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viernes, 11 de enero de 2008

REVOLUCIONARIOS DE CAFÉ (1a parte)

Por Carlos Valdés Martín


SE LEVANTA LA SESIÓN
Gira la hora
sobre la orilla redonda
redomada
regresando al mismo punto
después de 59 minutos el mundo ha cambiado
y estamos en el segundo uno
Los otros parroquianos está absortos en las compras del día
y en sus telehistorietas
y en sus hijos
y en sus dolores con esperanzas de la esquina rota
y en sus mujeres de cabelleras largas no tan suyas
y en sus hombres siempre infieles
y en sus propiedades no tan propias
y en sus recuerdos propios y prestados
A contrapelo de esos parroquianos propios
en esta mesa
que no es nuestra ni tuya
sobre estas sillas
duras y cercanas
sobre este aire prestado de ciudad
estamos tan preocupados
por el humo de una esperanza perdida
por un mundo que parece ser de ciertos amos
Los insomnes estamos preocupados y presurosos sobre un suelo
que insinúa tener amos
dueños: este mundo parece tener: dueños
Los amos se esconden pues ni las sillas
ni el aire
ni los parroquianos
ni sus telehistorietas
ni sus recuerdos
ni sus mujeres
ni sus hijos
indican ser de ellos
Vaya que hasta la tasa de café pareciera no ser de nadie
en este espacio reflejo de neón.
"Las cosas no pueden seguir así": dices
"Las cosas del mundo andan mal": confirmo
"Los recuerdos están pudriéndose hasta en los vecindarios": comentas
"Pero déjame que te diga": replico
"Lo que sí es aberrante": te alteras
"La miseria crece y crece": me indigno
Gira la hora
después de 59 minutos el mundo ha cambiado
y estamos en el segundo uno
"Esto no puede seguir así": sentencias
"Estoy contigo": concedo
"Existe un plan de lucha": anuncias
"Pero siempre existe un pero": anuncia el distante eco burgués de la inmovilidad
Gira la hora
después de 59 minutos el mundo ha cambiado
y estamos en el minuto uno
Muy cerca
preciso a su cita nocturna
llega el sonido de unos neumáticos
como un grito
que no gira
que tampoco es tuyo
ni mío
ni del vecino
ni del mesero
ni de los parroquianos
ni creo que pertenezca a los amos del mundo
El ruido de neumáticos asalta los cristales y se impacta en los muros
después un golpe seco
con un suspiro que lo ataja
Vidrios rotos como campana
Y antes de que terminaras de decir "Esto no puede seguir así" ya lo imaginas
Tras los cristales salió volando el periodiquero de la tarde
al vendedor de periódicos le cayó el silencio
la injusticia o el frío nocturno
en forma de carcacha
como faros con cofre
como casualidad y destino
como broma de inseguridad pública
Lo cierto es que el cadáver fresco de un vendedor de periódicos
afuera
a media calle
a media noche
levantó la sesión
sin que pudieras terminar
de decir: "Esto no puede seguir así"
y el resto ya no lo imaginas.




LA REVOLUCIÓN ES CAFÉ
Por su color
que era rojo y se fue coagulando
con esa palabra tan desagradable
del carmesí profuso
formó su charco
se estancó de heridas
cuajó en sus venas exteriores
y se convirtió en costras
lo que fue sangre
Por eso el color café es de la revolución
también un signo
además de un coágulo
Quizá por eso
los revolucionarios se reúnen alrededor de las tazas

OTRAS REUNIONES
Me dan envidia los delegados que asistieron al cementerio
los espectros no asisten a los congresos con regularidad
por eso un congreso clandestino tuvo un sitio maravilloso
eligiendo como refugio un lugar oscuro entre las lápidas
Los delegados se disfrazaron de frailes
con batas encapuchadas para hacer coro
y sigilosamente escaparon de la mirada policiaca
Las planchas de mármol los recibieron con indiferencia
nada importa en la falta de memoria
Pero las revoluciones son el ritual que levanta a las tradiciones
muertas
que hace temblar a las instituciones
también muertas
que conmueve a las conciencias
casi muertas
que subleva a las sensibilidades
incluso las sensibilidades de sus enemigos
que parecían muertas
Ese ritual se escondió entra las lozas de mármol
se ocultó en la noche
como si de verdad invocara ánimas petrificadas
Finalmente invoca en vano:
los muertos verdaderos tienen otras reuniones

GUARDIAS DE ALBORADA
Quienquiera que haya secuestrado a un loco
para martirizarlo y así escarmentar a los huelguistas
está más allá de la locura
ordinaria
callejera
somnolienta
Quienquiera que pretenda
maltratar al limosnero necio
no sabe de razones
ni de sentimientos

Los guardias del alba vieron que
lo tiraban como un bulto
estaba amarrado y tundido a golpes
Lloraba como niño
y no se explicaba
siempre un loco limosnero
no tiene palabras para disculparse
ni para acusar a sus raptores

El bulto lloraba y gemía
y en el pecho traía colgado un
letrero: "Pinches huelguistas les vamos a partir su madre"

Los guardias del alba rompieron el papel
mientras le ofrecían bebida caliente a
un bulto que lloraba y gemía

EL GIRAR DE UN TORNILLO
Diríase que es un orador
uno grande
una voz que convence
Erguido en ese promontorio
lo escucha el viento y la lluvia
como hace mucho tiempo
lo escuchaban los estudiantes
Hace mucho tiempo se fueron los estudiantes
-eran su generación-
ahora hundidos en sus propios afanes
-frescos en su recuerdo-
inalcanzables a su mirada
-clavados en su mente-
Hace años se alejaron los estudiantes
en la diáspora del fin de cursos
mientras él se anclaba
plantado en la bahía
mientras la marea escapaba
Cuando la marea estudiantil se alejó
con su tumulto y su algarabía
él se fue arrinconando en su promontorio
Hace años se alejaron los estudiantes
y ahora, por fin,
él es el mejor orador
por fin lo ovacionaron
las nubes del atardecer
lo corearon las estrellas
sollozó el sol del mediodía
Y ahora que es el mejor orador
erguido en el promontorio
está tan solitario
aunque las nubes ovacionaron
su último discurso silencioso

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