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jueves, 15 de abril de 2010

MOMENTOS DE LA LÓGICA ASCENDENTE HEGELIANA, 2a. Parte



Por Carlos Valdés Martín



El concepto inicial ya es movimiento

El concepto inicial contiene ya un desplazamiento, configura ya la semilla de su antagonismo y por lo tanto debe movilizarse hacia su extremo opuesto, con un salto que además abre el camino de su perfeccionamiento. Por ejemplo, en una bonita paradoja el concepto de lo quieto o “inmóvil”, para estar bien definido debe recurrirse a su opuesto y afirmarse como la ausencia de movimiento. Lo que está quieto permanece en el mismo lugar, pero además debemos aclarar que está “sin movimiento”. Entonces aparece su opuesto, el movimiento para definir lo quieto, lo fijo. Hasta el concepto de fijo implica el de movimiento.

El concepto resultante es la negación concreta (ruptura con continuidad) del concepto inicial

La condición proletaria implica una negación de la condición humana mediante la falta de propiedad, el despojo de condiciones de existencia ¿cuál es la negación de esta negación humana en la condición proletaria? Marx nos indica una opresión presente en la clase explotadora, por lo tanto impulsa hacia una síntesis novedosa, mediante la metamorfosis de la sociedad de clases hacia la sociedad sin clases. Ahora bien, este planteamiento de Marx significa una resolución de un esquema social, una ecuación de cambio de una totalidad futura. Que tengamos la operación dialéctica bajo el esquema general no significa que ese su contenido sea el correcto. La historia pasada enseña que cada sociedad de clases sociales antagónicas le ha sucedido una nueva sociedad formada de otras clases sociales antagónicas. Para imaginar el proceso social hacia una solución final, Marx argumenta que el proletariado inaugura la primera clase explotada sometida a “cadenas radicales”, porque es la primera clase social completamente excluida de la propiedad, y supone que en el extremo de las opresiones debe saltarse hacia el opuesto de una sociedad sin opresiones. Sin embargo, fuera de la belleza argumental y manteniendo el esquema dialéctico, el paso del grupo proletario hacia su “negación histórico concreta” puede acontecer en otro sentido. Hagamos una similitud con la naturaleza, la negación del concepto de semilla debe llevarnos hacia una no-semilla, pero podemos afirmar que dentro de las no-semillas están la plantas, los frutos, las abejas y las nubes ¿cuál de estas negaciones será la correcta sucesora de la semilla como su negación concreta? Más que la especulación (en abstracto) será la investigación de la materia con herramientas lógico-filosóficas el medio que nos revelará la verdad. En el caso de la negación posible del proletariado también las posibilidades abstractas de negación son varias, pero parece que únicamente una sucesión contiene la respuesta concreta. El pasar del capitalismo semi-feudal ruso de principios del siglo XX a la elevación de un Estado “comunista” todopoderoso, contiene el rasgo de una negación de la condición proletaria previa, pero con una continuidad también significativa. El simple obrero ruso desde 1917 era legalmente “el dueño del país” por integrar a la clase social aclamada como revolucionaria, pero no dejaba su jornada de ocho horas diarias (o más !!!) y no obtenía libertades políticas, su retribución seguía siendo un mísero salario, estaba encuadrado corporativamente en sindicatos obligatorios y una gran parte también eran afiliados a “su vanguardia revolucionaria” del partido comunista de la URSS, inspirado por Marx y Lenin. En el discurso ese obrero representaba a un mesías encarnado, pero en la práctica permanece bajo una enorme continuidad con la condición capitalista . La negación de la negación de proletariado ahí se presenta como una continuidad práctica y un espectacular salto en lo ideológico, y esto ocurre tan marcado, que el salto ideológico parece una mascarada (una mentira desde la esfera del Estado) para contradecir totalmente a la realidad cotidiana del obrero ruso del periodo estalinista. Esto implica, que no siempre el salto entre la afirmación y la negación debe ser tan grande para establecer una negación de la afirmación inicial.

Si los conceptos se mueven es porque ya son síntesis

En esta parte, retomando al filósofo Kant vale afirmar que la parte más pequeña del pensamiento integra ya un conjunto, porque hasta la parte más sencilla del pensar (y hasta del percibir) no significa una simple parte atómica y cerrada en sí misma . Esa parte más sencilla encierra ya un conjunto. Esa parte más sencilla ya podemos tomarla como una simple palabra, pero sabemos que las palabras cargan con una historia (síntesis genética) y quedan integradas dentro de una lengua (síntesis de contexto), por lo cual su simple inteligibilidad es un continuo referirse a varias dimensiones. La palabra “capital” tiene de suyo varios significados, que entre sí están emparentados, entre los sentidos principales están: su sentido político de ciudad capital, como la ciudad donde se asienta un poder político; su sentido económico de un amasamiento de riqueza que se utiliza para hacer negocios y su sentido más general de un relación importante. Según las malas lenguas, que supongo son de los lingüistas, el origen de esta palabra proviene de la cabeza, la cual luego fue ampliada en varios sentidos para referirse a lo importante, los principal, la sede del poder y la fuente de riqueza. Esta palabra contiene tanto significado e importancia que se utiliza para designar el sello de la economía moderna como capitalista. Entonces ante la aparición de la palabra capital estamos obligados a una serie de remisiones, como las que establecen relaciones de jerarquía política entre las ciudades y las condiciones de operación del sistema económico presente.
Si ya la palabra significa un conjunto, para Hegel con mucho más motivo el verdadero pensamiento requiere de conquistar el concepto tomándolo como conjunto. Él observa que concepto viene del latín “conceptus” que significa tomar en conjunto, unir partes. Y lo que está vivo y tiene partes deberá moverse, similarmente a lo que es un organismo viviente. El concepto está vivo, es la vida del espíritu que se está superando a sí misma, que se está definiendo a sí misma. Y para sonreírnos ligeramente con una ampliación: si el concepto mínimo significa una síntesis la cual se mueve, entonces debe contener interiormente al menos tres partes y así integrar también una triada dialéctica. Además exteriormente, al menos, debe mostrar tres partes para presentarse como cosa conocida: el sujeto que conoce, el objeto conocido y la relación de conocimiento. De nuevo la tríada dialéctica se hace patente, como estructura exterior al concepto del conocimiento y como su estructura interior. En ambos lados, al menos, debe haber tres partes.

Contra la noción atómica

La idea del átomo ha sido una importante aportación para el devenir de la ciencia. Partió como una mera suposición filosófica, cuando Demócrito defiende la importancia de la partícula mínima, elemental de la materia como sustento de la realidad completa. En un inicio es una mera especulación supone importante arribar hasta una partícula indivisible como sustrato material mínimo de la naturaleza. Este elemento mínimo definido por implicar la parte ya imposible de cortar, definido como el “a-tomo”, ese último segmento diminuto sin división. Y de esa especulación se siguió una idea de la estructura general de la naturaleza pequeña, la cual siendo pequeña ha de dar fundamento al conjunto de lo mayor. Pero la idea atómica indica una naturaleza simple, no compuesta, de tal modo que siendo completamente simple ya no se integra por partes diferentes. Si bien el átomo científico representa una unidad material mínima que sí está formada por parte básicas, como electrón, protón y neutrón, la misma idea del átomo implica referirse a una naturaleza completamente simple, sin composición. Esta idea límite de la simplicidad material no embona con la dialéctica misma, que permanecería refractaria (al menos dubitativa, inconforme) ante la simplicidad de las partes. Hasta la parte más pequeña deberá (por hipótesis de la dialéctica) contener el movimiento, siendo de suyo una composición, una triada con una contradicción interna impulsando y obligando a moverse. Quizá sea muy razonable que el átomo natural no sea una naturaleza completamente sencilla, que esté formado de partes, y a su vez esas partes se forman de partes mínimas, pero eso no significa que sean partículas simples . Todavía no se encuentra esa naturaleza completamente simple, antes se imaginó que el electrón y sus semejantes integraban las partículas más simples como los verdaderos “a-tomos” de la naturaleza, pero luego se reveló una inexactitud, pues existen partículas dentro de las partículas atómicas, fracciones más pequeñas que hacen del electrón una forma compleja o compuesta. Lo que parecían naturalezas elementales resultaron entidades de compuestos.

¿Existe el no movimiento? 

En un sentido físico parece la ausencia completa de movimiento una situación límite que no está presente en nuestro universo. Las condiciones de una perfecta ausencia del movimiento necesitan de situaciones extremas como un congelamiento perfecto, la no invasión de partículas mínimas, etc. Además el hecho de que nuestro universo se encuentre en expansión implicaría una imposibilidad absoluta para el no movimiento físico. La relación del movimiento universal real resulta muy compleja. Mientras el universo entero se expande las Galaxias se alejan entre sí a velocidades inimaginables. Al mismo tiempo las Galaxias giran en torno a un eje hipotético o se colisionan contra otras semejantes a ellas. Las estrellas viajan dentro de las Galaxias como pasajeros dentro un viaje estelar, arremolinándose en Galaxias espirales o alejándose hacia otras formaciones. Después los planetas giran alrededor de su estrella central, mientras los cometas y asteroides hacen otro tanto. Alrededor de los planetas giran satélites. Los planetas rotan sobre su eje, efectuando evoluciones periódicas. Dentro de los planetas existen variados movimientos como los vientos, las mareas, los desplazamientos continentales, etc. Por si fuera poco, además existen otros movimientos físicos importantes y menos evidentes, como son las vibraciones de los cuerpos, dentro de lo cual debemos incluir el calor.

La situación verdadera de no movimiento debería incluir la falta de calor, ausencia de movimiento interior de sus átomos y no “viajar” junto al universo en expansión. El calor representa una vibración de materiales que se agitan interiormente expulsando energía. La falta de movimiento implicaría un enfriamiento absoluto, la bajada hasta el límite de temperatura. Pero si es cierta la ley de la termodinámica cuando indica que el calor se disipa desde los sistemas más energía hacia los de menos, por lo tanto, una falta de movimiento implicaría un congelamiento absoluto. Si el congelamiento absoluto parece difícil, todavía más lo es la falta de movimiento de las partículas del átomo, porque su naturaleza implica permanecer en movimiento y no se conocen medios para inmovilizarlas verdaderamente. Y por último, mantenerse inmóvil mientras el universo completo se expande eso ya parece hasta un contrasentido teórico, porque la inmovilidad se tendría que medir respecto a unas coordenadas fuera del universo, pero fuera del universo no poseemos coordenadas.

Facilidad para imaginar la inmovilidad y el prestigio de lo inmóvil

Entonces alcanzamos la conclusión física de que la falta de movimiento implica más un estado límite inventado teóricamente para realizar ciertos estudios. Concluimos, que en caso de existir un objeto sin movimiento sería una excepción (o una quimera) dentro de nuestro universo. Actualmente no se cree que exista la inmovilidad en el universo material, así que la falta de movimiento no describe las reglas naturales, pero esto no ha obstruido a la mente humana para imaginar la falta de movimiento. De hecho imaginamos la inmovilidad como una situación simple, respecto de la cual el movimiento parece una situación más compleja. Así imaginar la inmovilidad resulta bastante sencillo. Y también podemos imaginar la movilidad como una sucesión de situaciones inmóviles, tal como se enlazaban una serie de fotografías para generar la impresión de las películas. Además fácilmente creemos que un gran rango de objetos permanece inmóvil, porque la escala de nuestra percepción no observa movimientos. Si miramos una pequeña planta en una tarde sin viento no nos parece realizando movimiento alguno, pues a nuestra escala escapan sus movimientos interiores como la circulación de savia y su respiración metabólica. Tampoco podemos observar cómo crece, pero si tenemos un acercamiento suficientemente fino comprobaremos que esa planta supuestamente inmóvil, en su interior produce movimientos y está variando ligeramente de forma y tamaño a lo largo de cada día.
Muy importante resulta que el movimiento espacial del planeta nos resulta completamente imperceptible. Recibimos un efecto de “nave” por eso el exterior estelar parece moverse y no nuestro planeta, así pareciera que nuestra posición permanece fija y en el cielo se mueven los astros cuando “entre y sale el sol”, cuando la “luna sube y baja”, etc. Nuestro movimiento planetario resulta invisible a nuestra vista.
En este contexto resulta aceptable que primero se desarrollara una lógica de las relaciones fijas, estableciendo criterios básicos de verdad y muchos siglos después se intentara una lógica del movimiento, con las formas generales del movimiento.
Además la inmovilidad imaginada adquiere (en parte justificadamente) una prestigio singular. Quizá la dificultad de aquietar la mente y cierta cualidad intrínseca de lo inmóvil le han ganado a la inmovilidad un prestigio extraordinario. La cualidad intrínseca de lo inmóvil en este caso la utilizo como la medida de la eternidad. Mientras el movimiento queda ligado con el tiempo y éste con la mortalidad (el ciclo de la vida), por su lado la falta de movimiento se liga con el misterio de lo inmutable, con los cielos oscuros y brillantes, con la imagen misma de la eternidad. Alguien dijo poéticamente que el tiempo entrega una imagen móvil de la eternidad. Para pensar la eternidad utilizamos la inmovilidad, suponemos (sin crítica previa) que lo eterno no debe cambiar.

El sentido del ascenso

Sin embargo, la utilización de la falta de movimiento como metáfora de la eternidad (o creer que esa inmovilidad dibuja su concepto) me parece implica una tesis meramente supuesta sin demostración. Si el concepto de lo eterno, y por ello lo divino, surge como el momento inicial entonces el movimiento resulta una derivación, la cual sencillamente se supone hipotéticamente como una caída, una degradación. En esa hipótesis el tiempo representaría la caída para lo eterno, en ese sentido dicha la caída significa la materialización (o “terrenalización”, “mundanización”…) y pérdida de cualidad divina. En ese mismo tenor, respecto de las esencias ideales, Platón abrigó la creencia de que los objetos reales expresaban una pérdida de realidad, pues eran copias de mala calidad frente a los ideales. De forma similar el tiempo proyectaría la mala copia de la eternidad, la copia problemática. Para Hegel un modo tal de abordar incurre en una incomprensión esencial de este mundo y del espíritu, cuya relación con la divinidad no está bien captada, porque es captada unilateralmente como desgarramiento, este mundo (incluso el espíritu humano) como desgarramiento y entonces producto innecesario (superfluo, contrahecho) de la divinidad. Tal visión religiosa implicaría que el mundo constituye un accesorio inútil para los designios de la divinidad, pero Hegel cree haber demostrado que este mundo (el completo mundo material y humano) resulta necesario (en sí mismo y también) para la divinidad, como la encarnación del espíritu. Si este mundo no significa la decadencia completa respecto de la entidad divina entonces no existe una verdadera caída, sino una relación más compleja. En el sentido de la dialéctica ascendente de Hegel el paso desde la eternidad (pensada como inmovilidad) al tiempo implica no una caída, sino un ascenso (concreción ascendente). En Hegel el tiempo no conduce hacia una pérdida desde el “no-tiempo”, sino su ascenso enriquecedor, porque la mera inmovilidad contiene un estadio más pobre del espíritu, que debe enriquecerse hasta subir a una fase superior, que significa el movimiento. La inmovilidad o implica (u oscila entre) el Ser (lleno y completo pero sin transformaciones) o la Nada (vacío sin determinación alguna), pero como el ser indeterminado implica lo mismo que la nada, entonces los conceptos “Ser” y “Nada” revelan el tránsito desde uno a otro, y el transitar implica el devenir, el principio general del tiempo; en otros términos, tras el matrimonio de Ser y Nada nace el Devenir (tiempo). Para que el Ser vacío (identificado con la Nada) se convierta en un Ser pletórico de concreciones y rico en determinaciones (entonces integrar un verdadero infinito) habrá de transitar hacia el tiempo.
El ascender es cuestión de calidad creciendo, pero también implica cuestión de tiempo. Para que la lógica contenga movimiento ha de contener tiempo y sentido hacia el más. El tiempo puede ser general, pero necesario para el movimiento, porque todo movimiento acontece en el tiempo, como su dimensión de sucesión o puesta a la simultaneidad. Ascenso significa que antes fue el menos y después emerge el más, tránsito de la disminución al crecimiento. Dicen que el profeta Elías lloraba en el desierto y cuando el ángel se aproximó para preguntar el motivo de la pena, y Elías le dijo: “Lloro porque hoy no se sido mejor que mis padres”. El motivo de lamento provenía de romper con el movimiento ascendente en la escala de las generaciones.
La cuestión de la meta entre una lógica ascendente resulta engañosa. Cada momento debe contener su meta, hacia la cual debe de tender como su fin último y definitivo, para que una vez logrado esté en el nunca jamás (su propio paraíso particular de ese momento). Sin embargo, cada final debe contener un nuevo principio para que mantenga viva esta lógica ascendente. Cada final debe esconder una ilusión para su principio, porque si emerge un honesto final no le revelará a su principio que ellos solamente implican fases intermedias, que conducen hacia los nuevos principios y finales. Si el final implica un triunfo, entonces significa un triunfo irónico que conlleva una derrota, porque desaparece como final, para reconvertirse en un principio, fase de inicio desde la cual se debe emigrar para entrar una nueva finalidad.

El círculo y la espiral

Por momentos (y en apariencia casi durante eternidades) el movimiento ascendente se engarza en un círculo y entonces el final se convierte en principio; el final retorna como circulando, y en el ejemplo de la sociedad sucede que el hijo muestra su faz de padre y queda convertido en generador de nuevos hijos. Ahí parece que el tiempo se detiene, como si fuera engatusado y el principio se renovara siempre igual, sin variaciones, en una rueda de padres a hijos, de hijos convertidos en padres de nuevos hijos, y se reinicia el círculo. La falta de variaciones dibuja la redondez del círculo, porque el principio al que se regresa siempre resulta el mismo. Esa es la reproducción simple, el ciclo de desplazamientos espaciales como el año planetario. Volver siempre al principio sin alteraciones. Pero hasta donde sabemos ese círculo perfecto resulta una aproximación, por tanto no revela una estructura tan precisa. El movimiento circular, discretamente y sin que lo notemos, también trae aparejado algún desplazamiento sutil. La sucesión de generaciones de padres a hijos también trae una lenta evolución incluso de las especies animales, una lenta variación, y solamente durante siglos se observa un resultado de cambio.
Por lo mismo, en la continuidad del círculo la dialéctica prefiere dibujar la imagen de la espiral, de tal modo el círculo siendo fiel a sí mismo, también crea un cambio. El movimiento circular tiene sus virtudes, porque permite una forma definida de movimiento, que conserva el conjunto de las premisas. Y circular es el movimiento de la conservación. Pero la conservación trae algo nuevo y esa novedad se representa por la espiral, que simplemente la podemos describir como un movimiento circular creando un desplazamiento sobre su eje hacia otro plano. Si un círculo se desplaza sobre un eje lineal, en el sentido recto de ascenso, el movimiento circular en su periferia implicará que se reflejan todos los puntos previos del círculo anterior, en un nuevo movimiento ocurriendo ya sobre nuevos planos. Esto se aplica muy exactamente a la sucesión de generaciones, porque los hijos se convierten en padres, y es sabido que en el hijo se repite el padre. El hijo, antes tan antagónico al padre, empieza a parecerse al padre conforme madura. Pero al parecerse cada vez más al padre las cosas ocurren en una diferente situación, por lo que el repetir el carácter y las actitudes de padre implicará un resultado diferente. En el extremo de la ironía tenemos la tragedia del Edipo, quien por repetir al padre (sin saberlo) desata la tragedia sobre su cabeza, al romper el tabú del incesto y del parricidio. Porque Edipo asume el papel de su padre, el rey Layo y desposa con su madre Yocasta, y esto lo hace ignorándolo. La repetición de papeles, por un lado tan necesaria, entonces también encierra un contenido maligno y hasta oprobioso.
Al desplazarse el contexto, el círculo girando en redondo por sus propias determinaciones se convierte sutilmente en espiral. La espiral continúa con el círculo, pero le agrega una dirección, le adiciona cambio, pues lo enlaza con el tiempo. Esto no significa que cada revolución del círculo se nos deba mostrar inmediatamente como una mejoría. El sentido de movimiento total, por fuerza, escapa a las partículas involucradas. Los momentos (las partículas individuales) del movimiento ignoran el desarrollo total, el cual quizá tardará en resultar claro mediante la perspectiva de la distancia, por eso opinará Hegel que solamente al atardecer es cuando levanta el vuelo el búho de Minerva, en otras palabras, luego de concluidos los acontecimiento la filosofía logrará comprender con claridad y verdad absolutas.

1 comentario:

josé javier dijo...

Un esfuerzo magnífico, Carlos, te felicito. Me ha interesado particularmente la frase "Si los conceptos se mueven es porque ya son síntesis" me parece una frase astuta. Siempre he considerado a Hegel un filósofo astuto. Un filósofo que glorifica la nada y se entusiasma con la negación. Dices que el concepto contiene el sujeto, el objeto y la relación entre ambos. Parece que aquí se aclara un poco la pregunta que yo te hacía sobre esa expresión tuya según la cual el pensamiento humano se expresa por conjuntos. La verdad es que la lectura de este ensayo ha sido muy clarificadora.