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lunes, 17 de enero de 2011

CONCEPTOS DE VALOR TRABAJO Y COGNITARIADO. 2a Parte


Por Carlos Valdés Martín

El cognitariado, la plusvalía relativa y la subsunción de trabajo al capital
Al analizar la correlación entre las relaciones sociales y su base técnica Marx acuñó ciertos conceptos que hablan de la correspondencia entre estos dos órdenes. Al estudiar la evolución de las formas de producción capitalistas en su correlación con el avance de la forma social, Marx establece que el capitalismo va creando su propia base técnica que le genera las condiciones adecuadas de explotación; Marx afirma que al pasarse desde la manufactura a la gran industria el capitalismo establece su base técnica adecuada de producción, y que esto significa la entrada de una explotación del trabajo mayor por medio de la plusvalía relativa. Por plusvalía relativa, se entiende que el tiempo de trabajo socialmente necesario para la reproducción de los trabajadores se reduce, por lo que el monto de plusvalía disponible para el capital aumenta. La entrada de mejores condiciones técnicas para el capital significa también que las condiciones de explotación son mejores, por cuanto el dispositivo material de las fábricas facilita directamente extraer plus-valor.
El concepto de subsunción formal y real del trabajo al capital también está armando en ese sentido. El término subsunción es de origen latino e indica el sometimiento de un término a otro, por lo que con la subsunción de proletariado se entiende su sometimiento al capital, pero aquí indica que se basa en condiciones internas a la producción, no sostenido en base a condiciones externas, sino que los elementos técnicos (maquinaria y gran industria) son los que generan la explotación. Cuando la subsunción es formal las condiciones técnicas todavía son precapitalistas, por ende el capital debía recurrir a muchos medios políticos y policíacos para someter al proletariado; en cambio cuando la subsunción del trabajo al capital se define como “subsunción real”, ya las condiciones de producción obtienen una base técnica propia del capitalismo, donde las máquinas mismas son colaboradoras para la tarea de explotación, por eso la vigilancia externa y la coerción política se reducen y son menos evidentes. Esta distinción entre subsunción formal y real, permaneció oculta en la historia del pensamiento marxista, hasta que se conocieron los manuscritos del capítulo VI inédito de El capital, e incluso han dado pié a interesantes reinterpretaciones.
Ahora bien, la interpretación del cognitariado significa que el paso de la subsunción formal a la real del trabajo al capital no demarca una línea simple y de una vez para siempre. Resulta aceptable que el proceso de subsunción se cumplió en general con la llegada de la gran industria, con lo que el capitalismo obtiene su base técnica propia. Sin embargo, desde mi punto de vista, la forma técnica y los sujetos no están dados en adecuación ontológica a una forma social de explotación, pues siempre el ser concreto (su particularidad) está desbordando a la forma social, que no los agota en su naturaleza. En especial, la forma técnica siempre se relaciona directamente con el producto, pero el sostenimiento de valor del producto (que contenga plusvalor) no implica que su ser material está acorde con todas las necesidades secundarias del capital, como son los requerimientos políticos o de dominio social del capital . Es decir, que muchas innovaciones técnicas incesantes ayuden a generar beneficios al capital (y que se prefiera las más beneficiosas sobre las menos redituables), no implica que esas técnicas directamente sirvan mejor al dominio político del capital. Las innovaciones técnicas que se integran dentro del capitalismo no se prefieren porque generen efectos de dominación favorables, porque lo único significativo para el mismo capital es la utilidad directa. Por lo mismo, la adecuación de la base técnica de la gran industria sólo significa que beneficia al sistema capitalista porque incrementa la ganancia por vía de la plusvalía relativa, sin que exista una especie de “domesticación social” planificada mediante las empresas.

En contra de la teorías de Marcuse sobre la enajenación universal o la adaptación universal de la civilización total al capital , considero que existe una dimensión de la producción que presupone y rebasa al capital, que es su dimensión concreta de fuerzas productivas, que están destinadas a generar producto (su código de producto) antes que de capital. El ser material de toda sociedad depende y alimenta a una fuerza productiva de primer orden, quizá debamos llamarla su vanguardia natural, que es la dialéctica histórica del conocimiento, porque en el saber gravita el eje del hacer. Por lo mismo, en la necesidad de crear sujetos acorde a su nivel de dialéctica histórica del conocimiento, las fuerzas productivas modernas requieren de sujetos que en su ser mismo encarnan la dialéctica histórica del conocimiento, que son llamados cognitariado por la unidad de la condición proletaria y la condición de poseedores de conocimiento. En ese sentido, el proceso del capital y su adecuación de condiciones técnicas me parece que opera en un sentido contradictorio, acorde a una oscilación típica de la dialéctica histórica, que no se mueve linealmente. Desde el punto de vista productivo, el con crecimiento del cognitariado continua el proceso de generación de la plusvalía relativa, por lo que entonces el cognitariado también corresponde con las condiciones técnicas del capital. En ese mismo sentido, el cognitariado emerge en la continuidad de la subsunción real del trabajo al capital, sin embargo, también veo que existe una ruptura de continuidad (incluso un abismo), porque el cognitariado no ofrece un escalón de dominio más sencillo para el capital, porque es un sujeto más complejo y está menos desposeído. La naturaleza de la dialéctica histórica del conocimiento hace que el cognitariado esté menos desposeído que el proletariado clásico, y así no se cumple con una línea de histórica de crecimiento de la enajenación y opresión, sino que al requerir el sistema de una gran masa de sujetos productivos con mayores conocimientos se presenta un efecto de amortiguamiento de la enajenación y opresión. El cognitariado es mejor retribuido que el proletariado tradicional, porque produce más y posee mayor poder en el proceso de trabajo mismo, que no deja de ser propiedad del capital o funcionando en el mercado opera como pequeño capital. Pero si lo anterior es cierto, entonces la subsunción adecuada del cognitariado está a medio camino entre real y formal (por tanto un regreso a menos subsunción), especialmente, porque se observa un proceso de desenajenación parcial del cognitariado por reapropiación de condiciones técnicas de trabajo, el fundamento de su vida. En correspondencia con la base económica se desenvuleve la superestructura de las sociedades, ese es un principio crucial del análisis materialista o realista de las sociedades. En la aplicación de este principio general, la forma política de democracia burguesa moderna con derechos importantes para la población corresponde a una estructura; entonces, la forma política de democracia burguesa moderna corresponde mejor con un cognitariado en la base principal de la producción social, que con la imagen de un proletariado eje de la producción social. La forma política de democracia moderna corresponde mejor a una nación mayoritaria de cognitariado, pues en este régimen existe una presión eficaz contra el poder que ejercería (entonces despóticamente) una reducida burguesía monopólica si nunca enfrentara una resistencia política eficaz de una clase fuerte con intereses diversos.

La dinámica de la enajenación decreciente

Esta línea de razonamiento implica, que el camino de la dialéctica de la historia del capitalismo no es tampoco hacia una creciente enajenación. Aunque no define un componente esencial de la teoría marxista misma debo recordar que la teoría de la siempre creciente enajenación ha sido crucial entre las interpretaciones radicales. En cierto sentido, la teoría de la siempre creciente enajenación significó el sustituto de la teoría de la depauperación absoluta , que si bien no era la teoría salarial propia del Marx, sí era parte del “espíritu de radicalismo” propio de los seguidores del maestro. Esta teoría de la creciente enajenación estaría implicada en Marcuse con su teoría de la vida unidimensional; en el joven Lukács, bajo la forma de la creciente cosificación de la consciencia, y en esa misma línea de razonamiento, aparece Veraza con su interpretación del desarrolla centrado en la subsunción del trabajo al capital, que avanza para ahogar el consumo humano (y a la totalidad social) bajo una nueva cadena de enajenación. Bajo ese espíritu de radicalismo pesimista, el pozo de los males del capitalismo, por fuerza, debería ser siempre peor.
La enajenación y la explotación están ahí, pero su radicalización no se cumple, entonces debe haber hondas razones estructurales, sin buscar en la bondad o maldad intrínseca de estructuras superficiales (el sistema legal mismo, las luchas temporales de la clase obrera ), sino preguntarnos si el modo de fondo generado en la vida social moderna capitalista ha sido trastocado por las realidades nuevas y alteradas que con la gafas puras del marxismo no habíamos acertado a ver con claridad.
Los razonamientos aquí expuestos muestran que si los resultados de las condiciones enajenadas del capitalismo no son catastróficos (como se espera bajo otra línea de razonamientos), entonces las premisas deben examinarse. La transfiguración masiva del proletariado convertido en cognitariado presenta una tendencia contraria al crecimiento de la enajenación y contraria al despotismo político del capital. Lo importante, aquí lo resaltamos, es que la reducción de la enajenación desde la producción misma. Ante la tendencia general que crea un proletariado separado de los medios de producción (enajenado desde la producción), con el cognitariado se reapropia el trabajador directo con un medio esencial de producción. No se rompe el círculo de la enajenación en la producción, porque en la gran empresa el trabajador se sigue separando de su proceso y producto, que pasa a poder de una entidad y clase ajenas, pero ya no se enajena radicalmente de los medios de producción y por lo mismo no se enajena radicalmente de su actividad. Y esto causa para que la sicología industrial y la motivación productiva (mejores condiciones y salarios) en los hechos sustituyan a la brutalidad de los capataces fabriles: ahora el circuito capitalista requiere de colaboración del productor directo.
El crecimiento del poder del cognitariado en la producción no depende de su cantidad y concentración, como refería Marx la situación del proletariado durante el avance de la “gran industria” en el siglo XIX . Sino que el poder del cognitariado depende de un incremento de la técnica en el proceso de producción. Junto con una tecno-burguesía fortalecida surge un tecno-proletariado fortalecido. Sin embargo, el “poder” (fuerza típica como grupo) propio del cognitariado opera en un sentido distinto al modo en que operó el proletariado clásico, y por lo mismo no aparece notable. Debido a que reduce su condición económica y social de enajenación, el cognitariado mantiene un comportamiento político y social peculiar.
Como es evidente, la reducción de la enajenación directamente en las condiciones de producción demarca su frontera en su compatibilidad con el funcionamiento del capitalismo. El trabajo puede tecnificarse y el trabajador convertirse en un cognitariado densamente asimilador de la dialéctica histórica del conocimiento hasta el punto donde no impida las ganancias capitalistas (o él mismo se convierte luego en capitalista, mientras no se supere la forma mercado). El borde exterior de esa conversión está en el mercado capitalista, y no existen barreras preestablecidas para la conversión del simple proletario en cognitario, el proceso fluye constantemente y de ahí la enorme dimensión y diversidad del sistema educativo en el capitalismo maduro.
En un extremo futuro, el conjunto del proletariado podría convertirse en cognitariado, dejando fuera a una población desempleada oscilante, de acuerdo a la ley de población excedente que opere en ese momento histórico de una economía densamente tecnificada. En ese momento histórico de conversión de la casi totalidad del antiguo proletariado en cognitariado, puede desaparecer la dualidad de la ley del valor, y entonces opera una única transmisión de valor en el proceso de trabajo, quedaría unificada la ley del valor, entonces tendería a desaparecer la dualidad mundial y la polarización de zonas diferentes de desarrollo económico (desaparece la polarización extrema, mas no las diferencias regionales). Aunque esa unificación planetaria parece imposible que resultara completa bajo la óptica de un desarrollo desigual y combinado, pues la diversa velocidad de movimiento de las zonas se mantiene aún cuando el planeta está integrado por un mercado mundial.

Nueva clase ascendente y valor
El crecimiento del poder del cognitariado en la producción emanado de la técnica en el proceso de producción, distribución e intercambio, implica que la clase asalariada moderna (incluyendo las formas trasmutadas de retribución salarial cada vez más importantes, como “freeelance” y mini empresa contribuidora al modo de franquicias y proveedores convenidos) será cada vez más fuerte. La presencia del nuevo cognitariado crecerá y permanecerá diversa, porque la concreción de la dialéctica histórica del conocimiento así lo exige, porque la asimilación de conocimiento opera por medio de especialidades y es un fenómeno monista sino de integración compleja. Durante una época de cambios, este crecimiento masivo de una clase oprimida y subalterna pero ascendente se escapa (entre las redes de una teoría atrasada) bajo rótulos de cientos de profesionistas como ingenieros, arquitectos, maestros, doctores, periodistas, mujeres trabajadoras, burócratas, políticos, etc. o en actividades que no se reconocen como actividades de profesionistas pero cuya naturaleza implica un tipo de conocimiento aplicado como ocurre en actividades de ingenieros, médicos, comunicólogos, tecnólogos, y también las actividades menos convencionales como curanderos, religiosos, hackers, profetas, artistas, etc. Este grupo es sostén de las grandes nuevas empresas mundiales: telecomunicaciones, espectáculos, investigación aplicada, computación, educación, etc.
Debido a su generación de más valor, el cognitariado también permanecerá muy apreciado por el capital, con los relativismos que dicho “aprecio” contiene, por la naturaleza de sistema impersonal del mercado. El capital no será indiferente al destino de este peculiar “cerebro de obra” (sucesor de la mano de obra), no puede ni debe pagar salarios de miseria para mantener activa y saludable a esta fuente de valor. El Estado moderno no encierra la vocación para enviar masivamente a la muerte a las nuevas generaciones de cognitarios como antaño se hizo con las jóvenes generaciones proletarias durante las dos Guerras Mundiales, porque esta población no será substituible por reproducción mecánica (como la mano de obra lo fue) .

La fuerza creciente del cognitariado se sustenta en su posición en la producción. También por su posición en la producción resulta una clase multifacética y dispersa, cuya presencia aparece más claramente en aquello que mejor maneja: influencia intelectual (o ideológica), y a partir de ella la influencia cultural, emocional, comunicativa, tecnológica y política. La relación directa del cognitariado con la producción de más valor mediante la dialéctica histórica del conocimiento, concretada en personas, hace que su posición sea imposible de desplazar. A diferencia de lo ocurrido con un proletariado predominantemente manual, el cognitariado no cae políticamente mediante represiones políticas directas, porque en el drama juega los dos papeles de perseguidor y perseguido.
El cognitariado decae por su propio peso, porque sus objetivos no los levanta más allá de un código elemental de democracia política y de bienestar general. El cognitariado (como clase entera) no posee objetivos íntegramente radicales, pues su condición no carga las “cadenas radicales”. Una parte íntima de la condición de esta clase transpira radicalismo, ya que nunca aceptará la fragilidad de la condición asalariada impuesta por el capital ni la enajenación general de la condición humana moderna. De hecho la ideología socialista es una emanación del cognitariado, bajo la forma de intelectuales identificados con el proletariado y con una búsqueda para reconfigurar la situación social hacia un sistema hondamente igualitario. Como conjunto el cognitariado permanece en el terreno del capitalismo, mientras no maduren lo suficiente las contradicciones inherentes al cambio del sistema a partir de sus premisas reales. Pero el cognitariado no debe asaltar el futuro (brincar etapas, catapultar una etapa revolucionaria artificial), basta con que siga tejiendo activamente su naturaleza y su misión: el crecimiento de la dialéctica histórica del conocimiento, pues el crecimiento de la dialéctica histórica del conocimiento se identifica con el incremento del valor del cognitariado y la mejor esperanza para la humanidad futura.

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