Música


Vistas de página en total

miércoles, 4 de mayo de 2016

GILBERTO BOSQUES BIOGRAFÍA EN LA EUROPA PERSEGUIDA






                                                                                              Por Carlos Valdés Martín

Reconocido popularmente como el “Schindler mexicano”, las labores y aventuras de Gilberto Bosques Saldívar sobrepasaron esa calificación. En un ambiente peligroso, tras la caída de la República Española y los preparativos bélicos en Europa, él aceptó un delicado encargo diplomático para rescatar a los refugiados españoles que se precipitaron hacia Francia en 1939. 
Cuando acepta el encargo de cónsul en Francia, don Gilberto Bosques ya contaba con una trayectoria notable. Natural de un pequeño pueblo llamado Chiautla, nació en 1892 y desde muy joven mostró su pasión por las causas sociales y la educación. Desde joven había participado en la Revolución Mexicana, ganando diputaciones locales y federales[1]; también alcanzó puestos elevados en su estado natal, Puebla; una larga experiencia como profesor, promotor de revistas; director de un periódico nacional, y además cercanía con el entonces Presidente mexicano, Lázaro Cárdenas.
La designación consular de Gilberto Bosques fue por una petición directa del Presidente Cárdenas, motivada por el delicado contexto internacional, como se apreciará adelante. En México entonces ocurría la más ambiciosa oleada de reformas sociales y económicas, algunas de las cuales provocaron gran tensión exterior, como la expropiación petrolera del 18 de marzo de 1938.

Antecedentes de la Guerra Civil y preludio a la Guerra Mundial

En el mundo, el ascenso de regímenes nazis y fascistas preludiaba una oleada de conflictos que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial.
La República española enfrentó la conspiración y sublevación de los generales, bajo banderas de conservadurismo y reacción. El bando franquista español en el exterior fue sostenido por el clero y por el Eje Fascista de Alemania e Italia. La República quedó dividida y su apoyo externo fue débil o contradictorio. El bando fascista comenzó un golpe de Estado el 17-20 de julio de 1936 y desató una cruel guerra civil.
El gobierno mexicano fue uno de los pocos que mostraron una solidaridad activa hacia el bando republicano español, en un contexto internacional viciado por una desastrosa política de “No intervención” liderada por Francia e Inglaterra.
La República española cayó abrumada por la superioridad de armamento y recursos del bando fascista y, también, presa de sus contradicciones internas. La guerra civil en España finalizó el 1° de abril de 1939 con la completa derrota militar de los republicanos.  
En Europa las hostilidades abiertas de la Segunda Guerra Mundial comenzaron el 1° de septiembre de 1939, con la invasión alemana de Polonia. Aunque contaba con antecedentes importantes que la hacían inminente, en especial, la toma de Praga y territorios Checos en marzo de 1939.

Designado diplomático

La cercanía con el Presidente Lázaro Cárdenas precipitó la designación de Bosques para una misión muy delicada en Francia. La Guerra Civil Española había dejado más de medio millón de refugiados desamparados en suelo francés y el gobierno mexicano era de los pocos que estaban seriamente comprometidos. Según un relato autobiográfico recogido por Pérez Manzano, la plática donde se decidió su puesto fue así:
“—Bueno te irías a Francia –le dijo el Presidente Cárdenas-, ¿pero en calidad de qué?
“—Como Cónsul General –responde G. Bosques-;
“—¿Por qué no como Ministro?
“—No, —contesté— como Ministro se tienen muchas obligaciones sociales. No tendría tiempo para observaciones y estudios. No quiero un rango en el Servicio Exterior (que bajo esa otra figura también recibía un rango, pero distinto: Nota CVM), sino una oportunidad para mis propósitos sin desatender los servicios oficiales del cargo.”[2]  

Arribo como Cónsul General en París

Al final del año 1938 se embarca y arriba justamente el 1° de enero de 1939  en el trasatlántico Normandie[3]. Viaja con su familia completa integrada por su esposa María Luisa Manjarrez y sus tres hijos adolescentes Gilberto, Laura y Teresa. Visto en retrospectiva cabe preguntarse si subestimaba el peligro personal en una Gran Guerra o mantenía confianza en el respeto a los diplomáticos, entre las grandes potencias. De inmediato se instaló en la capital francesa, donde se albergaban la Embajada y Consulado General mexicanos. “El Consulado General en París tenía jurisdicción hasta Líbano, todo el Norte de África y Suiza; las oficinas se ubicaban en el mismo edificio de la Legación de México, la que estaba encabezada por un amigo de Don Gilberto: el ex Secretario de Educación Pública, Narciso Bassols.”[4]

Un deber y un apasionamiento… arriesgado

Gilberto Bosques no tomó su tarea como un trabajo rutinario, delimitado bajo horarios y obligaciones estipuladas. Dedicó todo su esfuerzo y tiempo, arriesgando más allá de la prudencia y rebasando sus obligaciones consulares.
Bosques, poco dado al auto-elogio, puso el acento en el esfuerzo y riesgo personal de sus colaboradores cercanos, así, en una declaración suya se lee: “‘Mis colaboradores no repararon en esfuerzos’, me dijo. ‘A veces trabajaban día y noche, sobre todo cuando salía un barco. Acompañaban a los que iban a ser puestos a salvo, porque queríamos tener un panorama de quién realmente iba en el barco. Algunos eran arrestados poco antes y entonces se trataba de ayudarlos para que fueran liberados nuevamente. Cuando se vio repentinamente que aquéllos a favor de quienes expedíamos documentos no tenían fotografías para pasaporte y que rehuían dejarse fotografiar en cualquier lugar—pero también para ahorrar tiempo— instalamos un estudio de fotografía en el consulado’"[5].

Derrumbe del frente, oleada de emigración y catástrofe humanitaria en Francia

Al colapsarse las líneas militares republicanas, comienza un éxodo masivo que presiona sobre la frontera francesa al principio de 1939, cuando cientos de miles de civiles intentan desesperadamente el cruce. La autoridad francesa se resiste a esa entrada masiva y deja a cientos de miles varados y sin alternativas; luego, el gobierno francés termina cediendo y en pocas semanas se internan más de medio millón de españoles. La autoridad gala improvisa su recibimiento confinándolos en campos de reclusión (llamados entonces “campos de concentración”, aunque sin el sentido de exterminio que luego adquirió ese término). Los españoles son recluidos en barracas improvisadas, marcadas entre el desinterés y la hostilidad; el campamento más poblado contiene a 80,000 almas. La posición oficial gala no fue de bienvenida, sino hostil como para convencerlos que regresen a su país; sin embargo, la principal perspectiva de regreso era la cárcel o el fusilamiento por las ensoberbecidas huestes de Francisco Franco.
En Francia, la situación de los españoles perfila una catástrofe; la emigración ha huido sin recursos, con muchos enfermos y heridos, las familias separadas, viudas y huérfanos, todos ellos sin medios ni maneras para dar marcha atrás. Las condiciones de alojamiento, alimentación y sanidad son precarias o no existen; escasean la comida y el servicio médico.
Ante la masificación de las tareas y las urgencias, en Francia la Legación diplomática mexicana redobla esfuerzos y recibe más personal. La llegada de Gilberto Bosques al despuntar el año 1939 va en ese sentido: intensa actividad para contactar a los españoles y darles abrigo. Con urgencia se envían encargados a los campos de refugiados, diariamente se reciben centenares de cartas y se apuran sus respuestas. Muchas veces el acercamiento es infructuoso porque son cambiados de barracas o de campos, e inclusive algunos escapan de las barracas. Simultáneamente, al Consulado mexicano en París le llegan miles de cartas de parientes y amigos ansiosos por ofrecer su ayuda o intentando localizar a sus parientes.

Determinación para auxiliar a los refugiados

En esa encrucijada desesperante de la emigración forzada y los campos de refugiados, la determinación del Presidente mexicano para dar asilo a “todos” (esta vez sí aplicaba el acentuarlo) los refugiados españoles que quisieran emigrar. La oferta de Lázaro Cárdenas es generosa y sin condiciones, no está predispuesta por filiaciones sino que se dispone a una recepción masiva. Gilberto Bosques está comprometido para cumplir esa gran misión desde su arribo.
Ahora bien, el entorno internacional conflictivo no permitía moverse con facilidad; por ejemplo, la Expropiación Petrolera (18 de marzo de 1938) provocó animadversión de EUA e Inglaterra que chocaron con los intereses mexicanos. Por ejemplo, eso implicó cautela inicial ante los brigadistas internacionales que escapaban de España y no aceptar sus solicitudes en bloque[6].  

Labores humanitarias

Entre las labores humanitarias más notables de la legación mexicana en Francia estaban el rescatar huérfanos, amparar viudas y lisiados, dar alojamiento a desvalidos, otorgar protección legal a perseguidos y apurar su salida hacia México. Gilberto Bosques realizó gran variedad de acciones para coordinar y lograr el cumplimiento de las tareas humanitarias bajo su responsabilidad, por lo que mencionaremos algunas.
Para el rescate de infantes: “Se costeó el rescate de los niños, algunos de los cuales huérfanos la mayoría fueron recogidos en los alrededores de los campos, de donde escapaban en condiciones lamentables. En el invierno se recogieron niños que tenían los pies congelados. En los campos algunos de ellos presentaban un estado de pre-anemia.”[7]
Para la acogida de personas con los refugiados del sur de Francia, Gilberto y su gente rentaron y gestionaron la habilitación de dos castillos, el de Reynarde, donde acomodaron 850 personas y el de Montgrand, con alrededor de 500 ocupantes. “Había universitarios, magistrados, literatos, hombres importantes y también trabajadores del campo y del taller. Todos llegaron ahí para protegerse, a buscar abrigo, con el ánimo caído. Para levantarles el espíritu se organizó una orquesta, se montó un teatro, se organizaron juegos deportivos y esos hombres recobraron el buen ánimo”. “Los niños y mujeres en Montgrand tenían buena alimentación, en lo posible, con dieta especial, bastante buena, que incluso los franceses no disfrutaban; campos de recreación para los niños, un cuerpo médico de pediatras muy capacitados y su escuela”[8]

Embarcos suspendidos por la declaración de guerra

Para los refugiados el fletamento de barcos y el conseguir permisos (pasaportes y salvoconductos), era cuestión de vida o muerte. Muchas autoridades francesas demuestran más reticencias y desconfianzas que interés en facilitar las salidas.
Con la activa colaboración y financiamiento de los propios españoles del SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles), por fin el 17 de mayo sale hacia México el primer gran buque, el Sinaia el 24 de mayo de 1939. Pronto zarpan el barco Ipanema y luego el Mexique. En ese periodo se estiman un acumulado de 6000 personas que se dirigen hacia México.

Declaración de guerra europea y hostilidad del gobierno francés

La situación cambia dramáticamente el 3 de septiembre de 1939 con la declaración de guerra entre las potencias aliadas y Alemania. El ambiente quedó de súbito enrarecido y privó un esfuerzo de militarización en Francia.
Por ejemplo, de pronto la generación de pasaportes mexicanos se paralizó mientras se redefinían las posiciones de las potencias. En ese contexto pre-bélico, una parte del gobierno francés se pliega a las presiones franquistas y dificulta la situación de los exiliados y hasta espía a la delegación mexicana, especialmente a Bassols y los hermanos Gamboa de quienes sospechan más pues son “rojos”.
Un ejemplo, de las tensiones de ese periodo fue la detención arbitraria en Francia de un mexicano[9] sin acusaciones, por lo que Gilberto Bosques tomó la “represalia” de suspender las visas para los ciudadanos franceses internados en México. Una vez liberado el detenido mexicano, este incidente terminó sin complicaciones y se restableció el visado, pero demuestra lo ríspidos que se volvían los tratos entre el gobierno francés y el mexicano. 

  Excepción y peligro tras la ocupación nazi de París

Alemania invade Francia el 10 de mayo de 1940, y en pocas semanas la República francesa es derrotada y capitula; entonces  la situación de la delegación diplomática mexicana da un vuelco dramático. Dicha capitulación francesa sucede el 22 junio de 1940.
El país lo ocupa una potencia beligerante en guerra mundial, que incluye en sus hostilidades a México. Una gran zona que no ha sido tomada queda bajo la autoridad del colaboracionista Pétain, quien está más preocupado por congraciarse con los nazis que en respetar sus leyes interiores convertidas casi en letra muerta.

Escapan de París y se instalan en Marsella

Debido a que la embajada estaba ubicada en París, ante la proximidad del ejército alemán, el personal de la embajada mexicana debe huir hacia el sur. Según testimonios Gilberto Bosques es el último en retirarse de la sede diplomática mexicana en París, ya cuando los soldados alemanes amenazan a las puertas de la ciudad.

Acuerdo Franco-Mexicano del 22 de agosto de 1940

En mitad de esa situación caótica, el diplomático mexicano Luis I. Rodríguez inicia una ardua gestión diplomática —en las que también es protagonista G. Bosques— para acelerar la salida de refugiados[10] y, con dificultades, tras apretadas negociaciones se da la aceptación por el gobierno de Pétain[11]. El 22 de agosto de 1940 se logra un Acuerdo Internacional franco-mexicano firmado con la finalidad de favorecer la salida de los refugiados rumbo a México. 
A pesar de tal acuerdo, los obstáculos y peligros son enormes en ese país. Un decreto alemán indica que todo ciudadano extranjero en los territorios ocupados debe ser deportado a “campos de trabajo” ubicados dentro de las fronteras germanas. El gobierno del dictador Franco logra algunas extradiciones de líderes españoles, quienes de inmediato son fusilados en España como Lluys Campanys. El gobierno francés y el nazi espían a la delegación mexicana y a los refugiados, entonces sin protección consular las detenciones arbitrarias son cotidianas.

Acoso, espionaje, redadas y capturas arbitrarias

Bajo el régimen de Pétain afuera de campos de refugiados, para los españoles su existencia es peligrosa. Los franquistas exigen detenciones, abren procesos con fachada de legales, además espían y acosan a los refugiados; y los provocadores fascistas cruzan fácilmente los Pirineos para hostigarlos. En ocasiones, la autoridad francesa actúa con indiferencia o se presta a cualquier clase de atrocidades. Si descubren que algún refugiado posee mucho dinero y bienes, lo consideran una especie de botín, cuando lo encuentran es detenido y lo que posea queda confiscado. Por ejemplo, a Manuel Portela Valladares lo detienen arbitrariamente para confiscarle 395,000 francos, acciones de una empresa francesa y un óleo valioso; quedando en arresto domiciliario.
La población francesa duramente aleccionada por la invasión alemana y la traición de sus gobernantes, queda más sensibilizada y se comporta solidaria con los refugiados; pero los franceses mismos están acosados y bajo amenaza, así que su capacidad de socorro está minimizada.

Importancia de las Visas mexicanas

Comprometido y sensibilizado por la amenaza y arbitrariedad a que eran sometidos los perseguidos de distinto signo, el cónsul Bosques y su delegación diplomática, se comprometieron para ayudar más allá de las órdenes públicas de rescatar a los españoles. Sin embargo, extender la ayuda a los judíos y otros perseguidos (antifascistas, partisanos, disidentes conocidos…) se volvió peligrosísimo. Las disposiciones seudo-legales del gobierno local y los ocupantes nazis ponían en riesgo constante los esfuerzos para proteger perseguidos, pero el deber moral de los diplomáticos se resumía en la consigna de “salvar vidas” ante todo. De esa manera socorrieron, brindaron apoyo material y hasta ocultaron a perseguidos para facilitar su salida del país y una gran ayuda la representaron las que fueron luego llamadas “Visas Bosques”.
En el contexto de la Francia ocupada, para los refugiados con un estatus legal precario, las visas mexicanas implicaban casi el único paraguas contra la arbitrariedad y los abusos imperantes. Anotemos que también las autoridades francesas bajo Pétain promulgaron leyes de carácter persecutorio contra los extranjeros, incluso su reclutamiento para trabajos forzados o las amenazas de confiscación. 

Organización de la vida en los castillos de Reynarde y Montgrand

Debido a las privaciones de los refugiados, la peligrosidad de las calles y las amenazas legales, resultó indispensable organizar dos grandes campamentos en la Francia bajo Pétain. Los dos viejos castillos con un ambiente agrícola alrededor resultaron los más adecuados, además que permitían mantenerse alejados de las intrigas y el acoso. El mantenimiento simultáneo de 850 y 500 republicanos con sus familias requirió de un enorme esfuerzo material y humano. En esos parajes se organizó desde educación y cuidado de niños pequeños, atención de los enfermos y lisiados, alimentos diarios y pequeña agricultura, alojamiento para las familias y los huérfanos, calefacción y avituallamiento, educación para todos y hasta entretenimiento cumplidos con la misma participación de los asilados.

Búsqueda desesperada de medios y envío de barcos con refugiados

En una situación de hostilidad en Francia y con la presión de una Alemania nazi en guerra, no se imaginen que resultaba sencillo conseguir barcos para refugiados. Las líneas comerciales entre Europa y América habían cesado sus operaciones, quedaban algunos cargueros pero las dificultades eran enormes y el peligro constante. Durante largos periodos el gobierno de Pétain o Alemania se oponen e impiden los embarcos, cuando lo permiten imponen muchas restricciones. Las compañías navieras son cautas, pues molestar a las potencias beligerantes les significaría detener sus operaciones y hasta la confiscación de sus naves. Incluso otros gobiernos latinoamericanos que simpatizan con los refugiados son demasiado cautos o carecen de medios para facilitar la emigración[12].
De modo constante la presencia de los diplomáticos mexicanos era indispensable. Desde el final de 1941, para los nazis alemanes los “comunistas” se convierten en un objetivo militar. Recordemos que antes tuvieron un pacto de amistad Hitler-Stalin, pero después invadieron la URSS el 22 de junio de 1941. Entonces los alemanes exigen a Pétain el máximo rigor contra los comunistas, a quienes detectan y persiguen entre los refugiados, evitando que salgan. La vigilancia militar se vuelve tan rigorista que, buscando suplantaciones, custodian las pasarelas para garantizar que los pasajeros no se hayan teñido el pelo. Por eso Bosques: “supervisa muy de cerca cada uno de esos embarcos. Él mismo interviene al pie de la pasarela de abordaje para asegurarse de que entren al buque los refugiados que corren el riesgo de ser detenidos en el último momento”[13]

Declaratoria de guerra formal México-Alemania

El 13 de mayo de 1942 fue hundido un buque petrolero mexicano, el Potrero del Llano, por submarinos alemanes. El gobierno de Manuel Ávila Camacho emplaza a Alemania y siete días después, el 22 de mayo de 1942, hace la declaratoria formal de guerra. A partir de ese momento hay un estado formal de guerra entre México y las potencias del eje, aunque nuestro país no participa directamente en ninguna operación militar sino dos años después en la Guerra del Pacífico contra Japón.

Ruptura de relaciones diplomáticas y toma de la embajada mexicana

En el contexto de guerra formal con Alemania y las fuerzas del Eje, el gobierno mexicano queda orillado a la ruptura de relaciones con Francia. El cónsul Bosques presenta la nota de ruptura y da la ampliación verbal, esperando la reacción. En ese ambiente proceden a quemar los archivos diplomáticos comprometedores, todavía ubicados en su misma sede.
La reacción posterior viene de Alemania, que encarga el saqueo de la sede de la embajada. Se presentan militares alemanes exigiendo que entreguen archivos y que abran las cajas fuertes, sospechando que se conserva información confidencial. En las oficinas, Gilberto Bosques se encarga de encarar a los soldados, conservando un aplomo sorprendente. Ante las exigencias de que abrieran sus cajas fuertes mantiene la calma y declara enfáticamente que únicamente hay caudales que pertenecen al consulado, indispensables para sufragar los gastos de todos ellos. En la disputa con los militares alemanes logró que el encargado firmara un recibo por la cantidad decomisada y abajo un escrito con su protesta formal.
“Bosques redactó el recibo de los fondos, y al final, su enérgica protesta, pero la Gestapo intentaba obligar al oficial a no firmarlo, por lo que éste le dijo: ‘yo soy un miembro del ejército. Me ordenaron esta clase de actos en comisión especial. He aceptado por disciplina. El ejército alemán se deshonra con un acto de esta naturaleza, y como ya le di mi palabra, le voy a firmar el recibo, pero le suplicaría que suavizara la parte final de la protesta’.”[14]
El oficial alemán a cargo terminó firmando un documento, que era comprometedor. Gilberto acudió al cónsul de Suecia, país que respaldaría la tarea diplomática en tan difícil momento y le confió el documento temiendo que luego intentaran arrebatárselo los alemanes.  En un giro trágico de esa anécdota, poco después autoridades alemanas gestionaron para devolver el dinero a cambio del documento, y, en un desenlace dramático, al oficial que lo firmó le fusilaron.

Prisión en Alemania

Corría el año 1943, cuando por vía propia y con apoyo de las embajadas amigas se tramitó la salida de Francia los 43 mexicanos vinculados a la legación nacional, incluyendo a Gilberto con su mujer e hijos. El gobierno francés dilató la salida y con engaños desvió su ruta. Pronto fueron trasladados a Mont D'or para entregarles a los alemanes, pues los detendrían en Alemania a cargo de la Gestapo.[15]
Detenidos en suelo francés, todo el cuerpo diplomático y sus familias fueron conducidos cerca de Bonn y terminaron en una reclusión de consideraciones diplomáticas en un hotel de lujo en Bad Godesberg.
“Para ese entonces, la Alemania hitleriana tenía suficientes motivos: Los representantes mexicanos se habían dedicado a documentar, proteger y trasladar a México (y a otros países), a prisioneros de distintas nacionalidades, principalmente españoles que huían de la persecución franquista y judíos; se atrevieron a romper relaciones con el gobierno de Vichy y finalmente, el mismo gobierno mexicano se declaró en “Estado de Guerra” contra la Alemania nazi y los otros dos integrantes del “Eje”.”[16]
El hotel Rheinhotel Dreesen en la localidad de Bad Godesberg, el cual estaba destinado para varios diplomáticos detenidos, entre los que destacaban también los de Suecia. Ahí a los mexicanos no se les reconoció su calidad de diplomáticos prisioneros, pero se les trató con alguna consideración. De la delegación mexicana se contaron 43 detenidos ahí, entre ellos nuestro personaje con su esposa y tres hijos.
Entre las más llamativas peculiaridades de esa prisión diplomática, además de ser de lujo, cabe interpretar esa ubicación como una fachada y “escudo humano”. Por extraño que parezca en el mismo hotel de lujo en que estaban detenidas algunas delegaciones diplomáticas en el interior de Alemania, ya que en ese sitio en ocasiones se hospedó el mismísimo Adolfo Hitler.
A pesar de ciertos privilegios y consideraciones de ese cautiverio, la incertidumbre e incomunicación era constante. El ambiente de zozobra y privaciones de la guerra era patente, por ejemplo, desde ese hotel se alcanzaban a ver las explosiones de bombardeos sobre zonas industriales vecinas, conforme avanzaba la Guerra Mundial y cambiaba la fortuna militar.

Liberación y regreso

A principios de 1944 prosperó la gestión de México para obtener la liberación de sus ciudadanos confinados en Bad Godesberg. La negociación condujo hacia un intercambio de prisioneros y, en abril de 1944, regresa completa la delegación mexicana, canjeada por prisioneros alemanes en nuestro país. En un comentario, Bosques estimó que fueron permutados en relación de 12 alemanes por 1 mexicano.
En su regreso a México, toda la delegación mexicana fue aclamada por sus nobles acciones. Los miles de refugiados que habían salvado y recuperado sus propias vidas tuvieron ocasión de agradecer, como lo testimonian miles de cartas, diplomas y homenajes al diplomático y sus colaboradores.  
En un discurso, al regresar Gilberto Bosques Saldívar declaró: “Hice la política de mi país, de ayuda, de apoyo material y moral a los heroicos defensores de la república española, a los esforzados paladines de la lucha contra Hitler y contra Mussolini y contra Franco y contra Pétain y Laval. Si en la interpretación de la actitud gallarda y trascendente de México me excedí en mis atribuciones reglamentarias, estoy dispuesto a arrastrar las consecuencias y la sanción que proceda. No lo creo.”[17]
En retrospectiva, las sucesivas designaciones de Gilberto Bosques Saldívar como embajador en varios países provoca la impresión de una larga gira triunfal, bien recibida y hasta aclamada en los países receptores; la cual, en cambio pasó casi desapercibida por sus compatriotas. Después, tuvo la fortuna de una larga vida, contada en más de cien años, rodeado de afecto familiar, amistades y reconocimiento internacional, en especial, con la gratitud de decenas de miles de personas salvadas de las garras del fascismo. Falleció a los 102 años el 4 de julio de 1995 en la Ciudad de México.

LUCES DE INTERÉS

A continuación marco algunos destellos interesantes sobre las dificultades y logros del periodo de Gilberto Bosques en Francia y su prisión en Alemania.

¿Cuántos refugiados fueron salvados?

De acuerdo con Gérard Malgat "es difícil precisarlo", pero gracias a su investigación en los archivos personales del diplomático: Bosques firmó cerca de 30 mil visas y es posible estimar que cerca de 80 mil personas recibieron el documento migratorio que autorizaba su entrada a México, pero no fueron más de 20 mil las que pudieron efectivamente emigrar por vía directa. El registro de pasajeros de los barcos fletados bajo la organización de SERE y JARE, queda en 9,824 según una fuente detallada[18], ese fue el medio de salida de los barcos más grandes aunque ese no fue el único procedimiento de escape, ya que existieron rutas indirectas de salida por Lisboa, Argel y Marruecos patrocinadas por la embajada mexicana. La cifra más común que se maneja de vidas salvadas durante su odisea se suele estimar entre 40 y 45 mil.

Periodo del arribo de barcos a México

En el periodo que abarca del 7 de junio de 1937, año de llegada de los célebres “niños de Morelia”, un grupo de 461 niños españoles —la mayoría huérfanos a raíz de la guerra civil en su país y que fueron radicados en la capital michoacana— y hasta finales de 1942. Fue entonces cuando llegaron a México los refugiados, la mayoría de ellos españoles, aunque había también judíos, libaneses y gente de otras nacionalidades que escapaban de la guerra.

Otros países embarcando refugiados

Con recursos más limitados, otros países contribuyeron al rescate de españoles. Se recuerda la contribución de Chile, con la participación del poeta Neruda, y el fletamento del barco Winnipeg. Pablo Neruda escribió: “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.”

Gilberto Bosques representante de la masonería mexicana

 Siendo cónsul, Gilberto también está adscrito a la masonería. “En mayo de 1939, la Gran Logia Valle de México le pide a Gilberto Bosques que la represente en Francia”[19] y además la francmasonería francesa forma un comité de ayuda, en especial alarmado por la intención de Francisco Franco para asesinar a los masones españoles.

NOTAS:

[1] Comisión de Derechos Humanos del D.F., “Gilberto Bosques Saldívar”, México, p. 41. Incluso ganó la elección para el Constituyente de 1917 pero por su edad resultó no elegible y debió esperar un tiempo más para contender y obtener su primera diputación en su estado natal.
[2] Gilberto Bosques, Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, Ed. Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1988, p. 38, citado por Antonio Pérez Manzano, DON GILBERTO BOSQUES. DIPLOMACIA DIGNA Y HUMANITARIA, Revista de la Asociación de Diplomáticos Escritores, Núm. 10, México, 2004.
[3] MALGAT, Gérard, Gilberto Bosques, la diplomacia al servicio de la libertad (1939-1942).
[4] Antonio Pérez Manzano, “Don Gilberto Bosques. Diplomacia digna y humanitaria”, Revista de la Asociación de Diplomáticos Escritores, Núm. 10, México, 2004.
[5] KIESSLING, Wolfgang, "...Quien tanto hizo por nosotros", p. 341.
[6] MALGAT, Gérard, Gilberto Bosques, la diplomacia al servicio de la libertad (1939-1942), p. 72.
[7] Gilberto Bosques, Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, Ed. Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1988, p. 54.
[8] Gilberto Bosques, Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, Ed. Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1988.
[9] MALGAT, Gérard, Gilberto Bosques, la diplomacia al servicio de la libertad (1939-1942), p. 89.
[10] MALGAT, Gérard, Gilberto Bosques, la diplomacia al servicio de la libertad (1939-1942), p. 104. Recibe el encargo directamente del Presidente Cárdenas.
[11] Por si faltaran dificultades, en esa negociación debemos notar que el Gobierno mexicano apuntó su simpatía hacia De Gaulle y su Francia libre en el exterior, por lo que reconocía abiertamente y daba apoyo material al antagonista de Pétain.
[12] En la Conferencia de la Habana de julio de 1940, el gobierno de México solicita abiertamente barcos a las naciones latinoamericanas, sin obtener respuestas favorables. MALGAT, Gérard, Op. cit. P. 139.
[13] MALGAT, Gérard, Gilberto Bosques, la diplomacia al servicio de la libertad (1939-1942), p. 288.
[14] Tomado de la página http://holocaustoenespanol.blogspot.mx/2009/11/gilberto-bosques-saldivar-el-schindler_20.html. A su vez, parece resumen de Gerard MALGAT.
[16] Antonio Pérez Manzano, “Don Gilberto Bosques. Diplomacia digna y humanitaria”, Revista de la Asociación de Diplomáticos Escritores, Núm. 10, México, 2004. Dice “llevándolos en calidad de prisioneros a un hotel de Bad Godesberg, cercano a la ciudad de Berlín (SIC)”. Eso es una errata, lo correcto es junto a la ciudad de Bonn.
[17] Gilberto Bosques Saldívar, "Regreso de Europa", discurso pronunciado ante diputados de la xxx Legislatura Federal en la Ciudad de México en 1944, en Artículos, conferencias y discursos, Puebla, H. Congreso del Estado de Puebla, LII Legislatura, s/f, p. 334.
[18] Vázquez Hernández, Aurelio, “La diplomacia mexicana: ¿agente al servicio del exilio español?”, Revista HAOL, Núm. 22 (Primavera, 2010), 7-17.
[19] MALGAT, Gérard, Gilberto Bosques, la diplomacia al servicio de la libertad (1939-1942), p. 79.

jueves, 7 de abril de 2016

ANÁLISIS Y RESEÑA DE “LAS RUINAS CIRCULARES”




Por Carlos Valdés Martín

Este cuento fue publicado inicialmente en la revista literaria Sur en el año 1940 y pronto se integró en la colección titulada Jardín de senderos que se bifurcan. Manejando un ambiente exótico y primitivo, en mitad de una lejana selva, el personaje protagónico se embarca en la aventura de crear un hombre (que es “hijo”[1]) mediante sus sueños. La trama refleja las tradiciones religiosas, esotéricas y filosóficas de muchas latitudes, creando un ambiente original y pleno de ambigüedades que el mismo Borges calificó como “irreal”[2]. El resultado de una fantasía estricta y el borde de los imposibles, que cautiva al lector con un desenlace dramático e inesperado. 

Argumento
El protagonista arriba penosamente hasta la ruina circular de un antiguo templo dedicado al fuego representado por un tigre o potro y ahí permanece. Lo empuja un propósito sobrenatural de soñar un hombre hasta traerlo a la realidad. Las dificultades y fatigas del soñador se integran con creencias esotéricas o religiosas indefinidas. La inusitada obsesión del personaje asombra, cuando el lector observa las tentativas fracasadas y dificultades de su tarea, que resiste más difícil “que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara.”[3] El protagonista insiste en cumplir su labor de mago o demiurgo; así, tras los fracasos iniciales y cumplidos unos sortilegios, la tarea progresa despacio empezando por un corazón y, así paso a paso, confecciona cada órgano del cuerpo imaginario. Ya fabricado por entero, el cuerpo del que considera su hijo yace inanimado, por lo que esos prolongados afanes terminan en un callejón sin salida. Desesperado, el personaje suplica a la efigie de las ruinas su auxilio y el dios del fuego accede a animarle con una condición: que sea instruido en los ritos y después lo envíe a otro templo. El resultado copia a un hombre de carne y hueso, que únicamente el protagonista y el fuego mismo notarían que es un ente fantasmal. Durante dos años lo educa y paulatinamente lo acostumbra para entrar en la realidad, hasta que el vástago está preparado. Después le infunde el olvido para que jamás descubra alguna pena por no ser un humano auténtico, y lo destina a un templo río abajo en el Norte. Años después llegan a sus oídos noticias de que un mago es invulnerable al fuego y le atormenta saber que es su hijo, quien estaría en condición de descubrir que es “mero simulacro”. Las tribulaciones del mago acaban pronto, pues el templo que habita se incendia. Queda atrapado entre el fuego y, ante un final inevitable, pretende inmolarse voluntariamente, sin embargo a él lo respetan las llamas, por tanto, en el último párrafo “comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”[4] Así termina este cuento que es, en su engañosa ilusión, el más sencillo de los que integran la colección El jardín de senderos que se bifurcan. 

Contexto histórico
Mientras otros confines del planeta se adentraban en los horrores de la Guerra Mundial, la capital argentina se movía en un tren de progreso general con industrialización y urbanización importantes, aunque con el bienestar delimitado a las clases altas. En esos años la capital se embarca en obras urbanistas que perfilaron su fama de ciudad modernísima. Por su fuerte emigración europea y su condición geográfica, el país se mantenía alerta con las noticias inquietantes del globo y la élite bonaerense asimilaba las vanguardias culturales, por tanto respiraba un medioambiente cosmopolita. Esa mezcla favorecía el alejamiento respecto de las tradiciones hispánicas y católicas para inventar nuevos paradigmas.
No falta quien atribuya a la literatura fantástica una especie de escapismo ante los horrores o desigualdades, desde la izquierda literaria se condena cualquier modalidad de vanguardismo o de fuga[5]; sin embargo, entre las ironías del arte se encuentra que el alejamiento también nos aproxima y los extremos de la ficción resultan de lo más reveladores. Jorge Luis Borges estaba sincronizado con las tendencias vanguardistas de la literatura y abrevando de los manantiales más diversos para su original escritura.  

Contexto antropológico
La narración recupera múltiples arroyos provenientes de la tradición de Occidente y Oriente, tomando distancia de su matriz principal del cristianismo, para unir los flujos indo-arios, griegos, egipcios y de otros pueblos en un esfuerzo de síntesis para inventar otra religión pagana y esotérica. Ese esfuerzo avanza en paralelo con el florecimiento de la historia de las religiones y la antropología moderna que no privilegia ya a ninguna cultura contra las demás, sino que busca patrones universales[6].
El cuento Ruinas circulares hace guiños hacia muchas creencias, como el culto al fuego, los dioses animales, la conservación de órganos egipcia o la confección de homúnculos por los alquimistas. El personaje, en el principio, semeja a un hombre obsesivamente decidido a convertirse en demiurgo mediante el sueño; al final, resulta otro hijo fantasma y el sorprendido producto de un encantamiento previo. La narración reúne los niveles de esoterismo, religión y hasta superstición para integrarlos en una mezcla consistente, de tal manera que el personaje es confeccionado con la distancia del ensueño antropológico: crisol de creencias, algunas milenarias y otras conservadas en la superstición. 

Personajes
Personaje principal. El protagonista atraviesa el relato de principio a fin y lo acapara, los demás quedan en un fondo de escenario discreto a excepción de su espejo que es el hijo-fantasma. Aunque la presencia del vástago como su objetivo, termina regresando al demiurgo con circularidad metafísica, ya que él se descubre el producto de esa misma factura esotérica y fantasmal.  Desconocemos sus antecedentes individuales, comienza con ese toque misterioso, además de que emigra desde un sitio extraño para establecerse en un templo perdido en la selva. Proviene desde donde se usa un idioma ahora inexistente, el “zend” y no hay contaminación por lepra. Casi no se describen sus rasgos físicos, fuera de que es un “hombre gris” que comienza “mareado y ensangrentado”, aunque no siente sus heridas y se recupera de inmediato.
Pronto surge su característica principal que es la voluntad de soñar disciplinadamente para crear a uno que sea su hijo. Además, exterioriza emociones fuertes a modo de “lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos”[7] o tiernas “con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches.”
Mediante los difíciles ejercicios del sueño y los combates del insomnio se revela el personaje y adquiere estatura de mago. Nos abaten sus tentativas fallidas para seleccionar a un alumno fantasmal adecuado y, luego, él reinicia el proceso por la vía más larga de confeccionar cada órgano hasta completar el cuerpo del retoño. Gracias a la intervención del dios del fuego, logra dar vida al vástago fantasmal y luego lo educa pacientemente por dos años. Cuando ha madurado, cuida de hacerlo olvidar su origen y enviarlo a otro sitio donde se convertirá en mago. En un intenso final, el protagonista descubre que tampoco él es hombre de carne y hueso sino el sueño de otro.  

El hijo fantasmal. Antes de formarse se anuncia cual propósito sobrenatural, que ha devorado previamente a su demiurgo[8], aunque es construido con la mayor entrega y obsesivos sacrificios. Discretos atisbos van mostrando la identidad con el protagonista.[9] De su descripción física poco sabemos fuera del detalle de su corazón y nada más se describe que es un mancebo completo, pero sin especificar sus rasgos. El amor del padre pretende entregarle dones —educación y olvido— por lo que tras un único beso lo despide para que habite en otro templo. Después se reciben noticias de que el hijo resulta “un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse”[10], lo cual desata los temores del padre demiurgo. Y hasta ahí queda en el relato. 

El dios del fuego. El ídolo dual de tigre y potro comienza siendo un adorno inanimado, para después intervenir como un dios actuante. La ambigüedad del animal dual crece señalándolo múltiple, pues ese fuego es la flama de lo cambiante y se representa por muchos seres[11]. Se presenta dentro del sueño del protagonista para mostrarle su culto y el secreto ritual que vitalizará al hijo, quedando con tan perfecta apariencia de carne y hueso, que para todas las criaturas pasará por humano excepto para el fuego y el protagonista. En la trama este es un dios paciente, discreto y que sí cumple sin cláusulas tramposas, según los relatos mefistofélicos, únicamente solicita que envíe al hijo como sacerdote a otro templo[12], lo cual parece satisfacer al protagonista. Si en el relato existe algún “castigo” no se le atribuye al dios del fuego sino a una imposibilidad para conseguir la condición humana. 

Personajes accesorios. Algunos lugareños merodean en la historia, con mínimas apariciones pero sirviendo en la trama. Al comienzo son un rumor donde “nadie ignora” la procedencia del protagonista. Luego ellos sirven como un fondo amigable pues “Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro”[13] lo han acogido en el templo y le rinden tributo con discreción. Para dar pie al desenlace, aparecen “dos remeros” anónimos que le traen noticias de que su hijo alardea de su capacidad para retar al fuego sin quemarse. 

Espacios y geografías
El conjunto de los espacios y geografías nos presentan una apariencia realista, con ríos, selvas y ruinas por entero creíbles, que son la plataforma de la ficción. Ese espacio geográfico utiliza sólo dos coordenadas que son Sur y Norte, lo cual implica un guiño con el nombre de la revista que lo publicó, Sur, y hasta con la situación austral de Argentina. El ámbito hidrográfico liga el río abajo y río arriba, indicando el flujo de comunicación y una frontera: el templo está junto al río y al hijo se le enviará a otro templo conectado por vía fluvial. El otro confín es la selva como frontera de lo hostil y perjudicial, pues los recintos están rodeados o asediados por un ambiente selvático. Por último están las elevaciones, al inicio se declara a su patria enclavada en el flanco de las montañas, al hijo fantasmal lo “entrena” enviándolo a colocar una bandera en una cumbre y el desenlace está anunciado en presagios que incluyen una nube en un cerro. Si redondeamos a estas referencias con las ocasionales presencias de pájaros y nubes el cuento reúne los cuatro “elementos” básicos de la alquimia para fundirlos con el quinto implícito: la quintaesencia que otorga la vida, aquí una fantasmal en la clave de esta trama.

Templos y círculos
La arquitectura en exclusiva es de templos ajados y abandonados. El término templo es sumamente evocador del despertar de la conciencia; recordemos que los pueblos han sido cautivados con la perspectiva de edificaciones capaces de atraer el favor de los dioses y establecer el puente de comunicación sagrado, como en las Pirámides de Egipto o el Templo de Salomón.
Aquí su descripción es sencilla “el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra”[14]. Marca escasos detalles físicos como que “Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado”. Aparecen otros detalles sobre el templo como que “en la muralla dilapidada” hay “un nicho sepulcral”, además también existe algún “pedestal” en ese sitio. Respecto del santuario semejante al que envía al hijo se indica una mínima diferencia “otro templo despedazado cuyas pirámides persisten”. Recordemos que son recintos vacíos, dañados por un incendio y acosados por la selva; simultáneamente, son centros sagrados que fueron el eje de una religión del fuego. A pesar de su abandono, los aldeanos del entorno respetan esos sitios.
En esto Borges retoma la importancia del círculo en las geometrías sagradas, incluso muchos pueblos así representaban a la divinidad suprema, pues lo estimaban emblema de la perfección y del infinito. En la fenomenología religiosa cualquier templo es interpretado como un centro o “axis mundi”; que para esa perspectiva, no es inconciliable con la repetición de muchos centros y, en este relato, se afirma que hay varios santuarios iguales. Todo templo separa un espacio sagrado del profano, por eso su acceso está vedado a quien no es digno de él; en ese sentido la invasión de la selva indica una decadencia peligrosa. En este relato son edificaciones agónicas, señaladas como ruinas, ya incapaces de un abrigo eficiente, ocasionalmente traspasadas por la selva, pájaros de presagios o un cíclico incendio. A pesar de su debilidad sobreviven en un submundo mágico: la selva no acaba por ahogarlas ni las flamas aniquilan esas ruinas. 

La línea del tiempo y causalidad
El calendario se remite a una antigüedad indefinida, marcada por las ruinas y lo rústico del entorno, nada supone cualquier conexión con lo moderno; sin pretender una civilización precisa recopila detalles que se pueden atribuir a un sinnúmero de pueblos. Su referencia genérica es un paganismo y el culto en un perímetro sacro. El transcurso de los eventos mantiene una verosimilitud de un tiempo lineal, donde los acontecimientos mantienen su ritmo. Incluso una duda sobre cuánto ha transcurrido, marca el mismo tono realista: “Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron”[15].
Cuando se presenta un objetivo que acapara el espíritu entero, el resto se disuelve, sino como barrera y reto; ante lo cual el transcurrir testifica que el protagonista no ha cumplido su meta. La tensión acontece entre el día y la noche mediante el sueño y el insomnio, pues el protagonista requiere dormir en cantidad y calidad. “Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él.”[16] La combinación de voluntad y astucia le permite superar la prueba para adentrarse en el sueño. Pero en el territorio onírico la línea temporal pareciera mantenerse y su calendario sigue operando.  
Al final del relato, cuando se descubre también el protagonista es un fantasma forjado de sueños, por eso invulnerable al incendio, se establece un fuerte interrogante de ficción: la causa se disuelve y provoca sospechas. Si el protagonista fue una criatura que trae una misión programada, entonces su magnífica voluntad es ilusoria y surge el interrogante ¿quién lo soñó primero? Cabe la respuesta de una cadena infinita de sueños; cabrían otras aunque ninguna adecuada para nuestros supuestos de qué es lo real, en especial, quedarse con la impresión de que el soñador se soñó a sí mismo[17]. 

Autenticidad e individualidad robada
A su manera, el protagonista es un dechado de autenticidad pues su existencia está plasmada en un único propósito. Ante la fiereza con la que se dedica a la factura onírica de un hijo, su existencia no contiene reservas ni dobleces; ese ser de una sola pieza le canta a la autenticidad. En su florecimiento, el pensamiento existencialista se ocupó de la autenticidad del ser y aquí se cumple ese destino bajo otra perspectiva[18]. Es conocido que la individualidad preocupó a Borges y en este cuento conecta una de sus fronteras. Mientras el demiurgo está dedicado a plenitud en el logro de su obra nos ilusiona con una individualidad sin ataduras externas. La ironía del relato nos revela que ese individuo aislado y sin presiones externas termina siendo un peón sometido a un designio secreto, entre la tragedia del desenlace se revela que su individualidad fue hurtada, cuando también la autenticidad se revela en simulacro. 

Voluntad de paternidad y el hálito
Una voluntad férrea por alcanzar un imposible es la marca del protagonista, persiguiendo su ambición de forjar un hombre con el material huidizo de los sueños. La imposibilidad biológica resulta irrelevante en el argumento, aunque interesante como resorte psicológico; conforme más está vedado el logro, resulta más deseable. El protagonista pretende fabricar a partir de los sueños y se enfrasca seriamente en esa lid poniendo sus fuerzas completas en ese objetivo. La voluntad queda tensa al máximo y sus esfuerzos se tiñen con fracasos iniciales.
Mediante un esfuerzo titánico, formando cada órgano —incluso cada pelo individual por separado—, logra generar una ensoñación “de carne y hueso”, aunque todavía inanimada. En ese punto reaparece la metafísica religiosa, pues sin la contribución de lo sobrenatural seguiría siendo una especie de bella estatua inerte, a la manera de las leyendas alquímicas; entonces la intervención del dios del fuego agrega esa quintaesencia de la vida. Una vez agregado el hálito donado por la divinidad ígnea, ya se incorpora el vástago que posee las cualidades buscadas por el procreador.
Jerarquías de hombres, dioses y fantasmas
El protagonista siempre ha pretendido ser un hombre y crear otro real, bajo su afán el hombre sí es “el rey de la creación”, sin requerir explicaciones mayores, simplemente por ser tan anhelado. Sin embargo, los auténticos humanos del relato son seres discretos y casi un simple decorado, pues esa es la función de los leñadores, remeros o donadores silenciosos de alimento; aunque tal paradoja no debilita a la narración.
A lo largo de la trama el protagonista jamás parece inferior a los humanos que lo rodean, al contrario adquiere el perfil de un mago o sacerdote que veneran discretamente; asimismo, tampoco sospecha que su condición sea anómala, simplemente es un fuereño que persigue su obsesión. Al surgimiento para el hijo su condición de fantasma no le genera ninguna dificultad, sino al padre soñador que prefiere ocultarlo de su conciencia, cuando se separa de él.
La presencia del dios fuego es clave, pero súbita y, curiosamente, aunque el protagonista está dispuesto a reverenciar y seguir rituales adoratorios, en su conciencia no aparece un matiz de auténtica devoción. Digamos que para el protagonista, la oferta del dios es un acuerdo casi utilitario, aunque por entero respetable y lo cumple al pie de la letra, pero la devoción la acapara su hijo.
El súbito desenlace que provoca la toma de conciencia del protagonista, realinea las jerarquías en su completa dimensión al colocarlo como un fantasma que es soñado. Aunque ya está definido que los humanos son superiores a lo fantasmal y que el ámbito del dios no afecta esa división, la revelación es compleja: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”[19] El cóctel único de emociones del protagonista, no resulta fácil equipararlo ni sencillo definir, pero sí es magistral. 

La discreción del deseo: un beso
En el curioso universo del protagonista ha desaparecido el sexo y no existen las tentaciones carnales, aunque ha brotado una “sublimación”[20] que impone la máxima tensión para crear al hijo, que debe trascender el reino onírico para materializarse en “carne y hueso”. El nivel de lo fantasmal en los sueños es presionado y machacado por la voluntad hasta traspasar su ámbito y convertirse en “carne”. El acto entero es tan apasionado que recuerda el eco prolongado de un orgasmo, así, él “persistió en una suerte de éxtasis.”[21]
Pero el producto es una “carne filial” hacia la cual no existe ni insinuación de sexualidad, por eso basta la satisfacción del servicio de Pigmalión, educándolo un par de años. En ese sentido corona su tarea de demiurgo con un beso: el único gesto físico del padre hacia el hijo es un único beso de despedida, que, al contrario de cualquier relato de romance, marca su separación[22].
En consonancia con esa sublimación, el incendio final en lugar de quemar se convierte en caricia inesperada e inapropiada. El sentido de supervivencia del protagonista siente alivio, al mismo instante surge una complicada catástrofe que lo humilla y aterra; incluso la ilusión de un placer en el fuego ha desaparecido. 

Restos y rastros esotéricos
El relato está alimentado por muchas nociones esotéricas y filosóficas fragmentarias aunque distinguibles. El anfiteatro de los alumnos soñados erige una especie de escala de estudios, a la manera de una “escala de Jacob” o una logia onírica. La generación de órganos, comenzando por el corazón, evoca las creencias del antiguo Egipto, cuando momificaban separando los órganos pues cada uno poseía esencia peculiar. Con cada órgano invoca a un planeta, integrando la astrología. Los antiguos creyeron que los sueños eran un plano efectivo y que era viable comunicarse con las almas desde ese nivel. Está la idea de un nombre de poder que se emplea para un conjuro. La imposibilidad de vivificar el hijo ya completamente soñado, remite a las creencias alquímicas sobre otro Adán de polvo o en el Golem, donde se requiere un agregado de quintaesencia o un conjuro. La dualidad del tigre y potro en el ídolo remite a los totemismos bifrontes. El papel clave del dios fuego alude a la importancia de ese elemento, por ejemplo, manifiesta en Heráclito. La Luna es patrona de la magia y los encantamientos, por eso él elige recomenzar en plenilunio. El agua le sirve en un acto de purificación ritual. El desenlace es anunciado por presagios funestos. 

Invasión de lo onírico y filosofías
Este relato unifica otras dos corrientes filosóficas, a saber, visiones del  voluntarismo y de la irrealidad. El voluntarismo creció a partir del romanticismo y los irracionalistas mediante representantes destacados como Schopenhauer y, a su manera, Nietzsche. En particular, este cuento parodia a distancia el argumento sobre el superhombre, pues el protagonista busca crear nada más que al hombre, resultando ser menos; si el fantasma demiurgo anhela manufacturar su Adán ¿qué anhela el humano?
Para su creación literaria a Borges le gustaba jugar con las afirmaciones extremistas del idealista-empirista Berkley, quien sostuvo que el universo entero resultaba una ilusión proveniente de Dios. En este relato, la irrealidad emana del reino onírico que materializa los fantasmas que, animados por el dios fuego, adquieren vitalidad. El motivo del protagonista es convertir al soñado en real, lo cual implicaría superar su propia barrera. Lo maravilloso del cuento es que el protagonista siempre se creyó real y su final impacta cuando descubre lo contrario. ¿Cómo es posible que los lectores disfrutemos esa situación? ¿A caso sospechamos nuestra irrealidad? Para el filósofo Lyotard, con la irrupción de la época de la posmodernidad una “ausencia de realidad” nos ha invadido[23]. Según ese filósofo la entrada en la posmodernidad es un evento reciente, pero el arte ya había anticipado ese giro de nuestra mentalidad colectiva desde el principio del siglo XX; en ese sentido, los artes abstractos y vanguardistas estaban prefigurando una etapa donde la realidad ha salido de foco. Después resulta una experiencia generalizada el sentir que transitamos entre irrealidades, como lo muestra ya la cinematográfica popular tipo Matrix[24]. En ese sentido, la ficción de Borges, anticipó la posmodernidad con sus múltiples dudas sobre la consistencia de lo real y su apertura de universos fantásticos donde los protagonistas sienten su irrealidad.  
En la hipótesis del espacio onírico se conjuntan ambas tendencias filosóficas al amasar la suprema voluntad con la máxima irrealidad; la tragedia consiste en el fracaso de la voluntad que cae en el engaño de su propia quimera cuando pretende resolverlo afuera. Bajo las reglas de este cuento el voluntarismo cumple una “victoria pírrica”, cuando su tras crear un vástago termina revelada su propia irrealidad. 

El cóctel de lo inigualable
Con la compleja frase que cierra este relato irrumpe la unidad y novedad de la obra literaria. En un breve relato es factible reunir religiones y fes amasando algo que no es ni ritual ni dogma; es permitido soldar filosofías incompatibles perfilando una exégesis alternativa y hasta es un mérito juntar lo más humano con lo fantasmal. La capacidad de Borges para reunir diversas aristas y acrisolarlas en una narración original se corona con el exótico sabor de la frase final: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”[25] Una mixtura inconcebible de emociones resulta muy convincente, cuando es elaborada con un relato magistral y único; este arte se forja con los materiales más disímbolos y su genio nos remontar hasta impresiones inigualables.

NOTAS

[1] Al comienzo del relato siempre su afán se identifica como hacer un “hombre”, al resultar lo designa ya como “hijo”, para referirse a la imaginaria edad de su manufactura lo designa como “mancebo”. En la fase intermedia alecciona alumnos fantasmales, sin optar por ninguno finalmente.
[2] “En Las ruinas circulares todo es irreal” Prólogo de Borges a la edición de 1941.
[3] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares. Según la hondura con la cual comprende el uso de la metáfora, Cf. Historia de la eternidad.
[4] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares. La magistral frase entera, aparece adelante.
[5] Por ejemplo, la exégesis marxista condena al vanguardismo y a la ficción extrema como parte de la enajenación burguesa, véase LUKACS, George, Significación actual del realismo crítico. La contraparte progresista, demuestra que lo fantasioso es más realista que el realismo, por ejemplo, DELEUZE, Gilles y Felix GUATTARI, Kafka para una literatura menor. 
[6] Por ejemplo, Mircea Eliade con su Tratado de la historia de las religiones y Claude Levi-Strauss donde se desecha el privilegio de una religión o cultura por encima de todas, esforzándose por establecer patrones generales o estructuras del fenómeno religioso. Aunque si pretendemos rastrear antecedentes históricos este cuento, la referencia al idioma “zend” nos señala los idiomas de la antigua Persia, entre los cuales el culto al fuego fue importante.
[7] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[8] “Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma” BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[9] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares. En la primera tentativa fracasada, cuando elige al mejor de los alumnos soñados, indica: “se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador.”
[10] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[11] “a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad”, BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares. Notemos que la integración de criaturas le otorga mayor jerarquía y abstracción a los dioses.
[12] “Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto” En los cuentos tradicionales, los dioses paganos traen castigos escondidos contra los protagonistas, incluso en los no tradicionales como el Fausto de Goethe.
[13] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[14] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[15] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares. La referencia metafórica a “mil y una noches” para crear al hijo evoca a uno de los textos favoritos de Borges.
[16] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[17] Desde mi análisis, esa hipótesis no es exacta, pero en el cosmos de la fantasía y con un final abierto, caben muchas respuestas; lo más próximo sería una cadena de fantasmas que producen fantasmas a la manera de células o virus que se replican, bajo un código ADN que desconocen.
[18] Sin duda, no cabría plantear la autenticidad de los fantasmas, pero eso lo sabemos hasta el final del relato; todo el planteamiento es de la fiera consonancia entre el yo y su meta, sin doblez y sin desmayo, por eso dibuja un canto a la autenticidad en la existencia. Este protagonista es más ferozmente obsesivo que Roquentin para alisar su exterior, con la ventaja de que sí sostiene un objetivo.
[19] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[20] Para Freud es el mecanismo de defensa del yo mediante el cual, el instinto sexual se desvía hacia un objetivo aceptable, como es el arte o la creatividad en general. Cf. BROWN, Norman, Eros y tanatos.
[21] La frase completa: “El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis.” BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[22] “Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga.” BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.
[23] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). En descargo, Lyotard es un posmarxista de raíz en Kant, cuando Hegel ya había discutido la solución para tal paradoja: quien hace la diferencia entre real e irreal, de antemano sabe la diferencia. En otras palabras, la teoría de la irrealidad es un corolario de teoría kantiana de nóumeno. Lo interesante es que los lectores de literatura sientan esa irrealidad; mi hipótesis es que la sensación de irrealidad surge del cúmulo social desbordado de tecno-ciencia.
[24] A su vez, el guion de la trilogía Matrix es tributario de las percepciones teóricas de Jean Baudrillard, otro de los sociólogos que afirma un cambio de época al terminar el siglo XX. En la película, el protagonista que será Neo esconde discos en el libro Cultura y simulacro, con el ensayo principal "Precesión de simulacros", del autor francés.
[25] BORGES, Jorge Luis, Las ruinas circulares.