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lunes, 7 de enero de 2013

EL EROTISMO DE BATAILLE






Por Carlos Valdés Martín




El ensayo, titulado El erotismo, resultó atinado más por consonancia con el cambio de época y no tanto por su enfoque integral. Ese cambio de época lo marcó una “revolución sexual” en Occidente, signada por una enorme modificación en los roles de género, así como la aceptación de la anticoncepción y una visión distinta del placer, saltando desde el repudio católico-protestante-musulmán hasta una naturalización del sexo. La sexualidad pasó a ser objeto de estudio para la psicología, que aceptó la gratificación como una necesidad básica y superó la visión del “pecado de la carne”. La segunda mitad del siglo XX profundizaría renovando su visión del erotismo, desplazándolo del anti-valor pecaminoso al valor vital del placer. La propuesta de Bataille destacó argumentos interesantes, aunque sus “trama teórica” quedó relegada frente a la tendencia principal de renovación sobre el erotismo; aunque su vigor como propuesta marginal, la mantiene interesante y formando parte de las discusiones teóricas.

Generalidades

Georges Bataille es un creador sagaz y desconcertante. Con esa audacia reinventa un sistema de pensamiento, bajo la modalidad fragmentaria; lo suyo es un caleidoscopio para poner de cabeza la teoría social entera. Tan meritoria parece su oferta para "invertir" el concepto de erotismo, para prolongarlo más allá de sus fronteras biológicas (el mero sexo), como desconcertante su fórmula para "fundamentar de manera invertida" este asunto completo. En su perspectiva predomina el intento de "fundamentar" en lugar de demostrar. Encontrar los orígenes primeros es actitud propia de filósofos, predomina sobre el afán de demostrar, que es la actitud típica de otros científicos sociales[1]. Este importante ensayo sobre el erotismo se delimita en torno a la esencia del mismo, de tal modo que el asunto se extiende sobre una gran variedad de conexiones, más allá del concepto originario. En esto también, corresponde una categoría y singularidad del texto, porque el tema suele abordarse desde la psicología (sacar una base psíquica), exposición (mostrarlo) o moralismo (condenarlo), pero casi ninguno intentó “fundamentarlo” en el análisis.
Sin embargo, su característica delinea una "fundamentación negativa" donde el deseo vital de basa en la muerte. Para este singular erotismo de Bataille la base del concepto radica en su contrario: la muerte persiguiendo a la vida.
También es desconcertante su posición ética implicada, pues en partes semeja (o simula) un moralista, recién salido del seminario, como en otras semeja un fanático del mal o discípulo del Marqués de Sade[2].
El enfoque de Bataille es global, para atravesar los campos sin temor a las fronteras de especialidades, y este tema resulta adecuado para unir sociología, antropología, sicología, y su perspectiva se eleva con mayor generalidad para abrazar —en la apariencia engañosa— el indiferente terreno de la economía y busca alcanzar la máxima validez utilizando enfoque global (filosófico) y abrazando a todas las épocas. Este "enfoque filosófico" se desprende del argumento de la continuidad y discontinuidad del animal (pluricelular y humano[3]). El asunto está vinculado con una variación del existencialismo filosófico interdisciplinario[4]. Bataille remite la esencia del erotismo al tránsito desde la discontinuidad del ser y su captación hasta una forma de conciencia que busca la continuidad, la fusión erótica y trepa al límite: el terreno de la muerte. Digamos que busca acceder hasta la ontología antropológica revelada en el campo del deseo.
Sin embargo, emerge un erotismo casi sin deleite o “cachondería”, pues bajo esa óptica de generalidad “científica” Bataille se revela como pobremente “erótico” en su forma y contenidos para abordar el erotismo. El argumento no enfoca tanto las expansiones del placer sino sus colindancias con la muerte, su basamento de repugnancia, ligazón con la angustia, fraternidad con lo sagrado y la religión, y hasta el perfil místico (que no se confunde con el perfil erótico del misticismo). ¿Dónde queda el placer erótico? Abatido y marginal, más concepto que vitalidad. Haciendo un mínimo balance resulta evidente que la perspectiva de Bataille se ha mantenido marginal, mientras las teorías psicológicas avanzan para apoderarse del estudio del placer[5].

Conclusión adelantada: contra-erótico versus pro-erótico
Adelantando conclusiones, esta visión de Bataille acepta el horizonte anti-erótico (conservador, moralino, medieval, victoriano, católico) sobre el erotismo para mostrarlo y transgredirlo, pero ya lo asumió y permanece dentro de ese círculo “conservador”. La premisa conservadora consiste en la maldad de cualquier sexo (y el erotismo, amor sensual, unidos al sexo) y de ahí la lucha contra los instintos por ser violentos, demoniacos, anti-éticos, anti-civilizados…[6] De principio a fin, esta obra El erotismo no asume lo placentero dentro de la órbita del horizonte pro-erótico (hedonista, natural, estético, pagano, sexológico, progresista), sino que se sustenta en el punto opuesto. Bajo un esquema teórico original, Bataille acepta las premisas anti-eróticas de que cualquier sexualidad implica violencia y “bajos instintos”, de tal modo que esa actividad degrada. Otras visiones pro-eróticas, desde las cultura grecolatinas asumen que el erotismo (el placer que conduce al amor, en sus variaciones sutiles y directas[7]) eleva y conduce hacia la humanización y la divinización (son diosas del amor sexual). Bajo la teoría de la transgresión como base del erotismo quedamos atrapados en la visión más arcaica del sexo pecador y violento.

Continuidad y discontinuidad: la paradoja de la vida y la muerte

La ontología antropológica expone la existencia de un estado forzoso de individualidad, que es el estado discontinuo —radical ajenidad— que no puede ser superado [8], y Bataille pone de relieve que esa discontinuidad individual sufre de nostalgia [9] para restablecer la mera continuidad, tal como acontece una continuidad en la reproducción de los seres unicelulares [10]. Su hipótesis es un anhelo universal para restablecer la continuidad de la vida en cualesquiera variedades, hasta el abismo de la muerte. Porque para Bataille la muerte es continuidad, precipitar el ente discontinuo e individual, dentro del abismo de lo continuo y no individual. Argumenta: ese es el motivo del atractivo y fascinación de la tumba. El individuo cuando fallece se hunde en la continuidad radical, que resulta vivencialmente incognoscible (porque siempre conocemos desde la diferencia). La muerte aporta la clave de lo que significa para Bataille la continuidad del ser, donde está el "secreto del erotismo"[11]. Entonces el erotismo y la muerte están hermanados íntimamente, no describe una aberración sadomasoquista o una fantasía de Sade, porque en su reducto límite se comunican la intensidad orgiástica y el abismo del Tártaro[12].
En esa visión, la violencia es fundamento de la humanidad[13]. Aunque las siguientes declaraciones son como para asombrar y dejar atónito a cualquier lector, no por ello las vamos a omitir: "La vía de la degradación (...) (la prostitución) es preferible a la neutralidad que tendría la actividad sexual conforme a la razón, sin desgarrar nada más (...) ¡Sólo la violencia, una violencia insensata, (...) nos abre a la continuidad!"[14]. Digamos que esa idea de violencia define su contenido secreto de la sexualidad y la prodigalidad existente y su exuberancia. Además la violencia abre el camino de la transgresión y la vía para romper los interdictos. En especial, él alega su importancia cuando abre el camino para el erotismo, porque la transgresión la define como un ejercicio de violencia.

El interdicto y la transgresión

El humano sale de la animalidad, en este concepto de Bataille, mediante el trabajo y los interdictos. Que el paso del mono al hombre acontece mediante el trabajo es la clásica tesis materialista [15]. Pero él agrega otro punto crucial que sería el establecimiento de prohibiciones, denominadas interdictos, que concernieron a la actitud hacia los muertos y también, casi en paralelo, respecto de la actividad amatoria [16], sellada como sexo vergonzante.
En general, el interdicto es cualquier prohibición colectiva y cualquier indicación de "no". Digamos con Hegel que la razón última está en que espíritu (humanidad) significa negación de materia (naturaleza), confrontación con algunas de sus legalidades esenciales, por eso mismo instituir la sociabilidad crea restricciones y limitaciones, diciendo “no” al libre curso espontáneo de la exuberancia y la aniquilación. Porque la naturaleza para Bataille mantiene un curso destructor[17], entonces sucedió que "la posibilidad humana dependió del momento en el que, dejándose llevar por un vértigo insuperable, un ser se esforzó en responder no"[18]. La esencia de los interdictos importantes es oponerse al "derroche de la naturaleza", contra el desbordamiento recíproco de vitalidad y fatalidad presente en ésta. Los principales interdictos que agrupa refieren a: la muerte, mediante evitaciones morales y legales sobre el asesinato; al sexo, con limitaciones respecto del incesto y restricción del sexo al matrimonio; o al terreno de lo sagrado, con las delimitaciones que hacen intocable el espacio sagrado, pues tocar es profanar. Buscando sintetizar Bataille dice que el objeto fundamental de los interdictos es la violencia, porque en ella confluyen el sexo, la muerte y lo sagrado. Digamos que la figura del interdicto es semejante a la ley, buscando delimitar un campo de lo aceptable (confinamiento de las libertades), vedando los terrenos del mal o sobre-humano. Al vedar lo sobrehumano también define el terreno de lo profano y de lo ordinariamente aceptable.
Si el interdicto resulta la institución fundamental de la sociedad su pareja dialéctica es la transgresión; define un acto que levanta el interdicto sin suprimirlo. Existe una "complicidad de la ley y la violación de la ley"[19]. La violación de la norma moral, afirma, no jamás demolería la norma moral misma, de otra forma el pecado nunca acaba con la religión. Hay una complicidad secreta en este terreno entre la negación instituida del interdicto y la negación de la negación de la transgresión. "Transgresiones multiplicadas no pueden agotar el interdicto" [20]. Ni la transgresión más terrible, ni su multiplicación más prolífica abaten a su contrario, que más bien permanece como su motor secreto y su mira perpetua: "Echar abajo una barrera es en sí algo atractivo"[21]. Digamos, que la transgresión es interiormente (universalmente) impotente, no sirve para fundar un nuevo ente[22]. Pero, bella paradoja, también el interdicto es impotente (parcialmente), porque la barrera exacerba el deseo de transgredirla. Así, el tabú y el pecado alimentan el erotismo[23]. Y esto resulta muy importante, porque en el Bataille el interdicto crea un bien, genera un valor nuevo, por él nace esa "creación paradójica del valor de atractivo por el interdicto", tributario de una visión teoría subjetiva del valor[24].
Por la presencia misma de la paradoja también resulta que el interdicto social esconde reglas para su violación. Un caso extremadamente llamativo es el "interregno", cuando a la muerte del rey genera un estallido de violencia y destrucción, dando licencia en las costumbres con desaparición de los rangos y hasta profanaciones religiosas. El interregno marca un estallido de desórdenes, definido como periodo de duelo hasta que se instaura el nuevo rey [25]. Ahí la transgresión de una población entera se delimita durante un lapso, pero no es una transgresión fundadora[26].

Profano y sagrado

El mundo humano está escindido en estas dos esferas. El espacio profano es el espacio del trabajo, el territorio delimitado al interior de los interdictos, que es lo permitido y ordinario. Precisamente es el ámbito de la vida ordinaria protegida contra los asaltos de la muerte, la sexualidad y la naturaleza. Del otro lado, se encuentra lo sagrado, que en especial es un territorio sellado por la muerte, abarcando el mundo de los no vivos, sea como campo de los muertos, las divinidades, la magia o lo demoniaco. También el territorio de lo sagrado está acorazado por diversos interdictos, que evitan la irrupción del trajín cotidiano sobre su magia. Por lo mismo, la transgresión abriría el camino hacia lo sagrado, en especial hasta su lado negro, lo maldito, demoniaco y pecaminoso, aunque también hacia su lado positivo. Recordamos en varias mitologías a los dioses transgresores, y notablemente, a los que logran su divinidad a partir de una ruptura de las reglas[27]. "El mundo sagrado se abre a transgresiones limitadas"[28]. En especial, existe una asimilación religiosa de la transgresión por medio del campo lo divino, en otras palabras, la religión abre cauce para la violencia y al erotismo[29]. El sacrificio es la institución típica integrada a las religiones. En los pueblos antiguos la regla fue el sacrificio de animales, que se identificaban con la divinidad, claro que el discurso religioso afirma que ofrenda la sublimación más allá de la muerte y entrega de lo más valioso de la tierra en ofrenda al dios. Bataille no acepta ese argumento, y sostiene que se mantiene la violencia y hasta se duplica en el sacrificio ritual: "Una violencia tan divinamente violenta eleva a la víctima por encima de un mundo plano"[30]. En la misa católica, el sacrificio simbólico sigue integrando la figura desconcertante del canibalismo ritual sobre un dios encarnado.

Matrimonio, pernada y orgía: toda la sexualidad es violencia y trasgresión

Llevando las argumentaciones hasta su frontera Bataille considera que cualquier sexualidad, inclusive la más legal y legítima —que es la matrimonial— esconde el sello de la fechoría, el cual, bajo el manto de la religión contiene un signo de pecado. "El acto sexual tiene el valor de una fechoría, en el matrimonio y fuera del matrimonio. Lo tiene sobre todo si se trata de una virgen"[31]. Esta tesis desconcierta, precisamente por asumir el argumento religioso en su extremo, al tiempo que lo niega. La "demostración" empleada es desviar la mirada hacia un puerto contiguo, pues si cada "desfloración" implica una trasgresión, entonces eran adecuados los escasos aristócratas investidos para saltar sobre lo prohibido. "El sacerdocio designaba en principio aquellos que debían poseer por primera vez a la novia"[32] y en el Occidente cristiano se acostumbró dar al señor feudal la desfloración. El motivo fundamental, argumenta Bataille: la sexualidad se consideraba un acto violento, cuyo peligroso comienzo debía encargarse a detentadores del poder[33].
En sentido contrario al matrimonio, "la orgía es el signo de un perfecto trastrocamiento"[34]. Recordando algunas fiestas orgiásticas de la antigüedad, como las Saturnalias y Bacantes, el autor considera que reflejan la sexualidad del exceso peligroso, como el torbellino contagioso que trastoca al orden. Esas fiestas son una avalancha que busca la fusión ilimitada y pretensiones para la continuidad del ser. "El origen de la orgía, de la guerra y del sacrificio es el mismo: se sostiene en la existencia de interdictos que se oponían a la libertad de la violencia asesina o de la violencia sexual. Inevitablemente, esos interdictos determinaron el movimiento explosivo de transgresión"[35].

La prostitución

En este punto Bataille contiene, de nuevo, indicaciones sugerentes, adosadas también con comentarios que colisionan en su extremo, como veremos adelante. El objeto erótico lo define mediante una paradoja al presentar "un objeto significativo de la negación de los límites de todo objeto"[36]; conocedor de Hegel, plantea un extremo de la dialéctica trascendente, pero no como final (la unión de sujeto-objeto en el Espíritu Absoluto) sino como encarnación (el cuerpo de un género). Y dicho objeto general son las mujeres. Según afirma la actitud universal femenina es pasiva (donde se nota un discurso caduco, quedó rápidamente obsoleto) para invitar al deseo del varón, estableciendo una proposición al anhelo masculino que es agresivo[37]. "No hay en cada mujer una prostituta en potencia, pero la prostitución es consecuencia de la actitud femenina"[38]. El juego consiste en convencerla, las condiciones de su capitulación, respecto de lo cual "La prostitución propiamente dicha no introduce más que una práctica de venialidad"[39]. De mayor interés, está su consideración sobre la prostitución sagrada, donde no había degradación sino consagración al sexo. Las vestales recibían dones, regalos excesivos acorde a la materia inflamable que manejan en esa transgresión religiosamente ordenada[40]. Por último, le queda a Bataille preguntarse por qué la prostitución ordinaria se degrada. Para él la aparición del dinero comprando sexo no provoca su degradación[41], sino que la violación abierta del interdicto (el tabú anti-sexual, contra el erotismo) desvaloriza a la prostituta hasta el nivel animal. Como para Bataille en la esencia humana (social) descansa en izar una serie de interdictos, quien escapa y los evita por completo —en este caso, la prostituta moviéndose al exterior de los tabús— queda debajo de lo humano. El desmoronamiento de la condición humana conduce al nivel de los animales: como los cerdos[42]. Por la misma degradación, para este autor la prostituta es objeto erótico atractivo, por transgresora.

La belleza sirve para mancillarse

Para Georges Bataille la belleza queda definida como erotismo plasmado en un objeto, con límites y formas definidas. Hay contradicción con su definición básica de erotismo que es deseo de la continuidad, pero éste debe de adquirir cuerpo visible. La belleza materializa el cuerpo de una imposibilidad[43] (la continuidad en el mundo discontinuo), pero también el cuerpo de una tragedia, pues el hambre subyacente es el morir. De tal modo, que esa belleza salva esa imposibilidad y la tragedia queda suspendida, la condena mortal implicada en el erotismo temporalmente permanece atajada por la conquista de la belleza. "Nos satisfacemos con una ilusión. La posesión de su objeto (la belleza) nos dará sin morir el sentimiento de llegar hasta el extremo de nuestro deseo. No sólo renunciamos a morir: anexionamos el objeto al deseo, que era en realidad el de morir, lo anexionamos a nuestra vida duradera. Enriquecemos nuestra vida en lugar de perderla"[44].
Digamos que ese movimiento de disolución encuentra un asidero en la belleza, pero ésta encuentra su signo negro en este mismo ciclo. Ubicados en un nivel más concreto, veremos que Bataille piensa en la contraposición entre belleza del cuerpo concebida como lejana a lo animal[45], pero que el atractivo "no-animal" abre el camino para el contacto corporal con "sus partes pilosas, sus partes animales"[46]. Esa es la tragedia de la belleza, el erotismo integra parte de una “maldición” (por así denominarla) que pesa sobre la humanidad. Porque el valor deslumbrante de la belleza existe para ser mancillado, para motivar y cumplir la transgresión del erotismo. "La belleza importa en primer lugar porque la fealdad no puede ser mancillada y porque la esencia del erotismo es la mancha. La humanidad, significativa del interdicto, es transgredida en el erotismo. Es transgredida, profanada, mancillada. Cuanto mayor es la belleza, mayor es la mancha"[47]. Con lo cual, a manera de objeción, destaca que Bataille restablece un discurso tradicional contra Eva y su estirpe: ellas son eje del mal.

Un erotismo intocable

El erotismo de Bataille es un libro que no ahorra en dimensiones abordadas. Escondida entre los pliegues de esa conciencia vibra una tensión interior que reproduce las gamas de la emoción, oscilando entre el horror y el éxtasis. Casi se diría que ahí focaliza la conciencia de sí (una idea recibiendo ecos: Selfbebwstein hegeliano y “para sí” sartreano), en el engranaje donde esa inundación de cosmos se convierte en inundación contenida y hasta amurallada. Esta es una imagen paradójica, porque decir "inundación" y afirmar que termina contenida por completo se contradice[48]. Una poesía que capta en plenitud esta contradicción es la "Muerte sin fin" de José Gorostiza, donde la metáfora central es el vaso de agua representando a la conciencia ante su mortalidad.

La manera de quedar contenido es callar, aunque en el plano completo se acorralaría dentro del silencio perpetuo. Mejor aún, para Bataille esto queda forzosamente en lo incomunicable, porque el sentimiento erótico y las palabras mantienen un espacio vacío inconmensurable: son realidades de naturaleza ajena. Las palabras remiten al pensamiento y sentimiento, pero para el autor nunca emiten el estremecimiento erótico[49]. Existen otros sentimientos acompañados plenamente de palabras o gritos, pero el éxtasis se acompaña de gemidos; las palabras tiernas o excitantes se acompañan de "sensualidad", que para Bataille, demarca un territorio contiguo al erotismo, pero jamás lo toca. Así, este concepto de erotismo acontece dentro del reino del silencio.



NOTAS:


[1] Una tendencia ya presente en la reflexión de Heidegger, ese pensamiento que consideraba que remitiendo al momento "fundador" ya queda resuelto el problema de la verdad. La actitud completa es describir todo el círculo de la ciencia, que ya había insinuado Hegel. La importancia de remitir al origen de Marx no está peleada con la demostración por medio de los datos, claro que todo dato es procesado por el marco conceptual. Sin fundamento (remisión al origen) la demostración puede tener el "vicio de origen" o falta de base, pero la fundamentación sin demostración es generalidad vacía, el mero principio de una investigación.
[2] No es discípulo, pero sí “toma en serio” las visiones literario-especulativas de Sade, como lo hace desde otro punto de vista Beauvoir, en su ensayo sobre este último.
[3] Deriva desde una visión de Hegel sobre la muerte como discontinuidad. Cf. HEGEL, G.W.F., Enciclopedia de las ciencias filosóficas.
[4] En particular con la visión de El ser y la nada, de Sartre con una peculiar ruptura: Bataille es original y se enfrenta al “existencialismo” francés contemporáneo.
[5] De hecho, la cronología de la psicología como disciplina moderna se liga estrechamente a la comprensión de la sexualidad y sus dobleces, empezando por el psicoanálisis de Freud. Para que el proyecto de unificación de Bataille obtuviera éxito debería desplazar a este tipo de psicología.
[6] Esta explicación ya se vislumbra en Freud, pero queda en extremo clara con Reich, el primer sexólogo, con su La irrupción de la moral sexual. Bataille resultaría “otra vuelta de tuerca” a la irrupción de la compulsión anti-sexual, que toma la “cosa erótica” sin la intensidad placentera y requiere de mancillarla, para sustituir el placer ausente. Por ejemplo, en La historia del ojo el éxtasis ausente se sustituye por una manipulación física, la cosa-ojo escondida en la cosa-vagina.
[7] Como ejemplo, lo grecolatino que mantenía una dualidad entre virtud y vicio, pero no entre castidad y sexo, ya que buscaban la fortaleza para guiar a sus comunidades, sin excluir los placeres acordes a su comunidad. De ahí, cierta nostalgia del occidente cristiano por regresar a la inocencia griega. Cf. Nietzsche, Así habló Zaratustra.
[8] Obviamente es una idea madura de la individualidad, basada en las premisas sociales que ella implica. Encuentro eco con momentos de Hegel, donde plantea la dialéctica general de la individualidad, incluso como concepto de la naturaleza. Porque el mismo Bataille lo concibe como un resultado de la naturaleza, producto directo de la mera existencia biológica superior. Cf. HEGEL, G.W.F., Enciclopedia de las ciencias filosóficas.
[9] ¡Qué argumento tan platónico! Concuerda perfectamente con la teoría del amor del banquete, donde se hable de seres dobles que fueron separados por los dioses, a partir de lo cual existe una nostalgia por la "media naranja".
[10] Digamos como crítica, que inicialmente el argumento de la "nostalgia" indica una analogía originaria, pero que después se presenta como una causa, donde "esta nostalgia gobierna en todos los hombres las tres formas de erotismo" p. 29.
[11] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 39.
[12] Pero sí lo señala así en la continuidad de su creación literaria, como se muestra en su novela Historia del ojo.
[13] Jorge Veraza en su Subvirtiendo a Bataille anotó este método de invertir los fundamentos como característico del pensador francés.
[14] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 194. En antípodas de las nociones pacíficas, pero hasta las críticas de la violencia aceptan excepciones en la figura de su expresión máxima como fundadora de otro régimen. Cf. BENJAMIN, Walter, Para una crítica de la violencia.
[15] ENGELS, Friedrich, "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre". Pero también muchos antropólogos han subrayado ese pasaje.
[16] Esta línea de pensamiento tiene todo el ascendiente de las religiones, pero desde el punto de vista científico tiene su principal parentesco (eso creo) con la teoría de la cultura de Freud, en la cual un asesinato originario del padre tiránico de la horda de primates generó el sentimiento de culpa colectivo, que engendra la represión de los instintos y toda la cultura.
[17] Resulta casi obvio para la crítica, que asumir a la naturaleza como “destructiva” es colgarle un añadido ético inverso a los románticos que la catalogaban de “buena” (como el “buen salvaje” de Rousseau donde la ética de la naturaleza confiere bondad al nativo). Aquí, le confiere una perversión originaria, donde la negación (el interdicto) es un esfuerzo por escapar de su ley. Quizá parecido al Tánatos psicológico del Freud maduro, en Más allá del principio del placer. La tendencia principal de la sociología es hacia convertir en neutral la naturaleza, pero cuestionable si se logra ese objetivo, como lo marca la ironía de la Dialéctica de la ilustración de Horkhaimer y Adorno.
[18] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 88. En este punto también es interesante comprobar una diferencia con Sartre, quien en El ser y la nada estipuló que el momento negativo de la naturaleza es inexistente, y que la negatividad surge con el ser humano. Hay una interesante continuidad (debemos de suponer hasta un diálogo y debate implícitos) pero en Bataille es más evidente el sello de la maldición de la naturaleza, sobre la cual se tiene que sellar una segunda "desgracia" constitutiva, que es la obligación de construir la sociedad en base a negaciones: interdictos.
[19] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 53. En ese sentido, el “interdicto” estaría siendo “productor”, mientras la transgresión sería “consumidora”, un gesto que se agota. La pregunta es cómo se crea, ya sea un producto o un ente simbólico, como pretende Baudrillard en Crítica de la economía política del signo. 
[20] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 70.
[21]BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 70.
[22] "la transgresión ilimitada es concebible" p. 93. Pero lo que concibe no es la ilimitación del concepto (una libertad auto-trascendente) sino el ejemplo el interregno, que veremos a continuación.
[23] No queda suficientemente resuelto si se trata de la felicidad cuando el pecado desata al placer o de la desgracia de un "querer de humanidad" que nunca se sostiene por sí mismo. Pero, en el contexto, parece predominar la desgracia.
[24] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 102. Tributario de una teoría subjetiva del valor, el argumento no resuelve el fondo del asunto cuando dice que la escasez artificial produce el valor de las cosas. Resbala hacia una teoría del monopolio social, que produce el alto precio de los bienes, pero Bataille soslaya que el monopolio produce o "regula" producción.
[25] Siguiendo la línea de  Canetti y James Frazer se puede descubrir la racionalidad social de los pueblos pre-capitalistas, en los cuales el furor popular previo a la instauración de un nuevo poder es la advertencia clara sobre las obligaciones del nuevo soberano para nunca distanciarse de la voluntad de sus súbditos. Las teorías políticas deberían dar mayor atención a esas extrañas costumbres arcaicas. Además, la visión de Canetti chocaría con Bataille, pues en Masa y poder, el interregno está pactado de antemano, ya se sabe cuándo alborotar y cuando regresar a la paz.  
[26] No se trata de una acción libre porque es incapaz de crear algo nuevo, instaurar su propia ley interior. En ese punto es donde Bataille se opone radicalmente a Sartre, quien en todo este proceso recalcaría las trascendencias y libertades implicadas, aunque las libertades se enfrascaran en círculos viciosos. Por su parte, Benjamin asume que un tipo exclusivo de violencia es fundadora: la revolucionaria que instaura un régimen en Para una crítica de la violencia.
[27] Aunque creo que es un caso marginal, es típico en la mitología esquimal que los dioses surgen de la ruptura de algún tabú (violación, incesto, asesinato). En otras mitologías también es claro, por ejemplo Zeus surge del derrocamiento violento de Cronos; Huitzilopoztli derrota a sus hermanos sublevados; Osiris regresa luego de ser muerto por Seth; los escandinavos mantienen una tensión entre Ases y Vanes hasta el final del mundo;  
[28] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 95.
[29] El punto de que la religión da un cause al erotismo se puede observan dentro de lo aceptado en las religiones politeístas y su aceptación del amor dentro de coro divino. Con el cristianismo cambia esto, pero entonces por medio de la transgresión, por vía del pecado, la misma religión da el cauce para el erotismo, como deseo pecaminoso.
[30] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 115.
[31] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 153. En esto asume una visión conservadora de que el sexo sí es el mal y su acción es violencia, por definición. Contra esto existen amplios argumentos de la psicología humanista (Fromm) o la sexología (Reich) que explicarían una tendencia represiva en esa idea, una barrera enorme ante el placer orgiástico disfrazado de frialdad.
[32] Con mucho el tema no deja de ser mórbidamente interesante. Diferentes estudiosos tienen sus interpretaciones, que se deberían consultar. De cualquier manera, interesante la interpretación de Bataille, pero también me resulta un tanto "pobre". ¿Qué sentido de los deseos presenta esa situación (tan endemoniadamente compleja) donde los padres y/o el novio entregan a la novia (quien acepta el proceder) al sacerdote responsable de la iniciación, el cual asume su tarea de estrenar el cuerpo de la joven, para devolver la chica al seno del matrimonio consagrado?
[33] Resulta posible utilizar distintas perspectivas, a falta de investigaciones detalladas, por ejemplo, la doncella como atributo de riqueza y la lucha de los señores por imponer un dominio sexual y de reproducción. El argumento de Bataille puede corresponder a una “disculpa” social elaborada mucho después de establecida la costumbre.
[34] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 156.
[35] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 160. Pero, pongamos la objeción puntual, esa "explosión" depende de la medida en que se establezca un dique, de la generación de una potencia estancada. Y aun así esto no es tan cierto en el caso de la orgía, porque la aceptación (con Wilhelm Reich estimo un estadio inicial de aceptación del cuerpo, cosa que rechaza Bataille) social del sexo entre los primitivos y antiguos condicionaba la posibilidad de orgías dentro del contexto religioso. En cambio, bajo el cristianismo, si llegan a ocurrir orgías, es marginalmente y bajo un culto de signo contrario, el Sabbat. Por eso la Saturnalia no es una subversión del orden romano, sino una tradición.
[36] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 180.
[37] Desde antes, la psicología cultural había cuestionado la definición de los roles femeninos (en esa actualidad, alrededor de la posguerra) como anacrónicos y en proceso de cambio. Cf. HORNEY, Karen, La psicología femenina.
[38] Ibid., p. 183.
[39] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 183. Aquí tenemos un típico argumento chocante, donde parece dormitar todo un fondo de moralismo "old fashion". Desde mi perspectiva, sí es la existencia del dinero lo que introduce otra perspectiva por el trastrocamiento del sistema de capacidades y necesidades azuzado por el mercado. Sin embargo, el estigma que cae sobre las prostitutas puede estar en otro lugar: la formación de los códigos morales.
[40] Aquí, de nuevo el argumento chocante, pareciera que Bataille mete un autogol, porque no hay vergüenza en este sexo, sino lujosa consagración. Como no se encuentra la indicación de su tesis en este "momento de fundación" Bataille se contenta con simplemente suponerlo en contraposición con el hecho mismo.
[41] Ese es el argumento común, para Marx el amor debe cambiarse por amor, jamás por dinero, Manuscritos económico filosóficos de 1844. Galbraith señala la coincidencia histórica del “invento” del dinero metálico y la presencia de la prostitución más antigua, en El dinero.
[42] La este argumento resulta en una alianza simbólica entre la mujer sexual y el cerdo. Existe una curiosa coincidencia con Kutnizky, quien describió una alianza psico-simbólico-económica entre el sacrificio de la sexualidad femenina simbolizada por el cerdo como base de civilización y contenido libidinal del dinero. Cfr. KURNITZKI, Hort, La estructura libidinal del dinero.
[43] En Bataille su concepto para “imposible” adquirirá una noción más radical en sus textos de Lo imposible.
[44] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 196.
[45] Digamos que esto es un asunto de periodo histórico, en otros momentos la animalidad es un asunto de belleza, pensemos simplemente en la abundancia de pelo como un símbolo de animalidad erótica.
[46] BATAILLE, Georges, El erotismo, p. 198.
[47] Ibid., p. 202.
[48] Girando en torno a tal imposibilidad y paradoja, sus ensayos titulados Lo imposible, redondean el problema y los desazones de Bataille en torno a la sexualidad, machacada por fronteras inalcanzables y rodeadas de abismos inaccesibles.
[49] Debo insistir, que esta obra no se interesa por el discurso erótico, como la ancestral literatura del Chi-Kung del sexo o del Tantra hindú. Al contrario, presuponiendo que el erotismo está más acá de la cultura, termina en el silencio o el gruñido a modo de un eros pre-cultural que se aproxima a la muerte.

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