Por Carlos Valdés Martín
Advertencia previa:
al buscar resúmenes y reseñas de Mil Mesetas (adelante como MM) caí en cuenta que los reseñadores no saben
leer a Deleuze y Guattari (adelante como DG), porque es difícil y además tienen ganas de quedar bien, la raíz de
la hipocresía. Esos reseñadores evitan confesar que no lo entendieron en parte o en todo, y fingen
que ya son buenos “Deleuzistas-Guattarianos”. Esa ficción no aprovecha al
conocer. De repente entendí que el tema “rizoma” es tan popular, porque los
lectores incapaces de tragar una píldora tan grande no lograron entender, pero
para disimular, regresaron a la introducción y vieron el título que dice “Rizoma”,
y creyeron que ahí estaba la “neta del planeta”. Casi siempre los lectores que
comentan y resumen a DG dan la impresión de ser jóvenes de bachillerato que
transitaron por la licenciatura sin rebasar a la escuela secundaria. Hay excepciones
de lectores agudos o debatientes aguzados y, con el tiempo, surgirán más.
Por mi parte, debo
confesar que lo prolijo de DG estremece y sus conceptos están diseñados para
nunca ser tan precisos; pero “touché”. De eso se trata, la tendencia fenomenológica sigue las
texturas de lo que va encontrando y sus matices, sin ocuparse tanto de
la buena definición, sino de seguir la conexión. Ese problema se me hace
evidente con el término “capitalismo”, para el cual Marx logró alisarslo hasta
convertirlo en una sola dimensión del valor-trabajo en movimiento, para
ajustarlo a su utopía revolucionaria. Con DG el capitalismo cambio
constantemente, juega a ser un comodín que no se refiere a esa dimensión
densamente material (o económica de la estricta crítica de la economía política
de Marx) para saltar entre novelas de agenciamientos que integran
al jinete con el arma y la brida, para desplazarse en una “máquina de guerra”,
esa sí purificada, pero en tránsito de desaparecer o desplazarse. Por lo mismo,
el capitalismo de DG no es el capitalismo de Marx o de Smith, sino una operación más
complicada: “El capitalismo universal y en sí no existe, el capitalismo está en
la encrucijada de todo tipo de formaciones, siempre es por naturaleza
neocapitalismo; desgraciadamente inventa una versión oriental y otra occidental,
y la transformación de ambas.”
Por lo mismo, el entero discurso de DG parece anti-capitalista, cuando es anti-psicótico
y pro-expansión del lenguaje y las “mesetas”. El enfoque de DG es astuto, dándose
cuenta que el enfoque anti-capitalista usual ha abierto las puertas a nuevos monstruos,
luego rehúsan a tirar al niño (la rebelión del 1968 y otras resistencias
beligerantes) junto con el agua sucia (del Estado todopoderoso tripulando a un “movimiento
comunista” represor), por lo que aplican una operación crítica muy compleja,
comenzando por una crítica al micronivel: el discurso, la filosofía, lo real,
lo psíquico, etc. Este discurso facilita intensidades, aunque no señala una
ruta precisa; provoca mareos y cambios de rumbo; facilita descubrimientos y conexiones insospechadas; más
afín a la cultura sicodélica que a la academia, ofrece incursiones interesantes
y retos intelectuales, cuando se lee con cuidado.
1.
INTRODUCCIÓN:
RIZOMA
Se supone que esta es
la función de una introducción: dar antecedentes, explicar lo previo, poner en
alerta al lector distraído, pedir dispensa al lector, etc. Los prólogos y las
introducciones están hechas para saltarse, que aquí no resulta fácil. Esta Introducción
dice mucho, de manera complicada, por lo que el lector ingenuo o falto de background se
atorará en este pantano de arenas movedizas. “El Anti-Edipo
lo escribimos a dúo. Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos
muchos (…) Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente
formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes (…) Todo eso, las líneas y
las velocidades mesurables, constituye un agenciamiento (agencement).
Un libro es precisamente un agenciamiento de ese tipo, y como tal inatribuible.”
A estas alturas el lector ya debería estar “pariendo chayotes” (frutos
espinosos en dolorosa operación de parto), iniciando su desconcierto. Los
autores se presentan y se niegan, afirman que dos escritores han proliferado;
ofrecen una versión alternativa. Y luego llegan sus conceptos complicados y
clave, como el “agenciamiento” y lo inatribuible (a sus autores, los cuales
afirman que permanecen como convención).
El argumento anterior
resulta juguetón, aunque DG no son inexpertos, al contrario, han demostrado
astucia para colocar sus conceptos y sus procesos, con el afán que abrir nuevas
puertas al pensar, sentir y actuar. Por el lado de Guattari, hay contribuciones
a un efecto sanador, que proviene desde su profesión médica. Por el lado de
Deleuze hay una oferta filosofante y multi-hábil, ampliamente renegada y
contenida: de hecho, su lema perpetuo es contra la sencilla generalización y
radicalismo contra la unificación (que cada parte se dirija siempre hacia el
Uno), ya sea como concepto, sociedad o divinidad. Hay una seria alianza buscando
una sanación junto con la pluralidad radical, no la tradicional.
La multiplicidad aquí es una búsqueda, que todavía no empieza en este
estadio 01, pues: “Un libro es una multiplicidad. Pero todavía no sabemos muy
bien qué significa lo múltiple…”
Este aspecto de lo múltiple ha recibido una reflexión intensa y larga, que se
sirve te cuestiones como la numeración, la guerra, las emociones, los relatos,
etc., con el cuidado de nunca encausar completamente hacia un “eje central”,
tal como lo muestra su reticencia al modelo del árbol como operación del pensamiento:
“El árbol ya es la imagen del mundo, o bien la raíz es la imagen del árbol-mundo.
Es el libro clásico (...) La ley del libro es la de la reflexión, lo Uno que
deviene Dos. (…) estamos ante el pensamiento más clásico y más razonable, más
caduco, más manoseado. La naturaleza no actúa de ese modo…”
El esfuerzo de DG es salirse del pensamiento clásico y razonable, tentando unos
pasos adelante; salirse de la raíz clásica para tentar el “rizoma”, más apegado
a la biología real y a los intereses intelectuales de DG.
Adelanta su concepto,
aquí importante, del “cuerpo
sin órganos”, como señalamiento hacia el libro; sin intentar aclarar la
importancia de esa frase tan paradójica.
Dedicará un capítulo entero (el 06) y lo recorrerá en varias ocasiones.
Presentan DG a la misteriosa máquina, la
cual no es la metálica de la técnica automotriz, aunque no excluya esa
variedad, sino un efecto más universal. Tampoco presenta en el prólogo una definición
suficiente, sino su misteriosa multiplicación y dominio sobre el entramado del
todo, comenzando por señalar que el libro es máquina (literaria), y se conecta
con otras tantas: “Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior.
Puesto que un libro es una pequeña
máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina
literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina
revolucionaria, etc., y con una máquina abstracta que las genera?”
En vez de las usuales estructuras (de la sociología estructuralista) DG emplea
el término máquinas, para mostrar la operación de los ámbitos, y en un plano extenso
apunta hacia una “máquina general” (que no le agrada a DG que sea tan “general”).
Esta introducción avisa
que DG inventan un lenguaje pletórico
de neologismo y neoconceptos, que permanecen salpicados de geometría,
aferrados al nivel concreto, en lugar de volar por los aires. Por eso, se
ocupan de adelantar torrentes de su hacer (agenciarse): “Nosotros no
hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y
segmentaridades, líneas de fuga e intensidades, los agenciamientos maquínicos y
sus diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su selección,
el plan de
consistencia, las unidades de medida en cada caso.”
Presentan un libro,
entonces provoca más complicaciones, pues no se contenta DG con qué es ese
objeto, sino con sus vínculos explosivos. Lanzan una avalancha de lo que es más
que una simple impresión (desde la época pre-Internet). El libro levanta un efecto del agenciamiento
literario: “La literatura es un agenciamiento, nada tiene que ver con la
ideología, no hay, nunca ha habido ideología”.
En cuanto objeto lo define como “máquina literaria”. Este libro se opone a uno
de tipo árbol tradicional (saber clásico) para proponerse en el raizoma de la
multiplicidad (no clásico, no dualista).
Contra la Unidad (con mayúsculas) levantar la multiplicidad, así DG proponen estratagemas, de ahí los rizomas (y las
máquinas deseantes, los cuerpos sin órganos, etc.) para no integrar tanto, para
no unificar, sino para dispersar conectando, para juntar diferenciando: “Lo
múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una
dimensión superior, sino, al contrario, de la forma más simple, a fuerza de
sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siempre n-1 (sólo así, sustrayéndolo, lo Uno
forma parte de lo múltiple).”
Por eso, DG rompen el camino hacia la unificación simple: no les gusta la
jerarquía que lleva hacia el Uno; ni les agrada el despliegue del Uno hacia el
Dos (la dialéctica perfecta)… sino mantenerse en una fenomenología radical, la inmanencia
de bajo-el-suelo. Con la
multiplicidad como faro, muchos temas son irrelevantes, pues ha cuestionado la
unidad de sujeto-objeto: “Una multiplicidad no tiene ni sujeto ni objeto, sino
únicamente determinaciones, tamaños, dimensiones que no pueden aumentar sin que
ella cambie de naturaleza (las leyes de combinación aumentan, pues, con la
multiplicidad).”
A regañadientes
apuntan los principios básicos
del rizoma: “1.° y 2.° Principios de conexión y de heterogeneidad:
cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo.”
Conexión: todo se conecta con cualesquiera puntos y niveles distintos. Heterogeneidad:
no se alcanza la universalidad ni la homogeneidad vacía.
3º
Principio de multiplicidad, por el cual DG desconectan los muchos objetos,
signos, curiosidades, etc. respecto de lo Uno o lo Dual, escapando de la
generalidad. A lo arborescente lo denuncia como “pseudomultiplicidades”.
En el caso del rizoma la definición proviene de muchas negaciones, de
separaciones sobre modelos teóricos que DG están evitando: no es estructura; no
tiene puntos o posiciones sino líneas (que segmentan mientras también escapan o
fugan);
no hay unidades de medida; no se deja codificar; y una lista de “no es” con
velocidad de carrera. “4.º Principio de ruptura asignificante:
frente a los cortes excesivamente significantes que separan las estructuras o
atraviesan una. Un rizoma puede ser roto, interrumpido en cualquier parte, pero
siempre recomienza según ésta o aquella de sus líneas, y según otras.”
Insiste en que rizoma no es estructura, no delinea con tanta firmeza, ni tanta separación;
rompe pero regresa. 5. ° y 6. ° “Principio
de cartografía y de calcomanía: un rizoma no responde a ningún modelo
estructural o generativo.”
Enfatiza que su modelado es muy visual, corresponde a geometrías que siguen a los
cuerpos, los siguen y les hacen mapas.
Respecto del tiempo señala que es contrario a la evolución tradicional y
enfrenta a la genealogía (Nietzsche), es anti-genealogía.
Antes de terminar los
rasgos del rizoma, apuntan DG que se mueve a modo de sexualidad, animal, devenir
y fuga. La conexión resulta complicada, pero miremos a la afortunada dialéctica,
cuando estableció que la búsqueda de la verdad y el Todo, atraviesa por un
movimiento incansable, a ritmo de tesis-antítesis-síntesis; ya sea en modalidad
idealista objetivo o de materialismo revolucionario. “Lo que está en juego en
el rizoma es una relación con la sexualidad, pero también con el animal, con el
vegetal, con el mundo, con la política, con el libro, con todo lo natural y lo
artificial, muy distinta de la relación arborescente: todo tipo de ―devenires”.
Emplea el mapa, rebaja a la calca o fotografía que pretende identidad entre la cosa y su representación.
Sin embargo, no nos engañemos, DG emplean abundantemente los calcos, de hecho,
la fenomenología comienza por respetar más que nadie el calco (la imagen
inmediata); lo que hacen es colocar las fotos para integrar su mapa sin
confundirlas. Trae problemas serios contra psicoanálisis y lingüística, por
ejemplo, mira: “el psicoanálisis y la lingüística: el primero nunca ha hecho
más que sacar calcos o fotos del inconsciente, la segunda, calcos o fotos del
lenguaje, con todas las traiciones que eso supone”
La crítica radical al capitalismo en este tercer tomo del
proyecto se diluye por algo forzoso,
pues lo que rechazan DG es el aparato de uniformidades, cuando el mismo
capitalismo ha formado sus máquinas operando en las no uniformidades.
Hasta el capitalismo irrumpen las diferencias como nunca antes, surgen los
agenciamientos más diversos… sin que esto niegue las homogeneidades del
capital, las finanzas, el dinero, etc. De hecho, del aparente anti-capitalismo
surgió el aparato más ambicioso, para apoderarse de toda máquina y reducirla al
Estado. El centro de la disolución crítica es el Uno (y sus muchas mascaradas
teóricas) entonces el capitalismo no es su mejor encarnación; la discusión, con
facilidad se desliza hacia el Estado
y sus fundamentalismos.
La meseta es una entidad específica, proviene de la geografía, pero tamizada desde la
sexología, es un préstamo de Gregory Bateson, que sirve para indicar una región
intensa. La meseta es “una región continua de intensidades, que vibra sobre sí
misma, y que se desarrolla evitando cualquier orientación hacia un punto
culminante o hacia un fin exterior”
Entonces la meseta representa una “zona
de juego” para la reflexión, por tanto, posee su separación, sin reconocer
superior ni inferior, únicamente sus propias reglas.
Esto significa que los conceptos de DG podrían no encajar tan perfectamente, no
servirse unos a otros, ni alcanzar un Sistema, pero cada uno servirá para jugar
en intensa mente. El propio libro está escrito formando “Mesetas”, cada
capítulo es una; el conjunto del libro es un “Rizoma”. Aunque, con humildad, DG
estiman que ese nivel de intensidades “no lo han conseguido”
Ejemplo de sus zonas de intensidad (mesetas) lo presenta en una identidad, que va así: “Únicamente
hemos empleado palabras que a su vez funcionaban para nosotros como mesetas. RIZOMÁTICA
= ESQUIZOANÁLISIS = ESTRATOANÁLISIS = PRAGMÁTICA = MICROPOLÍTICA.”
Simultáneamente renuncian a la aspiración científica (nada con el “socialismo
científico”, lema tan querido por Engels),
ni recurren al disfraz de la propaganda (bajo la careta de “ideología”, según
campeaba la moda de Althusser y la corriente maoísta en Europa).
Colocarse en “otra
parte”, quizá en la mitad y fuera de extremos, como poniendo
hierbas en las palabras. El agenciamiento (operación) que buscan DG no indaga
principios (fundantes, constitucionalistas, axiomáticos) ni finales (utopías,
teorías generales, razón pura), sino posicionarse de manera difícil, quizá regiones
medias (no justo medio aristotélico) donde prolifere la vitalidad. Señala la llamada
“literatura menor” de Kafka como modelo de esa operación.
Aspira a la
Nomadología (otro neologismo, para “estudiar nómadas”)
enfocada a señalar una condición de movimiento y desarraigo que permite una
potencia peculiar, un ímpetu de velocidad como en la “máquina de guerra”. Pone
el ejemplo de algunos libros sobre la llamada Cruzada de los niños, ejemplo
delirante, que genera libros también alucinantes, con estéticas novedosas.
Asimismo, este carácter nómada revela al semi-sujeto que se invoca a una
multiplicidad despojada,
que por lo mismo es rápida y fantasmal.