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viernes, 28 de noviembre de 2008

LA FILOSOFIA DE LA UTILIDAD DESDE HEGEL



Por Carlos Valdés Martín

La utilidad como tal

La utilidad parece un tema más propio de la práctica y de la economía que de la filosofía, pero existen interesantes consideraciones filosóficas del tema, para lo cual me basaré principalmente en Hegel. La utilidad es el valor de un bien por cuanto tiene utilidad (material-humana), las cosas se comercian y compran por cuanto todos estamos convencidos de su utilidad. La utilidad pareciera ser la cosa más sencilla y clara de nuestras acciones materiales. Buscamos lo útil para satisfacernos y rechazamos lo inútil. Cuando las cosas son claramente útiles, es que estamos convencidos de su calidad, así que en lo útil pareciera que las conciencias se ponen de acuerdo. Y además de utilizar a las cosas, también se usa a otros humanos.
En cierto sentido, tomar el lado útil del mundo es disponerse al placer y al deleite, eso conduce a tratar al medioambiente como un agradable jardín plantado para nosotros. En la utilidad, la relación de la conciencia que encuentra al mundo como útil ya existe un concepto de Edén. No tenemos que ir a un más allá celestial, en este más acá terrenal está prefigurada la visión del Edén, que no requiere ser implantada por una religión o bajar mediante una revelación. Si cada parte de lo que existe es para placer y deleite entonces la conciencia puede comportarse ante su entorno dentro de un jardín delicioso. En cierto sentido, Marx es tributario de esta visión (momento de la conciencia) por cuanto su visión de una sociedad socialista, proyecta la visión de un mundo donde el valor de uso está liberado de la ley del valor capitalista, y por tanto el bien natural reconstituye libremente la sociabilidad, y así la totalidad de la vida humana opera para su placer y deleite.

La utilidad tiene su frontera interna, la teoría subjetiva del valor y su medida 

¿Cuál es la frontera de la utilidad? Su bien y mal específicos son el exceso de deleite que la daña, o más bien que la conciencia singular se puede exceder, ya sea en su mismo afán de placer, y destruirse en un exceso, por ejemplo, la utilidad del mejor vino se destruye en la borrachera. Pero esto es el límite final de la utilidad, sin embargo, también pudiera ofrecer una gradación, de hecho la “teoría subjetiva del valor en la Economía” se montó sobre el concepto de utilidad y una tentativa de su medida cuantitativa interna. La teoría subjetiva del valor plantea que la utilidad es una medida interna y subjetiva, pero que se hace externa. Un ejemplo memorable de esta teoría econométrica es el plato de sopa, diciendo que la utilidad de la sopa es máxima en la primera cucharada y disminuye conforme se ingieren sucesivas cucharadas, y la cucharada final, la cucharada de la saciedad de la sopa constituiría la llegada a cero, es decir, la satisfacción desaparece a la utilidad. De manera más extrema Hegel indica que el aferramiento al goce destruye al individuo.
Para encontrar con Hegel la medida de la utilidad volteamos a la razón. Así, la razón será el útil de la utilidad que determinará la medida exacta de los goces. El goce es en particular este o aquél, pero se tiene que revelar la permanencia en el goce moviéndose de uno a otro. “El goce de la esencia (...) debe ser él mismo (...) universal; la medida tiene, por tanto, la determinación de impedir que sea interrumpido en su multiplicidad y duración”[1]. Esta medida nos aparece como bastante paradójica, porque no se queda en ningún objeto particular de la utilidad, sino que se mueve hacia el despliegue de todos los objetos utilizados y en este caso la determinación de la medida es lo no medido. Nos encontramos en un terreno muy paradójico, pues al contrario de la teoría subjetiva del valor, no importa tanto la valoración de la utilidad de este objeto o aquél, sino el pasaje continuo de uno a otro, que muestra un más allá de universalidad. Pasar de un objeto a otro, nos remitirá de nuevo al sujeto, donde radica la universalidad del goce.
Así, que para que el goce de la utilidad sea afirmado, ha de irse de un goce a otro, continuando con la delectación, así el mundo completo es objeto del deleite, todo el mundo es un jardín. Y este jardín del Edén es el emblema de la universalidad.

El ser humano es un útil entre los útiles

El ser humano aunque sea el centro de sí, también se puede manifestar como periferia. Esta actitud de goce (que no se limita al placer, sino a toda manifestación) se extiende al ser humano. Como al hombre todo le es útil, lo es también él. Es la figura de la cooperación perfecta y se utiliza en un dicho popular: “una mano lava a la otra” Esto es una cooperación, que de suyo ya presenta cierta perfección, pues en la misma medida, que cuida de sí, exactamente en la misma medida tiene que consagrarse también a otros. Esta relación es circular y recíproca: “utiliza a los otros y es utilizado”. Aquí observamos que la utilidad crea una dependencia recíproca y cooperación positivas entre los seres humanos. El goce de los bienes y el goce de los humanos entre sí, es un motor de fraternidad, causa de la necesidad de fraternidad humana. Pero este aspecto positivo podría también traer un corolario negativo.
Recordemos la servidumbre y la opresión humanas, porque colocar al ser humano entre los útiles trae una compleja problemática, la posibilidad y la práctica del rebajamiento del ser humano. En el caso citado, el ser humano en condición de servidumbre está rebajado, apareciendo como el útil instrumento. De hecho el tema ha dado pié a muy interesante críticas de la vida humana en diferentes aspectos, como puede ser dentro del existencialismo, como crítica a los práctico utilitario y lo práctico inerte, dentro del marxismo como crítica a la enajenación y explotación.

El nivel puro de la utilidad como religión

 Para Hegel las cosas son útiles de diversos modos (digamos particulares) pero todas poseen la mutua utilidad gracias a su esencia consistente en ser referidas al absoluto. Pero la relación con la esencia absoluta es la religión, y así la religión se aparece como la utilidad suprema. Para Hegel la religión es “la utilidad pura misma”, por cuanto es el subsistir de las cosas en y para sí, y su caer de las cosas en ser para otros. Este viaje del pensamiento hegeliano es tan amplio, que pareciera escapársenos por completo. La utilidad nos había llevado hacia la tierra, al mundo de los fines, pareciera que estamos completamente en tierra firme, y si aparecía un concepto de Edén, es porque traemos el lado placentero hacia la tierra, ese Edén es el paraíso terrestre anhelado, que no el celeste. Pero ahora sí vamos hacia el principio más elevado. Estamos observando un principio universal bajo la cáscara de la utilidad, de hecho la utilidad tiene su lado chocante, el ser para otro de la utilidad también puede ser la negación de la subjetividad.
Ya un autor como Bentham ha afirmado a la utilidad misma como una especie de religión, la religión se ofrece como útil supremo (la solución de soluciones para la conciencia, el don de la vida eterna, la salvación del espíritu), y el sentido puro de la utilidad dibuja la relación de la conciencia ilustrada con el ser supremo, pero como forma vacía. En su sentido más abstracto el ser supremo es un vacío y a ese concepto de divinidad llega la ilustración, al desterrar la superstición y la milagrería de la tierra. Entonces la religión para la ilustración solamente puede ser la relación entre el individuo inmediatamente bueno y el ser supremo (vacío sin atributos). Esa precisa relación la describe Hegel como la utilidad pura, el reflejarse de la individualidad inmediata en un absoluto vacío (la divinidad sin atributos definidos). Dicho de otro modo, la utilidad pura es el deísmo.
Pero colocando lado a lado, religión y utilidad se emite una protesta. Hegel hace explícita la protesta de la religión contra la ilustración que la ha declarado un útil. Si bien la religión expresa exhaustivamente el concepto de la utilidad, pero la religión debe protestar porque se considera ella misma como un más allá, y a la utilidad un más acá. Incluso el concepto de la utilidad para la fe es sencillamente detestable, y para la fe institucionalizada en la iglesia católica ese concepto ilustrado de religión abstracta es lo mismo detestable.

La utilidad y el regreso a lo inmediato

 En la historia universal, la importancia otorgada a la utilidad aparece como un fruto tardío, resultado tanto de la existencia del mundo de la cultura (la sociedad humana) como la evolución de la conciencia en una fase superior de la autoconciencia. El regreso a lo inmediato nos lo representa la fase donde la utilidad se describe como relación representada en el jardín. El jardín mismo simboliza el regreso a la naturaleza, una naturaleza que está domesticada por su adecuación a nuestra exigencia, carente de peligros o de retos. Esta situación de regreso al Edén, a la perfección originaria, nos la ofrece la relación de la utilidad, como un goce desplegado, donde cada objeto que encontremos es para mí, es cosa que me sirve a mí y me produce la delectación. Nos encontramos a la utilidad, como el regreso de la necesidad en su satisfacción. Pero ahora debe considerarse que existe un mundo cultural, por lo tanto ya los objetos encontrados no son una naturaleza inculta, sino cultivada, y ya los seres humanos le han colocado su huella espiritual.
Puede pensarse que esta inmediatez, ya está alterada por el antecedente del trabajo, que ha cultivado al mundo, por lo tanto es solamente semi-inmediatez. Pero ya sea como naturaleza intacta o cultivada (y mejor en este segundo caso, si lo vemos con más realismo) el ser humano se puede quedar ahí por siempre; pues si este jardín fuera el verdadero hogar, podría permanecer para habitar ahí por siempre. El goce de la utilidad se podría convertir en el jardín final para la conciencia gozosa, como un Adán redimido volviendo a su Edén perdido.

Lo extraordinariamente interesante es que ahí no se detiene la dialéctica de Hegel. Aunque exista una cierta perfección del goce por el goce mismo, la conciencia tiene que salir de esta maravilla. Hegel dice que la conciencia pronto tiene que salir de ese jardín. Aunque el jardín del goce de la utilidad está en todos lados, al final queda un desasosiego, y una exigencia para salir. Entonces ¿qué puede encontrarse más allá de la utilidad de las cosas y las personas?

NOTAS:
[1]Fenomenología del Espíritu, p. 331.

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