Por Carlos Valdés Martín
¿Religión en el marxismo cuando te dijeron que su fundador fue el más ateo de los materialistas? ¿Estructura religiosa dentro de un pensamiento que presume de ser el más radicalmente materialista en lo filosófico y por entero científico en su investigación? Espera a leer hasta el final. Después de Marx y Engels, cuando sus herederos intentaron popularizar, entonces recurrieron a una semiótica concorde al fenómeno religioso, pero no tuvieron que esforzarse mucho porque, lo que pocos conocen, es que Marx también fue discípulo y admirador de Feuerbach.
Resulta que Ludwig Feuerbach fue admirado por Marx y Engels en su primer periodo, pero ese maestro los despreció y no llegaron a un acuerdo para colaborar. Pocos saben que Feuerbach era, a su vez, otro de los admiradores de Hegel, que se especializó en la aplicación social de la religión. Hizo un estudio interesante donde establece la conexión entre una visión que ahora llamaríamos sociológica y la fenomenología religiosa. Esta visión la muestra Feuerbach en su libro La esencia del cristianismo.
Aquí comienza lo más interesante. Marx utilizando al Feuerbach de La Esencia del Cristianismo y a otros “hegelianos de izquierda”, anduvo rondando en su cabeza acerca de esa relación entre filosofía, política y religión. En apariencia, Marx estaba en contra y se burlaba de las tendencias religiosas cuando escribió La sagrada familia, pero sucedía una relación más compleja. Mientras criticaba y se burlaba, el joven Marx también asimilaba y elaboraba una nueva versión de lo mismo.
Para no dar muchas vueltas y resolviendo acertijos, voy a dar un adelanto donde queda claro que la estructura ideológica que presenta Marx está montada sobre arquetipos religiosos convertidos en ideología. Y no todo lo toma de Feuerbach, buscando más a fondo, mucho del concepto proviene de Hegel, pero ninguno de los anteriores pretendía levantar un movimiento político radical en una especie de neo-religión materialista.
Resulta muy sencillo evidenciar que la estructura de la ideología comunista copia íntegramente la estructura de la religión y hasta su fenomenología secundaria, tal como mostraré en esta puntualización de equivalencias. La equivalencia entre el marxismo y la religión, en especial, el cristianismo, es como sigue:
Dios es la Materia, siendo eterna y todopoderosa[1], según estableció la Filosofía de la naturaleza de Engels. Aunque un Dios que sea la Materia, en realidad, es un sinsentido, pues un Cosmos sin Espíritu es una roca fría en mitad de la nada.
Espíritu Santo (lo que mueve) es la Dialéctica (lo que manifiesta y cambia por caminos misteriosos), aunque la Dialéctica que es un potente instrumento filosófico, es convertida (alterada) para volverse un carnaval sangriento de política, con el cual justificar la opresión más brutal contra el proletariado (su Jesucristo redentor en la ideología) hasta cometer crímenes masivos contra los leales comunistas.
Cristo es el Proletariado (sufrido redentor de la humanidad), pues para la construcción ideológica en esta clase se concentra el sufrimiento junto con el potencial redentor, entonces quien habla en su nombre adquiere “licencia para matar”. Esta mezcla de sufrimiento y redención (que se espera será positiva) es clave, siendo eje del cristianismo clásico y remasterizada por el comunismo ideológico[2].
Católico (el nivel universal, según la etimología) es el Estado, como sistema de poder y zona de perdón. La ideología comunista tiende al perdón mientras se opere dentro del Estado, con el Estado, por el Estado y para el Estado. La ideología y práctica del marxismo se deslizan hacia un culto universal al Estado autoritario, en contradicción con la hipótesis comunista de sociedad sin Estado y a críticas particulares en textos. La práctica del comunismo radical consiste en fortalecer sistemáticamente el poder del Estado, hasta alcanzar un nivel de totalistarismo.
Paraíso es el Comunismo, pero al reino celestial marxista no ha entrado ahí ningún ser vivo y nadie sabe si algún día entrarán los muertos; funciona como el horizonte que, conforme te acercas, se va alejando. A medio camino, entre paraíso (celestial) y tierra prometida (un espacio real que ocupar) el ideal de una sociedad comunista es una promesa de felicidad futura, mediante la cual el presente de horrores (la revolución sangrienta, la purga criminal, la traición al camarada) se justifica como “intención angelical”.
Iglesia es el Partido Comunista, lo cual ya es muy obvio, lo cual le da derecho a apoderarse de todos los diezmos, transformados en todos los impuestos del Estado. Esta iglesia comunista exige sumisión, pago en efectivo de sacrificios presentes (arriesgarla vida y gastar el tiempo por la causa) y un derecho a saquear a todo capital (obtener todas las riquezas sociales).
Pecado es el capitalismo, cuando toda riqueza es sospechosa de provenir de un mal, de tal manera que hay un vicio ético, pues proviene de un egoísmo, materializado en la propiedad privada (presión material del individuo).
Pecador es el capitalista, el pequeño burgués y todo individuo que no se someta a la religión comunista con docilidad absoluta.
Comunión es profesar la ideología comunista, de preferencia, acudir a manifestaciones públicas, donde se confirma la filiación.
Religión es la ideología comunista. El término religió proviene del latín “re-ligare”, que significa volver a ligar. El proyecto de Marx es la máxima ligazón imaginable de la humanidad en una comunidad perfecta que él fantasea en el futuro. En ese sentido estricto, el ideario comunista es una religión.
Devoción significa leer los textos que se vuelven sagrados, en particular, los icónicos como Manifiesto comunista y El capital. Cuando no se entienden los textos por su complicación filosófica, al menos se repiten palabritas de ese lenguaje, como camarada y plusvalía.
Expiación de los pecados es la Revolución comunista, que debe ser dolorosa y sangrienta, porque las transformaciones pacíficas no saben a martirio colectivo.
Profeta mayor es Marx, seguido por algunos apóstoles que adquieren derecho a poner su perfil en la bandera como Engels, Lenin, Stalin, Mao y el dictador de moda.
Los Apóstoles son los continuadores de la palabra desde Engels (casi imposible de distinguir del fundador, Marx) y luego Lenin, Mao, Gramsci, Che, etc. Los Apóstoles rojos tienen más prestigio cuando son mártires, de ahí la importancia de que muriera el Ché.
Misionero es el militante revolucionario, que esparce la palabra del marxismo y logra descubrir la consciencia de clase al proletario inconsciente.
Mártir es el revolucionario muerto en combate (tipo ícono del Che Guevara).
Salvación y conversión de infieles son rasgos típicos de la religiosidad en etapa juvenil, que ha desbordado en el marxismo, para el cual la tarea salvífica es darle su “consciencia de clase” al propio trabajador. A los “infieles” pequeñoburgueses y hasta capitalistas se les pretende rescatar y entregarles la palabra sagrada de Marx, aunque los consideran “clases destinadas a desaparecer”, incluso en un sentido físico.
Caridad es la obra social de reformas dentro del capitalismo, donde los alivios a las penalidades proletarias son actos parciales de alivio, preludio de la salvación mediante la Revolución.
La Biblia es la obra de Marx: La Revelación es Manifiesto Comunista, casi todo lo demás El Capital, y hay la obligación de nunca criticar ningún texto originario, siempre justificar.
Escolástica es el marxismo que se pretende “socialismo científico”, pero como no posee un método científico, su justificación se aplica mediante la simple repetición de citas, descripciones sin un rango más profundo (mera mezcla de lenguaje marxista con hechos, como en la historiografía) y uso de pretextos “ad hoc” (variados según la ocasión).
Dogma es aferrarse al texto marxista para ignorar la realidad, aunque el hecho real grite y, entonces omitir cualquier hecho importante que contradiga al planteamiento de los fundadores.
Papado es el gobernante en turno, que se atribuye infalibilidad en la interpretación del marxismo mientras detenta el poder, como hicieron Stalin y Mao.
Herejía es todo pensamiento que escapa de la ortodoxia reinante y, entonces la ideología comunista se permite el asesinato masivo de los mismos marxistas como una expiación, por ejemplo, con la Gran Purga de Stalin, la Revolución Cultural de Mao, etc.
Adoctrinar en el dogma (que se llama fe) no es una exclusiva de las religiones, el marxismo redobla la apuesta, señalando que fuera del marxismo todo es ideología burguesa. Toda idea divergente puede ser “ideología del enemigo de clase”. Eso genera una sólida estructura de fanatismo ideológico. El Estado del régimen comunista adoctrina desde la más tierna infancia y con descaro se ponía el rostro de Stalin desde los cunero, pasando por todas las escuelas de la URSS y así siguió.
Ritual comunista está marcado por signos exteriores como el símbolo de la Hoz y el Martillo, el color rojo, cantar la Internacional, las banderas de países comunistas, etc.
Inquisición es la persecución política tipo la URSS con su Checa, NKVD y KGB. Stalin purgando a millones de personas en gulags, matándolos de hambre y frío, o fusilándolos si tienen suerte. Mao con su Revolución Cultural y enviando a millones a campos de trabajo y reeducación, etc.
Se podría continuar con más aspectos y detalles de la confusión del marxismo realmente existente con las principales religiones, pero implicaría demasiados detalles. Resulta de gran interés la vinculación del marxismo práctico con la Iglesia como autoridad y sus mecanismos sociales.
Resulta sorprendente descubrir que bajo el “discurso radical materialista”, hay una estructura religiosa fácil de identificar. Hay una metafísica de la falsa moralidad torcida y fácil de encajar en un proyecto totalitario. Esta interpretación no es un descubrimiento inesperado, la misma presencia del marxismo a manera de una religión de Estado en la URSS y China con “culto a la personalidad” del líder, ya había dado muchas pistas. Muchos filósofos[3] y críticos[4], psicólogos[5] y antropólogos han develado este entramado de religión encerrado bajo la costra del marxismo. Desde hace medio siglo, al menos Raymond Aaron, dio un diagnóstico completo del comunismo como una religiosidad atea[6]. Algunos teóricos de raíz marxista también han evidenciado y rechazado ese cariz religioso del marxismo, por ejemplo, Kołakowski señala: “En este sentido el marxismo cumple la función de una religión, y su eficacia es de carácter religioso. Pero es una caricatura y una forma espuria de religión, ya que presenta su escatología temporal como un sistema científico, cosa que las mitologías religiosas no pretenden ser.”[7]
Religiones típicas y la comunista
A una religión típica no le interesa demostrar resultados prácticos en su operación material, por lo mismo, para los marxistas en el poder, la instauración de un modelo radical de sociedad que evoque el arquetipo de la religión les ha resultado más significativo que instaurar un modelo pragmático que funcione. El resultado de la Revolución Rusa no fue un Estado eficiente, sino la conversión ideológica obligatoria del país más extenso del mundo bajo una nueva faz que pretendía crear al “homo soviéticus”, como el nuevo ente pseudo-angelical, que encarnara los ideales comunistas. Sin embargo, el totalitarismo posee una mecánica política de horror y el experimento de ingeniería social entra rápidamente en una fase de contradicciones internas, que son sofocadas con más violencia y propaganda, rebasando en violencia y destructividad los niveles de una guerra civil.
La implantación de la ideología encuentra grandes contradicciones y el modelo inicial de la URSS termina colapsando en 1991 y arrastrando a la liberación de Europa del Este y otras repúblicas satélite. Tras los años iniciales de Mao, después China se embarca en el experimento de colocar una base económica capitalista y sostener un Estado con ideología marxista, y esa fórmula la imitan otros regímenes en el Sureste Asiático. Mientras Corea del Norte se mantiene como un modelo más puro, que deviene en una dinastía familiar, en una especie de monarquía comunista, que expresa de manera más pura esa religión de Estado comunista.
Una vez que se instaura en el poder, el rasgo religioso del marxismo se expande con otras ramificaciones, incluso hacia los detalles. Milan Kundera califica a esa religiosidad del estalinismo marxista, como una estética Kitch, donde la cursilería de las masas pretende conquistar con una mezcla de estética y moralina. La belleza de las masas en movimiento se convierte en una cursilería Kitch institucional, que obliga a una representación colectiva de la población sometida tras la Cortina de Hierro[8].
Conclusión
El origen dual con filosofía atea y la negación de la espiritualidad junto con una estructura ideológica de religión provoca una contradicción sistémica, que vacía de sentido al proyecto marxista desde el poder; por lo que los líderes totalitarios deben traicionar sus raíces ideológicas, cuando los textos marxistas anticipaban que abatirían la mascarada religiosa. En la historia del siglo XX esa contradicción —entre afirmación de radical materialismo junto con una estructura de ideología religiosa— ha favorecido el derrumbe súbito de los regímenes de la URSS y Europa del Este, pero no es garantía que evite su regreso desde las cenizas. El marxista enceguecido por ideología queda atónito ante los golpes de realidad, pero “no entiende que no entiende”, mientras trata de volverá a empezar, como si repetir los errores no llevara al mismo resultado. Quienes pretenden abrazar el credo marxista más puro siguen creyendo que han abandonado la superstición religiosa, cuando la sustituyen por una nueva pseudo religión. Son escasos los marxistas y postmarxistas que intentan ir más allá de esa contradicción flagrante.
[1] Una vieja crítica frontal en ese sentido la leí de un poeta y ensayista mexicano, Jorge Cuesta, más conocido como el único poeta alquimista por sus odas en Canto a un dios mineral.
[2] La interpretación de izquierda de la fe cristiana en la “Teología de la Liberación” lo tuvo claro y, entonces, intentó una apropiación y fusión entre la política comunista con la fe católica, lo que está claro en la obra de Gustavo Gutiérrez y otro en Teología de la Liberación (1971).
[3] Desde antecedentes marxistas, también Kolakowski.
[4] Incluso algunos marxistas han notado este giro de religiosidad en las modalidades estalinistas. Por ejemplo, Trotsky denunciando el “culto a la personalidad”, Marcuse cuestionando al “marxismo soviético”, con funciones anti-éticas represivas. Cuando Wilhelm Reich se decepciona de la “revolución cultural” aplastada por el estalinismo, también realiza un potente cuestionamiento.
[5] Aunque Eric Fromm también simpatizó mucho con el “verdadero Marx”, encontró en los marxistas prácticos patologías de la peor religiosidad.
[6] Raymond Aaron, El opio de los intelectuales.
[7] Kołakowski, Las principales corrientes del marxismo, tomo III, Epílogo.
[8] Kundera en La insoportable levedad del ser en el tramado de los personajes descubre esa textura religiosa en la estética Kitch del comunismo.

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