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miércoles, 8 de octubre de 2008

LA NACION REDESCUBIERTA A PESAR DEL IMPERIO: DESAVENENCIAS EN TORNO A LA INTERPRETACION DE HARDT Y NEGRI, 1A PARTE




Por Carlos Valdés Martín

La ambición implica un mérito claroscuro, y así se comportan Hardt y Negri, con ambición para redefinir la problemática nacional, sin embargo, esa ambición no significa exactitud ni teoría, lo grandote no descubre lo enorme, lo desmedido no implica lo inmenso. Al tema nacional, ellos casi lo visten como especie de “perro muerto”, merecedor de desprecio y olvido pues lo imaginan superado por un curso histórico generador del Imperio (título de su texto central, el Imperio donde definen ellos su visión esencial de un nuevo orden mundial), sin embargo, (en contradicción evidente) le dedican muchísimo espacio, dos amplios capítulos para enterrar a este “perro muerto”, además de regresar mediante numerosas intervenciones a lo largo del libro. Tanta atención para negar una realidad (la de la nación) me recuerda el caso de un niño pequeño quien deseaba agarrar un hermoso jarrón de porcelana; pero el jarrón descansaba colocado sobre una mesa alta, inalcanzable para el menor; entonces el niño se ingenió para jalar el mantelillo bajo el jarrón, pero durante la maniobra resultó que el jarrón se desequilibró y rodó estrepitosamente hasta el suelo, estrellándose sin remedio; luego, cuando los padres reprendieron al niño por su travesura, él les argumentó que el jarrón bello y completo jamás existió, pues solamente veía fragmentos rotos en el suelo. La conclusión ante tanta buena y esmerada atención de Hardt y Negri (adelante HN) sobre el tema nacional resulta evidente: el tema nacional no yace muerto ni moribundo, al contrario, revela la problemática vital de la encrucijada de la mundialización (por tanto, del Imperio, contenga lo que contenga tal término), entonces la nación en es la vía de la mundialización.
Lo esencial de la interpretación de HN sobre el tema nacional aparece dentro de la sección dedicada a la soberanía. Filón generoso y abarcador, de varias maneras este tema nacional aparece y reaparece en su discurso. Adelantándome en opinión, el tema nacional me parece vivo, y requiere de re-interpretarse considerando su contenido sustantivo (su existencia interior, no reductible a funciones, es decir: con sustancia) y nunca basta interpretar a la Nación mediante relaciones funcionales o externas, respecto de realidades diversas, como la existencia política. Veamos más en detalle cómo observan HN este tema en un sentido funcional, y a pesar de su ánimo de enterradores terminan reviviendo a este “perro muerto”.
Enfocan HN a la Nación esencialmente desde el punto de vista político: la Soberanía creada, luego ausente o presente. Identificación de la Nación con el Estado, o el Estado-Nación. En la creación del Estado europeo moderno a HN les interesa la figura de la Soberanía como una trascendencia, un más allá trascendente respecto del cuerpo social. Así, Thomas Hobbes les parece el personaje político crucial (casi fundador) con su aportación teórica de una Soberanía superior útil para controlar la guerra, en su famosa frase describiendo a la sociedad como una situación “de todos contra todos”[1]. Esta figura de Soberanía o un poder supremo, encanada en el Estado sigue presente, incluso en las ideas democráticas de Rousseau, donde el contrato social implica finalmente una enajenación de voluntades[2]. Coincide la visión de muchos teóricos de la política durante la entrada de la modernidad a Europa, donde les parece a HN, que participan todos los demás integradores del pensamiento moderno, como Adam Smith con su economía política clásica y Hegel con su filosofía dialéctica clásica. Con este panorama les parece a HN prevalece una “avalancha de pensadores” modernos contrariando una línea que ellos creen posible (pero frustrada e inexistente en los hechos) del pensamiento inmanentista (derrotado, sometido o nonato), entonces triunfa en la historia intelectual de Europa un pensamiento trascendente, el discurso sobre un poder superior respecto de la base social. En la relación entre teorías trascendentes opuestas a teorías inmanentes HN colocan uno de sus planos de interpretación, respecto del cual la existencia de la Nación quedará como fenómeno funcional, así la Nación emana secundariamente del triunfo de la teoría trascendente, mediante la aplicación de la Soberanía.
Entonces para HN la relación entre Pueblo-Nación no les parece un evento “real” (emanado del terreno del hecho) sino una cadena de construcciones “lógicas”, una especie de montaje ideológico, únicamente útil para impedir distinguir la realidad existente (al tiempo que impone situaciones como si fuera un hecho). La cuestión de fondo es: a HN no les interesa demasiado si existe o ha existido esta relación de huevo-gallina entre Pueblo-Nación, prefiriéndola condenar en bloque como un epi-fenómeno de la ideología, a la vez operando como una ideología-fuerza imponiéndose sobre la realidad. Esta pareja Pueblo-Nación (tan popular en la teoría política moderna) la podrían aceptar a condición de acontecer en el plano “revolucionario”, pero esa posibilidad les parece ya quedó suspendida “entre paréntesis” con el evento de la Revolución Francesa, al contrario, se viene armando un grillete lógico, porque les parece que la “soberanía nacional popular, no es en realidad más que otra vuelta de tuerca, una extensión adicional del sometimiento y la dominación que implicó desde el comienzo el concepto de soberanía”[3]. Ciertamente no estoy de acuerdo con este argumento donde la idea trascendente de Nación crea su realidad subordinada. Incluso el giro de la frase “no es en realidad más que otra vuelta de tuerca” revela una aplanadora de reduccionismo, pues al encontrar (cualquier) objeto a descalificar basta apabullarlo pues “no es en realidad más que” y se ha obrado la perfecta homogeneización. Con esto desaparece la especificidad y cualquier dimensión propia del fenómeno nacional, incluso ni siquiera le resta el consuelo de ofrecer una apariencia, sino que “no es en realidad más que”, y para acabar de homogeneizarlo se le envía a la homogeneización de otro círculo, a la “vuelta de tuerca” refiriéndolo a otra cosa, “el sometimiento” implicado en la “soberanía”. Primero vaciamos a la Nación, luego al Pueblo lo dejamos vacío, y los emparejamos como Nación Pueblo, luego los apareamos con Soberanía. Entonces ya tenemos una triada vacía de Nación-Pueblo-Soberano que son remitidos a la generalidad de “el sometimiento”. Establecida esta cadena por HN, ahora también les parece que son “pasos lógicos hacia atrás” de la argumentación política de la burguesía desde el periodo jacobino, cuya función radica en “solidificar el poder de la soberanía oscureciendo su base”[4] En este largo proceso, para HN las líneas causales se recorren en ambos sentidos, desde Pueblo-Nación-Soberanía con velocidad y alegría, así “Aunque se propone como la base de la nación, la concepción moderna del pueblo es en realidad producto del Estado-nación y sólo sobrevive dentro de su contexto ideológico específico”[5]. Con lo cual, a manera de crítica frontal, conviene indicar que para HN el Estado se (imaginan) convierte en productor, la superestructura (creen) convertida en estructura; ofreciendo así un esquema (la superestructura ideológica creando la estructura social) el cual repetidamente aceptan recuperando a Foucault, pero (con igual insistencia) rechazan recuperando a Marx.
Repitamos este argumento por describir la confusión esencial. Para HN el Estado aparece convertido en el Productor de la Nación. El Estado en la teoría de Marx es la superestructura, entonces HN nos dicen que produce, y por tanto la colocan como estructura. Una superestructura política creando una estructura social es un esquema opuesto a Marx y afín a Foucault. En esta visión HN estiman a la superestructura ideológica (pues incluso antes del Estado está la concepción trascendental) creando la estructura social.
Con esta doble interpretación (Foucault-Marx) de HN demuestran una incongruencia de fondo, pues resulta evidente: ambas visiones (Foucault frente a Marx) son (de principio a fin) incompatibles (absolutamente). Al menos, en el tema de la Nación HN terminan sepultando a Marx y encumbrando a Foucault, para centrarse en el terreno político-ideológico, pero asentados en ese terreno político-ideológico desaparece la sustancia[6] propia de la Nación, el fenómeno nacional queda vaciado de contenido.
Así únicamente aparece claro y congruente el concepto de Soberanía, referente a un fundamento político, por tanto exclusivamente hablan HN de Estado cuando declaran sobre la Nación. Sin embargo, conviene objetarles, reducir la Nación al Estado, enflaquece la Nación hasta convertirla en una “pálida sombra”.
La Nación (dispositivo del Estado) les parece una simple disposición negativa: máquina disciplinaria del bio-poder y un truco ideológico para mitigar la crisis de la modernidad. Ahora bien, en principio siguiendo la huella de los acontecimientos históricos, el Estado nació desde la sociedad para formarse como Soberano, y para estos autores después con el paso del tiempo la relación se invierte, para que el Estado sea el productor del proceso político. “Poco a poco, a medida que se desarrolla la administración, la relación entre la sociedad y el poder, entre la multitud y el Estado soberano se invierte, de modo tal que ahora el poder y el Estado producen a la sociedad.”[7] Para afirmar esta posición recurren directamente a Foucault, quien afirma su fundamento los “procesos disciplinarios, puestos en práctica por la administración penetran tan profundamente en la sociedad (…) da nacimiento al biopoder”[8]. Si siguiéndolos establecemos una distinción entre Nación y Estado, entonces la primera recaerá bajo este mismo concepto de bio-poder. La nacionalidad resultaría un subproducto de la práctica del Estado, una secuela de la administración, entonces dicho con ironía, para HN el pasaporte crea al compatriota. Esta afirmación, que para mí se derrumbaría por su propia crudeza, queda en consonancia armónica con el planteamiento con HN, punto de vista contra el cual difiero de principio a final. Me parece ellos operan una simple “puesta de cabeza”, la línea realista indica que la situación del compatriota (vs. el extranjero) crea el pasaporte. El compatriota aporta su humanidad, el pasaporte simplemente implica un papel con signos convencionales. Resulta evidente dónde recae el peso de esta ecuación compatriota-pasaporte. Ciertamente la densidad y el significado concreto de un “compatriota” varía en cada situación, por lo que conviene descubrir la compleja dialéctica histórica, donde se institucionaliza una relación social y política en la definición nacional de los compatriotas.
Partiendo de una versión personalísima (y muy marginal) de una “actualidad revolucionaria”, les parece a HN que la modernidad es una crisis perpetua; una crisis tremenda y explosiva, la cual se contiene momentáneamente por peculiares mecanismos político-ideológicos, tales como la construcción de una Estado Nacional Soberano. De manera un tanto críptica indican “el concepto moderno de soberanía nacional desplaza su epicentro de la mediación de conflictos y crisis a la experiencia unitaria de un sujeto-nación y su comunidad imaginada”[9]. De manera más directa, indican HN “Toda la cadena lógica de representación podría resumirse del modo siguiente: el pueblo representa a la multitud, la nación representa al pueblo y el Estado representa a la nación. Cada eslabón es un intento de mantener en suspenso la crisis de la modernidad.”[10] Para captar el sentido de estas largas cadenas de interpretación debo remarcar con énfasis: la crisis de la modernidad es el sustituto para el concepto marxista de Revolución. Debemos tomar en cuenta que la Revolución fue un término clave para el pensamiento de ruptura socialista (comunista, etc.), donde se indicó un mundo a punto de cerrar su telón, con la Revolución se anuncia un final de los tiempos milenarista, pero este punto contiene un función teórica importante, revelada por Lúkacs cuando interpreta a Lenin[11], donde muestra ampliamente que la actualidad de la Revolución encierra la función estratégica para interpretar el pensamiento teórico-revolucionario, sin actualidad de la Revolución no existiría “leninismo” o un marxismo enérgicamente revolucionario, listo para derrocar al capitalismo. Correspondientemente sin este concepto radicalizado de “crisis de la modernidad” (equivalente de “Revolución” en el marxismo radical anterior) no existiría la crítica radical del Imperio por HN, sino que se desinflaría enteramente, como una construcción superficial. El filo crítico de HN queda directamente relacionado con el advenimiento de la Multitud, categoría para resolver revolucionariamente esa (supuesta) crisis de la modernidad en curso. Por la virtud misma de esa actualidad (supuesta) permanente de la crisis de la modernidad resulta importante la “máquina lógica” de la soberanía que relaciona Estado-Nación-Pueblo-Soberanía, y ahí se centra la crítica de HN. Esto me lleva a concluir que no existe una evidencia de la “máquina lógica” uniendo Estado-Nación-Pueblo-Soberanía, donde el fundamento sea la opresión, sino una exigencia del “sistema teórico” propio de HN, sus intenciones revolucionarias los obligan a encadenar un vínculo Estado-Nación-Pueblo-Soberanía de esa precisa manera.
La Nación atrapa a la imaginación y hasta el discurso de la izquierda para convertirse en el sustituto de la comunidad (absoluta). Estiman HN que el modo de concebir la Nación atrapa la visión de la comunidad misma, en esto existe un tema sutil. Porque, viendo y entendiendo el trasfondo, HN han estudiado el sentido liberador hondo de la idea de Marx sobre la comunidad humana, entonces esta idea de comunidad (fundo conceptual de la palabra comunismo) posee un sentido liberador y polifacético, implica la posibilidad de la reconciliación final de la humanidad, la liberación de las potencialidades completas. Por lo mismo, no emplean comunidad en un sentido o término corriente. Sin embargo, se suele usar ahora la “comunidad” como simple constatación de hechos, una agrupación sin adjetivos. Ya que ellos, HN poseen una sutil concepción de “comunidad” se alarman hondamente porque la idea de Nación alcanza a apoderarse de la comunidad, indican “la nación llega a ser la única manera de imaginar ¡la comunidad!”[12] También esto lo confirman trágicamente con el movimiento bolchevique, el cual les parece “entró en el terreno de la mitología nacionalista, particularmente a través del célebre panfleto prerrevolucionario de Stalin sobre el marxismo y la cuestión nacional (…) en la traducción de Stalin, mientras en nacionalismo se hace socialista, el socialismo se vuelve ruso y a Iván el Terrible se lo entierra junto con la tumba de Lenin (…) Es una trágica ironía que el socialismo nacionalista de Europa llegara a parecerse al nacionalsocialismo.”[13] Entonces, para HN repetidamente el “velo nacional” ciega la visión sobre la comunidad. Ciertamente, el caso del bolchevismo contiene otros matices, y no significa directamente que el tema nacional devore al socialismo, sino a HN les parece un proceso donde opera la “maquinaria abstracta de la soberanía nacional”[14], para afectar al socialismo nacionalista (de filiación marxista) y al nacionalsocialismo (de filiación fascista) con un mismo sello. Como se puede recordar, la maquinaria abstracta de la soberanía nacional significa la identificación de Estado-Nación-Pueblo-Soberanía, y efectivamente, con una “cadena lógica” tan larga y ancha cabe casi cualquier cosa, en ese saco gigantesco ya meten cualquier evento, porque HN partieron de la premisa de “no es en realidad más que otra vuelta de tuerca” para reducir al vacío cada uno de los términos, para que luego una “máquina abstracta” sirva para explicar el inquietante parecido histórico entre los extremos de Stalin y Hitler. Planteado así, en el resultado, este argumento de HN, resulta insostenible, porque una “máquina abstracta” resulta poco sustento para “arrastrar” al socialismo hasta el campo del nacionalismo, creando un retorcido engendro de socialismo nacional, se requiere de una fuerza potentísima para descarrilar los grandes proceso sociales, o re-encarrilarlos. El tema es extremadamente importante para la evaluación de la cuestión nacional. La fuerza que (hipotéticamente) descarrilla el curso del socialismo desviándola sobre el carril de la Nación, más bien nos invita a evitar el error y ya no “evaporar” la sustancia de la Nación, desapareciéndola de “mundo real” y dejándola como un simple eslabón de una “máquina abstracta”.


NOTAS:

[1] HOBBES, Thomas, Leviatán.
[2] ROUSSEAU, Jean Jacques, El contrato social.
[3] Imperio, p. 104. Subrayado mío.
[4] Imperio p. 104
[5] Imperio , p. 104
[6] Cf. ECHEVERRIA, Bolívar, "El problema de la nación desde la `crítica de la economía política'", en El discurso crítico de Marx, Ed. Era, México, 1986. Manifiesta la noción de que la nación debe poseer su propia sustancia material.
[7] Imperio, p. 92
[8] Imperio, p. 93
[9] Imperio, p. 107
[10] Imperio, p. 131. Conviene repetir esta “cadena lógica de HN, indicando que “representar es sustituir”, entonces pues a la Multitud la sustituye el Pueblo, al Pueblo lo sustituye la Nación, a la Nación la sustituye el Estado y el Estado sustituye a todos, acaparando la Soberanía. Como la pretensión de HN es restablecer la Soberanía para la Multitud, entonces su interés será desaparecer cada eslabón de esta “cadena lógica”, como preparando el advenimiento de una inmanencia con solamente un elemento la Multitud que recupera su protagonismo, deviene Sujeto Soberano, aunque no les agrada el término “sujeto”.
[11] LUKÁCS, Georg, Lenin. Por tanto, Revolución actual implica un parte-aguas entre las tendencias comunistas y las demás opciones socialistas de corte reformista.
[12] Imperio, p. 108. Este comentario proviene de una ironía hacia la idea de Benedict Anderson sobre las comunidades imaginadas, en cuanto a una característica del fenómeno nacional.
[13] Imperio, p. 112
[14] Imperio, p. 112.

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