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miércoles, 11 de septiembre de 2013

ENTRE LAS ALAS DEL CIELO Y LOS ANHELOS SOCIALES




Por Carlos Valdés Martín

El aerostático y la época de las revoluciones burguesas

El globo aerostático de los hermanos Mongolfier cristaliza el viejo seño de colocar a un ser humano en vuelo autónomo. Antes ningún intento de vuelo fue lo bastante exitoso para cambiar el mundo. Antes hubo intentos sin continuidad y es posible que la falta de persistencia se debiera a las estructuras económicas y sociales. Calentar un cuenco vacío con suficiente tamaño para elevarse no requiere una manifactura tan difícil ¿Cómo es que ese ingenio relativamente sencillo no se obtuvo desde los siglos anteriores? Sabemos que los griegos unieron talento con el descubrimiento de bases matemáticas y científicas. Los chinos brillaron por su ingenio y dedicación al detalle, creando curiosos globos a escala de juguete. Los árabes también deslumbraron con algunas artefactos. El periodo del Renacimiento nos trajo a los talentos europeos, pero el tema de construir alas de vuelo parecía una ociosidad en los cuadernos de Leonardo Da Vinci. La práctica terminó en intentos, efectuando ensayos con planeadores rústicos y otras curiosidades. La idea del vuelo tardó en madurar y quizá esperó al arribo de un nuevo tipo de sociedad —la burguesa—, aunque fue un rey absolutista, Luis XVI de Francia, quien saludó la creación del globo aerostático en Versalles[1].
No deja de ser curiosa esa relación entre el periodo burgués con el avance en los primeros vuelos en globo. El periodo burgués se inicia con comercio y revoluciones, se multiplica la agitación social y el interés egoísta ¿Es casualidad esa coincidencia entre la búsqueda práctica para “tocar las nubes” y esa época del egoísmo desbocado?
Para Ortega y Gasset las ideas se adelantan a las épocas y basta mirar con cuidado el cambio de las ideas para preludiar cualquier época siguiente[2]. El ensueño del vuelo es antiguo, ya los griegos imaginaron a Ícaro y otros pueblos tuvieron sus ángeles[3], dioses-pájaro y regiones celestiales. Sin embargo, ese ensueño ancestral no fue seguido por esfuerzos serios para realizar esa noción y convertir el vuelo en una experiencia tangible. Desde el Renacimiento ¿el ensueño del vuelo se había intensificado anunciando su realización?
Conforme se fueron acumulando ideas más precisas del movimiento en el aire de los proyectiles y observaciones mejores sobre el “planeo” de objetos se fue acercando el momento para construir aparatos voladores. Pero el camino no era sencillo. De hecho fue la visión de los fluidos y la comparación del aire con el agua lo que abrió la ruta para el globo aerostático. ¿Cómo se llegó a ese momento? Tenemos la opción de imaginar un avance autónomo del saber, una acumulación de ideas de los ingenieros (en principio empíricos) hasta alcanzar un logro, o bien un chispazo de genialidad individual. Si bien cualquier hipótesis sería plausible, pero mientras una idea no se vuelve sangre y carne de una colectividad será fácilmente olvidada. Varios logros de la Antigüedad se fueron perdiendo en la sucesión del tiempo pues no resultaban significativos para ellos. Es necesaria una época adecuada a las ideas para que éstas se conserven o, incluso, se conviertan en una obsesión colectiva. Con el tema del aire nos encontramos con una especie de emoción colectiva y surgen muchas creaciones independientes empujando en el mismo sentido. En pocos años, luego de la noticia de los Montgolfier, existen reportes de imitaciones entusiastas en sitios lejanos del planeta, pues recordemos que hacia 1784 las comunicaciones intercontinentales eran mediante barcos de vela. Como sea, el final del siglo XVIII y el principio del XIX fue entusiasta de los viajes en globo y de la búsqueda de otras formas de viajar por el aire.
El tema del globo fue más un espectáculo poco práctico que un medio de transporte, fue marcar un hito de cumplir un imposible que un servicio utilitario. Un serio economista y revolucionario pudo desechar por completo la existencia de ese fenómeno en su monumental, El capital, mientras estudiaba repetidamente al ferrocarril y barco de vapor como paradigmas de tecnologías de punta. Aunque durante décadas fuera irrelevante en la economía, el globo aerostático con su presencia capturó la imaginación del siglo. La primera novela exitosa de Verne fue Cinco semanas en globo del año 1863, donde describe una travesía imaginaria pero verosímil sobrevolando el continente africano. La imaginación literaria del globo adelanta en cuatro años a la imaginación de la ciencia social del primer tomo de El capital publicado en 1867. Casi siempre la fantasía desbocada se adelanta a hechos y teorías. Sin embargo, aunque Verne mismo tuvo su experiencia inaugural hasta diez años después.
Durante décadas se buscaron aplicaciones prácticas para los globos. Un desarrollo hacia un transporte de pasajeros de gran distancia fue el dirigible. Sin embargo, es bien sabido que la etapa de los grandes globos terminó en 1937 con la tragedia del Hindenburg. Desde el punto de vista técnico, esa decadencia del dirigible era previsible, pero el avión —su competidor— tuvo un desarrollo parsimonioso.
¿Qué sucede con el espacio terrestre conforme se crea un espacio aéreo mediante esas ocasionales vistas desde un globo? El espacio territorial se volvió más denso desde el punto de vista económico y político. La densificación del mercado local y mundial, estableció espacios económicos más provechados, y la tendencia era desaparecer las regiones sin dueño. Los Estados y los particulares se declararon propietarios de un modo más preciso que en el periodo anterior. Los grandes señores feudales y los reyes imperiales reclamaban dominio sobre territorios inmensos, incluso hasta sobre regiones ignotas o imaginarias, pero no roturaban con precisión sus territorios[4]. Ese periodo hay auge de una representación más precisa de la propiedad privada, perfeccionando el derecho de uso y abuso de los antiguos romanos. ¿La visión aérea contribuye a esa apropiación del espacio económico y político con un estilo moderno? Parece una buena hipótesis que requiere de más exploración. El “tablero” de la propiedad territorial, en ese periodo se volvió más preciso y los espacios resultaron nacionales también en un sentido más definido. No sólo la aviación debió confluir hacia eso. La cartografía debió contribuir para ese resultado, pues se fueron trazando con más precisión los confines y las fronteras. También es crucial la apropiación mercantil y los efectos del comercio para esa etapa de la apropiación del territorio.

Autopropulsada: “al cielo por asalto”

Conforme el capitalismo cumplió con la revolución industrial y mostró enormes contrastes sociales, hundiendo a grandes masas en la miseria (la más artificial), también se avecinó un nuevo periodo de revoluciones sociales. En muchas ocasiones esa revoluciones se proclamaron socialistas, pugnando por un “más allá” del capitalismo; otras rebeliones —sin un sello anticapitalista específico— mostraron una gran exigencia por justicia y cambios sociales. En todo el siglo XIX, la idea de una revolución más allá del capitalismo quedó como un boceto, pero en el siglo XX cobró fuerza de huracán. También ahí se abre el periodo tecnológico para el salto cuántico desde el lento globo aerostático, hacia las naves autopropulsadas base de la aviación. Al inicio del siglo XX se combinan los adelantos en el principio de sustentación con el motor de combustión interna dando sitio a la aeronave. De nuevo coinciden los grandes movimientos en el plano histórico-político con la tendencia del aire; en el plano emotivo la frase afortunada “prestos a asaltar el cielo” fue creciendo hasta convertirse en una divisa revolucionaria[5].
La utilidad de la nave aérea autopropulsada pronto fue evidente. El servicio militar de los globos quedó en los márgenes y en planes sin cumplir, por ejemplo, resulta famosa la pretensión —que no se concretó por impráctica— de Napoleón Bonaparte para cruzar a su ejército sobre el Canal de la Mancha en globos. Pero los aviones sí se convirtieron en instrumentos militares y ya desde la Primera Guerra Mundial hubo combates en los cielos. Hacia la Segunda los bombardeos resultaban cruciales y la fuerza aérea se convirtió en una rama importante de cada gran ejército.
El servicio de comunicaciones de la aeronave también cambió a las sociedades, facilitando un sistema postal aéreo rápido y eficiente, el cual se generalizó en los años de 1920. El movimiento de pasajeros fue pasando de ser una curiosidad para estabilizarse en un servicio comercial y en un turismo masivo.
Para una ideología de las revoluciones sociales la idea de una velocidad de avance resultaba esencial. En ese sentido, el avión como objeto límite de la velocidad de desplazamiento humana resultaba afín para algunas visiones revolucionarias. Los más exitosos movimientos radicales y los regímenes emanados de estos emergieron en las zonas tecnológicamente atrasadas del planeta, pero no inactivas. Un hecho poco conocido es que el primer bombardeo militar está registrado durante la Revolución Mexicana y el acontecimiento, además, fue filmado. En otra latitud el ingenio ruso se aplicó para obtener logros, lo cual a la larga desembocaría en la “carrera espacial”.
La visión de la máquina como adalid del futuro y hasta apoteosis del progreso fue afín al socialismo. Para Marx el proletariado era el sufrido agente productivo de la “gran industria” y de ahí provenía su potencial irresistible para protagonizar el cambio social. Ese fervor por la máquina era sobrepasado en versiones más burdas de capitalistas o de ideólogos futuristas[6], cuando suponían que bastaba el mecanismo perfecto para cualquier logro. Las máquinas veloces y, sobre todo, las aéreas potenciaron esa visión optimista del progreso: si la maquina conquista el aire ¿qué no conquistará? La existencia de los aviones motivaba los ensueños revolucionarios.
De las convulsiones del siglo XX surgió el “campo socialista” y la pléyade de naciones independientes del Tercer Mundo, lo cual terminó de configurar el espacio político de países sobre el planeta. Con el despertar de las naciones oprimidas y colonizadas, la historia mundial se presentó como una confluencia de fuerzas autónomas y todas reclamando su protagonismo. El fenómeno de la división de fronteras precisas siguió acentuándose, aunque con una contra-tendencia de más comercio internacional y el resurgimiento de una oleada de emigración.
Mientras la aviación autopropulsada presenta la facilidad del movimiento en el planeta y ofrece la primera posibilidad de un “ciudadano del mundo” en la práctica, la contrapartida del siglo XX marca la acentuación de nacionalismos territoriales. Los territorios quedan más marcados con una relación fuerte entre el Estado político con su sistema de reglas y sus ciudadanos, lo cuales están cada vez más vinculados y controlados bajo su aparato de leyes. Mientras los vehículos técnicos (automotores, aviones, barcos) facilitan los viajes, los Estados controlan o hasta restringen esa posibilidad de desplazarse, en especial durante situaciones de hostilidad o guerra cuando atravesar una línea imaginaria es un crimen.
En cualquier periodo pacífico, los aviones levantan el vuelo y terminan en un aeropuerto, con ello la ensoñación de naves que nunca jamás aterrizan ha quedado en lo imaginario[7]. La relación entre una autonomía de vuelo y la obligación de terminar en un territorio definido y organizado para recibirlos marca una apropiación del espacio: son dos mitades de un arco, la parte de ascenso equivale al descenso. En ese sentido, la emoción del vuelo termina equilibrada con la tranquilidad del aterrizaje en una curiosa oscilación anímica. En mitad de ese arco de movimiento, justo lo impresionante es su velocidad y ésta encontró su frontera en la aventura del Concorde, el cual rebasó la velocidad del sonido pero no fue un éxito comercial. Tras la admiración por una velocidad límite la competencia por más rapidez terminó sin aliento. El concepto mismo de una velocidad extrema termina en una interrogación en un planeta redondo. Con ironía Stanislaw Lem nos obliga a cuestionarnos si la velocidad máxima representaría algún avance en su novela La voz del amo[8].  Sin embargo, luego de esa simple aceleración del velocímetro queda plasmado un concepto clave: el goce con novedad. El viajar y desplazarse es importante para moverse hacia otro sitio disfrutándolo; no es el ir de un lado a otro por mero y simple ajetreo lo que nos legó la conquista del aire. Esa era del avión entregó algo trascendente: que el movernos deje una huella de espacios lejanos en nuestros sentidos y mente. En consecuencia, el aventurarse que atribuimos a Marco Polo y a otros exploradores se ha integrado al ADN del habitante posmoderno[9].

La conquista del espacio y la globalización

En su extremo, las revoluciones socialistas ofrecieron una sociedad igualitaria y, en tal sentido, perfecta que aquí no juzgaré. Varios Estados posrevolucionarios cultivaron el gusto por la aeronáutica, aunque al avanzar ese ciclo (del auge hasta la caída del Bloque Socialista) lo que resultó más vibrante fue la “carrera espacial”. Más que la emoción de esa carrera debemos señalar la gigantesca inversión material y política que implicó. Crear el globo  aerostato implicó una súbita conjunción de talentos con algún subsidio aristocrático y el aeroplano de los Wright exigió el talento de una empresa particular, en cambio, la carrera espacial exigió una máxima acumulación de talentos científico-técnicos y la inversión multimillonaria de las superpotencias dominantes[10].
En mitad de una hostilidad de bloques económico-sociales se alcanzó “la última frontera”. En la carrera por conquistar el espacio las superpotencias contrarias se jugaron su prestigio y más. En ese tema particular la Unión Soviética tomó la delantera, lo cual generó la ilusión de un adelanto neto en ciencia y tecnología para el “campo socialista”. De hecho la carrera espacial era interpretada como una clave para la superioridad entre dos sistemas antagónicos, creyéndose que el ganador de esa carrera espacial sería el amo del futuro. En retrospectiva, los autores de ciencia social y política describen esos enfoques sobre la importancia de esa “carrera por el cosmos” como de propaganda ideológica, lo cual implica una desacreditación incorrecta[11]. Después de 1989 resulta sencillo desechar cualquier argumento sobre la fuerza de la URSS, sin embargo, sin visión de prejuicios en retrospectiva era claro que “La carrera hacia las estrellas se convirtió en una plataforma primordial para ganar la guerra fría”[12]
La alarma cundió en Occidente cuando la URSS lanzó el sputnik y luego Gagarin alcanzó el espacio exterior. Después las fuerzas se fueron emparejando. El evento inicial de un triunfo por la “patria socialista” fue equilibrado por los norteamericanos con el “gran paso” en el famoso alunizaje. La dramática carrera entre EUA y la URSS para ganar el espacio exterior pronto se convirtió en una especie de empate. A principio de los años setentas ya no había algún objetivo inmediato y relevante que impactara en el campo espacial, desde entonces se inició una etapa de distensión y hasta de cooperación espacial entre las dos superpotencias que ha continuado. Hacia 1975 la misión Apollo-Soyuz marcó esa nueva etapa y quizá también fue el anuncio velado de que esa rivalidad por bloques ideológicos se terminaría en algún futuro.
El desarrollo de la tecnología espacial ha tenido un impacto fuerte en el desarrollo científico técnico, pero sus efectos económicos durables[13] casi se reducen al campo de las comunicaciones, mediante los satélites y sus enlaces a distancia.
Sin duda, por parcial que sea, la conquista del espacio exterior ha contribuido al empequeñecimiento del mundo. El planeta cada vez nos parce menos ancho. El término de la “aldea global” para designar a nuestro sistema mundial es menos llamativo, casi obvio. La interdependencia de nuestras sociedades puede seguir avanzando, pero observar el planeta desde el espacio exterior como un pequeño punto luminoso ya marca un hito en las experiencias humanas.

Conclusión: un par de anhelos más

Los anhelos sociales —como empuje del espíritu y la inteligencia— buscan espacios (proyecciones desde quien las imagina) que abarquen al máximo (sus mejores posibilidades). Cuando quedan desatados, esos anhelos humanos exploran alguna modalidad utópica. Los griegos antiguos anhelaban un porvenir de virtud, sabiduría y de libertad (solamente para los aristoi de su polis[14]); los cristianos medievales ambicionaban un reino de caridad y redención (merecida únicamente para los católicos redimidos y para los demás la cruz en las empuñaduras de las espadas y las llamas eternas[15]); los modernos —burgueses versus proletarios— ensoñaron un equilátero de libertad, igualdad y fraternidad aderezadas con riqueza[16]; los habitantes posmodernos anhelamos esos mismos ingredientes y todavía les agregamos dosis de hedonismo e innovación. Pregunto si los ciudadanos actuales o futuros ¿aceptarían el platillo de virtud-sabiduría-caridad-redención-libertad-igualdad-fraternidad-riqueza si no recibiera también una dosis de goce e innovación? Bajo las tensiones de nuestra mentalidad y “sensibilidad” actuales, el caldo nutritivo de virtud-sabiduría- caridad-redención-libertad-igualdad-fraternidad-riqueza resultaría indigesto si fuera convertido en existencia de asceta sin piel o de rutinario burócrata. Ni ascetismo ni repetición son satisfactorios. Los piadosos siervos se conformaron levantando reinos cristianos; los ciudadanos se contentaron estableciendo repúblicas y naciones “libres”; las masas socialistas se alegraron levantando sociedades bajo el signo de la igualdad y el progreso. ¿Con qué anhelos se contentarán los habitantes del siglo XXI?
El habitante actual ha crecido bajo el aire de los aviones y la atmósfera ingrávida del espacio estelar. Ahora no resulta bastante con la lejana herencia de ideales, también deseamos mirar con nuestros propios ojos los sitios lejanos… acompañar al vuelo de nuestros anhelos mentales con nuestro cuerpo viajero. Las alas del cielo (esas de aviones o cohetes propulsados) nos han enseñado la ciencia y arte del moverse… ¿Nuestros hijos se conformarán con menos? ¿En los anhelos futuros se renunciará al desplazamiento? La huella sutil que empezó en el breve vuelo del globo aerostático, arrastrando a una persona hacia los cielos será imposible de borrar.




NOTAS:

[1] CLARK, Ronald W., Hazañas científicas, el impacto de la invención moderna, p. 65.
[2] ORTEGA Y GASSET, José, El tema de nuestro tiempo.
[3] El vuelo es un tema relevante en la literatura, por ejemplo, El paraíso perdido de 1667 es una obra épica donde volar resulta crucial. En esta descripción Dios ordena al ángel Rafael acudir al Paraíso y entonces viaja por los cielos… “Desde allí, ni nubes ni astro alguno se interponen a sus miradas, y ve la tierra pequeña como en sí es y semejante a los demás globos luminosos, y ve el jardín de Dios coronado de cedros por encima de las más altas montañas. Así aunque menos distintamente, contempla el observador durante la noche por medio de los cristales de Galileo, tierras y regiones imaginarias en lo interior de la luna (…)Prosigue el Ángel bajando con acelerado vuelo, y cruza la inmensidad del espacio aéreo, y surca mundos y mundos, seguro de sus fuertes alas, ora impelido por los vientos del polo, ora sacudiendo velozmente el movible aire”
[4] ANDERSON, Benedict, Comunidades imaginadas.
[5] Lenin en el Prefacio de las cartas de Karl Marx a Kugelman cita repetidamente la frase de las masas parisienses dispuestas a “tomar el cielo por asalto”. Año 1907. La frase original está casi perdida entre las opiniones de Marx sobre el heroísmo de los comuneros parisinos en 1871, textualmente indica: “Que se compare a estos parisienses, prestos a asaltar el cielo, con los siervos del cielo del sacro Imperio romano-germánico”. En el movimiento del 68 parisino la frase quedó como divisa positiva de “hay que tomar el cielo por asalto” y adquirió gran popularidad, aunque esto ya corresponde al periodo aeroespacial.
[6] El futurismo de Marinetti intenta crear una corriente artística completa sobre ese único eslabón, ensalzando a la velocidad y su violencia, canto de juventud siguiendo el modelo material del automóvil y el aeroplano. Su aspecto irracionalista lo enlazó con el fascismo. MARINETTI, F. T. Manifiesto futurista, año 1909.
[7] Como imaginación límite, la nave-ciudad, nube-castillo flotando, nave inalcanzable o submarino inaccesible, siempre ha sido importante predominando antaño a modo de morada divina como cielo o castillo en la montaña inaccesible. No es casual que el tema reviva en la narrativa popular. Verne imaginó ese viaje perpetuo en más de una modalidad.
[8] “Y se supone que la visión de toda esta maquinaria enormemente eficaz y solícita debe dejarnos boquiabiertos para que nunca lleguemos a preguntarnos qué se gana exactamente con estas peregrinaciones rápidas como el rayo”.
[9] Una diferencia abismal con la época feudal, cuando atar al siervo a la tierra significaba que no debía de moverse, bajo penas capitales. El siervo quedaba atado a la tierra y el vagabundaje recibía pena de muerte. Cf. HUBERMAN, Leo, Los bienes terrenales del hombre.
[10] En ese sentido, la carrera espacial es un evento revelador de la aceleración del cambio y de la acumulación de fuerzas en un movimiento de cambio. Cfr. TOFFLER, Alvin, La tercera ola.
[11] Immanuel Wallerstein acostumbra fallar en sus predicciones tanto como en sus evaluaciones de los fenómenos de cambio, así la “competencia” entre sistemas sociales le parece un mero efecto ideológico. Cfr. Después del liberalismo.
[12] Mattelart, Armand, La comunicación mundo, p. 149.
[13] Resulta discutible sus efectos temporales como un efecto de grandes gastos del Estado, en el contexto de la política económica de Keynes y la poskeynesiana. Cfr. Teoría general de
[14] La República de Platón posee el mérito de mostrarnos ese anhelo del siglo V antes de nuestra era.
[15] Quizá la visión de la Divina comedia fue tan bien aceptada (entre otros méritos), porque daba la gratificación de las llamas infernales (variadas y concretas según la maldad del pecador), con lo cual se redondeaba el gusto por la redención celestial.
[16] La riqueza para todos es base del ideario socialista moderno, y el término clave en Marx para explicar las sociedades de explotación es término “escasez”. Cfr. MARX, Karl, Grundrisse

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