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miércoles, 11 de junio de 2008

EL REINADO DE MIL SALAMANDRAS (1a parte)



Por Carlos Valdés Martín

En apariencia es una situacion indeseable adentrarse en el reino de las salamandras, porque estos animales míticos son asaz de complejos y hasta peligrosos. La frialdad de los reptiles ha sido antiguo motivo de precaución entre los humanos, la falta ofídica de evidencias emocionales desconcierta a la mirada humana. El terreno lleno de salamandras también indicaría que las aguas llegan, que las bases del reinado son demasiado húmedas y están ya muy reblandecida por lo que se debe pisar siempre con precaución.

La naturaleza doble y la unidad mesoamericana
Los infinitos vestigios de la cultura prehispánica indican que lo separado se unía para organizar el cosmos de los aborígenes mesoamericanos. El símbolo de Quetzalcóatl se ha destacado repetidamente como el eje de la unidad entre la serpiente y el pájaro, de tal modo que las cualidades antagónicas de ambos seres estaban ligadas permanentemente en un solo ser, que tenía las características de los terrícola y la celeste, de lo hermoso y lo peligroso, de lo muerto y lo vivo, de lo humano y lo divino. De tal modo que el interés por los animales anfibios también encajaría muy bien en esa misma perspectiva. El más conocido de los anfibios de la región mexica es el axolote por sus rasgos de completa metamorfosis física y la conservación de branquias junto con los pulmones que los habilitan para una doble vida, acuática y terrestre. El cocodrilo elevado a fecha de calendario representa la continuidad de este interés por los seres anfibios. Dada nuestra lejanía con los sistemas clasificatorios de culturas atacadas desde el exterior, podemos suponer que la clasificación en la dualidad de la vida como terrestre y marítima (o también otras dualidades) podía tener más continuidad de la que hoy aceptamos en base a una fría clasificación zoológica de corte lineano. Supuesta tal unidad de los seres duales (hasta aquí hipótesis, pero no arbitrariedad como lo sería suponer también su radical diferencia) la afinidad (parentesco) entre salamandras, cocodrilos, ranas y tortugas puede aceptar un nivel de fusión. El conjunto de los seres marinos duales ofrece el aspecto de un conjunto cultural muy significativo, con interconexiones significativas poco exploradas. Por ejemplo, la tortuga aparece más ligada a los cultos de la longevidad, la vida prolongada, la buena salud, los ancianos y los gobernantes viejos; el cocodrilo con sus agresivas mandíbulas está próximo a los guerreros dedicados a los combates; la salamandra, en su variedad local de axolote tiene una imaginería relativa a la sexualidad.

Axolote: la salamandra de la unidad mexicaEl mérito de mostrar que el axolote es un símbolo adecuado a las venturas y desventuras de la unidad nacional mexicana corresponde a Roger Bartra. Desde la conquista española el pobre axolote fue un ente poco favorecido por la imaginación clerical, por sus terribles asociaciones con el erotismo; incluso se le acusó de ser causante de una epidemia en la ciudad. El sentido cultural de esta criatura palideció frente a los usos y abusos de sus propiedades terapéuticas. El axolote tiene una sorprendente capacidad para regenerar miembros enteros que ha perdido, por lo mismo se puede asociar como un símbolo de vitalidad, de resistencia ante los designios de la muerte. El maravilloso poder regenerativo de sus extremidades, que cautiva la imaginación, ha significado una fuente de torturas para estos animalitos que eran mutilados para agregar ingredientes a ciertas pócimas secretas.
Además el axolote, por sus raíces lingüísticas hipotéticamente podría ofrecer una interesante conexión entre el mundo de las salamandras y las divinidades ofídicas aztecas. Podría ser que la conexión entre la deidad Xólotl y el nombre del axólotl no fuera casual, y que varios de los atributos de este dios lo conecten con las cualidades ofídicas; pues se trataba de un dios que cae del cielo como un rayo, corresponde con la luz cegadora y él mismo es un dios ciego, que ha entrado en las profundidades de la tierra en su metamorfosis, que tiene una cara de perro y que unifica lo celeste con el inframundo. El rayo se representa, reiteradamente, como la serpiente de fuego o de luz que desciende a la tierra; serpiente que acompaña al dios de la lluvia a Tláloc, alrededor de sus ojos. Este dios se consideraba el doble o mellizo negro del Quetzalcóatl, por lo que regía las diferentes dualidades que se presentaban en esa cultura. En la maravillosa leyenda del Quinto Sol, en una de sus versiones, el renacimiento solar depende del sacrificio ritual de los dioses; para tal sacrificio se encarga al aire, quien cumple su cometido, pero no puede matar a Xólotl pues él se rehúsa  “Y lloraba en gran manera, de suerte que se le hincharon los ojos de llorar; y cuando llegó a él el que mataba echó a huir y escondióse entre los maizales y convirtióse en pié de maíz, que tiene dos cañas, y los labradores llaman xólotl; y fue visto y hallado entre los pies del maíz; otra vez echó a huir y se escondió entre los magueyes, y convirtióse en maguey que tiene dos cuerpos que se llama mexólotl; y otra vez fue visto, y se echó a huir y metióse en el agua, y hízose pez que se llama axólotl, y de allí le tomaron y le mataron”[1].


La alquimia y el misterio de las salamandras

Mientras el tronco principal del cristianismo satanizaba por asociación con la leyenda que condenaba a la serpiente como la causante de la caída de Adán y Eva, pero tal versión no siempre fue aceptada por las ciencias ocultas. Aunque las ciencias ocultas medievales no fueran de intención satanista, su marginación del vulgo las llevaba a retomar asociaciones con lo prohibido, en forma de lo terrestre. Si bien la salamandra y las variedades afines no son acusadas directamente por la Biblia de ningún pecado, eso no impedía su asociación popular dentro del universo de los bichos malignos; sin embargo, si se creía en una malignidad, ésta también podría encerrar algún poder eficaz, que las mentes aguzadas de los alquimistas querrían descubrir. Además la alquimia, como arte de las metamorfosis de los materiales, no podía menos que admirar a los seres que metamorfosean, y el ciclo de cambio de género de vida del agua a la tierra era un cambio que era admirado en muchas especies de salamandras. Meta-morfosear es cambiar de forma; pero aquí la forma puede ser fondo, alianza indisoluble entre lo nuevo que se ve y lo nuevo que está naciendo; con esta operación tenemos una nueva figura de nacimiento, un nacer que está partiendo completamente del mismo cuerpo del ese animal que lo cambia por completo y que de sí ha nacido lo otro. Por el efecto de renacimiento era tan admirada el ave fénix y también era una de la divisas de la magia alquímica, pues por ese renacer se esperaba poder eternizar las vida de los practicantes. Así, que la metamorfosis además de parto de sí podría significar algo más, un cambio más radical que indicaría un poder mágico de creación de lo nuevo, por lo mismo un poder de vitalidad perpetuo.

NOTAS:
[1]SAHAGÚN, Bernardino, Historia general de las cosas de la Nueva España, libro VII, cap. 11, p. 29-30.

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