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viernes, 11 de enero de 2008

FOUCAULT: LA CRITICA IMPOTENTE



Por Carlos Valdés Martín

CORRIENTE
Celebrado como uno de los grandes contestatarios del siglo XX este autor, Michael Foucault, presenta un pensamiento paradójico que a unos seduce y a otros repele. Sigue un balance de este autor, centrado en la colección presentada en la Microfísica del poder, donde él realiza una visión retrospectiva desde la cima de su carrera intelectual, porque describir su movimiento intelectual completo resultaría demasiado ambicioso. Ubiquemos a este autor: primero como estructuralista y luego se integra definitivamente como posestructuralista. En su primera etapa amplía y profundiza con radicalismo lo que caracteriza al estructuralismo: la supresión del sujeto. Alumno de Althusser que sobrepujó la apuesta objetivista, planteando una "retórica del fin del hombre" [1] y ya en los 70's sigue con su idea de que "Es preciso, desembarazarse del sujeto constituyente, desembarazarse del sujeto mismo" [2]. Bajo el dominio ideal de la estructura Foucault, parece contar con un pesimismo de fondo, su lectura podría invitarnos al desenlace de una tragedia. Porque si el dominio de lo "práctico inerte", la estructura, es el hilo conductor de toda la realidad humana, entonces la vida individual, queda refugiada en el último reducto conformado por el cuerpo (mejor dicho en cierta conciencia del mismo, su noción inefable), no tiene otra salida que padecer en la marginalidad.

EPISTEMOLOGIA: LA RELATIVIDAD DE LA VERDAD
Foucault se integra, al parecer alegremente, a la expedición de cacería en contra de la verdad misma. Retomando un legado del último Nietzsche, denuncia a la verdad como ilusión. A final de cuentas, no es posible una completa demolición del criterio de verdad, pero al menos se le atenúa. Observemos la siguiente cita: "La voluntad de verdad produce su conocimiento a través de una `falsificación primaria y permanente reiterada que plantea la distinción entre lo verdadero y lo falso'" [3]. Ese tipo de argumentación coloca un torpedo bajo su propio barco, disolviendo lo mismo afirmado, mediante una negación circular inmediata. Existen matices sobre la relatividad de la verdad, pero de cualquier modo afirmar que la distinción entre verdadero y falso es una falsedad, ya implica un autogol lógico, porque tener razón es ya estar equivocado, decir la verdad significa mentir. En cualquier caso observamos una relativización de la verdad, ligada a la productividad del poder, entonces debemos captar que "Por verdad, entender un conjunto de procedimientos reglamentados por la producción, la ley, la repartición, la puesta en circulación, y el funcionamiento de los enunciados" [4]. De tal modo que la verdad no es el conjunto de cosas verdaderas, sino un objeto del poder, producto de múltiples imposiciones. Más aún, niega que se trate de un fruto de la libertad, la verdad "no es, a pesar de un mito (...) la recompensa de los espíritus libres, el hijo de largas soledades, el privilegio de aquellos que han sabido emanciparse"[5]. A pesar de esa base negativa del discurso foucaultiano, la verdad no es posible erradicarla, por lo mismo se relativiza al extremo: "los discursos (ideológicos) no son verdaderos ni falsos"[6], mas en ellos se deben buscar los "efectos de verdad" al interior de los mismos.
Con la atenuación de la verdad (y junto con ella de la cientificidad, etc.) , solamente queda vivo el lenguaje, con sus complejos juegos entre el significado y el significante. En esta corriente postestructuralistas ocurre una completa explosión del lenguaje, ahora resulta doblar y desdoblar los discursos, exprimir las palabras, significar a los signos y asignar los significados, retorcer las evocaciones, liquidar las sobras sobre lo dicho, etc. Inicia Foucault desde el legado de Saussure, y entonces arranca de la lingüística estructural y su estudio del signo para sus primeros textos (Las palabras y las cosas), luego está tratando de manifestar independencia. "Pienso que no hay que referirse al gran modelo de la lengua y de los signos, sino al de la guerra y de la batalla. La historicidad que nos arrastra es belicosa: no es habladora"[7]. Sucede que Foucault está rechazando al estructuralismo clásico, donde la estructura anula al "suceso" (contenido irreductible de la historia), y en ese rechazo plantea el paso del lenguaje a la guerra, como modo conceptualmente adecuado de captar la historia (la totalidad). Sería una curiosa paradoja que el terrorismo extremo, la guerra, diera la posibilidad para comprender respetando un discurso clave, como el político y hasta histórico, que necesariamente nos remite a la totalidad de lo real. De nuevo la fundamentación negativa de Foucault amenaza con hacer saltar su teorización por la borda, lo cual no se cumple, gracias a que él no es consecuente, y mantiene el legado lingüístico en su discurso, combinándolo con otros ámbitos, la política, la geometría, etc. De tal modo lo muy prolifero, muchos escritos, se vuelve poco fructífero, pocas revelaciones.

HISTORIA
Junto con la verdad, el estudio de las causas se va evaporando, y poco a poco, van dominando "las condiciones de posibilidad" como si fueran las causas. En la arqueología del saber, de continuo las condiciones de posibilidad, -entorno social, ideológico, etc.- son presentadas como si fueran las causas del pensamiento. Bajo tal concepto, siempre existe la tentación de la metafísica de la continuidad, que al parecer con él se cumple con el escurrimiento eternizador del "poder". El sello de la historia es el bélico, la guerra misma le parece favorece la coherencia general de la historia, la coherencia de su herida, la continuidad de las luchas, las estrategias y las tácticas. En las obras posteriores, esto se conjuga con una creciente aceptación de la casualidad como demiurgo de la realidad, la consideración estableciendo la visión de que la historia es un accidente legislado.

CUERPO: LA ÚLTIMA TRINCHERA
El delirio dionisiaco originario refugiándose frente al orden apolíneo, tal es el núcleo humano que pretende reivindicar Foucault. Digamos que su bandera semeja el recinto de la libertad verdadera, una experiencia anterior a la razón, una inocencia originaria del cuerpo anterior a la sexualidad socialmente ordenada. Al parecer esa naturaleza pre-social escurre como agua entre las manos, la hipótesis de una libido virginal que siempre se escurre en cuanto se la cree atrapar. El cuerpo presente, el de las personas ordinarias, es el producto deformado de una gigantesca ortopedia del poder, pura sujeción, que va de la cabeza a los pies pasando por todos los órganos, porque las relaciones de poder penetran los cuerpos.

MILITANCIA
Tras los acontecimientos de Mayo de 1968, Foucault se identificó dentro de una corriente neoanarquista (aunque podría precisarse dentro de cierto liberalismo). Hay consecuencia con su visión del poder omnipresente y maldito, frente al cual solamente quedaría algo así como resistir sin esperanza. Se trata, según su propia definición explícita, de una militancia desestructurada, porque la totalización en la figura de la guía de los intelectuales es contraria a Foucault. Simplemente busca la sugerencia puntual, la colaboración transversal.

PODER E IMPOTENCIA
Esencialmente se considera a Foucault como un teórico del poder, aunque su enfoque sea diverso y variado, con estudios sobre el conocimiento, la historia, etc. Ante el poder su posición es la de un crítico sistemático, esa es su finalidad y deber, por eso "El papel del intelectual (...) es ante todo luchar contra las formas del poder allí donde este es a la vez el objeto y el instrumento: en el orden del saber"[8], pero se entiende, que no es "el papel" de lo que es sino el deber ser del intelectual; en ese artículo Foucault da el consejo a los intelectuales de que ya no pretendan ser vanguardia o conciencia general del pueblo.
Al mismo tiempo, este deber es una imposibilidad trágica en dos terrenos básicos. En primer lugar, el poder ha arraigado dentro de cada uno de los sujetos, tan profundamente, que no solamente se apodera de las conciencias, sino hasta de los cuerpos, el poder semeja al demonio logrando posesión carnal, porque "cada uno es en el fondo titular de cierto poder y, en esta medida, vehicula al poder"[9] y esto vive en el cuerpo "Existe una red de bio-poder, de somato-poder que es al mismo tiempo una red a partir de la cual nace la sexualidad"[10]. En segundo lugar, aunque en esencia el poder de Foucault es el enemigo principal de la humanidad, la encarnación del mal, éste posee un ser positivo: "Lo que hace que el poder agarre, que se acepte, es simplemente que (...) produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social"[11]. Si resulta que esa entidad produce todo eso resulta imbatible, cualquier combate resultará fútil, gestos en el aire. El combate contra un poder incluyendo en su seno a la producción, el saber, el placer y al sujeto individual (por no hablar del Estado, la policía, etc.) resultaría impotente[12].
El problema de fondo no es si esto contiene parcialidades ciertas o falsas, sino la base del problema. Foucault parte de atacar sistemáticamente todo poder, golpearlo, desmontarlo, y esa significa una intensión radical. Al investigar material concreto, en sus genealogías se va encontrando ramificaciones, que ligan a la forma evidente de poder estatal con la ciencia, el cuerpo, la producción, etc. Parece convencido de que presencia las ramificaciones derivadas de una misma cosa, del mismo árbol torcido del poder. Y las ramificaciones son positivas y poderosísimas, productoras de la vida humana, por eso Foucault insiste finalmente en la "productividad del poder", que es lo que le permite desplegarse a través de toda la sociedad, y por lo que el papel represor del poder lo considera secundario. Como para Foucault cada sujeto debe desaparecer de la teoría, entonces resulta que el árbol torcido del Poder produce también la realidad a la que parasita. Así, el poder puede ser concebido como absoluto, como el fundamento de sí mismo y de lo otro, esa sociedad a la que parasita. Sin embargo, casi en el más allá existe algo en el cuerpo que resulta martirizado, un remanente intocado, un componente dionisiaco que escapa por su otredad; sobrevive una corporeidad de alteridad tan radical que escapa incluso a la definición sexual, aunque de alguna manera ligado al placer. Parece que Foucault defiende una “alteridad del cuerpo m{as allá de lo sexual”, como verdadero núcleo de humanidad frente al abusivo poder.
Rebasar el horizonte de Foucault exige considerar que el poder (político) es lo derivado del poder (material). En el sentido radicalmente positivo del término “fuerzas productivas” está contenido el sentido real del poder, indicando que el esencial potencial (poder) humano es su capacidad de crear su mundo. Sobre esa gran capacidad de producción humano se levanta esa forma centralizada de tomar decisiones coordinadas, que llamamos en singular el poder. La existencia misma de decisiones coordinadas, la esencia del gobierno, Estado y política, se basa en la producción material. En este sentido, el horizonte radical no es la lucha contra todo poder, porque carece de sentido una lucha contra toda producción, contra las bases mismas de la existencia humana. En ese sentido, Foucault diseminando su ataque al poder por el camino de la microfísica, y entonces se contrapone, incluso a las bases de la existencia humana.
En general, la distinción entre poder positivo (productivo) y negativo (represivo) es necesaria, pero instaura una diferencia más radical de lo que supone Foucault, porque redefine el campo de batalla y a la crítica misma.

MICROFISICA DEL PODER Y PAPEL DE LA TEORIA
Curiosamente la confusión de Foucault obliga a que la crítica del poder se aloje definitivamente en la microfísica, pero contrapuesta y separada de la macropolítica. Foucault se manifiesta consciente de su bloqueo: "El papel de la teoría hoy me parece ser justamente este: no formular la sistematicidad global que hace encajar todo; sino analizar la especificidad de los mecanismos del poder"[13]. Foucault alaba las luchas puntuales y parciales como su modelo idóneo y también considera que las teorizaciones mejores son las parciales. Esto revela una intención positiva, y entonces creo que la práctica del movimiento feminista y homosexual lo confirma, así la crítica foucaultiana al poder resulta útil para una lucha parcial defensiva, se adecua como ideología para ciertos tipos de lucha. En especial, lo que sabemos de su vida y ciertos elementos de su teoría del cuerpo y de la sexualidad lo hacen adecuado al movimiento gay, porque precisamente no pretende reivindicar al cuerpo en tanto naturaleza o naturaleza reprimida (como el movimiento de la revolución heterosexual de Wilhelm Reich), sino de defender un más allá de la naturaleza corporal, un eros dionisiaco que se mantiene oculto a lo largo de la historia y cuya relación con el poder estatal es compleja, porque combatiéndolo lo sostiene[14]. De ese modo no debe sorprender la proliferación del impotente discurso del poder dentro de un importante movimiento de protesta social, porque su impugnación enmascara sus límites. Los enmascara porque ese discurso es útil para sostener una práctica de reforma con discurso radical sobre la vida cotidiana.


NOTAS:
[1] ANDERSON, Perry, Tras las huellas del materialismo histórico, p. 42
[2] FOUCAULT, Michel, Microfísica del poder, Ed. Tusquets, p. 181
[3] ANDERSON, Perry, op. cit., p 53
[4] FOUCAULT, Michel, op. cit., p. 189
[5] Ibid., p. 187
[6] Ibid., p 182
[7] Ibid., p. 179
[8] Ibid., p. 79
[9] Ibid., p. 119
[10] Ibid., p 156
[11] Ibid., p. 182
[12] Lo desagradable del discurso Foucault de la impotencia lo detecta también Marshall Berman, quien considera que éste niega cualquier clase de libertad. De ahí también su éxito: "sospecho, que Foucault ofrece a una generación de refugiados de los sesenta una coartada histórica mundial para explicar el comportamiento de pasividad e impotencia que se apoderó de tantos de nosotros en los setenta", BERMAN, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire, p. 25.
[13] FOUCAULT, Michel, op. cit., p. 175.
[14] En este punto cabe especular sobre la ambivalencia ante el poder. La relación entre el eunuco y el rey indica la complejidad de la refuncionalización entre el poder estatal y la condición homosexual, donde la represión y el apoyo no se excluyen. Esta contradicción entre las estructuras políticas y las emocionales en un largo periodo histórico refleja una ambivalencia, donde Foucault teoriza, porque su crítica aparentemente radical posee también un tinte de veneración al poder estatal, como si mirase hipnotizado a una luz todopoderosa emanando del Poder.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola:
Y pensar que tanta gente piensa que Foucault es un radical, mirando su teorìa como una carta de izquierda, una posiciòn anti-poder cuando resulta una posiciòn de pasividad, con una protesta cierta, pero pasiva.
Hector M