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domingo, 31 de agosto de 2008

EL REINADO DE MIL SALAMANDRAS 2a Parte



Por Carlos Valdés Martín

Hermandad con el dragón
Dada cierta pobreza en la clasificación química de los materiales, la afición por la transmutación, como serie de conexiones alquímicas no parecía tener límites precisos. Una interesante y barroca ilustración renacentista contenida en Paracélsica[1] indica la correlación entre el conjunto de elementos (cuatro básicos), los planetas y su conjunción bajo el signo de su transmutación como “monstruo”, concretamente, en un dragón de cuatro cabezas. Lo que en pequeño indica la salamandra lo representa al dragón en la gran escala; recordemos que la alquimia estaba presidida por una clara conciencia de la relación entre el macro y microcosmos, de tal modo que el hermano mayor de la salamandra representa su culminación conceptual: el cosmos como sistema total de metamorfosis es un como un dragón. ¿Cómo se formó? Por un sistema de transmutaciones, de cambios donde los contrario se fusionaron de tal modo que se estableció la síntesis, el sistema de correspondencias en unión.

Heridas medicinales
Demasiado bien sabido está que la esperanza principal de la alquimia se centró en la piedra filosofal que transformara el plomo en oro, pero esa no era la única transmutación por la que se podría interesar, también lindaba la alquimia con la promoción de la medicina. Efectivamente, la curación de las dolencias del cuerpo y del espíritu también eran una de las ramales de la alquimia, así el más famoso alquimista del renacimiento, Paracelso, alcanzó su notoriedad por su intervención en el combate a las pestes que asolaban el centro de Europa. Para los intereses de la curación, que se investigaban a tientas por cualquier medio de utilización de hierbas o minerales, de aguas o fuego, de signos o sangrías, la referencia a animales virtuosos no estaba descartada; en ese contexto de búsqueda de remedios ante enfermedades atroces y hasta masivas, el poder regenerativo de la salamandra aparecía como una virtud mágica, que debería ser atrapada por algún medio. La imagen de una metamorfosis que regenerase por completo al ser vivo, haciéndose nacer en otro, al mismo tiempo que reconstituyendo sus partes perdidas era una combinación de poderes admirable que podría ser ejemplo de las más ambiciosas pretensiones de la alquimia medicinal renacentista.

La debilidad mimética: camaleones
A algunas de las variedades delas salamandras las consideramos como seres débiles, y pareciera que el diseño de la naturaleza, lo que ahora llamamos su nicho ecológico, las adaptó para sobrevivir con su debilidad. Siendo animalitos poco agresivos y sin muchos medios de defensa, en el caso de las variedades de camaleones surge una potencia extraña, la habilidad de mimetizarse con su ambiente, mediante el cambio de los colores de su cuerpo. Aparentemente, esta metamorfosis no era tan conocida en Europa medieval, como después sería popularizada; pero conceptualmente completa el cuadro de los poderes de transformación.
En un sentido físico podría ser una potencia poco llamativa, comparada con las anteriores, pero debemos recordar un contenido sicológico de la mimesis. Una cualidad humana esencial para la formación de su sociabilidad es la capacidad de identificación mimético con los otros y hasta con los seres naturales. El mimetismo de hijos con padres parece poco llamativo, pero si recordamos que casi la totalidad de los pueblos han mostrado que se identifican con los animales, que los llaman sus hermanos o padres, que sienten que son parientes y que los cuidan, llegamos a un conclusión que la facultad mimética del ser humana es de rango ontológico. No se trata de una mascarada y engaño sobre lo que estoy pensando, me refiero a una cualidad para efectivamente quedar ligado al animal otro y ponerse en su piel, asimilar sus características y apropiarse esa posición en el mundo. Entre los aztecas se hablaba de que los brujos tenían su nagual, un animal especial que les permitía transfigurarse nocturnamente y mediante el cual hacían correrías nocturnas; pero el brujo manejaba intencionadamente lo que era una atribución general de mimesis con los animales circundantes.
Como en el caso del camaleón la facultad mimética debió de provenir de una debilidad original de la especie humana, que se escondió en la piel de seres más poderosos (aunque también más débiles) para extender su ámbito y desde ahí vivir el mundo. En la dialéctica natural la debilidad se convirtió en fuerza y sigue siendo fuerza cuando se presenta como evidente capacidad para logra una identificación entre humanos y establecer acuerdos de intereses no antagónicos (porque el que se mimetiza deja de guerrear con el otro).

Las metamorfosis íntimas
Los mayores cambios del ser humano pueden ocurrir en la conciencia, pero en el campo de emociones de la conciencia el dínamo de las transformaciones lo podemos encontrar en la sexualidad. El dicho de que el amor todo lo cambia es certero.
Un extraño pasaje de la sexología clínica lo ofrece W. Reich cuando considera que existe una transfiguración síquica del carácter humano hacia la figura de ciertos animales cuando se bloquea la energía sexual orgásmica. Según sus observaciones clínicas la represión de la descarga orgásmica podía estancarse en una transformación momentánea del orgasmo en una figura animal, por medio dela cual existía una profunda alianza sicológica entre el humano y cierto animal durante la descarga sexual. La asociación entre algo tan íntimo y la irrupción de la figura de un animal resultó un acontecimiento inesperado, un encuentro con una mimesis que no era esperada por el observador, y por lo mismo, me parece que es un “hecho” muy desprejuiciado que habla a favor de la unidad mimética con el reino animal. De nuevo irrumpe la metamorfosis, ahora ya no como una intención de un miembro de una tribu que desea disfrazarse de animal, sino la sique de un ser humano urbano y civilizado que se convierte sin saberlo en la mimesis de un animal. Cuando pensamos la mimesis en términos de primitivos salvajes sonreímos porque estamos a salvo, pero cuando la identidad con el animal irrumpe en la alcoba de las personas modernas puede sacudirnos un temblor de desconfianza y preferiríamos suponer que el autor está exagerando. No se piense que la irrupción de una figura animal en la sique sexual siempre ocurre, el evento está restringido a ciertos casos, pero no por ello deja de ser significativo.
Regresando al terreno amoroso, la metamorfosis emocional dependiente de eventos casuales, también está profundamente arraigada y es el material más rico para las tramas literarias. Invariablemente el amor es el ingrediente alquímico para la felicidad que ha de convertir al malo en buen corderito; inversamente, los eventos del desamor habrán de convertir al celosos, como Otelo, en un toro sanguinario que asesina intempestivamente a su amada, al hacer caso de un falso rumor. Así, especialmente el desamor es una pasión que convierte rebaja la humanidad súbitamente y da pié a formas de emoción animal, que no permiten la entrada de razonamientos al corazón.

Sentido de la tierra, caída y serpientes
Debido a su desaparición temporal, la luna se considera la residencia de los muertos; además de una desaparición astral se creyó que su morada estaba en el interior de la tierra y siguiendo la tendencia irresistible dela gravedad se supuso que la caída era la muerte. Las salamandras son una variación del universo simbólico de las serpientes, y comparten sus principales propiedades. Las serpientes representan un símbolo muy importante de la tierra, sobre todo en su interior por lo que podían ser el vehículo de la caída, así como puente con los muertos y su sabiduría. La medicina toma a la serpiente como referencia por el doble camino que se puede acepta, desde la vida hacia la muerte, pero también de regreso y por ello la medicina es regenteada por los ofidios. Adicionalmente, a relación aceptada popularmente entre la serpiente y la sexualidad, implicaba que se le integrara en los ritos de fertilidad. Y encontramos una paradoja de contrarios, pues los animales fríos, de sangre fría, próximos al agua y la oscuridad, son también agentes del calor, promotores del fuego pasional, del incendio (de lo relativo al Averno como lugar de fuego). En muchas culturas se asocia a las serpientes con la fertilidad de las mujeres, y se les puede representar unidas de diferentes formas, como mujeres con cobras en la India. Por un lado, al mujer es lo más próximo a la tierra misma, el cuerpo de la fertilidad, el origen humano directo por lo que cualquier evocación terrenal está asociada a la mujer.
Bajo la óptica de la historia de los símbolos religiosos se pueden encontrar grandes cadenas de significaciones lógicamente ligadas, por su poder representativo, que une tanto las grandes relaciones naturales descubiertas por los pueblos (entre los planetas) y las relaciones psíquicas que conforman ciertas dinámicas bien definidas (como masculino-femenino). En ese sentido, Mircea Eliade establece una larga cadena de significados, reiteradamente mostrados en cada pueblo, por la cadena “luna-lluvia-fertilidad-mujer-serpiente-muerte-regeneración periódica”[2]. En esta cadena de relaciones básicas de los significados culturales de los pueblos antiguos, podemos insertar a las salamandras, cocodrilos y dragones junto con las serpientes en el mismo nicho de significados. Es una especie de doble animal mágico del humano que lo relaciona tanto con la tierra y su atracción (la caída) como con el agua y su fertilidad (la vida), su lado negativo se interpreta como muerte, caída y pecado, pero su lado positivo aparece como fertilidad, renacimiento y sabiduría. En efecto, el saber no pertenece exclusivamente a la luz supra terrena, sino también al sentido de la tierra, al descubrimiento de lo que está adentro, lo que está abajo (de la apariencia) a los ríos profundos (quizá hasta subterráneos). Al indicar estas líneas, recuerdo que el saber arquetípicamente femenino también es “intuitivo”, perteneciente a profundidades desconocidas y la función de médium, quien adivina el más allá, preferentemente, es una mujer.

NOTAS:
[1]C.G. JUNG, Paracélsica, Ed. Sur, p. 65.
[2]ELIADE, Mircea, Tratado de historia de las religiones, Ed. Era, p. 164.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustaria saber si el simbolismo de la salamandra tiene un origen preciso, atribuible a alguna cultura en particular, como una primera vision alquimica de ese simbolo.
Arthur el alquimista