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domingo, 17 de noviembre de 2013

¿MÉXICO EN METAMORFOSIS O HACIA SU DESAPARICIÓN?





 Por Carlos Valdés Martín


Con motivo del desayuno del Foro Ave Fénix presenté una breve ponencia sobre identidad nacional aplicado a México. De esa exposición oral conservé las notas de ese día y en lo que sigue las mejoré para su lectura. El título completo es “La identidad nacional a través de sus símbolos… ¿México en metamorfosis o hacia su desaparición?”

1. Es tiempo de saber la verdad sobre el tema nacional. Por fortuna, este es un tema familiar y todos ponen su parte en las piezas del rompecabezas. En mi opinión, la cuestión nacional ha quedado de lado en el espacio académico convencional y los motivos son el objeto de estudio, pues el tema “Nación” abarca varios campos: economía, política, historia, filosofía… En especial, parecería que los historiadores han abordado el tema, pero lo hacen como evento pasado y por tanto no resuelven sino una mitad del rompecabezas, ya que lo interesante de cada nación es que está viva y posee proyección hacia el futuro.
La verdad es un término sólido y brillante, aunque polémico, las modas posmodernas prefieren colocarle una etiqueta de debilidad, indicando que es “verdad relativa”. Sin embargo, lo importante de la verdad es que lo sea y como tal nos traiga la conformidad de nuestra razón con un objeto, de tal modo que el concepto que tenemos de la “cosa misma” sea certero.
Un artista plástico tuvo la brillante idea de poner la verdad a la cabeza de la nación. La operación fue alabada, pero luego disimulada. ¿Adivinan qué sucedió? En la Columna de la Independencia está la diosa griega Niké del triunfo con la guirnalda en la mano, pero nuestro pueblo católico asumió que era un ángel ligado a la Independencia.

2. La nación nos es muy familiar, nos preguntamos ¿Por qué no se sabe de ella su verdad de un modo bastante espontáneo? Por lo mismo que del aire respirado no se conoció su composición y propiedades desde el amanecer de la humanidad. Debemos de tomar distancia respecto de lo familiar, para que nos lo sea menos y comprender sus rasgos evidentes mirándolos como extraños, y —viceversa— viendo sus rasgos extraños bajo una repetición. Lo familiar, no por serlo resulta lo mejor conocido, al contrario cuando nos acostumbramos a una presencia casi dejamos de notarla.
2.1 Hemos perdido sensibilidad ante nuestro ambiente nacional. Ejercicio para recuperar la sensibilidad ante nuestro “ambiente nacional”, imaginemos es espectáculo ahora casi perdido de los hermosos lagos rodeados de volcanes y montañas, tierras fértiles y clima templado en lo que se llamó la región más transparente en la recreación poética de Alfonso Reyes[1] y repetida en la prosa de Carlos Fuentes[2]. Con la megalópolis eso se convirtió en una ironía. Sin embargo, gran parte de esa belleza sobrevive en las visiones de los volcanes tocadas por luces de mañana o tarde, por los arcoíris en los días de lluvia. Incluso la vista del tapete de luces nocturno visto en un avión acercándose al Valle de México, que es una visión con ventaja a la “ciudad luz”.
2.2 Nuestro ambiente está pletórico de maravillas y suelen ser los extranjeros quienes nos vienen a recordad esa maravillas, que las miramos con ojos de trivialidad. ¿Quién redescubrió a los chamanes de México? Gordon Wasson visitando a María Sabina, y Carlos Castaneda inventando a Don Juan. Poner más ejemplos de extranjeros mostrando las maravillas de nuestra tierra. Lo mismo sucedió en siglos pasados, cuando siendo todavía colonia la visión de Humboldt sobre nuestra riqueza y pujanza, conmovió a la entonces llamada Nueva España. Las atrocidades del periodo de Porfirio Díaz tomaron un mayor realce cuando las relató John Kenneth Turner en México Bárbaro. Las hazañas de Pancho Villa se dieron a mayor fama bajo la pluma de John Reed el periodista norteamericano. Todavía hoy le prestamos especial atención a lo que se dice de nuestro país en la prensa extranjera, como si nos entregaran una verdad especial.
2.3 Parecemos beduinos del desierto que todo lo vemos cubierto de arena. La repetición nos vuelve insensibles: por eso ahora estamos colocados entre dos insensibilidades. La repetición del aroma nacional nos insensibiliza como oler siempre lo mismo, lo llaman el “efecto de la rana cocida”.
Como muestra el ejemplo de la rana cocida, la insensibilidad alcanza niveles peligrosos. Y también la repetición de la invasión masiva de influencias extranjeras en la economía y la cultura (mucho es más en la incultura) nos insensibiliza ante ese fenómeno.

3. Previo. La identidad es un asunto de conciencia… algunos pueblos se han identificado fácilmente con su entorno natural y con ese sello han crecido. El entorno natural se convierte en un símbolo de su destino y carácter. Así, lo pueblos del desierto se han identificado con el reto y la aventura, su problema para sobrevivir y capacidad de desplazamiento ha sellado su destino peculiar como se muestra en árabes, judíos y mongoles. Ese juego entre un pueblo y su entorno da tintes interesantes. ¿Han notado una afinidad entre los suizos y Alpes?  La solidez de las montañas, la claridad de las nieves, la previsión ante la adversidad. ¿Notan la afinidad entre los brasileños y el Amazonas? Tropical, desbordante y generoso. La situación de los grandes lagos en las alturas es un fenómeno excepcional, que marcó la trayectoria náhuatl. La toponimia de las aguas nos sigue acompañando… Anáhuac significa al lado de las aguas.
Se narró con brevedad la leyenda de Narciso y Eco, pues ahí se muestran los extremos de la conciencia y sirven como partida para comprender la gran conciencia colectiva implicada en la nación. En ese relato, se muestra cómo el reflejo del agua sirve para la conciencia.
3.1 El sentido etimológico de México, ahora se asume como “en el ombligo de la luna”. Se va a explicar esa leyenda y mostrar que tiene sentido. El ciclo del nacimiento de Huitzilopoztli es la explicación de esa leyenda, palabra que no se usa en sentido despectivo sino como en su origen “legenda”[3] que es lo leído.
Los grandes lagos reflejan el cielo y también la gran conciencia, el saberse parte de un gran conjunto. Las aguas reflejantes de la colectividad.
3.2 La nación se refiere a un objeto-colectivo, es decir, a un grupo humano de características muy importantes que afectan al individuo. En ese sentido, existe una correspondencia compleja entre cualquier individuo y una o varias naciones; viceversa, existe un efecto complejo de la nación sobre multitud de individuos. Este tipo de objetos grupales no son tan sencillos de estudiar y su conocimiento está en el campo de la ciencias sociales. Por su naturaleza la nación no ha entrado por completo en alguna de las ciencias sociales académicas como la economía, la política, la sociología, la historia, etc., al mismo tiempo que entra en la consideración de todas ellas. Esta falta de estudio suficiente por la academia es comprensible pues la complejidad del tema y su intersección de materias exige complementar los enfoques.

4. Adelantando la definición de nación, el término se refiere a un grupo humano grande en el cual los miembros aceptan que pertenecen a él, conteniendo algún tipo de identidad y compartiendo algunos de estos elementos como: origen étnico común, tradiciones comunes, idioma común, economía común, cultura en común, sistema político en común y una voluntad de mantenerse unidos. Lo peculiar es que casi nunca existen todos los elementos juntos en las formaciones de nacionales. Eso plantea una irregularidad en la formación de las naciones y una discusión interesante sobre cuáles son los elementos más importantes y su dinámica.

5. La nación es un tema de emociones. Recibe amores y aborrecimientos; es una especie de pantalla colectiva donde se proyecta lo mejor y peor de las colectividades. Debido a esa gran fuerza emocional del tema es que brota el orgullo nacional.
En nuestro país el sentimiento nacionalista ha mantenido un tinte positivo y ha sido la fuerza que ha movido a la gente, en los momentos de debilidad como cuando sucedió la invasión francesa. Todos los grandes movimientos en México han adquirido ese matiz de emoción patriótica: la Independencia (forjadora de la nación, aunque comenzó con cautela); la Reforma combatiendo a la intervención francesa y al imperio; y la Revolución con su redescubrimiento de nuestro país.

6. Al menos en tres ocasiones nuestro estado-nación ha sufrido cirugía mayor o hasta amenaza de desaparecer en el siglo XIX. En un corto periodo ocurrieron la invasión norteamericana de 1847; la amenaza separatista de Yucatán de 1846 y la rebelión maya iniciada también en 1847 (para mí finalizada en 1934 con el reparto agrario de Lázaro Cárdenas); y la invasión francesa (comienza en 1862 y finaliza en 1867).  En una ocasión el sistema Estatal fue colonial durante tres siglos y, en sentido estricto, la nación mexicana estaba “suspendida” aunque cabría una discusión sobre ¿qué tipo de comunidad existió en ese periodo?
Afirmación: una nación vigorosa se muestra por que sobrevive ante la adversidad. Los judíos sobrevivieron al éxodo, diáspora y al campo de exterminio nazi. ¿Quién duda hoy que los judíos representan una nación fuerte? La nuestra sobrevivió a la enorme amputación territorial y, por eso mismo, renace más allá del Río Bravo.
Quizá buscamos una nueva prueba suprema, otra travesía por el desierto desde Aztlán. ¿Requerimos perder nuestra nación para que renazca el patriotismo? Coloquialmente eso es llama ser “hijos de la mala vida” y luego buscar la redención.
6.1 Después del trance de las guerras con pérdida territorial del siglo XIX y la cruel Revolución Mexicana, el sentido del nacionalismo mexicano se recuperó con una fuerza antes desconocida. De pronto se agruparon circunstancias y se definió un fuerte perfil para nuestra nación, al que yo denomino el perfil clásico. Esa imaginación de charros, adelitas, sombrerudos revolucionarios y campesinos indígenas con calzón de manta es tan robusta que nuestra modernización llega a percibirse erróneamente como una traición.
Resulta curioso que luego de un debilitamiento evidente surgió un fortalecimiento que todavía nos parece ejemplar. Es una oscilación que no es rara: los países que han liderado al mundo también son presas de subidas y bajadas. Los EUA tuvieron su cruel Guerra Civil que los mantuvo divididos y sangrados durante el siglo XIX; resurgieron para colocarse como la superpotencia. Francia transitó sus momentos de debilidad y agonía: perdedora ante Prusia y luego ocupada por Alemania en la Segunda Gran Guerra.

7. Cuando los gobiernos buscan manipular a las masas utilizan el tema nacional, aunque por excepción ese utilitarismo resulta benéfico, como en la resistencia ante la opresión extranjera. El imperialismo se define como conquista y apoderamiento de pueblos ajenos, se abandera en un nacionalismo de una potencia agresiva. Al mismo tiempo, un discurso imperial pretende desbaratar el nacionalismo de los pueblos oprimidos, incluso ha negado la humanidad de los indígenas rojos, amarillos y negros para no otorgarles ningún derecho. Y eso ha ocurrido hasta hace poco tiempo: en la mitad de siglo XX todavía gran parte del globo eran colonias descaradas. Hoy el discurso imperialista se viste de globalismo: basta conquistar la economía y silenciar el orgullo de los pueblos subordinados para someterlos a dictados imperiales. Pregunto: ¿Qué sería hoy de un espía mexicano que tuviera la osadía de merodear a los líderes de EUA y Europa como lo han hecho los norteamericanos? Calentaría el cemento tras las rejas de alguna prisión de máxima seguridad.

8. En el siglo XIX la conquista imperial operaba territorial-militar, en el XXI es principalmente económica. La venta de la cervecería FEMSA (marcas corona, etc.) tiene un equivalente monetario a un país pequeño como El Salvador. Por un simple intercambio de acciones una fracción del país queda en manos extranjeras sin disparar ningún disparo. El tema podría ser tolerable si existiera una equivalencia, un intercambio internacional de fragmentos económicos. Que los Slim o los Zambrano posean fragmentos de la economía de muchos países ¿nos da una satisfacción nacional? Quizá compensen flujos de capitales y balanzas comerciales, pero jamás restituyen al país como tal.

9. Las mejores definiciones de verdad que aplican a la nación son: idea clara y distinta que por su evidencia es aceptada por la razón. La idea o concepto corresponde al objeto y convence a la razón con su evidencia. Cuando respiramos y nos movemos en una atmósfera nacional su existencia es evidente, pero su claridad y distinción no emerge tan sencilla. La misma presencia constante de la nación nos anestesia y por eso debemos recuperar la sensibilidad sobre el tema… Una vez recuperada la sensibilidad separamos las partes no relevantes y enfocamos su parte clara e indisoluble: el grupo humano que se reproduce.

10. La reproducción humana es diferente a la de especies biológicas y posee sellos característicos. De ahí la falla enorme de las “teorías” racistas sobre la nación y de las tentativas de eugenesia. Las visiones racistas de suyo son argumentaciones falaces que no crean teoría en sentido estricto, sino divulgan ideologías imperiales. La reproducción humana requiere de conciencia: unidad de pensamiento, lenguaje y cultura. La reproducción humana requiere de emoción: la voluntad para mantener lazos, comunicación en el lenguaje y una cultura vital arraigada en tradiciones. La reproducción humana requiere de materia: una economía de sustento, un espacio-territorio de vida y un poder para garantizar la continuidad material de la comunidad.
El origen étnico común no garantiza la presencia de todos los elementos de la reproducción humana. Cuando el mismo origen étnico sucede en contextos adversos, entonces faltarían casi todos los elementos de conciencia, emoción y materia para no conformar una nación. De facto, la humanidad entera posee un origen étnico común pero está dividida firmemente en grupos nacionales dispersos, los cuales son las agrupaciones de la reproducción humana.

11. El límite de una nación es la voluntad grupal activa: mientras un grupo manifieste y actúe para agruparse como nación sí existirá. Lo contrario: la decisión activa y colectiva de disociarse es suficiente para acabar con una nación. Pero esas decisiones voluntarias convertidas en acción provienen de los estratos profundos: emociones y materias. ¿Están materialmente unidos? ¿Están mentalmente unidos? Como bien señala Anderson la unidad mental proviene de procesos reales: periódicos, revistas, colegios, grupos educativos, lenguajes, gramáticas, diccionarios, acción del Estado… La manifestación límite de una nación surge claramente en las guerras de liberación nacional, donde arriesgar la vida y arrastrar las penurias consecuentes demuestra la contradicción al extremo: morir los individuos para que viva la colectividad. Las guerras imperiales, para imponer un poder ajeno al vecino, es la declaración relativista al extremo: una nación contigua no existe para el vecino bélico, sino que representa el potencial de su desaparición.

12. El viaje desde Aztlán con su travesía por el desierto hasta alcanzar una tierra prometida evoca los límites superados y el triunfo. Cualquier situación humana encuentra límites y el tránsito sobre ellos marca el rumbo de la reproducción posible. El cruzar desiertos tras la frontera… eso es repetir un arquetipo de sobrevivencia y triunfo.

13. Existe el tema de las naciones viables e inviables, incluso, algunas hasta desaparecidas… En el siglo XIX se discutió el tema de las naciones viables, preocupándose por descubrir el tamaño mínimo que requería una nación para convertirse en viable. Además del tamaño importan otros factores, quizá algunos imperios enormes tenían pies de barro y naciones pequeñas se han mantenido unidas en el trayecto de milenios.

14. El tema de la x de México como encrucijada. La palabra para designar al país recién independizado fue discutida y ganó la posición de Servando Teresa de Mier, pero esa opinión también nos trae una metáfora. La figura de la “x” nos provoca la imagen plástica del cruce de fuerzas contrarias, con lo mismo que se arma la palabra “encrucijada”. Esas fuerzas contrarias generan conflictos, pero también indican la posibilidad de elección, pues cuando fuerzas contrarias se equilibran en su antagonismo entonces una decisión debe cambiar el cuadro. Estar ante la “x” representa la oportunidad de decidir. Si esta exposición empezó con una pregunta se debe a que nuestro contexto representa una encrucijada: ¿una metamorfosis viable o desaparecer? ¿ascender al nivel superior o caer en agonía?... Mantenerse en agonía es insufrible y la desaparición inaceptable; queda un único camino para la nación aguijoneada por la adversidad, levantar la cabeza y nunca más cejar hasta redimirse.


 NOTAS



[1] REYES, Alfonso, Visión de Anáhuac.
[2] FUENTES, Carlos, La región más transparente.
[3] FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas.

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