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jueves, 16 de enero de 2025

RUSIA: IMPERIALISMO VULGAR SOBRE UCRANIA

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

 

La invasión a Ucrania representa el más decadente caso de imperialismo vulgar y ensombrece el panorama mundial con la campaña más retrógrada del siglo XXI, lanzando un tipo de acción internacional que recuerda las incursiones de la Alemania nazi de Hitler, los desplazamientos de los mongoles de Gengis Khan o de los ejércitos imperiales por África. Los casos del pasado hoy quedado para el registro y desde 1947 el resultado ha sido invariable: el fracaso de las tentativas imperiales. Antes de esa fecha las tendencias políticas resultaban distintas. Durante el siglo XIX hubo una oleada de imperialismo triunfante con el reparto de las regiones de Asia y África entre potencias europeas; sin embargo, lo que en ese siglo fue una fiesta sangrienta de los imperios triunfantes, en el siguiente se volvió la desbandada de la descolonización en África, Asia y Oceanía.

Sin duda el polemista notará que no he incluido en el argumento sobre el imperialismo a los Estados Unidos. La omisión es intencionada, porque su apetito de anexión territorial terminó de una manera distinta, y con una consistencia territorial un tanto parecida a la del zarismo ruso más antiguo. En el siglo XIX, tanto Rusia como EUA anexionaron con éxito territorios vecinos y las regiones con separación territorial las pusieron bajo otra pauta. En especial, EUA la gran mayoría de los territorios lejanos que invadió los dejó voluntariamente, incluyendo al estratégico Canal de Panamá, Cuba, Filipinas, etc.

Una segunda aclaración, el “imperialismo económico” no existe y casi siempre ese rótulo refleja una propaganda para confundir la venta de refrescos con invasiones militares puras y duras. El imperialismo es toma de poblaciones y territorios por la vía militar. La venta de cacharro o las deudas de países, pueden acompañar o no al acto imperial de meter soldados y matar a los vecinos para quedarse con el país. Esta confusión entre comercio e intereses económicos ha sido la bandera de una interpretación infantil del marxismo, por ejemplo, Marx y Engels no inventaron una teoría imperialista, sino que Lenin hizo su alquimia, para fusionar la teoría económica marxista, con una mezcla sumando los actos trágicos de la Guerra mundial y las anexiones territoriales. Los pretendientes de la teoría marxistas están obligados a recordar que Marx y Engels nunca inventaron una teoría del imperialismo capitalista, eso fue un invento de Lenin[1].

La descolonización fue efecto doble: crecimiento e identidad de las antiguas colonias junto con cambio de perspectivas de los países metropolitanos. Al comenzar la segunda mitad del siglo XX, en las colonias y en las metrópolis ya la mayoría de la población estaba en contra del régimen de colonias. Este cambio de tendencia no fue automático ni parejo, lo que sí resultó un cambio de marea rápido y aplastante. Incluso, Inglaterra debió reiniciar al Imperio estricto para instaurar una Commonwealth, que significaba capitular ante la nueva tendencia, dejar que los países se separaran conservando alguna reverencia por la reina. Este cambio de tendencia no fue pacífico y atravesó por movimientos de masas, guerras civiles e invasiones fracasadas; que en escala de dos décadas remodeló el mapamundi. Las resistencias fueron enormes. Francia estrelló su incomprensión en Argelia; Estados Unidos su prepotencia en Vietnam. La caída de la URSS se puede interpretar también como parte de esas oleadas descolonizadoras en una fase tardía y bajo otros códigos, pero la mayoría de las antiguas repúblicas reparadas de Rusia, terminaron por alejarse.

Parecía que las élites políticas entendían que la anexión territorial de los imperios había dejado de resultar y que además arruinaba las economías. Comenzaba el siglo XXI y no desaparecían las invasiones, pero sí perdía sentido la pretensión de apoderarse de territorios vecinos. A todos los líderes políticos les parecía clara esa línea, que además fundamenta el derecho internacional, pero apareció Vladimir Putin. El presidente de Rusia aparece contagiado con los ensueños de los Zares, intentando extender sus fronteras según sus caprichos geopolíticos. Un mediocre ideólogo Alexander Dugin finge que las fantasías zaristas y neo-fascitas poseen un fundamento de calado estratégico. El presidente ruso Vladimir Putin está encaramado en un gobierno cada vez más despótico, bloqueando el sistema de comunicación tradicional, con libertad de prensa, para rodearse de aduladores y propagandistas.

Al comienzo de la racha de invasiones, los protagonistas de la política mundial se comportaron complacientes y hasta “comprensivos” ante las agresiones imperiales de Putin, pero la tercera invasión a Ucrania fue la salvajada que derramó el vaso de la paciencia occidental. La invasión de 2022 recibió un serio apoyo material bélico de Occidente y ese recurso militar resultó suficiente para frustrar el asalto a la capital. A los pocos meses, se derrumbó otra parte de la ofensiva rusa, abandonando la mayor parte de la zona norte y occidental del país.

Desde finales de 2022 la guerra pasó a una fase de desgaste, con un frente militar casi estancado, con mínimas ganancias territoriales. El frente de batalla ucraniano recuerda el ambienta de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, aunque bajo un sorprendente cambio tecnológico, en especial marcado por drones y ataques a distancia, que han frustrado la llamada guerra mecanizada. Los contendientes están lejos de agotarse y poseen suficientes reservas humanas para continuar la guerra sin parar durante años, aunque el ejército ruso está bajo un desgaste de bajas mucho más intenso. A la fecha la única esperanza de Rusia es que los aliados flaqueen en su apoyo a Ucrania y que Donald Trump les regale con un triunfo parcial, que les deje posesión de una parte de su vecino. Los ucranianos se van fortaleciendo con una paulatina mejora de sus recursos tecnológicos, que les permiten devolver los golpes logísticos a la profundidad del territorio ruso, incluso han logrado asaltar algún territorio dentro de Kursk.

El imperialismo de Rusia está completamente estancado, a un costo de cientos de miles de soldados y una sangría económica que está hipotecando el futuro del país, que se está hundiendo como una potencia de tercera categoría, sin capacidad de negociar ante la polaridad de EUA y China.

Hay que aclarar que algunas estadísticas optimistas confunden el armamentismo forzado de Rusia, empujada al belicismo extremo y la anexión de un territorio vecino con un crecimiento del PIB. En Rusia únicamente crece la industria militar, acompañada por construcción subsidiada y materias primas que escapan a las sanciones extranjeras. La incapacidad de avance y las sanciones internacionales han marcado un declive de la propia industria militar rusa, que ya no compite en el mercado internacional, y quedará completamente eclipsada.

Hay bajo desempleo en Rusia porque la población está militarizada con cientos de miles de movilizados, obreros captados por la industria militar y miles de muertos en el frente. Mirado en detalle la economía de Rusia está sin escapatoria y deslizándose por una cuesta hacia abajo directo hacia un precipicio. La riqueza natural del país más grande del mundo, Rusia, se está dilapidando en una guerra ruinosa y sin ventajas económicas.

Ante el descomunal costo en muertos y heridos de su propio ejército, sumado al desastre económico, crecen las dudas sobre la motivación de Rusia para permanecer en el esfuerzo bélico. El cálculo económico ha fallado entre los rusos, su país está cayendo en los diferentes indicadores y su población se está empobreciendo. Las proyecciones serán peores conforme Ucrania ya está en capacidad de atacar refinerías y almacenes de petróleo al interior de Rusia. La pretensión de volver al imperialismo territorial está destinada al fracaso, por más que la medida exacta de ese fracaso se aclarará en los próximos años. El imperialismo vulgar está cavando su tumba en Ucrania.

NOTAS:

[1] De manera intencional Lenin adaptó la interpretación teórica de Marx con una visión diferente de Hobson, para elaborar su propia tesis del imperialismo capitalista, como una etapa nueva del capitalismo maduro y decadente. Para Marx el capitalismo era una etapa de la historia; Lenin inventa una etapa de la etapa (como quien fabrica la mascota del perro) para fundar su propia política revolucionaria y golpista, en su El imperialismo fase superior del capitalismo.

lunes, 26 de agosto de 2024

TRASUNTO DE LA IMPERICIA O EL AUTÓCRATA

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

El autócrata se probó un uniforme militar de supremo general y, de inmediato, soñó en el escenario de la Segunda Guerra Mundial (IIWW) a manera de un teatro triunfal. Si por salvar a la Patria Rusa, entonces Zukov fue elogiado y amado, si a Stalin le perdonaron sus crímenes masivos. Luego ¿qué no perdonará el pueblo ruso a quien gane la guerra? A las conciencias atormentadas de Tolstoi no las conocía el autócrata.

Casi siempre el autócrata conoce menos de la mitad de media Historia, porque sus genuflexos cómplices se encargan de dorarle cada píldora que traba. ¿Es viable tomar por sorpresa a ese vecino que desconfía y que por molerlo a palos ya te odia? El genuflexo repetirá un “Sí”, prolongado y sonriente, incluso adornado por frases tan elogiosas, como “Genial, el mundo lo aplaudirá”. Basta una andanada de publicidad pagada a favor del autócrata para preparar a la opinión pública nacional.

El autócrata reunió el cónclave secreto de sus generales, que presentaron el plan de guerra relámpago para cumplir el pedido. Fue una reunión nerviosa y tensa, no para el autócrata sino para los generales, que comenzaban sus argumentos con: “Es que la OTAN está detrás…”. El argumento gruñón del autócrata, era: “Por lo mismo, urge aplastar a esos europeístas decadentes”. A la mitad de la reunión, el autócrata aplaudió la audacia de un asalto masivo sobre el Aeródromo de Hostomel. “Controlando el aeropuerto mandaremos refuerzos” pensó de inmediato.

El autócrata dio un manotazo: “Deben proclamar las mejores intenciones, y está estrictamente prohibido hablar de guerra. Ante el mundo esto no es una guerra, sino una operación especial.” Los generales rusos celebraron a coro el chiste sobre un Presidente comediante, afirmando que se mancharía los pañales durante la invasión.

Una semana después el autócrata llamó al servicio secreto en privado, como siempre, sobre la mesa gigantesca, lo cuestionó: “¿Cómo es posible que la Casa Blanca esté gritando que vamos a invadir Ucrania y recomendándole al comediante reforzar defensas militares? Se pierde el factor sorpresa.”

Cabizbajo el jefe policíaco culpó a los militares: “No han disfrazado el desplazamiento de 300 mil soldados; son demasiado evidentes. Los americanos no han creído el cuento de los ejercicios militares de invierno en febrero”

El autócrata pensó en voz alta: “Como sea no tienen manera de frenar al mejor ejército del mundo. Los generales están demasiado timoratos, como si esperaran una defensa de fieras. Un país guiado por un comediante se derrumbará como un telón de teatro.”

El día 24 el autócrata transmitió en televisión nacional, unas horas después de que comenzara la invasión masiva. Dijo con cara de tristeza: “He sido obligado por la expansión de la OTAN y las provocaciones de nuestros vecinos.”  

En la noche se reunió con los generales que informaban prolijamente que todo avanzaba conforme al plan: “Todas las defensas están siendo sobrepasadas rápidamente. Nuestras unidades mecanizadas avanzar por las carreteras. El asalto al aeropuerto está en curso. Rodearemos las centrales nucleares para evitar un accidente. En tres días estaremos en Kiev.”

El autócrata pregunta si los ucranianos están recibiendo con los brazos abiertos a su ejército. Los generales bajan la cabeza. El autócrata pregunta si ya han entrado todos los soldados movilizados dentro de Ucrania. Los generales bajan la cabeza: “Son tantos que se estorban entre ellos, hay filas de kilómetros por los convoyes, ni Napoleón movió tanto ejército en tan poco tiempo.”

El autócrata se imaginó pateando al corso y enseñándole lo que es una conquista.

El siguiente día fue divertido para el autócrata, cuando presidentes del mundo insistieron en hablar con él para que desistiera. Le agradó la llamada de Macron, tan elegante y locuaz, convencido que su elocuencia sería suficiente para detener el desastre. El autócrata se divirtió con esas pláticas y fue cauteloso para ofrecer condiciones de tregua. Indicó que él no pretendía una conquista sino una “operación militar especial” y que estaba dispuesto a negociar la paz, conformándose con tres cuartas partes del Ucrania y una compensación en efectivo. El francés intentaba explicarle al autócrata que ese comportamiento definía a un trasunto de la impericia. Al traductor le costó mucho explicar la puya del francés. El autócrata no se asumía incapaz ni una copia. Antes había masacrado Chechenia y azotado a Georgia sin repercusiones internacionales que le pesaran, también había invadido el Donbas bajo camuflaje y asaltado Crimea sin resistencias significativas. ¿Qué más importaba seguir comiendo partes de Ucrania? Las explicaciones históricas y diplomáticas de Macron terminaban aburriendo al autócrata.

El autócrata se impacienta en la tarde y exige informes puntuales cada hora. Sin demasiados detalles, solamente lo sustancial.

Los helicópteros en el aeropuerto están siendo abatidos; no hay más para reforzarlos.

La columna kilométrica está siendo hostigada con javelins y drones. Una especie de guerrilla con antitanques y artillería.

Se internan en el bosque y vuelven a salir, de nuevo atacan por los flancos destruyendo hasta los mejores tanques. Ni el T-90 resiste los javelins.

Hay que llegar a Kiev, rápido, muy rápido. No se detengan.

Que el comediante le exige municiones a Occidente y no quiere refugiarse fuera del país.

Contraatacan el aeropuerto, no va a resistir.

Están resistiendo en los suburbios de Kiev, ahí la resistencia es encarnizada mientras la columna está descubierta. La carretera invadida convertida en un campo de tiro a los patos.

No han desaparecido los aviones ucranianos, para este día todos los aeropuertos militares han sido bombardeados, pero ellos se han escondido y siguen saliendo.

Por el sur se rebasan las defensas, hay avances sostenidos, pronto Maruipol estará situada.

Los rusoparlantes de Khakiv se resisten, han repetido todos los ataques, ni siquiera se alcanza a la ciudad.

El frente antiguo del Donbas está muy estable, los ucranianos llevan años atrincherados y es la parte más difícil, de momento la concentración invasora pretende tomar el sur y asaltar Kiev.

El norte del país tampoco se doblega y la fuerza principal frente a Kiev está peligrando por ataques masivos desde los lados. Se está terminando el aprovisionamiento, el frente puede colapsar.

Seguir con fuerzas sobre Kiev amenaza con ser una catástrofe, los generales del autócrata aconsejan una retirada parcial, para consolidar lo invadido en el sur. Quedarse con Jerson, Melitopol, Mariupol y seguir el asalto por el mar hacia Odesa, parece su línea más prometedora.

Por orden del autócrata esta carnicería no se puede llama “guerra”, quien lo haga será encarcelado.

¿Cuántas son las bajas reales? De los rusos más de cien mil, pero eso no se puede informar, hay que diluir la información al público. Los rusos intoxicados por décadas de propaganda oficial Imaginarán que es un fracaso y habrá desmoralización. Para el aparato del Kremlin la prioridad también es mantener la popularidad en alto. Y formalizar la anexión de las provincias que estén claramente controladas.

Tras meses de guerra encarnizada para Rusia habrá que reponer la sangría, una movilización discreta vendría bien, que no cause alarma en Moscú ni en Petersburgo.

Los de Occidente insisten en poner sanciones y expropiar los yates lujosos de los consentidos del Kremlin.

Buenas noticias para los ucranianos, Jerson se recuperará: tantos HIMARS y armamentos occidentales favorecen el movimiento. A las tropas rojas huyen para refugiarse al Este del Dnieper y hasta demoler la represa para enfangar toda la zona.

En el norte los rusófonos ucranianos están empujando a los rusos, no hay manera de resistir.

Para el Kremlin hay que movilizar más, acostumbrar a la población al reclutamiento. Ya se puede hablar de una guerra y aprovechar para asesina al único opositor notable, al prisionero Navalny.

Los Wagner se vuelven soberbios, quieren morder la mano del autócrata que les alimenta. El autócrata habrá de exterminar a su propia jauría de mercenarios. La versión es que cayó el avión del Wagner mayor, causa de una mala fortuna.

Se estabilizan los frentes, esto parece un deprimente escenario de la Primera Guerra, de trinchera contra trinchera.

Los ucranianos contabilizan más de medio millón de rusos muertos en la guerra. Las cuentas deprimen la moral de los invasores, hay que seguir controlando los medios. En el mundo se populariza llamarlos orcos por su depravación moral.

Ahora los ucranianos se saltan la frontera, se suponía que temieran y que estaban siendo doblegados en una guerra de desgaste.

Castigan a los atletas rusos por esta guerra.

¿Cómo que no hay nada para defender Kursk de los ucranianos?

El autócrata reúne a sus generales para decirles: “Soñé que Macron exponía en un muro un letrero que dice eres el trasunto de la impericia marchando. El plan era tan simple como torpe: atacar al país más próximo en raíces históricas, donde nació mucho de lo que cree el mundo que es lo ruso. Atacar a 44 millones de parientes y amigos para convertirlos en tus peores enemigos ¿qué podría salir mal? Sale mal todo y de todas las maneras posibles. Pero todo fracaso se debe a ustedes, secuaces genuflexos, así que usted será el siguiente en caer por la ventana…”

jueves, 16 de mayo de 2024

UCRANIA GENOCIDIO Y NEGACIONISMO

 



 

Por Carlos Valdés Martín

El genocidio intencionado es una afrenta a la humanidad y un caso terrible de acto genocida fue el hambre provocada en Ucrania. Eso lo provocó el régimen de Stalin en su periodo de colectivización forzada del campo. El peor año del hambre fue en 1932, pero no era un hambre provocada por un suelo infértil o por cataclismo naturales que impidieran la agricultura, sino una campaña deliberada para diezmar a los “campesinos ricos” y a una nación orgullosa. La llanura ucraniana es reconocida como el granero de Europa por sus suelos excepcionalmente ricos y la abundancia de sus cosechas de alimentos, por lo mism sus tierras han sido codiciadas por sus vecinos. Durante la construcción del llamado “socialismo en un solo país”, Stalin decidió que controlar por completo la región ucraniana era indispensable para garantizar sus objetivos. Mientras vivió Lenin fue bastante amistoso con los ucranianos para ganarse su confianza, además que muchos comunistas provenía de esa región como Trotsky; pero, al cambiar de mando, Stalin viró y se enfocó de una manera más ruda hacia el campo. Comenzó una etapa de colectivización forzosa para reunión la producción agrícola en granjas propiedad del Estado, lo cual exigía despojar a los agricultores de sus tierras y medios de subsistencia. En el contexto internacional, el gobierno soviético tuvo éxito en que no fueran notables sus crímenes contra la población y que sus atrocidades quedaran bajo el manto de sus intenciones socialistas. Después los acontecimiento de la Segunda Guerra Mundial desdibujaron todas las denuncias anteriores contra la URSS y Occidente tomó una ruta de cooperación, que luego se enfrió por completo. Como fuera, las terribles revelaciones de la hambruna en Ucrania se conservaron bajo el término Holodomor. Después de 1989, el interés de los propios ucranianos por conocer su pasado recibió mayor simpatía en Occidentes, y el asunto adquirió una mayor dimensión tras las invasiones de Putin. Después de años de guerra y de propaganda descarada del régimen ruso, el tema del hambre en Ucrania adquiere más interés por ser revelado.

Argumento negacionista, caso del oscuro sindicalista Tottle

Basado en un activista sindical canadiense, de nombre Tottle, quien no era especialista en Ucrania ni historiador, sino un creyente en las bondades del socialismo soviético, antes de que cayera el muro en 1989. Escribe un libro polémico dedicado de demoler las versiones sobre un genocidio en Ucrania, que se llama Fraude, hambruna y fascismo, el mito del genocidio ucraniano de Hitler a Harvard.

El libro se dedica a relativizar los crímenes soviéticos, por la intención de alcanzar una sociedad mejor (curioso, que eso mismo argumentaba la propaganda de Hitler). El único texto notable de Tottle fue su negación del genocidio ucraniano, pero resulta ser un libro raro que incluía documentación que únicamente poseían los soviéticos y cuya publicidad fue promovida por las embajadas de la URSS. Lo cual mostró que Tottle no investigó por su cuenta, sino que colaboraba con los soviéticos antes de 1989. Una Comisión internacional sobre el genocidio ucraniano lo retó a Tottle para que presentara sus argumentos y fuentes. Pero el canadiense Tottle evadió la discusión, porque la comisión estaba recopilando desde las fuentes originales sobre el genocidio ucraniano y el canadiense estaría en un predicamento, de tener que revelar qué partes de su texto provenían de la propaganda soviética.

El argumento de Tottle es cuestionar toda información desagradable y en especial enfocarse sobre la propaganda nazi contra la URSS que utilizó a Ucrania y le suma ampliamente la pésima calidad del “periodismo” de Hearst. Un magnate del periodismo norteamericano desde fines del siglo XIX, quien lanzó furiosos ataques a la URSS, aprovechando informes vagos e inexactos sobre lo que sucedía en Ucrania, retomando cualquier fuente, incluida la propaganda nazi, para apropiársela. Sin embargo, casi toda la información de Tottle resulta también de mala o pésima calidad al reproducir acríticamente cualquier informe de “amigos de la URSS”, sobre ese régimen o la caza de nazis.

A final de cuentas, Tottle no logra disipar la gigantesca masacre cometida contra los ucranianos por el régimen soviético, sino simplemente poner en duda su cantidad, sus fuentes, sus montos, sus motivaciones… de tal manera que él promueve un escepticismo total[1]. Uno de sus mayores esfuerzos para justificar, es la llegada de una epidemia de tifus, y diluir la responsabilidad de los gobernantes con la enfermedad que contribuyó a diezmar a la población hambrienta.

Además, Tottle procura justificar las violaciones sistemáticas de todo derecho bajo los lemas de la propaganda usual, como la búsqueda de una sociedad mejor, la industrialización acelerada, las ventajas del progreso impuesto a la fuerza, etc. Por ejemplo, con alegría o casi euforia señala: “Los logros de la construcción socialista son aún más notables a la luz de los problemas y dificultades muy reales de la década de 1930. Casi en sí mismos mienten a las acusaciones de 7 a 15 (millones de) muertes por hambre masiva que habían ocurrido solo seis a siete años antes”[2] En el año, 1984 de publicación del libro de Tottle, era natural que un activista sindical creyera en la propaganda soviética, que decía ellos eran ya la Gran Potencia Socialista, que estaba a punto de rebasar al occidente decadente por sus enormes progresos, pero no tardó en derrumbarse la fantasía.

La Comisión internacional de 1990

Debido a que en Norteamérica existía emigración ucraniana, el tema de la hambruna y la represión durante el periodo soviético despertó un renovado interés. Hubo una Comisión Internacional formada por juristas reconocidos para estudiar el tema, que culminó su informe. El activista Tottle fue invitado a presentar su posición antagónica, pero nunca acudió. Esta Comisión confirmó la opinión de que sí hubo un ominoso crimen del Estado soviético donde murieron millones de personas. La cifra exacta era imposible de precisar y a la fecha sigue habiendo fuertes dudas, que paulatinamente están siendo disipadas por los historiadores ucranianos. De esa Comisión la cifra de muertes directas por el hambre está en 3 millones de fallecimientos directos, y otros 3 millones como baja de la población estimada.

La Comisión Internacional de 1990 siguió varias líneas de investigación, dilucidando el origen del problema y el tipo de intervención de las autoridades soviéticas, como generadoras del problema y cómplices para encubrirlo. El contexto fue un salto en las políticas colectivizadoras del campo de Stalin, integradas con sus ambiciosos planes de industrialización forzosa, como se verá adelante. El tema se mezcla con un giro en la política de nacionalidades, pues mientras Lenin y el primer periodo soviético es muy permisivo al favorecer que las nacionalidades no sean oprimidas por el “nacionalismo gran ruso”[3], como el marxista lo llamaba. Pero Stalin no estaba interesado en favorecer al nacionalismo ucranianos, sino que modificó esa línea, para volver a privilegiar al ruso.

La colectivización forzada y el hambre para el control político

La colectivización forzada de las tierras por el Estado soviético significaba que a los campesinos se les despojaba de toda propiedad productiva, incluyendo alimentos, y se les reubicaba en granjas colectivas recién instaladas. Hay que señalar que los despojos eran actos de política forzosa decididos desde Moscú y que eran de completa obligatoriedad, entonces quien se resistiera a la colectivización se volvía en automático kulak, enemigo del Estado y un “contrarrevolucionario burgués” sin derecho alguna. Contra los opositores se aplicaban cualquier medida represiva que se considerara más efectiva: deportaciones a gulags en Siberia, fusilamiento, encarcelamiento, reubicación, etc. “En febrero de 1930, en muchas partes de Ucrania -como en algunas otras regiones de la URSS-, algunas de las acciones contra las granjas colectivas comenzaron a convertirse en acciones contra el poder soviético23. De hecho, Ucrania lideró las revueltas, con unos 2.945 incidentes sólo en marzo de 1930[4]

El gran problema se centró en la colectivización forzada y el afán soviético para destruir a los “campesinos ricos” llamados kulaks, sin embargo, el gobierno estalinista consideró a cualquiera que poseyera un par de vacas, como kulak, para reprimirlos y obligarlos a despojarse de todo, reubicándolos en granjas colectivas.  El resultado fue una gran catástrofe surgida de la persecución y los conflictos emergentes. La ironía radica en que las tierras ucranianas son consideradas las más ricas y productivas de Europa para producir trigo y otros alimentos.

La rigurosidad de los castigos por los estalinistas resulta asombrosa vista a la distancia. Por ejemplo, la llamada “’Ley de las 5 Espigas’. En otras palabras, el robo de cantidades ínfimas de alimentos se podría castigar con diez años en un campo de trabajo forzosos o con la muerte”[5] El robo podía ser real o imaginado, pues que el campesino poseyera alimentos o animales ya era prueba de delito, por más que ellos los hubieran criado, pues ya el Estado se consideraba dueño de todo lo que tuvieran los kulaks y cualquier campesino que tuviera alimentos era considerado kulaks. Esto significo el apresamiento y la muerte de los campesinos que intentaban evadir el hambre, ya que poseer comida era un delito. Además, los estalinistas impusieron un pasaporte interior para los campesinos ucranianos[6], de tal manera que tenían prohibido salir de su localidad o acudir a las ciudades vecinas para adquirir alimentos o cualquier producto.

Hacia 1933 las políticas estalinistas llegaban a su clímax, mandando brigadas armadas para requisar a los campesinos todo el alimento que encontraran, incluso lo que estuvieran en ese momento comiendo: “Se soltaron por todas partes y se llevaron todo, hasta el último grano. Corrieron por el pueblo “como la muerte negra” gritando “Campesino, ¿dónde está tu grano? ¡Confiesa!”. Las brigadas se llevaron todo lo que se parecía a la comida, incluida la cena de la estufa, que se comieron ellos mismos”[7]

“De este modo, la hambruna ucraniana alcanzó su apogeo en la primavera de 1933”[8]. Sin embargo, el objetivo del régimen soviético no era desaparecer a todos los agricultores, sino obligarlos a servir al régimen. Conforme la catástrofe del hambre en el año 1933 era insostenible, hubo decretos para dar más comida a los campesinos ucranianos. Al año siguiente, 1934 volvió la tensión de nuevas requisiciones, más hambruna y un poco de aflojamientos de la presión soviética.

La caracterización de ese mecanismo de la hambruna es que “Stalin usó el hambre para forzar la colectivización en las gargantas de los campesinos que de inmediato lo percibieron como una ‘segunda servidumbre’”[9] Ahora bien, el periodo del hambre en Ucrania se considera que terminó hasta 1939, cuando estalla la Guerra Mundial y la relación del régimen soviético con su población también da un gran vuelco, caracterizado por el esfuerzo militar. Mientras en Ucrania, la invasión alemana implica un capítulo especial de estudio.

 

Noticas del Holodomor bloqueadas en el extranjero

El desarrollo del fenómeno de la URSS de manera espontánea proporcionaba barreras a la comunicación exterior (hostilidad política, idioma, propaganda, totalitarismo del Estado). En la década de los años 1930 el país vecino con más lazos entre la población Ucrania era Polonia; sin embargo, durante esa década, el gobierno polaco tuvo un enorme interés por pactar con la URSS. El gobierno polaco, en efecto, sí pactó en 1932, por lo que evitó cuestionar de modo oficial a las políticas estalinistas[10].  Por lo mismo, fueron grupos privados polacos quienes se ocuparon de denunciar la hambruna en Ucrania. “En 1933 los ucranianos de Galitzia —territorio en este momento de Polonia—, dirigidos por Milena Rudnytska, formaron el Comité Comunitario Ucraniano para el Rescate de Ucrania. Esta mujer, activista que defendía la nacionalidad ucraniana dentro del Estado polaco, fue una de las principales figuras encargadas de dar a conocer al mundo el Holodomor.” Esta denuncia llegó a la Sociedad de Naciones, pero no alcanzó mayores efectos prácticos ni encontró muchos medios de difusión.

Desde tiempos de Lenin el régimen soviético tuvo un enorme aprecio por la propaganda y Stalin siguió invirtiendo recursos para obtener espacio político internacional, tanto gestionando la “vanguardia proletaria” mediante la Tercera Internacional Comunista. Además de la propaganda por una revolución comunista mundial, el gobierno de Stalin estuvo oscilando con acuerdos y promesas con todos los grupos burgueses del mundo, incluyendo sus escandalosos acuerdos con Hitler. En particular, escandalosos para los propios comunistas occidentales que eran víctimas del nazismo y el fascismo[11]. Durante el periodo de la hambruna, las agencias de propaganda y los partidos comunistas occidentales se esforzaron en ocultar y desvirtuar la hambruna en Ucrania y otras regiones, utilizando los variados recursos que acostumbraban: informes amañados, visitas de distracción, propaganda directa, etc. Un ejemplo excelente de ese tipo de propaganda “fue el caso de la visita durante unos días en agosto de 1933 del antiguo Primer Ministro de Francia, Edouard Herriot. Quien afirmó que los informes de hambruna en Ucrania eran burdas calumnias y denunció todo lo que se hablaba de la ella como propaganda nazi.”[12] Este ejemplo, resulta interesante, pues décadas después el esfuerzo de Tottle para desvirtuar la historia real del hambre en Ucrania, repite los mismos argumentos de la vieja propaganda soviética[13]. Otro ejemplo, de la propaganda defensora del régimen soviético, fue el corresponsal del New York Times, Walter Duranty.[14]

A pesar de los gastos en propaganda y la publicidad de sus militantes pro-soviéticos, algunos periodistas serios lograron difundir reportes amplios sobre esta hambruna en Ucrania. Casos notorios de denuncia y relatos informados fueron la canadiense Rhyea Clyman en 1932 expulsada de la URSS[15], el inglés Garret Johnes[16] y el también inglés Malcom Muggeridge [17]

Huellas censales y otras fuentes sobre el hambre ucraniana

En la medida que la actividad económica y evolución poblacional se registraban en la URSS, la catástrofe debió reflejarse y también denotar su ocultamiento. “Los inspectores de la Dirección Central de Economía Nacional y Contabilidad, que abarcaba toda la URSS, reclasificaron sistemáticamente las muertes catalogadas inicialmente como “por inanición” en la categoría de “causa de muerte desconocida” o “por agotamiento”.”[18] El procedimiento de alteración burocrática de la realidad política fue el procedimiento sistemático del régimen estalinista y su continuación oficial. Hasta la caída del régimen cambió el ambiente, asimismo, la independencia de Ucrania, generó un nuevo campo para los estudios.

Debido a que los datos de origen están alterados, desplazando los datos de muerte por hambre (la inanición) a una generalidad indefinida, entonces la investigación de las cifras se ha vuelto ardua y objeto de discusiones. La mayoría de estudios estadísticos estima los muertos de inanición por hambre entre 3 y 6 millones; siendo que la cifra más aceptada son 4 millones de fallecimientos. “La mayor parte del resto de investigaciones oscilan entre las cifras dadas por este autor, aunque durante los últimos años la cifra que más consenso reúne es de alrededor de unos 4 millones de decesos directos por el Holodomor.”[19]

Un aspecto importante es que el hambre se extendió a otras provincias rusas que no se consideran parte de Ucrania, muchas de las cuales, por considerarse parte de Rusia no han mostrado la misma motivación para investigar los crímenes del pasado estalinista.

Conclusiones

Tras la invasión de Rusia, el tema de Ucrania subió al escenario internacional. Quizá jamás en la historia este del Este de Europa tuvo suficiente atención en las reuniones mundiales. Desde antes del siglo XIX a Ucrania se le miró como ligada a Rusia, basada en las conquistas territoriales zaristas y a la integración de una parte de la élite local ucraniana, destacando muchos talentosos ucranianos. Nacieron o se criaron en Ucrania algunos de los líderes políticos de la Revolución Rusa, como Trotski, y de la URSS clásica, como Nikita Khrushchev y Leonid Brezhnev, lo cual dificultó comprender la diferencia nacional y el antagonismo entre estas poblaciones. Tras la invasión de 2022, los temas de las heridas históricas en Ucrania adquirieron una nueva dimensión y se han convertido en una explicación para la feroz resistencia nacional de los ucranianos.

Mientras crece el conocimiento internacional de lo que sucede en Ucrania y la importancia de su historia, al mismo tiempo, la propaganda del Kremlin se esfuerza en desvirtuar y atacar a todo lo que huele a ucraniano. Los propagandistas favorables a Putin, se vuelven negacionistas de la hambruna ucraniana de la década del treinta, cumpliendo una tarea inmoral y contraria a la investigación científica. De hecho, el viejo texto de Tottle resulta un clásico de la propaganda anti ucraniana por la ligereza de sus argumentos y su enfoque para calumniar en diferentes acontecimientos, cuando intenta reducir la realidad de millones de muertos de inanición para caricaturizarlos como una irrelevante propaganda nazi.

El hambre masiva, cuando resultó de políticas deliberadas sí es un objeto de actualidad y gran interés. ¿Cómo una política pública basada en el ideal de una sociedad superior se convierte en una masacre despiadada que arrasa con los hipotéticos beneficiarios? La muerte masiva por hambre no es una anécdota sino un crimen de lesa humanidad, por lo que jamás debe tratarse de manera ligera.

 

 

 

 

 



[1] Cuando Tottle intenta burlarse del nacionalismo ucraniano, sin darse cuenta desnuda que la hambruna soviética afectó a campesinos de mucha nacionalidades, por ejemplo “Según los nacionalistas ucranianos, la hambruna se vio afectada, o más bien fue dirigida conscientemente, casi exclusivamente contra los ucranianos étnicos. De hecho, The Black Deeds of the Kremlin lo afirma abiertamente, y (…)  chauvinísticamente restringido, distorsionado y manipulado políticamente. Otras nacionalidades que sufrieron (rusos, turcomanos, kazajos, grupos del Cáucaso) suelen ser ignoradas”

[2] Tottle, Fraude, hambruna y fascismo: el mito del genocidio ucraniano desde Hitler hasta Harvard.

[3] Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación.

[4] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993): una revisión de los acontecimientos que el Gobierno de Stalin quiso ocultar.

[5] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)… “el 7 de agosto de ese mismo año (1932) un nuevo decreto realizado por Stalin: “Sobre la salvaguarda de la propiedad de las empresas estatales, granjas colectivas y cooperativas y el fortalecimiento de la propiedad pública –socialista-”, también conocido como “Ley de las 5 Espigas”.

[6] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)… “Los pasaportes se entregaron a la mayoría de las personas que vivían en las ciudades, pero no se les dieron pasaportes a los campesinos. De este modo, se suspendió el tránsito de población y los habitantes del mundo rural no podían permanecer en las ciudades”

[7] Snyder, SNYDER, Timothy, Bloodlands. Europe between Hitler and Stalin.

[8] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[9] GRAZIOSI, Andrea, “The Great Famine of 1932-1933: consequences and implications”, en Harvard Ukrainian Studies, 25/3-4 (2001), pp. 157-165, p. 162, citada por CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[10] “Polonia y la URSS se encontraban en negociaciones para llegar a un pacto de no agresión que finalmente se firmó en julio de 1932, y entró en vigor a finales de ese mismo año.” CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)… Difícil imaginar el nivel de trauma colectivo tras la siguiente traición de Stalin, invadiendo Polonia en 1934.

[11] Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista, en 2 tomos. La Internacional Comunista fue disuelta en 1943, bajo la presión de una alianza más estrecha de Stalin con las potencias occidentales, lideradas por Estados Unidos y Gran Bretaña.

[12] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[13] Tottle, Fraude, hambruna y fascismo: el mito del genocidio ucraniano desde Hitler hasta Harvard.

[14] “el jefe de la oficina del New York Times en Moscú, Walter Duranty, es recordado como uno de los periodistas más notorios en impulsar la propaganda soviética “«no hay hambruna ni hambre real, ni es probable que la haya»” CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[15] “de las primeras en dar a conocer esta situación fue la periodista canadiense Rhea Clyman, que, tras su salida obligada de la URSS, el 28 de septiembre de 1932 informó” CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[16] “el inglés Gareth Jones, tras pasar un periodo de tiempo durante 1933 viajando por la URSS conociendo la realidad de la hambruna ucraniana, sacó a la luz todo lo que estaba pasando en ese territorio” CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[17] “Malcolm Muggeridge estuvo allí ese terrible invierno y primavera de 1933, como corresponsal del Manchester Guardian en Moscú.” CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…

[18] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)… cita el estudio de VALLIN, Jacques et al.: “La crise des annés 1930”, en MESLÉ, France y VALLIN, Jacques (eds.): Mortalité et causes de décès en Ukraine au XXe siècle, París, Cahier 152 INED (2003), pp. 15-38, pp. 15-16.

[19] CÉSAR GARCÍA ANDRÉS, Holodomor (1932-1993)…