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viernes, 9 de diciembre de 2016

LIBRO SOBRE MASONERÍA Y CONSTITUCIÓN DE 1917







Por Carlos Valdés Martín

"Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas”. Víctor Hugo.

el pueblo sí verá un símbolo en la nueva Constitución; y verá sobre todo un símbolo en el frontispicio de esa obra, que se llama "Garantías individuales".” Discurso de clausura del Congreso de 1917. Hilario Medina Gaona, constituyente.[1]


Introducción
Con motivo de la publicación del libro Influencia de la masonería en la Constitución de 1917, publicado por el INEHRM, para el Centenario de ese magno acontecimiento en nuestra historia, recibí una invitación para participar del Lic. Manuel Jiménez Guzmán. Con el visto bueno de la Dra. Patricia Galeana y su equipo de historiadores profesionales mi ensayo fue elegido y se convirtió en columna vertebradora de este breve libro. Asimismo, agradezco la amistad desinteresada y la retroalimentación del coautor Mtro. Mauricio Leyva Castrejón, quien biografió a unos de los personajes más relevantes, el constituyente Luis Manuel Rojas. El libro no se habría materializado sin el empuje y buen sentido del Mtro. Jorge Gaviño Ambriz, quien merece reconocimiento junto con los demás autores y participantes. El evento estuvo colmado por espectadores muy receptivos,[2] ante quienes dirigí las siguientes…

Breves palabras:
Empezaré usando la metáfora de las locomotoras de la historia las cuales son puntuales, a diferencia del tráfico urbano esas máquinas jamás acuden a destiempo. Quienes se congregaron en Querétaro eran hombres de elevada estatura moral y, casi todos, habían probado la rudeza de la lucha y la persecución.[3] La locomotora de la Constitución de 1917 llegó puntual para coronar y darle sentido final a ese baño de sangre de un millón de muertos. El ciclo centenario de la Constitución de 1917 se cumple en estos días, justamente hace un siglo los representantes de la Revolución Mexicana se congregaban para solucionar con leyes lo que fueron anhelos expresados en armas.

Habiendo sido un acontecimiento público resulta sorprendente que no se hayan elaborado indagaciones significativas sobre la masonería en ese evento que modificó de manera puntual y radical el rumbo de nuestra Nación. Sin embargo, existe una primera y magnífica razón que explica esa ausencia: el secreto masónico potenciado por más circunstancias que comentaré y convertido en un cofre clausurado. ¿¡Pero si el Presidente del Congreso de 1917, Luis Manuel Rojas, fue un masón público, conocidísima su militancia por haber sido el Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia Valle de México, cómo pasar por alto la presencia robusta y hasta abrumadora de los masones en la elaboración de la Constitución!? Sin embargo, ese elemento importantísimo no ha gravitado en la narrativa histórica y los analistas han optado por la omisión. 

Los masones del constituyente siguieron las reglas de sigilo según reglas de la orden y decidieron que no era oportuno presumir su afiliación. Estimo que fue una decisión sabia, pero un siglo después metamorfoseó a una situación injusta para ellos y que distorsiona el papel de la masonería mexicana. Como antecedente, tenemos el relato vigoroso del siglo XIX con su Reforma, cuando la francmasonería se agrupó de manera pública en el modelo de logia-partido,[4] por lo que los libros aplauden su presencia. Pero a partir del siglo XX predomina el silencio o la ignorancia sobre la acción pública de los masones, junto con alguna “leyenda” como esa de que todos los Presidentes han sido masones. 

En mi ensayo, explico varias causas fundamentales que provocaron que la masonería no fuera notoria en el escenario político en general y, en particular, elaborando esa Constitución. Como no les ahorraré el placer de leer les diré que los secretos mejor guardados son como los que describe Edgar Allan Poe: son aquéllos mostrándose a la vista de todos, en el cuento de La carta robada. Y la variedad para hacerlo es colocar la información clave en un prólogo, porque los prólogos nadie suele leerlos.
Durante el período de Porfirio Díaz se terminó con el modelo de logia-partido que fue frecuente en el siglo XIX, estabilizándose el modelo de las logias modernas, bajo instituciones que siguen predominando al día de hoy. 

Además, también ha acontecido una tendencia historiográfica para procesar bajo el tamiz marxista, incluso bajo una versión bastante burda,[5] que reduce los acontecimientos a un “equivalente de clase” y un especial anhelo para demostrar la influencia positiva de “los de abajo”. Ejemplo de ello es intentar convertir el radicalismo de los artículos constitucionales en un efecto mágico a la distancia de los últimos estertores de Francisco Villa,[6]  lo cual resulta opuesto al rigor. 

Los comentaristas no masones fácilmente caen en prejuicios, entre los cuales es indispensable aclarar uno a modo de ejemplo. Para la masonería entre sus fundamentos de largo plazo está su posición favorable a los trabajadores, en especial su anhelo por reivindicar a los más desposeídos (simbolizado por el humilde cantero). La masonería completa levanta un gran canto al trabajo; pero un prejuicio común en el sector de los intelectuales suele colocar a los librepensadores como ajenos o hasta antagonistas a la línea socialista y obrerista. En el caso de la Constitución de 1917 los masones fueron decididos impulsores para plasmar las demandas obreras en el texto constitucional, donde sus diferencias fueron en torno a la modalidad y jamás menospreciaron la cuestión obrera. También hay malentendidos respecto a la cuestión agraria, la propiedad, la cuestión nacional y los recursos naturales, el presidencialismo y la educación, pero eso no lo trataré.  

Otra causa crucial es que los masones de 1917 no concebían su tarea como un acto faccioso, sino bajo una generosidad de miras muy grande, con disposición a dejar de lado sus prejuicios e intereses, anhelando la pronta pacificación y garantizar la justicia al país. Uno de los rasgos que ha sorprendido a varios analistas es el modo en que las divergencias de opiniones del Constituyente se resolvieron a una velocidad asombrosa y se alcanzaron consensos. Esa característica de 1917, con esa agilidad para discutir seriamente las diferencias y, con sensatez, alcanzar consensos razonables y hasta brillantes sigue siendo el ideal de los Congresos, hubiera sido milagrosa sin una presencia nutrida de masones formados en las artes liberales. Según la biografía de Arturo Méndez de la Garza, constitucionalista de 1917 con distinción de Secretario,[7] en ese evento hubo 65 masones de los cuales 30 poseían el grado 33°.[8]    

Conclusión
Con mi participación en el libro, en la intervencion titulada "Estimación sobre la influencia de los masones en la Constitución de 1917 y su diseño", creo haber mostrado la importancia de los masones en la Constitución de 1917 y los motivos por los cuales su presencia se ha mantenido escondida en los estudios; pero esa deuda con la verdad se comienza a pagar, justo como operan las locomotoras de la historia. Hoy hace 100 años participaban más de 60 masones en las sesiones que concluyeron con la Constitución de 1917, hoy comenzamos a hacerles justicia en su calidad de patriotas honestos y masones que supieron guardar la discreción de sus trascendentales actos. 

Post Data
El mismo día de la presentación, el libro Influencia de la masonería en la Constitución de 1917, publicado por el INEHRM, dio señales de que su primera edición pronto quedará agotada por la extraordinaria respuesta de la gente. 

NOTAS:

[1] El discurso de clausura por Lic. Hilario Medina del Congreso Constituyente de 1917, resulta una pieza de oratoria con una confección altamente masónica en todos sus detalles. Vale la pena hacer un estudio de esa pieza histórica.
[2] Evento realizado el jueves 8 de diciembre, en el auditorio del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, (INEHRM), sito en Francisco I. Madero No. 1 Col. San Ángel de la Ciudad de México.
[3] No se recuerda que la Constitución todavía se redactó en un periodo armado, así el constituyente David Peñaflor fue muerto unos días después de promulgada la Constitución, en una emboscada en Guanajuato.
[4] Ese modelo deslumbra a muchos autores, que confunden la logia-partido con la participación decidida de la masonería en la vida política, tal es el caso de José Luis Trueba Lara, Masones en México, Historia del poder oculto.
[5] La historiografía marxista al estilo Perry Anderson me gusta agrada y me adhiero a muchas de sus tesis; siguen siendo clásicos muchos textos, pero la versión burda, conduce a un reduccionismo y hasta mistificación del pasado.  
[6] Como hace Adolfo Gilly en La revolución interrumpida, por lo demás una bella obra redactada en la cárcel de Lecumberri, encerrado por su activismo.
[7] Dr. Arturo Méndez de la Garza, masón de larga carrera, poco después de promulgada la Constitución ya era Gr. 33° del REAA; sufrió persecución por el clero. Durante la dictadura de Huerta, fue una acusación clerical la que lo confinó en prisión, de la cual logró escapar. Después de pacificado el país, se dedicó a la profesión de la medicina, dando servicio gratuito a los necesitados; cuando en el periodo de furor cristero, un rústico fue enviado a matarle, pero ante la culpa por reconocer que el médico era la persona noble e íntegra, optó por suicidarse en la presencia de una gran cantidad de pacientes del sanatorio. Fue Secretario de la Segunda Comisión de puntos constitucionales.
[8] Prólogo de Arturo Méndez Blackaller, a Nociones de Doctrina Secreta de la Francmasonería, Grados I al XXXIII, editado por Arturo Méndez Blackaller hijo del constituyente Arturo Méndez de la Garza. Justamente nadie había notado la importancia de esta información, porque estaba colocada en un prólogo.

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