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miércoles, 4 de septiembre de 2024

EL DERECHO DE LAS MINORÍAS

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

Hace no tanto años las mujeres eran una minoría y no porque fuera pocas, sino porque de manera legal —aunque contrariando a las matemáticas— no tenían permiso para votar y, de hecho, estaban incapacitadas para ocupar los cargos clave como las diputaciones. La definición de una minoría, puede ser una ficción o una situación real. Las personas discapacitadas representan una minoría de la sociedad y, en las últimas décadas, se acrecientan los esfuerzos para incluirlas.

El derecho de las mayorías y de las minorías que conviven lo llamamos democracia, en otros siglos lo llamaban caridad y bonhomía. Robar sus derechos a las minorías no es justo ni democrático. Asimismo, bloquear el derecho de las mayorías es frustrar la democracia. El poder de las mayorías es inmenso, y entonces todo gran poder trae una gran responsabilidad. Lograr la satisfacción de mayorías y minorías de manera simultánea requiere de un auténtico arte, que hace florecer la convivencia pacífica. Si el encuentro entre mayorías y minorías fuera un estante de libros, entonces se requieren más Montesquieu y menos Maquiavelo, más Salomón y menos Sanedrín.  

domingo, 7 de enero de 2024

COINCIDIR O MORIR

 



Por Carlos Valdés Martín

 

Ocurrió una vez que encontrarse era imposible, cuando descubrimos que cada persona —en su mínima expresión ésta es un punto— se mueve sobre una trayectoria arbitraria y sin sentido[1]. Por otro lado, siempre ha sido posible el encuentro de personas moviéndose como puntos en el espacio;[2] y es tan viable el encontrarse que sucede a cada rato y hasta el cansancio, habitando en las ciudades populosas. Me pareció una contraposición divertida esta dificultad de coincidir y la frecuencia del sí coincidir.

¿Por qué es divertido? Porque sin encuentros no existimos, sin ese espejo en el otro, resulta que la mirada divaga en desiertos y en mares inacabables. Más aún, el solitario extremo es imposible, porque deja de ser humano, para convertirse en bestia o en divinidad[3].

Primero hay que argumentar la imposibilidad, para que no parezca una arbitrariedad de quien se esfuerza en pensar rarezas:

Un punto es ese objeto que tiene posición, pero no dimensión en el espacio y se puede conceptuar mediante un par ordenado en el plano. Un punto, bajo este aspecto es lo mínimo pensable en el espacio. Luego viene la línea como la sucesión infinita de punto, cuya manera más sencilla de percibir es la línea recta. Y resulta que la línea recta tiene dimensión solamente sobre sí misma, ya que carece de cualquier grosor hacia los lados. Entonces que coincidan dos líneas rectas en le espacio es una casualidad infinitamente remota, ya que los planos son también infinitos y cada plano tiene extensiones infinitas.

Imaginemos a dos personas en puntos distantes del desierto deambulando sin brújulas ni mapas, andando sin caminos ni GPS, entonces su encuentro resulta imposible práctico.[4] Luego supongamos que sobre cada desierto se extiende una infinidad de desiertos encima y abajo, sobre alguno de esos infinitos desiertos cae un viajero y en otro cualquiera cae un viajero distinto. De nuevo deambulan sin indicaciones por esos desiertos, y tienen tiempo para caminar. Transcurren años y luego siglos, pasan milenios y no se encuentran. Bajo tales condiciones el encuentro es imposible.

Ahí, el relato se pone triste, ambos puntos-personas se mueven indefinidamente sin esperanza alguna de coincidir.

Veamos las cosas desde otro punto de vista, pero también con puntos, líneas y dimensiones menguadas. Imaginemos un punto donde pasan líneas sin dimensión y que se están empeñando en pasar por ese punto. Supongamos que desde cualquier punto en el universo una línea mira hacia ese punto y toma instantáneamente dirección. La línea llega y une ese punto con el de su origen. Se sigue cumpliendo el requisito de la línea recto que une dos puntos cualesquiera. En principio, cualquier punto de Universo entero puede lanzar su línea hacia ese punto central y conectarlo. Hemos llegado a un resultado inverso: todos y cada uno de los puntos del Universo entero pueden lanzar una línea hacia ese punto que comentamos. A ese punto llegan líneas de comunicación con todos los puntos del Universo; entonces ese resulta ser un Punto central o rey que recibe las líneas de todos. Entonces todos los puntos del universo pueden coincidir con ese punto.[5]

En vez, de la triste idea de los puntos-personas vagando por el desierto sin rumbo ni oportunidad de encuentro, aquí está el resultado contrario, como de la estrella que recibe las líneas radiantes desde cada punto del Universo.

Luego, todavía más alegre y abrumador es que todos y cada uno de los puntos del universo cuentan con esa posible conexión con todos los demás puntos del universo. En esta perspectiva, efectivamente todo se conecta con todo[6] y brilla una noción de unión de todos los rincones del espacio.

Todos los caminos llegan a Roma

Resulta que no existimos en un espacio perfecto, sino que nos movemos una topología por eso se inventaron los caminos y los puentes para garantizar la coincidencia de la llegada. Los viajes sin caminos eran proezas con riesgo de perderse para siempre como amenazaba la enojada diosa Hera al atrevido Ulises.

Los diligentes romanos decidieron que habían de evitar las penalidades de Ulises, su lejano antepasado, colocando los caminos y entrelazándolos hasta que todos llegaran a la Roma, capital del mundo conocido.

Dado que hay camino —aunque las rutas no sean rectas, sino curvas y sinuosas— la oportunidad de llegada es máxima, a menos que surja una desviación y encrucijada. Cada cierta distancia, los romanos clavaban una cabeza que miraba en dos direcciones. Esa cara doble representaba al dios Jano, quien cuidaba las puertas, incluso las del tiempo.

El regresar a la capital representaba un privilegio, pues en Roma se concentraba el poder y las oportunidades.

Comenzamos señalando que en el espacio puro cualquier punto tiene la oportunidad de conectar linealmente con todas las rectas y por ello hacia el universo; pero como la tierra es accidentada y la geografía se entrecorta con montañas y riberas, entonces no todos los puntos tienen la misma oportunidad de ser visitados. La capital se vuelve el centro de las comunicaciones y los caminos fueron el fundamento material del Imperio Romano.

Lex dura lex

Es una puerilidad creer que la supremacía de Roma se limitó a una ventaja militar, pues la superioridad de varios planos fue la que permitió que venciera por siglos a sus rivales y establecer la Pax Romana, alrededor del Mediterráneo. A diferencia del militarismo simple, el proyecto de supremacía romana se cimentó en una asimilación cultural.

Resulta curioso que la superioridad cultural romana se basó mucho en su humildad para asimilar a los griegos. Aunque crecieron de manera autónoma, los romanos creyeron ser descendientes de una tribu griega derrotada en las míticas jornadas de la Ilíada. Cuando la joven república romana crecía, se ocuparon de restablecer lazos con la zona griega y aprender lo posible para estar a la altura de los tiempos.

En su momento, los romanos lograron volverse el pueblo que mejor asimiló la filosofía y las técnicas provenientes de Grecia, de tal manera que consolidaron su comunidad, que sí era militarista, pero no atrasada.

En el Foro

El arte de la integración entre los romanos dependió de varios aspectos, entre los que destacan el manejo de la política de tal manera que se integrara la población bajo un régimen de leyes, el cual era inusual en esos tiempos. Asimismo, los líderes romanos se distinguieron por un estudio cuidadoso de la retórica, elemento formativo para integrar a las personas en un mismo proyecto.

El pueblo romano (originalmente, únicamente la élite y luego los demás que se integraron) solía reunirse en el Foro, el sitio de las discusiones. Cuenta una leyenda que de una grieta insólita surgió un hoyo imposible de tapar que amenazaba con devorar al Foro, edificado en el corazón de la ciudad.[7] Era como un signo oprobioso de la caída, como si el punto central de esa geometría abismara un vacío para devorar a la comunidad entera. Los intentos de llenar con piedra y tierra el hoyo creciendo eran inútiles, hasta que un oráculo señaló que un noble sacrificio sería la única solución. La leyenda romana cuenta que un joven inocente se inmoló con todo y su corcel en ese sitio, por lo que fue permitido rellenar el hueco.

Mientras estuvieron en apogeo, los romanos entendían que el sacrificio y las virtudes republicanas eran fuego moral que los mantenía unidos. Los caminos físicos, a partir de la famosa “Vía Apia”, permitían mover tropas y mercancías por un enorme territorio, sin embargo, las fuerzas morales eran las que movían los corazones y los mantenía unidos alrededor de sus famosas siete colinas.

La geometría pura permite que un punto potencialmente conecte con todos y esotéricamente también “todo se conecta con todo”, sin embargo, la efectiva reunión de voluntades resulta en esa maravilla: “el coincidir”. El mejor modo de coincidir requiere de artes específicas como la retórica y de actividades de diseño político, tal como lo diseñaron los primeros romanos, antes de que la pesada estructura del Imperio los sofocara.

NOTAS:

[1] El existencialismo de tipo pesimista señalará la enorme dificultad del encuentro auténtico, por ejemplo, Sartre en El ser y la nada, muestra en lo general la tremenda dificultad para el encuentro auténtico. En otro caso, Camus en El extranjero muestra que el encuentro auténtico no sucede, que su personaje está emocionalmente aislado hasta la muerte.

[2] Leibnitz concibe filosóficamente que el auténtico individuo es un punto, de tal manera que establece una Monadología de tipo atómico.

[3] La famosa definición de “zoon politikón” de Aristóteles se complementa con esa doble imposibilidad de la soledad absoluta, por eso sin sociedad estamos muertos. Véase Aristóteles, Política.

[4] Este es el cuento de Borges sobre los reyes y los laberintos, donde el desierto es un laberinto más feroz que el mejor diseñado por el ser humano. Borges, Los dos reyes y los dos laberintos.  

[5] Jacobo Greenberg en su búsqueda de una propiedad universal telepática especulaba en serio sobre esa cualidad de comunicación inmediata entre todos los puntos del cosmos, al menos, a nivel mental.

[6] En el Kybalión, la máxima búsqueda mística es la conexión con el todo del todo, como un nivel superior que unificando trasciende los demás planos.

[7] Leyenda retomada por Borges en Otras inquisiciones de la novela de Hawthorne “Marble Faun”.

sábado, 14 de mayo de 2022

LOS CACOS DEL TIEMPO PERDIDO

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer… El reloj, Roberto Cantoral

 

Esos personajes están ocultos en cada calle de la Ciudad y hasta en las carreteras despobladas, a cada momento se esconden entre avenidas, callejones, pistas, cruces, semáforos... Porque el robo de tiempo es sistemático y universal, a veces, se descaran, ya que no se conforman con que cada persona posea su propia procrastinación, sino que ellos —los auténticos ladrones de Cronos— se regodean quitándonos lo más valiosos: el momento presente.  Una representación literaria de estos “ladrones del tiempo” está en la novela, Momo, con unos personajes de gris, quienes conspiran para provocar una prisa que termina siendo un robo de las “hojas muertas” del tiempo. Sin embargo, a veces, la realidad supera a la ficción.

Antiurbanistas

Como la realidad supera a la ficción, al entrar en la época posmoderna esos personajes anti-urbanistas (normalmente llamados con términos más ordinarios como urbanistas[1]) han logrado promover el estrangulamiento de la movilidad urbana. En muchos países, desde que se puso de moda la “movilidad urbana”, esta palabra implica una neo-habla al estilo de la novela distópica de Orwell, lo cual implica que la “movilidad” significa la inmovilidad urbana.[2]

Durante décadas el afán predominante y oculto de esos urbanistas de la inmovilidad ha sido provocar más lentitud y dificultad en los desplazamientos, para compensarla con ironía mediante con pasos a desnivel, vías elevadas, carriles confinados, vialidades privatizadas o restringidas, carriles alternos para ciclovías, banquetas “orejonas”, topes o desniveles de las vías, etc. La totalidad de las acciones de remodelación urbana son bajo las ilusiones de mejorar vialidades, hacerlas más fluidas, embellecer el espacio urbano y cuidar la ecología, sin embargo, los ladrones del tiempo son más astutos, por lo que terminan haciendo de las suyas, al menos ellos ganan en CDMX y otras megalópolis.

El resultado habitual es que los desplazamientos urbanos resultan cada vez más lentos, paso a paso, hasta que la parálisis resulta tan aguda, que las autoridades toman alguna medida para aliviar el caos urbano. Al límite de la asfixia llega un alivio transitorio y se reinicia el ciclo.

Ejemplo de hoy

Esta debería ser una súper-carretera, una vía de acceso entre las grandes ciudades, aunque hoy se ha paralizado durante horas.

La autopista está paralizada y la existencia de los conductores cae en parálisis. Como señaló una vez Julio Cortázar en lo que creí un exceso de ficción sobre la autopista paralizada;[3] ahora lo vivo. Las letras se han convertido realidad. Esta es la autopista México-Querétaro y ha vuelto la parálisis absoluta. Los más astutos han tomado una desviación que los llevará hacia una ciudad desconocida, en un rodeo de varias horas par finalmente llegar a la capital. Para quien escribe la única opción es esperar, y la tardanza termina en el amanecer del día siguiente. La parálisis vehicular se desvanece tras muchas horas de espera.

Los cacos del tiempo ya no se conforman con hurtar segundos del bolsillo, ni con robar minutos de la cartera, ahora saquean las horas completas, sin conformarse con ningún botín. Exigen varias horas en conjunto y no se conforman que sea un tiempo robado de un simple ciudadanos, sino el de miles de personas en simultáneo. En lenguaje mexicano se llamaría un “huachicoleo” masivo del cronómetro lo que arrastran con toneladas cronológicas que desvían hacia una guarida de futilidad.

 

Del “tiempo perdido”

El lector astuto habrá descubierto que el título encierra un sinsentido, pues si el tiempo está perdido ¿cómo habrán de robarlo? La explicación está en la narración de Momo y en El capital de Marx,[4] pues si el tiempo desaparece a cada instante entonces alguien debería aprovecharlo. Nadie ha demostrado que, en estricto sentido, el tiempo perdido de unos le aproveche a otros, sin embargo, los cacos se comportan como si provocar la escasez de tiempo, como si paralizar a sus víctimas sí les aprovechara. Mi opinión es que los ladrones están equivocados de principio a fin: el tiempo personal es intransferible, únicamente se comunican experiencias como lo intuye Bergson. La victoria de esos cacos del tiempo se desvanece junto con las místicas arenas arrastradas por el viento.

 

NOTAS


[1] Se entiende que esto no se refiere a los profesionales del urbanismo y la planeación de ciudades, sino a misteriosos personajes que traspasan las barreras de la ficción.

[2] En español se tradujo como neo-habla, en inglés de Orwell newspeak, también se vale considerarla un operador del doublethink.

[3] Julio Cortázar, La autopista del sur.

[4] La teoría del valor trabajo de Marx incluye una fantasía más radical que la de Michael Ende, pues pretende que la auto-valorización del capital sí logra apropiarse de un tiempo de trabajo cristalizado en “valor”. Véase Rosdolsky en Génesis, estructura y método de El capital de Marx.