Por Carlos Valdés
Martín
En
este escrito muestra el fenómeno del juramento lo que demuestra sobre la
condición humana, con lo cual abarca aspectos poco conocidos, los cuales
explican la importancia del “juramento”. El juramento se relaciona con un tipo
de intensidad, la cual acontece cuando la palabra posee tal validez y carga de
consecuencias. Los enamorados juran amor eterno y los conjurados prometen “vencer
o morir”, así que la naturaleza del juramento no es apta para situaciones
triviales.
Ø Únicamente el ser
humano en plenitud
Los animales o las plantas nunca juran,
por más que sus afectos sean fieles y sus comportamientos predecibles. Las computadoras
no juran por más que sus circuitos posean información y velocidad de
procesamiento tan impresionantes que prometan una “inteligencia artificial”. Cuando
los animales migratorios regresan al sitio donde nacieron sus retos son tan
difíciles que semejantes a las personas más decididas cuando cumplen sus promesas.
Quien está trastornado o padece de sus facultades se le considera incapaz de un
auténtico juramento.
Ø
Definición
El juramento es la afirmación
solemne o sagrada que realiza una persona, comprometiendo la seriedad de lo que
se asevera. Aquí analizaremos al juramento solemne como el modelo clave y donde
está la estructura completa del jurar. El hecho de jurar es común a los
diferentes pueblos y proviene desde épocas inmemoriales, cuando se demuestra la
plena importancia de lo afirmado. El diccionario únicamente incluye algunos
sentidos de este concepto, como su solemnidad ante Dios y su uso ante códigos formales,
así como la afirmación misma.
Ø
Etimología de jurar
El verbo jurar proviene del término romano
para la justicia “ius”, pues la costumbre indicaba que era un acto judicial, y
se juraba ante la corte. La palabra juramento en latín es “iuramentum”.
En ese sentido originario, resulta evidente la relación del acto personal de pronunciar
un juramento con la virtud de la Justicia y sus consecuencias sociales.
Ø
Confusión con la afirmación
vana
La costumbre confunde al juramento solemne
y estricto con la vana promesa de la vida cotidiana cuando se argumenta “Te juro
que yo no fui”. Esta modalidad de afirmación reforzada no implica una promesa
ni una solemnidad, únicamente manifiesta un refuerzo a lo dicho. Es válido
considerar a esta modalidad como la “hermana menor” del juramento, porque desde
esa afirmación simple se puede transitar hacia las solemnidades y la situación
del juramento.
Ø ¿Qué nos aporta la
solemnidad?
Es un discurso que requiere ese carácter de
seriedad y algunas formalidades que llamamos solemnes. Sin las solemnidades el
juramente se confundiría con otro tipo de afirmaciones más mundanas y que no
adquieren importancia. Algunas solemnidades como la presencia de testigos de honor
(a Dios propone el diccionario), gestos rituales (los típicos de levantar o
extender la mano) y la inclusión de amenazas ante la violación del juramento
proporcionan intensidad a este acto.
Ø Diferencia de este
discurso (estas palabras) respecto de cualquier otro decir
Este tipo de afirmación requiere de una
tensión interior que corresponde a una intención. A esa tensión aquí la llamaré
esfuerzo, el cual requiere de brevedad y atención. A diferencia de los discursos
prolijos que se prolongan en el tiempo, el juramento es breve, con un tiempo
exacto y suficiente para dejar en claro lo que se ofrece, a quién se le ofrece,
sus alcances y hasta castigos.
Ø Adquirir fidelidad hacia
una decisión
El juramento adquiere sentido al permanecer
en el tiempo y establecer un lazo indisoluble entre la persona que jura y lo
prometido; en tal sentido, es un matrimonio entre la persona y el conjunto de
afirmaciones, las cuales habrán de permanecer junto a su íntima persona.
Ø Futuro, pretender controlar
el nuestro
El filósofo Nietzsche en el prólogo de Genealogía
de la moral, hace hincapié en que jurar es pretender controlar el futuro, para
él implica una vana intención, pues el futuro no está bajo el control de las
personas ordinarias. El control del futuro en manos de personas extraordinarias
sería una excepción, aunque resulta más notoria la caída de los líderes ambiciosos
que parecían comerse al futuro.
Ø Futuro: atrapar el
instante siguiente y el largo plazo
Los defensores extremos del “aquí y ahora”
como lo único real olvidan que el mínimo instante está en carrera perpetua
hacia el futuro. Quien conduce un vehículo lo hace sabiendo qué tanto se
acercan y alejan los demás automóviles; cuando falla su predicción acontece una
colisión. Definir con claridad qué sucede en los siguientes segundos es vital
cuando se conduce cualquier vehículo. Esa exigencia de atinar sobre el próximo
segundo no es una novedad, pues el cazador primitivo requería de esa misma habilidad.
En el largo plazo acontece algo semejante, para contar con un “proyecto de vida”
requerimos de mirar el horizonte de los años venideros. El juramento es un
intento de atrapar nuestro futuro.
Ø Memoria: obliga a
recordar y a darle vida a un acto pretérito
El personaje desmemoriado carece de capacidad
para jurar. Con un olvido radical queda fuera de la voluntad cualquier
juramento. Ante la debilidad de la memoria se redacta y firma promesa cuando el
propósito es firme. Antes de la escritura se recurría al testigo para que diera
cuenta del “honor” depositado en un juramento. Por esa cualidad Mnemosina (la
Memoria madre de las Musas) también era requerida en los juramentos antiguos.
Ø Control: pretenderlo para
sí mismo
Mientras haya memoria o testimonio se
establece el control sobre un pasado, sin embargo, el futuro es más incierto.
El acto de jurar intenta controlar el futuro, al menos, en cuanto uno mismo
pretende mantener una palabra que no se lleve el viento y una voluntad endurecida
por la decisión. Conforme el futuro resulta más previsible, el cumplir promesas
resulta más frecuente.
Ø Hipocresía: combatirla
El juramento intenta un acto de síntesis
entre palabra y obra, garantizada por la continuidad del pensamiento; en ese
sentido, su enemigo es más la hipocresía que la fatalidad. Cuando hay
hipocresía el juramento se disuelve, cuando triunfa el juramento entonces la
hipocresía es desterrada.
Ø Contra la ignorancia
Quien jura se comporta como si conociera
sobre lo que promete y las consecuencias, así como las dificultades posibles para
cumplir su cometido. Ahora bien, esto no implica que la ignorancia está
desterrada, pues quien jura puede ignorar el contenido de su promesa solemne,
carecer de claridad sobre el código explícito e implícito de sus votos,
desconocer los obstáculos y no poseer una idea real de su fuerza de voluntad;
en suma, cabe que se haga juramento con los ojos vendados. Sin embargo, el más
somero examen muestra que ignorar en situación de juramento vulnera la pretensión
de solemnidad y resta importancia al acto.
Ø Ambición abatida
Quien jura reconoce principios superiores
a su persona, lo cual implica un freno a la ambición desmedida. La propia
promesa adquiere una fuerza de Ley que refreno cambios de ánimo o apetitos sucesivos,
pues quien es fiel a su palabra, entonces no desviará su ruta. Sin embargo, una
ambición inesperada podría provocar que se olvidasen las promesas por severos
que sean los castigos, lo cual es evidente en el caso de políticos encumbrados cuando
jurar cumplir y hacer cumplir la Constitución de su patria, pero caen en un
desvarío de corrupción. Mantener la palabra requiere conceder algo y esquivar los
desvaríos como los que genera la ambición desmedida.
Ø Fortaleza para
sostener su palabra
La persona que jura afirma que posee la
capacidad para sostener su palabra y quienes reciben esa promesa, junto con los
testigos, estás suponiendo que es capaz de hacerlo. Sostener la palabra implica
algún nivel de fortaleza y mientras mayor sea la dificultad mayor será la
voluntad exigida. En ese sentido, ejercer juramentos equivale para la voluntad a
lo que es ejercicio para la fortaleza del cuerpo.
Ø Palabra es revaluada
Mediante un juramento el valor de la
palabra crece y deja de ser un simple discurso de referencias irrelevantes. En
este caso, la palabra adquiere varias anclas: hacia la persona que las
pronuncia, pues debe estar atento a su texto y a no olvidarlo; hacia los
testigos que se convierten en cómplices del acto, hacia el código que da
sentido al juramento y hacia quienes toman la promesa. A partir de este acto la
palabra adquiere seriedad, sentando una especie de renacimiento.
Ø Castigo acostumbrado
por la ruptura
Aunque en teoría podría no existir ningún castigo
o pena impuesta por un juramento, la costumbre generalizada es imponer alguna sanción
por incumplimiento. En general, toda prohibición legal marca un castigo por la
falta, y en ese sentido, el juramento se presenta como uno de los pilares de
las acciones jurídicas. Ante un tribunal el testigo jura decir la verdad y el
incumplimiento supone una pena.
Ø Libertad lo hace
auténtico
El juramento mientras más libre resulta
más válido; pues una situación de obligatoriedad bajo amenaza termina por
desvanecer la efectividad ética y judicial de la promesa. Aunque pudiera
considerarse que hay muchas situaciones intermedias, pues el recluta está
amenazado de castigo si deserta del reclutamiento y aun así se considera válido
su juramento para prestar un servicio militar. Una extrema falta de libertad
hace que la promesa sea vacía y ceda paso a la hipocresía.
Ø Decisión: el jurar
eleva la capacidad de decisión a un nivel superior, convierte la decisión en
firme y en ocasiones hasta definitiva
Este acto es una de las maneras en que se
decide, de tal manera que la fuerza de la promesa establecida para un futuro
ahora las decisiones contrarias a cumplir lo jurado. Vale señalar que se trata
de una decisión que limita muchas decisiones del futuro, todas las que tengan
que ver con el incumplimiento de lo jurado. En esto el juramento posee la
estructura de las “decisiones fundamentales” o vocacionales, aquéllas que
marcan grandes trechos de vida, por ejemplo, el decidir una carrera profesional
que implica embarcarse en una larga determinación de actividades y compromisos.
Basta decidir una carrera para dedicarse años al estudio y después la vida al
desempeño profesional.
Ø Lugar solemne
Según el tipo de juramento existen sitios
especiales para realizarlas, aunque existan opciones para la creatividad, como
la promesa matrimonial. Las cortes judiciales, los templos y en particular sus
altares son sitios adecuados para realizar promesas.
Ø Testigo
solemne
Resultaría válido un juramente realizado
en la soledad más completa, ya sea en un recinto solitario o en una oscura
celda. El individuo es capaz de desdoblarse y en su propia conciencia poner al
testigo de honor y en sus propias palabras definir el texto más solemne; sin
embargo, resulta más usual pensar el juramento en términos de contar con una
autoridad que sirva de testigo. En el discurso es común poner a la divinidad o
a una autoridad como testigo de honor sobre la promesa efectuada.
Ø
Verdad: sin ella no hay
El juramento busca establecer una verdad
bien definida, por ello no pertenece al espacio de la duda o de la ambigüedad.
Lo idóneo es pronunciar promesas evidentes en sus términos, como la que hacen los
enamorados, como el “Te amaré hasta que la muerte nos separe.” Pierden sentido
las afirmaciones auto-contradictorias (como “Prohibido prohibir”), indefinidas (como
“juro que no sé qué sucedió”) o rebuscadas (como “pagaré cuando la sirena vuelva
al mar”) pierden efecto. El juramento solemne ama a la verdad, no guarda
espacio para el escepticismo.
Ø Promesa
simple
También se llama juramento a la simple
promesa, que para este argumento es la hermana menor del jurar solemne. Ante
los reclamos de noviazgo el cuestionado responde con un dudoso “juro que sí te
quiero”. Bajo esta forma menor sin solemnidades y sin tal fuerza de la palabra
empeñada aparece el “jurar”. Así como el juramento solemne y formal es como el
oro, la figura de juramento banal y por ocurrencia es una moneda devaluada,
incluso es su directa falsificación.
Ø Conjura:
cuando es fuente de Poder
En algunos casos, el conjurar se define
como un acto de Poder, pues el compromiso de asociación durante un juramento
adquiere tal fuerza que resulta un factor temible. Muchos de los grandes
acontecimientos políticos desde la Antigüedad han comenzado con una reunión
para jurar. Por lo mismo, el término “conjura” resulta fuerte y lanza una señal
de alarma para los gobernantes. Se entiende que únicamente cierto tipo de
promesas con intención para derrumbar un poder merecen el nombre de conjura.
Ø
Fidelidad
Las narraciones romanas señalan que además
de la diosa Justicia se invitaba como testigo de honor a la divina Fidelidad.
La diosa Fidelidad era favorita para invitarla a testificar los juramentos,
mientras la Justicia era ante quien se presentaban los votos, al regir el
sistema judicial antiguo. El propósito era demostrar que la persona se
mantendría fiel a su promesa y palabra.
El
concepto de fidelidad también es del máximo interés para establecer relaciones
románticas, donde se pretende que haya una reciprocidad y se evite el descarrío.
Los juramentos matrimoniales usuales hablan del apoyo recíproco en los buenos y
malos momentos de la vida y se señala el ofrecimiento de fidelidad perpetua
hasta el final de los días.
Ø Perjurio
y otros antónimos
La falta llana del juramento crea el
perjurio como una forma de traición o rompimiento. Conforme las sociedades se
han vuelto más laxas resultan escasos los juramentos solemnes, por lo mismo sus
opuestos terminan escaseando. Por lo mismo, resulta llamativa la utilización de
perjuro como una palabra dominguera o culterana. En su lugar, las variaciones antónimas
de la “hermana menor” son cada vez más usuales, entonces la crítica a la
mentira se vuelve repetitiva y hasta obsesión.
Ø
Conclusión
El juramento solemne posee una estructura que
revalúa la palabra para que ella se empeñe; estima el honor y el cuidado que se
pondrá en la palabra ofrecida; presupone una libertad y la capacidad mental de quien
ofrece su juramento; involucra la voluntad para mantener lo prometido durante
el tiempo pactado; posee fidelidad para no abandonar lo que quiere… En fin, el
juramento revela un ideal sobre la condición de quien promete: valioso, honrable,
libre, capaz, voluntarioso y fiel. La presencia de los juramentos solemnes revela
un ideal de humanidad.
NOTAS: