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sábado, 1 de noviembre de 2014

RESEÑA DE MATERIALISMO Y EMPIRIOCRITICISMO DE LENIN









Por Carlos Valdés Martín

El estilo y enfoque de Lenin
Recuerdo que “el estilo es el hombre”, y vaya que tenía su estilo quien quizá fue el político más brillante del siglo XX. Algunos no estarán de acuerdo con esta estimación por la brillantez política de Lenin, ya que su causa cayó en descrédito, pero existen suficientes pruebas sobre su capacidad como líder práctico, pero ese no es el tema de este escrito. En Lenin, —igual sucede casi con cualquiera—, el político domina al filósofo, y su incursión en la esfera de las ideas generales es bajo la premisa de que “la filosofía es asunto de partido”, porque para él no se puede dejar de tomar partido hasta en la misma teoría filosófica, cuestión que se discutirá adelante. Justamente, Lenin incursiona en filosofía como un gran político: creando partido, atacando a enemigos, estableciendo diferencias claras, cercando a los vacilantes, cortando las líneas de comunicación con el enemigo, adelantándose a las hostilidades futuras... Sin embargo, el discurso fuerte del dirigente no siempre es el más conveniente para la teoría misma, y las virtudes inherentes a su fondo teórico dialéctico se opacan. Lenin incursiona en este terreno teórico sin dejar pasar oportunidad para atacar a los profesores de filosofía, a los tinterillos de la clase burguesa, a “matadores de pulgas” para indicar que se dedican a lapidar solamente las minucias... Y ese conjunto de interpretaciones tan poco “corteses” no creo que sea agradecida por el gremio de los especialistas en filosofía.
Lenin, el líder activista, recurre al estilo de la polémica más desgarradora, feroz y abierta. Hasta cuando efectúa una alianza, como ejerce con su camarada Preobrazhensky[1], la burla sobre las fallas ajenas es salvaje, el descrédito es atroz, la puntualización de la incongruencia del adversario es abrumadora, las ironías siempre abundan, las frases sonoras inundan el texto como si fueran golosinas. A la fría distancia, quizá hasta sea divertido repetir los epítetos leninistas dirigidos para demoler rivales políticos, pero en su momento sus calificativos no eran diversión. Ese estilo literario no está hecho para convencer un oponente sino para arrollar a un enemigo, y más peligroso es ese enemigo porque se encuentra infiltrado en las propias filas, disfrazado con el propio uniforme mientras lanza los petardos a nuestro campo de batalla. Por lo mismo el procedimiento más adecuado es generar el escándalo para arrinconar al enemigo, sacarlo de nuestras filas, desarmarlo de la manera más rápida para dejarlo agotado y sin aliento, quitándole las ganas de responder. Este debate  no es discurso de diferencias, sino una forma letrada de la guerra de clases sociales antagónicas.

Arrinconar y desenmascarar
Para arrinconar y desenmascarar Lenin se dirige hasta las fuentes teóricas de sus enemigos del momento, incluso lo hace con una erudición que es extraña en un político práctico de cualquier bandera. Sus enemigos políticos del momento son los empiriocriticistas rusos capitaneados por Bogdanov[2] y que contaban en sus filas con algunas otras variedades de conceptos. Estos empiriocriticistas rusos abrevaban en las aguas de la moda filosófica europea de Ernest Mach y Richard Avenarius, un par de teóricos de la filosofía con especial interés en la ciencia natural, los cuales proponen una filosofía que esté libre de metafísica, fundada en los principios de la ciencia natural. Los empiriocriticistas Mach y Avenarius están de moda en Europa al final del siglo XIX; el primero también es reconocido como científico, por ejemplo, a la fecha, la velocidad del sonido se asocia a su nombre, y fue fuente de inspiración para las primeras especulaciones de Einstein. Pero Lenin los remite a los empiriocriticistas hacia las teorías anteriores de los empiristas ingleses previos Hume y a Berkley. El parentesco con Hume, los empiriocriticistas lo aceptaban con orgullo, pero no aceptaban tanto su relación con el obispo inglés, Berkley; aunque ambos eran filósofos empiristas ingleses. El lema general del empirismo es la superioridad de la experiencia humana como la fuente verdadera del conocimiento, pero también puede tocar extremos al desconfiar de la existencia de alguna realidad en el fondo de la experiencia humana.


Para la filosofía de partido tocar el pantano es caer en él, hacer concesiones es hundirse y la mezcla es papilla inmunda

A la manera de una lucha de fracciones estrictamente separadas, como pregonaban los obispos su separación estricta de las herejías, semejante a como dejarse tocar por el pecado es caer en él... Ese es el enfoque operativo de una época de violentas luchas políticas, pero también una época influida por el maniqueísmo religioso. Para Lenin la discusión filosófica es lucha de partido, y con esa motivación se interna en los terrenos de la gnoseología. Es lucha del partido bolchevique en lo particular porque Bogdanov encabeza una disidencia dentro del parido de la socialdemocracia rusa, que se coaliga con otros militantes y que aglutinan su posición en torno a divagaciones diversas sobre la reconsideración filosófica del marxismo. En lo particular, en lo anecdótico, la filosofía se convertía en cuestión de partido, en una lucha particular del Partido Obrero Social Demócrata Ruso donde Lenin descollaba como dirigente de la fracción bolchevique (mayoría en ruso). Pero también (en general) para el marxismo, desde sus fundadores, la filosofía es cuestión de partido; la filosofía implica una toma de posición (general), partiendo de la definición más amplia (genérica) en el campo de las ideas, que implica una posición[3]. Dentro de la tendencia a la coherencia (generalidad formal) implícita en el marxismo, las tesis filosóficas son parte del entramado de las ideas sociales (posición de clase) y políticas (definiciones de poder). En la coherencia teórica del marxismo la interpretación de la generalidad del mundo se liga con la producción (generación) de verdades fundamentales y éstas emanan (son generadoras de) un  poder, del poder acorde a posiciones[4].
Esta conexión entre poder y filosofía no queda tan explícita en todos los marxistas, pero sí lo están sus puntos intermedios, hasta declarar Lenin en cualquier tono posible que la filosofía es una cuestión de partido, y no solamente en sentido de “grandes partidos históricos” sino de partido concreto, de órgano de lucha política del proletariado revolucionario. La conexión entre poder y filosofía queda planteada en negativo, en las reiteradas indicaciones que cualquier desviación filosófica debe conducir al proletariado a la impotencia y sumisión bajo la ideología burguesa, las organizaciones reaccionarias y el dominio de los sacerdotes.
Los grandes partidos históricos están tan estrictamente delineados y son tan antagónicos para el marxismo, que si el grupo proletario se contamina de burguesía está perdido y cae irremediablemente en la traición a su propia causa. Así, indica Lenin: “Basta meter un pie en el pantano para hundirse en él por completo. Y nuestros “machistas” están todos enfangados en el idealismo, esto es, en el fideísmo atenuado, refinado”[5]. También indica: “La filosofía del naturalista Mach es a las Ciencias Naturales lo que el beso del cristiano Judas fue a Cristo”[6].
Lenin retoma a un pensador alemán de segunda línea, J. Dietzgen, en lo que considera su acierto especial: desprecio íntegro en contra del término medio, desprecio a la conciliación de posiciones, contra quienes son “charlatantes conciliadores” y forman la “papilla miserable”[7]. Para él, entonces la mezcla empiriocrítica es mala y una porquería de “bazofia ecléctica”[8]. El argumento es el siguiente: lo partidos están esencialmente delineados y antagónicos; para el partido proletario asimilar algunas ideas del opuesto significa la caída, dejar un solo dedo en el campo enemigo es caer completo en sus brazos y quedar en terreno intermedio implica traición del propio bando. Por lo tanto, únicamente debe pensarse en términos del propio conjunto y en exclusiva con ideas ortodoxas que no están contaminadas por ninguna concesión al bando enemigo. Bajo esta línea de argumentación debe emanar una especie de terror en el propio partido hacia cualquier clase de contaminación de las tesis idealistas, agnósticas, emporiocriticistas, solipsistas, machistas, etc. Este discurso se diseña para cerrar filas más que para estudiar objetivamente la realidad, y eso que este discurso de Lenin pregona la objetividad como blasón de distinción. ¿No es extraño? Resulta del discurso de Lenin una doble vertiente: una paradoja muy llamativa, la unidad de objetivismo teórico del materialismo con apelación al sujeto discursivo, es decir, reinterpretación de la posición política como lo esencial del discurso teórico. Aunque la paradoja se “endereza” suponiendo que la posición de los enemigos empiriocriticistas es otra “objetividad”, por lo que los empiriocriticistas rusos no son sujetos particulares que hablan y contra quienes se debate, sino una especie de personificaciones de enemigos sociales, es decir, se supone objetivamente que los empiriocriticistas son los “representantes de la burguesía”.
Si este diseño del discurso inocula temor entre las filas del partido ante la contaminación de las tesis enemigas, la consecuencia es búsqueda de justeza en las fuentes y no en la innovación ni la racionalización. Si el enorme peligro de contaminación por ideas ajenas implica la conversión en papilla que mezcla con la esencia enemiga, entonces el cuidado mayor debe ponerse en acudir a la ortodoxia y mantenerse en contacto con las fuentes de la verdad. Aunque Lenin sostenga elementos filosóficos de verdad sobre la objetividad del conocimiento del mundo exterior, sin embargo el resultado de este discurso es parálisis, el desenlace de este discurso feroz es una invitación a congelar el pensamiento para que los buenos proletarios no se salgan del campo correcto. Ya que esta perspectiva, implica parálisis de pensamiento y el establecimiento de una élite ortodoxa que guarda su verdad en contra de una conspiración de enemigos desviacionistas, entonces el estalinismo sí tiene su antecedente en Lenin, aunque con Stalin existe el salto cualitativo. Estos elementos de Lenin al emplearse con dolo son ladrillos para construir una cárcel, y efectivamente luego se construyó la penitenciaría, que fue el salto cualitativo del estalinismo hacia el vacío.

El fondo de Lenin: materialismo contra idealismo
Aquello que no se refiera al fondo de la filosofía lo estima Lenin como minucias insignificantes, pedantería y complicaciones sin sentido. Por eso llama a los profesores dedicados a estudiar esas cuestiones, Flohkmacker, matadores de pulgas.  “¡señores, no habéis hecho más que matar una pulga, al introducir microscópicas correcciones y modificar la terminología, en lugar de renunciar a vuestro equívoco punto de vista fundamental!”[9]. Porque para él ese punto fundamental es la separación entre materialismo e idealismo. El materialismo se conforma con una verdad esencial: la realidad objetiva del mundo fuera de nuestras ideas y sensaciones, fuera de nuestra consciencia. La materia, para la filosofía no es una forma particular de solidez y pesantez, sino cualquier objetividad; la materia no se reduce a una cosa diferente de la energía, sino que ambas son lo mismo para la filosofía materialista. El hecho de que el átomo se separe en partículas, o ahora digamos que se convierte en energía no “desmaterializa a la materia” desde el punto de vista de la filosofía materialista; porque ambas serían formas de la misma.  “Porque la única propiedad de la materia cuya admisión está ligada al materialismo filosófico, es la propiedad de ser una realidad objetiva, de existir fuera de nuestra consciencia”[10]. Cualquier comportamiento extraño de la materia y sus transformaciones no está en contra de la tesis filosófica básica del materialismo: la realidad externa transcurre objetivamente y fuera de la consciencia. Para que la materia de la ciencia natural dejara de abonar esta filosofía materialista requeriría que empezara a estar ligada permanentemente a la consciencia, que perdiera su independencia objetiva y que permaneciera ligada a la consciencia[11]. Esta es una interpretación gnoseológica, de teoría de conocimiento, y de principio; sobre este pilar se levanta la diferenciación entre las “corrientes de la historia”. En esta separación Lenin encuentra hasta una “lucha milenaria” de dos milenios, desde que Demócrito empezó a delinear el materialismo en la antigua Grecia.
Ciertamente, la separación entre materialismo e idealismo es un tema relevante en la formación de las escuelas filosóficas, pero no siempre ha sido el parteaguas de la teoría. Para el conjunto de las tendencias filosóficas no ha sido el punto de separación, pero para una escuela de pensamiento que se declara a sí misma como la primera materialista consecuente y completa con la dialéctica, entonces sí debe ser el centro y parteaguas. Esta interpretación de que el punto de inflexión filosófico está en la separación de materialismo e idealismo ya la presentó Engels en pasajes claves de tres escritos importantes, aunque esto ya se dibuja desde los escritos juveniles de Marx[12]. Pero con Lenin el énfasis de esta división fundamental se amplía, para que cualquier interpretación deba caer forzosamente en alguna de las dos filosofías, sin posiciones intermedias; aunque recuerda que el agnosticismo ofrece una posición intermedia en la cual se ubicaban los empiristas ingleses, finalmente le parece que el agnosticismo cae en la trinchera idealista. El asunto es que el idealismo consecuente defiende la primacía de las ideas sobre la realidad (materia) y el materialista consecuente defiende la primacía de la materia y que la idea es una emanación compleja de materia (de lo contrario sería un dualista y, de alguna manera, “contaminado” de idealismo). El agnóstico no adopta una posición resuelta sobre el tema de la primacía entre idea y materia, y toma una posición escéptica, que no cree alcanzar el fondo de esa cuestión o quizá de ninguna cuestión.
Para Lenin la práctica presta una aportación invaluable en contra del agnosticismo y del idealismo. Su argumento clásico proviene desde una refutación de Engels contra la “cosa en sí” de Kant, que le parecía refutada cuando se extraía alzarina del carbón, porque desaparecía la “cosa en sí” de la alzarina, para trocarla en una cosa para nosotros y en un objeto útil revelado para nosotros. La práctica humana disuelve esencias misteriosas que antes no alcanzaban a revelarse. “El punto de vista de la vida, de la práctica (...) conduce infaliblemente al materialismo (...) Naturalmente, no hay que olvidar aquí que el criterio de la práctica no puede nunca, en el fondo, confirmar o refutar completamente una representación humana cualquiera que sea. Este criterio es bastante ‘impreciso’ para no permitir a los conocimientos del hombre convertirse en algo ‘absoluto’; pero, al mismo tiempo, es lo bastante preciso para sostener una lucha implacable contra todas las variedades del idealismo y del agnosticismo.”[13] Esta cita nos indica un par de líneas significativas: la práctica, la acción material del ser humano que modifica los objetos de su entorno abona al materialismo y es su sustentación. Al mismo tiempo, esta sustentación no otorga la refutación final de tesis filosóficas, porque jamás se puede “refutar completamente” ninguna representación agnóstica e idealista con los logros de la práctica, porque en general, estas tendencias son escurridizas: siempre encuentran nuevos refugios para sus elucubraciones.
El postulado materialista de una realidad objetiva existiendo independiente y fuera del sujeto del conocimiento, implica con Lenin que el conocimiento es reflejo de esa realidad. La interpretación gnoseológica del bolchevique, posteriormente, llegó a denominarse como la “teoría del reflejo”, por su insistencia en que la conciencia es un espejo del mundo, que mediante el reflejo de lo externo en la mente se conoce[14]. Lenin va a interpretar que el reflejo del mundo externo tiende a ser verdadero, y que mediante la práctica se perfecciona, cuando pule imperfecciones e ilusiones de ese reflejo originario.


La conexión de Mach y la física relativista de Einstein
En este punto el debate de Lenin contra los “machistas” muestra fantasmagorías curiosas. El ataque de los empiriocriticistas contra el materialismo de las ciencias naturales es bajo el lema de dogmático. Los cuestionamientos “machistas” eran poco trascendentes y bastante especializados, se centraban en un regreso al empirismo que cuestiona la inocencia de la mente cuando cree en lo que mira e imagina; regreso a ese ingrediente escéptico de Hume cuando duda de lo que miramos y no acepta la suposición de que los objetos existen fuera de la experiencia que los percibe. El empirismo clásico de Hume en su siglo no fue contrario a las ciencias naturales, pero su cuestionamiento queda un poco en el aire, porque su empirismo permanece en la duda. La importancia de la experiencia se conservó en la filosofía clásica alemana, pero la misma consciencia puede ubicar el lugar de su experiencia, y en lugar de esta ubicación parcial de la experiencia cuando Hume tiende a absolutizarla, para dudar del saber fuera del campo de la experiencia. En el siglo XVIII el empirismo era una crítica al dogmatismo de las tradiciones eclesiásticas que dominaban el pensamiento. Sin embargo, la apelación a un regreso a Hume es argumento poco novedoso en el final del siglo XIX. El empirismo del siglo XVIII atacaba dogmas religiosos y creencias de la práctica cotidiana pre-científica; su sucesor el pensamiento empirio-criticista se enfoca a cuestionar la confianza de la práctica científica del siglo XIX, especialmente, mediante las observaciones de Ernest Mach. El ataque al dogmatismo sobre las ciencias naturales que efectúa Mach contiene más el rasgo de desafío desde las ciencias naturales sobre ellas mismas, porque al final del siglo XIX los objetos conocidos de la ciencia física se estaban desvaneciendo bajo el peso de las nuevas investigaciones[15]. Existía una revolución interna dentro de la ciencia física que cuestionaba lo que se debería entender por materia, energía, espacio y tiempo. Haciendo un balance, la obra de Mach se entronca con un movimiento interno de las ciencias naturales europeas presas de un desplazamiento de expansión y crisis. Ahora bien, a Lenin solamente le interesa el sentido político de este movimiento, y los cuestionamientos provenientes desde el empiriocriticismo sobre las convicciones ingenuas sobre la materia, que tachan de dogmatismo, le parece que conceden y caen en el pantano del idealismo o hasta el fondo del abismo del solipsista Berkley. Los machistas no son solipsistas del tipo obispo Berkley, pero una posible “última consecuencia” del escepticismo es ese solipsismo, que en filosofía es la creencia de que únicamente yo existo en el mundo. Esa argumentación es la siguiente: si dudo radicalmente de la existencia de cualquier cosa en el mundo externo, y creo únicamente en las imágenes de mi mente, entonces el universo radica en mi solitaria mente y así el único existente soy yo. Eso es solipsismo puro. A Lenin le interesan las últimas consecuencias y una última consecuencia es tal solipsismo.
Por su lado a Mach no le interesan las últimas consecuencias políticas sino su relación con las ciencias naturales. Su escepticismo está ligado al avance de las ciencias naturales, sobre todo al progreso de las disciplinas físicas. En especial, al final del siglo XIX y principios del XX la ciencia física se encontró enredada entre enormes avances de investigaciones parciales en laboratorio, que constantemente descubrían relaciones materiales que parecían contradecir las anteriores certezas sobre lo que eran la materia y la energía. Por ejemplo, en los laboratorios el átomo se empezó a romper y separar en componentes interiores, tales como los electrones, neutrones y protones. Las enormes certezas de la física newtoniana se estaban tambaleando cuando la naturaleza de las ondas y las partículas se rediscutía. Los electrones trían de cabeza a los investigadores mientras la radiación mostraba sus sorprendentes resultados.
La avalancha de los datos emanados desde los laboratorios era enorme, y se hacía necesario el transformar modelos en la ciencia básica, desde la interpretación de las partículas hasta el movimiento de los astros. La resistencia al cambio provenía también desde la defensa de modelos de pensamiento previos, las teorías clásicas, las interpretaciones del movimiento de los cuerpos, la creencia en la solidez de la materia, la fe en unas leyes básicas de la conservación de la materia, etc. Las críticas teóricas de Mach abonaban en favor del cambio de modelos para la ciencia natural. Su contribución al desarrollo de las ciencias está por el lado de hacer accesible la visión de las verdades relativas, unas gotas de escepticismo que abonan el camino hacia la renovación científica. La insistencia de Mach en la relatividad de nuestras percepciones de espacio y tiempo abrió camino para las indagaciones de Einstein de acuerdo a las propias opiniones de éste. Apelar a la relatividad del saber quizá no es una aportación de saber positiva, pero es una vía abierta para pensar. Curiosamente, Lenin y todo el materialismo dialéctico no están en contra de la relatividad de la verdad humana ni de la co-determinación de las situaciones materiales. Ahondando en esta idea, además muchas de las tesis generales del materialismo dialéctico podían y hasta debían ser interpretadas como indicios o líneas de pensamiento a favor de una teoría física como la relatividad de Einstein. Entre esas líneas del materialismo dialéctico favorables a la relatividad física, al menos, están las siguientes: insistencia en la determinación material de la posición del observador; dialéctica de cambio como legalidad general natural, y el salto de la cantidad en calidad.
Pero el pleito político de Lenin es tan acalorado, que descarta cualquier aportación posible de Mach a la ciencia para ridiculizar sus posiciones. Así Lenin acota, que Mach: “Construye una teoría gnoseológica del tiempo y del espacio sobre el principio del relativismo y se contenta con ello. Esta construcción no puede llevarle en realidad más que al idealismo subjetivo, como ya hemos demostrado al hablar de la verdad absoluta y relativa”[16]. Mach hace “disertaciones interminables (ver sobre todo Conocimiento y error) sobre la mutabilidad de nuestros conceptos del tiempo y del espacio, sobre su relatividad, etc.”[17]. Mientras Mach diserta sobre relatividad de espacio y tiempo, Lenin le espeta que únicamente tiene sentido reconocer la realidad objetiva del espacio y tiempo. Como se observa, cada quien piensa en un plano completamente diferente. Curiosamente, quien aporta algo para una “revolución” en la objetividad del espacio y tiempo es el subjetivo Mach, mientras que Lenin se queda en afirmaciones demasiado generales, que no tienen una correlación directa con el proceso de las ciencias naturales. Sin embargo, sería injusto decir que Lenin está peleado contra las ciencias naturales cuando trata de atraer el sentido espontáneo de la ciencia a favor del materialismo. En ciertos argumentos, Lenin se aproxima a Mach para alejarse de éste gritando “al ladrón”. Por ejemplo, Mach especula sobre la posibilidad de una aplicación científica de espacios de más de tres dimensiones, se pone del lado de matemáticos que inventan espacios de n dimensiones, al respecto Lenin, suelta brevemente “Defensa plenamente justa, indiscutible, pero...” Es decir, que Mach se coloque del lado de la investigación del espacio de n dimensiones está correcto, pero como en el fondo la gnoseología de Mach no es “consecuentemente materialista” entonces no sirve para nada, pierde cualquier sentido y no vale nada como aportación filosófica. Lenin dixit., así se acaba su argumento y se contenta.

La conexión de Lenin y la física
Debido a que Lenin interpreta a la separación entre materialismo e idealismo como el corte fundamental de las filosofías, este tajo también lo traslada a las ciencias naturales. Efectúa una operación conceptual basada en Engels que se apoyó en el estado de las ciencias naturales de su tiempo para reforzar la interpretación materialista del mundo, en el siglo XIX. El calendario sigue su curso, entonces a principios del siglo XX Lenin se encuentra con que la física, en especial, está dividiéndose en términos gnoseológicos en dos campos incompatibles. ¿Quién presupondría que la división entre teorías físicas sería entre tendencia idealista y materialista? El efecto de los varios debates en torno a muchos temas Lenin los estima unificados en una diferencia entre los interpretadores equivocados que tratan de convertir la física en un idealismo, mediante diversos recursos, sobre todo, mediante una formalización matemática que olvidaba que el objeto de esta ciencia se encuentra en la realidad como un contenido. Las interpretaciones mediante ecuaciones que ocultan que existe una realidad de fondo convierten la física en un fenomenalismo idealista, pero que no tiene futuro. La otra vertiente la encuentra, en una interpretación materialista, pero sin conocimiento filosófico de lo que implican sus interpretaciones, de tal modo que es un materialismo ingenuo, especialmente ignorante de la dialéctica, como el representado por Haeckel, quien entonces había publicado un escrito de divulgación con la imagen general del universo a partir de la física. Repitiendo una consideración que ya habían hecho Marx y Engels, Lenin estima que el materialismo ingenuo de las ciencias naturales es aliado natural del materialismo dialéctico, porque los resultados parciales de las ciencias son el cuerpo mismo del materialismo. Por su lado, las investigaciones ciertas de la ciencia natural no requieren de una comprobación por aparte de la filosofía, y además la filosofía no debía suplir a la investigación natural. Este argumento de Engels sobre la alianza con la ciencia natural desde su interior y no por la operación de consideraciones generales, es muy importante, pero con la polémica de Lenin ofrece una paradoja. El argumento de Engels es de aceptación íntegra de las ciencias naturales, tal cual sale de las investigaciones de los científicos, mientras que el argumento de Lenin ya pasa por una consideración filosófica, como la aduana de los científicos, porque ellos están ya divididos entre el bando idealista y el materialista. Los argumentos son extremadamente parecidos, pero yo observo una paradoja: o bien la ciencia natural es aliada espontánea o bien requiere esta natural de una refuncionalización filosófica para integrarse al campo correcto. La primera opción es la de Engels y la segunda es la de Lenin, aunque ambos tratan de poner de su lado a la ciencia sin más, pero no es lo mismo aceptar lo que ya está puesto, que modificar para atraer. Aunque el discurso de Lenin al respecto, supone que la ciencia natural por sí misma se acerca al materialismo dialéctico, porque es materialista práctica, sin embargo, su enfoque total ya precave hacia una división al interior de la ciencia. Con Lenin la ciencia se clasifica ya dividida en campos antagónicos, y si con la ciencia natural entra un antagonista (y ya vimos la alarma política enorme por la llegada del antagonista) se hace urgente proponer una barrera. Esta barrera luego se convertirá en la división estalinista entre ciencia proletaria y ciencia burguesa como si se tratase de dos partidos políticos combatiendo. Como es evidente en la lectura completa de Materialismo y empiriocriticismo, Lenin jamás plantea una ciencia proletaria contra una ciencia burguesa, pero sí plantea una división partidaria entre la física idealista y la materialista, ante la cual se perfila la futura separación partidaria, que con el Estado estalinista mostraría su desastre[18].

A fuerza de polemizar, Lenin empuja sus argumentos hasta defenestrar las novedades de investigaciones en el “paramo” de una física idealista. Recordemos, a él no le interesa el contenido de investigación ni le importa la ciencia natural más avanzada, lo único que le interesa es si las tesis de la ciencia natural se usan como municiones para abonar las tesis idealistas o materialistas. En síntesis, la ciencia se convierte en abono para una lucha de partidos. Por ese carril, las indagaciones novedosas de física las ha leído Lenin, pero no le importan sino para fortificar su trinchera. Por ejemplo, cuestiones claves de la nueva estructura atómica y el papel de los electrones exclusivamente le importan porque no destruyen la realidad objetiva de las partículas. Mientras los descubrimientos en sobre micro-partículas no destruyan la hipótesis fundamental del materialismo, la investigación es aceptable, por los caminos que sea; incluso mientras más indagaciones de ciencia es mejor para él. Pero si las interpretaciones se convierten en argumentos en boca de idealistas, la ciencia experimental no le vale más que como patrañas de ideología y desviaciones del camino recto. Así, el mérito de Lenin de actualizarse y conocer las novedades de la ciencia se convierte en un asunto sin importancia, porque a él mismo no le interesa el estado del saber, sino su utilización en las luchas filosóficas que se convierten en lidias partidarias.

Conclusión: la filosofía como fuerzas productivas y como freno
La filosofía también engendra objetos, aunque se maneje con generalidades. Sin duda produce “objetos del pensamiento”, pero que desbordan su esfera directa de acción. Casi todos los filósofos clásicos se interesaron por la política y no es casual, ya que la filosofía también elabora un discurso de repercusiones directas sobre el poder. Por ejemplo, Lenin pretende crear partido al establecer las separaciones más claras respecto del enemigo, reforzar las líneas propias y meter miedo entre quienes permanecen en la papilla del campo intermedio.
Desde tiempos remotos, la clasificación de la filosofía entre materialismo e idealismo es una separación necesaria para definir enfoques diferentes. Si una diferencia esencial se convierte en la totalidad del discurso, entonces es fácil hacer una línea en el suelo, separar el globo terrestre en dos mitades y lo que no está en el área meridional está en el septentrión, de tal modo quienes habitan próximos ecuador mental son réprobos que no obedecen la separación fundamental. Si la línea de diferencia está tan marcada, entonces cualquier movimiento debe ser en favor del norte o del sur, y quienes no se colocan en el área de la salvación, entones merecen ser vituperados. La importancia de su línea demarcadora se convierte en el absoluto de Lenin: todas las cuestiones de filosofía deben remitirse a la diferencia fundamental entre materialismo e idealismo, y a cualquier otra orientación es una desviación condenable. Sin embargo, la parálisis del pensamiento teórico en la etapa estalinista demuestra que cualquier tontería se puede disfrazar de “teoría del materialismo” y no por ello deja de ser idiotez, sin que mejore en nada que se rotule como una “tontería materialista”.
Los sacos clasificatorios de materialismo e idealismo son tan grandes que no deberían existir frenos a la investigación en ciencia natural cuando se establece una teoría materialista o idealista como guardiana de la verdad, porque como ejemplificamos arriba casi cualquier “hecho” de la ciencia natural se podría interpretar como “materialismo”. En cambio, si la filosofía materialista se convierte en acta de fiscal o en reglamento de burócrata, entonces la historia del estalinismo demostró que sí podía convertirse en un arma pero no de la revolución, sino en arma de represión burda y parálisis mental. En este sentido, la filosofía dogmatizada del marxismo se convirtió en arma de burócratas para la persecución de las ideas, y asemejaba a las religiones intolerantes con códigos dogmáticos que sirven para la persecución de los diferentes. Debido a que el materialismo dialéctico contiene ingredientes de verdad, no fue tan catastrófica la aplicación del saco clasificatorio de “materialismo dialéctico” para la investigación de las ciencias naturales en los regímenes estalinistas[19]. De facto, hubo censura en la URSS para la relatividad de Einstein hasta que se observó el enorme potencial de práctica que tenía esa teoría física.
Por un lado, una filosofía limitada como la de Mach se convierte en fermento para una ciencia natural clave; por el otro lado, una filosofía reconocida como materialismo dialéctico, se enajena de las ciencias naturales en la persona del más destacado político marxista del siglo XX. Resulta una paradoja imponente. La filosofía aunque fuese errónea y con ingredientes escépticos, resulta una impulsora de las fuerzas productivas objetivas, y la filosofía acertada pero sometida a preocupaciones partidistas resulta un freno para la investigación científica, y por ese lado resulta detener las fuerzas productivas. Aclaro que el materialismo dialéctico no es un freno general para las fuerzas productivas, pero sí lo ha sido su interpretación politizada, entonces el discurso del poder usando esa filosofía que se encarna en policía del pensamiento, por tanto, convertido en freno de las fuerzas productivas. Ironía de la historia es que el pretendido motor se utilice de freno.


PD. Algunos temas filosóficos desperdiciados al calor de la polémica
Debido a que tiene un interés más político que técnico, Lenin deja “caer” algunos temas sobre los cuales hace un abordamiento interesante, pero dejándolos en la retaguardia, porque el terreno no es relevante para la política. Entres los tópicos interesantes que no suben a un primer plano pero son de significación encuentro esta tríada: el relativismo reinterpretado como relación entre verdad relativa y absoluta, crítica a la “economía” del pensamiento y relación histórico-concreta entre filosofía y ciencia natural.

Relativismo
En Lenin el relativismo es rechazado como término unilateral, y cuando lo reinterpreta como vínculo entre verdad relativa y absoluta resulta una actualización de una tesis de Engels. Este último hace las anotaciones que la verdad humana no puede se absoluta, en el sentido de conocimientos último, que resulta definitivo; las verdades que hoy sabemos ciertas son puestas en cuestión por nuevos descubrimiento científicos, sin embargo, existen dos tipos de verdades “absolutas”. La verdad que llamaré “particular absoluta” es la relación verdadera de un hecho particular con sus enunciados, tal como la fecha de nacimiento de un evento. Así, la afirmación “Cristóbal Colón divisó tierras americanas el 12 de octubre de 1492” seguirá siendo cierta, aunque las investigaciones históricas futuras se revolucionen. Es posible cuestionar la relatividad de ese “descubrimiento” porque ya existían personas y civilizaciones en el continente descubierto por el europeo, o pudieron llegar navegantes en tiempos anteriores. Pero si la fecha anotada fue originalmente exacta, ninguna investigación posterior cambiará el hecho anotado. La afirmación es una verdad absoluta como un hecho particular y, en ese sentido, sí existen verdades absolutas. Sin embargo, una verdad contiene mayores repercusiones, la verdad sobre la caída de una piedra también es la interpretación de las leyes de su movimiento. La caída de objetos se constata desde hace milenios como una verdad; sin embargo, hasta las teorías de Newton sobre la ley de gravedad se le otorgó un nuevo “grado de verdad”, recibió una nueva legalidad científica, porque antes se creía que caían las cosas en razón de su pesantez, sin ocuparse de una relación matemática ni preocuparse de trayectoria, aceleración, tiempo de caída, fuerza de ese movimiento, etc. Luego con Einstein se empieza a otorgar una nueva explicación a la caída, en base a una teoría de relatividad y la visión de una curvatura en el espacio[20]. La materia cae como un hecho absoluto, pero la verdad que esconde todavía se está descubriendo. Las concepciones de la pesantez, de la gravedad y de la relatividad general son contradictorias, pero se van sucediendo unas a otras. La sucesión de teorías indica verdades relativas que se están desplazando. Además para Engels la tendencia de las verdades es hacia un crecimiento y superación hacia una verdad más profunda sustituye a una explicación equivocada ahora, antes verdadera que se convierte en unilateral[21]. Como tendencia del pensamiento humano se debe suponer un camino hacia la verdad completa, que no se termina nunca definitivamente, porque el conocimiento es una tarea infinita que se cumple por medio de conocimientos finitos. Así, la tendencia estructural del pensamiento humano es hacia una verdad absoluta.
Hasta aquí lo que indica Engels. Sin embargo, podríamos establecer cierta relación entre la verdad absoluta y relativa. En el momento presente el conjunto de verdades es absoluto, porque ignoramos el conjunto de las verdades del futuro, el cual podemos suponer superior, pero que no lo llegamos a conocer todavía. Hablar en nombre del conjunto de las verdades futuras está muy bien, pero significa que rebasamos nuestra propia estatura. La suposición es plausible si hemos crecido en un mundo de continuos descubrimientos intelectuales, la lógica nos indica el camino de crecimiento, pero imposible adelantar la medida de la verdad futura. Al mismo tiempo, si hablamos en nombre de la verdad futura, entonces la ciencia presente ya la imagina y se ha rebasado a sí misma, mostrándose en la literatura de ciencia ficción[22]. La verdad presente es como la semilla, que ya sabe que será una planta completa, que ignora su dimensión concreta, pero prevé que será una completa algún día y en su interior, incluso bajo la tierra, ya lo “adivina”. Entonces la verdad presente, contiene su negación porque esta certeza de hoy (desde la cual hablo creyendo que lo que digo es verdad) sabe ya que mañana existe con algo de error, que su crecimiento acarrea su muerte.
Ahora bien, este otro “relativismo” del científico —hasta donde comprendo a Mach y Einstein— no interpreta esa relación entre verdad y error en su evolución histórica, sino por la otra relación de unidad entre percepción y mundo, así como el paso de un aspecto a otro. La unidad entre percepción y mundo abrió campo hacia una visión de la unidad entre espacio y tiempo. A su vez, la visión de una unidad entre espacio y tiempo trajo como consecuencia la teoría de la relatividad, que trata al tiempo como dimensión del espacio, como un fenómeno en correlación y no como series en paralelo que no se permutan. La correlación directa entre espacio y tiempo permite que exista un trocamiento entre ambos, de tal manera que a mayor velocidad (desplazamiento en el espacio) surge una reducción en el tiempo transcurrido. Ese es el relativismo espacio-tiempo en el inicio de su concepto útil para la ciencia. A su vez, también la física establece una relación entre la masa y la energía, que están correlacionadas con el movimiento, mediante la velocidad de desplazamiento de la luz. La fórmula de la relatividad en la cual la masa es igual a la energía por el cuadrado de la velocidad de la luz, también correlaciona las dos esferas generales del mundo: masa y energía en su relación con el espacio y el tiempo (velocidad del movimiento). Esta correlación no se había establecido con anterioridad, antes se observaba que el espacio aparecía fijo en tres dimensiones y que el tiempo transcurría igual a sí mismo, como un acompasar mecánico e indiferente; al su vez, la materia y la energía se observaban como las dos formas de existencia física que no se podían transformar directamente.
En fin, la esencia de este relativismo físico resulta perfectamente afín con las afirmaciones generales del materialismo dialéctico. Al concretarse en relativismo físico, la tesis empiriocriticista no resultó tan “unilateral” como le parecía a Lenin. 

La “economía” de pensamiento
La reducción de hipótesis es un principio válido de simplificación de pensamiento, que es bastante antiguo. Algunos conocen este principio como la “navaja” de Occam. En este caso el empiriocriticismo también lo usaba bajo el precepto de “economía de pensamiento”, dando a entender que la simplificación es mejor que la complicación, ya que el escepticismo ante la realidad y sus relaciones también nos podría orillar a incrementar el número de interpretaciones o de correlaciones posibles. Por ejemplo, los empiriocríticos rechazaban las creencias en la relación causa-efecto y preferían suponer una correlación más compleja, pero esta complejidad se puede convertir en un parloteo caótico de imágenes mentales si no se llega a conclusiones. Y una forma para alcanzar conclusiones es economizar las explicaciones y reducir hipótesis de tal manera, que modulemos nuestras dudas cuestionadoras de un principio, hasta concretar en una hipótesis simplificadora, por lo que se regresaba hasta una causa-efecto. Si bien el ahorro de ideas implica una especie de avaricia mental, también es evidente que la prolijidad mental es un pasaporte para confundirnos en una selva de impresiones y afirmaciones imprecisas más adecuada para la literatura que para la ciencia. Ahora bien, a Lenin el  “principio de economía” empiriocrítico le parece una “palabreja” mal aplicada hacia un campo donde no debe emplearse; él reclama utilizar el término “economía” en exclusiva para lo que corresponde: ciencia de las relaciones materiales de producción e intercambio. En lugar de “economía” Lenin propone que se use la palabra “justeza” para designar ese criterio de simplificación. En este caso, la polémica gana sobre un obvio acuerdo de fondo, porque el principio de reducción de explicaciones nunca lo refuta, pero sí lo critica duramente, porque no emplea la palabra correcta que para él sería “justeza”, sino un vocablo impropio. En lo general, Lenin mantiene una polémica contra las novedades de “palabrejas” que suelen ocultar algún problema existente de teoría mediante una nueva palabra[23].
Pocos años después de escrita la obra Materialismo y empiriocriticismo, hacia la década de los treinta, una reinterpretación de un sicólogo marxista nos llama la atención sobre otro sentido de la “economía del pensamiento”, pues el sicólogo W. Reich nos invita a aceptar una economía libidinal y una economía sexual en la base de la interpretación de la mente humana[24]. Para Reich las aportaciones de Freud deben reexaminarse a la luz del marxismo, y una forma de integrar sus nuevos conceptos es mediante un estudio de la economía libidinal, que la interpreta como la energética de las cargas sexuales y sus transformaciones en el carácter y la neurosis. De nuevo, la “economía del pensamiento” se utiliza en otro sentido impropio, diría Lenin, pero su aplicación implica una interesante hipótesis de trabajo para los sicólogos de tendencia post-freudiana. La ampliación de un concepto de “economía de pensamiento” nos hace reflexionar hacia un campo que no es meramente gnoseológico sino que abarca la dinámica de las emociones humanas; así, la aplicación impropia se convierte en una tierra fértil para la investigación.

Relación concreta entre filosofía y ciencia natural
De manera sistemática, Lenin opera sobre un esquema de interpretación: los científicos naturales son materialistas espontáneos pero casi siempre desbarran cuando pretenden filosofar, y los resultados objetivos de la ciencia natural son sustento constante para las concepciones materialistas del mundo, casi afirma que la ciencia natural desnuda es materialismo dialéctico en acción.
Respecto de lo primero, si la definición de materialismo es tan sencilla como mero reconocimiento de un mundo exterior objetivo, entonces la investigación natural —interrogación sobre objetos especiales para descubrir sus secretos— esencialmente debe  ser materialista. Ahora bien, la relación entre dos campos que antes no eran una especialización y que con el tiempo lo fueron implica muchas más conexiones. El estudio detallado de historia de la filosofía demuestra su dependencia respecto de los avances en ciencias naturales, tal como la influencia de la física newtoniana en la filosofía. Parece congruente indicar que las especulaciones de Kant contienen dosis de referencia a Newton, aunque la relación no sea evidente, ya que el resultado kantiano fue un idealismo subjetivo, donde las ideas de tiempo y espacio eran nociones radicadas innatamente en el espíritu humano, así serían nociones previas y con ellas se organiza toda experiencia humana.
Las relaciones en sentido inverso, desde la filosofía para influir a la ciencia natural son más conocidas por ciertas relaciones negativas, como ocurre con las intervenciones negativas del dogmatismo católico para castigar las observaciones astronómicas en el Renacimiento. Sin embargo, también existen las influencias positivas desde la filosofía que inspira el avance de la ciencia natural, y en este caso resalta Mach inspirador de Einstein.
Resulta muy interesante de discutir la afirmación de Engels retomada por Lenin de que las ciencias naturales hacen obvio el discurso filosófico de la realidad, asentando las relaciones materiales del mundo, por lo que en el futuro ya no será necesaria una “ciencia especial” a cargo de la filosofía para definir la unidad del mundo material, sino que la filosofía reducirá su campo de acción a los temas gnoseológicos y de lógica[25]. Esto último implicaría, de manera especial, que la “discusión filosófica” se tornaría inútil por obra de la integración de la ciencia natural, de tal modo que el discurso del “materialismo” lo estaría generando la misma ciencia natural desde la base. Este fenómeno ocurre en parte, dejando fuera del mundo los remansos de fantasía idealista sobre diversos fenómenos de la naturaleza, ocurre una des-divinización, desacralización y des-antropomorfización del mundo natural mediante el avance de las ciencias; así, desaparece la fuente de las Ninfas y se disipa la bruma del Monte Olimpo, morada de los dioses. Sin embargo, la predicción de Engels secundada por Lenin no se cumple, pues por cada avance en la ciencia natural ocurre una escapatoria del idealismo y sus divinidades hacia los confines. Cualquier confín es bueno, por ejemplo, el lindero de los primeros tiempos escapa a la visión de la materia-energía eterna, sin principio y es sustituida por un momento inicial de creación pura. El Big-bang es resultado de una búsqueda de causas objetivas (casi siempre materialista) para encontrar una causa primera creadora del universo, sin considerar a un dios personal. Pero el resultado de la teoría moderna del origen del universo es un momento más parecido a la magia creacionista que a las interpretaciones más audaces de la relación causal: una fecha aproximada de quince mil millones de años y antes nada que decir al respecto. Este Big-bang se parece a emerger de la nada, al “vacío primordial” del tao o a un “hágase la luz” de Jehová[26]. En el límite inicial, el materialismo espontáneo de la ciencia natural se alarga tanto como Odradeg (la serpiente antigua que representa al infinito) para alcanzar su propia cola y entonces trocarse en idealismo. Y lo mismo sucede en los otros límites: infinitamente pequeño[27], infinitamente grande e infinitamente futuro donde hay un cambio de cantidad en calidad. En los bordes finales, igual se escapa la explicación objetivista y materialista, se escurre entre los dedos de la ciencia natural para amenazar con convertirse en subjetivista e idealista. Esto es paradójico, porque en el mundo accesible la ciencia natural sigue materialista y, en cambio, ella misma en sus límites finales refuerza al antagónico idealista. En ese sentido, la ciencia natural no resuelve jamás el diferendo filosófico entre materialismo e idealismo, sino que lo mantiene, lo prolonga y le da más vida en una dualidad sin resolución. 

NOTAS:


[1] Eugenio Preobrazhensky fue un revolucionario ruso que militó junto con los bolcheviques, pero en ese periodo manifiesta diferencias de interpretación con Lenin.
[2] Alexander Bogdanov fue un erudito ruso, que simpatizó con el bolchevismo, luego se distanció, no participó en la Revolución Rusa y después adquirió alguna notoriedad por sus obras teóricas y literarias. Se le considera antecedente de la teoría de sistemas y por los motivos maniáticos de su muerte, a modo de vampirismo de ficción. Lenin consideró que sus teorías se desviaban del materialismo dialéctico.
[3]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 285. Esto lo extiende Lenin a la historia de la humanidad, conforme a su enfoque, “La novísima filosofía está tan penetrada del espíritu de partido como la filosofía de hace dos mil años. En realidad (...) los partidos en lucha son el materialismo y el idealismo.”
[4]Debo recalcar, los muchos modos en que se ha empleado aquí el término general y algunas de sus variaciones, que nos sirven de puente para enlazar la filosofía como estudio de lo general del pensamiento, con el tema del poder, que también es generalidad de la vida social.
[5]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 276.
[6]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 277.
[7]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 271.
[8]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 46, retomando a Engels en el Prefacio a Ludwig Feuerbach, refiriéndose a la filosofía profesoral alemana.
[9]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 82.
[10]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p.207.
[11]Este tema sí está cuestionado por la microfísica cuántica, pero no está resuelto por cuanto las micropartículas parecen obrar de modo especial cuando existen observadores que las fiscalicen. Pero el tema no está resuelto. Cf. Gribbin, John, En busca del gato de Schröedinger.
[12]Engels, Friedrich, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Anti-Dühring, y Dialéctica de la Naturaleza. Marx, Karl, La ideología alemana, y Manuscrito económico filosóficos.
[13]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p. 109.
[14] Para la filosofía educada en la duda o en la crítica, esta entrada resultará un tanto ingenua, carente de aparato crítico sobre la epistemología. Cf. FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas.
[15] Otro tipo de crítica a la espontaneidad para mejorar el enfoque científico está en Bachelard y su obra La formación del espíritu científico.
[16]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p.139.
[17]Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Ed. Grijalvo, p.138.
[18] MARCUSE, Herbert, El marxismo soviético.
[19] Más importante, es el efecto de la persecución política y la persecución general en el contexto estalinista, que el filtro especializado, para cribar las “ciencias idealistas”. Cf. TROTSKY, León, La revolución permanente.
[20] El relativismo de la física, en especial, implica “marco de referencia” y no significa un escepticismo pueril. Cf. ORTEGA Y GASSET, José, La rebelión de las masas.
[21] Siguiendo el modelo de Hegel sobre la trascendencia y superación, Cf. Enciclopedia de las ciencias filosóficas.
[22] Precioso mérito de Stanislaw Lem explicar la presencia de un saber que ha rebasado la dimensiones humanas, como en La voz de su amo, donde expone cómo un fragmento de una civilización lejana desconcierta a las mentes más brillantes de la humanidad.
[23] Sin embargo, la especialización de ciencias y saberes, con sus nuevas teorías, implica la constante invención de tecnicismos. El propio “lenguaje” es típico del especialista, el mismo Lenin es impulsor de su “jerga” de partido (bolcheviques, mencheviques, soviet, etc.). TOEFLER, Alvin, La tercera ola.
[24] REICH, W. La irrupción de la moral sexual.
[25]Engels, Friedrich, Anti-Dühring. “Desde el momento en que se presenta a cada ciencia la exigencia de ponerse en claro a cerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas, se hace precisamente superflua toda ciencia de la conexión total. De toda la anterior filosofía no subsiste al final con independencia más que la doctrina del pensamiento y sus leyes, la lógica formal y la dialéctica. Todo lo demás queda absorbido por la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia.” p. 25.
[26] Aunque Hawking, en El gran diseño, insiste en que el Big bang también es consistente con una visión de cosmogénesis atea; con lo cual refuerza su creencia en la hipótesis materialista, pero no muestra comprender la discusión filosófica, la cual no se deshace del tema de Dios, sino por hipótesis. La investigación naturalista misma nunca ha resuelto ni resolverá el tema de la existencia de Dios, porque no lo comprende sin formación filosófica. Cf. UNAMUNO, Miguel, El sentimiento trágico de la vida.
[27] En especial, la microfísica cuántica implica un fuerte dualismo entre el observador (idealidad) y su objeto (material) que mantiene la tensión filosófica dentro de la experimentación. Cf. Gribbin, John, En busca del gato de Schröedinger.

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