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miércoles, 27 de febrero de 2013

JOSÉ VASCONCELOS NACIONALISMO CULTURAL: UN RESUMEN


  
                            Por Carlos Valdés Martín





Esta es la primera parte del texto "JOSÉ VASCONCELOS: FUNDADOR DEL NACIONALISMO CULTURAL" parte del libro Las aguas reflejantes, el espejo de la nación. Subido al blog en el aniversario del nacimiento de Vasconcelos. 
La obra cultural intelectual y práctica de Vasconcelos cierra el periodo violento de la Revolución Mexicana. La caída de régimen profirista había dejado en crisis el proyecto nacional. El papel que tendría la cultura en la integración nacional no estaba resuelto. Vasconcelos fue un pensador audaz que avanzó enfrentando los problemas candentes. Cuando no estaba definido el modo de ligar la tradición, la lengua, el arte y la política él presentó soluciones. La calidad teórica de su obra intelectual no está a la gran altura de sus resultados prácticos. Pero sus postulados de la cultura nacionalista son fundadores, son la referencia obligada hasta nuestros días, y sus obras son la materia sobre la que se interpreta lo que es la cultura nacional mexicana.
Preparación en la tormenta
En pleno apogeo del porfirismo, en 1907 Vasconcelos terminó sus estudios de licenciatura, y presentó en su tesis temas que le acompañarán durante toda la vida, como la energía, la individualidad y el anticolonialismo [1]. El inicio de su carrera como abogado, en un sentido comercial, parecía muy prometedor. Pero el temperamento personal lo predisponía a embarcarse en una empresa más trascendente, que una  carrera de negocios. En 1908 Francisco I. Madero le hizo la invitación de unirse al movimiento antirreleccionista, donde participar políticamente le ofrecía la perspectiva de cumplir con una gran misión, y Vasconcelos aceptó. Al mismo tiempo, se involucra en la actividad cultural de la generación del Ateneo de la Juventud, donde expresó su tendencia ideológica que rechazaba el positivismo dominante en la sociedad porfiriana. Contra el racionalismo frío de los positivistas opuso las visiones de la intuición, el sentimiento y el espíritu.
Su participación política es muy activa dentro del Partido Antirreleccionista de la Ciudad de México. Debido a ello, antes de las elecciones de 1910, es perseguido por la policía, y se ve obligado a huir a San Luis Potosí y luego se exilia en Nueva York. En Washington permanece durante el movimiento armado en calidad de diplomático del bando rebelde.
Cuando triunfa Madero, él regresa de su exilio norteamericano y continúa en la actividad política, pero no acepta ningún puesto público. Ganó mucha influencia y prestigio personal en el terreno político y cultural. "Era el intelectual oficial, el defensor periodístico de Madero contra la vieja guardia de intelectuales porfiristas"[2](2). Su empeño principal se dirige hacia la cultura. Prácticamente lidera al Ateneo de la Juventud, que en 1912 se convierte en una agrupación nacionalista. El Ateneo con nuevos aires agrupó a una pléyade de pensadores y artistas dedicados a una tarea central, ajustada a la orientación nacionalista de Vasconcelos, que era lograr "la rehabilitación del pensamiento de la raza"[3](3). El Ateneo funcionó como un ministerio de la cultura extraoficial. En ese periodo se inició la gran tarea de una cultura nacional y también se preparó el mito verdadero de José Vasconcelos como el apóstol de la cultura.
En política su orientación era la mística liberal republicana del maderismo, que había iniciado el derrumbe del antiguo régimen, y que fue sobrepasada por la nueva etapa de la lucha armada. En la segunda fase del movimiento armado la mística liberal fue sustituida por la visión populista, porque la pequeña burguesía dirigente era impotente sin el apoyo de las masas y se dedica a seducirlas para triunfar. Pero en el populismo político Vasconcelos ve aterradores peligros, lo interpreta como el salvajismo indígena dispuesto a saquear a la civilización, como el regreso del canibalismo de los aztecas. No por esto la idea nacionalista vasconceliana excluye al indígena de la comunidad mexicana, no se trata de marginar más a los sectores históricamente marginados, sino que trata de integrar, su tentativa  pretende "despertar el alma de la nación o crearle un alma a la pobre masa torturada de mexicanos"[4](4). Esa propuesta permite la integración de la obra de Vasconcelos con sus rivales políticos populistas.
Tras la caída del huertismo, Carranza llama a Vasconcelos para ocupar el cargo de director de la Escuela Nacional Preparatoria. A las pocas semanas lo cesan pues se niega a pronunciarse en contra de Villa y Zapata. Es encarcelado por los carrancistas y rápidamente escapa a Aguascalientes, donde se integra al villismo, que no le agrada mucho, pero él estimó que proponía ciertas reformas democráticas.
Durante el efímero gobierno de la Convención de 1915 se integra al gabinete de Eulalio Gutiérrez como el ministro de Educación Pública. Mas ese breve gobierno resulta casi una ficción, pues no tiene capacidad de mando sobre los jefes militares campesinos. Muy pronto el gobierno convencionista, de pretensiones liberales, se distancia políticamente de los caudillos militares del agrarismo. Consecuencia de ello es una situación insostenible en la que los convencionistas terminan huyendo hacia el Norte perseguidos por todas las facciones armadas en pugna. Vasconcelos pierde transitoriamente las esperanzas en la lucha política y se retira a la vida privada.
Su nuevo exilio de 1916 a 1919 fue el respiro adecuado para escribir las obras donde fija nítidamente una posición anticolonialista, plataforma de la generación de una nueva cultura mexicana. Sus ideas fueron sembradas en terreno fértil. "Tuvieron éxito inmediato (...) en los argumentos y en el impulso que dieron a toda la corriente cultural anticolonialista iberoamericana"[1](5). Entre sus tesis de mayor repercusión en ese momento encontramos las siguientes: 1) Rechazo cabal de Europa como modelo histórico a seguir. Toma en serio la llamada "decadencia de Occidente", pero ante el declinar europeo no busca mejorar el legado occidental, sino que pretende una alternativa. Esa alternativa se remonta a los orígenes bárbaros de Grecia y la India. 2) Rechaza la cultura mundial predominante que se expresaba en las corrientes del positivismo, determinismo, evolucionismo social, y pragmatismo, es decir una retahíla de optimismo burgués. Al mismo tiempo, Vasconcelos rechaza los diversos socialismos, que en ese momento presentaban un gran auge. Acude a otra fuente cultural burguesa, que se expresaba en las corrientes de los intuicionistas, irracionalistas y espiritistas. Aunque esa fuente a la que nos referimos es una amalgama compleja que incluye tanto tendencias de reacción (espiritualismo), como a la critica (Nietzsche), a la afirmación del orden presente (Bergson) o la búsqueda de modelos muy ajenos a su realidad inmediata (la Antigüedad). 3) La interpretación de la barbarie se vuelve más compleja, adoptando un doble sentido. A la barbarie interpretada como la brutalidad de los pueblos atrasados se agrega el sentido positivo, que proviene del rasgo dionisiaco, el vasto territorio de la vitalidad no racional, que Nietzsche interpretaba como fuente de lo sobrehumano. 4) La impureza racial, el mestizaje se convierte en una virtud. Vasconcelos afirma que solamente las razas mestizas son capaces de grandes creaciones. Es un racismo que niega el racismo ordinario, pues no busca purgar al mundo de ciertas pieles malditas, sino que pretende la unión de razas, no plantea excluir sino universalizar. 5) Crea una utopía de la nueva sociedad, donde el ímpetu espiritual no esté subordinado por la organización utilitaria y pragmática. 6) Plantea un ideal de nuevo individuo, ajeno a la mentalidad del empresario y del positivista porfiriano, promoviendo la entrega personal a una gran hazaña heroica. 7) Su visión de la historia humana es de una gigantesca lucha de hechos, símbolos y categorías culturales, donde se excluye lo económico y en esa medida lo social. 8) La tarea del intelectual es la de un sacerdote del espíritu. Deberá presentar mitos, como el de Quetzalcóatl, y efectos estéticos, como el muralismo, apelando al fondo emotivo de las personas. 9) La tarea intelectual debe culminar en una síntesis cultural que abarque cada aspecto y permita realizar una filosofía iberoamericana, un sistema que organice e impulse el pensamiento de la raza.


NOTAS:

[1] BLANCO, José Joaquín, Se llamaba Vasconcelos, Ed. FCE p. 41.
[2] Ibid., p. 55.
[3] VASCONCELOS, José, Ulises criollo, Ed. Botas, p. 320.
[4] VARIOS, Breve historia de México, Ed. Colegio de México, p. 426.

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