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martes, 21 de febrero de 2012

DEL “YA MERITO” DEPORTIVO Y LA TOMA DEL ALMACÉN-BASTILLA EN BAUDRILLARD















Por Carlos Valdés Martín

Causa una sonrisa cómplice enterarse que los deportistas de Francia, la patria de la cultura universal, padecen también un síndrome de no alcanzar la meta. De modo festivo, y como para cerrar su colección de textos, Jean Baudrillard nos regala una interpretación ante eventos curiosos. El ensayo final en la Crítica de la economía política del signo marca un parentesco extraño con la mentalidad típicamente derrotista del subdesarrollo. Describe a un deportista que desfallece estando próximo a la meta y se queda atónito, por la injusta causa de que al saberse próximo a ganar le flaquean las fuerzas. Esta aversión al triunfo yo la creí una anti-cualidad de latitudes que sufrieron el colonialismo, pero veo que está más extendido. De entrada existe una incredulidad, pues el largo camino del entrenamiento y la disciplina define la dificultad mayor; unos pocos metros que separan a un puntero de su meta parecen ya pocos. Exigen una explicación esos casos de quienes colocados en la proximidad de la meta caen derrotados por un enemigo oculto en su mente. Esa vocación al fracaso en el último tramo parecería una inclinación inexplicable y excéntrica, contraria a las actitudes explícitas de las personas. De modo explícito un deportista se prepara para ganar y dedica sus fuerzas a una meta exclusiva. Para la competencia deportiva el triunfo lo representa todo, se eliminan las demás consideraciones para que el atleta se enfoque hacia la competencia y lograr adelantar a sus competidores. El “fracaso en el tramo último” resulta en extremo curioso, y más intrigante es la repetición de esa actitud.
La frase “ya merito” se usa de manera popular para indicar el “ya casi”; donde la palabra “mero” se emplea en diminutivo, convertida en “merito”, implica tanto la noción de disminución, la de simpatía y suceso en el pasado. Ya mero indica una situación más tajante y clara, “ya merito” se abre a connotaciones más inciertas, pero quien las relata muestra simpatía. El iluso dice: “ya merito me sacaba la lotería”, “ya merito me daba un aumento el jefe, pero no lo hizo”. El irresponsable mecánico dice: “ya merito me entregan las piezas para componer su auto y se lo arreglo”, pero todavía no compra las piezas mencionadas. El escéptico le reclama al incumplido: “vives en el ya merito”. De manera curiosa, la frase permite un juego de palabras, entre “merito” (pronunciada con acento grave) y “mérito” (en su uso normal de esdrújula), donde el acento es la diferencia entre lo que nunca sucede y un éxito, porque el mérito se desprende del logro.
Esa frase coloquial del “ya merito” sirve como un lema para indicar esas situaciones, donde “ya merito” ganaba un competidor, usando la frase en diminutivo, que existe algún afecto hacia esa situación. Quedarse en la orilla, no solamente perder, sino mantenerse alejados por la mínima distancia, describe una situación en extremo dramática y de tensión extrema. Ese fracaso no es cualquiera ni ordinario, sino que expresa un fracaso mayúsculo y una indicación de un misterio humano.
Por un lado, Baudrillard nos convence que esa situación se repite, al menos entre los franceses, y hasta muestra una frase que describe esa situación. Por otro lado, el autor se siente intrigado y nos conduce hacia hipótesis de “sociología y psicología” profundas. La interpretación psicológica nos debe remitir a una imposibilidad de satisfacer el deseo, y esa es la discusión hacia donde se dirige Jean Baudrillard. En la frontera de esa imposibilidad de realización, encuentra una pérdida en la intersección del deseo y el signo-valor, el cual sufre un fenómeno de pérdida de satisfacción. ¿A qué se refiere? Braudillar ensaya una crítica de la economía política del signo que continúa y redondea el proyecto del Marx, denominado la crítica de la economía política. El esfuerzo de Baudrillard compagina la teoría crítica de Marx referente al mundo de la mercancía y el capital con una teoría semiótica del valor-signo, que unifica a la “ley del valor” económica, con la sociología de Veblen (el signo como composición de jerarquía entre las clases sociales) y una semiótica (teoría del signo) derivada de Ferdinand de Sassure y Roland Barthes. Esta extraña y compleja mezcla (economía, sociología y semiótica) está armada, en la mayor medida, sobre la crítica de la economía política, pues esta última ya era una tentativa de interpretar la totalidad social y poseedora de una compleja estructura teórica.
De hecho, los estudios de este joven Baudrillard surgen en un periodo cuando se recuperó la complejidad de la obra de Marx, mediante las aportaciones de Sartre y los “halagos” de Althusser, junto con otras tesis . Antes de ese periodo únicamente se miró al marxismo como una economía (de modo sencillo y casi “positivista”) unida a una teoría social y una política revolucionaria, pero los estudios marxológicos del periodo generaron una nueva visión, en la cual la crítica de la economía política mostraba un cariz más profundo, a manera de un “estructuralismo” (en Althusser), una teoría crítica total (Sartre), etc. En la parte de teorías no marxistas se levantaba una oleada de visiones “estructuralistas” de diverso tipo, como las emanadas de la antropología estructuralista (Levi-Strauss) o la lingüística estructuralista (Ferdinand de Sassure), además de reinterpretaciones post-estructuralistas como Foucault. Según el balance de Perry Anderson, en la batalla de las ideas la familia de teorías estructuralistas y post, terminó por derrotar al marxismo , como una abanico de interpretaciones, sin que esa opinión del marxista inglés implicase aceptación de alguna superioridad de las obras estructuralistas, sino una constatación de hechos: al terminar el siglo XX predominó la corriente estructuralista y postestructuralista sobre el marxismo. Sin embargo, Baudrillar transpira el “espíritu del 68”, donde la rebelión juvenil parece indicar una revolución radical a las puertas. Sin embargo, ese nuevo estilo de pensamiento radical, también dejó cuestionado al marxismo, y no por su teoría, sino por la actuación conservadora de los partidos comunistas y la sociedad opresiva de los países llamados comunistas. A disgusto con los frutos del marxismo, el ala juvenil rebelde busca un discurso radical, para una acción aún más honda que sus predecesores. Y sobre ese estilo radical piensa Baudrillard.
El francés retoma la plataforma de la crítica de la economía política, la cual considera relativamente válida, para actualizarla con dos perspectivas principales: una simbólico social derivada de Veblen, donde se explica el valor simbólico de los intercambios (teoría de la clase ociosa), y otra semiótico social derivada de Sassure y Batres, donde se explica el “habla” de los intercambios materiales, y la irrupción de una “realidad simbólica” sobreponiéndose a la economía de mercado-capital puras. Plantea una “evolución” del capitalismo que termina derivando hacia una realidad modificada, aunque en esta obra no es enfático, pero en las posteriores Baudrillard hablará más de una “sociedad de consumo”, entendida como un consumir símbolos de estatus más que de mercancías-materia, donde importa más la calidad jerárquica creada que el circuito de valor de cambio y uso. El instrumental teórico Baudrillard lo aplica a aspectos “marginales” del conjunto económico-social como el mercado del arte , que presenta situaciones curiosas en las subastas y que no parecen quedar explicados con las teorías del valor trabajo (mediante el tiempo de trabajo socialmente necesario contenido en las mercancías modificado por la oferta-demanda y factores de capital), sino por paradójicas interpretaciones de jerarquía social aplicadas a los objetos raros. Por ejemplo, un autor célebre por su tendencia a exaltar el aspecto mórbido de la figura ha sido el mexicano Jose Luis Cuevas, en un grabado emblemático de 1965, donde presenta una cabeza en el suelo en proceso de descomposición, logró un impacto singular. El artista mediante trazos temblorosos y una paleta de grises exalta la desgracia: es una cabeza que se ha perdido. El creador titula esta serie de grabados “La muerte de Justine” (1965) y se conservan en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México y en la colección del museo José Luis Cuevas. La pregunta de la teoría de Jean Baudrillard escapa de la estética y se adelanta la interrogación del valor, ¿cómo una pieza que exalta la fealdad en trazos de (falsa) apariencia torpe se convierte en un valor comercial y perdura como valor estético? La compleja respuesta del francés no parece contundente, pero abre más interrogaciones. Si no ese una acumulación de valor, ni una significación estética, entonces ¿de dónde proviene ese valor incrementado? Esta teoría nos habla de circuitos sociales donde los intercambios simbólicos se cruzan con los intercambios de valor para crear objetos de “arte” valiosos. En el extremo pareciera que la respuesta de Baudrillad es que el objeto es valioso porque se gasta en él , definiendo una especie de círculo (para mí quizá “vicioso” y para Baudrillard una espiral de fuga) forjador de las convenciones sociales; una vez que se ha pagado mucho por una obra o autor, estos se vuelven valiosos. El gasto suntuario, por sí mismo, genera un significado de estatus y por tanto otorga valor.
El eje de su discurso para sobrepasar la crítica de la economía política marxista y, de esa manera obtener una nueva crítica de la economía política del signo (radical), está en la sobre-posición de una nueva realidad social, generada por la densa costra del signo-jerarquía, la cual ha ahogado al valor de uso y valor de cambio como los niveles subordinados. En algunos de los artículos pareciera que proponen una tríada en equivalencia, de hecho propone ecuaciones para correlacionar estos tres elementos; pero termina concluyendo en un “más allá”. Este libro de la Crítica de la economía política del signo se vincula a El espejo de la producción y El sistema de los objetos, en los cuales insiste con igual énfasis que se han sobrepuesto las dimensiones del signo-consumo sobre la producción material y sus códigos, establecidos en la ley del valor-trabajo .
La crítica de Baudrillard a la economía política de Marx parece discreta, pero enfocada a algunas cuestiones de fondo, en especial, plantea una confrontación contra el valor de uso, la visión de la “necesidad” y su fondo antropológico, el primado de la producción, la escasez como fundamento de la opresión social, etc. El debate más de fondo contra el “valor de uso” está en el artículo “La génesis ideológica de las necesidades” . El valor de uso ha sido aceptado como una plataforma material, sobre la cual se levanta la estructura parasitaria del valor de cambio (valor, capital, sistema de relaciones capitalistas), pero que permanece intocado conforme la objeción de fondo de Baudrillard. Con Marx mantiene Jean Baudrillard una enorme afinidad formal y de pretensiones; el proyecto del libro parece una “actualización” del discurso teórico de Marx, y por eso importa tanto anotar las diferencias esenciales y las críticas de fondo. El valor de uso es el concepto más confrontado, y, obligatoriamente, Baudrillard lo cuestiona más porque parece más inocente y está a un nivel generalizado del sistema teórico, como el “cuerpo material” de cada mercancía.
En El capital , Marx hace la definición general de la mercancía como un objeto de una doble naturaleza: un aspecto es su cuerpo material, respecto del cual se satisface una necesidad y lo denomina valor de uso; el otro aspecto es resultado del mercado, el cual denomina valor de cambio, que corresponde a su intercambio, su referencia a que un objeto vale tanto. Esta definición de la dualidad entre valor de uso y valor de cambio implica una dualidad de la mercancía y se mantiene a lo largo de la obra. Incluso, respecto de la obra económica, existe la impresión de que el valor de uso queda fuera de cualquier consideración de la teoría económica, permaneciendo como una naturaleza previa, lo cual no es exacto, como lo establece Rosdolsky , ya que sí importa la estructura material de las mercancías en algunos casos, como la diferencia entre capital fijo y circulante o capital mercantil y productivo. Es cierto, que el tema del cuerpo concreto de las mercancías se mantiene relativamente al margen del discurso teórico marxista y tiende a presentarse como una materialidad primera que sustenta materialmente el metabolismo entre humanidad y naturaleza. En vista de esa posible simplificación, aunque no resulta una consecuencia indispensable del sistema teórico, es que Baudrillard objeta de este modo al concepto de valor de uso marxista: “Todo esto, como hemos visto, equivale rasgo por rasgo al valor de uso como función denotativa de los objetos. ¿No ofrece el objeto, al ‘servir’, el aspecto de decir algo objetivo? Este discurso manifiesto es la más sutil de sus mitologías. Falsa ingenuidad, perversión de la objetividad. La utilidad (…) no es una naturaleza, es un código de la evidencia natural” Con esto Jean Baudrillard plantea que la definición de Marx sobre el valor de uso es una ilusión naturalista o de naturaleza, porque le parece que no existe esa “cosa objetiva”, sobre la cual parasita el valor-capital. Insiste en su punto Baudrillard: “Hemos visto cómo las necesidades (el VU (valor de uso)) no constituyen una realidad concreta, incomparable, externa a la economía política, sino un sistema inducido él mismo por el sistema del VC (valor de cambio) y funcionando según la misma lógica” . En enfoque de Baudrillard es presentar el aspecto de signo contenido en la mercancía, hacer una crítica de su cuerpo material para descubrir que no es una materia, sino un código complejo. En especial, en este libro de Crítica de la economía política del signo se enfoca a criticar al diseño, en particular a la corriente de la Bahaus, como un código desarrollado sobre el cuerpo de las mercancías, que las convierte en cosas doblemente sociales. Marx descubrió el lado social del valor de cambio de la mercancía (como cosa de comercio y relaciones sociales capitalistas), y Baudrillard pretende criticar para descubrir un segundo nivel social, que se define como el nivel del signo, expresado en la complejidad de los significados sociales que encierra la “forma mercancía”, la cual el autor encuentra que transporta también una relación social. La colección de ensayos de Baudrillard se dedica a revelar ese aspecto social de las mercancías, que traen una “forma general” de comunicación y de jerarquías sociales en su cuerpo mismo, por tanto, ya no hay naturaleza inocente en los intercambios mercantiles, sino un código de enajenación. Esta posición va mucho más allá del llamado fetichismo de la mercancía descubierto por Marx. Este fetichismo es una enajenación en la cual los sujetos sociales siguen las pautas de las mercancías, sin saber que son los productos de su trabajo. Este nuevo nivel de fetichismo planteado por Baudrillard es la formación de un lenguaje social que se “come” en cada objeto, el cual le asigna posiciones sociales y actitudes a los sujetos. Este “otro nivel” de socialidad enajenada lo encuentra Baudrillard a partir de las aportaciones de la semiótica-lingüística estructuralista derivada de Ferdinand de Sassure y sus intérpretes, en especial, de Roland Barthres . Esto implica, que la interpretación de Baudrillard es una especie de estructuralismo o post-estructuralismo donde un nuevo código habla por el sujeto, la socialidad es más radical por cuanto también un sistema de signos está obligando al sujeto a comportarse de cierta manera. Su búsqueda de radicalización comparte enfoque con el psicoanálisis y el estructuralismo que encuentra nuevas determinaciones que obligan a los sujetos a actuar, y por tanto los obliga a ser menos sujetos unitarios, caracterizándolos más como fragmentaciones de estructuras convergentes. Para Baudrillard el fetichismo de la mercancía de la sociedad capitalista post-1968 manifiesta diversos niveles de actuación que limitan la libertad de las personas, y ya no basta un impulso o una acción ideológica tradicional (el partido, los comunistas conscientes, la clase obrera revolucionaria) para generar un cambio . En ese sentido, de una extraña parálisis revolucionaria está un ejemplo de una acción “revolucionaria” de un grupo radical, el cual se apoderó de un almacén supermercado y con los altavoces incitó a los presentes para que tomaran libremente cualquier mercancía a su alcance, como si la masa revolucionaria de Francia tomara la Bastilla (o mejor todavía un Palacio de Invierno ) y sus líderes invitara a apoderarse de lo que se encuentre a su paso. El resultado fue que los consumidores del almacén asaltado, cual moderna Bastilla, se conformaron con apoderarse de simples baratijas. La conclusión, alarmada y decepcionante para Baudrillard, es que los sujetos no son libres ante las mercancías del almacén, que existe una ilusión de libertad, pero que sin la presión de precio las mercancías pierden su interés para la compra, y se cae en un estado de modestia o de falta de deseo. Siguiendo la especulación resulta importante indicar, que Baudrillard supone que sin la mercancía codificada con sus signos, el deseo de su adquisición desaparece. Este argumento se relaciona con su rechazo al valor de uso, pues él supone que no existe un cuerpo material de la mercancía que se busque para satisfacer un deseo, sino que el deseo surge desde la mercancía marcada con un precio y con un signo, que la unidad de esa doble envoltura glamorosa, es el secreto de su atracción y deseo. La teoría del fetichismo de la mercancía de Marx es distinta, donde sí hay un atractivo oculto en la mercancía, pero su fulgor se debe a la relación social oculta, una socialidad extraviada; mientras que para Baudrillard es un envoltorio de doble enajenación, por la unidad del sistema valor de cambio y el sistema de valor de la forma signo. El relato del almacén-Bastilla tomado por una “célula radical” y despreciado por los consumidores resulta ejemplar para el modelo de Baudrillard, quien afirma que entre los consumidores domina un nivel distinto de “sistema de valores”, el cual no ha sido descifrado por la acción radical clásica, la cual se convierte en inútil o conservadora, candidata perpetua a las derrotas. Por tanto, plantea desechar los métodos revolucionarios tradicionales y luego revolucionarlos con una nueva radicalidad, sostenida por el ataque al sistema del signo. El modo operativo o su propuesta crítica no quedan claros, basta el enunciado de que la acción debe de alcanzar un más allá, que no se contente con la “toma de la fábrica”, sino que reinvente el significado de las cosas.
A manera de efecto secundario, esta alegoría de la toma de la Bastilla-almacén revela un razonamiento muy importante en el discurso de Baudrillard que lo diferencia de Marx. Para la teoría marxista, las sociedades hasta el capitalismo son de “escasez” y esto significa que las necesidades esenciales son oprimidas mediante un mecanismo de explotación económica; basado en que no se produce suficiente (miseria absoluta, pobreza universal) o se produce de manera segmentada (la miseria para el proletariado, la riqueza para el capital, mediante la extracción de plusvalor). Por su parte, el francés plantea un esquema alternativo, donde la “necesidad” básica y su producción no “existe” como tal, sino que se define primero la parte excedente de un sistema social, y, a partir, de ese excedente, se define la parte necesaria. Plantea: “De hecho ‘el mínimo antropológico vital’ no existe: en todas las sociedades está determinado residualmente por la urgencia fundamental de un excedente: la parte de Dios, la parte del sacrificio, el gasto suntuario, el provecho económico. Es esta deducción del lujo lo que determina negativamente el nivel de supervivencia y no lo inverso (…) Jamás ha habido ‘sociedades de penuria’ ni ‘sociedades de abundancia’, puesto que los gastos de una sociedad se articulan, cualquiera que sea el volumen objetivo de recursos, en función de un excedente estructural y de un déficit igualmente estructural (…) es la producción de ese sobrante la que rige el conjunto” . En ese sentido, cuando yo planteo descubrir que el “gran almacén” tomado en el ejemplo es una Bastilla o un Palacio de Invierno simbólicos nos remite a esa visión, porque el acto no se ejerce sobre una enorme serie de mercancías individuales, sino que se apodera de un objeto magno (el almacén supermercado), por tanto se trastoca el exceso mediante su gran cosa de lujo. Ya he cuestionado la posición de Baudrillard , pareciéndome que está limitada, sin embargo, queda el tema del protagonismo del código y el simbolismo de lo importante, aquello que denominamos como lujo o esplendor.

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