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miércoles, 9 de septiembre de 2026

BORREGO PERDIDO DEL NIÑO BENITO JUÁREZ

 

 

                Por Carlos Valdés Martín

 

El personaje real Benito Juárez se ha ganado la admiración más allá de las fronteras y la ha obtenido a pulso. El ciudadano ilustrado y, con más motivo un librepensador masón, admira la amplia obra y el perfil auténtico de Benito Juárez. Ninguna persona ilustrada se contenta con un simple perfil de bronce ni con mitos superficiales, que estarían perfectos para una “revista de sociales”, pero aportan poco para una evaluación y una celebración.

Como las ondas que surgen cuando una piedra golpea un estanque tranquilo, después del personaje surge la leyenda. Y el relato legendario se alimenta con distorsiones y hasta con imágenes alteradas. Entre las alteraciones sobre este prócer y para convertir la narrativa en leyenda, en el pasado se agregó un curioso detalle que se volvió popular. Benito Juárez, siendo el presidente de la República más popular y homenajeado de México, a su narrativa se le agregaron detalles posteriores con el lujo de la fantasía. La desmemoria y las evocaciones imprecisas juegan a favor de los personajes y agigantan su simpatía.

Conviene advertir que a Benito Juárez también le han inventado “leyendas negras” como la falsedad de que fue enemigo de los católicos, cuando él mismo fue un católico practicante. Otra leyenda negra —con un dato inexistente que le han colgado— es la calumnia de que él jamás ganó una elección.

Del lado bucólico y rosa está la ficción de que Juárez huyó de su pueblo natal por la desafortunada pérdida de un borrego que cuidaba, lo cual es un adorno poético. El asunto surgió como una leyenda popular de “boca a oído”, un mecanismo que es fuente de incontables imprecisiones.

Curiosamente, en México también llamamos “soltar borregos” al dar noticias falsas y el causante de que tal leyenda oral y malentendido se difundieran fue un intelectual de altos vuelos.  Quien hizo popular esa versión fue el ilustre Justo Sierra, a quien le agregaban el título de “don”, para adornar sus cualidades. Así, entonces fue el máximo encargado de la educación nacional, don Justo Sierra, quien colocó esa anécdota falsa en la biografía del prócer y, lo hizo con el debido esmero, señalando que era una versión local sin fundamento preciso.

En la biografía clásica “Juárez: su obra y su tiempo” (publicada en 1905). Don Justo Sierra la presenta como “versión local” que escuchó de “un alto personaje muy conocedor de la Sierra de Ixtlán y de las tradiciones relativas a Juárez”, donde señala que “Por temor al castigo que le pudiera acarrear un descuido con sus ovejas, que habían hecho algún daño en una heredad, o porque incitado por sus compañeros cometiese un pequeño hurto de elotes (…) el caso es que desapareció súbitamente de Guelatao.”[1]

Como se observa, esta versión inicial es cuidadosa en cada detalle y el autor apunta hacia una especulación. De hecho, presenta tres hipótesis diferentes sobre la salida del niño Benito Juárez de su pueblo natal. Curiosamente, para enaltecer la leyenda nunca interesaron las otras dos hipótesis, sino la del borrego perdido, quizá por algún misterio sobre el sacrificio de animales en el inconsciente colectivo.

La versión del borrego perdido se expandió como reguero de pólvora y hasta se imprimió en los libros oficiales de primaria, convirtiéndose en una especie de “versión de la historia oficial” sobre el niño Juárez. Esos libros de educación primaria se imprimieron por millones, durante décadas. Esas versiones de Juarez y el borrego aparecían desde los años sesenta y nunca se difuminaron de ese folklore impreso.  

¿Se requiere de ese tipo de fantasías para elevar la figura de Benito Pablo Juárez García? No es necesario, basta considerar su obra de liberación del país ante la potencia agresora y su legado de libertades y leyes que buscaban justicia para los mexicanos.

Hay una larga lista de cambios donde Benito Juárez fue protagonista. Por ejemplo, resistir una invasión coaligada de Francia y Austria-Hungría, hasta lograr expulsar del país a esas potencias europeas. Otro ejemplo, fue el instaurar una Constitución con igualdad ante la ley, bajo principios liberales, muy avanzados para su época.

¿También te contaron la leyenda del borrego perdido por el niño Benito Juárez? ¿Qué te resulta más interesante del personaje?

NOTAS: 



[1] Justo Sierra, “Juárez: su obra y su tiempo” (publicada en 1905), página 25.