Por Carlos Valdés Martín
Para el salario del sector privado ¿cuánto pone el Gobierno? Ni un peso. Así, sucede en todos los países. Al contrario, el gasto del Gobierno exige impuestos que son extraídos a las empresas y los trabajadores. El 100% de los ingresos y salarios en las empresas surge de su propia actividad económica y el 0% provienen del propio Estado. Sin embargo, hay una campaña para fingir que el salario lo determina el Gobierno, mediante la Comisión Nacional de Salario Mínimos, donde hay 10 representantes de trabajadores (sindicatos), 10 representantes patronales (cámaras) y 1 representante del Gobierno.
Sin embargo, con argumentos fantasiosos los representantes del gobierno dicen insistentemente que el salario aumentó gracias a sus políticas, como si el Gobierno estuviera subsidiando a salarios y a empresas. El único salario que determina el Gobierno es el de sus propios empleados y nada en el sector privado. El asunto es irónico.
Una parte de la ecuación
Hay una pequeña parte cierta donde este Gobierno aplaude el aumento del salario mínimo y alienta a la representación patronal y de trabajadores para que suban sus acuerdos hacia una meta. El salario lo ponen los empresarios y trabajadores, algunos aluden a la recuperación y otros al equilibrio de los mercados, así como al poder negociador de las partes.
En México el Gobierno no decreta los salarios, sino que, por un mecanismo participativo, se reúnen anualmente, 20 representantes obrero-patronales y uno del Gobierno para acordar el mínimo del salario en el país. Lo usual es que se llegue a un consenso. Durante el llamado periodo neoliberal, tras el drama de la hiperinflación, la tendencia fue a acordar aumentos de salarios que únicamente seguían a lo deteriorado por la inflación. Con un proceso de inflación descendiendo, el salario mínimo crecía menos que la inflación anterior y se deterioraba. Otro resultado fue que cada vez menos trabajadores recibían el salario mínimo, pero sí muchos cotizaban al IMSS muy cerca de ese nivel. Tal sistema fue deteriorando ese mínimo, lo cual lo terminó siendo un referente alterado pues ese salario mínimo no alcanzaba para una canasta básica de sustento.
Desligar el salario mínimo
Además, en los años noventas se cometió otro error regulatorio, pues se encadenó al salario mínimo con los indicadores y referentes económicos, como multas, recargos, cuotas, etc., por lo cual incrementarlo resultaba problemático. Aumentar los mínimos en esa regulación, en automático subía multas, recargos, cuotas, etc. Desde el sexenio de Peña Nieto comenzó a separarse el referente de la operación privada y de gobierno respecto del salario mínimo, por ejemplo, las pensiones mismas dejaron de tener un referente en el Salario Mínimo (lo cual hoy está cuestionado). Ese marco normativo modificado facilitó la votación de CONASAMI para el alza real del salario mínimo cada año.
El salario promedio depende de productividad más negociación
¿De qué depende el salario? Su resultado es la coincidencia entre la productividad, efectos de oferta y demanda y el poder de la negociación (colocando dentro de este concepto el marco regulatorio). Siendo más sutiles en el razonamiento, el salario incluye algunos beneficios del marco regulatorio como la seguridad social, aunque esa parte como no la suele recibir el trabajador en efectivo, entonces se dejar fuera de la consideración.
Papel activo del Gobierno
Lo que sí resulta cierto es que el Gobierno ha tenido un papel activo proponiendo los incrementos y promoviendo medidas específicas como un incremento superior en la franja fronteriza norte. Ese cabildeo tan activo, no cambia la realidad: a la hora de pagar, el Gobierno no pone ningún peso en los salarios de los empleados privados, al contrario, pues el Gobierno quita al sacar dinero al empresario y al trabajador en impuestos. Y esto no es queja, simplemente que así funciona el sistema económico, el Gobierno saca impuestos y los privados producen salarios e ingresos.
Cambio de ánimo del empresario
En los último 15 años el empresariado dejó de creer que un salario mínimo tan bajo fuera benéfico. La cúpula empresarial asumió como propio el criterio de la recuperación del salario mínimo. A partir de 2018, la “recuperación del salario mínimo” forma parte del discurso oficial y, ahora, se confunde su beneplácito con una ilusión rara, donde se imagina que el Estado impone el nivel salarial. En otras palabras, el empresariado mexicano decidió activamente levantar el salario mínimo de manera sistemática, pues también lo consideraba inaceptable.
Resulta curiosa la falta de voz del empresariado, pues en la creencia promedio, parecieran ausentes en el aumento del salario mínimo. En México, la idea ordinaria es que los empresarios “desean” salarios lo más bajos posible. ¿Cuál es la impresión y cuál la realidad?
La inflación contrapuesta al salario
Debido a la inflación desatada en México desde el periodo de Echeverría (1970-76) y la catástrofe de hiperinflación con De la Madrid (1982-88), se creyó que los salarios eran un factor clave y ahí vino una línea activa de contención salarial. De ahí, vino la creencia generalizada de que el salario mínimo debía contenerse abajo del nivel de la inflación, lo cual provocó la caída sostenida y paulatina. Esto también fue acordado en la CONASAMI, pacto obrero-patronal. Si bien sí es una regla que siendo el salario un componente fundamental de los precios, entonces el aumento de salarios redunda en precios mayores. El trasfondo erróneo es que no está predefinido el impacto entre salarios y precios promedio, ya que no existe ningún sistema de valor-trabajo, sino que hay una diferencia entre los factores productivos. Por lo mismo, en un periodo determinado crece el salario más que el nivel promedio de los precios. Sin embargo, la posible espiral de retroalimentación de salarios-precios, a veces, sí ha sucedido y, cuando sube mucho el salario, sí se puede desatar la espiral. ¿Cuánto es demasiado un incremento del salario como para desatar la inflación? Aunque hay formulaciones matemáticas, aquí no las abordaré.
El salario mínimo acercándose al salario promedio
Por pura lógica matemática, el nivel del salario mínimo cuando crece únicamente se acerca al promedio. El nivel mínimo es imposible que alcance al nivel medio y lo mismo sucede con el nivel máximo. Cuando cualquiera de los dos, el nivel mínimo o el máximo alcanzan al promedio, es que hay desaparecido y solamente hay un nivel. Cuando solamente hay un nivel, todos los datos son idénticos, por tanto, la referencia hacia mínimos y máximos desaparece.
Los teóricos de la igualdad sostienen que resulta mejor que el salario mínimo no esté alejado de los salarios medios. Sin embargo, aquí el problema es si el mínimo está determinado por presiones políticas y legales o sí resulta de la operación del sistema económico. La tentación de malos patrones para pagar abajo del mínimo de subsistencia del trabajador dio origen histórico a la imposición legal del salario mínimo. Ese mínimo legal, por obvias circunstancias, está ligado a los componentes de la subsistencia, por eso debe incluir la alimentación y otros productos vitales. Ahora bien, el costo en dinero de esas condiciones básicas de subsistencia depende de la productividad, sin cuyo componente el salario nominal sería una ilusión. Adicionalmente, hay políticas de Estado que favorecen la producción general, que con incremento de demanda laboral también impulsas la mejora salarial (objetivo del "pleno empleo"), pero aquí no las abordaré su detalle.
Conclusión
El total del salario surge del proceso económico de la empresa privada y el Estado no pone ni un centavo, la contrario, extrae varios impuestos. Las políticas públicas favorables o contrarias al alza salarial periódica, únicamente son un impulso, pero jamás crean el salario. Resulta extraño que con la fijación de niveles mínimos o elementos normativos se imagine que el Estado está otorgando algún nivel salarial. Una de las mejores maneras que del Estado empuje en sentido de mejores salarios, es que no ahogue con impuestos y trámites a las empresas. Una fuerte carga fiscal sobre las empresas obliga a reducir los salarios, por más que se pretenda algo distinto.
