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jueves, 16 de enero de 2025

RUSIA: IMPERIALISMO VULGAR SOBRE UCRANIA

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

 

La invasión a Ucrania representa el más decadente caso de imperialismo vulgar y ensombrece el panorama mundial con la campaña más retrógrada del siglo XXI, lanzando un tipo de acción internacional que recuerda las incursiones de la Alemania nazi de Hitler, los desplazamientos de los mongoles de Gengis Khan o de los ejércitos imperiales por África. Los casos del pasado hoy quedado para el registro y desde 1947 el resultado ha sido invariable: el fracaso de las tentativas imperiales. Antes de esa fecha las tendencias políticas resultaban distintas. Durante el siglo XIX hubo una oleada de imperialismo triunfante con el reparto de las regiones de Asia y África entre potencias europeas; sin embargo, lo que en ese siglo fue una fiesta sangrienta de los imperios triunfantes, en el siguiente se volvió la desbandada de la descolonización en África, Asia y Oceanía.

Sin duda el polemista notará que no he incluido en el argumento sobre el imperialismo a los Estados Unidos. La omisión es intencionada, porque su apetito de anexión territorial terminó de una manera distinta, y con una consistencia territorial un tanto parecida a la del zarismo ruso más antiguo. En el siglo XIX, tanto Rusia como EUA anexionaron con éxito territorios vecinos y las regiones con separación territorial las pusieron bajo otra pauta. En especial, EUA la gran mayoría de los territorios lejanos que invadió los dejó voluntariamente, incluyendo al estratégico Canal de Panamá, Cuba, Filipinas, etc.

Una segunda aclaración, el “imperialismo económico” no existe y casi siempre ese rótulo refleja una propaganda para confundir la venta de refrescos con invasiones militares puras y duras. El imperialismo es toma de poblaciones y territorios por la vía militar. La venta de cacharro o las deudas de países, pueden acompañar o no al acto imperial de meter soldados y matar a los vecinos para quedarse con el país. Esta confusión entre comercio e intereses económicos ha sido la bandera de una interpretación infantil del marxismo, por ejemplo, Marx y Engels no inventaron una teoría imperialista, sino que Lenin hizo su alquimia, para fusionar la teoría económica marxista, con una mezcla sumando los actos trágicos de la Guerra mundial y las anexiones territoriales. Los pretendientes de la teoría marxistas están obligados a recordar que Marx y Engels nunca inventaron una teoría del imperialismo capitalista, eso fue un invento de Lenin[1].

La descolonización fue efecto doble: crecimiento e identidad de las antiguas colonias junto con cambio de perspectivas de los países metropolitanos. Al comenzar la segunda mitad del siglo XX, en las colonias y en las metrópolis ya la mayoría de la población estaba en contra del régimen de colonias. Este cambio de tendencia no fue automático ni parejo, lo que sí resultó un cambio de marea rápido y aplastante. Incluso, Inglaterra debió reiniciar al Imperio estricto para instaurar una Commonwealth, que significaba capitular ante la nueva tendencia, dejar que los países se separaran conservando alguna reverencia por la reina. Este cambio de tendencia no fue pacífico y atravesó por movimientos de masas, guerras civiles e invasiones fracasadas; que en escala de dos décadas remodeló el mapamundi. Las resistencias fueron enormes. Francia estrelló su incomprensión en Argelia; Estados Unidos su prepotencia en Vietnam. La caída de la URSS se puede interpretar también como parte de esas oleadas descolonizadoras en una fase tardía y bajo otros códigos, pero la mayoría de las antiguas repúblicas reparadas de Rusia, terminaron por alejarse.

Parecía que las élites políticas entendían que la anexión territorial de los imperios había dejado de resultar y que además arruinaba las economías. Comenzaba el siglo XXI y no desaparecían las invasiones, pero sí perdía sentido la pretensión de apoderarse de territorios vecinos. A todos los líderes políticos les parecía clara esa línea, que además fundamenta el derecho internacional, pero apareció Vladimir Putin. El presidente de Rusia aparece contagiado con los ensueños de los Zares, intentando extender sus fronteras según sus caprichos geopolíticos. Un mediocre ideólogo Alexander Dugin finge que las fantasías zaristas y neo-fascitas poseen un fundamento de calado estratégico. El presidente ruso Vladimir Putin está encaramado en un gobierno cada vez más despótico, bloqueando el sistema de comunicación tradicional, con libertad de prensa, para rodearse de aduladores y propagandistas.

Al comienzo de la racha de invasiones, los protagonistas de la política mundial se comportaron complacientes y hasta “comprensivos” ante las agresiones imperiales de Putin, pero la tercera invasión a Ucrania fue la salvajada que derramó el vaso de la paciencia occidental. La invasión de 2022 recibió un serio apoyo material bélico de Occidente y ese recurso militar resultó suficiente para frustrar el asalto a la capital. A los pocos meses, se derrumbó otra parte de la ofensiva rusa, abandonando la mayor parte de la zona norte y occidental del país.

Desde finales de 2022 la guerra pasó a una fase de desgaste, con un frente militar casi estancado, con mínimas ganancias territoriales. El frente de batalla ucraniano recuerda el ambienta de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, aunque bajo un sorprendente cambio tecnológico, en especial marcado por drones y ataques a distancia, que han frustrado la llamada guerra mecanizada. Los contendientes están lejos de agotarse y poseen suficientes reservas humanas para continuar la guerra sin parar durante años, aunque el ejército ruso está bajo un desgaste de bajas mucho más intenso. A la fecha la única esperanza de Rusia es que los aliados flaqueen en su apoyo a Ucrania y que Donald Trump les regale con un triunfo parcial, que les deje posesión de una parte de su vecino. Los ucranianos se van fortaleciendo con una paulatina mejora de sus recursos tecnológicos, que les permiten devolver los golpes logísticos a la profundidad del territorio ruso, incluso han logrado asaltar algún territorio dentro de Kursk.

El imperialismo de Rusia está completamente estancado, a un costo de cientos de miles de soldados y una sangría económica que está hipotecando el futuro del país, que se está hundiendo como una potencia de tercera categoría, sin capacidad de negociar ante la polaridad de EUA y China.

Hay que aclarar que algunas estadísticas optimistas confunden el armamentismo forzado de Rusia, empujada al belicismo extremo y la anexión de un territorio vecino con un crecimiento del PIB. En Rusia únicamente crece la industria militar, acompañada por construcción subsidiada y materias primas que escapan a las sanciones extranjeras. La incapacidad de avance y las sanciones internacionales han marcado un declive de la propia industria militar rusa, que ya no compite en el mercado internacional, y quedará completamente eclipsada.

Hay bajo desempleo en Rusia porque la población está militarizada con cientos de miles de movilizados, obreros captados por la industria militar y miles de muertos en el frente. Mirado en detalle la economía de Rusia está sin escapatoria y deslizándose por una cuesta hacia abajo directo hacia un precipicio. La riqueza natural del país más grande del mundo, Rusia, se está dilapidando en una guerra ruinosa y sin ventajas económicas.

Ante el descomunal costo en muertos y heridos de su propio ejército, sumado al desastre económico, crecen las dudas sobre la motivación de Rusia para permanecer en el esfuerzo bélico. El cálculo económico ha fallado entre los rusos, su país está cayendo en los diferentes indicadores y su población se está empobreciendo. Las proyecciones serán peores conforme Ucrania ya está en capacidad de atacar refinerías y almacenes de petróleo al interior de Rusia. La pretensión de volver al imperialismo territorial está destinada al fracaso, por más que la medida exacta de ese fracaso se aclarará en los próximos años. El imperialismo vulgar está cavando su tumba en Ucrania.

NOTAS:

[1] De manera intencional Lenin adaptó la interpretación teórica de Marx con una visión diferente de Hobson, para elaborar su propia tesis del imperialismo capitalista, como una etapa nueva del capitalismo maduro y decadente. Para Marx el capitalismo era una etapa de la historia; Lenin inventa una etapa de la etapa (como quien fabrica la mascota del perro) para fundar su propia política revolucionaria y golpista, en su El imperialismo fase superior del capitalismo.

sábado, 7 de diciembre de 2013

UN EXCESO DE NACIONALISMO





Por Carlos Valdés Martín

Cualquier cualidad humana contiene su extremo y cualquier tendencia su exceso. La voluntad encuentra la terquedad como su abuso, la alegría topa con la euforia enfermiza. Incluso la inocente y cristalina agua de beber con ingestión excesiva provoca la muerte, tal cual se rumora de Andy Warhol. El exceso de nacionalismo también alcanza a convertirse en un vicio colectivo y fuente de malestar.

Nuestro siglo XX se llenó de excesos y no queda atrás este XXI. A nivel de las comunidades nacionales el siglo anterior fue la explosión de los Estados soberanos, el planeta transitó desde el imperialismo típico sobre cualquier extensión de terreno hasta la Asamblea de las Naciones Unidas. Ese imperialismo fue una forma enfermiza de nacionalismo, pero exclusiva de quienes podían ejercer tal tipo de amor propio: los fuertes. Era evidente que los Estados dotados de grandes ejércitos y recursos económicos suficientes podían apoderarse de grandes extensiones, y ese “podían” lo marco en sentido de mera fuerza atroz. El lenguaje indica que ese paso desde la potencia al acto es prepotencia y marca un exceso. En el periodo previo de la historia se miró ese imperialismo casi con naturalidad y parecía hasta lógico que cualquier reino con suficientes recursos intentara apoderarse de extensiones y, sobre todo, de zonas territoriales de “ultramar”, que eran las regiones alejadas sobre las cuales pesaba un desconocimiento. Así, en el siglo XVI explorar tierras de ultramar se fue convirtiendo en sinónimo de apoderarse militarmente de ellas. Es decir, se ejercía fuerza imperial sobre las extensiones recién descubiertas.  A veces, cuando el gobernante era escrupuloso le solicitaba su bendición a la Iglesia Católica de Roma, tal como hicieron los gobernantes de Madrid y Lisboa. El Papa de Roma emitió una Bula, es decir, un acuerdo público entre su albedrío y el de los beneficiarios, entonces jamás se pensó en preguntarles a los habitantes de esos lejanos territorios si aspiraban a que los extranjeros tomaran por la fuerza el espacio donde habitaron sus antepasados durante miles de años.
Sin embargo, habrá que notar: esos viejos imperios eran escasa o nulamente nacionalistas. En efecto, después de 1492 desde Madrid se mandaba sobre un enorme imperio, pero el monarca pertenecía a la familia Habsburgo, de ascendencia austriaca y sin interés por el destino de España (entonces sin bandera ni himno). Después, la casa gobernante quedó en manos de los Borbones de cuño afrancesado. Esas dinastías establecían un híbrido entre sus raíces (exóticas y etéreas) y el suelo al que eran trasplantadas, lo cual no favorecía una integración nacional. ¿Cuántos siglos transcurrieron entre la reconquista de la península española bajo los Reyes Católicos y el primer himno nacional español? Quizá la Marcha Granadera sin letra no debe considerarse como un himno, sino como música de ceremonias oficiales y la Marcha de Riego surge justamente en contra de la monarquía, como canto de movimiento de Cortes liberales y libertadoras. Compárese esa lentitud dinástica ante el tema nacional, frente a la presteza con que las provincias americanas adoptaron un escudo e himno nacionales al quedar liberadas. 

De hecho, en el periodo de las grandes dinastías el nacionalismo era una baraja marginal y no existía un propósito nacionalista como se entendió después. Durante la colonización de América, en efecto, se privilegió al español por nacimiento y se oprimió al indígena, sin embargo, bajo un extraño “sistema de castas” que también escapa de las definiciones modernas de nación, pues no son dos naciones enfrentadas sino un abanico de grupos inferiores (súbditos en el sentido feudal) sometidos a una cúspide soberana y regulados bajo una religión única.

Algunas variedades del imperialismo dinástico presentan el vicio del nacionalismo en un sentido primitivo. La utilización de la fuerza bruta y hasta el exterminio contra poblaciones exóticas se facilitaba bajo una elevación del ego sobre el propio grupo, lo cual define una variación primitiva del nacionalismo.

Al perfeccionarse la integración nacional de los Estados, vino otra variación de ese exceso de nacionalismo que desembocó en agresiones hacia lo extranjero y exótico. Resulta demasiado conocida la xenofobia y racismo del nazismo alemán, aunque ese es un nacional-imperialismo, modalidad que pretende establecer territorios y someter a los exóticos. Esa variación fue también un retroceso hacia las pretensiones monárquicas de un Reich milenario.

Dejemos esos aspectos exteriores para preguntarnos sobre el aura de justificación que contiene el nacionalismo. Su brillo extremo ha sido el halo de salvación de la Patria (en este caso con mayúscula intencionada) ante la invasión extranjera y la opresión extrema. Nuestra frase “me envuelvo en la bandera” evoca la leyenda de la defensa de Chapultepec, aunque no encontramos una situación extrema para aplicarla. De la mano con esto, la soberanía popular-nacional justifica al sistema político entero, así la ideología nacionalista es la base del Poder en cada país.

Por último nos dirigimos hacia lo cotidiano. La pertenencia común está motivando fiestas cívicas, gestos de respeto hacia símbolos patrios y consideración hacia las tradiciones asumidas como punto de referencia de la identidad colectiva. ¿Y en un aspecto más cotidiano? Sin considerar ni eventos públicos ni ese ligarse con el pasado. ¿Qué justifica el nacionalismo? Bajo la oleada de globalización parecería que es poco pues la oleada del mercado planetaria nos hace muy permeables hacia el consumo exótico. Es más, lo extranjero posee sus halos de estatus y lujo, resultando deseable consumir marcar afamadas. Incluso si el producto se produce “hecho en México”, la marca sobrepone el carisma de lo extranjero, como sucede con tantos automóviles. Bajo esa avalancha de productos desde los cuatro puntos cardinales, entonces parecería imposible ejercer un exceso de nacionalismo, por más que sigamos la ruta de nuestras raíces. En este contexto de país oprimido[1], cualquier “exceso” resultaría menudo ante la oleada de adoración por lo extranjero que nos propone el sistema mercantil planetario, sin embargo, debemos notar que —a lo largo de la historia contra el colonialismo— los pequeños han derrotado a los grandes, como metafóricamente indica la piedra de David contra Goliat. Cuando la semilla pequeña está preñada de justicia termina fructificando. A modo de ejemplo vivo y real Nelson Mandela, después de quedar recluido durante 27 años en una rigurosa cárcel política, tuvo la persistencia para disfrutar la caída del racismo en su país y nadie le reprochará un exceso de nacionalismo.



NOTAS:


[1] El exceso dependerá del contexto, si la propia comunidad posee condiciones de opresión sobre el extranjero, ese abuso surgirá con facilidad. Mientras mayor sea la prepotencia, más sencillo resultará adoptar la posición imperial. Cf. LENIN, V.I. El derecho de las naciones a la autodeterminación.

domingo, 17 de noviembre de 2013

¿MÉXICO EN METAMORFOSIS O HACIA SU DESAPARICIÓN?





 Por Carlos Valdés Martín


Con motivo del desayuno del Foro Ave Fénix presenté una breve ponencia sobre identidad nacional aplicado a México. De esa exposición oral conservé las notas de ese día y en lo que sigue las mejoré para su lectura. El título completo es “La identidad nacional a través de sus símbolos… ¿México en metamorfosis o hacia su desaparición?”

1. Es tiempo de saber la verdad sobre el tema nacional. Por fortuna, este es un tema familiar y todos ponen su parte en las piezas del rompecabezas. En mi opinión, la cuestión nacional ha quedado de lado en el espacio académico convencional y los motivos son el objeto de estudio, pues el tema “Nación” abarca varios campos: economía, política, historia, filosofía… En especial, parecería que los historiadores han abordado el tema, pero lo hacen como evento pasado y por tanto no resuelven sino una mitad del rompecabezas, ya que lo interesante de cada nación es que está viva y posee proyección hacia el futuro.
La verdad es un término sólido y brillante, aunque polémico, las modas posmodernas prefieren colocarle una etiqueta de debilidad, indicando que es “verdad relativa”. Sin embargo, lo importante de la verdad es que lo sea y como tal nos traiga la conformidad de nuestra razón con un objeto, de tal modo que el concepto que tenemos de la “cosa misma” sea certero.
Un artista plástico tuvo la brillante idea de poner la verdad a la cabeza de la nación. La operación fue alabada, pero luego disimulada. ¿Adivinan qué sucedió? En la Columna de la Independencia está la diosa griega Niké del triunfo con la guirnalda en la mano, pero nuestro pueblo católico asumió que era un ángel ligado a la Independencia.

2. La nación nos es muy familiar, entonces preguntamos ¿Por qué no se sabe de ella su verdad de un modo bastante espontáneo? Por lo mismo que del aire respirado no se conoció su composición y propiedades desde el amanecer de la humanidad. Debemos de tomar distancia respecto de lo familiar, para que nos lo sea menos y comprender sus rasgos evidentes mirándolos como extraños, y —viceversa— viendo sus rasgos extraños bajo una repetición. Lo familiar, no por serlo resulta lo mejor conocido, al contrario cuando nos acostumbramos a una presencia casi dejamos de notarla.

2.1 Hemos perdido sensibilidad ante nuestro ambiente nacional. Ejercicio para recuperar la sensibilidad ante nuestro “ambiente nacional”, imaginemos ese espectáculo ahora casi perdido de los hermosos lagos rodeados de volcanes y montañas, tierras fértiles y clima templado en lo que se llamó la región más transparente en la recreación poética de Alfonso Reyes[1] y repetida en la prosa de Carlos Fuentes[2]. Con la megalópolis eso se convirtió en una ironía. Sin embargo, gran parte de esa belleza sobrevive en las visiones de los volcanes tocadas por luces de mañana o tarde, por los arcoíris en los días de lluvia. Incluso la vista del tapete de luces nocturno visto en un avión acercándose al Valle de México, que es una visión con ventaja a la “ciudad luz”. 
2.2 Nuestro ambiente está pletórico de maravillas y suelen ser los extranjeros quienes nos vienen a recordar esas maravillas, que las miramos con ojos de trivialidad. ¿Quiénes popularizan a los chamanes de México? Gordon Wasson visitando a María Sabina, y Carlos Castaneda inventando a Don Juan. Poner más ejemplos de extranjeros mostrando las maravillas de nuestra tierra. Lo mismo sucedió en siglos pasados, cuando siendo todavía colonia la visión de Humboldt sobre nuestra riqueza y pujanza, conmovió a la entonces llamada Nueva España. Las atrocidades del periodo de Porfirio Díaz tomaron un mayor realce cuando las relató John Kenneth Turner en México Bárbaro. Las hazañas de Pancho Villa se dieron a mayor fama bajo la pluma de John Reed el periodista norteamericano. Todavía hoy le prestamos especial atención a lo que se dice de nuestro país en la prensa extranjera, como si nos entregaran una verdad especial. 
2.3 Parecemos beduinos del desierto que todo lo vemos cubierto de arena. La repetición nos vuelve insensibles: por eso ahora estamos colocados entre dos insensibilidades. La repetición del aroma nacional nos insensibiliza como oler siempre lo mismo, lo llaman el “efecto de la rana cocida”.
Como muestra el ejemplo de la rana cocida, la insensibilidad alcanza niveles peligrosos. Y también la repetición de la invasión masiva de influencias extranjeras en la economía y la cultura (mucho es más en la incultura) nos insensibiliza ante ese fenómeno.

3. Previo. La identidad es un asunto de conciencia… algunos pueblos se han identificado fácilmente con su entorno natural y con ese sello han crecido. El entorno natural se convierte en un símbolo de su destino y carácter. Así, lo pueblos del desierto se han identificado con el reto y la aventura, su problema para sobrevivir y capacidad de desplazamiento ha sellado su destino peculiar como se muestra en árabes, judíos y mongoles. Ese juego entre un pueblo y su entorno da tintes interesantes. ¿Han notado una afinidad entre los suizos y Alpes?  La solidez de las montañas, la claridad de las nieves, la previsión ante la adversidad. ¿Notan la afinidad entre los brasileños y el Amazonas? Tropical, desbordante y generoso. La situación de los grandes lagos en las alturas es un fenómeno excepcional, que marcó la trayectoria náhuatl. La toponimia de las aguas nos sigue acompañando… Anáhuac significa al lado de las aguas.
Se narró con brevedad la leyenda de Narciso y Eco, pues ahí se muestran los extremos de la conciencia y sirven como partida para comprender la gran conciencia colectiva implicada en la nación. En ese relato, se muestra cómo el reflejo del agua sirve para la conciencia.

3.1 El sentido etimológico de México, ahora se asume como “en el ombligo de la luna”. Se va a explicar esa leyenda y mostrar que tiene sentido. El ciclo del nacimiento de Huitzilopoztli es la explicación de esa leyenda, palabra que no se usa en sentido despectivo sino como en su origen “legenda”[3] que es lo leído.

3.2 La nación se refiere a un objeto-colectivo, es decir, a un grupo humano de características muy importantes que afectan al individuo. En ese sentido, existe una correspondencia compleja entre cualquier individuo y una o varias naciones; viceversa, existe un efecto complejo de la nación sobre multitud de individuos. Este tipo de objetos grupales no son tan sencillos de estudiar y su conocimiento está en el campo de la ciencias sociales. Por su naturaleza la nación no ha entrado por completo en alguna de las ciencias sociales académicas como la economía, la política, la sociología, la historia, etc., al mismo tiempo que entra en la consideración de todas ellas. Esta falta de estudio suficiente por la academia es comprensible pues la complejidad del tema y su intersección de materias exige complementar los enfoques.

4. Adelantando la definición de nación, el término se refiere a un grupo humano grande en el cual los miembros aceptan que pertenecen a él, conteniendo algún tipo de identidad y compartiendo algunos de estos elementos como: origen étnico común, tradiciones comunes, idioma común, economía común, cultura en común, sistema político en común y una voluntad de mantenerse unidos. Lo peculiar es que casi nunca existen todos los elementos juntos en las formaciones de nacionales. Eso plantea una irregularidad en la formación de las naciones y una discusión interesante sobre cuáles son los elementos más importantes y su dinámica.

5. La nación es un tema de emociones. Recibe amores y aborrecimientos; es una especie de pantalla colectiva donde se proyecta lo mejor y peor de las colectividades. Debido a esa gran fuerza emocional del tema es que brota el orgullo nacional.

En nuestro país el sentimiento nacionalista ha mantenido un tinte positivo y ha sido la fuerza que ha movido a la gente, en los momentos de debilidad como cuando sucedió la invasión francesa. Todos los grandes movimientos en México han adquirido ese matiz de emoción patriótica: la Independencia (forjadora de la nación, aunque comenzó con cautela); la Reforma combatiendo a la intervención francesa y al imperio; y la Revolución con su redescubrimiento de nuestro país.

6. Al menos en tres ocasiones nuestro estado-nación ha sufrido cirugía mayor o hasta amenaza de desaparecer en el siglo XIX. En un corto periodo ocurrieron la invasión norteamericana de 1847; la amenaza separatista de Yucatán de 1846 y la rebelión maya iniciada también en 1847 (para mí finalizada en 1934 con el reparto agrario de Lázaro Cárdenas); y la invasión francesa (comienza en 1862 y finaliza en 1867).  Cuando el sistema Estatal fue colonial durante tres siglos y, en sentido estricto, la nación mexicana estaba “suspendida” aunque cabría una discusión sobre ¿qué tipo de comunidad existió en ese periodo?
Afirmación: una nación vigorosa se muestra por que sobrevive ante la adversidad. Los judíos sobrevivieron al éxodo, diáspora y al campo de exterminio nazi. ¿Quién duda hoy que los judíos representan una nación fuerte? La nuestra sobrevivió a la enorme amputación territorial y, por eso mismo, renace más allá del Río Bravo.
Quizá buscamos una nueva prueba suprema, otra travesía por el desierto desde Aztlán. ¿Requerimos perder nuestra nación para que renazca el patriotismo? Coloquialmente eso es llama ser “hijos de la mala vida” y luego buscar la redención. 
6.1 Después del trance de las guerras con pérdida territorial del siglo XIX y la cruel Revolución Mexicana, el sentido del nacionalismo mexicano se recuperó con una fuerza antes desconocida. De pronto se agruparon circunstancias y se definió un fuerte perfil para nuestra nación, al que yo denomino el perfil clásico. Esa imaginación de charros, adelitas, sombrerudos revolucionarios y campesinos indígenas con calzón de manta es tan robusta que nuestra modernización llega a percibirse erróneamente como una traición.
Resulta curioso que luego de un debilitamiento evidente surgió un fortalecimiento que todavía nos parece ejemplar. Es una oscilación que no es rara: los países que han liderado al mundo también son presas de subidas y bajadas. Los EUA tuvieron su cruel Guerra Civil que los mantuvo divididos y sangrados durante el siglo XIX; resurgieron para colocarse como la superpotencia. Francia transitó sus momentos de debilidad y agonía: perdedora ante Prusia y luego ocupada por Alemania en la Segunda Gran Guerra.

7. Cuando los gobiernos buscan manipular a las masas utilizan el tema nacional, aunque por excepción ese utilitarismo resulta benéfico, como en la resistencia ante la opresión extranjera. El imperialismo se define como conquista y apoderamiento de pueblos ajenos, se abandera en un nacionalismo de una potencia agresiva. Al mismo tiempo, un discurso imperial pretende desbaratar el nacionalismo de los pueblos oprimidos, incluso ha negado la humanidad de los indígenas rojos, amarillos y negros para no otorgarles ningún derecho. Y eso ha ocurrido hasta hace poco tiempo: en la mitad de siglo XX todavía gran parte del globo eran colonias descaradas. Hoy el discurso imperialista se viste de globalismo: basta conquistar la economía y silenciar el orgullo de los pueblos subordinados para someterlos a dictados imperiales. Pregunto: ¿Qué sería hoy de un espía mexicano que tuviera la osadía de merodear a los líderes de EUA y Europa como lo han hecho los norteamericanos? Calentaría el cemento tras las rejas de alguna prisión de máxima seguridad.

8. En el siglo XIX la conquista imperial operaba territorial-militar, en el XXI es principalmente económica. La venta de la cervecería FEMSA (marcas corona, etc.) tiene un equivalente monetario a un país pequeño como El Salvador. Por un simple intercambio de acciones una fracción del país queda en manos extranjeras sin disparar ningún disparo. El tema podría ser tolerable si existiera una equivalencia, un intercambio internacional de fragmentos económicos. Que los Slim o los Zambrano posean fragmentos de la economía de muchos países ¿nos da una satisfacción nacional? Quizá compensen flujos de capitales y balanzas comerciales, pero jamás restituyen al país como tal.

9. Las mejores definiciones de verdad que aplican a la nación son: idea clara y distinta que por su evidencia es aceptada por la razón. La idea o concepto corresponde al objeto y convence a la razón con su evidencia. Cuando respiramos y nos movemos en una atmósfera nacional su existencia es evidente, pero su claridad y distinción no emerge tan sencilla. La misma presencia constante de la nación nos anestesia y por eso debemos recuperar la sensibilidad sobre el tema… Una vez recuperada la sensibilidad separamos las partes no relevantes y enfocamos su parte clara e indisoluble: el grupo humano que se reproduce.

10. La reproducción humana es diferente a la de especies biológicas y posee sellos característicos. De ahí la falla enorme de las “teorías” racistas sobre la nación y de las tentativas de eugenesia. Las visiones racistas de suyo son argumentaciones falaces que no crean teoría en sentido estricto, sino divulgan ideologías imperiales. La reproducción humana requiere de conciencia: unidad de pensamiento, lenguaje y cultura. La reproducción humana requiere de emoción: la voluntad para mantener lazos, comunicación en el lenguaje y una cultura vital arraigada en tradiciones. La reproducción humana requiere de materia: una economía de sustento, un espacio-territorio de vida y un poder para garantizar la continuidad material de la comunidad.
El origen étnico común no garantiza la presencia de todos los elementos de la reproducción humana. Cuando el mismo origen étnico sucede en contextos adversos, entonces faltarían casi todos los elementos de conciencia, emoción y materia para no conformar una nación. De facto, la humanidad entera posee un origen étnico común pero está dividida firmemente en grupos nacionales dispersos, los cuales son las agrupaciones de la reproducción humana.

11. El límite de una nación es la voluntad grupal activa: mientras un grupo manifieste y actúe para agruparse como nación sí existirá. Lo contrario: la decisión activa y colectiva de disociarse es suficiente para acabar con una nación. Pero esas decisiones voluntarias convertidas en acción provienen de los estratos profundos: emociones y materias. ¿Están materialmente unidos? ¿Están mentalmente unidos? Como bien señala Anderson la unidad mental proviene de procesos reales: periódicos, revistas, colegios, grupos educativos, lenguajes, gramáticas, diccionarios, acción del Estado… La manifestación límite de una nación surge claramente en las guerras de liberación nacional, donde arriesgar la vida y arrastrar las penurias consecuentes demuestra la contradicción al extremo: morir los individuos para que viva la colectividad. Las guerras imperiales, para imponer un poder ajeno al vecino, es la declaración relativista al extremo: una nación contigua no existe para el vecino bélico, sino que representa el potencial de su desaparición.

12. El viaje desde Aztlán con su travesía por el desierto hasta alcanzar una tierra prometida evoca los límites superados y el triunfo. Cualquier situación humana encuentra límites y el tránsito sobre ellos marca el rumbo de la reproducción posible. El cruzar desiertos tras la frontera… eso es repetir un arquetipo de sobrevivencia y triunfo.

13. Existe el tema de las naciones viables e inviables, incluso, algunas hasta desaparecidas… En el siglo XIX se discutió el tema de las naciones viables, preocupándose por descubrir el tamaño mínimo que requería una nación para convertirse en viable. Además del tamaño importan otros factores, quizá algunos imperios enormes tenían pies de barro y naciones pequeñas se han mantenido unidas en el trayecto de milenios.

14. El tema de la "X" de México como encrucijada. La palabra para designar al país recién independizado fue discutida y ganó la posición de Servando Teresa de Mier, pero esa opinión también nos trae una metáfora. La figura de la “X” nos provoca la imagen plástica del cruce de fuerzas contrarias, con lo mismo que se arma la palabra “encrucijada”. Esas fuerzas contrarias generan conflictos, pero también indican la posibilidad de elección, pues cuando fuerzas contrarias se equilibran en su antagonismo entonces una decisión debe cambiar el cuadro. Estar ante la “X” representa la oportunidad de decidir. Si esta exposición empezó con una pregunta se debe a que nuestro contexto representa una encrucijada: ¿una metamorfosis viable o desaparecer? ¿ascender al nivel superior o caer en agonía?... Mantenerse en agonía es insufrible y la desaparición inaceptable; queda un único camino para la nación aguijoneada por la adversidad, levantar la cabeza y nunca  cejar hasta redimirse.



 NOTAS



[1] REYES, Alfonso, Visión de Anáhuac.
[2] FUENTES, Carlos, La región más transparente.
[3] FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas.