Por Carlos Valdés Martín
Hay un argumento que es excelente de Edna Jaime en su columna titulada “Para salir del equilibrio del agravio”[1]. El Estado sirve para remediar la situación extrema, por eso los "apoyos sociales" son indispensables. Pero en México no los inventó AMLO. En el mundo, durante miles de años toda clase de grupos políticos y regímenes ofrecieron: hospitalidad grecolatina, caridad cristiana, filantropía liberal, Estado de bienestar moderno o Welfare State. En México, se levantó un enorme sistema de subsidios para la población desfavorecida desde el periodo posrevolucionario y sobre ese sistema se levantó el dominio de 80 años del PRI.
El problema es que el sesgo ideológico de los reales NEOLIBERALES (que desde la izquierda a todo le llaman neoliberal, sin importar que no lo sea), fantasearon que basta dejar que el mercado trabaje y mágicamente la economía completa se resuelve sin ninguna intervención[2]... mientras esos mismos ideólogos neoliberales oprimían con Salarios Mínimos artificialmente bajos (el Estado forzando a la baja del salario real, mediante un salario mínimo artificial[3]) y destrozaban el viejo sistema de subsidios del PRI (Conasupo, Liconsa, Fertinal, etc.) con lo que incrementaron la miseria estructural de México.
Entre el último PRI y el PAN dinamitaron los rudimentos del Estado del Bienestar de México, con lo que dejaron la mesa puesta para que AMLO tomara todas las fichas del poder... Con el agravio de que AMLO diseñó un sistema autoritario para desmantelar la poca democracia que había en México. El Estado debe ser útil, pues cuando es inútil será tomado por otro grupo.
Democracia es una palabra vacía de contenido cuando no incluye también el comer bien tres veces al día bajo un techo decente, acudir a un médico en la enfermedad, contar con agua, electricidad e internet y todo lo demás que sigue para adelante. Una democracia robusta implica el bienestar de su pueblo, sin lo cual es un sistema listo para derrumbarse.
¿Los subsidios pueden arruinar a un país? También es posible gastar demasiado y gastar hasta lo que no se tiene. Pero México tiene suficiente riqueza acumulada en décadas de capitalismo e industrialización, como para sostener el actual sistema de Apoyos Sociales y hasta mejorarlo. Repito: hoy los apoyos sociales están en la Constitución y son Indispensables.
Los apoyos sociales no son propiedad de un partido, sino un derecho constitucional que se votó de manera UNÁNIME por todos los grupos del país y, en consecuencia, hay que BLINDARLOS contra el capricho y su manipulación electoral[4].
Los subsidios no son migajas, son derechos y con base económica
La parte más importante del subsidio que entrega el Estado al sector desprotegido es indispensable, por eso mismo hay que garantizar, al menos, un salario mínimo por persona que sea discapacitada o anciana, por tanto incapaces de obtener un modo de vida honesto por su cuenta. Resulta indispensable para una vida digna, cuando menos alcanzar lo que la propia Constitución plantea en el concepto de salario mínimo.
El economista que vive en el interior de mi conciencia es sensato y realista, entonces dice que: para obtener ingresos, primero hay que producirlos. Primero se produce y luego se consume, es bastante obvio. Imprimir papeles no genera pasteles, pero cuando hay pasteles hay que tener billetes para comprarlos.
Por fortuna, la dinámica productiva de dos siglos de desarrollo capitalista en México ya garantiza una base productiva suficiente para tener un nivel de salarios dignos. La productividad ya está garantizada por una planta productiva extendida y madura en México, con la cual se puede proveer la base de salarios e ingresos del país. El subsidio de la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores representa por sí solo entre el 1.3% y el 1.5% del PIB. Por eso no se requiere de gasto ruinoso para sostener el programa de subsidios de la Constitución y hasta redondearlo hacia arriba.
De hecho, el gasto en subsidios sociales alimenta el gasto en compras de bienes de consumo lo cual contribuye al funcionamiento de la economía total, es decir, también alimenta la producción. El secreto es que haya un equilibrio y dinamizar también la economía. Un vehículo funciona bien cargando a sus pasajeros y a la carga programada, pero ponerle demasiadas toneladas de peso podría aplastarlo.
Blindar los programas sociales y no manipularlos
La encrucijada política es que los programas sociales se han convertido en un botín político y se manipula a la población alrededor de su entrega. Aunque la Constitución los protege, hay una sola tendencia política que pretende monopolizar su provecho político, ahora lo hace MORENA, como en su tiempo lo hizo el PRI. ¿Es viable lograr que la población perciba que los subsidios son sus derechos? Sí, es viable y muchos países lo han establecido. Si bien la propia ley establece que los subsidios no son botín político, la operación cotidiana se ha convertido en una lucha de percepciones.
¿Cómo se pueden blindar? De la misma manera que se ha hecho, al convertirlos en autónomos, con las universidades y con los Bancos Centrales. Esos son dos modelos exitosos para sacar instituciones importantes de las manos del vaivén político de cada temporada.
Los subsidios más indispensables se pueden blindar y será mejor que así queden: salvados del botín político.
NOTAS:
[1] Edna Jaime, “Para salir del equilibrio del agravio”, en El Universal del 28/06/2026.
[2] Una parte del argumento sobre la ventaja del mercado es cierto, pero nada se “arregla” en automático. En la noche oscura, un ladrón roba una tapa de alcantarilla y se cae un trabajador. Comienza a gritar porque está herido y en ese instante de dificultad el mercado no lo salvará, pues es imposible que compre ayuda.
[3] Abunda la literatura económica y política sobre México explicando cómo se comprimió artificialmente el salario buscando emplearlo como palanca para detener la inflación del último régimen priísta.
[4] Art. 4º Constitución “El Estado garantizará una pensión mínima de vejez a todos los ciudadanos mayores de 65 años que no hayan accedido al derecho a una pensión por jubilación o seguro de vejez y cesantía otorgada por las instituciones públicas de seguridad social. La ley que expida el Congreso de la Unión establecerá los apoyos e instrumentos necesarios para alcanzar tales fines. El monto de la pensión mínima garantizada por el Estado no será menor al previsto en las leyes de seguridad social.”

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