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domingo, 16 de enero de 2011

CONCEPTOS DE VALOR TRABAJO Y COGNITARIADO. 1a Parte.


Por Carlos Valdés Martín

Continuidad con la economía clásica y el espíritu científico
El valor trabajo es para la economía política marxista el átomo de la economía, su vertiente explicativa para comprender realmente el movimiento material de la sociedad capitalista. En sus más tempranos escritos Marx rechazó la interpretación del valor trabajo de la economía clásica, pero después la aceptó y perfeccionó como una teoría del valor trabajo sumamente consistente y que permitía operar una reducción de la complejidad real hacia una sustancia unitaria. La economía clásica (Smith, Ricardo, Petty…) previa se interesó en descubrir una sustancia inmutable bajo la mudable apariencia de los precios. Tras un siglo de interpretaciones se fue llegando hasta una interpretación del valor trabajo, de las cuales la explicación de David Ricardo es la más próxima a una definición mediante puro tiempo de trabajo socialmente necesario, que perfecciona Marx. La igualación del valor de las mercancías con el tiempo de trabajo socialmente necesario es una operación de simplificación mental, que tiene un símil general en las operaciones de ciencia natural, que siempre han buscado reducir la diversidad caótica de elementos contradictorias, a una fórmula simple, una fuerza básica que sea simple y permita la explicación del movimiento de las cosas. En ese sentido, el espíritu científico de la economía clásica, el de Marx y de las ciencias naturales es el mismo . La teoría del valor trabajo ha sido una interpretación de base para el marxismo, su clave racionalista para interpretar la realidad económica, por tanto piedra angular del edificio entero.

Contraste de interpretaciones del valor trabajoEl planteamiento esencial del valor trabajo no ha sido esencialmente cuestionado al interior de la teoría marxista, pero desde el exterior fue rechazado por otros modelos. En especial, la interpretación económica posible se ha encontrado con tres opciones: el valor trabajo marxista , el valor subjetivo de la escuela marginalista y una operación pragmática que opera con agregados empíricos como el keynesianismo, por tanto sin teoría del valor alguna. La oposición entre las dos escuelas de interpretación del valor presentan una simetría curiosa, porque el marxismo es objetivista y se basa en la producción ofreciendo una medida indirecta pero muy general y no variable del valor, mientras que el marginalismo es subjetivista y se basa en el consumo ofreciendo una medida directa pero completamente individual y variable del valor. En cierto sentido, entre marxismo y marginalismo tenemos las imágenes completamente inversas de lo mismo. Ambos dicen que el valor emana del sujeto, para el marxismo el valor solamente lo genera el sujeto cuando produce bienes materiales, y el marginalismo dice que lo produce conforme consume los bienes materiales. Para el marxismo el valor emana desde el ámbito de la producción, solamente mientras se dedica el tiempo y el esfuerzo a la creación del objeto de consumo; la entrada a la circulación es una extensión del valor que ya posee el objeto desde la producción misma; la entrada al consumo solamente es la finalización del un proceso que ya trae valor, incluso el consumo es la aniquilación del valor del bien, porque es la aniquilación del producto. Para el marginalismo el valor emana de la apreciación subjetiva del bien; la producción ha creado al producto, pero carecerá de valor hasta que entre en la consideración subjetiva, donde valorar es estimar; con la llegada al ámbito de la circulación es que el producto puede adquirir valor, por cuando empieza la valoración del producto por el sujeto; pero la valoración depende de que llegará al consumo donde será tasado por las necesidades del sujeto; solamente, en la medida en que existe consumo, es que el valor marginal existe. El valor estimado por el marxismo posee una naturaleza objetiva, que está destinada a explicar el comportamiento global de la producción y de la economía en su conjunto; el tema de precio particular de cada mercancía le pareció irrelevante al marxismo, porque no busca una interpretación mercadológica y no le importa el precio de cada mercadería, sino el movimiento de la sociedad capitalista. En el marginalismo lo que importa sí es la interpretación de la mercancía en lo particular, de cada bien o rama en cada mercado, conectado con un conjunto de consumidores; su interpretación de las condiciones de producción se opera por un rodeo y por una analogía de método matemático, que es la teoría de la productividad marginal, que perfectamente podría estar aislada de la teoría del valor del consumidor.

La no pertinencia del valor trabajo para explicar los precios y demás fenómenos cuantitativos
La teoría del valor trabajo, aunque buscó ser la clave de la interpretación de la economía capitalista, no se interesó en trazar una teoría puntual de los precios. Aunque formalmente la visión del valor de la mercancía arranca desde su separación de los precios con la posible indicación de un camino de retorno, por medio de la cual la hipótesis se compruebe con los hechos empíricos, no obstante esa no era la función básica de la ley de valor. La ley del valor para interpretar los precios opera a distancia del mundo fenoménico (el precio dado) y empieza a recorrer un camino de mediaciones posteriores de tal modo, que la esencia unitaria luego se divide en una serie de mediaciones cruciales para el sistema marxista como son: la plusvalía, el reparto de la plusvalía entre los diferentes sectores del capital, el precio de producción, la formación de los precios de mercado, etc . De tal manera, que los intentos por llegar desde el valor trabajo hasta una interpretación empírica de los precios y con los precios acceder a una interpretación de todos los procesos cuantitativos de la sociedad capitalista no se vieron coronados por el éxito, aunque tampoco fueron muchos esos esfuerzos. La visión de que se podría llegar desde el tiempo de trabajo socialmente necesario hasta el movimiento particular de precios una sociedad no se cumplía, porque esa no era la finalidad metodológica. El llamado problema de la “transformación de los valores en precios” quedó siempre truncado . Posiblemente, la única dirección de una economía que suponía interés (por legado ideológico, pero ningún “interés material”) en cumplir con esa meta matemática de convertir los valores en precios era la economía de tipo soviético, pues buscaba obtener su medida interna de operaciones, acorde a su ideología supuesta. Sin embargo, la ironía de la historia indica que la interpretación del valor trabajo, precisa y justamente, nunca ha sido operativa para una economía de mando central, sino que busca describir precisamente a una sociedad de mercado, donde cada unidad de producción opera a espaldas de las demás, de tal manera que son los objetos mercantiles los cuales operan aparentemente cual autómatas, y por tanto se mueven bajo leyes enajenadas, donde las relaciones sociales se han cosificado .
Debido a este “olvido” de los discípulos de Marx en la utilización del valor trabajo para interpretar los eventos cuantitativos también podemos entender la tentativa opuesta de los apologistas del capitalismo para no utilizar teoría alguna del valor cuando interpretan los fenómenos económicos. En especial la mejoría en las técnicas censales y estadísticas permitió formar agregados empíricos de las economías nacionales entonces manejados en la interpretación económica. Estos agregados con reglas convencionales, más o menos precisas, han permitido que las interpretaciones económicas se generalicen en el mundo, sin necesidad de recurrir al marco teórico del valor para obtener un esquema contable de la economía en su conjunto. Debemos recordar que la visión de la economía como conjuntos surgió y se mantuvo ligada en la visión clásica de la economía política con el avance hacia una teoría del valor.

Relación de la teoría del valor con la teoría de las clases
El otro signo distintivo del marxismo para interpretación de la vida social fue la visión de las clases sociales. La aportación de una teoría histórica de las clases sociales es anterior al Marx, ya plasmada por anteriores historiadores franceses; sin embargo, la teoría de las clases fue perfeccionada por Marx. El proyecto de conjunto de su obra está sellado por la interpretación de las clases, y él trató de establecer el rigor científico en su interpretación. Para empezar la justificación de su propia doctrina es ofrecer una posición de clase autoconsciente y no ideología, porque representa la toma de posición de clase de proletariado, plantea la filosofía que toma cuerpo en las masas proletarias. La teoría de Marx pretende cristalizar la correcta interpretación de la sociedad desde el punto de vista del proletariado, con el agregado de que esa posición social del proletariado tiende espontáneamente a la verdad, porque busca romper con la ilusiones de la ideología. La visión de proletariado tiende a ser científica, mientras que la posición de las clases dominantes propende a deformar la realidad, configura ideología. Aunque la obra cumbre de Marx quedó inconclusa, uno de los libros finales debería dedicarse por completo a las clases sociales. En la versión definitiva de El capital el espacio final dedicado a las clases resulta parco; sin embargo, el conjunto de la obra implica una explicación de la naturaleza de las clases fundamentales de la sociedad capitalista, precisamente por cuanto la determinación de la burguesía está basada en la operación objetiva del capital y toda la determinación del proletariados corresponde a la operación económica forzosa del trabajo asalariado. Para lo que aquí interesa, la interpretación de tiempo de trabajo socialmente necesario se entronca con las determinaciones del trabajo asalariado, que define a la clase proletaria; con la consideración básica de que esta relación es polar en la oposición con el capital, ya que define una relación de explotación antagónica. Digamos que la interpretación del capital establece la definición del trabajo asalariado y viceversa, donde su vínculo de hierro implica la relación de explotación, por cuanto ese es el vínculo objetivo de la economía capitalista conforme a la explicación del valor-trabajo. Luego una modificación en la teoría del valor trabajo es también una reinterpretación en la teoría de las clases y viceversa. En este caso, la hipótesis de nueva estructura de las clases sociales, implica la re-fundamentación de la estructura económica global, que implica una reformulación de la teoría del valor trabajo.

La teoría del valor trabajo y el cognitariado
La definición del cognitariado presupone que la existencia del tiempo de trabajo socialmente necesario ha mutado en su interior, de tal manera que sin romperse la ecuación básica del tiempo de trabajo socialmente necesario ahora se está haciendo un nuevo énfasis en la distribución de sus elementos; esto es como afirmar que seguimos hablando de átomos, pero que además de electrones y protones ahora encontramos la existencia de neutrones, única explicación para que el sistema atómico no se dinamitara por sus cargas opuestas. El cognitariado supone la revalorización de la dialéctica histórica del proceso de trabajo de tal manera, que la mayor densidad de trabajo intelectual en el proceso productivo es crucial para establecer un salto de calidad. La densidad del proceso de trabajo con más intelecto rebasa un asunto de cantidad para convertirse en el tema básico de calidad, la medida del cambio. ¿Qué relación presenta esto con el tiempo de trabajo socialmente necesario? El concepto de valor de Marx originario se sostiene en la estimación de que el trabajo se homogeneiza en el proceso mismo de producción e intercambio, que las operaciones del mercado capitalista mismo ofrecen la base para que el trabajo sea reducido a su expresión más simple, incluyendo la reducción de trabajo complejo a simple, mediante la famosa división del trabajo . Como tendencia, lo anterior es indudable, pero también ofrece su contra-tendencia, y el proceso de trabajo dentro del capitalismo reinstaura la diferencia de calificación, establece estancos tecnológicos, monopolios temporales, recalificación de los procesos, etc. La realidad histórica del capitalismo hasta nuestros días no recorre la mera reducción del proceso de trabajo complejo a trabajo simple, sino una dualización entre dos categorías. Curiosamente, la realidad empírica del capitalismo mundial es de dualización entre dos tipos de retribuciones, dos tipos de ingresos regionales, etc.; esta dualidad se ha buscado explicar en términos de imperialismo y de superestructuras políticas , pero si el fenómeno (también llamado polarización) continúa en el largo plazo entonces debe poseer una base estructural y no política: la dualidad en el proceso de trabajo, la situación de que impide la simplificación del trabajo. Con esto quiero establecer una dualidad-unidad, como la que se presenta entre la economía competitiva y el monopolio, porque resulta inútil encajar la realidad en una sola de estas dimensiones cuando las dos operan con claridad. Por un lado, opera la reducción de la producción a mercancías, de tal manera que los distintos tipos de trabajo se están equiparando constantemente como parte del trabajo social, mientras que también constantemente los tipos de trabajos calificados (densamente intelectuales) no fluyen en el intercambio como equivalentes sino que hacen valer sus diferencias respecto de los demás trabajos. Al reconsiderar surge este panorama: en la producción capitalista se establece (diríamos administrativamente: se institucionaliza) una densidad del tiempo de trabajo socialmente necesario desde el factor conocimiento, que cuenta y vale como más intenso. Sin embargo, sucede distinto con el trabajo directamente sobreexplotado por el mayor desgaste de la fuerza física del obrero. El tiempo de trabajo socialmente necesario con más intelecto crea más valor, porque, históricamente y de suyo, vale más. Por esta afirmación no me refiero a que al trabajador intelectual se le pague más, porque eso ya indica la consecuencia del primer fenómeno, pues el primer evento es que el trabajo densamente intelectual produce más valor. Esta explicación es semejante a las interpretaciones que han buscado explicar que en los países metropolitanos el salario resulta más alto que en la periferia, estableciendo una cadena retroalimentada entre más salario y más valor de los bienes producidos. En este caso no se afirma sólo que el tiempo individual de un trabajo con más intelecto crea más valor que una que tiene menos, cuando ambos están generando el mismo tipo de bien, como cuando queremos diferenciar a un obrero hábil de uno poco hábil. El asunto es más radical y el tiempo de operación intelectual crea más valor, directamente y sin escalas; esto sucede porque el término medio “socialmente” del “tiempo de trabajo socialmente necesario” es diferente entre el proletariado y el cognitariado, pues entre ambos sectores se diferencia el enorme proceso que llamamos la dialéctica histórica del conocimiento, que es el avance de las fuerzas productivas en la aplicación del conocimiento al trabajo. En la dialéctica histórica del conocimiento está condensado el proceso de transformación de las fuerzas productivas intelectuales, que son aplicables al proceso de trabajo ; el resultado es un proceso de trabajo más productivo, más productos con menos tiempo. El avance de las fuerzas productivas en términos de valor es más producto con menos valor, sin embargo en la dialéctica histórica del conocimiento hay una acumulación interna en los sujetos, que nunca es fácilmente medible ya que implica calidad no simple cantidad. En la visión directa y lineal del tiempo de trabajo socialmente necesario, la dependencia entre tiempo de reloj convertido en promedio (socialmente) y referido a su utilidad (necesario para el consumo) varía en función directa con la productividad. En la dualización entre proceso de trabajo simple y el intelectualizado, el tiempo de trabajo socialmente necesario no se reduce en función directa con el reloj convertido en promedio (socialmente) y referido a su utilidad, sino que ya en el sujeto se acumuló una dialéctica histórica del conocimiento, que la debemos interpretar como valor (justamente el mercado y la existencia empírica la interpretan como valor efectivo, porque paga sistemáticamente más por este trabajo, y aquí “pagar” es retribuir y reconocer el “tiempo de trabajo socialmente necesario” encerrado en la mercancía). De nuevo con sutileza: además no debemos interpretar este “más valor” producido como una acumulación de valor que ha pasado al sujeto en términos de un valor (tiempo de trabajo socialmente necesario) previo que se incorpora a una mercancía (como capital que pasa como medio de producción su valor al nuevo producto) ni como un tiempo neto de capacitación, que es así un tiempo de trabajo socialmente necesario que se agregó previamente al trabajador intelectual que produce cierta mercadería. Simplemente, además de que el asalariado se capacitó primero para operar de intelectual y aportar un trabajo complejo al proceso productivo, el resultado no será la suma de la jornada presente más las jornadas pasadas, sino que resultará todavía mayor. Siguiendo con el argumento, el cognitariado no genera más valor en su producción porque contenga un capital o haya heredado una suma de valor previo de sus profesores, sino porque recibe una herencia mucho más caudalosa: la dialéctica histórica del conocimiento. ¿Por qué incluso el mercado habrá de valorar más el resultado de la dialéctica histórica del conocimiento y no alguna otra cualidad “importante”? La pregunta parte de ignorar que la dialéctica histórica del conocimiento es el corazón de las fuerzas productivas, y jamás existe trabajo sin conocimiento . Debido a que la dialéctica histórica del conocimiento está en la vanguardia del curso histórico, la posibilidad del mercado para homogeneizar (reducir) el proceso está siempre limitada. La parte que crea más valor como trabajo intelectual que es fruto de la dialéctica histórica del conocimiento está sobrepuesta a la parte que simplemente crea valor como cantidad, a la mera operación manual que crea valor según la pauta del tiempo de trabajo socialmente necesario, y la unidad de ambas partes define la integridad del valor de una sociedad económica. El papel especial del trabajo intelectual como creador de más valor, en cierto sentido reemplaza, al exceso de valor que supone la intensidad de una jornada de trabajo, la mayor densidad intensa creadora de valor aceptada por la teoría del valor trabajo tiene la misma consistencia que lo aquí argumentado, porque la intensidad del trabajo es una medida interior a la calidad del trabajo, ya que lo “intenso” del trabajo nunca está en el reloj cronómetro, sino en lo que pone y aporta el sujeto activo. Con el trabajo intelectual, el sujeto entrega su calidad de portador de la dialéctica histórica del conocimiento, que es intensidad en el desarrollo de la historia, del avance de las fuerzas productivas, que además se debe reflejar en productos materiales (o servicios que también son objetivos), lo cual desde el punto de vista del consumidor aparecerá como la “calidad” del producto .
Como resultado de lo anterior, si las capas de cognitariado ganan más salario o formas modificadas (pagos a destajo, profesiones independientes, etc.), no es porque sean menos explotados por el capital, ni porque tengan ganancias repartidas de la explotación imperial . La base de este ingreso superior emerge de un mecanismo directo de producción, el mecanismo de producción de valor mismo permite un ingreso salarial o seudo salarial superior y desdobla a la clase de productores directos en cognitariado y proletariado. Si por comparación a las capas más pobres podemos considerar que el cognitariado es privilegiado, nunca lo ha sido ni lo será en el sentido descrito de un grupo que recibe más de lo que produce o se beneficia indebidamente. Al contrario, el cognirariado recibe una parte mayor porque produce más valor y quizá hasta pierde una tajada mayor de su producción directa, repartiéndola con el capital y el Estado. Claro que existen figura trasmutadas, con apariencia de cognitariado que no lo integran, con ejemplo principal de los administradores de alta dirección de las empresas, quienes reciben un reparto de las ganancias sociales del capital (y más bien anuncian la presencia de un cogni-capital).

Frente a la teoría marginalista o la absoluta falta de teoría del valor predominante en la moderna economía, con lo anterior se reivindica la teoría del valor trabajo. Sin embargo, no se la deja operando bajo el marco inalterado del siglo XIX, y esto especialmente, respecto de la cuestión del tiempo. La fórmula que presento pretende ser consistente con la relativización del tiempo demostrada por la ciencia física, porque el segmento de trabajadores que avanza más rápidamente en el carril de la historia, está operando con un tiempo diferente que su retaguardia gemela (gemela, porque el cognitariado-vanguardia está en unidad de destino con el proletariado-retaguardia más atrasado); mientras el cognitariado está funcionando sobre una velocidad mayor de avance de las fuerzas productivas (velocidad histórica absoluta) entonces su cronómetro en el tiempo de trabajo socialmente necesario es más denso y genera más valor; mientras el proletariado (variando conforme sectores) funciona sobre los carriles lentos de la historia, digamos que va en los carriles de remolque de las fuerzas productivas, por lo que su flujo avanza más lento, así condensa menos tiempo en el mismo cronómetro. En ambos casos el tiempo social depende de la velocidad y no solamente del cronómetro, y ésta se determina por las fuerzas productivas en movimiento. Pero como estamos en la teoría del valor trabajo, mantenemos la medida del reloj unido a la velocidad, como un parámetro objetivo, que nos evita salirnos hacia medidas arbitrarias; finalmente, es la producción de los objetos materiales el horizonte de los valores creados, y no nos desviamos en un exceso de subjetivismo, como se presenta en las teorías subjetivas de valor, donde cada productor crea valores con una medida diferente conforme son consumidos.

Esto lo imagino de manera similar a la relatividad del tiempo. Existe más valor, de manera permanente y estructural, en la producción del cognirariado que en la del proletariado, por lo tanto, existe una base firme para establecer una distinción sistemática, entre los dos sectores. Sin embargo, el mercado unifica con una concurrencia universal de productos, y se integran en un metabolismo social general. Al integrarse los productos como mercancías todos se integran como valores, y el producto del más descalificado de los trabajos entra en la gran ecuación social de nivelación de trabajo socialmente necesario. Aunque las producciones de proletariado y cogniariado tengan diferencias por el carril de la velocidad histórica en que están inmersos, no por eso dejan de estar unificados en un sistema y no por eso aparece una solidaridad relativa de intereses, diferentes al conjunto de intereses basados en la desnuda propiedad de los medios de producción.

Por si fuera poco lo anterior, esta dualización de la teoría del valor trabajo concuerda con las observaciones empíricas de una dualización de las estructuras de ingresos a nivel planetario. La dualidad excesiva de los ingresos y la separación de mercados (de precios diferentes) del capitalismo no resulta consistente con la unidad monista de la teoría marxista del valor-trabajo. Por este lado, la dualidad de facto de los mercados capitalistas nos permite usarla para que la dualidad en la teoría del valor emerja de un referente empírico para establecer las cantidades de valor que se establecer entre cada proceso de trabajo, porque no tiene motivo alguno formular una cantidad matemática previamente establecida que correlacione la cantidad de valor aportada por el trabajo manual y el intelectual, evidentemente, esta relación cuantitativa variará acorde a la dialéctica histórica del conocimiento y a la productividad del trabajo manifestada en cada sector.

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