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miércoles, 16 de septiembre de 2015

ANÁLISIS DE CAMINOS DE UTOPIA DE MARTÍN BUBER Y...








ANÁLISIS DE CAMINOS DE UTOPIA DE MARTÍN BUBER Y
EL SOCIALISMO VIABLE

Por Carlos Valdés Martín


La obra Caminos de utopía de Martín Buber entrega una reflexión apasionada, fresca y honesta sobre su estrategia socialista de comunidades libres, con carisma casi anarquista[1], proponiendo cooperativas tipo comunas como núcleo de un tejido estructurado, que sea base humana y material para un nuevo mundo utópico. Su texto surge después del auge revolucionario del Este de Europa, la persecución antisemita del nazismo, triunfo de los Aliados en la Gran Guerra, la colonización judía de Palestina y el fervor del sionismo antes de la fundación del Israel moderno. Esos procesos arraigan en la formación y vida de Buber, de origen judío, precedido de eruditos lingüistas, sumado a su nacimiento en Viena, su infancia en una localidad de Ucrania, su participación literaria con las minorías judías centroeuropeas, los efectos de la persecución nazi, y su emigración a Jerusalén, donde procura el entendimiento árabe-judío. Publica Caminos de Utopía[2] en 1946 poco antes de la Independencia del Estado de Israel, cuando la derrota del fascismo permite una pausa optimista para los perseguidos de ayer. Entonces su enfoque y práctica personales fueron sellados por las persecuciones de totalitarismos fanáticos, el extravío de los movimientos socialistas y los esfuerzos sionistas por implantar un espacio nacional para la comunidad judía perseguida. Para la edificación del Israel moderno hubo un esfuerzo especial integrando comunidades agrícolas, pues el terreno de la Palestina de la primera mitad del siglo XX ofrecía enormes resistencias contra la emigración judía. La cooperativas de producción agrícola llamadas kibutz han sido un pilar real para la emigración judía y la formación del nuevo país. En ese sentido, este autor fue un participante práctico y un entusiasta, aunque cuidadoso crítico y autocrítico que insistió para evitar injusticias sobre la población árabe. Además de su obra social, Buber sigue siendo muy recordado por su visión filosófica, donde aborda con finura los problemas éticos y estudia la relación interpersonal.
En este texto, encontramos la visión más social del filósofo y sus aplicaciones prácticas, por lo que el análisis estará centrado en la cuestión de las cooperativas y su efecto en el reparto del poder y la sociedad. Otro aspecto de interés es su balance de la experiencia marxista, leninista, estalinista y propiamente utópica con un gran conocimiento de causa y demostrando respeto por lo acontecido previamente, por lo tanto, ese será un aspecto que analizamos con más detalle.

El objetivo final
Sintetizando su finalidad utópica, él propone crear un socialismo en libertad, sostenido por un tejido de comunidades auténticas que se articulan sobre una base federativa (aunque también parcialmente centralista) para abolir el Estado desde abajo, al arrancarle sus raíces ya que las comunidades de base tomarían los asuntos en sus manos. El objetivo final coincide con el clásico objetivo del marxismo, liberalismo radical y el anarquismo, pero su punto sobresaliente es armonizar el camino junto con la meta, ya que Buber es un ético notable, su literatura y existencia sirven para el rescate de la ética[3]. Su mayor reproche práctico al marxismo y sus ramales es que relegan lo importante para una negación de la negación posterior, que impide cualquier preparación del camino del socialismo democrático en la medida suficiente para que la comunidad igualitaria asuma la iniciativa, especialmente bloquea que los proletarios controlen los medios de producción, luego entonces desde la producción ellos gobiernen de verdad, en lugar de confundirse mediante la ilusoria representación soviética o partidaria. En una mayor claridad sobre el objetivo final radica su enorme ventaja crítica contra el estalinismo, aunque no expone una imagen completa del asunto.
Nutriéndose de la tradición anarquista, Buber clarifica que una llamada "socialización de los medios de producción" cuando una burocracia central se apodera de todo (la estatización y monopolio generales) resulta lo más alejado al socialismo (siendo una gran crisis). La exigencia de una real libertad de cada grupo implicado en una totalidad mayor está muy viva y los individuos implicados también mantienen un sentido de libertad y fraternidad dentro de cada comuna. La idea anarquista de "federación" es importante porque revitaliza la idea de una relación de libertad entre muchos grupos, que no quedarían encerrados en células de campesinos tradicionalistas, sino que vinculados con la comunidad global. Martin Buber dice: la verdadera comunidad es la comunidad de comunidades (principio trascendente de abrazo planetario y universal) y en eso patentiza su razón democrática, libre e incluyente.
Aquí surgen dos interrogaciones. La primera, parece ignorar en la base del curso histórico al problema de la producción y riqueza (escasez contra abundancia) como sustento del asunto. Usualmente los visionarios del “socialismo utópico”, como Martín Buber se comportan como si la economía ya se hubiera desarrollado lo suficiente, y entonces lo único que resta es reorganizar en una vía armoniosa (justa) que permita una gestión de la producción y de la individualidad, en base a los intereses de los trabajadores directos[4]. La segunda, aunque su sentido de la libertad bulle alerta y vital, su concepto no apunta hacia la reconstitución completa del género (auto-constitución libre) sino hacia la aplicación de principios eternos con un tinte casi místico[5]. Por el lado de la "necesidad humana" de insertarse en la comunidad también la considera un asunto de eternidad.

Alternativa “celular” para producción y diálogo
Tal cual su título lo indica, Martín Buber plantea esta idea en el corazón ético del socialismo no autoritario. Se requiere de una unidad elemental de gestión y movimiento de la nueva economía, que manifieste principios diferentes al eje de mercancía-capital-propiedad privada[6]. Insiste Martín Buber que en cada comuna —pequeña unidad social de productores y consumidores asociados libremente— emerge el nuevo principio a plenitud. En este punto destaca el ariete contra las interpretaciones de centralismo y socialización estatal de los medios de producción. Martín Buber se manifiesta radical porque él sostiene la importancia de los proletarios como productores directos urgidos por empoderarse con medios de producción.
La asociación humana misma, en su forma y contenido, queda colocada al centro de su reflexión. La entiende como un pequeño grupo vivo, una organización de personalidades encontradas cara a cara en asociación de libertades, que convive sin perderse en una masa. En ningún momento supone que el grupo lo sea todo y el individuo nada, al contrario su máxima consideración es la relación del diálogo, al modo yo-tú y viceversa[7]. Su visión de la comuna es asociar personas en diálogo, jamás hundir sujetos en el anonimato.
Cada asociación particular luego debe de reunirse libremente con otra, en lo que Martín Buber llama la verdadera "reestructuración" de la sociedad. Por lo mismo no engarzaría organismos con un fin en sí cerrado, sino abiertos para alcanzar una cadena gestión colectiva. De esa manera interpreta el federalismo, como el mantenimiento de la libertad de las asociaciones unidas en un gran cuerpo político. Descendiente de tesis anarquistas y liberales de izquierda[8], no pretende abolir el Estado, sino de corroerlo en su base, porque —interesante planteamiento— dice que el Estado político resulta por la mutua enajenación de grupos e individuos, que cuando queda superada tal separación, entonces languidece el principio de existencia del Estado.
Su imagen de la revolución futura, considerada positivamente como reestructuración, dibuja el crecimiento de la libertad asociada alimentada por los "experimentos" de la producción y el consumo asociados, favoreciendo una nueva relación de diálogo auténtico, como cimiento ético. Brevemente, diremos que la cooperativa es la base nuclear del proceso, esperando que su forma perfeccionada e integrada de producción y consumo sea la base de tal cambio radical: desaparición del Estado. De suceder ese horizonte, entonces habría un paralelismo con el ocaso del feudalismo, cuando una nueva economía crece desde el interior, de tal modo que la base económica ya se ha revolucionado hasta derribar la esfera política.

Problemas típicos de las cooperativas y comunas
Al hacer un balance de acontecimientos previos, Martín Buber procura ser muy objetivo y no adornar sus esperanzas con ilusiones. Estudia las cooperativas y comunas de acuerdo a su modalidad. Las cooperativas de consumo han sido las más extensas y, en ese sentido, con mucho, la variable más exitosa bajo el marco capitalista[9], las cuales no mantienen vínculos estrecho entre sus miembros, y se convierten en empresas (técnicas o burocráticas) de distribución de bienes de consumo. La cooperativa de producción adquiere un vínculo más cercano para la gestión y acuerdo de los participantes; además, las de producción alcanzan cierto éxito técnico y económico. Los problemas nodales los descubre Buber en lo siguiente: tendencia al aislamiento y a la nueva división interna. La inclinación hacia una nueva división significa que la cooperativa original, cuando obtiene éxito, se trasmuta en empresa jerárquica y luego contrata asalariados para explotarlos, lo cual degrada a cualquier cooperativa en "apéndice del orden capitalista"[10]. El asociado original asciende a la clase rentista, una especie de pequeño capitalista y entonces abandona la transformación de la realidad, a cambio de un ingreso y jerarquía superiores. A la cooperativa integral, Martín Buber estima más avanzada, y hacia tal clase de cooperativismo aspira, porque ahí crece el vínculo más pleno, y a partir de tal asociación integral se debería reestructurar la sociedad entera. En la práctica, esta cooperativa integral propende a considerarse comunidad  completa y fácilmente se encierra rompiendo lazos con el exterior, entonces la organización integral se convierte en el fin en sí mismo, por lo que no revoluciona su entorno y se restringe hacia "experimentos interesantes"[11]. Los motivos axiales para fundar tales comunidades integrales fueron ideológicos, como la comuna Icaria liderada por Cabet y diversas colectividades bajo visiones religiosas. Luego en esas comunas estallan con facilidad luchas interiores donde el dogmatismo suele disolverlas, conduciendo a divisiones o confrontaciones generacionales; o bien, para conjurar conflictos imponen métodos de control opresivos y devienen en anti-utopías.

Balance de la teoría de Marx
Aunque las divergencias de Martín Buber con sus predecesores socialistas son muy fuertes, en ningún momento toma el autor un tono de anatema y escándalo (aunque sí más de una opinión pudiera escandalizar), posiblemente por su mismo espíritu comunitario: unir antes que fragmentar[12]. De hecho su obra empieza rechazando el término utópico que le colgaron los padres del "socialismo científico" a la estrategia cooperativista y, más estrictamente, partidaria del kibutz[13]. La opinión de Martín Buber afirma que la estrategia correcta cimentará un socialismo "tópico" a partir de comunidades funcionando, mediante las cuales se edifique la existencia del socialismo, en vez del salto cualitativo revolucionario que propone Marx y la estrategia política de Lenin. Lo que esclarece Martín Buber sobre la meta de Marx (y toda la corriente marxista bienintencionada) es un punto clave: son una y la misma que la finalidad del "socialismo utópico" y del anarquismo. Una misma diana que él la llama "la voluntad de sustituir el principio político por el social"[14], es decir, la desaparición del Estado. La enorme diferencia yace en la selección de medios, Martín Buber considera que los marxistas reducen la acción transformadora a los procedimientos políticos, que entonces sería "un puro suicidio del principio político"[15] y un fracaso forzoso, porque los mismos medios políticos enajenados (anti-éticos y sin respetar al otro) pretenderían ilusamente saltar hasta su antagónico, ilusionándose con la desaparición de la política[16] y el Estado enajenado.
Para Martín Buber el vehículo idóneo de la lucha trascendente (que salta la barrera del capitalismo) sería la cooperativa, que reestructura la sociedad dentro del capitalismo, y más allá de él, aliando al cooperativismo con movimientos revolucionarios de derrocamiento político. Por lo mismo, le interesa mucho la actitud de Marx y Engels ante las cooperativas, y en este punto él considera que siempre hubo una subestimación, pues ellos no cultivan un apoyo sistemático a "los elementos de la nueva sociedad" en el seno de la vieja[17], de tal manera hay movimientos en zigzag y erráticos, pues a veces sí apoya formarlas y otras no. La motivación de esa oscilación es evidente, pues Marx consideraba al cooperativismo como un mero ejemplo, estímulo o ilustración de un nuevo principio: la asociación completa de los productores[18]. Con alegoría poética Buber lamenta que el asociacionismo sea rebajado a medio instrumental para los marxistas, respecto de la URSS dice que cuando una rama se ha convertido en bastón no retoña con hojas vivas.
El segundo gran punto de debate contra Marx es el aspecto del centralismo. Reconoce que para el objetivo final Marx no fue un centralista, pero respecto del desarrollo de las fuerzas productivas (y para la estrategia revolucionaria notoriamente en Lenin[19]) sí asume una superioridad técnica del centralismo. Sin embargo, la oposición de Martín Buber es ética contra cualquier centralismo. El fondo de la crítica al centralismo, brota desde la reivindicación de la libertad para los grupos asociados. El concepto centralista lo concibe Martín Buber partiendo del Estado, como una organización vertical y jerárquica donde el centro decide en lo importante. En esto no polemiza con una contraposición absoluta, pero sí considera que la plataforma del socialismo depende de la descentralización, de tal modo que la centralización parcial cada vez sea más voluntaria y más asociada, siempre sustentada en su adorado principio del federalismo.

Balance de Lenin y Stalin en la práctica
La posición de Martín Buber conjunta rasgos de admiración y de crítica frente al ciclo soviético. En su admiración acepta de los bolcheviques su heroico esfuerzo práctico y a la capacidad para elaborar una estrategia de lucha socialista. Su crítica, siguiendo las líneas anteriores, se enfoca hacia la condición centralizadora del movimiento anterior en Rusia. Sin refutar la utilidad del centralismo, lo que exige Martín Buber es marcar una delimitación precisa y robusta, porque su finalidad es sustituir tangible y crecientemente al centralismo por cooperación. Falta en la política de Lenin la fuerza descentralizadora y eficaz, que corrija el rumbo, porque el modelo revolucionario diseñado sin contrapesos, se descarría hasta convertirse en peligrosamente más centralista que su antecedente capitalista. El proceso correcto buscaría la mayor libertad de la comunidad para debilitar al Estado, para mantener al Estado cercado entre los límites posibles y extender prácticamente el campo de la libertad colectiva[20]. Esperaría, metafóricamente, que el valladar cooperativo mantenga alejados a los lobos del centralismo, porque si esto no ocurre entonces triunfa la dictadura autoritaria sobre la comunidad desorganizada.
Después Buber relata los actos del bolchevismo ante sus soviets (se suponía eran su base prístina[21]) y frente a las cooperativas. Emerge hasta hacerse evidente, en los giros y vueltas de tales actos, que la forma asociada jamás fue importante para los bolcheviques y ellos empujaban hasta imponer directivas estatales: fabricaban más Estado y menos colectividad. En la creación de la URSS de Stalin la formalidad cooperativa misma, al imponerse por actos de coerción contra su población se convierte en apéndice del Estado y fuente de desigualdad. Al instituirse mediante leyes coercitivas y desde el Estado dictatorial, bajo el rótulo "cooperativas" operan oficinas y apéndices burocráticos. La crítica contra tal sistema dominado por el Estado es que conforma a los hombres al sometimiento, de tal manera que jamás alcanzarán un reino de libertad con igualdad.

Polémica contra el centralismo
La crítica de Martín Buber contra el sentido enajenado del centralismo (siendo trust empresarial o Estado) mantiene filo, pero la base de las circunstancias cambiantes queda en la sombra. Megaempresas y Estado tiránico perfilan un centralismo de potencias que se enajenan a la colectividad y contribuyen a su atomización, observa Martín Buber que "el nuevo centralismo del gran  capitalismo logró lo que no había logrado el antiguo: atomizar la sociedad"[22]. Eso cristaliza lo que él considera un extremismo oscuro cuando carece de "estructura" social (comunal). Llevándolo al extremo ético cabría decir que el mal concentrado se condensa en el Estado centralizado, todopoderoso y aplastante.
La alternativa no está pensada en base a la mera condena moral, se observa que cierta centralización es inevitable (división del trabajo y coordinación política), pero que se debe fortalecer una plataforma para contrarrestarla. Evalúa que dentro del movimiento obrero la organización económica-sindical y la político-partidaria no cumplen con esa tarea. La oportunidad de "descentralizar" (política y económicamente) a la nueva sociedad lo imagina desde la cooperación económica integral. La relevancia de la comuna integral (kibutz) no está en los beneficios pecuniarios directos (aunque los trabajadores ganen algún beneficio en esta opción), sino en los efectos sociales, políticos y éticos. A nivel elemental quiere fortalecer un contrapoder frente a la tiranía del Estado, un contrapoder que integre la red entre personas[23] bien estructurada, entonces con la capacidad para frenar cualquier abuso.


La base de la comuna (socialización)
La necesidad misma de comunas Martín Buber la fundamenta en una exigencia psicológica y en otra mística. La psíquica radica en la importancia de la convivencia, pertenencia y fraternidad como “way of life”, que además se confirme dentro de una totalidad[24]. En ese sentido entiende a la comuna como el encuentro humano no enajenado, y en esto Martín Buber es bastante claro, pues distingue las otras integraciones serviles, donde el individuo renuncia a su libertad con tal de integrarse en un conjunto abstracto (nación, sociedad). Existe acuerdo en que hay beneficios y hasta urgencias de comunidad (el diálogo benéfico del Otro) cabría preguntarse si con ello redondea el fundamento para un tipo distinto de comunidad[25].
La segunda base, argumentada por Martín Buber, para crear la comunidad integral es completamente mística. Dicho sencillamente él encuentra en la vida comunal un eje trascendental que radica en la divinidad. Ofrece un enfoque místico, en el sentido más general que un enfoque religioso, porque no promueve una "religión revelada" definida para justificar el socialismo, sino que él siente que en el eje de la comunidad se trasluce lo sagrado como nivel superior de lo colectivo.
Por los dos puntos anteriores, aunque la argumentación táctica de Buber pretende realismo, el fundamento para su "nueva célula social" es metafísico, por lo tanto queda como una intención subjetiva o asunto de fe. La fundamentación que pretende Marx es su antípoda: el incontenible desarrollo de las fuerzas productivas empujaría al proletariado, pues la socialización de la producción (concentración y centralización) es la base del nuevo régimen, conforme la condición fatal de los parias proletarios los motiva a su radicalismo. La plataforma marxista evita lo ético contra lo que sucede[26], y en ese sentido Buber se afirma dentro del terreno utópico y el espacio de las preferencias éticas, donde escapa de los dilemas prácticos de los herederos de Marx, atrapados por la catástrofe inmoral cuando gobiernan. Para salir de ese terreno, además de preferencias (que siempre existen) Buber debería establecer las bases de la viabilidad o de la inevitabilidad para el triunfo de su "nueva célula". Se entendería que la cooperativa integral estuviera cimentando hacia un nuevo mundo, pero no explica cuál es su carta de triunfo. Se entiende muy bien la conveniencia de construir desde abajo un modo alternativo de gestión, abriendo la ruta alternativa que suplante al capital y al Estado. Pero, además de la ventaja moral, se tendría que demostrar la ventaja económica, que escondería al as bajo la manga para el triunfo del cooperativismo. Ahí notamos una ausencia, por ejemplo, nunca se interesa por el argumento marxista de que la asociación sea superior y más eficiente que la propiedad privada, porque no le encuentra mucho sentido a esta línea argumental[27]. Ese es el punto débil de Buber: el cambio social devendrá factible por la superioridad económica (y sobre esa base también superioridad en los demás niveles) y no sobre deseos. En ese sentido, no está muy claro como Buber supone que el socialismo sea el discurso del futuro, más bien parece que su sueño es la reconciliación de la sociedad agrícola (con relaciones humanas más estrechas, etc.) con la industrial en base a la comuna agrícola reestructurando la modernidad. En ese sentido, sus repetidas comparaciones y comentarios sobre las comunidades agrícolas y su importancia son muy comprensibles.

Las experiencias tempranas de cooperativas y comunas
Bajo un interesante sentido de perspectiva Buber en su libro Caminos de utopía hace un balance de las primeras oleadas de cooperativismo y de los experimentos de comunidades utopistas.
La primera oleada europea aconteció durante 1830. En Inglaterra el principal promotor de las cooperativas de consumo fue un médico y devoto, el Dr. William King, que por su entusiasmo se impulsaron más de 300 asociaciones. Más famoso, por su trabajo público y contemporáneo, el también inglés Owen, quien intervino promoviendo las cooperativas de producción y luego proyectos de colonización, los "famosos paralelogramos", llamados así por su construcción geométrica de casas. En Francia, Buchez promovió el establecimiento de cooperativas de producción, donde enfrentaron la animadversión de los grupos reaccionarios y hasta la represión, pero salieron airosas ante ese tipo de retos. Desde ese temprano movimiento ellos enfrentaron el problema del movimiento cooperativo exitoso: la asociación de producción cuando triunfa metamorfosea en empresa capitalista[28]. En propuestas de Louis Blanc para que el Estado apoyara "talleres nacionales" se observó otro de los grandes problemas: la cooperativa de producción cuando queda controlada por el Estado es desvirtuada, perdiendo su sentido social[29]. Entre los experimentos de cooperativa integral más notables estuvieron los intentos de colonización apoyados por Owen en New Harmony y por Cabet en Icaria[30]. Estos experimentos tras años de vicisitudes fracasaron (además de causas internas como luchas intestinas, concepciones dogmáticas de su constitución, etc.) por que mantenían gran debilidad en su relación con el entorno. La colonización de cooperativa integral tendía a edificar comunidades cerradas, que egoístamente se consideran un fin en sí mismas y se aíslan, incluso también se distancian respecto de otras comunidades[31].

Actualización con hipótesis: red cooperativa tecnológica
Pensando con esperanzas, casi hasta el optimismo completo, podríamos respaldar las tesis de Buber de una red de células económicas tejidas entre el mercado capitalista que prefiguraran la sociedad futura. Sería ingenuo contentarnos con la superioridad ética como el motivo para que millones de hombres y mujeres normales se enrolen en una nueva unidad de producción; sería burdo e incivilizado abandonar el motivo ético y su filigrana. Aunque el motivo ético y de estímulo personal (un trabajo más satisfactorio aunque menos remunerado, una actividad con sentido personal, participar en un proyecto con esperanza, afirmar la virtud frente a la circunstancia, etc.) no sean causa suficiente y deban aliarse con el interés material.
Para la expansión de las comunidades productivas habría motivos bastantes con la opción al desempleo y al cierre de empresas, cuando la masa marginada, a veces, encuentra un modo de sustento en cooperativas. Ahí se sumaría gente, pero no a la mayoría ni a la más calificada, sino que la organización absorbería desempleados. Esta fuente de reclutamiento cooperativista anunciaría un signo modesto porque sería "el hambre pidiéndole a la necesidad" y motivo ulterior de conflictos.
Para que la cooperativa triunfe frente como competidor de la gran empresa debería ser más productiva y eficiente, por lo mismo levantándose sobre la tecnología de punta y la actividad sofisticada de los sujetos que adquieren conocimiento, denominados cognitariado. Algunas experiencias apuntan hacia que la base técnica avanzada favorece a la existencia misma de las cooperativas[32]. Entonces la asociación tendría que alimentarse de otras fuentes: confluyendo trabajadores altamente calificados, con conocimientos y habilidades para apropiarse de medios de producción.
Aunque el éxito económico empuja al riesgo conocido de la jerarquización interior, donde el socio original se vuelve rentista. En la medida en que suponemos mayor poder económico en esta red cooperativista fácil resulta imaginar su desintegración por su diferenciación jerárquica interior. Evitar esa posibilidad implicaría un singularísimo esfuerzo de cultura y política. Las experiencias anteriores de vida comunitaria, organizada y decidida democráticamente han sido sobre economías pobres y no ofrecen una experiencia suficiente para esta hipótesis.
Si suponemos una red cooperativista de alta productividad, dicha red también favorecerá a sus miembros experimentar un circuito de convivencia superior y cultura propias específicas[33]. La organización de un tejido inter-cooperativas favorece esta base de productividad, porque sobre flujos de riqueza hay margen para variar las reglas de intercambio por fuera del mercado normal, aunque mantengamos casos de doble legalidad como en el "mercado negro"[34]. Un fuerte tejido de cooperativas ricas con alta tecnología contaría con unos poderosos recursos financieros que crearían condiciones especiales de negociación ante el Estado y la clase dominante, y también ejercería fuerte influencia ideológica entre los “poros” de la sociedad para legitimarse y crecer.
La siguiente hipótesis es que la “red de cooperativas tecnológicas de alta productividad” adquiriría una dinámica de fuerzas productivas superior a los circuitos del capitalismo normal, al mismo tiempo que serviría como proveedor y consumidor masivo, por tanto un “mal indispensable” ganando garantías ante su entorno capitalista. En tal hipótesis, si el carril de más fuerzas productivas entra en un nuevo circuito cooperativo, entonces el capitalismo acabaría desplazado en los hechos por un vehículo más veloz. De cristalizar, esto reeditaría a nivel superior lo que sucedió con los burgos renacentistas en mitad del viejo orden feudal, cuando se convirtieron en ciudades indispensables y terminaron alumbrando al capitalismo. El caso simplemente, sería que la “red de cooperativas tecnológicas de alta productividad” obtuviera una dinámica productiva superior al capitalismo posmoderno, bastaría con cautivar a la vanguardia de la dialéctica histórica del conocimiento y aliarla con la trama cultural e ideológica que ya ha surgido en muchos movimientos posmodernos.


NOTAS:


[1] Buber se considera tributario de Gustav Landauer en su visión esencial:  “Hemos de mostrar el rostro del verdadero socialismo, que no es centralismo, sino federación, no la vieja economía estatal concentrada, sino una economía de asociaciones obreras, no coacción. sino responsabilidad. Tal es el socialismo de Landauer. Landauer ha mostrado el camino. Es el camino del pequeño kibutz, que vive comunitariamente y cuya economía se lleva comunitariamenteUber Gemeinschaft und deren Verwirklichung. Verlag Lambert Schneider, Heidelberg 1985 (UG), citado por DÍAZ, Carlos, Introducción al pensamiento de Martin Buber, p. 44.
[2] Este análisis se basa en la edición en español bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, 1955 bajo el título Caminos de Utopía; en inglés Paths in Utopia.
[3] El conjunto de su obra está marcado por su filosofía que se denomina “personalismo” donde predominan las ocupaciones sobre la ética. DÍAZ, Carlos, Introducción al pensamiento de Martin Buber.
[4] Desde la consideración de la simple ciencia y tecnología, la economía parece harto madura para satisfacer lo elemental, sin embargo Buber desestima todo el tema porque su enfoque es más ético, por tanto está firmemente convencido de que el “interés material” se debe desestimar.  
[5] Más que pensador religioso Buber parece místico, con un sentido abstracto como filósofo. Considera que en el centro de la comuna se encuentra un principio tan trascendente que invoca a lo divino, sin embargo, no acepta instalar un altar en el centro de la idea de comuna. Caminos de utopía, p. 198.
[6] Acepta el argumento clave del socialismo que estimó al trinomio propiedad privada-mercancía-capital como un sistema económico fallido y origen de todos los males sociales modernos; con lo cual queda en la oscuridad cuál es la función de la propiedad, simple legalización del proceso productivo que Engels mira con claridad en el pasado, pero se apresura para declararlo obsoleto en su presente. Cf. ENGELS, Friedrich, El origen de la familia, propiedad privada y el Estado.
[7] “Allí donde el diálogo se lleva a efecto en su autenticidad entre interlocutores que se dirigen uno al otro mirando hacia la verdad, se expresan sin recelos, Y se liberan del querer aparentar, allí se producen unos frutos comunitarios memorables, aunque no se concreten en nada inmediato.” Elemente des Zwischenmenschlichen, cit. en DÍAZ, Carlos, Introducción al pensamiento de Martin Buber.
[8] La tesis original y típica del liberalismo progresista que proponía menos Estado y más sociedad, menos poder para la autoridad y más para los individuos, base del garantismo de los derechos humanos en las constituciones. LOCKE, John, Dos tratados sobre el gobierno civil.
[9]"hoy en día, una gran parte de la humanidad civilizada (...) está organizada en cooperativas por lo que toca al consumo", BUBER, Martin, Caminos de Utopía,  p. 99.
[10]Op. cit., p. 93.
[11] Cabría preguntarse si el efecto final no es un “horizonte” en el sentido de ilusión óptica, donde cada aproximación es alejamiento. Op. cit. p. 100.
[12]En ese sentido va acorde con las recomendaciones de N. Brown en Eros y Tanatos sobre la importancia de la vinculación intelectual de los autores (erótica) antes que la crítica (tanática) en el afán de la mera originalidad.
[13] Kibbutz: Término hebreo para la comunidad agrícola, especialmente conocida por la implementación en el campo de Israel moderno como un amplio experimento social que junta producción con convivencia, bajo principios socialistas de propiedad colectiva, decisiones democráticas, rotación de puestos, etc. En este resumen prefiero el término cooperativa, para no particularizar la obre de Buber como un autor judío, sino reconocer su alcance universal.
[14]BUBER, Martin, Caminos de Utopía,  p. 116.
[15]Op. cit., p. 116.
[16] Pone nota en la desaparición de una política “autónoma” en el mismo sentido que Maquiavelo inaugura la ciencia política, pues se ha separado de la esencia ética y opera con su propia eficacia. Cf. MAQUIAVELO, Nicolás, En la década de Tito Livio.
[17]BUBER, Martin, Caminos de Utopía,  p. 133.
[18] En El capital, se observa el modelo de la nueva sociedad en el espejo de la estructura de la cooperación económica misma, en tanto esqueleto de la producción. MARX, Karl, El capital, T. I.
[19] Véase la juvenil argumentación de la centralización del partido y su prensa, requisito para una lucha exitosa en ¿Qué hacer?
[20]BUBER, Martin, Caminos de Utopía,  p.  143.
[21] Los “soviets” ahora casi olvidados tras ser desvirtuados fueron valorados por Lenin como la solución del poder obrero; pues los consejos concentrarían en manos de los representantes directos de los obreros el poder. Como en el marxismo, la clase obrera está idealizada como clase revolucionaria capaz de parir la utopía socialista, los soviets deberían ser garantía contra desviaciones. El error colosal era previsible desde Montesquieu o el liberalismo clásico, pues la concentración del poder implica la dictadura; en lugar de dividir poderes y precaverse contra el autoritarismo, los bolcheviques confiaron en la máxima centralización con la idea inocente de que la ejercían los proletarios y por eso sería su opuesto. Cf. MANDEL, Ernest y Varios, Control obrero, consejos obreros y autogestión.
[22]Op. cit. p. 176.
[23] La obra de Buber insiste que “lo social” más que una especie de sustancia (fuente del bien en Marx) es una integración de personas, los individuos concretos. DÍAZ, Carlos, Introducción al pensamiento de Martin Buber.
[24] Varias visiones psicológicas aceptan la pertenencia al grupo (la integración tribal y/o familiar) como necesidad básica de los individuos, por ejemplo, Freud.
[25] La teoría marxista logra el máximo énfasis y convicción, porque encuentra motivaciones forzosas para una futura etapa socialista, con causas obligatorias por el curso próximo (la socialización objetiva de los medios de producción y naturaleza social de las fuerzas productivas) y no solamente exigencias a nivel del deseo personal y la libertad. La experiencia no ha demostrado que tales “socializaciones” sean suficientes para reconfigurar una sociedad futura con características imaginadas por Marx. Cf. BERMAN, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire, por ejemplo se pregunta si el salto cualitativo de sociedad conservaría la negatividad y eso qué representaría.
[26] En ocasiones resulta inevitable que las tesis de Marx se deslicen a lo moral, por más que ese no sea su tronco principal, por ejemplo, en Manuscritos económico-filosóficos de 1844.
[27] Sobre la URSS plantea que las cooperativas han sido desvirtuadas, y el cambio social es técnica y productivamente eficiente pero sin sentido humano. Parece que confió en la propaganda de la industrialización milagrosa de la URSS. En cambio, el enfoque de Alvin Toffler está sostenido por el nuevo sistema de producción, Cf. El cambio del poder. 
[28]BUBER, Martin, Caminos de Utopía,  p. 98. Para Buber ese es "el verdadero peligro".
[29] ENGELS, Friedrich, Del socialismo utópico al socialismo científico.  
[30] G. D. H. COLE., Historia del pensamiento socialista.
[31]BUBER, Martin, Caminos de Utopía, p. 103, Ambas causas en estricto sentido son una sola: "el aislamiento con respecto de la sociedad y entre las colonias mismas". Por el tipo de necesidad emocional que se satisface en la comunidad de colonización, ésta funciona como la pareja. Su éxito repite la situación de los recién enamorados, que buscan soledad para disfrutar su felicidad. Espontáneamente la comuna que se disfruta a sí misma se cierra, y cuando no es así, entonces la comuna está a disgusto y próxima a separarse.
[32] En México las cooperativas de largos años de éxito y resonancia han sido una cementera Cruz Azul y una refresquera Cooperativa Pascual.
[33] La historia de la modernidad nos ha mostrado la fecundidad de vanguardias y alternativas artísticas y culturales desde el arte renacentista, pasando por el romanticismo clásico, modernismo, realismo, impresionismo, simbolismo, art decó, jipismo, pop... La creatividad de las expresiones culturales alternativas y con rasgos anti-sistema es impresionante. ¿Qué sucedería si adquirieran un gran empuje desde la producción en red alternativa. Por ejemplo, BELL, Daniel, Las contradicciones culturales del capitalismo.
[34] Que yo sepa nunca ha ocurrido, pero el caso hipotético de una red importante de cooperativas con una productividad media muy superior al promedio de mercado provocaría circuitos de intercambio bajo reglas de distribución diferentes a las del mercado espontáneo, aunque este presionara hacia la unificación. Adicionalmente, los sistemas de cómputo permiten, por primera vez en la historia de la humanidad, una aproximación instantánea hacia los costos de producción de cada bien, de tal modo que se reorganice racionalmente una división del trabajo con una agilidad imposible en cualquier época anterior. Esto no se debe confundir con la simpleza de un sistema de cálculo automático (según la “Rosa de Peters”) como base del “socialismo del siglo XXI” como suponen autores naif, tipo Heinz Dieterich Steffan.

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