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domingo, 14 de diciembre de 2008

INTELECTUALES: PASION Y HORROR POR LA MASA



Por Carlos Valdés Martín

Ambivalencia ante el torrente.La presencia de la masa en cuanto se muestra estruendosa desata el amor o el odio de los intelectuales. La mera presencia en el horizonte de esta congregación humana desata sentimientos y desborda el dique de la indiferencia. En especial, cuando se anuncia una perspectiva donde el destino humano debe decidirse entre el polo de la multitud o el polo de la individualidad aislada, entonces la duda destila la ansiedad y urgen las respuestas.
Ante la masa potente o amenazante, los intelectuales muestran actitudes divergentes, y es Milán Kundera en La insoportable levedad del ser quien propone en su escenario las dos actitudes emotivas ante la masa con la pareja de Sabina y Franz. El personaje femenino Sabina, artista comprometida con la imaginación y con las obsesiones particulares, detesta las manifestaciones públicas. Ella forjó su perspectiva dentro de la sociedad del frío consenso stalinista, ese el mundo donde impera lo que ella llama kitch, el mundo de lo cursi, lo bonito pero hueco, el culto exterior inyectado de vacío. La definición de kitch le otorga un sentido estético al mundo de las multitudes en movimiento, el sentido de lo superficial, de lo que agrada precisamente por ser familiar y carente de profundidad. Cuando la avalancha humana impregna kitch es porque está domesticada, se ha configurado como desfile conmemorativo, sin la mínima sombra de una revuelta ni de un desorden. El desfile ordenado con sus filas interminables indica una belleza exterior, imponente como todos los edificios públicos, pero nunca convincente, tal como nos convence el verdadero arte. El mundo del kitch corresponde al universo del bienestar superficial, del conformismo, del acomodamiento con la corriente y el estatus quo. Por su parte, Franz, el intelectual sentimental y bien intencionado, adora las manifestaciones públicas, y las ama principalmente por lo que representan y no por lo aquello contenido realmente. Su anhelo corresponde al propio del pensador izquierdista, anhelando la verdadera confluencia humana en marcha, por eso luego acude hasta el otro lado del planeta, para hacer una demostración en la frontera de Camboya. Para él cada manifestación integra una confluencia real de propósitos, un momento que debería de continuar siempre como liberación de energías y de motivos bienhechores (1). Independientemente del juicio del autor, Kundera, sobre si el torrente humano es maldito o benigno, encontramos en un mismo texto las dos posiciones antagónicas posibles ante el fenómeno de masas, las cuales implican desde el rechazo emotivo, estético, existencial y político hasta su aceptación íntima y sincera. El literato al relatar su novela percibe claramente las dos posiciones, las describe desde su interioridad, las encuentra humanamente justificadas, pues transcurren paralelas las líneas de la sinceridad de Sabina contra la de Franz.

Nadar dentro del torrente para explicarlo.
Dentro de la obra de Elías Canetti encontramos una conjunción de pasión por la masa misma con una prolongada reflexión fenomenológica de la misma. Existe un importante punto de partida vital de Canetti, según lo ha revelado en diversas entrevistas, pues desde ahí surge su inquietud intelectual y política personalísima. De acuerdo a sus revelaciones la experiencia personal que lo marcó ocurrió en los años veintes en el centro de la ciudad de Viena. En ese momento unos dirigentes obreros de una huelga de filiación socialdemócrata habían sido injustamente condenados a muerte. El partido de izquierda y los obreros habían protestado inútilmente, pues el fallo judicial fue arbitrario, cruel e inapelable, pues el veredicto quedó marcado por su trasfondo de represión política, martirizando a los dirigentes como escarmiento de otras protestas. En el preciso día señalado para la ejecución los obreros se empezaron a agitar desde la salida de muchas las fábricas, reuniéndose indignados por la ejecución de esos líderes obreros. Ya para el atardecer se empezó a formar un torrente espontáneo de trabajadores en dirección del Ministerio de Justicia austriaco en el centro de Viena. Elías Canetti entonces se consideraba simpatizante del movimiento socialista, pero completamente sin partido, por casualidad se encontraba dentro de un café cuando miró asombrado avanzar un tumulto de gente, vociferando y llena de enojo. Confiesa que se sintió fascinado por la multitud de obreros y obreras encolerizados, por lo que discretamente se integró a esa multitud. Al llegar al palacio donde se ubicaba la sede de la justicia austriaca la policía no fue obstáculo para que los proletarios vieneses asaltaran el edificio, el cual al poco rato fue incendiado. La participación en ese tumulto, cuando un pueblo a la manera de Fuenteovejuna tomó justicia por propio motín, despertó en el autor Elías Canetti una intensa y prolongada pasión por la naturaleza de las masas.
Por ese motivo vital se explica la escritura de su largo libro de Masa y poder. El tema de esa obra se inicia cuando los muchos se convierten en uno y con el motivo de la superación del miedo. "Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido (...) Todas las distancias que el hombre ha creado a su alrededor han surgido de este temor a ser tocado (...) Sólo en la masa puede el hombre redimirse de este temor al contacto. Se trata de la única situación en la que este temor se convierte en su contrario" (2). Reiteramos, que en opinión de Canetti, ese miedo a toque de lo desconocido se trata del mayor temor y posee una fuerza constituyente, tanto que ha creado todas las distancias humana, aspecto físico de las enajenaciones. Entonces el proceso de creación de la masa supera ese temor tan fuerte. Se trata de un sentido de contacto, por tanto sensual, lo que está aportando la masa al individuo integrante. En ese sentido la esencia de la masa la revela como una naturaleza orgiástica, aunque el autor no lo interpreta tan eróticamente sino preferentemente como una ley gravitatoria de tipo sensual o pasional(3).
Buscando una legalidad interior en Masa y poder su autor establece cuatro rasgos, que describen casi "leyes naturales": 1) La masa quiere crecer, aunque este principio mantiene algunas excepciones. Porque la densidad multitudinaria trasluce un hecho gozoso, en la densidad no importa con quien se roza contra quien, sino la misma calidez del (casi o literalmente) apretarse, pasando a constituirse como casi un único cuerpo, ser masa se disfruta, el saberse masa creciente resulta doblemente placentero. La masa desea agregar a los dispersos, los invita a fundirse, para sentir un goce creciente. Uno de los mejores ejemplos acontece con los obreros invadiendo fábricas para obligar a más obreros a la integración a la huelga donde el llamado a la fusión en un sólido grupo es imperioso. En otros casos este deseo de crecer permanece "domesticado" como durante el desfile o la peregrinación que requiere de espectadores a los márgenes, y como en el espectáculo organizado dentro de una arena cerrada, donde no hay espacio para crecer, un público masivo se concreta a vitorear, enardeciéndose por la mutua presencia circular de gente rodeándose por todos lados. La agregación con crecimiento representa la modalidad que este escritor denomina propiamente la masa abierta. 2) En el interior de la masa reina la igualdad. Ésta se caracteriza por una ruptura del límite físico entre las personas, que se acompaña de una metamorfosis más profunda, de una descarga emocional, donde cada cual arroja las separaciones entendidas como múltiples jerarquías sociales. Integrarse significa buscar una igualdad, y esa es una motivación del fusionarse. Aunque para el autor ese reino de igualdad nace desde una ilusión, pues la igualdad efectiva ocurre sólo momentáneamente dentro del agrupamiento, que al desintegrarse restablece las jerarquías. Sintetizando vemos que la integración masiva es gozosa, lograrla exige igualdad y la igualdad implica suprimir distancias y jerarquías. 3) La masa ama la densidad, que es la condición de la proximidad corporal. Demasiada gente en poco espacio obliga a apretarse y bajo la obligación nadie es responsable de la proximidad, y con la cercanía se intensifica esa la condición física misma del sentimiento de masa. Por eso ciertos espacios son adecuados a tal agrupación mientras otros resultan barrera, así las plazas, estadios y foros convocan a la reunión, mientras que los palacios y torres la evitan. 4) La masa necesita una dirección. La superación de las metas privadas es requisito para mantener a la muchedumbre viva y la dirección durante un desplazamiento es la expresión de esa meta común. Situación cierta, aunque esto implica vaciar o ignorar la meta particular de cada movimiento de masas de este tipo, para Canetti el deseo reinante justifica cualquier meta para mantener viva a la unión como fin en sí mismo. "El temor a desintegrarse que siempre está vivo en ella, hace posible orientarla hacia objetivos cualesquiera." (4). Parcialmente estamos de acuerdo que la masa sea un fin, pues el sujeto generador de fines, el ser humano, es también su propio fin y su bien, pero el argumento presenta una absolutización, cristalización de la estructura práctica presente en la colectividad, pues el fin de la colectividad se agota en ella, y lo que busca (cada movimiento de masas) explícitamente resulta (en ultima cuenta para Canetti) un falso fin. Esa absolutización de Canetti nos lleva a la idea de que el fenómeno multitudinario existe por sí mismo (5).
Estamos de acuerdo en el punto con este escritor, la masa es crucial, una realidad humana importantísima y vital, cuya radical significación rebasa muchísimo a la presencia eventual de los torrentes de personas que convergen sucesivamente aquí y allá. La profundidad de la masa implica una revelación mayor que el mensaje lanzado explícitamente durante su presencia inmediata. ¿Por qué es tan importante la masa? Creo expresa la presencia inmediata de la sociedad, donde la humanidad entera (como muestra del género humano mismo, presencia empírica del lazo absoluto y horizonte forzoso), se vuelve presencia en la masa, y de ahí la enorme potencia de la misma, de ahí su vinculación forzosa con el tema del poder, de la religión, de la muerte y de la vida. Ese todo-humano presente aunque cotidianamente ocultándose (pues solamente percibimos una parte, un fragmento en cada prójimo), como vinculación genérica, de pronto por el conjuro del agolpamiento de congéneres se vuelve presencia y domina el escenario. La sociedad parcialmente ausente de las conciencias cotidianas con la masa se convierte en totalitariamente presente. Aún así, no conviene reducir el concepto de sociedad al de masa, pues la enorme articulación compleja (los muchos planos y modos de la sociedad) no se resume en la articulación espacial y temporal (simultánea y convergente) del montón de personas convertidas en multitud, con su unidad singular. Esta diferencia entre sociedad y masa subyace sin mostrarse claramente en la conciencia de Canetti al definir la especial legalidad de la masa frente a la vida ordinaria, que es social pero individualizada.

Nadando contra el torrente de la corriente.
Contrariamente a la orientación de Canetti, en general, el pensamiento individualista, el liberal y el conservador han tendido a lanzar una maldición sobre las masas, porque se percibe a las mismas como encarnando un atentado contra la individualidad, como un peligroso magma cuarteando los diques de la privacidad. El tema del intelectual contra las masa ofrece un argumento típicamente moderno, obviamente un tema desprendido de la sociedad de masas. Un ejemplo sumamente interesante aparece con la obra de Ortega y Gasset, cuando denunciando en La rebelión de las masas la invasión de la mediocridad de la masa sobre el ancho mundo y con esa perspectiva expone los dilemas de la modernidad. A este pensador español la irrupción de las masas en los diversos ámbitos sociales se le presenta como un asunto de novedad, rasgo de los tiempos modernos del inicio del siglo XX. Resulta que se presenta la aglomeración, el saturarse en cada sitio, en las casas, en las calles, en los hoteles, en las plazas, en las playas y se vuelve un problema hasta encontrar un lugar propio. La irrupción de las masas parece un movimiento apabullante, donde "La masa arrolla todo (...) Ahora todo el mundo es sólo la masa" (6). En opinión del español implica un acontecimiento sumamente negativo que ha roto con lo que antes se dibujaba como un equilibrio general de la historia, marcado por un balance entre las minorías selectas, las llamadas aristocracias, y las grandes masas. Los componentes de estas últimas son personas vulgares, que pueden tener capacidades particulares, técnicas, potencialidades, pero que carecen de proyecto y de sentido global de las cosas, entonces una opinión grosera del mundo es acompañada por un apetito de satisfacciones inmerecidas. Bajo tal argumento se describe como una mentalidad de "señorito satisfecho" al hombre ordinario que desea disfrutar de los frutos de la civilización, pero que en su ingenuo reclamo puede lanzar por la borda y arruinar su sustento, que es la civilización misma. En opinión de Ortega se presenta en la masa un comportamiento extremo del "señorito satisfecho" destruyendo la fuente de sus riquezas. "En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que en más vastas y sutiles proporciones usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre" (7). Los grupos políticos que en su tiempo incitaban al movimiento de masas, como el sindicalismo, bolchevismo y fascismo caían en tal efecto violento y autoaniquilador, donde la ingenuidad destructiva era el principal sonido captado por el oído de Ortega. Él considera que esa respuesta destructiva revela la propia inclinación de la masa, su inercia propia, el sentido del gobierno del pueblo, una llamada hiper-democracia. Esta inclinación que denuncia Ortega la considera de violencia en su plenitud, y no solamente por sus consecuencias. "Cuando la masa actúa por sí misma lo hace sólo de una manera, porque no tiene otra: lincha" (8). La imagen que nos representa es la del motín, ante lo cual Ortega, como intelectual responsable, lanza gritos de admonición y de horror. Una vez mostradas estas opiniones, nos queda claro que Ortega representa la posición de antagonismo completo contra la masa. La actitud vital de Canetti se contrasta con la Ortega, y entre ambos demuestran los sentimientos a los dos lados de la barricada. Ahora con Ortegra nos encontramos con el espectador horrorizado por la plebe que todo lo quiere invadir. Se trata de huir del fuego, emplear el esfuerzo pleno para formar la minoría. Ante el peligro de caer literalmente amasado, al espíritu excelso solamente le queda una escapatoria en las alturas. Bajo esa radical ajenidad hay una estética en la masa entendida como vocación de drama. No es el asco de Sabina ante el kitch sino el horror de Ortega ante la vulgaridad amotinada. Su imagen describe el coro de los linchamientos, el conjunto de imbéciles aniquilando a los protagonistas, y cuando lo logran termina la obra en un final terrible.

NOTAS:
1) KUNDERA, Milán, La insoportable levedad del ser, Ed. Tusquets. La posición de autor respecto de la masa contiene tanto un sesgo filosófico, por el dilema entre la existencia individual y la social, como político por la confrontación de los personajes contra la tiranía soviética estalinista.
2) CANETTI, Elías, Masa y poder, Muchnik Editores, 4a. ed., Barcelona, 1982, p. 9-10
3) Este sentido sensual de la masa ha sido interpretado de manera más abiertamente sexual por Wilhelm Reich en su Psicología de masa del fascismo, donde se explica mediante el placer implicado en las demostraciones de masa.
4) CANETTI, Elías, Masa y poder, Muchnik Editores, 4a. ed., Barcelona, 1982, p. 24
5) Desde un punto de vista histórico, social y económico este argumento es muy cuestionable. Canetti propone una genealogía directa entre una “muta”, que es el pequeño grupo tribal deseoso de crecer y la masa, que sería la cristalización de tal deseo. La llegada moderna hasta la "sociedad de masas" no nos permite esa explicación lineal. La similitud general de la dominante afectiva o legalidades políticas, no resuelve la pregunta clave de ¿porqué el capitalismo nos condujo hasta la más masiva de todas las sociedades conocidas?
6) ORTEGA Y GASSET, José, La rebelión de las masas, Ed. Planeta-de Agostini, p. 48.
7) ORTEGA Y GASSET, José, Ibid., p. 83.
8) ORTEGA Y GASSET, José, Ibid., p. 130. Las multitudes en movimiento político son un negro abismo ante el cual Ortega solamente conoce un remedio, la recomendación de que bajo regímenes de democracia liberal se dejen gobernar por una minoría egregia, la verdadera aristocracia del espíritu. Reconoce que está nadando contra la tendencia histórica de su presente, pues se los pueblos invaden los palacios, intentan imponer su arbitrio, quieren convertirse en gobierno.

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