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domingo, 14 de junio de 2015

RESUMIR NUESTRA AMÉRICA DE JOSÉ MARTÍ PARA EL SIGLO XXI









Por Carlos Valdés Martín


Por su herencia este breve ensayo, adquirió calidad de joya entre los textos donde se toma conciencia sobre Latinoamérica. La figura de Martí y su epopeya personal han merecido ese reconocimiento, cuando su amplitud de miras y generosidad le valió convertirse en bandera para las generaciones siguientes, no sólo de Cuba y América, también un reconocimiento universal.
La calidad de su escritura y el punto preciso de su itinerario personal marca una tensión superior y exige una lectura muy atenta de Nuestra América, revisando cada frase y repensando cada párrafo. Añade dramatismo esa circunstancia cimera de llamar a la acción pocos años antes de la siguiente insurrección en Cuba y la muerte del prócer en un enfrentamiento. La complejidad de su estilo con un denso destilado poético, unido a lo oportuno de sus consideraciones ha fascinado a generaciones posteriores.
Ese ensayo fue una arenga por llamar a la acción, una crítica por su fuerte dosis de cuestionamientos y un poema modernista en prosa por su estilo. Una clasificación convencional divide el ensayo Nuestra América en tres: advertencia (párrafos 1 y 2), explicación (3 a 10) y profecía (11 y 12), siendo en el inicio y final donde predomina esa visión de arenga para la acción.
El bello estilo de este ensayo deriva de las complejidades del modernismo con sus elementos: fantasía, poesía, sentidos, etc. Para la lectura actual, ese estilo presenta dificultades por sus sobrecargas metafóricas y poéticas, pero conforme más se bebe de sus líneas, resulta más delicioso. En las conclusiones se mostrará que los horizontes de su pensamiento muestran vigencia para la problemática continental, enfrascada en nuevas preocupaciones y viejas lacras.

El sujeto colectivo de su autocrítica
Para este cubano su primer personaje de controversia es el “aldeano”, que pronto demuestra que no describe al individuo físico que habita en la aldea, sino que se expande hacia cualquiera que sufra ese vicio de provincianismo mental y espiritual; incluso, con más razón, la crítica se enfilará contra quienes han engullido ideas europeizantes o visiones del extranjero[1]. Poseyendo Martí hondas raíces ibéricas, provendría del mismo grupo expuesto y, entonces, su enfoque levanta una autocrítica a la condición de los pueblos iberoamericanos, por lo mismo no cuestiona desde la soberbia. Las aristas de su autocrítica hacia nuestros americanos son diversas y entremezcladas con finura poética:
Por aldeanos, espíritus rústicos que confunden su mínimo sitial con el todo. Por desentendidos del mundo y centrados en intereses egoístas y malsanos. Por ignorantes, en especial desconociendo la ciencia del gobierno. Por confundirse en base a las ideas europeizantes. Por fantasiosos y faltos de voluntad. Por atacar y despojar a sus vecinos que son sus hermanos y oprimir a la población original.
Esa andanada de cuestionamientos contra nuestras taras la dirige para superarlas, en especial para reformar la situación interna y conjurar los peligros externos. Además, no presupone que lo debatido sea incurable, al contrario, irradia un trasfondo optimista al evaluar que los males tienen remedio y ya está en proceso la cura.

La escala: compararse con gigantes
En especial exhibe la inmadurez, la contradicción y el egoísmo en nuestras regiones como la fuente de muchas calamidades que hunden a la mayoría, y, además, abren el espacio para las amenazas externas. El cuestionamiento, de modo claro está marcado por un contrapunto, que incita a la evidencia: comienza indicando que afuera hay “gigantes” y “cometas”, seres metafóricos y enormes que sirven para “comparar”, lo que hay adentro con lo demás. La enormidad exterior sirve para unidad de medida: ante el coloso somos enanos. Aquí, la desmedida del gigantismo posee un efecto paradójico para moderar la crítica, pues ante el gigante ¿quién no se revela pigmeo? Ante el cometa ¿quién no resulta diminuto? Además los enormes son prepotentes para poner encima la bota y, en la metáfora astronómica, los cometas son capaces de ir “por el aire dormidos engullendo mundos.”[2] En ese juego de metáforas, la desmesura inicial permite redimensionar el problema y apretarse sobre el diagnóstico interior de las repúblicas prematuras (también una excelente alegoría del nacimiento sietemesino, del niño involuntariamente menor). 

Las armas ideales
¿De qué tamaños hablamos? ¿De qué depende la prematura América? Desde el inicio Martí pone muy en claro que lo medido son ideas, luego matiza indicando que el tamaño está en las miras y en la formación interna de los pueblos (en especial, en la educación de los líderes, que influyen en los rústicos). ¿Qué está corto en nuestra América? Las ideas son las recortadas[3], lo que cojea de pequeñez es tal idealidad. Por tanto, Martí propone otras que sirvan para una lucha que pareciera inminente[4], nos explica de ideas que son literalmente “armas”. “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada (…) las armas del juicio, que vencen a las otras.”[5] Por tanto, el prócer propone doctrinas fuertes en extremo y aptas para enfrentar su entorno: “No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados.”[6]
 
Objeto de la crítica fase 1: declaración de amor y patriotismo
Para crear el “objeto” interior de la crítica, primero Martí nos ha indicado su medida (compararse contra los colosos) y la materia de su espada (las ideas flameadas), entonces debe abundar en el retrato de estas tierras contrahechas e inmaduras. La autocrítica inicial, aparece bajo una nueva luz.
El primer requisito es una declaración de amor hacia Nuestra América que se ilumina con la luz de madre afligida, dando los matices clásicos de la nación oprimida. En un párrafo de lectura ardua, plantea Martí la disyuntiva entre el patriota y el apátrida, dejando claro que el amor a la madre común es la frontera definida “Pues, ¿quién es el hombre? ¿El que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel?”[7] El patriota se esmera en curar a la madre común, el apátrida la explota y oculta, aliado con la opresión (gusano de corbata y casaca de papel). En varias partes insiste en separar con fuerza al patriota (quizá aún inmaduro o acobardado) respecto del enemigo interior (indica “desertores”, “delicados”, quienes “arrastran” el honor…), y lo que separa esos dos bandos son actitudes de amor y fe en estas tierras y su gente humilde (permanecer con los indios). En consecuencia, la “madre común” adquiere la calidad de un valor supremo, identificándose con un nacionalismo[8] militante aunque ampliado a todos los países semejantes (desde el Rio Bravo hasta Magallanes) y a la humanidad entera: “Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.”[9]
Expone cómo la misma imperfección e inmadurez de nuestras repúblicas debe ser motivo de amor y aprecio. Relativiza el argumento sobre la inmadurez americana, al indicar que se ha avanzado mucho partiendo desde elementos tan contrapuestos. “De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas.”[10]

Objeto de la crítica fase 2: diagnóstico de miserias y causas del atraso
La herencia colonial: “La colonia continuó viviendo en la república”[11], ejemplificada en múltiples trazos, cual la “pelea del libro con el cirial”[12], o “los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso”[13].
Una masa sin educación cae en inercia y belicosidad: “La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia”[14] y “pueblos originales, de composición singular y violenta”[15].
Presencia de elementos contradictorios, que gravita sin ser imbatible: “de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados”[16]; tendencia natural al desorden de los elementos contrarios[17], y “Cansados del odio inútil de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural”[18].
Obstáculo para reconocer la verdad del país: “su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país”[19]. Incluso fantasías extraviadas: “ponen coche de viento y de cochero a una pompa de jabón”[20]. Una minoría que abrevó una falsa erudición[21] en el extranjero y se equivoca: “A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen.”[22]
Falta de alianza con los naturales y campesinos del país, desde la independencia cuando “entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse”[23].
Pero la plumilla de vomitar sobre la que descarga Martí su ácido es contra las minorías que uniendo esa incapacidad de mirar a los pueblos, usando ideas extranjeras, además se aprovechan de las tierras o indígenas, provocando opresión o tiranías: “Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer”[24], “¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!”[25]

Las dos palancas para remediar los males: valor y saber
Contra tales defectos arrastrados por las tierras americanas, bastará remediarles con dos factores básicos: valentía y conocimiento. La valentía es un término para sintetizar un caleidoscopio de cualidades morales propugnadas por el prócer independentista —integridad, arrojo, decisión, compasión, justicia y demás que también se denominan virtudes— que empujan en la dirección de una confrontación abierta contra un poder añejo y opresivo: la colonia española sobre el Caribe. Ese caleidoscopio particular, en este caso de urgente arenga, exige de la osada valentía para enfrentar los males padecidos[26], “A los sietemesinos sólo les faltará el valor.”[27] Entonces esa sería la clave para reunir las partes contradictorias, agregarle valor al humano prematuro de estas tierras. Por lo mismo, él es un gran moralista, dispuesto a pagar con su ejemplo esa prédica de vida.
El segundo factor decisivo es el conocimiento, que más específicamente, lo refiere a un saber del buen gobierno, los conocimientos para alcanzar el máximo nivel civilizatorio para las tierras mestizas y obtener una comunidad rigiéndose bajo ideales, por tanto, es el saber que conduce hacia una república con cualidades de utopía. Una y otra vez insiste que el arte del gobierno importando es insuficiente (cuando es bueno[28]) o hasta perjudicial cuando es malinterpretado, convirtiéndolo en una ventaja de las élites. Por tanto, la mayor urgencia está en la asimilación sobre el saber del buen gobierno local, con raíces en la propia situación y no en nociones importadas[29]. Por eso la nueva generación habrá de crear ese arte del gobernar[30]

Las metáforas naturales: el tigre y el árbol
Entre la carretada de las metáforas poéticas y modernistas que entrega Martí en este ensayo, destacan la vegetal del árbol y la animal del tigre fiero. El árbol se refiere a los pueblos americanos[31] y a sus tierras inalcanzables para la ignorancia[32]. En este contexto, el término naturaleza adquiere un valor múltiple y repetitivo, siendo uno de los términos más repetidos en este ensayo; pues designa la situación real de las naciones, la complexión de las mayorías[33] y el modelo de solución, pues “El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.”[34] Esta multiplicación del término “naturaleza” resulta en extremo interesante, porque su amplitud acuña una moneda de valores múltiples para una utilidad exhaustiva y hasta engañosa[35].  
El tigre merece recordarse como la metáfora más inquietante en Nuestra América, cuando representa a la masa oprimida, al pasado irredento y hasta la asechanza externa. La fiereza con la que dota a este felino mítico es memorable: “El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima (…) El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.”[36] La amenaza es terrible, pues al combatírsele nada más se amilana y prepara su venganza; la presa se descuida y entonces la bestia regresa en la oscuridad; su asechanza se multiplica, reaparece en cada esquina. Aquí reúne las dos metáforas, la activa del tigre que suele emerger único y hasta individual, pero al converger con la multiplicidad del árbol, se convierte en una marea de peligro, pues acecha “detrás de cada árbol”. Vencerlo resulta casi imposible, pues su embestida es agónica y echando fuego por la mirada. Sirve cual metáfora paranoica, capaz de moverse y atravesar cualquier calma, en ese sentido de Deleuze por acercar a los opuestos[37]. En ese significado, ese temor justificado ante el pasado colonial, ante la violencia de los oprimidos y hasta las nuevas potencias imperiales opera cual viento que moviliza y reúne los anhelos de Martí. 

Mirada al porvenir: soluciones urgentes
Resalta que en su discurso, el prócer ya observa fuerzas vitales que avanzan en la dirección correcta; en especial, él estima ya surge otra generación de pensadores y dirigentes, con artistas y ciudadanos valerosos, que están adaptando las ideas al clima tropical, preparando el arte del buen gobierno y la convivencia entre los pueblos. Esto implica que están surgiendo, y los llama “los hombres nuevos americanos”[38] quienes cambian su mundo, y tras el genérico hombre nuevo, engarza en apretado conjunto al economista, orador, dramaturgo y hasta poeta que se aclimata y aporta ideas, inclusive el gobernante “aprende indio”[39]. Además tratándose de lo novedoso abriéndose paso, la pieza clave mora entre los jóvenes, quienes “Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear.”[40]
La solución de José Martí emerge basada en dos palancas valor y saber, que se liga a un aliento explícito de unidad hispanoamericana, de ahí su elocuente título de Nuestra América. Dichas grandes líneas de solución no están sustentadas en un simplismo, porque el mismo texto ya explica que se fundamenta en el arsenal ideológico del liberalismo clásico[41], junto con fuertes componentes de justicia social y retorno a las raíces. Si analizamos someramente, estos dos puntales se volvieron protagónicos para las nuevas ideologías políticas en el subcontinente durante el siglo XX: la justicia social derivó en populismo y socialismo; la agenda liberal y republicana alimentó el constitucionalismo y la democracia política; mientras la vuelta a las raíces nutrió el nacionalismo e indigenismo[42]; y, por si fuera poco, la llamada de Martí hacia la unidad entre naciones distintas, se adelanta al lado positivo de la globalización en curso.  En ese sentido, el vanguardismo del discurso resulta apabullante y muy alentador, indicándonos que han existido profetas laicos mirando los horizontes; siempre sometidos al síndrome de Casandra: incomprendidos por sus contemporáneos y admirados por la posteridad. Cabría preguntarse si la interpretación del siglo XX, sobre la herencia generosa de Martí, no resultará reinterpretada a la luz del siglo XXI tecnológico, que sigue tan sediento de justicia y unión entre los pueblos. Un nuevo siglo pletórico de gadgets maravillosos, pero tan urgido de fórmulas precisas con que los dirigentes se adapten a las urgencias de sus pueblos y aprovechen ese enorme arsenal de ideas que legó el prócer, José Martí: cubano por sangre y universal por visionario.





 NOTAS:


[1] MARTÍ, José, Nuestra América, “¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen.”
[2] Nuestra América, párrafo 1. En la literatura, la relación entre enorme y mínimo posee una gran funcionalidad en muchos cuentos infantiles y de aventuras. La alusión a las “siete leguas” corresponde al Pulgarcito de Perrault. Asimismo, la metáfora de lo enorme regresa hacia la gran dimensión, hasta la gran obra que busca Martí para liberar a América.
[3] El cambio de los tiempo, según Ortega y Gasset se marca primero en el cambio del sutil aire de la ideas, como lo señala en El tema de nuestro tiempo. Para otros, en el suelo nutricio de la producción es que surgen esas ideas, que carecen de historia propia a diferencia de la economía bien definida. Cf. MARX, Karl y ENGELS, Friedrich, La ideología alemana. 
[4] Nuestra América, párrafo 2.
[5] Nuestra América, en adelante, abreviado NA, párrafo 2.
[6] NA, párrafo 2. En el discurso Pinos nuevos indica: “El mucho heroísmo ha de sanear el mucho crimen.”
[7] NA párrafo 3.
[8] Se achata el concepto de “nacionalismo” cuando se reduce a la mera contraposición de países, cuando afirmar lo propio es denostar lo ajeno; esa visión se ajusta al nacionalismo colonialista, donde el esquema de relación es de ganar-perder. Los jilgueros más afinados comprenden que reivindicar una nación no implica denostar a las demás ni arrebatarles con rapiña; tal es el canto candoroso de Martí, que no es el único en ese sentido. Cf. ORTEGA Y GASSET, José, La rebelión de las masas. 
[9] NA, párrafo 12.
[10] NA, párrafo 4.
[11] NA, Párrafo 8.
[12] El cirial es clara alusión a la iglesia católica, que señala causa el atraso americano, NA, Párrafo 4.
[13] Entonces Cuba era una colonia, la última gran herencia del pasado colonial que los independentistas y patriotas del Caribe intentaban liberar. NA, Párrafo 7.
[14] NA, Párrafo 6.
[15] Al tema de la educación lo coloca más como causa del atraso y su efecto en la situación de inercia y violencia de las sociedades americanas. NA, Párrafo 4.
[16] Insiste en que la población nativa no es violenta como parte de su naturaleza, sino resultado de un resentimiento justificado y efecto de su falta de educación. NA, Párrafo 8.
[17]  “al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden” Párrafo 9. En el ensayo llamado Madre América, pone todavía más énfasis en la conjunción de elementos contradictorios que integran al continente, pero “¡Y todo ese veneno lo hemos trocado en savia!” en Madre América.
[18] NA, Párrafo 10.
[19] NA, Párrafo 5.
[20] NA, Párrafo 11
[21] “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.” NA, Párrafo 5.
[22] Coloca un gran énfasis en la falsedad del punto de vista adquirido por gran parte de las élites criollas y mestizas que están aplicando recetas extranjeras que no sirven; lo cual parece una ironía cuando se repiten las llamadas “recetas neoliberales” que insisten en mantenerse estériles o hasta contraproducentes en los países atrasados. NA, Párrafo 6.
[23] Gran parte del llamado se dirige hacia los esclarecidos como su interlocutor válido, para que se alíen con sus propios pueblos y corrijan el rumbo de sus naciones, tomando el ejemplo de Juárez y otros próceres latinoamericanos. NA, Párrafo 7.
[24] NA, Párrafo 6.
[25] NA, Párrafo 3. La carga emocional de la metáfora de la madre, se repite con el tema del encarcelamiento en Madre América.
[26] “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.” NA, Párrafo 1.
[27] NA, Párrafo 3.
[28] NA, Párrafo 4, “Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre cuajada de la raza india.”
[29] NA, Párrafo 4, “La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.”
[30] NA, Párrafo 12 “Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación.”
[31] “¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas!”, NA, párrafo 1. También la imagen final de un Gran Semí, está ligada al plantar semillas fértiles a escala mítica, siendo otra derivación de las divinidades vegetales, según notas de Cintio Vitier a la edición del Centro de Estudios Martianos de 1991.
[32] NA, Párrafo 2, “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo”.
[33] “Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales” NA, Párrafo 5.
[34] NA, Párrafo 4.
[35] Tal variedad de sentidos nos engaña fácilmente. Ese tan diverso apelar a lo natural del hombre proviene desde los filósofos ilustrados, con vertientes en el hombre natural bueno bajo la cáscara civilizada (Rousseau); pero también evoca al libro de la naturaleza (positivismo científico), al argumento liberal sobre los derechos naturales (Locke) y hasta la vertiente de Marx para un “valor de uso” natural bajo la costra “valor de cambio” del capitalismo, Cf. MARX, Karl, El capital y Grundrisse.
[36] NA, Párrafo 8.
[37] Deleuze y Guattari, Kafka por una literatura menor. El miedo móvil de lo paranoico posee gran fuerza literaria pues unifica cualquier campo y descubre innumerables sentidos; el opuesto dispositivo esquizoide, separa los sentidos, fragmenta las realidades.
[38] NA, Párrafo 10. Convertido en un tema en sí, tras la revolución cubana.
[39] NA, Párrafo 10. Esto implica la encarnación de la idea, al servicio de la comunidad, al modo de un cognitariado despertando y ajustando la contradicción enorme de un calendario atrasado. Las naciones requieren su propia capa de cognitariado; sus intelectuales en términos de Antonio Gramsci, Cf. Cuadernos de la cárcel.
[40] NA, Párrafo 10.
[41] NA, Párrafo 10, “que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena”. El programa liberal se caracteriza por su acento en las libertades, soberanía popular y los derechos. John Locke el primer gran pensador liberal, presenta su visión en el segundo Tratado sobre el Gobierno Civil.
[42] A final de cuentas, el populismo predominó en el siglo XX latinoamericano, a excepción de Cuba, lo cual resultó bien estudiado. Cf. IANNI, Octavio, La formación del Estado populista en América Latina.

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