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domingo, 9 de mayo de 2010

DISPAROS A DISCRESIÓN SOBRE CARL VON CLAUSEWITZ, 2A PARTE


Por Carlos Valdés Martín


La acción recíproca de la guerra constituida en tres fases. Para separar las partes alcanzando un mejor entendimiento, Clausewitz plantea una primera acción recíproca que aparece en el objetivo de desarmar al enemigo, pues mientras no se le desarma (o se le reduce a entera impotencia militar) no recupero mi autonomía, pues “No soy dueño de mí mismo, toda vez que él me dicta su ley como yo le dicto la mía” p. 13. La segunda acción recíproca indica el paso hacia un máximo despliegue de fuerzas, pues ante la resistencia del enemigo se opone una fuerza proporcional, la cual varía de acuerdo a sus recursos y voluntad. Ahora bien, el enemigo debe actuar igual en sentido opuesto, movilizando las fuerzas suficientes para abatirlos. La tercera acción recíproca implica la modificación por la realidad, pues el absoluto del esfuerzo jamás resulta fácil de descubrir, entonces aparecen las modificaciones emanadas de un entorno, por la conexión con el Estado, la sucesión de eventos, etc.
Comentario a la acción recíproca de la guerra constituida en tres fases. La codeterminacion extrema del acto bélico, donde las partes se determinan intensa y constantemente conviene separarla en fases, en desplazamientos temporales los cuales nos revelen una dialéctica de su movimiento. El inicio ya aparece en co-determinación aunque no exista un enfrentamiento directo, ya a la distancia aparece esta confrontación, pues el enemigo me impone su ley a distancia, su simple trasfondo crea la confrontación, y me impone su “ley” (la presión de sus acciones a la distancia), obligando a preparar cada uno de mis golpes militares en acuerdo a los movimientos y características de enemigo. Curiosamente, esto implica que cada rival es una especie de “prisionero” de los actos del contrincante, porque se imponen rigurosamente su ley.
Esta mutua presión de cada uno con su ley implica una tensión máxima, obligándome a una movilización, que (al menos) genere una fuerza proporcional (en sentido de alcanzar una victoria). Aquí aparece una medida de mi movilización según la magnitud de los medios del enemigo y el vigor de su voluntad. Ahora bien, esta medida puede contener un aspecto mesurable por los medios desplegados por el enemigo, y un lado subjetivo difícilmente mesurable, pero relacionado con los motivos del enemigo, las causas generadoras de su voluntad. Ahora bien, en el cálculo de los medios que un contrincante despliega contra el enemigo puede acertar, entonces así predisponerse para el triunfo, pero el enemigo también entenderá, y si busca el triunfo también incrementará sus medios de combate. En este movimiento, ambas partes se lanzan a un potenciamiento de su esfuerzo bélico.
Esta lógica de la potenciación del esfuerzo bélico o el “lanzarse al extremo” conduce hacia unas “modificaciones de la realidad” donde los conceptos no se mueven con pureza, “con un empeño rayano en el paroxismo” p. 14, sino que los contendientes existen en un entorno diferenciado, que no permite un simple desenvolvimiento lógico para potenciar el esfuerzo bélico hasta su máximo imaginable. Al contrario, cada guerra está integrada por una pluralidad interior, por la multiplicidad de actos implicados, pues la decisión no irrumpe en un evento único (al contrario acontecen variedad de enfrentamientos) y su estimación rebasa la consideración de la guerra, entrañando principalmente motivos políticos constantes. Ahora bien, este argumento de Clausewitz implica que la escalada bélica se atempera exteriormente en su dispersión interior (variedad de eventos y decisiones) y por su contexto, pero me gustaría también aquí alcanzar la antítesis interna, ya que cada fuerza contiene una contra-fuerza y cada tesis su anti-tesis, de tal modo una escalada de la movilización se relativiza también desde su interior: el desgaste interior por la movilización (incluso autodestrucción del contendiente por motivo de su esfuerzo y sobre-esfuerzo bélico) y la proximidad del objetivo (el triunfo que conduce hacia la paz). Así, aparecen los límites interno y externo de la escalada de movilizaciones, existentes durante la acción recíproca. Ahora bien, el aspecto genérico de la acción recíproca jamás desaparece, porque contiene la remisión constante a la totalidad, la fluidez de la existencia.

Complemento de la determinación recíproca: cambio de reglas por inicio de beligerancia. Cuando el enemigo recurre al método de las armas, por ese mismo hecho transforma nuestras acciones, aunque no quisiéramos. Entonces la decisión depende de la acción de aniquilamiento, así indica Clausewitz a la ley recíproca, p. 54.
Comentario a complemento de la determinación recíproca: cambio de reglas por inicio de beligerancia. Uno de los eventos más claros de la determinación recíproca aparece con la entrada en hostilidades abiertas, la declaración de guerra (textual, real o virtual). Con la entrada de uno de los beligerantes al campo de las acciones militares abiertas, el contrario queda obligado a responder en el mismo terreno; entonces acontece un salto cualitativo de la determinación recíproca, y ambos pasan al estatuto de combatientes. La acción recíproca opera constantemente, pero con este salto cualitativo irrumpe clara y dramáticamente. De hecho este aspecto conviene destacarse como el gran salto en la determinación recíproca, y viceversa, un verdadero armisticio degrada la intensidad en la determinación recíproca.

Ni acto aislado ni un solo golpe de fuerzas. La guerra se engrana como parte de un conjunto de eventos, no aparece aislada y súbitamente, para interpretarla requeriremos de contextualizarla, en especial establecer su dependencia con la política. El golpe de fuerzas durante la guerra no se concentra en un único evento, repartiéndose de acuerdo a circunstancias, las batallas se suceden. Con esto Clausewitz nos conduce hacia el conjunto orgánico interior de la guerra. El conjunto de acciones de combate son “campañas” p. 85.
Comentario a “Ni acto aislado ni un solo golpe de fuerzas”. Ya que la guerra se escenifica en un evento colectivo múltiple, de masas de personas, entonces su estudio implica integración, relación, sucesión, estudio de sus fronteras, su alimentación, etc. Con justicia, aquí se diferencia la guerra frente al duelo. Cada fuerza militar ya incluye una totalidad en sí, además la acción recíproca de su lucha agrega complejidad, y constantemente se retroalimenta con la complejidad del cuerpo social donde cada ejército implicado es un trozo (Clausewitz no lo relaciona tan claramente como entroncado a una sociedad, sino a sus “medio político”). Esta complejidad, incluso también acarrea, la perplejidad, porque una realidad tan enorme y en movimiento (enorme semoviente) resulta difícil de conocer; variadas reflexiones de Clausewitz se relacionan con la dificultad de conocer y reconocer esa realidad.
Entonces la evolución de una guerra no depende del evento aislado exitoso, sino de “campañas”, depende de acciones sucesivas, engarzadas hacia el fin del triunfo. Entonces resulta interesante el término campaña, por cuanto implica la continuación de los eventos, su coordinación en el tiempo.


Relación con la política. Este autor ha gustado a destacados líderes políticos, quienes lo citaron aceptando sus teorías. Clausewitz indica que existe subordinación de la guerra al objetivo político, ese es el “móvil inicial” p. 20. La guerra es la continuación de la política “por otros medios” p. 31.
Comentario a la relación con la política. Este aspecto donde la guerra expresa la continuación de la política por otros medios lo cita Lenin, aprobando enfáticamente su contenido , por lo que Lenin un político revolucionario aplaude a un militar burgués en una extraña coincidencia. Curioso resulta que Clausewitz un autor de tema militar no absolutice a su propio elemento (la guerra), sino que le reconozca un nivel superior a la política, como motivo de inicio y posiblemente de final. Ahora bien, verdaderamente importante es establecer, el paso entre los ámbitos, ya que la guerra misma ubica un ámbito extremo, una aparición que moviliza a la sociedad, en un sentido definido. Este efecto de la guerra sobre-determinando temporalmente la vida civil de las sociedades resuena llamativamente, por lo que debemos recordar su dependencia con los demás planos de la existencia social. Resalta este aspecto de “desembocar en guerra y salir de la guerra” los dos extremos de su fenómeno temporal, pero el conjunto siempre domina, por eso conviene preguntarse sobre el conjunto de niveles de existencia social que repercuten en la guerra.
Ahora bien las dos citas planteadas ofrecen un matiz diferente. La referencia a la “continuación de la política por otros medios” indica el primado casi absoluto de la política sobre la guerra, la otra referencia indica una especie de dominancia en el borde, para entrar en guerra y para indicar que su objetivo se ha cumplido. Parece que la opinión de Clausewitz no es tan cercana al primado de la política, casi por obvias razones le interesa más la dialéctica interna de la guerra.
Ahora bien, en afán de “enmendar la plana” me pregunto si la citada “continuación de la política por otros medios” no resulta, esencialmente, una delimitación del concepto. Ciertamente, que el poder Ejecutivo del Estado conduce la guerra desde el terreno de la política, pero la presencia de “guerras privadas” y demás, nos indica que cada guerra representa la continuación del lado extremadamente conflictivo de las sociedades, pues la guerra revela una expresión negativa del ser social, no solamente de su “política”, aunque la institución armada esté ordinariamente conducida por políticos. De ahí el concepto marxista de “ley de sobrepoblación” aplicada a las masas enroladas en un ejército , entonces la guerra también revela la continuación de la economía por otros medios, y siguiendo la línea del argumento, también la guerra revela la continuación de la cultura por otros medios (recordemos el culto militar del fascismo, enardecido y amenazante mucho antes de iniciar la segunda guerra mundial), y finalmente, la guerra revela la continuación de la moral por otros medios (observemos la moral vulgar del héroe colonialista, tan a tono con el intervencionismo militar de Bush, incluso con tientes de caricatura).

Móviles para la pacificación. La guerra debe terminar por un triunfo o un armisticio, ya sea porque una parte doblega el poder de resistencia de la otra, o bien la continuación de la guerra resulta demasiado costosa para continuar con el esfuerzo bélico. Para Clausewitz dos elementos conforman móviles de paz: imposibilidad de resistir y “el precio excesivo” p. 41-42. La imposibilidad de resistir nos conduce al rendimiento de una parte, y el precio excesivo de seguir conduce hacia el cese de hostilidades. Cuando el desgaste sea “tan grande” entonces habrá de “firmarse la paz” p. 42.
Comentario a los móviles para la pacificación. La guerra termina, ese es el hecho, un desenlace inevitable, que sobre-determina el proceso mismo, se dirige hacia esa finalidad de pacificación. Ya sea que un bando logra su cometido de doblegar la voluntad de su oponente, ya sea que ambas partes estiman un “precio excesivo” de su esfuerzo bélico. Este segundo aspecto, puede contener una fase intermedia, que es en apariencia lo mismo, pero representa solamente un respiro, durante el armisticio temporal, donde las partes esperan “momentos mejores” para reiniciar su lucha.
La pregunta de fondo es dónde está el momento dominante si en la paz o la guerra. Me inclino a pensar que la paz es la finalidad, el momento determinante, y que la guerra es una irrupción temporal. Quizá un filósofo pesimista estimará que la paz es una interrupción de la guerra, habría que indagar en un Hobbes, Nietzsche, Schopenhauer, Bataille o Ciorán, para encontrar el argumento preciso de tal pesimismo (equivalente a la fundamentación negativa). Si la paz es expresión de la vida, y la guerra la actualización de la muerte, entonces la muerte (organizada, encausada a lograr objetivos políticos, etc.) es solamente un evento episódico. Bajo este argumento tan general, indicando que el fundamento aparece en la paz, entonces la pacificación no requiere de “móviles específicos”, como causas particulares que irrumpan para finiquitar una guerra, sino que aparecen desde un inicio, sostienen la acción y triunfan finalmente. Particularmente interesante resulta la casi universal declaratoria de pacifismo de los grupos contendientes, al menos en la historia moderna, como justificación ante sus naciones los gobiernos se declaran “arrastrados a la guerra”, como inocentes buscadores de la paz. Parece que el argumento de la pacificación remonta hasta una antigüedad enorme, nos conduce (al menos) a los romanos quienes pregonaban haber impuesto su pax romana . Es decir, el discurso de la paz mediante la piel de cordero esconde al lobo de la guerra, pero la relación me parece más profunda, porque la muerte en juego es para imponer o mantener un sistema de vida, entonces regresamos al signo de la paz.

La diferencia entra ataque y defensa, privilegio estratégico de la defensa. Diferencia entre ofensiva y defensiva resulta esencial en Clausewitz p. 46. Al teórico de la guerra le parece la modalidad de defensa “más vigorosa” p. 25 que el ataque. Establece el desgaste como una estrategia defensiva esencial, donde se reducen los objetivos (los más modestos posible), implicando un destrucción de la fuerza enemiga tal, que el enemigo se vea obligado a renunciar a sus intenciones. Manifestado en tiempo, la resistencia defensiva implica buscar una prolongación de la acción, un desgaste mediante la “duración” de la acción, donde la prolongación de la acción va a favor de la parte inicialmente débil p. 45. El objetivo más pequeño posible para fijarse es “la resistencia pura y simple” p. 46. La pérdida en eficacia del combate “tiene que recuperarlo a lo largo del tiempo, es decir, mediante la duración del combate” p. 46. Finalmente, la diferencia entre ofensiva y defensiva “impregna todo cuanto hace referencia a la guerra” p. 46. Y de forma, por demás históricamente real, nos conduce hacia los casos donde “el más débil tiene que ofrecer resistencia al más fuerte” p. 47, mediante el agotamiento del enemigo, la duración de combate, tal como lo ejemplifica mediante un caso tan cercano a Clausewitz, el combate de Federico el Grande en la Guerra de los Siete Años.
Comentario a la diferencia entra ataque y defensa, privilegio estratégico de la defensa. El simple distinguir ambas situaciones entre defensa y ataque, ya introduce un nuevo campo de complejidad en la guerra, y como nos refiere a sus modos de conducción, ya abarca un “arte de la guerra”. Mientras la guerra consiste en la decisión de fuerzas, la apariencia indica que a mayores fuerzas de un lado y proporcional debilidad del contrincante entonces el resultado desemboca completamente fatal e inevitable. Sorprendentemente esto no siempre ocurre. Los hechos de la historia indican, que el rival débil también vence al fuerte, alcanzando su triunfo objetivo a despecho de una correlación de fuerzas desfavorable. Clausewitz se refiere a la experiencia cercana de la guerra defensiva de Prusia ante una coalición imponente, cuando tras siete años salió airosa en una prolongada guerra defensiva, en la cual no ocurre una victoria militar en el terreno de las fuerzas ofensora, sino perpetrar suficientes pérdidas al ofensor para decidirlo a terminar sus hostilidades. El tema incluye una “justicia poética” donde, repetidamente, el enemigo pequeño colocado en situación defensiva resulta el ganador final, ejemplificado desde tiempos inmemoriales, donde la sobrevivencia de los pequeños pueblos y Estados se repite consistentemente. Este resultado se revela tan excepcional como arquetípico, pues se unen los extremos de lo posible contra lo imposible. De hecho, las narraciones interesantes sobre combates repetidamente indican al enemigo pequeño agigantado durante la lucha para lograr el triunfo, casi podría hablarse de un arquetipo de situación para la humanidad, consagrado desde las confrontaciones individualizadas (David contra Goliat) hasta las confrontaciones políticas (el signo de Vietnam) . Estas narraciones interesantes implican también la irrupción de lo imposible, el suceso extraordinario y afortunado, situaciones que traen la gloria a la tierra, es decir, un evento celestial por parecer imposible, rayano en lo milagroso. Y dejando de lado tal consideración, también aparece pletórica y desbordante la complejidad de la guerra, por cuanto deja cualquier elemento de simple resultado cuantitativo (la acumulación directa de fuerzas) para irrumpir en los temas cualitativos (la conversión de la fuerza en su contrario, y viceversa la conversión de la debilidad en fuerza). Entonces, mediante la posibilidad de la parte débil tornándose en la ganadora, la estrategia aparece como un juego de inteligencia, un extremo donde desde lo posible nace lo imposible. Incluso el estratega y líder de la defensa resulta creador de ese aparente imposible, por cuanto pudiera convertir al débil en ganador de la guerra.

El único medio es el combate, el resto resulta complemento; el corolario indica que la decisión por armas es la verdadera decisión de la guerra. Para establece la unidad del concepto Clausewitz nos indica que entre los medios de la guerra solamente existe verdaderamente uno “el combate” p. 48. El combate es un todo organizado. La decisión por las armas es como el pago metálico final de las transacciones financieras. Entonces la destrucción de fuerzas enemigas es el medio supremo, ante el cual todos los demás medios se esfuman o eclipsan. En guerra la ley suprema “la decisión por las armas” p. 57.
Comentario al único medio es el combate, el resto resulta complemento; el corolario indica que la decisión por armas es la verdadera decisión de la guerra. Entre los medios de guerra conviene establecer la unicidad de su materia, donde la “hora de la verdad” está en el combate, por lo mismo, se desestiman sus condiciones (precedentes) y consecuentes. La formación de unidades de combate (las fuerzas militares mismas) solamente resulta un accesorio, respecto de su “hora de la verdad en el combate mismo”, por tanto la utilización de fuerzas implica que las fuerzas no utilizadas, finalmente, es como si no existieran o desaparecieran, únicamente cuentan las fuerzas empleadas en el combate.
Esto lo relaciono directamente, como correlación y metáfora, con el acto de venta en el mercado, el resto son los componentes, la creación del objeto, pero solamente en la venta se determina la valía del objeto, adquiere su realidad económica efectiva. Entonces la venta es “el día de juicio final” del mercado, asimismo el combate es el “juicio final” de los ejércitos y su entera logística acompañante (junto con el arte y ciencia de la guerra).
Ahora bien, de acuerdo a lo ya planteado el combate consiste en un conjunto organizado, donde el filo del combate (la confrontación armada misma, el choque) marca el terreno. El ejército combatiente en sí mismo forma un conjunto organizado de unidades, que se estructuran con vistas a ese choque. Hacia el mando supremo los vínculos son denominados “hilos”, dichos vínculos el mando debe integrarlos, para estructurar las fuerzas orientadas al “choque”.
El corolario, resulta evidente, ya que el choque es la verdadera moneda de la guerra, entonces la decisión en tales choques implica la decisión de la guerra. El resultado de las batallas, decisiones por armas, indica la balanza de la guerra. Antes de la batalla todo es posibilidad, los ejércitos son posibles vencedores y vencidos, únicamente este choque armado determina su existencia real de vencedores y vencidos.

La existencia del soldado solamente tiene un fin. El soldado se recluta, viste, alimenta, etc. solamente con vistas a un momento, el momento del combate, “a combatir en el momento y lugar oportunos” p. 49. El sujeto convertido en soldado, el proletariado refuncionalizado y el cognitariado próximo.
Comentario a la existencia del soldado. Aparece una reducción de la persona en torno a una función, la integración a un papel definido y preciso. ¿Esto es el resultado de un acontecimiento histórico o ya resultaba una noción corriente desde mucho antes de Clausewitz? Una anécdota biográfica, medida en la escala actual, me estremece ligeramente, Clausewitz inició su reclutamiento a los doce años, a los trece o catorce ya estaba participando en acciones bélicas, y jamás abandonó su vida militar. La misma existencia del soldado se ha convertido en estrecha y delimitada para el fin militar, posiblemente convenga compararlas con las consideraciones militares de la Antigüedad y la Edad media, donde pueden encontrarse las apariciones de lo inespecífico, lo no militar. Por el lado de la utilidad y la funcionalidad, la afirmación de Clausewitz resulta sólida e incontrovertible, pero desde el humanismo resulta estremecedora y desde la filosofía resulta carente de profundidad. Sólido: el soldado solamente existe en función del combate, cualquier otra consideración sobra. Además esta existencia se debe demostrar en una oportunidad de espacio y tiempo: acudir al lugar del combate. Unicidad de la formación del sujeto soldado para que cumpla su función de combatiente, luego su organización para que acuda en el espacio-tiempo justo, alcanzando el puesto de combate. El soldado es una creación desde afuera, controlado desde la entidad político-social (el ejército), inculcándole una disciplina, que lo encausa completamente, y permanece arropado (uniformado) por su existencia funcional: “El soldado es reclutado, vestido, armado, instruido; duerme, come, bebe y marcha únicamente con vistas a combatir en el momento y lugar oportuno” p. 49. Conviene hacer el parangón con el vendedor, quien solamente es reclutado con una finalidad, por eso cobra a destajo y no recibe más pago que cuando realiza el momento cumbre de la venta. La simpleza resulta atemorizante, la entera existencia del soldado forjada para aparecer durante el instante del combate, y en la polaridad de su situación, es lícito decir que solamente vive para enfrentar la muerte durante el combate. Fuera del combate la existencia entera del soldado implica preparación. En esta frase escueta emerge un verbo sintético y pletórico de contenido, que revela la nueva naturaleza del soldado mostrada por Clausewitz, la palabra es “reclutado”. Con este término se sintetiza la entera novedosa fábrica de creación de militares. Indicábamos arriba la novedad histórica de Prusia, instituyendo un servicio militar universal, de tal forma una masa enorme de la población se integra regularmente a la milicia . Esa enorme masa de reclutas, en un periodo de constantes guerras salpicadas de tremendas mortandades, indica un acontecimiento económico, la existencia de una sobre-población candidata a morir, lo que representa una “ley específica de sobre-población”, es decir, exceso de vida convertido en exceso de muerte. Ahora bien, esta existencia unidimensional del soldado no resulta ajena al genérico destino humano, donde la muerte siempre finaliza la corriente del río de la vida, de tal manera el soldado individual encuentra su sentido, en base a la terrible misión individual que encara y cumple. De variadísimas maneras, cualesquiera ideologías se enfrentan al tema de la finitud de la vida, de tal manera la adaptación a la finitud resulta universal, incluso esto lo sacraliza una vertiente existencialista .
Ahora bien, comparando la integración del proletario (o campesino, pero ya compatriota) a un ejército desde el siglo XVIII hasta el XX, con las variaciones más recientes, percibo que sí existe una tendencia hacia el cambio. El paulatino paso desde un proletariado (trabajo manual predominante) hacia un cognitariado (predominio de lo tecnológico intelectual en el trabajo) parece que está desmasificando al ejército y especializando más al soldado. Si bien, el sometimiento del soldado a su institución sigue siendo una ley inherente, ahora la preparación va adquiriendo nuevos matices, y el ejército mismo cambia su figura. La pregunta es si el sujeto desde el cual se forja la sociedad, el cognitario, por su naturaleza alterará radicalmente la figura del soldado, todavía predominante en el siglo XX, al menos la figura externa del soldado parece que ya está modificada .

La totalidad organizada y el control. Como el combate es una totalidad organizada, el mando busca hacerse con todos los hilos, p. 49.
Comentario a la totalidad organizada y el control. El ejército combatiente es un conjunto, pero formado por partes, por unidades de combate, las cuales deben coordinarse para encausar al esfuerzo bélico, entonces un mando requiere de un “tejido” de “hilos”. El texto no ahonda sobre la naturaleza de tales hilos, y aprovecho para remontarme a los mitos iniciales de la comunicación, donde la diosa-araña teje los hilos del destino. Ahora bien, el medio para lograr grandes ejércitos es alcanzar grandes tejidos, enormes organizaciones, por lo que el “hilo” representa una complejidad de relaciones mediante las cuales los soldados están enlazados con un mando superior, estas relaciones pueden aparecer sencillas pero son complejas (flujo económico, de cultura, de comunicación, de emociones, etc.). De ahí, que los grandes ejércitos por regla requieren de facilidades espontáneas para grandes tramados de esos hilos, por eso las masas de Naciones, ya integradas en su hilo comunicativos, son una plataforma extraordinaria para crear grandes ejércitos . Además, cualesquiera métodos de comunicación resultan elementos constitutivos para el buen funcionamiento de los ejércitos, de ahí el interés de la milicia por acaparar o controlar los avances en las comunicaciones . Ahora bien, en la operación defensiva también los ejércitos desestructurados, en situaciones excepcionales, son muy efectivos, tal como lo demuestra la historia de Vietnam y de otros casos colocados bajo el rubro de “guerrillas”. La imagen del enjambre de abejas o avispas en apariencia muy desorganizado atacando a un toro resulta una lección ejemplar; la dispersión organizativa se compensa cuando existe unidad de voluntades y de propósito. La desorganización del defensor también puede servir como un argumento para empantanar y desgastar a la fuerza ofensora.

El retraso de la acción. El método que excluye la efusión de sangre no es el natural a la guerra, y su prolongación solamente lleva al “retraso de la acción” p. 56.
Comentario al retraso de la acción. El método de elusión de las batallas, de armisticios reiterados, y similares le parece a Clausewitz que no es el natural de la guerra, y por eso de poco sirve al fin militar. En ciertas apariciones, le parece una posposición, por lo mismo un desperdicio. En contra de su opinión, existe un caso afamado de esta táctica, también denominada táctica dilatoria, que es del general romano Fabio, quien eludió sistemáticamente el enfrentamiento contra Aníbal el cartaginés de los elefantes, procurando su desgaste en exceso. Luego el nombre de este general romano fue motivo de inspiración para un movimiento laborista reformista inglés denominado “fabiano” importante en su escenario político. La evaluación de tales métodos guerreros escapa a mis intenciones, pero resulta significativo este método con las pretensiones humanistas de evitar derramamientos de sangre, evidentemente a Clausewitz le interesa más la eficacia de los métodos militares, y la evitación de batallas no parece alcanzar la efectividad final.

La motivación humana más grande. De todos los grandes sentimientos “ninguno es tan poderoso y constante como la apetencia de honores y de gloria” p. 71. Conviene hacer un parangón con la motivación de deportistas, y preguntarnos sobre la esencia de tales honores.
Comentario a la motivación humana más grande. Me pregunto si representa una característica profesional de los soldados de carrera, quienes se han acostumbrado a la búsqueda de honores y gloria de sus congéneres. Diferentes ciencias propenderán a considerar otras motivaciones como la necesidad (los intereses materiales) de la economía, el placer (de la psicología), la salvación (de la religión). Respondo que, ciertamente, el generalizar la idea del “reconocimiento” es importante, comenzando con esta modalidad militar de tal reconocimiento plasmada en los honores y gloria resultan ser modalidad militar de tal reconocimiento . Conviene tomar en cuenta en contenido positivo de esta retribución mediante honores y gloria, ya que los soldados lo arriesgan todo, y en el mundo civil y cotidiano la conquista de honores y gloria resulta tan escasa. Esa rareza de la gloria cotidiana y civil es una de las motivaciones por las cuales las justas deportivas han sido acogidas con tanto entusiasmo por las masas, en el deporte se otorga un reconocimiento y una alabanza glorificadora. Mientras el deportista es recompensado, inventando al héroe comercial, también la masa de aficionados gana su gratificación. Por simple proyección el deporte está permitiendo que el aficionado comparta las migajas de los honores, cuando grita emocionado desde las gradas de un estadio o sentado ante un televisor: “ganamos”.

La visión-olfato de conjunto evita la confusión. La complejidad de los elementos que inciden en la guerra, estima Clausewitz, implica que sin “olfato” para percibir la verdad de conjunto, se caiga en la confusión, p. 86.
Comentario a la visión-olfato de conjunto evita la confusión. El principio de la totalidad que parece tan filosóficamente elevado y ajeno a la práctica, aquí se revela como enteramente útil para el desempeño en las batallas. Un aliado esencial de las derrotas es la confusión, entonces la claridad es ingrediente de victoria. De hecho, la entera teoría de la guerra que nos ofrece Clausewitz es una apelación constante para captar el conjunto, superar los accidentes y entender perfectamente la relación del evento particular en una perspectiva global correcta, ahora el tema reaparece en el punto decisivo de la acción bélica misma. En cuanto a la conducción de la guerra, el general-conductor requiere una capacidad para el desciframiento inmediato de la situación (la batalla misma) porque la multiplicidad de informaciones presentes genera un cuadro caótico de conjunto, por lo mismo una cualidad natural de los grandes conductores de guerras es ese “olfato” para moverse en el conjunto sin perderse en los detalles. Clausewitz cita aprobando a Napoleón, su gran enemigo, quien indicó que el “problema matemático” del campo de batalla puede exigir del talento de un Newton o un Euler para resolverlo.

Epílogo: la velocidad del conjunto y una película de 2007. Recuerdo una cita donde indican que “un ejército marcha a la velocidad de su hombre más lento”, esta es una importante lección para indicar el encadenamiento de la cooperación entre los grupos humanos, y suele suceder que el elemento más lento desea imponer su ritmo de marcha al equipo, y estando de acuerdo con esa afirmación, me remonto a pensar que los pensamientos lejanos siguen conservando sus granos de verdad. No es casualidad que Clausewitz se siga enseñando en las escuelas militares, así, en una película reciente, el comandante ante los reclutas cita Clausewitz, cuando dice que si continuas con tu misma táctica el enemigo se adaptará a ella. Un concepto lanzado en un contexto tan lejano y distante como 1830 reaparece en escenarios tan lejanos y casi absurdos, como las imaginerías sobre la guerra de Afganistán. Los granos de verdad se conservan a la distancia, aunque se hayan originado en regiones distantes y realidades tan diversas. Entonces los disparos distantes sobre Clausewitz lo reviven en vez de acabarlo, cada tiro certero lo levanta, muestra su talento y buen juicio, indicando la posibilidad de engarzar el pensamiento sobre la guerra en el conjunto de las demás ciencias humanas. Ciertamente, la guerra en esencia es una desgracia para la humanidad, una comprobación del fracaso de la sociedad, sin embargo su estudio revela múltiples facetas de la existencia social e individual, su atento estudio permite aproximaciones al gran bosque del saber.

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