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miércoles, 10 de junio de 2020

¿QUÉ SIGNIFICA ESTRATEGIA? CON EJEMPLOS





Por Carlos Valdés Martín



El promedio del público ignora qué es una estrategia y, además, la confunde con simples acciones o tácticas. Los medios de comunicación tampoco están obligados a saber, pero los protagonistas sí obligados a saber qué es una estrategia contra el crimen, cuando es su responsabilidad conducirla. Los protagonistas están rigurosamente obligados a conocer sobre estrategia cuando su tema es eje de la problemática nacional. Una estrategia de seguridad es el instrumento superior y de excelente calidad que no debe ser confundido y rebajado a la simple actividad o táctica; claro la actividad se puede calificar de eficiente o inútil, pero una estrategia ya debería implicar buena dirección que se demostraría con resultados rápidos y previsibles. La ausencia de resultados tangibles indica que no existe una estrategia en sentido estricto, sino simples acciones masivas sin planes ni sistemas bien estructurados. Cualquier país exige resultados inmediatos en la lucha anti crimen y ¿cómo se lograrán?

Definiciones básicas de estrategia
Las definiciones de este concepto más simples y que ofrecen una base para entendernos provienen del diccionario, y el más aceptado [1] nos indica, que la “estrategia” es un sustantivo femenino que proviene del latín strategĭa, y éste del griego στρατηγα. Los tres significados registrados para “estrategia” son:
1. “Arte de dirigir las operaciones militares.”
2. “Arte, traza para dirigir un asunto.”
3. En matemáticas: “En un proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento.”
La definición nos entrega algunas pistas interesantes, pues el origen de esta palabra se remonta al perfeccionamiento de las acciones militares entre los griegos: el primero pueblo de filósofos y poetas, la cuna del ingenio y el racionalismo más antiguo. Los romanos heredaron a los griegos su cultura y hasta los sobrepasaron en arte militar y la elaboración de leyes. Los griegos nos enseñaron a reflexionar sobre los hechos y no contentarnos con el simple hacer por hacer, pues la actividad siempre ha existido, pero la reflexión requiere de algo superior: prepararse y dominar los elementos. Cuando se reflexiona la mente funciona como un espejo, que recoge los elementos de la realidad y los procesa con ideas, para obtener mejores conceptos y no contentarse con las primeras impresiones que surgen.
A su vez, en estas definiciones por “arte” se refieren a una habilidad para hacer algo o un conjunto de reglas para desarrollar una actividad. Cuando indicamos que alguien posee el arte de dirigir, esto significa que es hábil como director, pues une estudios y experiencias sumadas a una buena disposición para dirigir. Cuando decimos que alguien sigue el arte de la dirección, señalamos que ejecuta un conjunto de reglas y procedimientos adecuados a esa actividad, permitiéndole un gran desempeño. Como se observa en el tema de la dirección, las definiciones 2 y 3 del diccionario, son complemento estrecho en este ejemplo, pues quien posee el arte de dirigir es porque también sigue las reglas adecuadas para ser un dirigente.

Diferencia con la simple intención encaminada a un objetivo.
A veces se confunde la estrategia con la simple intensión para lograr una meta. Cuando un enamorado tonto y tímido cuando es cuestionado sobre su estrategia para enamorar, con candor nos dirá que en su romántica intensión esperará a que la chica corresponda ante sus deseos y mientras tanto no dirigirá la palabra. Cuando se le cuestiona con insistencia ese enamorado tímido responderá que sus acciones estratégicas consisten en sentarse en su balcón a suspirar y mirar a la luna, con la esperanza de que el astro lunar se apiade de su romanticismo. Por su parte, un Don Juan experimentado en seducción nos explicará con detalle cómo se viste para dar una apariencia encantadora; cómo practica su sonrisa ante el espejo; presumirá sus frases por si surge un encuentro casual; investigó el domicilio de la pretendida, y ronda en las cercanías para determinar la mejor oportunidad para llevarle serenata, etc. Un Don Juan, además de ese inicio de operaciones, posee un plan para ir venciendo los obstáculos que oponen las damas ante su aproximación; por lo que está dispuesto a buscarlas y colmarlas con regalos; que ya tiene pensado granjearse la amistad de pariente de la pretendida, etc. Y si seguimos preguntando ese Don Juan mostrará que conoce de alternativas prácticas ante las diferentes dificultades que presenta el iniciar un romance. El enamorado tímido posee la simple intención de enamorar, el Don Juan posee la firme intención y capacidad para dirigirse hacia su objetivo, hasta planes realistas y procedimientos consagrados por la práctica.

Diferencia de la estrategia con la simple acción encaminada a un objetivo.
Si le preguntamos a un inocente reclutado y desconocedor del arte militar, sobre si él sigue una estrategia de guerra, nos dirá que sí. ¿En qué consiste? Y el involucrado que todavía desconoce el tema nos dirá que la estrategia consiste en juntar un ejército, dirigirlo en contra del enemigo y conquistar las posiciones para ganar la guerra. En ese caso, el inocente confunde estrategia con la acción en su sentido más vago, pues cualquier jefe ignorante junta un ejército y lo lanza contra el enemigo con esperanza de ganar, esa es una acción militar cualquiera. Pero si preguntamos a un comandante sobre la estrategia militar para ganar una guerra nos dará muchos aspectos y explicará la diferencia entre una simple intención, una simple acción y una estrategia militar. Una buena estrategia necesita de conocer los factores principales de los asuntos militares (por ejemplo, cómo se arma un ejército eficiente dada la técnica actual), la naturaleza de la guerra (el campo de batalla, la potencia de fuego, el uso del armamento, las fases de un enfrentamiento), la situación de una guerra (si es con objetivos delimitados, si posee aliados), los factores que se moverán en esa guerra (la moral de las tropas propias y enemigas, los recursos de reserva para las distintas fases de la guerra), su situación frente al enemigo (guerra defensiva u ofensiva, si están en ventaja o desventaja) y los tiempos para lograr sus objetivos (guerra relámpago, guerra de movimientos masivos, guerra de posiciones a largo plazo). Dado este argumento, resulta indispensable conocer la naturaleza de los ejércitos y de la guerra para integrar una estrategia ganadora.
Ahora bien, para redondear esta idea de una buena estrategia resulta indispensable anotar que requiere de una visión de conjunto, lo que ahora se llama sistémica. Siendo la guerra una movilización (esfuerzo supremo) que busca la derrota de un enemigo (someter su voluntad por medio de la violencia) entonces el resultado final implica una pacificación, una nueva situación. La lucha es una mutua determinación, una acción recíproca donde las partes forman un sistema de interacción, cada acto del contrario conlleva a reacciones y viceversa, cada actividad del protagonista conduce a resistencias y respuestas del oponente. El proceso debe terminar en una nueva estabilización tras el conflicto, por tanto debe concluir con un nuevo equilibrio de fuerzas políticas, por eso la guerra es la continuación de la política por otros medios. Por tanto, el objetivo final no sólo es ganar sino el establecimiento de un nuevo sistema de fuerzas, donde las consecuencias del conflicto son el factor principal. En este aspecto, baste decir que muchas guerras en apariencia victoriosa no terminan dando una ventaja al aparente ganador.


Una diferencia con poesía
Hay muchas maneras para diferenciar entre estos dos conceptos, ya sea que se aplique su origen bélico o algún filtro filosófico, pero sin duda agradará que un poema de Mario Benedetti ilustra románticamente la diferencia de significado entre los dos términos:
“Mi táctica es/ mirarte/ aprender como sos / quererte como sos
mi táctica es /hablarte /y escucharte /construir con palabras /un puente indestructible
mi táctica es /quedarme en tu recuerdo /no sé cómo ni sé /con qué pretexto /pero quedarme en vos
mi táctica es /ser franco /y saber que sos franca /y que no nos vendamos /simulacros
para que entre los dos
no haya telón /ni abismos
mi estrategia es /en cambio /más profunda y más /simple /mi estrategia es /que un día cualquiera /no sé cómo ni sé /con qué pretexto /por fin me necesites”[2]

Como se observa, en el poeta las tácticas son muchas y la estrategia es una, pues precisamente sirve para unificar, pero sin confundirse con el simple objetivo. El diccionario no ofrece una definición técnica del tema, pero descubrimos otros autores que han usado una diferencia tan sutil entre táctica y estrategia como el poeta Benedetti. Por ejemplo, Lenin como un exitoso teórico de la política, distinguía entre estrategia y táctica. La táctica quedaba referida a las acciones parciales, por tanto debería de ser muy flexible: “la necesidad de una flexibilidad máxima en nuestra táctica”[3] y si la táctica resulta tan flexible es porque existe un eje y en su caso fue una teoría social. Pero estamos en otro eje, donde la estrategia sirve de parte general y mejor definida que la táctica, por cuanto la estrategia ya posee el conjunto de reglas para la guía correcta, incluye el arte de dirección y las reglas para decidir en la conducción de un proceso.

Procurando sintetizar: existen autores que ponen la clara diferencia en el sistema o conjunto, pues la estrategia se refiere al conjunto de las operaciones  y la táctica se refiere a las operaciones parciales (agrupadas en sectores, campañas y sus respectivas operaciones de dirección)[4] o a su efecto parcial. Por tanto, la diferencia es entre el conjunto y la parte, la estrategia atiende al conjunto (de la guerra, política o administración) y la táctica a la parte. Entonces, quien comprende la diferencia entre parte y todo, será capaz de dirigir el conjunto.

Perfil global de una estrategia, ejemplo: desgaste y derrocamiento
Un interesante ejemplo de cómo se define el perfil global de una estrategia lo tenemos en Alemania. El líder y teórico de la socialdemocracia austriaca a principio del siglo XX: “Karl Kautsky, en una famosa polémica con Rosa Luxemburg, había argumentado en 1910 que la clase obrera alemana, en su lucha contra el capital, debía adoptar una Ermattungstrategieuna «estrategia de desgaste». Había contrapuesto explícitamente este concepto a lo que llamaba una Niederwerfungstrategieuna «estrategia de derrocamiento». No fue Kautsky quien acuñó estos términos. Los tomó de la terminología del mayor debate sobre historia militar entonces en curso entre académicos y militares en la Alemania de Guillermo. El inventor de la antítesis entre Ermattungstrategie y Niederwerfungstrategie fue Hans Delbrück, el historiador militar más original de su tiempo.”[5] Como se observa en estas definiciones, las estrategias globales se definen por las condiciones de enfrentamiento recíproco entre los contendientes, donde la velocidad del desenlace y las posibilidades de involucrar medios, marca el tipo de estrategia a desarrollar. Es decir, resulta lógico elaborar estrategias militares distintas conforme al tipo de enfrentamiento, y esto implica que “enfrentar con todas las fuerzas posibles al enemigo” no representa estrategia, sino una simple línea de conducta y hasta puede esconder la ausencia de una estrategia. 

Bases elementales para una buena estrategia militar
En fin, un verdadero estratega militar toma en cuenta los elementos para armar una estrategia que acabamos de nombrar. Ahora bien, si existen dos comandantes inteligentes con elementos para armar su estrategia, pueden discrepar al preferir una estrategia ofensiva o defensiva. En este ejemplo, Napoleón fue conocido como un estratega de las ofensivas, que gustaba de grandes batallas donde su arma clave era la caballería; pero no siempre la ofensiva entrega triunfos. También existen opciones defensivas que han sido las típicas de Rusia durante siglos, las cuales son favorecidas por su misma geografía. De hecho los comandantes rusos derrotaron a Napoleón con una estrategia defensiva. Además esta diferencia entre ofensiva y defensiva, nos dice Clausewitz “impregna todo cuanto hace referencia a la guerra”.[6] Quien se enfrasca en la estrategia defensiva quizá reduce sus objetivos, incluso hasta un mínimo de simple resistencia para obtener el desgaste del enemigo. La elección, entre guerra defensiva y ofensiva, en principio nunca debe ser arbitraria y se somete a las condiciones de las potencias enfrentadas y sus ejércitos.

Ahora bien, para preparar una real estrategia militar debe acumular dos componentes. La visión nos permite preveer el futuro de las acciones, por tanto es el primer paso pues nos dará la idea de la estrategia. El primer componente nos indica: es obvio que el arte militar ha ido cambiando con el tiempo y existe una gran experiencia acumulada sobre los ejércitos, las guerras y sus estrategias. Quien pretenda ser un buen estratega del siglo XXI no deberá aplicar los movimientos de Gengis Khan, sino una actualización. El segundo componente es seguir una estrategia exitosa comprobada para situaciones parecidas. En cuestiones humanas no existen dos situaciones iguales pero si existen miles de situaciones parecidas; entonces ya existen experiencia de un camino exitoso para cada circunstancia militar.

Hacia la construcción de una estrategia anti “crimen organizado”
Siguiendo este claro argumento, al menos se requieren de estos elementos para obtener una buena estrategia: basarla en experiencias acumuladas, que las experiencias sean sobre situaciones semejantes y de un claro éxito. Las experiencias fallidas y fracasadas de combate al crimen no merecen ser imitadas, sino estudiadas como el ejemplo de “lo que no se debe hacer”. Por ejemplo, los repetidos fracasos de las actividades policíacas en México son el vivo ejemplo de “lo que no se debe hacer” pues no han abatido la criminalidad pues las cifras son elocuentes, y si existen algunos ejemplos locales de buen resultado anti crimen se deben estudiar con detalle. Sin embargo, la estrategia abarca la operación general y no se limita a acciones puntuales (que es más correcto determinarlas con nombres relativos a los aspectos parciales: como tácticas, campañas, eventos, operaciones…)

El principio Ness
Entre las experiencias anti-crimen organizado para derrotar a una mafia, existe una amplia literatura sobre la prohibición del alcohol en Chicago. Luego de repetidos fracasos y de la extensión de la venta ilegal de alcohol, Eliot Ness recibió la encomienda de atacar a esa mafia. Los ejes conocidos de su “estrategia” fueron: creación de una muy pequeña fuerza policial incorruptible y el espionaje telefónico. La fuerza de enfrentamiento resultó tan pequeña como 9 policías, seleccionados entre 300 agentes del Tesoro Estadounidense. La pequeña cantidad de policías formando la “vanguardia” ya es un indicativo de un camino distinto al seguido en México por las administraciones en las últimas décadas. ¿Por qué tan pocos elementos para atacar a la mafia? Ese tema resulta crucial, y las respuestas posibles de por qué no se requieren muchos son: 1) tras los pocos policías de vanguardia está el enorme aparato del Estado; 2) el uso de muchos elementos favorece la corrupción; 3) son más peligrosas las acciones y peores los resultados cuando participan policías corruptos; 4) bastan pocas acciones bien dirigidas para obtener resultados espectaculares; 5) el trabajo de enfrentar a la mafia es difícil y se requiere de elementos de élite y no policías normales; y 6) las operaciones de ataque a la mafia requieren de secreto, por tanto la cantidad de involucrados resulta contraproducente.
El segundo elemento de la estrategia exitosa de Ness fue la intervención telefónica y su procesamiento. Si recordamos que la intervención era realizada por un equipo de “telefonistas” de operación manual, sin medios de grabación ni de reconocimiento de voz, ni bases de datos sofisticadas, sino simples litas en papel, resulta más sorprendente el buen éxito que tenía este procedimiento. Esta operación de espionaje resulta bastante anticuada respecto de la tecnología de vigilancia moderna. Con recursos gigantescos para intervenir llamadas a distancia o videograbar, y que de hecho se utilizan para espiar a oponentes políticos (caso Ahumada, etc.) este recurso debería estar a completa disposición de cualquier Estado que enfrente un caso grave de delincuencia organizada. En la presunción de la situación actual de la tecnología, con sistemas sofisticados de rastreo, visión satelital, intervención telefónica y sistemas de cómputo para registrar datos por millones al segundo resulta increíble que un Estado aparezca arrodillado ante al crimen organizado. Por tanto, resulta conducente el manejo del aparato tecnológico para la detección y armado de los “casos” contra el crimen organizado.

Si el costoso y modernísimo aparato tecnológico de investigación resulta inútil para combatir la delincuencia en México (sexenios 2000-2012), la única explicación está en el equipo humano que lo utiliza. Para que funcione una operación anti-mafia al modo de Eliot Ness pareciera que a los gobiernos actuales les hace falta un único ingrediente: integrar un equipo de policías honrados y respaldarlos verdaderamente con todo el poder del Estado.

Previsiones
Si la estrategia de seguridad pública se define como una sabia operación global, al contrastarla con una experiencia exitosa y de estudio obligado, nos encontramos con que parecieran bastar unos mínimos reajustes para lograr el éxito en México. El motivo de esta situación radica en que el Estado posee un poder enorme comparado con la mafia antigua y moderna, pues se impone una potencia nacional con gigantescos recursos, contra un grupo privado. Desde el Renacimiento (hace 6 siglos) ningún grupo privado-armado (de mercenarios o mafias) ha poseído fuerzas suficientes para desafiar a un Estado sólido, aunque sea el de un país pequeño. En esa desproporción, el grupo mafioso para sobrevivir utiliza tácticas de elusión, que dependen casi por completo de la corrupción del elemento policíaco-judicial destinado a combatirlo. Por tanto, quebrarse la cabeza con una novedosa estrategia para terminar con el crimen organizado, termina pareciendo un ejercicio casi inútil pues el pasado marca la vía exitosa. Hoy bastaría repetir la simple táctica de Eliot Ness de crear pequeños cuerpos de élite incorruptibles para abatir a la mafia, pues ahora el Estado posee bases tecnológicas y financieras enormes para lograr un éxito contundente contra la criminalidad.

A manera de conclusión: diferencia entre estrategia y táctica
En sentido laxo, estas dos palabras poseen un mismo significado si nos atenemos a la más simple definición de diccionario. Aunque la táctica viene del griego  “τακτικς”, derivado de “τσσειν”, que significa poner en orden[7], Pero conforme buscamos claridad y cuál es la diferencia, entonces la táctica se refiere más a la operación parcial, y la estrategia al proceso global. Así, las operaciones tácticas difieren de las estratégicas, en que las primeras son parciales, mientras las segundas implican un posicionamiento definitivo. La frase obtener una “posición táctica” difiere de una “posición estratégica” porque la primera resulta deseable a un objetivo por limitado que sea, y la segunda determina una victoria que agrupa a los objetivos limitados. La frase tomar una “decisión táctica” implica que existe un objetivo secundario, mientras tomar una “decisión estratégica” conlleva que se define el rumbo de la batalla o la guerra. Otras frases como mejorar la “capacidad táctica” para el combate o mejorar la capacidad estratégica pueden significa lo mismo. Las diferencias más consistentes se refieren a lo global y/o definitivo como rasgos de la estrategia mientras que lo táctico indica lo parcial y/o provisional.

NOTAS:

[1] El diccionario de la Real Academia Española, en su 22ª edición.
[2] BENEDETTI, Mario, Táctica y estrategia.
[3] LENIN, V. I. Lenin, La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, p. 64. De hecho, el texto se centra en este tema, sobre la importancia de la flexibilidad táctica, unida a la inflexibilidad de principio para un partido comunista revolucionario. Por ejemplo: “El lema «¡Adelante sin compromisos, sin apartarse del camino!» es manifiestamente erróneo (…)Es lo mismo que si 10.000 soldados se lanzaran al combate contra 50.000 enemigos en el momento en que es preciso «detenerse», «apartarse del camino» y hasta concertar un «compromiso», aunque no sea más que para esperar la llegada de un refuerzo prometido de 100.000 hombres, que no pueden entrar inmediatamente en acción. Es una puerilidad…” p. 52.
[4] Esto en teoría de administración. Administración, parte "Procesos Administrativos" – Idalberto, Chiavenato. Segunda Edición. 1998.
[5] ANDERSON, Perry, Las antinomias de Antonio Grasmsci, nos dice: “Delbrück había dado a conocer por primera vez su teoría de los dos tipos de guerra en 1881, en una lección inaugural para la Universidad de Berlín, en la que contrastaba las campañas de Federico II y Napoleón –las primeras como un ejemplo de la estrategia prolongada de desgaste característica de los anciens régimes europeos, las segundas como el prototipo de la estrategia rápida de derrocamiento inaugurada por los ejércitos populares de masas de la época moderna (110). Contestado vehemente en los círculos académicos prusianos, para quienes la narración de Delbrück de las guerras de Federico rayaba en el ultraje, la teoría de las dos estrategias fue desarrollada por Delbrück en una serie de escritos que culminaron en su monumental Geschichte der Kriengskunst im Rahmen der Politischen Geschichte, que abarca la evolución de la teoría y la práctica militar desde la antigüedad hasta el siglo XX”, p. 46.
[6] CLAUSEWITZ, Carl, De la guerra, p. 47.
[7] RAE, Edición 22ª.

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