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domingo, 1 de abril de 2012

Presentación de Benito Juárez


Por Carlos Valdés Martín

En lo que sigue está la presentación de la figura histórica que me tocó en suerte entregar el día 26 de marzo de 2012, en el evento del Auditorio Hombres de la Reforma de la Ciudad de México.

Me permitiré contar de manera breve los rasgos sobresalientes del héroe y Presidente Juárez. Para colocarnos en el hoy basta comentar que Benito Pablo Juárez García es aceptado como el personaje más importante en la historia del país, y, además, recibe honores perpetuos y es reconocido como “el Benemérito” en diversos países hermanos. Para sentir hoy su importancia basta reconocer su obra más importante, pues subsiste México como nación independiente y sobrevive bajo un sistema republicano de leyes. Esa es su Gran Obra, pues México existe, aunque esta independencia y sistema republicano sufren un deterioro marcado por las servidumbres económicas y la injusticia promovida desde posiciones de Poder.
En este inicio del siglo XXI, Juárez es el personaje mejor valorado a nivel popular, y esto sucede a pesar de que grupos conservadores están empeñados en “echar tierra” sobre la memoria de este salvador de la patria. En dos sexenios, muchas plazas y calles han dejado de poseer ese nombre cargado de triunfos y dignidad, aunque todavía esos actos parecen inútiles cucharadas de agua intentando vaciar ese océano de obras que honran la memoria del Benemérito Juárez.
El siglo XX entero se declaró admirador y continuador de su obra. En ese periodo el país se tapizó de calles, avenidas, colonias, ejidos y plazas dedicadas al Benemérito. Más importante, fue que en ese periodo las libertades plasmadas en la obra liberal se afirmaron con la obra social y legal de ese periodo. Los derechos democráticos y las libertades fueron convirtiéndose, paso a paso, en una segunda naturaleza para el país entero. Recordemos que Juárez en persona y en repetidas ocasiones, fue un perseguido y por eso dedicó todo su empeño en obtener leyes que garantizaran la libertad para todos los mexicanos, y lo procuró sin distinción de clase social ni discriminación por raza ni por credo religioso.
Ahora coloquémonos en el periodo de su nacimiento. El país, todavía era el virreinato de la Nueva España. En pocos años, Benito quedó huérfano de padre y madre, recayendo al cuidado de sus abuelos. Unos cuantos años más y se duplica su orfandad, con la muerte de los abuelos. En ese ambiente, de pequeño pueblo indígena se desconocía el cuidado médico y la muerte prematura resultaba, casi un evento natural como la lluvia, sin embargo, la soledad es un sentimiento universal, y resulta notable la solidaridad radical de esa familia zapoteca, que recibe desinteresadamente al niño. Al fin, queda Benito al cuidado de un tío, Bernardino, quien trabaja en el campo y procura repartir afecto y una educación elemental a su sobrino. En San Pablo Guelatao no había escuelas de buena ni mala calidad, simplemente no existía ninguna; es el tío quien enseña un rudimento de letras y de lengua castellana, pues ellos son indígenas zapotecos puros, que se entienden en su propia lengua. En Benito, sin maestros ni mentores, nace un deseo vehemente de aprender, y ahí surge un destino sorprendente.
A los doce años, Benito se fuga de su comunidad, el 17 de diciembre de 1818, (todavía faltaban tres años para la consumación de la Independencia) y en un recorrido que para nuestra patria debe ser tan memorable como lo es para los antiguos griegos la marcha desde Marathón hasta Atenas; de hecho lo recorrido por el niño zapoteco es una distancia lineal de 60 kilómetros (que se recorren sobre curvas serpenteantes), mientras la célebre carrera del soldado mensajero griego fue de 42, cuando murió agotado por el esfuerzo. Completamente solo Benito recorre en un día la vereda que lo conduce y llega al anochecer, hasta la capital, Oaxaca; ahí, donde ya trabajaba una de sus hermanas.
La primera expresión del patriotismo ferviente de Juárez surge en 1829, pues cuando llega la noticia a Oaxaca de la invasión de un ejército español capitaneado por Barradas, que buscaba reconquistar México, Benito Juárez se alista como voluntario en la milicia.
Entonces se empieza a tejer el destino, pues su crecimiento coincidirá, en pocos años con el surgimiento de la primera escuela superior en Oaxaca que escapó del modelo religioso imperante en esos años: el Instituto de Ciencias y Artes, donde se gradúa en 1834.
Otro pasaje de la vida profesional del joven Juárez fue su defensa de unos habitantes del pueblo de Loxicha ante el abuso en el cobro por el cura local. La situación resultó delicada, pues el cura acusado consiguió que una autoridad judicial encarcelara a los quejosos y decretara su incomunicación ante cualquier abogado. Como Juárez insistió en su defensa, también fue apresado con motivo de ofrecerse como su abogado, bajo falsas acusaciones de sublevar a los quejosos. Tardó un tribunal 9 días en liberar de la prisión a Benito, que no había cometido delito ninguno; sino que exclusivamente defendía el derecho de los desamparados.
De la larga carrera política a nivel local de Juárez, baste indicar que para 1847 fue nombrado Gobernador de Oaxaca, y de nueva cuenta dio amplias muestras de patriotismo, en su esfuerzo de guerra contra invasión norteamericana.
Ese mismo año de 1847, según la mayoría de las versiones, Juárez se inicia como masón y rápidamente alcanza los más altos grados de la orden. Hasta la actualidad el Benemérito es reconocido como el masón más notable de la historia de México, por haber plasmado los principios filosóficos de la orden, con tal fuerza que adquirió renombre mundial.
Hacia el año 1853 Juárez sufre una persecución, primero con reclusión al interior del país y luego en exilio forzado. Junto con otros exiliados decide regresar para participar en el movimiento de Ayutla, el cual logra derrocar al dictador Antonio López de Santa Anna.
Luego de ese movimiento exitoso, es designado ministro de Justicia, donde promueve una obra de reforma profunda, para eliminar los tribunales especiales del clero, y normalizar la impartición de justicia en el país.
En 1856 de nuevo es elegido gobernador de Oaxaca.

En 1857, promulgada la Constitución federal, alcanza a presidir la Suprema Corte de Justicia del país.

Por un alzamiento conservador el Presidente Comonfort renuncia y en 1858 Juárez, por su calidad de presidente de la Suprema Corte de Justicia, asume el cargo de Presidente provisional de la República; pero toma el mando en condiciones militares en exremo difíciles, así, debe retirarse de la capital y su gobierno peregrino.
Tras largos años de luchas que no voy a detallar, el bando liberal liderado por Juárez gana la guerra civil, y, en ese periodo, se proclaman las Leyes de Reforma, las cuales explicarán nuestros expositores por ser fundamento del Estado laico y moderno.
Como si las desgracias de una larga guerra civil no hubieran sido suficientes, sobrevino la invasión francesa. En efecto, una combinación de fuerzas reaccionarias desesperadas por mantener los privilegios y para detener el avance de las libertades, logró atraer a un príncipe extranjero (Maximiliano de Habsburgo) y sostenerlo con las armas francesas. El obispo de la ciudad de México celebró con campanadas en catedral y misas solemnes la llegada del emperador, sostenido en las armas de una invasión. En el siglo XIX, los líderes del clero político (de acuerdo a la herencia del régimen del Virreinato) no se conformaban con ser pastores de almas, sino que exigían la riqueza material del país, la cual acaparaban como terratenientes y además cobraban impuestos directos, el famoso diezmo, que como su nombre lo indica, diezmaba la economía de los habitantes del país.
La coalición de fuerzas que desean aniquilar a México y sustituirlo por un imperio de pacotilla, a la distancia parece una hidra gigantesca y monstruosa. Conspiran para aniquilar a México la potencia militar europea más temible de ese tiempo: Francia, heredera del eficaz militarismo de Bonaparte (el grande). Se suman las otras potencias europeas que sienten resentimiento por el pretérito, como el reino de España o indiferencia altiva como una Inglaterra colonialista. El clero católico, como heredero del régimen virreinal, se subleva con el poderío económico de quien ha poseído la mitad del territorio, el (arcaico) aparato financiero (era el único prestamista colonial) y hasta el sistema educativo (bastante deficiente y poco extendido). El partido conservador alimentado por los grandes hacendados, clases medias sin identidad nacional, y amplios sectores populares incitados por una ceguera religiosa, parece un enemigo imbatible. En el bando liberal, se suman las fuerzas dispersas de una nación que recién despierta del sueño colonial y todavía no descubre los medios para su administración interna, y se debata en continuas guerras civiles y golpes de caudillos. Frente a la coalición francesa, imperial, clerical y conservadora parece que el bando liberal, recién formado está destinado a perecer. A penas un puñado de seguidores forma la comitiva que acompaña el gobierno viajero del Presiente Juárez, cuando se retira de la oleada del ejército francés. Pero lo que parecen grupos desorganizados y mal armados de liberales, superan su dispersión y falta de recursos con un corazón de acero, que se levanta tras cada derrota. Las derrotas del bando liberal en los llanos del Bajío son incontables, pero tras cada tragedia se levanta un nuevo puño para rescatar la causa de México. En cuanto se alejan los ejércitos franceses y conservadores, resurge la resistencia popular y el territorio nacional, disputado en cada ranchería, se declara de nuevo mexicano. Día a día, la formidable coalición invasora muerde el polvo y la invasión se dirige al fracaso.
Tras años de heroica resistencia la República vence al emperador impuesto. El fusilamiento es el último episodio de la invasión francesa, desgastada hasta la impotencia por la firmeza liberal.
Después, es verdad que Juárez se ha relegido y su primer mandato comenzó en 1858, pero en esos años él encarnaba el fortín para defender la patria y no existía ningún relevo digno de para dirigir a la nación. Tras los años de la intervención extranjera y de guerras de los conservadores, sublevados para restablecer los privilegios de la iglesia, él, Benito Juárez era la roca que mantenía el país a flote.
Apresurémonos para llegar al 18 de julio de 1872, cuando fallece Benito Juárez siendo Presidente. Y muere de muerte natural: evento casi increíble después de haber sido perseguido por ejércitos o asediado por enemigos taimados. Cuando llega este desenlace no ha acaparado ninguna fortuna luego de gobernar por 14 años. El país se ha conservado a pesar de la invasión francesa y de la traición de los conservadores, se mantiene el territorio íntegro y ha resurgido el orgullo de reconocerse como un pueblo vencedor ante enemigos poderosos, y capaz de establecer un sistema de igualdad, que eso es la República.
La tristeza irradia hasta todos los rincones del país y México enmudece al descubrir que el prócer de carne no es eterno. En esa hora triste surge una nueva luz, donde su gran obra, al servir a su patria, se convierte en flama de eternidad.
Es todo y cuanto

Apéndice cronología de Benito Juárez
1806 Nace el 21 de marzo, en la localidad oaxaqueña de San Pablo Guelatao, hijo de campesinos zapotecas.
1818 Emigra a la capital de Oaxaca.
1829 Alistado en la milicia contra la invasión española de Barradas.
1831 Regidor del Ayuntamiento de Oaxaca, dos años más tarde es elegido diputado por el estado homónimo.
1834 Se gradúa de abogado en el Instituto de Ciencias y Artes. Detención arbitraria por defender a los pobladores de Loxicha ante los abusos del cura local.
1847 Gobernador del estado de Oaxaca, cargo en el que permanecerá cinco años. Comiensa la invasión norteamericana. Iniciación como masón, según la mayoría de las versiones, aunque alguna adata una primera iniciación desde 1927.
1853 Desterrado por el dictador Antonio López de Santa Anna, es finalmente deportado a Estados Unidos.
1854 Respalda desde su destierro el Plan de Ayutla, que exigía una asamblea constituyente.
1855 Regresa a México y es designado brevemente secretario de Justicia.
1856 Vuelve a ejercer el gobierno de Oaxaca.
1857 Promulgada la Constitución federal, es nombrado secretario y luego presidente de la Suprema Corte de Justicia.
1858 En calidad de presidente de la Suprema Corte de Justicia, asume el cargo de presidente provisional de la República. Estalla la guerra de Reforma.
1859 Instalado su gobierno en Veracruz un año antes, dicta las más importantes Leyes de Reforma.
1861 Finalizada la guerra de Reforma, es elegido presidente constitucional.
1862 Tiene lugar la definitiva intervención francesa, iniciada un año antes.
1863 Traslada su gobierno al norte del país.
1864 Coronación de Maximiliano I como emperador mexicano.
1867 Fusilado Maximiliano I, regresa a la ciudad de México y es relegido presidente.
1871 Nueva relección presidencial de Juárez, cuando Porfirio Díaz inicia una rebelión y fracasa. Muere Margarita Maza.
1872 Fallece el 18 de julio, en la ciudad de México.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen blog; interesantes temas y perspectivas.