluye defectos,
pero ya está demostrado ampliamente que la productividad del capital-trabajo permite
una sociedad más justa y que no se hunda en la miseria.
Que el capital sea más productivo y que en su sistema económico
integre esa enorme ventaja, no es un mérito solitario del capitalista, sino que
depende del asalariado (como tanto enfatiza Marx) y, además, del pensador
científico-tecnológico. Incluso, el Estado que funciona como villano cuando
está desatado en la tiranía, tiene funciones importantes como la gestión y
cobertura del sistema de leyes y las aplicaciones de las zonas ciegas al
impulso del mercado como el comienzo y final de la vida, así como la salud y
cuidado de la paz pública. Un sistema que funcione bien requiere de muchas
partes operativas como lo demuestra la biología. El ser humano con pensamiento
y emociones resulta mucho más complejo que una bacteria, por lo mismo, su
expresión colectiva requiere de soluciones complejas y no la ilusión de un brebaje curalotodo.