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martes, 1 de septiembre de 2015

ANÁLISIS DE LA HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA





Por Carlos Valdés Martín

Esta obra es clave para comprender la Conquista de México y sus efectos, debe estudiarse con cuidado a la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España [1]. En particular, resulta relevante para analizar el crisol de los fenómenos nacionales, observando la diferencia entre los procesos pre-modernos y los que sucedieron siglos después, sobre lo que acostumbramos a pensar en términos estrictamente nacionales[2]. Muchas de las categorías usuales como el territorio (delimitado y definido con fronteras precisas) y la pertenencia a Estados (inequívocas, vínculo entre el poder y el ciudadano) poseen otras dimensiones, donde la vinculación es de otra índole entre el individuo y su espacio (el desplazamiento de los conquistadores, la ubicuidad de los monarcas, el traslado de la religiosidad, la movilización de los intereses, la fundación de las villas), y entre el individuo (y grupos) respecto de sus superiores (en la obligación de demostrar inocencia, lealtad y hasta probidad, efecto de la relación feudal llamada vasallaje) por tanto el poder (jerárquico, dual, complejo pero con una cúspide clara).
Ahora bien, conforme el relato de Bernal resulta interesante para conectarnos con una serie de eventos, también debemos señalar hacia los niveles profundos que lo sostienen y nos interesan: economía y población. Esas dimensiones quedan imperceptibles en muchos aspectos, pero el relato de aventuras sí nos revela situaciones importantes sobre lo que mucho se ha comentado como la contraposición entre el “hambre de oro” renacentista y la perplejidad indígena al respecto; la alimentación de la campaña militar, la importancia de los caballos, etc. También revela el tan conocido desnivel tecnológico entre dos civilizaciones, con la evidente ventaja militar europea. Aparece de modo constante, aunque caótico lo que interesa tanto para el tema nacional: la integración de la población con sus tendencias y costumbres, aunque con sus relaciones comunitarias en crisis bajo la presión militar.
Tales diferencias también implican que la narrativa no sea una historia en el sentido moderno de relato objetivo de lo sucedido, con fuentes de información, documentos y testimonios verificables, sino un híbrido entre narración fidedigna (que incluye su aspecto objetivo o de historia), junto con infinitos elogios a los superiores (Cortés, Alvarado, el rey, etc.), relato de aventuras y hasta de fantasías[3], justipreciación de los compañeros de armas (su valor inigualable, más digno de novela de aventuras que referente real: reiterativamente heridos en cualquier batalla y abrumados por peligros sobrehumanos), argumentaciones casi paranoicas para liberarse de sospechas sobre el robo del oro azteca y peticiones lisonjeras para ganar los privilegios de conquista (obtener la encomienda perpetua: objetivo explícito del alegato de Bernal).
Debido a las dudas razonables que se desprenden del relato y a la falta de documentación, el aspecto evidente del relato que es la historia militar, queda repetidamente a la sombra; por lo tanto, el comentario se mantiene marginal. En su lugar, para la posteridad ha predominado lo que vale llamarse “guerra ideológica” centrada en los señalamientos sobre la maldad idólatra (incluyendo los sacrificios humanos y el canibalismo[4]) contra la maldad conquistadora (desmembramientos, pira humana, encadenamiento, masacre), lo cual sigue repercutiendo hasta nuestros días.
Desde el punto de vista del estudio de formación de las naciones, este texto exige preguntarse si está prefigurando una nación o bien otra clase de entidad. Siendo esa la primera pregunta, también implica definir la “clase de entidad” (su rasgo, al menos de manera exterior) está describiéndola Bernal. Lo cual implica tres aspectos: la entidad del “nosotros”, si son españoles en el sentido moderno, o ¿qué colectividad de fondo perfilan los conquistadores?; la entidad del “ellos” los indígenas (los combatidos y también aliados, en especial los “mexicanos” asentados en Tenochtitlán).
Desprendiendo esto, también surge, la pregunta de si al configurar esa entidad no-nacional (Nueva España, el dominio de la corona como la entidad resultante con la confluencia entre los vencedores y vencidos, bajo el signo de la cruz) está prefigurando una posterior nueva nación de modo involuntario (sin duda[5]) pero ya operativo (la semilla del mestizaje, en especial). Por la cadena de acontecimientos, la respuesta última ha sido obviada en sentido positivo, sin embargo, cabría dejarla en interrogante, pues el periodo colonial duró trescientos años, con lo cual nos habla de una sociedad sustantiva, densa en su tendencia y relaciones articuladas; asimismo la acumulación territorial implicó la expansión (hasta donde daban oportunidad los medios de desplazamiento) y luego su disgregación (la mala fortuna de los reinos, etc.).
Para lo que nos interesa analizaremos a continuación: 1) Poder, 2) Territorio, 3) Población, 4) Economía, 5) Guerra material e ideológica, y 6) Grandeza de un mundo perdido, 7) Autoelogios y 8) Relato y anécdotas.

1. Poder

En Bernal las fuentes del poder aparecen de modo descarnado, aunque revestidas de velos importantes, para que no irrumpa cual poder desnudo. La fuente descarnada es la violencia armada con los filos de las espadas y demás pertrechos empleados constantemente, contra propios y extraños. El vehículo supremo de esa violencia es el grupo de hombres armados, puesto en constante y agotador pie de guerra[6]. Para moverlos se requiere de una economía tangible: logística de alimentos y transportes, acopio de armas y efectivo para comprar a los soldados, además de las promesas de enriquecimiento. Y el grupo armado requiere de un liderazgo (o sistema de lealtades con liderazgo) que abarca tanto la capacidad militar como la obtención de lealtad por convencimiento, legalidad o compra (las tres modalidades están presentes en el relato). Es evidente que ese liderazgo está encarnado en Cortés y una parte interesante de la crónica son los desafíos que encuentra y supera. Ese liderazgo proviene de: delegación de poderes (la autorización monárquica de la empresa de conquista, vía el gubernatura de Cuba), luego del carisma personal, después afianzado en habilidad (militar, diplomática y astucia incluyendo las trampas[7]) y los recursos económicos obtenidos en la aventura emprendida.
El relato insiste en un poder frágil (a punto de derrumbarse) por la suerte de las armas y la “politiquería” del bando católico (las intrigas de Velázquez contra Cortés y otras conspiraciones). Dicha fragilidad se reduce tras la conquista de Tenochtitlán, aunque el relato insiste en la continuación del riesgo de perderse ya que en el sistema de monarquía absoluta, el destino depende del capricho del rey. Después se mantiene la fragilidad del grupo conquistador ante el Rey y sus arbitrios, que además marca el destino de las pretensiones sobre la encomienda perpetua. Además, el relato indica con pinceladas que la religión católica es un sustento para levantar el nuevo poder.

2. Territorio

La frontera móvil ente la colonia afianzada de Cuba respecto de las costas pobladas de indígenas potencialmente hostiles es el punto de partida. Así, el espacio se mide en un sentido laxo, más por jornadas recorridas y encuentros más o menos afortunados, con marcas de sitios con comida y agua dulce.
El primer gesto conquistador es desplazarse, para alcanzar. Lo inicial es tocar un punto, en ese oficio el conquistador primero es un viajero eficaz, internándose en las zonas vírgenes o desconocidas[8]. El otro gran gesto es nombrar, colocando nombres con otra sonoridad y amparados por alguna referencia sacra católica (un santo, la cruz…) que recrea el espacio para definirlo como propio.
Sobre ese espacio se van definiendo los recorridos y los gestos de conquista, con sus sometimientos de indígenas y, aspecto esencial, la fundación de sus villas (o ciudades) fortificadas ante el entorno: esos son los nodos donde los peninsulares se afirman y refugian. 
La geografía misma resalta como hostil (sin alimentos, accidentada) o bien amigable (con nutrición, sin obstáculos orográficos), ante lo cual el itinerario es desastroso o afortunado.
El aspecto clave para definir los territorios termina siendo la población indígena y su potencial para ser cautivada o derrotada. No son raras las situaciones de pobladores que huyen y no aceptan ningún contacto con los conquistadores, generando un vacío hostil. Es claro que la mayor importancia está en el tránsito desde enemigo hasta derrotado que se somete, cual acontece con la narración central.

3. Población

La división es en dos clases: el grupo contado y selecto de los conquistadores (unos cientos) frente al grupo incontable y amorfo de los indígenas para conquistar. Entre ambos se levanta el segmento clave de los indígenas que se integran, colaboran, sirviendo de traductores y formando el ejército conquistador, como los tlaxcaltecas convencidos a la causa de Cortés.
En el exacto intermedio entre la élite de los conquistadores se levanta una zona gris, desde los primeros peninsulares extraviados en Yucatán que se habían adaptado al bando indígena, pero uno regresa (Jerónimo). La otra zona gris que surge son los indígenas que se ponen al servicio de los conquistadores, y en esa región adquiere una relevancia enorme quienes traducen  y quienes cohabitan, en especial las mujeres intérpretes que servían integralmente.
En esta última acepción está un personaje central del proceso que es doña Marina o Malinche, según se prefiere la versión. Su adquisición de personalidad implica un cambio de plano, pues los indígenas suelen confundirse en una masa amorfa, con nombres episódicos que son puntos de referencia, pero casi imposibles de determinar una personalidad. En dos casos la personalidad es notoria: Malinche y Moctezuma. En la importancia de esta mujer está en su servicio valiosísimo como traductora (en jefe) y por tanto colaboradora para interpretar el territorio y las alianzas. Incluso, se alcanza un nivel de fusión entre Cortés y la Malinche, cuando el relato llama al hombre con el mote de la indígena, refiriéndose constantemente a ese nombre en gran parte del relato[9]. Esa identificación de un eco entre el vórtice de Occidente y los aborígenes, efectúa una especie de cópula amplificada entre el yang conquistador y el yin subyugándose por completo, a nivel de transmutarse en una capa protectora y servicial.
En el proceso de conquista existe una vaguedad relevante: simplemente los indígenas aparecen en cuanto los visitantes se desplazan o se esperan cierto tiempo. En lugar del proceso orgánico de nacimiento y formación de personas, el proceso se simplifica al límite mágico: sencillamente aparecen más y más. Esta caricaturización de los conquistados significa su reducción a objetos, masas hormigueantes que llegan y se van.
Por último, en el alegato de Bernal se convierten a las poblaciones en el legado codiciado. Si el objetivo inicial fue el oro y otra riqueza móvil para saquear, la búsqueda final es apoderarse de muchos indígenas dóciles y trabajadores.

4. Economía

Resulta asombroso cómo la visión del bien económico se va desplazando a lo largo del relato. El oro y alguna otra riqueza móvil está en la mira, pero su escasez y exceso de persecución, con el consecuente reparto entre el rey y el bando conquistador, termina provocando su rápida desaparición: su mismo exceso por ser tan valioso obliga a su pronta desaparición del escenario. Esa notabilidad del tesoro áureo también provoca una cierta confusión, como si la empresa de conquista se limitara al saqueo de oro; el protagonismo del oro no implica exclusividad en el argumento de Bernal. Su protagonismo exige tratamiento reiterado y delicado, discutiendo rumores y aportando “pruebas” de descargo, ya que el hipotético despojo al rey traía consecuencias de persecución y castigo.
El relato militar muestra los excesos de la pobreza, en las coyunturas cuando la simple agua dulce es fundamental; en general, la alimentación es la clave de éxito para los ejércitos, por tanto los movimientos también exigen el avituallamiento y la búsqueda desesperada de proveedores en espacios hostiles. El hambre en regiones enemigas es el contra-protagonista de la riqueza fantástica perseguida, que va perdiendo peso conforme se establece la conquista.
En segundo plano, la producción de los enseres de la guerra está presente desde el inicio del relato, de tal manera que la muerte de un caballo es una pérdida irreparable, y la construcción de bergantines en el lago de Texcoco resulta una hazaña militar. Desde el comienzo de la expedición la obtención de capacidad de fuego es crucial para definir la ventaja militar.
Los banquetes y las recepciones definen el boato de los gobernantes para impresionar a los invasores, lo cual resulta paradójico, pues más bien logra atraerlos e invitarlos para que permanezcan.
La riqueza parece también definida por la presencia de las ciudades, que son los núcleos de comercio y división del trabajo, indispensables para cumplir las expectativas y predefiniciones de riqueza de los conquistadores.
Las relaciones de intercambio, a lo largo del relato, escapan al código del comercio ordinario. Predomina la desproporción entre el don (gracioso y voluntario, real o supuesto), el pseudo-comercio (bienes por espejitos) y el arrebato por conquista, siendo éste el obvio predominante; es decir, predomina el no-intercambio. El apoderamiento completo de las regiones y personas (bajo el manto de las justificaciones de época, en especial religiosas y también por la supuesta inmoralidad de los indígenas: perversos, caníbales, sacrificadores, traidores…) marca el resultado.

5. Guerra material e ideológica

La acción bélica define el reparto de bienes y personas en ese tipo de guerra primitiva. Ese código maneja que todos los bienes son para el ganador y que los perdedores deben resignarse a su suerte.
En el discurso de Bernal las dificultades, hambres, heridas y muertes de los soldados están en el eje de su justificación. De hecho, en los capítulos finales Bernal recuenta la participación en batallas para probar sus pretensiones sobre los privilegios[10].
Para los enamorados de las batallas y su historia este relato mantiene algo hueco y casi falso, pues está marcado por una doble desproporción: 1) La muy sabida asimetría entre las tecnologías y prácticas europeas que fincaban una superioridad bélica abrumadora y 2) El contraste entre los centenares de soldados conquistadores[11], el número de los nativos y la extensión territorial, factores que son sistemáticamente sobrevalorados por Bernal, en su apología del valor de los conquistadores y el favor divino que los acompañaba. Ese exceso doble ha oscurecido los detalles y el interés en lo estrictamente bélico, pues siempre un puñado de soldados católicos doblega a miles de indígenas.
El relato, de modo sistemático, subestima la colaboración masiva y decisiva de los indígenas enemigos de los aztecas, que sirven la causa de la Conquista[12]. Anota y reporta la participación de los caciques y pueblos que los alimentan y se alistan contra los aztecas, pero la impresión siempre es de una colaboración menguada, sin brío y jamás la determinante, cuando una simple suma de fuerzas indica otra circunstancia.
La guerra ideológica se centra en la superioridad por dogma del catolicismo, contra una idolatría pagana unida a la barbarie y desvergüenza de los enemigos indígenas, con sus importantes matices, como el reconocimiento a los aliados, la reverencia ante Moctezuma, el gusto por las mujeres indígenas[13], etc. En el contexto del siglo XV la acusación de paganismo era un pecado suficiente para condenar a muerte, despojo y tortura, así que en ese relato no resultaba importante hacer demasiado énfasis en los males autóctonos para justificar la guerra, tortura y confiscación de la Conquista[14].

6. Grandeza de un mundo perdido

Los relatos contenidos en esta Historia verdadera… han contribuido a realzar la grandeza prehispánica: “Desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua y aquella calzada tan derecha nos quedamos admirados”[15] El predominio de Tenochtitlán ante sus vecinos y una combinación de circunstancias, indica lo mismo que sucedió con otras grandes civilizaciones que se hundieron bajo las arenas del tiempo. La fanática violencia que acarreó la Conquista colocó varias capas de lejanía entre los sucesores mexicanos frente al periodo culminante azteca. La situación de una civilización derrotada en su periodo de auge, evoca una épica trágica y pletórica de alusiones e interrogantes[16]. Si bien, los peninsulares estaban interesados sobremanera en un tipo de riqueza (el oro y demás), el relato muestra otras fuentes de riqueza en el territorio (la prodigalidad natural), de los productos (sus alimentos[17] y artesanías), construcciones (las pirámides y templos) y la gente (la belleza y nobleza de los nativos); tales dones son más interesantes para la posteridad que los lingotes (tejos) de oro hundidos en el lago que tanto lamenta el relato.

7. Autoelogios y a Cortés

El enfoque general sirve para elogiar al bando conquistador, en especial resulta halagador para Hernán Cortés en su primera parte y siempre corea apologías para los “auténticos” conquistadores. Ese sesgo de apología resulta por entero comprensible, pues se trasluce un interés político y material del texto, para reforzar a Bernal Díaz como regidor y encomendero, situación última que aspiraba a heredar y por tanto genera un interés permanente.
El personaje Hernán Cortés debió resultar fascinante y cautivador para su círculo cercano, por su sorprendente capacidad de liderazgo que atravesaba sus facultades para desobedecer a sus superiores y salirse con la suya; armar a su gente y motivarla siempre; sus dotes de político y hasta histrión, cual actor consumado presto con la lágrima para modificar el ambiente o saltando hasta la amenaza, cumpliendo los castigos más crueles, aunque notoriamente con una medida suficiente para mantener la lealtad e interés de los amigos y el miedo de los enemigos. Desde el punto de vista de la retrospectiva, sin duda resaltan los defectos morales del líder conquistador y se minimizan sus capacidades para obtener sus resultados, porque desde la Independencia brota la repulsa contra el bando colonizador, por las sobradas motivaciones de forjar una personalidad mestiza en el nuevo crisol cultural[18].

8. El relato y las anécdotas

Esta obra se conserva en el gusto del público y como tarea escolar obligatoria por la consistencia del relato, que permite imaginar las aventuras y tristezas de la Conquista del centro del México. Desde las intrigas iniciales y dificultades entre el bando de Cortés en la isla de Cuba contra el Gobernador Velázquez hasta las expediciones posteriores hacia el sur, en Centroamérica, una vez conquistada la capital azteca. El tono anecdótico y prolijo para describir las dificultades y enfrentamientos otorga carisma al relato. Las más famosas anécdotas quedan plasmadas: desde la inutilización de los propios navíos, las alianzas con los Tlaxcaltecas; las victorias contra las incursiones de los propios peninsulares que venían a apresar a Cortés; la estratagemas y engaños jugados; los temores de Moctezuma y la bienvenida a los conquistadores en Tenochtitlán; la ambición despierta por los tesoros; la captura de Moctezuma; la sublevación indígena; la huida y pérdida de tesoros en la escapada; el asedio contra Tenochtitlán; las batallas; las lágrimas melodramáticas de Cortés; la muerte y peste extendiéndose alrededor del lago; las crueldades ambos bandos; la victoria definitiva sobre la capital Tenochtitlán; el desplante del jefe apresado Cuauhtémoc[19] con su cautiverio y tormento;  la consolidación y extensión de las conquistas territoriales; las intrigas ante el rey y un largo etcétera según la proliferación típica del Renacimiento[20].
La investigación requiere confrontar el punto de vista del relator (que no siempre es el más exacto pues esgrimía diversos intereses y prejuicios en su obra), disculpando a su propio bando y desvirtuando a sus contrarios (su memoria de combatiente está prejuiciada por su marco conceptual y de valores). La visión de los vencedores —manifiesta en Bernal Díaz del Castillo— recibió un amplio cuestionamiento a partir de la Independencia, sin que se haya desaprovechado la amplitud de los relatos de la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España. Descartar las afirmaciones de primera mano, requiere de investigaciones y pruebas en contrario de testigos directos o materiales contrapuestos; entonces, mientras sus aciertos no queden rechazados, este prolijo relato seguirá entreteniendo a los novatos y apasionando a los especialistas.

NOTAS:

[1] La autoría misma de Bernal Díaz del Castillo, también ha sido cuestionada por Christian Duverger, al extender la hipótesis de que la Historia verdadera… podría ser obra de Hernán Cortés mismo, que luego fue retomada por un hijo de Bernal; lo cual plantea Duverger en su Crónica de la eternidad.
[2] “El uso del nombre España y del gentilicio españoles en el contexto de los siglos XVI y XVII es relativamente inexacto, porque las diversas monarquías de la Península Ibérica mantenían su individualidad y no existía un ‘reino de España’”, Nueva historia mínima de México ilustrada, GARCÍA MARTÍNEZ, Bernardo, “La época colonial hasta 1760”, p. 117. 
[3] Se ha cuestionado, la fantasía del conquistador al aceptar que hubo gigantes en las regiones por unos huesos enormes que dice vio (HVC cap. LXXVIII), un ruido de rayos ensordecedor en la noche de la conquista de Tenochtitlán (HVC cap. CLVI), por mencionar el polémico tema del sacrificio humano con canibalismo (HVC cap. XCII),  etc.
[4] “Y tenían sacrificados de aquél día dos mochachos (sic), y abiertos por los pechos y los corazones y sangre ofrecida aquel maldito ídolo”, HVC, p. 22
[5] Muchos relatos históricos olvidan que la Colonia fue diseñada para mantenerse como una dependencia que o formara una unidad inseparable de su metrópoli; siendo la perspicacia de Octavio Paz capaz de notar ese aspecto (El laberinto de la soledad), cuando otros relatos brincan hasta el resultado y consideran que las relaciones carnales entre Cortés y Malinche en automático formaban una nueva nación.  
[6] Incluso el terror provocado por el castigo ejemplar, es motor de estos eventos, “Cortés mandó prender hasta diez y siete indios de aquellos espías, y dellos (sic) se cortaron las manos, y a otros los dedos pulgares, y los enviamos su señor Xicotenga (sic, el nombre usual es Xicoténcatl)” HVC p. 61.
[7] Tras ganar una refriega en Cholula contra el bando azteca que pretendía detener a los conquistadores, Cortés manda a decir a los enviados de Moctezuma, que no le echan la culpa, sino que lo exculpan de la sedición. HVC p. 69, Capítulo LXXXIII.
[8] Una gran pregunta de ese periodo es la amplitud del mundo, cuando parece que está volviéndose redondo y definiendo sus confines. ¿Los soldados están a la altura de esa proyección? “Entre nosotros hobo (sic) soldados que habían estado en muchas partes del mundo, e en Constantinopla e en toda Italia y Roma” HVC, p. 75, donde compara la plaza de Tenochtitlán estimándola como la más grande del mundo conocido. 
[9] “En todos los pueblos por donde pasamos llamaban a Cortés Malinche y ansí (sic) lo nombraré de aquí en adelante” HVC p. 63.
[10] “Memoria de las batallas y encuentros en que me he hallado” está redactada como un capítulo aparte sin numeración con indicación de fecha y rúbrica de Bernal, pp. 194-200. 
[11] “siendo nosotros cuatrocientos cincuenta soldados” p. 25
[12] Cuando después de Cholula los locales se quejaron de los aztecas, Cortés les promete ayuda y les solicita únicamente “veinte indios”, HVC p. 71, sin especificar cuántos aliados proporcionaron su veintena hasta alcanzar cuántos combatientes aliados. “La conquista de Tenochtitlán fue una victoria de los tlaxcaltecas, los tetzcocanos… dirigida sin embargo por un pequeño ejército que no pertenecía a esa historia” Nueva historia mínima de México ilustrada, ESCALANTE GONZALBO, Pablo, “El México antiguo”, p. 109.
[13] “trajeron ocho indias para volverlas cristianas (…) mas sé que Cortés las repartió entre los soldados.” P. 49. “tenían concertado entre todos los caciques de darnos sus hijas y sobrinas” p. 64.
Es un dogma católico matizado a conveniencia, adaptado a la astucia de los conquistadores.
[14] “y les decían: Agora (sic) hemos de matar a esos que llamáis teules (sic, término para los que creyeron dioses) y comer sus carnes” p. 56.
[15] Esa es la primera descripción surgida de la vista propia que hace de la gran Tenochtitlán. HVC, p. 72.
[16] Octavio Paz dibuja esa interpretación sobre el pueblo joven y vigoroso que cae durante su mediodía, la tragedia es muy distinta para quienes fueron vencidos en su decrepitud colectiva. El laberinto de la soledad.
[17] “cacao, ques (sic) la mejor cosa que entre  ellos beben” p. 45.
[18] Crece el esfuerzo para restablecer la “visión de los vencidos” rescatando el punto de vista indígena, según la atinada metáfora de Miguel León Portilla en su obra La visión de los vencidos. 
[19] “preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que traes en la cinta y mátame luego con él” HVC p. 137.
[20] En ese exceso de detalles y falta de sistematicidad, al final del relato inserta el capítulo CCV dedicado a las edades y complexiones de los capitanes más importantes. HVC, p. 187. Esa prolijidad del enfoque renacentista, la considera Foucault, un rasgo sistemático de su “episteme” en Las palabras y las cosas.

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