Por Carlos Valdés Martín
La tragedia del
predicador Bautista y los Juanes
La trágica
muerte de Juan Bautista ejemplifica la injusticia cometida por los tiranos en
contra de varones justos y líderes populares. Según el relato bíblico,
el Bautista restableció la purificación mediante el agua e invitó el pueblo a recuperar
las virtudes religiosas de modo sencillo y honesto. Esa disposición de Juan
Bautista disgustó al tirano Herodes Antipas y según ese relato el santo despertó
un deseo lujurioso en Salomé, quien solicitó la cabeza
de ese predicador a cambio de un baile sensual. Si bien vale descreer del
motivo anecdótico de una petición de Salomé, para mantener la culpa en el
tirano; pues las mismas narraciones bíblicas e históricas lo colocan como
modelo de depravación al desposar con la esposa de su hermano, de manera
ilegítima; por lo que resulta cuestionable que mantuviera su palabra en contra
de sus caprichos.
Con el estudio
de las virtudes cardinales, una de ellas es la templanza y su función es
dominar los apetitos, convirtiendo energías salvajes (sexuales) en energías
sublimes, es decir, estableciendo una alquimia que cambia el plomo del burdo
deseo en el oro del amor. El Bautista había derribado el dominio del deseo (o
mejor aún: el deseo de dominio) metamorfoseándolo por el amor al pueblo, sin
condición. El tirano contrataca al método sublime de dar abluciones gratuitas y
restablece el apetito carnal como ley impuesta, con ironía Herodes derriba la
cabeza superior para que impere su apetito. Sustituyendo el sublime sacrificio
voluntario del instinto por la regresiva carnicería del mártir, el tirano
muestra su intención cortando la cabeza: lanzando a los pies aquello que se
había elevado.
También
sabemos que los Santos Juanes representan a los fenómenos astronómicos, siendo
los herederos de del dios romano Janos, por tanto personifica a los guardianes
del tiempo. Asumiendo que el tirano Herodias Antipas fue el auténtico autor del
crimen contra el Bautista, entonces con su brutalidad intentó detener al
destino, pero es imposible y el cielo sigue su marcha. La memoria del Bautista
obtiene su condición de profeta perene tras el sacrificio.
Entonces las
causas verdaderas de la muerte de Juan el Bautista, están en el sentido humano
y de poder, donde la tiranía entierra la verdadera ética, para satisfacer los bajos
instintos del gobernante. Mientras la rueda de la existencia astronómica mueve
las estaciones, para sustituir la plenitud del Solsticio de verano hacia la
temporada otoñal.
Psicología de la decapitación
La
decapitación en psicología simboliza a la separación extrema, ya que rompe la
unidad entre la mente (la personalidad, el Ego, el Yo) con el cuerpo completo
(la materia, el sentimiento, Eros, el Carácter). Esta separación representa la
situación esquizofrénica en el sentido de separación entre los sentimientos
encontrados de una psique. Aquí por esquizofrénico no significa una enfermedad
psicológica, sino en el sentido de una tendencia psíquica a la separación. Implica la separación
radical entre el pensar y el sentir, entre idealidad y materialidad, entre
moralidad y cuerpo, entre Tánatos y Eros, convertida en una modalidad (más o
menos) violenta. Por esa misma radicalidad de la separación fue que los reyes
utilizaban la decapitación para sus enemigos extremos, como el dispositivo
punitivo, para dramatizar un daño extremo y humillante, mediante el cual se
pretende que su enemigo jamás vuelva a reunirse, por eso reduciéndolo a la
impotencia perpetua. En especial, para la psicología freudiana (la fundadora)
tan cargada de significados sexuales se relaciona con un impulso de castración,
aunque desplazado hacia otra zona. Incluso sin espacio para una argumentación
mayor cabe señalar una ecuación freudiana, donde “castración = decapitación” y
viceversa.[4]
Para el
simbolismo psíquico la relación entre castración y decapitación no siempre
resulta tan clara, incluso podrían contraponerse o disociarse para quedar sin
revelar. La reflexión sobre la castración estricta no resulta tan común, por
más que hubo alguna institución de eunucos al servicio del Gobierno, en
especial del harén del Sultán. Incluso la relación simbólica del harén
pareciera ser de transición, donde la pérdida de virilidad de los eunucos
complementa una sobre masculinidad del gobernante, como si aconteciera un
desplazamiento mágico de las potencias perdidas de los eunucos.
La santidad del Bautista
En la leyenda
de Juan el Bautista, donde se relaciona la decapitación con la lascivia del Poder,
acaparado por el rey Herodes, aunque delegado en la de Salomé, a modo de una
complicidad, para mancillar la santidad de Juan. Existe un argumento más usual
para el machismo, de que la santidad provoca una lascivia en quien la
contempla, así se imagina que la santidad del Bautista excitó a Salomé (o a su
madre). El argumento de la leyenda elabora una paradoja, si el Bautista actuase
cual pecador normal correspondiendo para satisfacer a Salomé entonces no habría
castigo, pero como restringe el impulso abajo, se le martiriza arriba.
Recordemos que
Juan Bautista es una figura específica del Nuevo
Testamento, más adecuada a la narrativa del Cristo donde el martirio y la
redención se unifican. Asimismo, para la
figura del Bautista la separación de la cabeza simboliza la unidad espiritual,
entonces señala el paso del sacerdote al santo; donde la santidad se concibe
como la unidad del espíritu, atravesando la fragmentación del cuerpo. En ese
sentido, es tan frecuente el martirio, mutilación y decapitación en las
aventuras de los santos cristianos, incluso cabría señalar una aspiración al
martirio.[5] Para
la imaginación colectiva judía de la antigüedad el pueblo entero era el mártir,
para el cristianismo ese rasgo corresponde al Mesías (torturado en la Cruz) y a
sus elegidos, los santos que transitan por el martirio.
La energía mutada de la castración y pérdida, hacia la osadía y la
educación.
Para la
psicología freudiana el sentimiento masculino
de castración se liga en un horror de la mente infantil al percibir con
ingenuidad que la mujer representa un cuerpo castrado, por tanto, sentir una
angustia irracional en el niño varón. En paralelo, para la niña implica un miedo
y sentimiento de pérdida
descubrir que los varones poseen un extra de carne, por tanto ellas se imaginan
ya castradas y entonces el fundador de la psicología afirma la llamada envidia
inconsciente del pene.[6]
Claro que el desarrollo sano de ambos género supera tales terrores infantiles y
canalización de emociones hacia un espacio manejable. El miedo masculino
trasmuta positivamente en osadía
(audacia, valor, arrojo bajo cualquier impulso conquistador, viajero y
expansivo) y la envidia femenina sublima con éxito en educación (cuidados,
crianza maternal, el “care” del
inglés con su sentido tan amplio), con la educación que es el saber
en actividad y su expansión.
La energía
sexual siendo la más briosa en la psique, esa tendencia espantosa a percibir
una castración inconsciente requiere de una canalización constructiva y
convertirse en algo distinto al miedo. La misma leyenda del sacrificio de Isaac
y la costumbre judía de la circuncisión, para quitar el prepucio muestran cómo
canalizar los miedos centrados en los genitales. En esa tradición, al hijo no
se le sacrifica, a cambio se entrega una ofrenda de prepucio para garantizar que
la virilidad se encause y esté “bendita”, según la acepta esa cultura. Por su
parte, las leyendas de santos bordean entre la mutación positiva en bondad,
efecto del medioevo como un “sangrado” permanente sobre la vitalidad de los
bárbaros germanos.[7] Como
sea algunas pocas anécdotas de castración voluntaria son excepcionales, incluso
la famosa de Orígenes, ha sido cuestionada. En cambio, la canalización de las
energías genitales para su aprovechamiento aparece de manera regular en las más
diversas culturas.
Disculpa de Salomé y las argucias
Culpar a la
mujer del pecado representa una típica argucia patriarcal, que se volvió en una
bandera ideológica para el occidente cristiano. Basta un poco de perspicacia
para observa que la muerte del Bautista era un objetivo del tirano Herodes
Antipas, que requería de algún pretexto (por risible que parezca a la
distancia), para matarlo. Resulta tan grotesco como pueril el argumento de
Herodes: “Es que me emocioné con el baile de mi hija o ahijada, por eso tuve
que cumplir un caprichito como poner una cabeza en bandeja de plata”.
El santón aunque
despertase la lascivia de una doncella, el deseo es inocuo sin la
violencia del rey y el relato bíblico dejó entrever que era un pretexto para
desviar la atención y la responsabilidad hacia un personaje secundario. Si
Salomé no manda en el reino y su palabra no es decreto, entonces no posee
capacidad de decidir en el reino.
Sin embargo,
la herencia cristiana y la narrativa literaria de pasajes bíblicos se traga el
pretexto del cruel Herodes, lo cual deriva de la ingenuidad, aunque sí nos muestra una
estructura psíquica profunda. Quedan
dos aspectos notables: la mujer como chivo expiatorio y el interés por la
lujuria como un actor autónomo del relato. El personaje Salomé se convierte en
un “chivo expiatorio” del acto del autócrata y la narrativa con facilidad traga
ese anzuelo. El “chivo expiatorio” forma parte de las narrativas del
autoritarismo y las justificaciones falsarias, como cuando se culpa a los
judíos de cualquier tragedia. La narrativa se repite en el personaje
emblemático de Mata Hari, quien canaliza la ira y frustración de los franceses
durante la Primer Guerra Mundial, por lo que exigen el máximo castigo, para una
actriz irrelevante, al parecer manipulada por los bandos militares.
La purificación por agua y el simbolismo de la mujer
Las actividades
del Bautista quedaron selladas como un novedoso ritual donde el agua purifica a
la persona, pues basta la inmersión con una intención sacramental para limpiar
los pecados. En lugar de la limpieza material, tan importante para la higiene,
se escenifica una limpieza del espíritu, que es aceptada también en mucha
culturas. Por ejemplo, entre los hindús resulta indispensable sumergirse en el
Ganges para purificarse y no fueron el único pueblo con rituales de inmersión.
De manera
armónica, la representación de la mujer se relaciona con las aguas y ésta con
su facultad de fertilidad. La contraposición y asociación
psíquica de ideas entre un santo varón controlando la magia de las aguas
regeneradoras y la doncella deseosa es evidente en su contenido; lo cual nos
invita a pensar en que hay un motivo para dramatizar ambos personajes. Por
tanto, en el relato el simbolismo de la mujer presenta la máxima tensión, donde
en lugar de fructificar resulta un pasaje a la muerte, en lugar del lecho de
procreación se dibuja una “charola de plata” fatal. En ese sentido, el relato
completo insinúa un fracaso de la purificación por agua (al menos relativiza su
eficacia) para anunciar el venidero evangelio donde se bautiza por espíritu y
fuego.
PD: Etimología de Bautismo
De la etimología de Bautizar,
Baptizar o Batear, encontramos que “Las palabras castellanas bautizar, baptizar y batear
proceden del idioma griego a través de la lengua latina. Las dos
primeras (bautizar, baptizar) vienen del latín baptizare y el último
(batear) se deriva del latín baptidiare. Los verbos latinos baptidiare
y baptizare proceden del griego de1verbo (baptizein =sumergir,
anegar, empapar, bautizar, estar hundido, ahogado) y este del v (baptein =sumergir,
introducir, hundir, empapar, remojar). Encontramos el verbo (w con el
significado "ahogarse" desde el siglo V a.C. en la obra
"Epidemias" de Hipócrates de Cos: "ávtrrvtev W<;
ÉK TOO Jk~o9al". "respiraba como uno que se está ahogando” y en Mateo
28:19 con el significado actual: "Id, pues, y haced discípulos de todas
las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo".”