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domingo, 10 de diciembre de 2017

ENTRENAMIENTO PACIENTE EN EL DOBLE SENTIDO





Por Carlos Valdés Martín

Conocí a la novia en un partido, ella era enfermera y espectadora que empujaba una silla de ruedas y no se veía cansada; al contrario, guiñaba el ojo para que algún galán le ayudara a conducir a su enfermito. Incitaban a acercarse la suma de melena castaña, cintura breve y pestañas largas con gesto entre amigable y plácido.

Lo anterior principió el lado tierno de esta narración, pero (el “pero” donde comienzan las objeciones y los dilemas) se han de imaginar que los entrenadores son una chinche en “salva sea la parte”, y el Don Entrenador comenzó a molestar conque:

—Practica hasta que te salga el tiro de chilena; pones las manos muy hacia atrás al hacer el movimiento, si no te das un golpazo.

Comprendamos que un coach exigente, aunque moleste, también es una bendición y representa la pista rápida para ascender en el nivel de juego. Soportar la práctica, poner máximo empeño y, para triunfar, también hay que ser paciente. (Vaya que he caído en esa palabra, que tuve la intención de evitar, aunque será mejor abundar en ella). Bienaventurados los pacientes en el doble sentido… aunque no nos dispersemos, que esta anécdota queda relacionada en cada detalle.

Tras varios intentos el jugador se raspó la mano, torció la muñeca, golpeó la espalda y quedó exhausto. El compañero de prácticas, un poco mayor, le insistió en que repitiera hasta lograrlo, además le explicó más sobre la posición de las manos y echar el cuerpo hacia las espaldas.

Durante la primera sesión el jugador únicamente rozó el balón sin darle dirección alguna. No se desanimó, perseveró varias semanas, hasta que comenzó a calcular el golpeo de balón en la chilena. Cada vez logró un giro más definido, incluso un brinco hacia arriba, logrando altura mientras torcía la espalda. En su casa miró muchas veces un video con los espectaculares goles de Hugo Sánchez, cuando lanza una pirueta de espaldas, conecta el balón con fuerza y sorprende al portero con su tiro de chilena.

Tiempo después, su novia le llevó flores blancas al hospital y se disculpó:

—Creí que habías muerto, las blancas son para el panteón.

—No te disculpes; dime ¿cómo jugué? Que ya ni me acuerdo.

Ella miró al cielo raso y se le iluminó la cara de futura esposa:

—Metiste tres goles, jamás lo habías logrado y el tercero de chilenita espectacular, pero te empujó el defensa, un empellón innecesario en tu movimiento de caída, y te dañó una vértebra contra el suelo.

El jugador puso una cara de contristado:

—No siento nada, ¿estoy anestesiado?

—El diagnóstico de cuadriplejia no es justo —ella, la misma sobrina de Don Entrenador, sollozó y se contuvo—, es una lástima conocerse empujando una silla de ruedas y terminar los días en lo mismo; así, que espero, con toda sinceridad, que el doctor que te atiende sea un imbécil y su diagnóstico haya fallado, porque…

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