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miércoles, 15 de julio de 2026

¿QUÉ ES HIPERBLANCO?

 


                                                            Por Carlos Valdés Martín

Para distinguir nítidamente se requiere de cierta pureza, sin embargo, también hay extremos desconcertantes. 

En algunos crueles experimentos de privación sensorial se ha recurrido al blanco extremo, con lo cual la purificación hacia un único color provoca pérdida de facultades. En un ambiente cinematográfico, el recinto final de la Matrix, donde se esconde el Arquitecto del sistema, también es por completo blanco. En esa escena se alcanza noción de la mente en blanco alcanzando sus límites, donde la luminosidad y su reflejo se extravían bajo el exceso. 

El mosaico blanco y negro expresa una dualidad precisa, sin “medias tintas”, en el sentido de mediocridad, para observar en su pureza la operación de los polos opuestos. Esa claridad mental sí es fundacional para la masonería, pero no asume el exceso estridente de hiperblanco ni de hipernegro. El extremismo de las emociones y los sentidos corresponde más al vicio que al esfuerzo que vence las pasiones. El racismo más conocido implicaba una especie de religión fanática con adoración por lo hiperblanco, afirmando absurdamente que existía una raza superior, ya descendieran de los pueblos arios o de unos vikingos de la mítica Hiperbórea. La historia del siglo XX mostró el desastre que provoca el racismo fanático. 

La masonería rechaza el racismo y la discriminación (aunque el público poco informado todavía no se entera de eso) y en su filosofía ética asume que la humanidad es una gran familia, ante la cual toda persona está invitada a ejercer la mutua fraternidad. Descartando el extremo hiperblanco, la función ética está presente hasta en la estética.

 

domingo, 16 de febrero de 2025

UN DÍA DESPUÉS DEL DÍA DEL AMOR Y LA AMISTAD


 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

Conforme el dulce eco del Día del Amor y la Amistad se apaga, entonces con más motivo elevaré al Amor y la amistad en sus infinitas emociones. Los místico, teólogos y religiosos afirman que el Amor es la manifestación suprema de la Divinidad y que no existe poder terrenal que se le oponga y su comprensión plena escapa (o trasciende) al simple entendimiento. Los poetas místicos apelan a algún sentido suprasensible para alcanzar esa plenitud, tal cual los cánticos de San Juan de la Cruz[1] o los arrebatos de Santa Teresa de Ávila[2]. Que son sentidos al límite, que traspasan lo evidente como el multifacético y terrenal Pessoa[3], o los militantes del materialismo como Neruda[4] y Octavio Paz[5]. La ebullición del amor está presente y no hay un instante por pequeño que sea del tiempo donde no haya una oportunidad que acontezca, por eso en los otros 364 días, conviene latir y sonreír. El Amor en su abrazo universal lo alcanza todo, sube hasta lo más etéreo, sublime y divino para descender hacia lo más terrenal y mundano como una piel y un roce de cabellos. Es Amor cuando se expande hasta lo más lejano de la mirada y deslumbra en cada estrella visible, se esconde en lo más usual como uno labios pintados en una servilleta y escapa hasta el óleo clásico del más afamado pintor renacentista. El Amor en su enlace universal nos atrapa a todos y trasciende fronteras (ahora que el inútil gesto de clausurar los espacios está de moda) para moverse sin descanso, por eso Cupido tiene alas. Y una vez que llega Cupido no se escapa ni el más ágil de los prófugos, por eso se le representa como una flecha… Por eso y por mucho más, los otros 354 días del año también son del Amor y la Amistad. 

 

NOTAS:

[1] San Juan de la Cruz, Noche oscura del alma y otros.

[2] Santa Teresa, Las moradas.

[3] Quizá más estimado por la multiplicidad y extensión, que aquí es una manifestación del Amor. Fernando Pessoa dice: “No sé cuántas almas tengo/ A cada instante cambié”

[4] Lo más famoso del chileno Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

[5] Del mexicano Piedra del sol, donde morir y amar se funden en un ritual ancestral. “Un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea…”