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viernes, 5 de junio de 2020

CIRO SÍMBOLO DE GENEROSIDAD, LIBERA A LOS JUDÍOS CAUTIVOS



 

Por Carlos Valdés Martín

 

El Imperio Asirio conquista Jerusalén

La historia saturada de malos gobiernos y de actos crueles, en algunas ocasiones destila el suave néctar de la generosidad inexplicable. Desde el lado del pueblo judío eran incomprensibles las desgracias seguidas de su derrota ante el reino Asirio, la destrucción del Templo de Salomón en el año 586 a. de C. y el cautiverio masivo en territorios lejanos.  Si bien, en retrospectiva se asume que el pueblo olvidó su piedad, también resulta evidente la geopolítica de la región había sido un crucigrama terrible, dentro el cual la independencia de los judíos y la extensión del reinado de Salomón resultaban una excepción. La tierra de Canaán sitiada entre las potencias de Egipto y los reinos de Mesopotamia, repetidamente estaba al borde de una catástrofe militar frente a vecinos tan poderosos, además que el tablero diplomático resultaba más complicado con la fuerza singular de la ciudad de Tiro, que aislada de la costa logró sobresalir como una potencia comercial y marítima que colonizó gran parte del Mediterráneo. Los territorios que conquistados por David y mantenidos diplomáticamente por Salomón,[1] en los reinos sucesivos desaparecieron rápidamente y la carrera contra la desgracia no se detuvo, sino con la conquista del rey de los asirios, Nabucodonosor y sus destrucciones.[2]

El Imperio Asirio, luego de anexar por entero los territorios judíos parecía muy sólido, sin rivales importantes alrededor.  Y no era la primera vez que los asirios conquistaban la región, unos siglos antes habían destruido al reino de Samaria, también israelita.[3] Las rivalidades asirias hacia el Este se limitaban al lejano reino de Egipto, pero la extensión territorial nunca había significado una amenaza para que los egipcios los dominaran, mientras que lo contrario pareció posible. Los pueblos al Norte de Mesopotamia resultaban periódicamente más belicosos y hábiles en las artes militares.

El cautiverio de pueblos

Una estrategia de los conquistadores asirios sobre los pueblos sometidos fue desarraigar grandes poblaciones, manteniéndolas en cautiverio permanentemente, separadas de sus tierras originales. La población samaritana de origen judío ya había sufrido el destino de un cautiverio cuando fueron derrotados por los asirios, hacia el 722 a. de C. También existe el llamado misterio de las diez tribus perdidas de Israel, que entre las guerras y migraciones se extraviaron del mapa y la memoria.[4] Los pueblos sometidos a la emigración forzosa quedaban sometidos a diversas penalidades, aunque el objetivo de los asirios no era el exterminio, sino la asimilación a un tipo de vasallaje, aprovechando las habilidades de los cautivos. En particular, se cree que a Babilonia se llevaron a la élite judía, al grupo más ilustrado o con aspiraciones al gobierno local. La Biblia señala “Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén: a todos los magistrados, a todos los guerreros valientes (un total de diez mil cautivos), y a todos los herreros y artesanos. No quedó nadie, excepto la gente más pobre del pueblo de la tierra”[5] Claro, había un riesgo evidente de la desaparición de la identidad originaria, por la desaparición de costumbres, mezcla de pueblos y mimetización ante nuevos ambientes;[6] sin embargo, antes del destierro judío sucedió un cambio de gran consecuencia. Hacia el año 622 a. de C. ocurre una reforma de la religión judía, que establece el culto yahvista predominante, que se plasma por escrito en el Antiguo Testamento. Los cautivos judíos fueron llevados a Babilonia y localidades cercanas pero con ellos conservaron sus Libros de la Ley, la cual respetaron durante los siguientes 70 años. Así, los judíos mantuvieron su identidad y hasta la reforzaron durante el cautiverio, que finaliza en 537 a. de C.

La expansión de Ciro

Los persas fueron un reino independiente que asimiló las mismas bases culturales de los asirios, pero en un territorio más al Norte, en el actual Irán. Por razones internas el reino asirio decayó mientras los persas comenzaron a expandirse sobre los pueblos intermedios. Transcurrieron menos de setenta años para que decayera ante un nuevo rival, encarnado por los vecinos persas.

Ciro el Grande heredó el reino persa hacia 559 a. C. y comenzó una rápida expansión militar, que en pocos años logró éxitos espectaculares. Comenzó adueñándose de las actuales Irán, pues su reino original únicamente abarcaba la porción Sur de esa región, y lo demás se denominaba región de los medios. Después se enfiló para conquistar lo que ahora es Turquía, entonces llamada Lidia, gobernada por descendientes de los griegos, entre lo más famoso el rey Creso narrado por Herodoto.[7] Hacia el año 539 a. C. el ejército de Ciro logró su máximo poderío y entonces ocupó Babilonia la capital del Imperio asirio-caldeo, también llamado asirio o babilónico. Al caer la capital las regiones súbditas como Judea y Siria se rindieron ante el nuevo gobernante sin dar batalla.

Según la Biblia esta conquista fue anticipada por un acontecimiento misterioso en Babilonia, pues el “rey” Baltasar vio que una mano flotando escribía tres letras con significado.[8] Quien las descifra es el cautivo judío Daniel y su contenido anunciaba que los persas de Ciro tomarían el reino, lo cual sucedió al día siguiente según esta leyenda.

Importancia de Babilonia

Para el conquistador Ciro, la ciudad de Babilonia siguió funcionando como una capital del Imperio, ya muy expandido por su importante campaña de conquistas. La ciudad enclavada en la zona fértil entre al río Éufrates, región de la civilización mesopotámica. Para el tiempo de Ciro su población era tan numerosa y su red económica tan pujante que resultó mejor mantenerla como eje del imperio, incluso su papel protagónico en la región se mantuvo por muchos siglos después siendo la capital del reino Seléucida, descendiente de uno de los capitanes de Alejandro Magno.

Para la cultura judeocristiana esta ciudad de Babilonia se ha mantenido como un referente de contraposición de creencias, comenzando con la construcción de la torre de Babel por Nimrod y muchos episodios posteriores, incluso manteniéndose en el imaginario del Apocalipsis.[9]

Zoroastrismo

La religión del pueblo persa fue el zoroastrismo (o mazdeísmo), la cual Ciro no impuso a sus súbditos, al contrario, ejerció la tolerancia religiosa, como se ejemplifica por su trato a los judíos. La religión del zoroastrismo, era dualista por la perpetua lucha de la luz (sol) contra la oscuridad, que se repite cada día, con la lucha entre Ahura Mazda (Ormuz) y Arihman. De hecho, sus rasgos típicos fueron acentuar una dualidad que no estaba presente en las religiones politeístas.

El profeta de esta religión se llamó Zoroastro o Zaratustra[10] según las traducciones distintas, oriundo de una región del actual Irán, su influencia abarcó una amplia región y su religión obtuvo una gran influencia, aunque muchos siglos después quedó marginada por la acción del islamismo. Algunos estudiosos consideran que esta religión fue una fuente de inspiración para el propio judaísmo y las religiones subsecuentes como introductores del dualismo por algunos de sus rasgos como cielo vs infierno; el Día de Juicio Final o la diferencia entre ángeles y demonios.[11]

Respetar a los conquistados y la liberación de los judíos

En sentido bíblico no hay explicación precisa para los motivos de Ciro, aunque sí se considera que sus actos encajan en una profecía previa de Isaías, quien dos siglos antes advirtió que Yahvé empoderaría a un líder virtuoso proveniente del Este, para imponer justicia.[12]

Conforme el libro de Daniel señala que los sueños y prodigios motivaron a los predecesores encumbrados sobre el trono babilónico, vale perfectamente el imaginar que Ciro recibió su propio espectro que lo convenció de liberar cautivos. ¿Y si siendo un monarca en ascenso todavía poseía una fuerte conciencia y un sentido del decoro? Pues definitivamente mantener desarraigadas a las poblaciones representa una ignominia y restituirlas a su terruño es un gesto noble. Incluso si hubiera una revelación, este gesto se contrapone con la necedad del Faraón quien rechazó las amenazas y las plagas hasta ser doblegado por el miedo a más castigos. En este sentido, si Ciro recibió una revelación ésta transitó por su conciencia, ya que sin ese regulador, los mensajes siempre quedan distorsionados o suprimidos. La sabia decisión de Ciro haciendo caso a un designio misterioso para liberar a los judíos lo marcó como ejemplo del buen gobierno.

Esa decisión de Ciro que se recuerda por milenios, quedó amplíada en el sentido de su respeto hacia los derechos de los pueblos sojuzgados. Se considera que el testimonio más interesante está en el llamado Cilindro de Ciro, una proclama del rey después de conquistar Babilonia, donde señala el respeto de derechos a los súbditos y la oferta de repatriación para los exiliados, aunque dicho Cilindro no especifica al pueblo judío.[13]

Nombre de Sol y muerte de leyenda

El nombre original de Ciro el rey persa resulta muy distinto de la versión que conocemos, según esto “Hacia el 600 a. de C., en una de las familias persas más importantes nació un niño al que llamaron Kurush. En hebreo, tal nombre se convirtió en Koresh; y en griego, Kuros. Por su último nombre, Cirus, en latín, es por el que le conocemos nosotros.”[14] Al parecer, esta palabra original implica al Sol, el astro rey de la misma religión zoroastrista, que para ese tiempo estaba en auge regional.

Para el personaje Ciro, todo indica que creció orgulloso de su habilidad guerrera y lo suyo era más el campo de batalla que el trono, por lo que siguió en sus campañas militares. Unos años después de haber logrado sus mayores hazañas, emprendió una campaña hasta los confines del imperio en la región de los escitas. Hacia el año 530 a. de C. fue derrotado y decapitado por guerreros de los pueblos masagetas acaudillados por la reina Tomiris, según Herodoto en venganza porque Ciro mató a traición al hijo de esa reina guerrera.[15] Este final, con una derrota tan grotesca no parece justo para un monarca de tan grata memoria entre los judíos. Incluso el punto de vista griego representado por Herodoto tampoco parece haber guardado alguna animadversión por este primer gran rey persa. La tumba del personaje se construyó en Pasargada, al sur del actual Irán, datada en el año 528 a. de C., formada por un discreto mausoleo rectangular, sobre unos cuantos escalones. La discreción de la tumba contrasta con la extensión del reino que heredó y la fuerza regional que mantuvo la dinastía llamada aqueménida, fundada por su antepasado Aquemenes, la cual se expandió hacia las costas mediterráneas y estuvo a punto de conquistar Grecia, durante las llamadas “Guerras médicas”. Doscientos años después de la muerte de Ciro, finalmente su imperio sucumbió ante la conquista de Alejandro Magno.

NOTAS:

[1] Crónicas y Reyes.

[2] Asimov, La tierra de Canaán.

[3] Año 772 a. de C.

[4] Capt en su libro El templo de Salomón ofrece una versión muy entretenida sobre las migraciones europeas de esos antiguos pueblos judíos desaparecidos, pero no existe ningún consenso al respecto.

[5] 2 Reyes 24:10.

[6] “Nabucodonosor era un monarca ilustrado. No maltrató ni persiguió al pueblo exiliado de Judá... En los tramos inferiores del valle del Tigris y el Eufrates donde se establecieron —«la cautividad de Babilonia»—, fueron tratados con una total tolerancia. Hasta se les permitió adorar libremente a Yahvéh” Asimov, La tierra de Canaán, p. 80.

[7] Herodoto, Historias.

[8] Al parecer, la historia registra que el rey de Asiria era Nabónido, siendo Baltazar un personaje de gran jerarquía, un gobernador u otro cargo.

[9] Bajo la metáfora de la ramera de Babilonia que cabalga a la Bestia de siete cabezas en Apocalipsis.

[10] Bajo tal nombre de Zaratustra o Zarathustra se conoce a través de la versión poética y filosófica de Nietzsche que no respeta los rasgos originales, sino que libremente lo recrea en Así habló Zaratustra.

[11] Mary Boyce, Zoroastrians: Their Religious Beliefs and Practices (Londres: Routledge y Kegan Paul, 1979)

[12] Libro de Isaías.

[13] En la actualidad se considera que se trata del primer referente para los Derechos Humanos, véase https://eacnur.org/es/actualidad/noticias/eventos/historia-de-los-derechos-humanos-un-relato-por-terminar

[14] Asimov, Guía de la Biblia, Antiguo Testamento, p. 211. Curiosamente concuerda con el original fenicio de Hiram, el constructor del Templo de Salomón, por lo que se redondearía, la relación entre el primer Templo y la liberación del cautiverio para construir el Segundo Templo, como si se redondeara mágicamente la narración. Según Albert Pike en Moral y dogma, ““La palabra Khairūm, Khūrūm o Hiram es una palabra compuesta… De Kur o Khur, el Sol, proviene Khora, topónimo del Bajo Egipto. El Sol, afirma Bryant en su Mitología, era llamado Kur; y Plutarco dice que los persas llamaban al Sol Kūros.”

[15] Herodoto, Historias. La descripción escabrosa indica la venganza de ella que hundió su cabeza en un cuenco de sangre, para sellar que su motivo era la revancha.

miércoles, 1 de enero de 2020

JANO EL DIOS DEL CALENDARIO OCULTO EN SAN JUAN





Por Carlos Valdés Martín


El dios Jano fue propio de los romanos, no provino de la herencia griega como sucedió con la mayoría de su mitología. También conocido como Janus o Ianus,[1] se le representaba como un personaje barbado con dos caras, mirando cada una en el sentido opuesto de la otra. Casi siempre se representaba únicamente como una cabeza con dos caras mirando hacia extremos contrarios y se esculpía en un poste fijo al suelo o sobre una construcción. Las pocas representaciones conservadas de cuerpo completo le atribuyen una vara en una mano para alejar intrusos y una llave en la otra para abrir puertas.
Su mayor popularidad actual deriva al nombrar el primer mes del calendario que proviene desde los antiguos, siendo que en castellano la palabra “enero” disfraza mucho su origen, pero en inglés su nombre “january” es bastante obvio.

Janus y los Juanes

La relación entre estos dos nombres resulta muy interesante y hasta polémica. Desde cierta perspectiva no hay una relación etimológica directa, pues el Janus de Roma proviene de sus tradiciones locales, mientras que el Juan bíblico es una derivación de los antiguos judíos. Por esa lengua hebrea, su origen es Johan que significaba servidor de Dios y no está relacionado con Jano romano, pero la cruzarse la historia bíblica con la presencia de roma los caminos se cruzan y entonces al parecer se entrelazan los dos principales Juanes bíblicos con los el dios de las puertas del tiempo. Si bien la Biblia misma no establece fechas de nacimiento para los Juanes, la ortodoxia católica encontró sentido para signarlos junto a los Solsticios y, por esa curiosa y misteriosa decisión, empezó a quedar cruzado el sendero de los Santos Juanes con Janus bifonte.

Importancia de los solsticios y el calendario

Para medir el tiempo astronómico la mejor referencia fue definir un calendario solar, para lo cual resultaba indispensable medir los puntos de aparición del Sol en el horizonte junto con la duración del día y la noche. Ambos fenómenos se relacionan directamente en la definición de los solsticios, que significan “detención del Sol”, que ocurren cuando el avance aparente del nuestro astro sobre el horizonte se detiene, para invertir su curso. Este fenómeno ocurre dos veces al año y posee una característica antagónica en los hemisferios, pues en el norte durante el Solsticio de Invierno en el Hemisferio Norte ocurre la noche más larga y en el de Verano sucede la más corta.
Esa característica del movimiento aparente del Sol y la duración de los días, también marcaba la evolución del clima y las oportunidades para la siembre y la cosecha, por lo tanto resultaron indispensables para establecer los calendarios anuales. De esa manera, las referencias a los solsticios eran muy importantes para sociedades que dependen de la agricultura para sobrevivir.

Enero

Como guardián de las puertas los romanos colocaron a Janus al principio del calendario, cuando hace más de dos mil años lo modificaron, pasando de un calendario de 10 meses tipo lunar, al solar mixto con 12 meses. Se atribuye al rey Numa Pumpilio esa modificación del calendario, quedando establecido hasta nuestros días. Sin embargo, la adopción del principio del Año en la fecha del 1° de enero fue gradual, hasta volverse de uso general.   

Otros atributos

En algunas leyendas al dios Jano también se le engalana de otras cualidades, convirtiéndose en un personaje parecido a Prometeo, pues también entregaba los cimientos de la civilización dando el conocimiento del dinero, la navegación y la agricultura.
Siendo Jano el guardián de las puertas también se le consideró custodio de los caminos y de las fronteras (por ejemplo las murallas del confín del Imperio). Esta función resulta interesante y amplia, pues los romanos fueron los grandes constructores de caminos de la antigüedad, con una superior tecnología para elevar puentes sobre arcos de piedra, capacidad para elevar muros y colocar techos ayudándose de su propia fórmula de cemento. El dicho de que “todos los caminos llevan a Roma”, implica una verdad disfrazada, pues ellos fueron los primeros en construir amplias carreteras que sirvieron como la única comunicación terrestre confiable en la región del Mediterráneo. Y sobre esos caminos famosos de los romanos en cada “milla” se acostumbraba dejar como vigilante mudo a una representación del dios, y en los pasos vigilados con más razón.[2] También se le relacionaba con la guerra y su templo permanecía abierto mientras perdurara el periodo bélico, mandándose a cerrar durante los periodos de paz, lo cual fue poco frecuente.[3]

Sustitución de Jano por San Juan

El arte de la construcción entre los romanos estaba agrupado en estamentos especializados que perduraron más allá de la caída del Imperio y se cristianizaron con rapidez. Las divinidades de las agrupaciones podían variar, pero para los constructores romanos Jano era pieza clave, y después, al abandonar las viejas creencias, con facilidad lo remplazaron con la adoración por uno de los nuevos santos, siendo común el patronazgo de San Juan.
De esa manera muchos constructores con facilidad sustituyeron a Janus por San Juan, siendo un signo que los gremios operativos transmitieron a la francmasonería inglesa en el siglo XVIII.[4] Y no se piense que esta designación de San Juan como asociado a la construcción fue poco habitual, otro ejemplo de su trascendencia durante el medioevo es que la orden de los Templarios, la cual asumió tal denominación en su título de “Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén”. Sin embargo, la regularidad canónica actual establece que para los albañiles corresponde la Santa Cruz y para los arquitectos Santo Tomás.

Dualidad y furor bélico

En ocasiones se llamaba a este dios por su función de iniciar, siendo “Janus Pater”, al relacionarlo con los comienzos. Por su dualidad lo llamaban “Jano Geminus” y le señalaban su cualidad de bifonte, lo cual curiosamente podemos vincular con su característica bélica, pues el templo de esa deidad se abría durante los periodos de guerra, con la intención de infundir fervor en los soldados. ¿Qué relación hay entre esa dualidad y el furor miliciano? La misma leyenda de Géminis señala que el dolor de la separación ocurrida o por acontecer es motivo suficiente para infundir arrojo en los combatientes.[5] Por eso mismo, resultaba importante mantener las mejores relaciones con el misterioso Janus y su templo se acuñó en la faz de monedas de oro. Entonces, a su vez, bajo los angelicales Juanes, está el enigmático dios romano. 

NOTAS


[1] La “I” latina al inicio de muchas palabras se convirtió en “J” por operación fonética, así las inscripciones antiguas refieren a “Iulio” en vez de Julio y a “Iustitia” en lugar de Justicia.
[2] En las fronteras y linderos de propiedades o urbanizaciones se colocaba al dios Terminus que era representado como una cabeza sobre una columna, para amparar los finales y las delimitaciones. Se emparenta con el propio Janus, pero con una jerarquía menor al parecer, pues solamente posee una cara.
[3] El tercer cierre de las puertas del Templo de Jano señaló el comienzo de la Pax Romana o Pax Augusta, el periodo de pacificación del imperio que se estima duró desde el 12 de enero del año 29 a. C. hasta 180 d. C. o 192 d. C., lo cual no significaba ausencia completa de guerras.
[4] Lavangnini, Manual del Aprendiz.
[5] También el Banquete de Platón nos hace notar que esa división como fuente del Amor, que se convierte en una pasión belicosa para defender la parte separada. Véase, Platón, Diálogos, El Banquete.