Música


Vistas de página en total

viernes, 16 de enero de 2026

CLASES SOCIALES MÁS ALLÁ DE MARX

 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

No es la de la lucha de clases: simplificación cómica

Ningún libro serio de historia utiliza a las clases antagónicas como el único sujeto colectivo, aunque Marx lo indica en su Manifiesto comunista y muchos marxistas pretenden que únicamente las clases principales son los sujetos de la historia. Sin embargo, todavía no conozco ningún libro de historia que desaparezca a los pueblos, naciones, Estados, ciudades, campos, geografías, profesiones, etc. para operar exclusivamente con clases sociales. A la hora de hacer estudios, la simplificación alrededor de dos clases antagónicas fracasa sistemáticamente y lo más trágico, es que en la construcción del socialismo-comunismo, el fracaso es aún más estruendoso cuando el Estado se convierte en el protagonista único de la sociedad y el proletariado se convierte en pueblo sometido (súbdito), que nunca se apropia de los medios de producción, sino que el Estado soviético se apropia de todo: economía, poder, comunicación, pensamiento, etc.

Como la investigación seria pretende integrar todos los datos e integrar todas las dimensiones, en cambio, el esfuerzo marxista minimiza y descarta la importancia de las dimensiones estructurantes de las clases como las profesiones y las técnicas, sin las cuales, cualquier clase socioeconómica es una caricatura. El intento de radicalización de esta operación queda claro desde La ideología alemana, cuando Marx y Engels procuran desaparecer la significación del pensamiento, para intentar remitirlo todo de todo a la producción. Hay una parte muy cierta en ese argumento, pues la producción es una clave siempre presente en la vida; pero en ese mismo punto emerge una falla evidente, al negar que las ideas funcionen, afirmando que el pensamiento carece de historia. En realidad, Marx está haciendo un acto trascendente del pensamiento al fundar una doctrina para conmocionar a su sociedad. El pensamiento pesa de manera crucial en las doctrinas políticas y religiosas que cimbran sociedades y son utilizadas en la configuración de los Estados. El Manifiesto comunista exige convertir una doctrina en partidarismo, aunque es el talento práctico de Lenin que define la estructura partidaria que lo lleva a cabo, con resultados inesperados y desastrosos.

Los historiadores serios, por ejemplo, Braudel revelan la continuidad de otros aspectos, por lo que la desagregación se perpetúa en las geografías, en el Mediterráneo. El mismo Lenin convierte a las clases en un concepto de Estados y guerras en su célebre El imperialismo fase superior del capitalismo, donde lo importante es su fusión de las clases con los estados imperiales[1].

Importan infinitamente más las “profesiones” que las clases

Marx insiste en que la dimensión esencial está en las clases, cuando lo que hay es otro nivel de la producción siempre más importante donde se establece la realidad de la producción y que llamamos oficio o profesión, referente a qué hace el productor en realidad. La diferencia entre soldado y médico es tan radical que pareciera no requerir de explicaciones, uno produce muerte (de preferencia únicamente la amenaza de violencia) y el otro, salud (para prolongar la vida). El soldado y el médico pueden estar en condiciones de asalariados bajo un capitalista para seguir haciendo su misma actividad, o estar sujetos a un Estado recibiendo otro tipo de ingreso, como un caballero medieval) y un médico acupunturista en la dinastía Ming. Para la teoría de clases marxista lo único relevante es la relación del agente de la producción respecto de los medios de producción, en un caso es proletario (cuando está asalariado de un capitalista) y en otro es funcionario del Estado, el caballero en una relación feudal y en China bajo un imperio, quizá, también feudal (de otra variación indefinida[2]). Visto con detalle y verdad, el producir muerte y vida (o salud) son antagónicos completos, pero para la pretensión marxista ortodoxa lo que importaría es el contenido de clase, por eso Lenin hace del Estado posrevolucionario un aparato policial-militar sin ninguna vergüenza y Stalin lo corona con el gulag masivo, encerrando y matando a millones de proletarios que no son dóciles a su tiranía roja.

Marx no fue un tonto, sino un genio, que se enredó en una ilusión. Sí importa la producción, por eso lo más importante de todo, absoluta y completamente, es lo que se hace en la producción de la vida material. Las ideas y las cosas materiales están atadas sin posibilidad de divorcio. Por eso, sí importa que el proletario del siglo XVI estaba sudando muchas horas ante un telar con un mecanismo ingenioso, pero de baja productividad que alegraba los días de los cortesanos. Me encanta que Marx soñaba con la redención de los proletarios, sin embargo, desvió el enfoque, porque la redención del trabajador sí depende de cómo se hace el trabajo y el tipo de trabajo que se hace. El gran error de El capital es que subestima el valor de uso del producto y la tecnología la convierte en una especie de simplificación y caricatura sobre los horrores de la gran industria del siglo XIX, que fue una etapa transitoria, bajo el impulso de la propia competencia y tecnología.

En el siglo XIX el obrero industrial se profesionalizó y transitó por la etapa salvaje que describe vívidamente El capital de Marx, pero fue cambiado por la acción colectiva de muchos actores sociales y por el mismo desarrollo de la ciencia y tecnología aplicada (las fuerzas productivas en los potentes términos de Marx). El obrero hambriento y enfermo del inicio del siglo XIX fue transformándose. Y ese es un cambio basado en el pensamiento. ¿Cómo es esta afirmación tan anti Marx pero tan verdadera? El mercado permite y exige la aplicación del saber, con lo cual facilita y fomenta una revolución continua en producción. Ya en vida de Marx había surgido un proletariado con salarios crecientes, leyes laborales protectoras y los comienzos de un sistema de seguridad social. En esta trayectoria, importa más la profesión del proletario industrial, cada vez más productivo y mejor pagado.

Desde la revolución industrial a nuestros días el salario promedio del obrero industrial se elevó unas 50 veces, para redondear en una cifra. El nivel de vida sacó al proletario desde el infierno de los arrabales londinense (infectos y hediondos) hasta lo que se ha llamado nivel de “clases medias o acomodadas”, aunque aquí “clase” no sea sino un sector intermedio más que una clase productiva en el sentido de Marx.

La profesión representa infinitamente más que la “relación social”

Llega la peste en un siglo lejano y la ciencia médica está tan atrasada que nadie tiene ni idea de que hacer. Una orden del Estado es tajante, simplemente, hay que encerrar a todos en la ciudad. Separar y cuidarse del contagio. No importa que sean proletarios o capitalistas, la orden ante la muerte por peste es encerrarlos a todos. El gobernante es el profesional del mando, el soldado profesional de infundir miedo, el funcionario para cumplir órdenes. El médico produce salud, pero ante una nueva epidemia resulta impotente por un tiempo. Las epidemias revelan que no importan más la relación de proletario frente a propietario, todos deben quedar encerrados y únicamente la profesión militar/policiaca guarda el orden; la profesión estatal señala las órdenes y la profesión médica busca restaurar la salud. En los siglos pretéritos la profesión médica estaba en pañales y el encierro por la peste terminó hasta que murieron suficientes y la enfermedad se acabó por sí misma. En la revolución industrial capitalista la profesionalización de los médicos (con sus profesiones afines) avanzó gracias a los otros científicos afines que lograron mirar a los microbios y comprenderlos (biólogos, laboratoristas). La inteligencia audaz de John Snow comenzó a comprenderse que en el agua se de Londres era el medio por el cual se reproducía la epidemia. La creencia de la época creía que eran los malos olores y partículas aéreas llamadas miasmas los que enfermaban. La investigación independiente y la acción original de John Snow detectó que el problema estaba en una fuente de agua y que al retirar el maneral se evitaban las muertes por cólera en el lugar. Aunque la ideología y prejuicio de que los miasmas eran el problema no permitió que se generalizaran las medias de la epidemiología, luego el nuevo enfoque fue ganando terreno, hasta que nuevas investigaciones de médicos y biólogos comprobaron que el enfoque era correcto ¿Para la resolución de esa terrible epidemia importa más que eran proletarios o propietarios? Esa denominación de “clases sociales” resulta por completo irrelevante durante la epidemia, porque únicamente es un aspecto del complejo panorama humano.

Para la visión del marxismo ordinario las muertes masivas por epidemias en Londres del siglo XIX serían simple efecto de la miseria y la acumulación del capital. La historia concreta muestra que un médico, John Snow, con una mente original rompió el círculo de la enfermedad y muerte en Londres y desde ahí se fue irradiando al mundo. La profesión sí importa, es la diferencia entre la vida y la muerte.   

El qué y el cómo de la profesión sí importan desmedidamente

Así como elogiamos a los médicos y toda persona enfocada a mantener la salud (enfermeras, laboratoristas, etc.) debemos reconocer que el desconocimiento de la salud y la biología comenzó siendo total. Es famosa la narrativa que los antiguos hospitales para mujeres parturientas que se volvían un sitio peligrosísimo cuando no existía la higiene y se reutilizaban los mismos instrumentales y ropas sin esterilizar. La tasa de muerte de mujeres fue tremenda, y el pionero que clamó por esterilizar los instrumentales y ropas en los hospitales para partos fue rechazado y marginado por la comunidad médica de su tiempo. El médico húngaro Ignaz Philipp Semmelweis (1818-1865) impuso la asepsia médica en un hospital, pero fue rechazado y apartado por completo de ejercer su profesión. Para el marxismo clásico, Semmelweis era un pequeñoburgués más entrampado en la lucha de clases, lo cual es un argumento absurdo, que no aporta nada. En los hospitales sucios, las parturientas morían entre 10 y 30%, una tasa de mortalidad superior a una guerra. En esos años, todos los colegas médicos estaban equivocados creyendo que la transmisión del mal era solamente por respirar malos aires, los miasmas, y no aceptaban esterilizar su instrumental, y con el mismo, sin esterilizar, volvían a atender a otra mujer después de cada parto. Los casos de fiebres puerperales eran tan frecuentes, que los médicos no estaban preparados para prevenirlos. La actividad médica mal realizada provocaba lo contrario de lo buscado por los médicos en esos hospitales al inicio del siglo XIX. Hacer la actividad bien sí importa.

La profesión médica bien realizada generará salud y bienestar, evitando la muerte en lo posible. Sin embargo, en el espectro contrario, la profesión militar bien realizada provocará mayor efecto letal. Claro que después de la guerra se llega a una paz (Clausewitz) y, a su vez, la guerra está instrumentada por la política y los intereses económicos. El éxito militar de los hoplitas macedonios cambia la faz del encuentro de Occidente y Oriente; el éxito militar de los legionarios romanos, impone una Pax romana, y funciona hasta que la disgregación del imperio; etc.

El rumbo de los pueblos, civilizaciones y la humanidad entera está marcado por la configuración de las profesiones. Los agricultores marcan la revolución agrícola, el paso del nomadismo al sedentarismo, cuestión que se mantiene después con el surgimiento de las ciudades. Las ciudades dependen de los constructores y que las edificaciones sean las correctas, incluso las conexiones, como las calzadas romanas que ligaron al Imperio. El encuentro de técnicas específicas de construcción permite que se levanten techos de piedra mediante el arco y el cemento de los romanos es toda una revolución en sus técnicas constructivas, permitiendo monumentos que resisten el paso de miles de años. El tamaño de las piedras utilizadas por los egipcios y los incas sigue intrigando sobre cómo fue posible ese portento. La perfección en cómo se hacen las obras sí importa, pues define el horizonte de posibilidades. Durante siglos las murallas fuertes alrededor de las ciudades era un ingenio indispensable ante los ataques militares y llegaban a ser imbatibles durante siglos, hasta que mejoró la artillería.   

Con lo anterior, señalo que la producción material se entiende mejor cuando concretamos el nivel más allá de salarios y propiedades, para comprender las profesiones. Y que para entender las profesiones (entendiendo esto desde el oficio más sencillo imaginable) hay que adentrarse en la calidad de lo que hacen: murallas o cañones, salud o muerte, arte o fanatismos, poder estatal o sembradíos, etc.

 

La lucha de clases es un dulce envenenado

¿Cómo empieza la carrera política de Marx con una brillante proclama recordada hasta el presente? Cualquiera responderá con razón que es en el Manifiesto comunista. Al comenzar el Manifiesto comunista con el tema de las clases, queda revelada la genialidad política del fundador del comunismo y, menos sabido, la falla filosófica. La proclama comunista funde y confunde una categoría laxa (socioeconómica), fruto de la ideología cotidiana (que las clases sociales no son invento de un teórico en especial), con una perspectiva trascendente de la política. En esto más que una idea brillante con falla, hay un dulce envenenado. Esa línea se volvió guía de la acción del partidarismo en Lenin y la historia de la humanidad cambió durante el siglo XX.

¿Siempre es una idea envenenada la lucha de clases marxista? Todo depende de la dosis y de su interpretación. Un error teórico no siempre lleva al fracaso. Colón no sabía hacia donde se dirigía y tuvo un éxito colosal. Los primeros marxistas aplicaron su propia mezcla y tuvieron resultados interesantes en la arena política en sus países, agrupados alrededor de la figura de Engels y la Segunda Internacional. Hasta antes de Lenin, los herederos del marxismo predominaron como un abanico de políticos moderados, con sueños radicales, pero una práctica totalmente adaptada y de resultados prácticos democráticos, siendo llamados social-demócratas, porque unían un ensueño de socialismo comunista con una vocación democrática eficiente. El éxito de la socialdemocracia europea fue enorme y su obra constructiva continúa hasta el presente, aunque no resulte una etapa conocida en la actualidad.

Reduciendo como Frankenstein

¿Qué siguió después? Surgió la figura de Lenin que cambió la estrategia política socialdemócrata en un 100%, bajo la intención de seguir la ortodoxia de Marx, que luego se mostró como una alteración monstruosa o la falla sistémica colosal. La lucha de clases es el concepto de una semilla envenenada, que no mostró su veneno hasta después de la Revolución Rusa. No es durante la conmoción, sino después de Lenin que se hacen evidentes todas las consecuencias de ese veneno: la teoría de clases reduce a las personas a marionetas desechables, bajo un rótulo socioeconómico. Los más destacados líderes bolcheviques se dieron cuenta de las consecuencias demasiado tarde, cuando ya estaban en una lista de personas desechables.

¿De verdad Lenin sigue a Marx? La historia real se parece a la ficción del Doctor Frankenstein, que en lugar de rehacer un humano, inventa su propio monstruo. Con partes de marxismo aquí y allá, Lenin la rehace como un sistema de poder descarnado, que muestra ser efectivo, pero el albergue para la perversidad del Estado totalitario. Algunos han llamado a esta paso del Estado revolucionario al Estado totalitario soviético como una degeneración burocrática y otros creen que fue la consecuencia inevitable de la semilla plantada. Incluso Lenin, en sus últimos días[3], postrado y enfermo, expresó su honda preocupación por la deriva del Estado soviético.

El totalitarismo ataca al comunista con torturas

¿Qué sucedió en realidad? Murió Lenin y entonces Stalin se quedó con el control absoluto del Estado en la URSS. Que los mejores líderes comunistas eran desechables bajo la dinámica perversa del monopolio del poder y la semilla envenenada de una lucha de clases extremista. Se llamaron los Juicios de Moscú, cuando líderes bolcheviques intachables, que condujeron la Revolución Rusa hasta sus últimas consecuencias. Kamenev y Bujarin eran líderes intachables, sin ninguna falta en su hoja de servicios a la revolución y su Estado. Estaban en las manos de la policía política de Stalin, la Cheka (luego NKVD y después KGB). Esta policía política soviética estaba al nivel criminal de la Gestapo alemana y quedó caracterizada por secuestros, torturas, amenazas sin límites, asesinatos a traición, fingir suicidios los incómodos, hasta a los familiares les aplicaba secuestro, tortura y amenazas, etc. La función esencial de la policía política siguió siendo la misma cuando cambió a su nombre más conocido de siglas KGB. La función de la KGB fue infundir el terror y destruir a cualquiera que el dirigente del país considerara su enemigo.

El “moderado” Stalin persigue a los comunistas

Pocos saben que Stalin se había posicionado como un aparente político moderado de la dirigencia bolchevique, pero ocultaba su cara de tirano. Lenin, ya estando incapacitado, se dio cuenta de esa cara de Stalin cuando reprimió a sus paisanos georgianos con una dureza que revelaba criminalidad e inhumanidad. Cuando Stalin adquirió el control del Estado soviético, lo hizo controlando al Partido Comunista. El sistema de control dictatorial ya estaba integrado desde Lenin y siguió rodando la misma maquinaria. Pronto Stalin se dio cuenta que no había ningún obstáculo para la utilización del aparato del Estado, pues podía acusar de ser enemigos de clase y traidores a la patria a quien le molestara en lo más mínimo o le hiciera la más mínima sombra.

El sistema totalitario se perfecciona persiguiendo a sus propios partidarios y artífices. Los auténticos burgueses los hizo desaparecer la Revolución Rusa al expropiar todas las fábricas, pero la dinámica totalitaria estaba abierta por lo que se comenzó a atacar a todos los demás. Aquí la palabra “todos los demás” es estricta y terrible. El Estado soviético levantó una maquinaria represiva sin obstáculos que se dedicó a aplastar cualquier grupo que incomodara al poder. El enemigo no eran los capitalistas sino todos, absolutamente todos, incluyendo los proletarios más insignes y los comunistas más colaboradores, pues siempre había algún pretexto para ejercitar el poder sin freno. Repito, para Stalin el enemigo lo eran todos en potencia y ese criterio paranoico lo aplicaba en la realidad, porque tenía todo el poder del Estado en sus manos y sin ningún freno.

¿Comunistas matando comunistas?

Por extraño que parezca, aquí se altera el dicho de que “perro no come perro”. El dirigente comunista triunfador, que controla al primer Estado que intenta el gran experimento comunista, Stalin, se dedica a perseguir y destruir a los demás comunistas que no adivinan lo que él dirige en ese momento. Es decir, Stalin persigue y aterroriza a los bolcheviques que hicieron la Revolución Rusa. Y no es la psicología de Stalin lo que explica su totalitarismo, sino la naturaleza política del sistema que inauguró Lenin.

Hay una ironía terrible que muestra Stalin: a los comunistas bolcheviques son a quienes perseguirá con más saña, para destruirlos hasta en su reputación, incluso borrarlos de las fotos históricas, fingiendo que nunca existieron. El ejemplo extremo de ese proceder del estalinismo son los llamados Juicios de Moscú.

Los viejos bolcheviques eran el término para señalar a quienes sí hicieron la Revolución de Octubre. Kamenev, Zinoviev y Bujarin eran viejos bolcheviques, líderes intachables, sin ninguna falta en su hoja de servicios a la revolución y su Estado. Sin embargo, estorbaban para el autoritarismo sin límite de Stalin y había que eliminarlos de la manera más soez. Detenidos sin previo juicio, bajo acusaciones descabelladas, los viejos bolcheviques estaban obligados a confesar las calumnias de su acusador. Los viejos bolcheviques, los revolucionarios intachables, fueron incomunicados, bajo tortura psicológica y bajo la amenaza de que sus familiares serían eliminados si no se declaraban culpables. Bastó la incomunicación y la tortura psíquica para quebrar a los viejos bolcheviques.

El ataque contra los viejos bolcheviques, quienes sí hicieron la Revolución Rusa, fue creciendo y también asesinaron hasta sus familias. Por ejemplo, de Bujarin también mataron a su esposa. 

 

Volviendo a las clases sociales

El error de Marx era que eliminando a una clase capitalista se despierta una dialéctica histórica de salto y esto lo intenta Lenin de manera práctica, poniendo todo el poder en manos del Estado revolucionario, levantando un Leviatán reforzado con la persecución a los burgueses y acaparando el poder económico. Hay un error teórico político envenenado que desencadena una práctica totalitaria que le sigue. Está justificado que una teoría busque intelectualmente las raíces, pero que una práctica se radicalice es muy distinto; la teoría hace un ejercicio mental y experimenta buscando una verdad, la práctica que rompe barreras, depende de sí está sujeta a un marco ético, pues cuando se rompe la brújula moral, comienza el desastre. Lenin intenta aplicar a Marx, mientras rompe su brújula moral. El error teórico de la teoría de las clases sociales es la utilización de una imagen ideológica cotidiana, sobre cómo agrupar a las personas. Que hay burgueses y proletarios (empresarios y obreros) no lo inventó ningún teórico. Las clases sociales no formaban ninguna teoría, pero Marx intentó convertirla en arquitectura conceptual radical. Toda la prensa y literatura reflejan las realidades y dramas de burgueses y obreros, es el ambiente social de la literatura desde el siglo XVIII, que buscaba una explicación. Marx intenta dar una explicación científica, que fácilmente cae en absurdos.

Por ejemplo, hijo de empresario, Engels era un burgués práctico que seguía las reglas comerciales del capitalismo. Ahora demos la interpretación comunista habitual, de que ahí está todo el mal sin remedio. Entonces a Engels ¿habría que fusilarlo y expropiarlo por el mero hecho de ser burgués? ¿Marx era el mantenido de Engels, el capitalista práctico, y por eso era el ideólogo personal del un burgués? La reducción de una calificación socioeconómica de inmediato conduce a paradojas y absurdos. Y la lectura de Marx permite esas conclusiones con la mayor facilidad[4]. En este caso, el fallo es un dulce envenenado, pues con las clases sociales, Marx intenta fundar una teoría extrema que hiciera manar agua de la roca, es decir, una fantasía extrema. Por desgracia, la interpretación práctica predominante de Marx ha sido la que condujo al Estado de terror que encabezó Stalin, y luego produjo otras variantes con el mismo tipo de tragedias.

 

¿No existen las clases sociales?

En el sentido extremo de la teoría de Marx, simplemente no existen, porque él convierte la condición socioeconómica en un destino fetichizado y cosificado. En la teoría de Marx, al capitalista se deshumaniza y estigmatiza para facilitar su asesinato sin remordimientos, mientras al proletario se le deshumaniza y elogia sin límites, convirtiéndolo en un ángel en la tierra, para facilitar su manipulación y sustituir su pago material por una dosis del dulce envenenado. Como en vida de Marx no hubo ningún experimento para realizar su teoría es fácil afirmar que jamás se dio cuenta de las consecuencias de su teoría. Lo más probable es que Marx se hubiera horrorizado con los crímenes de Stalin y, de estar al alcance, también hubiera sido fusilado tras la farsa de los Juicios de Moscú.

Entonces, las clases sociales existen en un sentido más laxo y más real que lo afirmado por Marx. Las personas producen y tienen ingresos, lo que modifica su modo de pensar. Pero nunca jamás el dirigir una fábrica o manejar una herramienta bastan para definir la personalidad íntegra. Ahí está la falla radical de la teoría marxista: es reduccionismo del ser humano (en su complejidad) a una sola de las determinaciones materiales (su papel en el proceso de producción).

La conclusión es que la clase social es una categoría lateral del análisis, pero que la sociedad misma no se reduce a la dimensión capitalista. El otro gran problema, es que el Estado acaparando toda la economía y todo el poder se convierte en un peligro en sí mismo. Los marxistas de la Revolución Rusa fueron ciegos e inocentes ante lo que estaban levantando y tenían la ilusión que la determinación de clase se imponía, cuando no era eso real. El exiliado Trotsky mantuvo la ilusión de que la “clase obrera” dormía bajo el poder del Estado soviético, que podría soltarse de la burocracia de Stalin.

Coherencia de Marx, plusvalía y tragedia de la historia

La falla es universalizar las clases y está muy claro en la apertura del Manifiesto comunista: la historia hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Dos afirmaciones ciertas que se convierten en una falacia, y así funciona la lógica sofista. A Marx no se le debe acusar de ignorante, sino de un error teórico más sofisticado.  

Este error además se integra en ajustes teóricos con errores en otros niveles como la fantasía de la teoría del valor trabajo, la cual se ha intentado ajustar y comprobar sin resultados[5].  Con la escritura de El capital y la sustancia del valor trabajo, la teoría de las clases se vuelve una clave compleja y el error de origen se potencia hasta niveles difíciles de descifrar. Porque Marx hace varias tareas al mismo tiempo: intenta descifrar la economía capitalista tal cual aparece en los datos; integrar la economía política clásica y fundamentar su teoría histórico-política basada en las clases sociales. El error evidente lo descubrió el profesor Escohotado, al señalar que las clases sociales son un capítulo final únicamente con un esbozo mínimo, donde se evidencia la posible difuminación y confusión entre la profesión (médico, soldado) y las clases social. Aunque una crítica de fondo la tiene clara Sartre.

Hay que repetir, Marx para perfeccionar su afirmación de base que contiene una falacia sutil de “la historia hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases, recurre a una teorización monumental, que mete otros errores teóricos fundamentales, como puse el ejemplo de la teoría del valor. El tema es que la teoría del valor le resulta indispensable para fantasear que todo lo que hacen los capitalistas es explotación, por tanto, una injusticia sobre el proletariado. No importa que un capitalista se quite el bocado de su propio plato para dárselo a un obrero abriendo, el raro caso de un capitalista filántropo, que sí los hay. Al alterar la interpretación de la realidad con la teoría de la plusvalía, Marx inventa que todo capitalista está explotando a todo obrero, por el mero hecho de existir ambos en una relación.

La teoría de la plusvalía es una construcción mental de tercer grado que resulta un sofisma y por tanto una fantasía difícil de desmontar si antes se ha creído en la teoría del valor-trabajo y que las clases sociales son la realidad de fondo, y que todo ser humano está obligado a su destino de clase. Y es una construcción mental basada en dos errores anteriores. Error de reduccionismo teórico: reducir al humano a una máquina del sistema. Error teórico puro: convertir la economía en sistema de valor trabajo fingiendo que opera en la realidad, cuando nadie ha logrado medir el valor trabajo mismo (tiempo necesario con un loop ilógico) ni lo hará porque no es un concepto científico, sino un sofisma de un intento de hacer ciencia social.

¿Qué hace el dulce envenenado con el capitalista?

La teoría radical de las clases sociales le exige a toda persona que se considere buena (o más o menos bien intencionada) que no escuche más al capitalista y que lo desprecie como una clase explotadora y parasitaria. Esta conclusión, la sacan los políticos marxistas de inmediato. Se abre el proceso de deshumanización, que prepara la lucha política consecuente. ¿En qué consecuencia? En seguir una “guerra de clases” sin descanso hasta lograr la explotación de los burgueses. La cuestión grave es que esto no fue un mero argumentario, sino que desde los bolcheviques se llevó a la práctica, incluyendo la licencia para matar.

Esto fue el pasar de la discusión ideológica al combate práctico y se abrió la puerta a la Revolución Rusa, como la primera tentativa extrema de llevar estas ideas al plano práctico.

La licencia para matar clases enteras y algo más

Quien mata a una persona es un asesino, quien lo hace de manera masiva puede ser un militar o el peor masacrador, inclusive, un genocida monstruoso. Rotas las barreras morales, la carrera desbocada es difícil de detener. Una lectura completa encuentra con facilidad qué cerca están Marx y Engels en el borde del precipicio moral. Hay una frase famosa de Engels que mezcla ataque de clases y racismo: Las clases y razas que son demasiado débiles para dominar las nuevas condiciones de vida deben ceder el paso. Deben perecer en una tormenta revolucionaria mundial."[6] Aunque el racismo es otro asunto, lo que sí corresponde al marxismo por completo es la visión de una lucha de clases sin cuartel, que rebasa las barreras usuales de la moralidad. Lenin se tomó al pie de la letra la frase de la “tormenta revolucionaria mundial” y procuró una guerra con armas para abatir a la burguesía mundial. La violencia revolucionaria ya estaba justificada por Marx y Engels, entonces Lenin sacó todas las consecuencias prácticas.

Después nos espantamos de la criminalidad nazi, pero no nos detenemos a pensar qué tan criminal es la propuesta de eliminar a clases sociales en estricto sentido, en primer lugar, a la burguesía y aristocracia en un sentido físico y, por si fuera poco, extender esa aniquilación hacia la pequeña burguesía, los campesinos, las “clases demasiado débiles” y las razas ligadas a lo anterior, que también les parecen “demasiado débiles”.

La guerra civil que sucedió con la Revolución Rusa fue mortífera, pero el domino pacífico del modelo comunista de Stalin terminó siendo más mortífero. La cifra en millones de personas muertas en la URSS bajo el yugo de las políticas comunistas es impresionante y supera a los daños de las bombas atómicas. Únicamente el horror y destrucción completo de la Segunda Guerra Mundial superó a la catástrofe de la construcción de socialismo comunista en la URSS. Esa comparación extraña, hizo que la licencia para matar de la versión radical de marxismo no fuera vista en su horror. Durante décadas Occidente intentó una convivencia en el clima de una “Guerra Fría”, donde los países más democráticos brindaban clima de tolerancia a los partidos comunistas.

¿Desaparecieron las clases en la URSS y otros intentos comunistas?

La respuesta directa es simplemente no sucedió. Las clases económico-sociales no desaparecieron en la URSS, únicamente se modificaron mediante una dictadura. En lugar de un sistema complejo marcado por la economía mercantil-capitalista, en el sistema soviético pasó a estar todo regido por el Estado, donde su élite forma la clase social privilegiada, aunque surge una paradoja. El marxismo oficial en la URSS negaba las clases sociales privilegiadas, y pretendía que el aparato de Estado era el garante del bienestar del pueblo, y que sus líderes eran proletarios encumbrados para servir al pueblo. La hipocresía quedó en el extremo, pues quienes explotaban (en el sentido que se quiera dar al término) al proletariado, fingían que le servían a cambio de no darle ninguna oportunidad de acción independiente, sin ninguna libertad. La farsa se derrumbó cuando el proletariado soviético miró que era menos próspero y con menos derecho que un proletario occidental explotado por burgueses ordinarios. En la URSS toda la riqueza y los lujos se concentraban en los altos funcionarios, pero todos deberían fingir que la estrella del sistema eran los simples obreros.

Hay dudas entre los académicos sobre qué tipo de clase son los funcionarios comunistas que monopolizan todo el poder y las empresas entre sus manos como grupo[7]. Algunos no quieren llamar a la nomenklatura una clase, como si eso debería enfocarse solamente a lo que Marx comentó. Las clases sociales no fueron inventadas por Marx, y en cada periodo a la división básica de las sociedades se le llama clases sociales, sin ocuparse de su estructura al detalle. Es otra ironía de la historia que intentando desaparecer las clases sociales, se las sustituye bajo otra forma de opresión de clases (grupos), con la diferencia que el opresor se centraliza en el Estado.

El segundo veneno: la propaganda sistemática

Lenin fue muy claro en la necesidad de la propaganda sistemática para que su partido ganara la batalla de las ideas y se hiciera con el poder, para después incrementar su presión para más propaganda desde el aparato del Estado. La propaganda comunista busca generar una alteración radical de la percepción de la realidad, para alinear a los individuos y los grupos con los “intereses del partido comunista”. Este rasgo no es exclusivo del comunismo político, pero su operación sistemática y radical sigue siendo un modelo. Se ha cuestionado mucho a la propaganda nazi por su modelo burdo y repetitivo, pero el movimiento comunista desarrolló sus propios modelos, relacionados con esos mismos conceptos de clase social, que han sido el hilo conductor de este análisis. Hay un modelo de propaganda para separar a las clases antagónicas, que en esos tiempos lo llamaban “agit-prop” para sintetizar la agitación y la propaganda. Ese modelo no ha desaparecido, y se ha reciclado y adaptado a nuevas realidades. Al mismo, tiempo se entretejí con el método de construcción de un partido político y un movimiento social a su alrededor, formado por sindicatos, organizaciones populares, asociaciones, clubes culturales, etc. Alrededor procuraban levantar lo que ahora llamaríamos un ecosistema.

¿Quién inventó la lucha de clases?

La propaganda sistemática arraiga la idea de las clases sociales, pero desarrollando su propio imaginario donde simplifica y deshumaniza. Los “padres fundadores”, Marx y Engels, del autodenominado “comunismo científico” no inventaron la idea de la lucha de clases, pero sí la elevaron a un nivel jamás antes conocido. Cualquier periódico del siglo XIX daba noticias de huelgas y sublevaciones que tenían los términos de ricos y pobres, de burgueses, aristócratas, obreros, campesinos, etc. Pero los argumentos de la vida cotidiana del siglo XIX no referían a esos antagonismos de grupos, como un eje que explicara todo y con la pretensión de ser una fórmula universal, donde avivar el fuego de una guerra de clases tuviera un resultado forzosamente feliz. Lo que sí pretendieron estos amigos, era que Marx había convertido una visión política en una ciencia social científica y radical, pretendían que habían encontrado un método científico aplicado a la ciencia social, que atizando el fuego de una revolución violenta desembocaría en un beneficio absoluto para las sociedades. La historia reveló que sus ideas eran capaces de alimentar el fuego de las revoluciones episódicas para construir tiranías de corte totalitario y con tintes ideológicos nunca antes vistas.

Las clases dejan de ser mero objeto de estudio social

Bajo la propaganda política interesada, entonces las clases sociales abandonan su naturaleza de objeto de estudio, para convertirse en bandera de agitación. Mientras en el ámbito académico o económico el uso generalizado tiene diversas utilizaciones y cualquier estudioso sabe que bajo el rótulo burgués hay una enorme variedad de realidades cambiantes, para el propagandista hay un drama que agitar y un programa de intenciones qué imponer. La mercadotecnia utiliza una clasificación en base a ingresos convencionales para poner grupo socio económicos más altos, medio y bajos, para mirar los flujos de ingresos y comportamientos. Para la propaganda marxista el burgués-rico es la fuente de todos los males y una etiqueta para asociar cualquier desastre. Para la propaganda se trata de demostrar cualquier elemento que los llene de oprobio y estigmatice, siendo su línea la deshumanización. En la propaganda los ricos siempre serán malos y lo serán por cualquier motivo, sin remedio, en preparación del castigo supremo mediante una revolución violenta y radical. En el esquema marxista-leninista, la opresión de clase siempre debe llevar hacia la revolución, de lo contrario ha fracasado. En la política marxista-leninista la agitación-propaganda debe llevar del discurso hasta la revolución radical, que transita por la fase violenta y apoderarse por completo del Estado para expropiar a los ricos-burgueses-capitalista, que son los explotadores. La violencia práctica que implica ese proyecto es bastante evidente y la consecuencia de la muerte de millones de personas después de las revoluciones socialista-comunistas era un corolario evidente.

Dos rutas que pasan por la propaganda

La propaganda leninista-estalinista-maoísta-castrista y demás se alimenta con la mayor parte de lo planteado por Marx. En la teoría de Marx hay montones de “piezas verdaderas”, porque él estaba intentado diseñar una teoría científica de su realidad social. Arriba señalé fallas sistemáticas, que trastornan cuestiones reales en una figura de ficción ideológica al servicio de una causa extrema, que fantasea con una sociedad perfecta mediante una vía que transita por la violencia. Aunque, brevemente mencioné que algunas interpretaciones derivadas de Marx pretenden eludir la violencia, suponiendo que una ruta puramente pacífica podría llevar a un socialismo y luego comunismo. Esa vía pacífica se identificó con la socialdemocracia y Lenin la repudió con vehemencia, mientras lograba éxitos con una vía armada y sangrienta.

Quiero dejar claro que la propaganda predominante sobre Marx se enfoca hacia ese tobogán que desemboca en la violencia y el Estado totalitario. Cierto, que hay una interpretación distinta de Marx, que se ha denominado socialdemócrata, que se contenta con sacar otros contenidos y evita el derramamiento de sangre y no asume que se deba “expropiar a los expropiadores”, ni “abolir la propiedad privada”. Lenin acusó de inconsecuente y adaptada al capitalismo a esa socialdemocracia que no saca las conclusiones violentas de Marx. Los radicales leninistas acusan a los socialdemócratas de aburguesados y tienen razón. Los socialdemócratas promedio escapan de las consecuencias destructivas del marxismo radical, aunque el debate actual desconoce de matices políticos.

Aparatos de propaganda manipuladora

La sistematización de la propaganda de agitación revolucionaria requiere de una institucionalización en aparatos organizados. Lenin fue uno de los grandes impulsores de la forma partido político, que se alimentaba de propaganda y su primera obra notable fue el debate agrupado en el ¿Qué hacer? Donde propone centralizar un periódico para los marxistas revolucionarios rusos, de tal manera que se canalice toda la fuerza de la agitación en un único órgano central. Lenin fue teórico y práctico de cómo organizar un partido que agitara sistemáticamente a las masas de todos los grupos para avivar una lucha de clases revolucionaria. La rusia del Zar Nicolás, más allá de lo que pretendiera Lenin, ya estaba al rojo vivo en sus contradicciones violentas y resultó el escenario idóneo para las agitaciones del partido que construyó y dirigió Lenin. El resultado fue la Revolución Rusa, pero la agitación planteada por Lenin buscó universalizar su escenario y por eso convocó a una Tercera Internacional de Partidos comunistas, para enseñar y exportar su modelo a todos los países. Antes había habido un movimiento socialista robusto en muchos países, que no siguió las consecuencias radicales de Marx y se contentaba con las reivindicaciones sociales que llamamos socialdemocracia.

Lenin convirtió al partido y su ambiente en un eficiente aparato de propaganda para manipular a las masas. Estaba enfocado en el proletariado, pero se interesaba por llevar sus ideas e imponerlas en todos los grupos sociales que la aceptaran. Cualquier grupo pobre o agraviado era un elemento aceptable para llevar su programa comunista y formar su partido.

El Partido Comunista de Lenin fue una poderosa máquina de propaganda y organización antes de la Revolución, y después se convirtió en la organización que acaparaba el poder político y filtraba el ascenso social. El modelo de partido político, en sus rasgos generales, no fue inventado por Lenin, pero sí lo perfeccionó como arma de propaganda sistemática.

En el siglo XXI, la idea de la propaganda sistemática como vehículo de poder recibe nuevos adeptos, incluso en figuras tan antagónicas como Putin. El tirano de Rusia persigue a los comunistas locales y se amafia con los capitalistas del petróleo, pero desarrolla una estrategia de propaganda sistemática derivada de Lenin, mezclada con Goebbels. La estructura de la propaganda pagada por el Kremlin sigue siendo bastante parecida a lo que propugnaba Lenin: hay unos ricos opresores que se pueden ampliar o sustituir al gusto con occidentales, élites, wokes, ateos, judíos, decadentes, nihilistas, ucranianos… La función es la misma que consiste en colgarles todos los males al grupo al cual se debe deshumanizar y atacar por sistema, vinculándole a cualesquiera efectos malos, y se les atribuye: pobreza, degeneración sexual, desviacionismo, impiedad, degradación ecológica, violencia, etc. A su vez, se desarrolla la imagen del grupo bueno al que se colma de elogios, en el caso de Putin y su actual operación desde Kremlin: rusos, cristianos (ambiguo con intención pues ellos son otros cristianos llamados ortodoxos), con valores, auténticos civilizados, multipolares, pacíficos (que matan a sus vecinos sistemáticamente), rusoparlantes, conservadores, varoniles, hermosos, etc. En la propaganda rusa Al grupo propio se le dan características de heroica santidad, para justificar una salvaje guerra de invasión al vecino ucraniano. Esa propaganda posee esa estructura belicista: deshumanizar al contrincante, santificar al propio grupo y declarar que el medio de resolución es una agresión brutal que es justificada por la propaganda.

Una vez creado el modelo y generado el patrocinador, el aparato de propaganda funciona en diversos ambientes. La propaganda del Kremlin muestra la adaptabilidad a las pretensiones de la conveniencia del presidente y van cambiando.

Lucha de clases en clave ¿es teoría científica o modelo ideológico?

Este largo recorrido muestra que el concepto posee una arquitectura conceptual de la ideología no científica, que Marx pretendió colocarla en el corazón de una teoría científica social. Resulta un modelo adaptado y adaptable a la propaganda política, por eso, el talentoso Marx la coloca al comienzo de un manifiesto político de 1848, donde comenzó su propia leyenda. El mensaje del Manifiesto Comunista con el transcurso de setenta años se reveló en su enorme dimensión del dulce envenenado, donde una fantasía ideológica arraigó en la práctica política. A partir de la Revolución Rusa, por si fuera poco, hubo una tarea oficial de expurgar y desechar de las partes de Marx y Engels no encajaban con los argumentos que servían al oficialismo soviético, tan plagado de sangre y horrores. Las partes donde Marx cuestiona al aparato del Estado como un sistema opresivo que urge también hacerlo desaparecer se disimulaban o se pretextaba que eso llegaría después, la defensa más sencilla de las libertades del proletariado se omitía por completo y, entonces, la “lucha de clases” se volvía un juguete en manos de tiranos que oprimieron a su propio proletariado y arruinaron la vida de generaciones enteras. Los aspectos humanistas de la teoría de Marx y Engels se conservaron como el dulce para proporcionar el veneno de un sistema de Estado tiránico, que sigue atorado en la realidad del siglo.

Una parte de verdad bajo el esquema: dialéctica hegeliana

Si con la armazón derivada de la “lucha de clases revolucionaria” se alteró la faz del mundo, es porque bajo las ideologías y errores también hay un tramado potente. Bajo ese diseño y hasta falsificación fetichista que levanta Marx hay algo poderoso y cierto. Bajo el lema de que la historia hasta nuestros días es la lucha de clases, se sostiene sobre un esquema de la dialéctica, como oposición y lucha de contrarios. Ese esquema es general y poderoso, al cual, en lógica se le llama dialéctica. El filósofo Hegel renovó y perfeccionó el concepto de la lógica dialéctica, para ponerlo a tono de proponer un sistema universal. Hegel no sacó conclusiones revolucionarias, pero estableció un método filosófico enfocado en el movimiento.

Ahí estaba la dialéctica para cualquiera que gustara tomarla. Casi de inmediato, Hegel se puso de moda en Alemania y sus seguidores sacaron conclusiones políticas, por lo que hubo derecha e izquierda en sus interpretaciones. El joven Marx resultó el más brillante al hacer una aplicación que rompía con Hegel, pero sacaba elementos de su método. De hecho, en términos actuales valdría afirmar que traiciona a Hegel (mucho más pausado, conservador y de talante idealista) para empotrar su teoría con un enfoque político revolucionario, que rompe el esquema hegeliano mismo. El problema es que desde el siglo XX, la interpretación de Hegel pasó por la visión de casi puros fans del marxismo, por lo que su misma visión se volvió una caricatura, bajo un lema cuando Marx afirmó que él puso en sus pies materialistas a un filósofo idealista, como quien corrige a un crío, cuando el tema mismo de la unidad y lucha de contrarios presente enorme e interesantes diferencias.

El esquema de la oposición y lucha de contrarios es poderoso, además de que existen muchas maneras de elaborarlo partiendo de Hegel. La manera en que lo hace Marx no es la única ni la mejor. Hay hegelianos filosóficos y estrictamente liberales, como Ortega y Gasset.  

Reivindicación del humilde y redención proletaria fuera del marxismo

El marxismo pretende que monopoliza la causa de los pobres y humildes, como si fuera el único y auténtico redentor del proletariado, cuando el proceso histórico señala una ruta diferente. Las intenciones de Marx o Lenin suponiendo que fueran angelicales, quedaron invalidadas por la práctica aplicación de sus teorías de manera repetida. Solamente una parte de la aplicación llamada socialdemocracia o socialismo liberal no ha causado destrozos contra los mismo que pretendía redimir. Por otra parte, hay una larga historia de actividades de reivindicación de los pobres desde el antiguo cristianismo, los proyectos de caridad y filantropía más modernos, un enorme activismo social por el bienestar y los derechos de obreros y pobres fuera del socialismo, en especial, los liberales clásicos y reformistas de todo estilo abogaron y lograron beneficios masivos para la causa de los trabajadores. En el plano de la propaganda, el marxismoleninismo de corte comunista pretende acaparar la causa del proletariado y su redención. Eso es falso y opera una línea de propaganda que ignora a todos los tipos de luchas políticas que han ayudado a mejorar las condiciones de vida en desde hace tres siglos. La elevación de las condiciones económicas, a la fecha muy poco se pueden atribuir a la operación exitosa marxistaleninista. La única situación diferente es el curioso caso del Partido Comunista Chino, que con un poder tiránico, se embarcó exitosamente en una reforma capitalista, que ha sacado de la miseria a su población. En general, las tiranías rojas son pésimos administradores, incluso han logrado arruinar a países ricos como el caso de Cuba y Venezuela. Esa pésima administración no se debe a “injerencias extranjeras” sino a la naturaleza misma del Estado tiránico que centraliza tanto, que arruina al circuito económico.

Los sindicatos en países capitalistas ordinarios y bajo tiranías rojas

Redondeando lo anterior, las “luchas de clases” que efectivamente han ayudado a elevar las condiciones de vida de los obreros, en muchas ocasiones no son de corte marxistaleninista, aunque por propaganda y simplificación se llegó a creer que los pobres y proletarios le deben mucho a los comunistas. Un buen ejemplo, son los sindicatos nacieron sin comunismo como organizaciones espontáneas de defensa del trabajador. Después del surgimiento espontáneo las organizaciones políticas de la Internacional Socialista (luego llamados socialdemócratas o moderados) se propusieron multiplicar las organizaciones sindicales por el mundo. Cuando llega el modelo de los comunistas soviéticos la Internacional Socialista también intenta seguir ese camino ya andado por los socialistas. La cuestión clave aquí es ¿qué sucede con los sindicatos bajo los regímenes sovietizados? La lección de la historia es contundente. La sindicalización se vuelve obligatoria, pero también es una cadena para que no haya luchas salariales y derechos. Los movimientos sindicales fuera del control del Estado estalinista son perseguidos sin piedad, desapareciendo los derechos sindicales. El primer sindicato autónomo en la Europa del Este, en Polonia, terminó enfrentado al régimen y logró barrerlo del escenario político. Cuando gobiernan los estalinistas marxistas se revelan como antagónicos a los sindicatos, porque no son los trabajadores gobernando, sino que son los líderes burocráticos que fingen ser y representar al proletariado.

Falsación de la teoría de la lucha de clases: la movilidad social

El argumento de la movilidad social capitalista ha sido bastante astuto frente a la teoría de la lucha de clases. ¿Para qué luchar contra el capitalista si mañana tú, proletario, serás el capitalista? El argumento vale en los dos sentidos. El argumento de la movilidad social disuelve el corazón duro de la lucha de clases en ambos sentidos. También el capitalista se vuelve obrero, entonces ¿para qué oprimir a tu futuro yo proletario?

A la movilidad social de tránsito de proletario a capitalista, se complementa con la demostración empírica de los periodos de ascenso salarial.

El marxista típico se ilusiona con la catástrofe, suponiendo que la clase proletaria siempre cae, se vuelve más miserable en términos absolutos y relativos. Porque la catástrofe salarial justifica la revolución en perspectiva y la alimenta en la práctica. Un mondo de proletarios miserables, cada vez más hambriento es la pradera seca que espera la chispa revolucionaria. El progreso económico de mayores salarios y más prestaciones se vuelve una selva verde que no se incendia con ninguna fogata. El anhelo marxista se que los salarios siempre sean bajos y más bajos, para dar pretexto a una lucha proletaria cada vez más radical. En ese sentido, el buen revolucionario marxista espera el horizonte pesimista con deleite. La mejora gradual y real de salarios y/o prestaciones alimenta al reformista, que no es radical, que está contento reformando al capitalismo, es el típico socialdemócrata reformista. Y si no crecen los salarios, sino que simplemente crece una clase media con buenos ingresos, también es el terreno para la reforma social, que desacredita al revolucionario comunista.

La movilidad social más evidente son ingresos y tránsito hacia posiciones más acomodadas e integradas en el capitalismo. Otro modelo típico de movilidad con ascenso social e integración es la migración exitosa del campesino atrasado a las ciudades florecientes. Personas sin estudios ni habilidades bien remuneradas pueden estudiar y sus hijos son profesionistas, proletarios bien pagados o funcionarios acomodados. Eso sucede constantemente y es la pesadilla de lo marxista revolucionario, pues las personas miran una mejora dentro del capitalismo.

Además, siendo más agudos con la dialéctica (el cambio es una constante)

Falsación de la lucha de clases convertida en antagonismo: teoría marxistaleninista del ganar-perder

El modelo económico del marxismo comunista se basa en la idea del ganar perder, que luego ha sido llamado de suma cero. En el modelo de Marx, al medir la producción en la ilusión del valor-trabajo la ganancia es totalmente algo sacado del obrero asalariado. Eso no es cierto, la ganancia es un resultado de un proceso mercantil complejo, que no proviene de una sustancia de tiempo del trabajador. En la empresa hiper-tecnológica el tiempo real de trabajo vivo agregado es insignificante, mientras la ganancia generada gigantesca sí es. El ejemplo más elocuente son las empresas tecnológicas del siglo XXI que han dominado el mercado emergente. La importancia de Microsoft, Tesla o Google no surgió de su acumulación de empleados. El modelo de la concentración de personas de la gran Revolución Industrial Inglesa del siglo XIX desapareció para no volver y sobre esa realidad teorizó Marx.

La teoría marxista del ganar perder supone que todo lo que gana el capitalista lo pierde el obrero, por tanto, el interés privado del capitalista es envilecer al obrero y reducirlo a una miseria abyecta. Ese modelo puede suceder como una ecuación simple. Sin embargo, las empresas maduras mostraron que sin obreros bien pagados y con habilidades suficientes tampoco prosperaban. Es demasiado conocida la aceleración de capitalismo que surgió con el clásico caso de Ford dando mejores salarios a sus obreros, lo cual señaló una nueva pauta para el capitalismo norteamericano que lo llevó a su florecimiento. Con el éxito de Ford el viejo modelo simplista del ganar-perder que denunció Marx como el corazón del capitalismo quedó hecho añicos. El modelo de Ford de salarios mayores y muchas prestaciones novedosas, marcó la pauta de un modelo de ganar-ganar donde el capitalista gana más dinero, el obrero directo gana más salario y, para redondear, el consumidor gana más productos de mejor calidad a mejor precio. En ese sentido, el modelo de Ford era de ganar-ganar-ganar, una auténtica revolución del capitalismo bajo las reglas capitalistas.

Ese modelo era la pesadilla de los marxistas revolucionarios que soñaban con el fracaso del capitalismo.

Pero ese modelo no esa tan extraño, en las narices del propio Marx, algunos socialistas utópicos mostraron que se podían hacer empresas de otra manera, sin un enfoque de ganar perder. Algunos experimentos de cooperativismo capitalista tuvieron gran éxito, para disgusto de Marx, Engels y Lenin, por lo que los condenaron bajo el rótulo de “socialismo utópico”[8]. De hecho, el modelo de la cooperativa exitosa de Charles Owen es un veneno contra el modelo marxista revolucionario, porque sí entrega los medios de producción directos a un grupo de obreros, que se vuelven dueños de sí mismos. También ese tipo de cooperativas autónomas resultan antagónicas al modelo del Estado dueño de todo del estalinismo realmente existente. Cuando un grupo de obreros se pueden volver ricos trabajando y administrando bien una gran empresa entonces ya no requieren de una revolución y demuestran que “otro mundo es posible”, para el disgusto del revolucionario radical.

¿Cuál es la realidad general de la relación capital-trabajadores? Depende del análisis concreto de la situación concreta (parafraseando a Lenin) para saber si resulta un gana-perder, ganar-ganar o hasta ganar-ganar-ganar. Sí hay casos y hasta trágicos de ganar-perder. Es cierto que hay malos capitalistas o empresas obsoletas, que el único ingenio que emplean es empobrecer al empleado, obligándolo a trabajar mucho y reduciendo su salario. Incluso es fácil encontrar muchos testimonios de empresas que directamente roban al empleado, como en los sistemas de Tiendas de Raya y otras crueldades. Es correcto y justo criticar a los malos capitalistas y con leyes laborales de base sacarlos del mercado capitalista y laboral. En El capital Marx se enfocó en los casos de ganar-perder, y los casos de ganar-ganar los disimuló bajo la teoría del valor-trabajo.

Entonces “lucha” como término extremo es propaganda

El sentido dialéctico de la “lucha” nos lleva hacia procesos de transformación no hacia la línea de la violencia como su esencia. En el Manifiesto comunista, Marx sí intenta que ese tono de lucha sea el de la violencia, con lo cual falsifica a la dialéctica hegeliana. De hecho, la relación entre Marx y Hegel ha dado pie a muchos textos, bastante profundos, con la limitación de que hay pocos hegelianos no marxistas metidos en ese análisis. Por lo mismo, la dialéctica hegeliana termina siendo alterada. Siendo estrictos (desde la orilla de Hegel) la visión de la lucha de clases es una especie de caricatura de la dialéctica hegeliana, deslizada hacia el dulce envenenado útil a una causa política. Porque en el motor de la visión hegeliana es el Espíritu el que se contrapone y desarrolla en las contraposiciones, de tal manera que no hay un salto puramente material, como pretendió Marx. La llamada dialéctica del amo y el esclavo conduce hacia la modificación de la conciencia, desembocando en la ética estoica, y no salta a la “consciencia de clase” proletaria.

Marx afirma que tomó la dialéctica del maestro Hegel sin alterarla, únicamente “poniéndola sobre sus pies”, al abandonar el idealismo y al sacar las consecuencias políticas que el antecesor nunca sacó, porque detuvo su razonamiento ante el Estado Absolutista Prusiano. De hecho, Marx y Engels manifiestan una fuerte admiración, que se repite en el sucesor práctico, Lenin, quien afirma con firmeza que “sin entender a Hegel, no se puede comprender a Marx”. Estas afirmaciones las han repetido la mayoría de los estudiosos del tema, pues parten de una admiración incondicional hacia Marx y sus secuelas. Sin embargo, las diferencias entre Hegel y Marx son mucho más amplias que tales afirmaciones. Y aquí únicamente nos centraremos en el término de “lucha” (aunque aplica perfecto para “sustancia de valor”, “revolución”, “comunismo”, etc.).

La lucha de clases de Marx busca y pretende estar montada sobre la dialéctica Hegeliana, cuando está alterando de manera unilateral un término clave de la dialéctica idealista. El desdoblamiento de las figuras del espíritu está en el eje, mientras que la “lucha de clases”, altera un concepto amplio sobre cambios cualitativos, en sistema casi mecánico de antagonismos y destrucción recíproca. El término preciso y precioso para la filosofía es “Aufhebung” de G. W. F. Hegel y no el de lucha y antagonismo, aunque sean parte de su concepto amplio. Para Hegel los llamados “opuestos” se mueven mediante la “Aufhebung”, con una asombrosa descripción de que la estructura del universo es un ritmo de continuas superaciones. Esto está planteado con toda claridad, desde su obra juvenil, Fenomenología del Espíritu. De otra manera, desde Hegel se habla de trascendencia (superación), aunque no estaría delimitada tanto a su manifestación material, sino a la integración del Espíritu, que es el auténtico agente del movimiento histórico.

La permanencia de la “lucha de clases” que afirma Marx desde su Manifiesto Comunista, es una alteración radical del método hegeliano, pues dicha “lucha de clases” corresponde a una fase muy primitiva del despertar del Espíritu, que Hegel explica en términos de la “dialéctica del señor (amo) y el siervo (esclavo)”. En Hegel, la entrega del trabajo obligado (sometido, explotado) deriva de un hambre entre espíritus y no del apetito físico; cuando en Marx es todo lo contrario, siendo el interés material (hambre física, por ejemplo), lo que explica la permanencia de esta contradicción. Lo que en Hegel es fase primitiva, en Marx es el meollo de la dinámica social ad perpetuam, mientras no estemos colocados en los extremos (un idílico “comunismo primitivo” y un utópico “comunismo, etapa superior”)

Falsa demostración empírica

Para que la “lucha de clases” tenga el sentido que Marx le otorga debería ser el corazón del proceso social “hasta nuestros días” y no un simple componente de conflictos, más o menos episódicos. En ese sentido, debe quedar claro que los abundantes estudios políticos, económicos y sociales en el sentido de composición de clases, dinámicas de ingresos por clases y luchas políticas enfocadas hacia clases lo único que demuestran es que la idea de clases sociales es un instrumento útil de acercamiento a diferentes realidades, sin comprobar el núcleo duro del marxismo. El núcleo duro del marxismo es que esa lucha antagónica de clases forma el hilo explicativo de toda la historia y que los periodos históricos son “sociedades de clases”.

El tema ha de la preponderancia de las clases sociales antagónicas ha sido debatido entre los historiadores, cuando los marxistas han procurado demostrar que el eje de interpretación está en las clases que surgen de las relaciones sociales de producción. Esta tentativa del historiador marxista puede ser bastante productiva, mientras no se pretende volver una especie de dogma para que la forma “lucha” antagónica se sobreponga al material empírico. La contrapartida está en historiadores que procuran dejar a la producción material en un plano inferior, como las historias políticas, donde los grupos de poder y el Estado son los protagonistas; y esto lo hacen muchas historias, aunque creen que están haciendo marxismo, cuando están volviendo el factor determinante a la política y las luchas de poder. Esa misma tendencia se aplica en magnificar el poder militar como la clave de expansión de los reinos, imperios y estados como el factor clave. Otro aspecto está en una fórmula ya poco aceptada, es que las religiones son el factor predominante, lo cual fue muy popular en el pasado, cuando por civilización se entendía religión. Un criterio, diferente está en quienes ven la historia de las ideas como un factor determinante, dentro de ello el avance de la civilización y la cultura como una clave que desborda los contenedores que ponga la economía misma.

Los historiadores marxistas, afines a la teoría de las clases en lucha, se fascinan por las interpretaciones de las revoluciones y las conmociones sociales, pues ahí miran como la efervescencia donde se demuestra ese fenómeno. El propio Marx lo intentó centrándose en temas como la “guerra civil en Francia”, que llevó a la Comuna de París. Sin embargo, con facilidad se cuestiona a los marxistas que terminan enalteciendo al elemento político, tal como lo demuestra su política más conocida, que es el intento político de la toma del poder del Estado.

Una misma investigación empírica puede mostrar simultáneamente que los proletarios existen y que se enfrentan entre sí, como la coyuntura de las guerras nacionales y mundiales. La hipótesis marxista sería que el proletariado se uniera internacionalmente (porque cree que no tienen patria) y que no se matara entre naciones opuestas para servir a sus burguesías. La realidad empírica muestra más que los proletarios se enrolan en sus ejércitos nacionales y se matan entre ellos. La simple categorización en clases sociales y su muestra empírica no significa que tengan el rol que le atribuye el marxismo, como el motor de las contradicciones sociales, etc. Incluso la propia Revolución Rusa sería una contradicción para el marxismo, cuando la revolución social que debería ser del proletariado, termina acaparada por un Estado tiránico oprimiendo a todas las clases subordinades y fingiendo que no hay clase explotadora, cuando sí la hay, aunque ligada al Estado. Por una rara ironía los empleados obligados del Estado soviético intentaban hacer investigaciones para demostrar que el proletariado era el motor de la historia revolucionaria, cuando la tragedia de su propio aparato de Estado, la URSS, señalaba hacia otra realidad más extraña: el sometimiento de las clases productivas ante el Estado[9].

¿Qué hay más allá de la lucha de clases?

Frente al aforismo marxista de que “la historia hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”, vale contraponer y afirmar la superioridad de los oficios que producen las realidad productiva y humana, por lo que la historia hasta nuestros días es el despliegue de los oficios, que resultan en integración o conflicto. La importancia de la producción no pretendo negarla, lo que sí hay que cuidar es que el conocimiento está en le corazón de la producción y que el proceso es emocional y simbólico, comunicado con lenguaje y guiado por la inteligencia. La historia no es el despliegue de una misteriosa sustancia valor-trabajo, que explique la base productiva, sino que se despliegan las propias legalidades de los niveles reales, entre producción, pensamiento, relaciones y poder.

La teoría radical de la lucha de clases finge que desprecia al Estado, cuando se ha entregado en brazos del autoritarismo, bajo una operación de sometimiento de todos al Estado. El conflicto llevado al extremo conlleva hacia la impotencia práctica de los oficios, sustitución final del trabajo por el arma.

Bajo las clases está el nivel más concreto de los oficios y profesiones. Los funcionarios integran uno más de los oficios y su tarea estratégica es cuidar el bienestar de sus gobernados, su tarea ideal no es sustituir y someter a los demás grupos.

Sin los oficios y profesiones, las clases en movimiento son una caricatura de sí mismas. La condición socioeconómica que abjura del oficio o profesión cumplida, se convierte en una cáscara vacía, en un fantasma sin una causa propia.

La lucha misma es un principio dinámico y constructivo, pero sacándola de su dimensión creativa, opera como un elemento tóxico, que desborda a la clase y al oficio. La lucha en el extremo es violencia, transición al extremo que, en lugar de representar a cualquier clase, se convierte en la profesión de soldado. En el extremo, esa lucha se vuelve militarización del Estado en un modelo dictatorial. Pero, como la parte jamás forma por sí misma el todo, sobreviene una debacle y el proceso debe volver a construirse.

 

 

 



[1] El de Lenin es un concepto “anfibio” que mezcla contra Marx la policía con las relaciones sociales, para su propia perspectiva política. De hecho, en Marx no existe una “teoría imperialista” que tanto gusto a los fans marxistas.

[2] Anderson, Transiciones de la Antigüedad al feudalismo.

[3] En los textos llamados “Diarios de las secretarias de Lenin” se refleja ese tema.

[4] Claro, siempre hay quien pueda interpretar a Marx desde otra perspectiva, pues él era un pensador interesado en saber y no un maniático buscando sangre. Puede verse la interpretación angelical de Fromm en Marx y su concepto del hombre.

[5] También me he enredado en esa equivocación al intentar corregirla con un desdoblamiento, cuando el erro es de fondo, no hay trabajo abstracto que cristalice el tiempo abstracto en objetos. El tiempo puede verse como un flujo, una huella o una dimensión del espacio tiempo, jamás como sustancia que cristaliza y eso hace Marx, cayendo en una falla de tipo Spinoza, lo cual es bastante extraño. 

[6] En Lucha magiar, el texto ha causado polémicas por lo rudo, aquí textual en alemán para que no haya duda: “Die Klassen und Rassen, die zu schwach sind, die neuen Lebenskonditionen zu meistern, müssen weichen. Sie müssen in einem revolutionären Weltsturm untergehen”

[7] Existen polémicas teóricas sobre la naturaleza de las clases sociales y el papel del Estado, si su dirigencia puede ser una clase social o es otro tipo de agrupación.

[8] Engels hace una reseña de esos modelos reales y teóricos, en Del socialismo utópico al socialismo científico.

[9] El ensayo de Marcuse sobre el Marxismo soviético señala ese tipo de paradojas, al descubrir la extraña realidad de un Estado industrial con valores represivos del capitalismo clásico, que no era un modelo de sociedad tan alternativa, sino una ironía ante la tradición marxista. Y, por si fuera poco, pone de cabeza lo que suponía era la teoría marxista, pues la estructura política se apodera y domina a la base económica.

No hay comentarios: