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lunes, 11 de febrero de 2013

EL ARTE LITERARIO A LA LUZ DE LA TOTALIDAD CONCRETA DE LUKÁCS



Por Carlos Valdés Martin

Georg Lukács puso en el corazón de la interpretación marxista de la literatura a la “totalidad concreta”[i], expresando algo como un anhelo de “sabiduría moderna”, porque la exigencia intelectual de este pensador fue la búsqueda de la totalidad concreta; meta final del pensamiento, equivalente marxista a lo que en términos tradicionales se llamó la sabiduría. El ideal de la sabiduría antigua era una revelación, por medio de la cual el sabio captaría todo y, sin mayor rodeo, penetraría hasta la última esencia, por lo que su modelo era el intelecto de Dios. En términos modernos, conocer la totalidad concreta es captarlo todo, pero no en vaga nebulosidad sino en sus detalles vitales y la profundidad de sus aspectos; además, la totalidad concreta es más que la suma simple —cual enciclopedia de hechos agregados—, pues es la revelación de una unidad superior y relación estructurada que permite conectar cualquier campo de ese universo revelado. Para Lukács su totalidad no pretende ser totalitaria, sino libertaria[ii], pues esa moderna versión no pretende vanidosamente estacionarse en lo absoluto y esa totalidad no es estática ni religiosa, sino agitada y terrenal. Con esa herramienta intelectual dialéctica Lukács procura interpretar a la literatura moderna.

EL ARTE COMO REALIDAD
Para este razonamiento es crucial definir que ningún conocimiento aislado es verdadero, sino que debe hilvanarse dentro del conjunto[iii]; pero el argumento va más lejos, porque la captación sensorial y emotiva se liga a ese mundo total. De este modo, el resumen de Lukács sobre la literatura no se basa en la sensación y emotividad, sino en una objetividad y revelación completa, tal como lo explica en su Significación actual del realismo crítico.
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EL TIPO HUMANO DE LA DECADENCIA
La trágica situación del individuo aislado, fue un punto que Lukács procuró revelar con tino y hasta denunciarla como resultado de una sociedad enajenada[x]. La situación vital (y de ahí intelectual) del individuo aislado lo incapacita para captar la totalidad concreta. En cambio, la soledad es una situación adecuada para un drama y de ahí proviene el dramatismo de la literatura "decadente". La temática del orbe decadente en Lukács se narra en muchos matices como la impotencia ante un ambiente aplastante, el sentimiento de angustia, el culto por lo patológico y la parálisis del tiempo. Desde el punto de vista sociológico, el argumento es impecable: a partir de un mundo desgarrado, de humanos separados y en choque, se genera una perspectiva vital e intelectual que es "reflejada" en la obra literaria de la corriente llamada vanguardia.
Por excelencia, Kafka —me parece— es el literato capaz de expresar esa tragedia del aislamiento impotente del ciudadano en situación límite (perseguido, marginado, enfermo). A su manera, Lukács también retoma a Kafka como clímax del vanguardismo. Hay un sentimiento de horror sin disimulo por la situación del individuo impotente que bien refleja Kafka. Se trata de la antípoda del ideal profesado por Lukács, quien pretendió que mediante el conocimiento “total” y la práctica solidaria que implica, los individuos jamás estarían desgarrados en impotencia, sino disfrutarían un despliegue de sus capacidades de modo solidario y práctico, es decir, profesó un ideal de militantes comunistas perfectos.

LAS MOSCAS DE PATITAS ROTAS O LA IMPOTENCIA ANTE UN MUNDO APLASTANTE
La experiencia literaria de Kafka ha captado hasta el tuétano ese sentimiento de un poder hostil, que arrolla a los humanos bajo su paso indiferente. En su novela, El proceso cuando el protagonista es llevado a la ejecución narra: "Se acordaba de las moscas que con sus patitas rotas quieren escapar del papel engomado". Las circunstancias son invencibles y nada logra el protagonista, la realidad es una extraña enemiga. El sentimiento que se recibe con esto es intenso y desolador, describiendo una angustia concentrada. Esa es la experiencia vital del vanguardismo: la angustia ante el universo.
Casi nada desagrada más a Lukács que esa hostilidad imbatible del entorno, que sería una especie de imagen oscura de la totalidad concreta, su sombra siniestra o gemelo maligno: doppelgänger. Tan interesado y comprometido en la generación de circunstancias radicalmente nuevas, bajo su ideario comunista, ese fatalismo de la impotencia le repelía. La premisa de Lukács era la creación humana de un mundo humano y no podía aceptar las tesis de la caída original, el mal insuperable en la raíz de la vida. En un horizonte como el mostrado por la literatura de Kafka la fatalidad adquiere un tinte cercano a lo sobrenatural y casi religioso. La autoridad que persigue a Josef K., el personaje de El proceso, está más allá de cualquier apelación terrestre, su nimbo es casi sobrenatural. También la autoridad que habita en El Castillo es inaccesible a los mortales. Pero el Dios oscuro es la nada, porque los personajes carnales nunca acceden hasta el secreto de esos poderes inaccesibles, al mismo tiempo que su existencia depende de lograr acceso a tan evanescente secreto. La vida de Josef K. depende de que acceda ante los jueces, para que su inocencia se reconozca hasta esa altura, pero jamás lo logra. El agrimensor busca salir de su laberinto de equívocos ascendiendo hasta la comprensión de la verdadera administración del castillo y nunca lo logrará. "Así, el ‘Dios' oculto e inexistente de Kafka obtiene un colorido espectral porque como inexistente es la base de lo que existe: de ese modo la verdadera realidad revelada en detalle se vuelve espectral a causa de la sombra de una dependencia semejante" [xi]. Aunque Kafka muestre un entorno realista presente en cada detalle, según vivencias diarias bajo el Imperio Austro-húngaro, Lukács dice que se ha vuelto fantasma[xii]. Las descripciones efectuadas no son un simple naturalismo, detalles elegidos al azar o una materialidad en bruto, sino que precisamente se eligen para demostrar una trascendencia, un sentido, que invariablemente es la anulación del ser humano, mediante la alegoría estética que lleva hasta la profundidad de la nada; porque en Kafka cualquier escena cotidiana contribuye a informar sobre un presente de pesadilla.
En ese horizonte, en el resumen de Kafka —no solamente como una ficción que magnifica al extremo cierto aspecto, sino como su realidad— no hay lugar para la esperanza y el sentido. Cuando Lukács dice que la nada es la trascendencia que explica las razones y relaciones de sus personajes, indica que el escritor ha vivido la experiencia del sin sentido a profundidad. Si la explicación del proceso judicial que conduce hasta la muerte a un personaje es su trascendencia hacia la nada, entonces no hay explicación, sino nihilización. La vida real de los condenados o la burocracia ciega dominando a la sociedad son los canales comunicantes que hacen de esa literatura una llamada al insomnio.
Las moscas sobre el papel engomado se agitan sin lograr zafarse, la agitación febril de las alitas es una vana ilusión, que indica más patéticamente su proximidad con la inmovilidad de la muerte. De igual forma, las tareas sin sentido son verdaderamente una íntima inmovilidad, como el condenado que se pasea nerviosamente en su celda antes de ser ejecutado o como el funcionario que visita afanosamente la oficina equivocada entregando una petición improcedente. Este sin sentido de la actividad humana se acentuó por efecto de la más activa de las sociedades: la actual. El verdadero dinamismo de la actividad depende de una perspectiva. Dice Lukács: "todo dinamismo auténtico del hombre presupone un significado, al menos subjetivo, de su actividad: mientras que la falta de una orientación, la pérdida de sentido, como concepción del mundo, reduce todo dinamismo a mera apariencia e imprime al conjunto un sello de la pura estaticidad (sic)" [xiii]. En efecto, el microcosmos literario de Kafka está como paralizado en el tiempo, el transcurso de sus narraciones recorre una pesadilla, donde la fatalidad quedó sellada desde un inicio; así, el inocente Josef K. por principio es detenido, ya es un condenado y su proceso es inapelable.

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NOTAS:


[i] La de Lukács fue una de las más brillantes defensas del punto de vista de la totalidad como clave para comprender bien la teoría social, tributaria de la escuela marxista y conectada con los diferentes organicismos (Spinoza, Hegel), donde el conjunto predomina en las partes, Cfr. LUKÁCS, Georg, “Cuestiones de método”, en Historia y conciencia de clase.   
[ii] Posee una interesante interpretación teórica de la libertad, como práctica superando el horizonte cosificado, en Historia y conciencia de clase
[iii] Siguiendo a Marx y tributando a Hegel, ningún “momento aislado” es verdad, pues exclusivamente el movimiento para alcanzar el todo se debe llamar verdadero; para Hegel “la verdad es sujeto” activo, movimiento sin cesar, Cfr. Fenomenología del Espíritu.
[iv] Esto implica que asumiendo una “totalidad concreta” como modelo de lo real, no por ello la teoría del arte desemboca en el realismo, por ejemplo, existen otras opciones. De hecho, el marxismo “ordinario” intentó reducir el arte a su “equivalente social” como análisis. Compárese con la posición de Sartre, en La crítica de la razón dialéctica.
[v] LUKÁCS, Georg, Significación actual del realismo crítico, Ed. Era, 1963.
[vi] "El marxismo (la propia posición de Lukács) sitúa el reflejo de la realidad objetiva en el centro de su estética de manera tan decidida y plena como nunca antes se hiciera", op. cit. p. 125.
[vii] Casi siempre, la teoría literaria prefiere esa “totalidad intensiva”, pues el arte poético o literario se centra más en lo intenso de un caso singular, sin interesarse mucho en los universales directos. Así, la “imaginación material” no se desliza hacia un todo, sino que cada hallazgo es único. Cfr. BACHELARD, Gastón, La tierra y los ensueños de la voluntad, etc.
[viii] LUKÁCS, Georg, Significación actual del realismo crítico, p. 123-124.
[ix] Ibid., p. 27.
[x] Quizá ese fue el mayor mérito histórico del teórico Lukács al rescatar una teoría aguda de la enajenación olvidada en el cuerpo teórico marxista, como lo muestra uno de sus mejores sucesores directos. Cfr. MÉSZÁROS, Istvan, Teoría de la enajenación en Marx.
[xi] Ibid., p. 56.
[xii] Creaciones que convierten a la realidad en “fantasma” o “fantástica” se aclamaron en el Boom latinoamericano, como en Rulfo o García Márquez.
[xiii] LUKÁCS, Georg, Significación actual del realismo crítico, p. 44.



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