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viernes, 30 de enero de 2026

PUNTO GEOMÉTRICO, CENTRO Y MÓNADA

 

Por Carlos Valdés Martín 

Lo más pequeño es una fuente de maravillas y de constantes sorpresas.

En geometría el punto es lo más pequeño y su entendimiento es fácil para la intuición, pero su comprensión ha dado oportunidad a sorprenderse, a importantes reflexiones y hasta al desarrollo de las ciencias.

No resulta fácil de entender lo más pequeño y la geometría ha mostrado una manera muy fructífera de abordarlo.

Por ser tan mínimo, parece por completo fácil comprender el punto, pero no y no. Nunca es tan sencillo alcanzar a comprender el punto.

Comencemos por algo fácil.

De hecho, el libro fundamental de la antigua geometría, se llamó Elementos de Euclides y comienza con su definición y, por entender lo importancia, lo estoy denominando axioma[1], por ser una base que se evidencia como verdadera y que no requiere demostración, con la cual se construye el conocimiento posterior.

El geómetra Euclides era genial y toda la geometría antigua se siguió basando en sus ideas. Así que Euclides señala al punto como "aquello que no tiene partes"[2]. Esa definición es potente por sencilla y por dirigirse con certeza.

Hay otra manera geométrica de definir al punto como aquello que “tiene posición, pero no dimensión”, aunque eso de encontrarle posición al punto se perfeccionó hasta la época moderna —muchos siglos después de Euclides—. Ese perfeccionarse sucedió con Descartes a partir de las coordenadas cartesianas y su plano que se obtuvo esa otra definición.  

Incluso si tu mente no define con palabras qué es un punto, comprendemos bien de qué se trata.

Una vez que lo captamos, con nuestra mente al punto geométrico lo desplazamos hacia otras realidades y, de esa manera, desborda en conexiones sorpresivas y maravillosas.

El “punto” es un tema tan amplio y versátil como lo demuestran las 43 definiciones contenidas en el Diccionario de la Real Academia. ¿Por qué esa amplitud y productividad? Una respuesta es que cualquier pensamiento ha de comenzar, transitar y terminar en lo más pequeño.

El aquí y ahora, base de toda percepción, es el cruce en el punto del presente. La existencia misma es un pequeño punto entre dos eternidades, el pasado que ya no es actual y el futuro aún puede ser.

Geometría sagrada

Dicen los que saben y hasta fotos se encuentran, que los filósofos y geómetras antiguos definieron una “geometría sagrada”, relacionada con el diseño de los tempos antiguos.

Para mantenernos dentro del tema, quedó establecido un punto peculiar y de importancia para definir en ese caso. Se trata de algo que se relaciona con una cualidad que se encuentra en un punto y se denomina el centro. La geometría sagrada se refiere a un centro.  

Comprender qué es un centro se capta con mucha facilidad, pero preguntarnos por qué es tan tremendamente importante el centro ya no es tan intuitivo.

En geometría el centro es el punto equidistante de los límites de una línea, superficie o cuerpo. Y no me refiero al cuerpo de alguien, sino a un cuerpo geométrico. Así, hay centro para una línea, una superficie y un cuerpo.

Lo más intuitivo es comprender que una línea que miramos tenga un centro y bastaría doblar las mitades que tiene o poner una regla para comprobar. Encontrar el centro no es fácil o resultaría imposible a nuestra intuición en cuanto hay líneas sinuosas y con varias curvas, cuando la superficie es irregular o cuando el cuerpo es rugoso como una piedra en bruto.

Devoción del centro

Para reducir la explicación, diré que para el devoto su lugar más sagrado es el centro de su mundo y quizá de toda la Creación. Por eso los Cruzados se arriesgaron tanto para conquistar la llamada Tierra Santa, pues donde vivió y murió Cristo les parecía el centro de su Fe y hasta del mundo. Hay mapas medievales que colocan a Jerusalén en el centro efectivo del mapa.

Eso de poner a un mismo sitio como centro para más de una religión monoteísta nos explica esa locura bélica por poseer a Jerusalén.

En mi actual interpretación, considero erróneo colocar un sitio geográfico de importancia histórica o religiosa como el centro. Lo importante es entender el sentido conceptual: todo sitio sagrado implica un centro.

La mirada individual es un centro

Sin necesidad de cálculos, basta mover la cabeza alrededor de uno para darse cuenta de que espontáneamente miramos desde un centro y, ese mirar hacia la periferia, nos coloca en el centro.

Volviendo a la definición geométrica, el centro es el punto que está equidistante de una periferia, que son los límites.

Ese mirar alrededor que nos resulta tan espontáneo es lo que organiza el punto de vista. Sin procurarlo ni esforzarnos, nuestro cerebro organiza la información del alrededor y nos desplazamos manteniendo ese punto de vista y sus perspectivas.

De manera espontánea funcionamos como el punto dentro del círculo, aunque nos desplacemos. En otras palabras, mientras miramos y nos desplazamos mantenemos una perspectiva central como organización espontánea del espacio.

 

La mónada

¿Cómo relacionar el punto, la geometría sagrada y la perspectiva central espontánea?

El filósofo Leibniz se adelantó y dio su propia idea al concebir que el mundo está organizado en base a unidades mínimas que llamó mónadas. Las cuales son una especie de átomos que organizan tanto a la materia como la vida y el espíritu.

Para Leibniz el alma es una mónada. Y él no inventó esa palabra, sino que la adaptó y, entre los griegos significaba lo mismo que átomo. Además, este filósofo le agrega un matiz, entonces la mónada es lo que no se divide, por eso es lo unificado, lo que no tiene partes.


NOTAS: 



[1] Siendo más técnicos, Euclides lo llama definición, a otro grupo lo llama axiomas y a otros lo llama proposiciones. En el sentido, que comento todos son proposiciones axiomáticas.

[2] Euclides, Elementos, Al punto lo define como "aquello de lo que nada es parte".

viernes, 20 de septiembre de 2024

ECLECTICISMO DEL BUEN CALAFATEADO

 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

Una famosa narración sobre la identidad explica que el barco de Teseo se estropeaba y después de cada viaje lo iban reparando[1]. En repetidas ocasiones ese barco famoso era arreglado, lo que en términos marineros es el arte de calafatear. El barco se mantenía sin aparentar cambios, pero las tablas y partes fueron cambiando por hábiles calafateadores hasta que no quedó ninguna pieza original. Esa es la pregunta sobre la identidad: ya ni una pieza era del original barco de Teseo, pero los visitantes siguen ilusionados que ahí sigue la barca del héroe. Las restauraciones para los museos aplican el arte del barco de Teseo.

El eclecticismo cuenta con mala prensa, considerándose la tendencia a colocar piezas discrepantes, que no llevan a un buen resultado. Comenzó siendo una idea genial: elegir lo mejor que encuentras. Los partidarios de lo ecléctico afirmamos que solamente han de tomarse las partes excelentes de diversos pensamientos, teorías o ciencias, para alcanzar un mejor resultado.

El procedimiento no garantiza resultados, pues cualquier proyecto se lleva hasta buen o mal término según la habilidad. En especial, se recuerda que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Al eclecticismo se le acusa de superficial las impurezas que no cuela y excluye. Inclusive se le acusa de hurtar (prometeicamente) los talentos de otros, que retoma superficialmente y ensambla sin cuidado.

En defensa del eclecticismo, el panorama actual de las ciencias se evidencia como ecléctico, porque ninguna ciencia es capaz de imponerse a todas las demás con miras a sistematizar y armonizar a todas. De manera radical a la fecha no ha sido posible una completa unificación teórica, ejemplificado, en los desacuerdos de la ciencia física. La filosofía misma que surgió como la matriz de los saberes y, en algunos de sus proyectos, intentó unificar todos los conocimientos, tampoco se ha mostrado capaz de reunir ese todo del todo[2]. El espíritu enciclopédico, además, es el eclecticismo llevado simplistamente por el abecedario, pues la enciclopedia sigue una ruta de orden abecedario como principio de consistencia.

Las teorías sistémicas son más una aspiración que una realidad perfeccionada.

Queda seguir empleando el eclecticismo a manera de los andamios que permiten construir, de las ferreterías que entregan diversos materiales o de la nueva Amazon que trae materias del mundo entero… ¿Cómo garantizar que ese traer elementos diversos y dispares no termine en una malversación y un disparate? Los principios filosóficos y lógicos siguen siendo básicos para no desvariar y lograr un buen “pegado” de los elementos y logros desde distintas materias.

¿Los principios filosóficos, lógicos y científicos son compatibles con el eclecticismo? Una breve acotación indica que la variedad de filósofos aporta con brillantez a su manera. Es soberbia pretender excluir a Sócrates, Platón, Cicerón, Descartes, Kant, Hegel, Nietzsche[3], Deleuze, Baudrillard o Lyotard. ¿Qué las piezas no encajan? Unas veces sí y otras no. 

Bajo ese listado resulta evidente que levantar un “barco teórico” que no haga agua es tan sencillo como exigente. Resulta sencillo por tantos siglos de avances racionales y confianza en la capacidad del pensamiento para obtener resultados. El conocimiento del mundo material ha avanzado enormidades y poseemos una imagen avanzada del cosmos. Lo difícil está en reunir tantas partes cuestionadoras y críticas que afectan a profundidad la condición humana, además sobre la propia sociedad y la ética el desacuerdo es fácil.

Basta que el fondo del barco sea impermeable para que la nave siga flotando, sin importar el color y diseño de las velas ni las banderas ondeando. Para el eclecticismo basta no hacer agua de fondo y que el barco de Teseo se siga moviendo. Con un hábil calafateador basta para que el eclecticismo se mantenga a flote. Cuando el pensador del eclecticismo posee destacadas cualidades, entonces emergen resultados extraordinarios.

NOTAS:

[1] Plutarco, Teseo, en Vidas paralelas.

[2] La brillantez de algunos sistemas altamente coherentes, ha generado cierta petulancia del analista que prefiere el rigor ortodoxo de sistemas que no ceden un ápice al mantener sus principios. Gran ejemplo es el marxismo, que también dio el fruto de sus demonios sueltos al aplicar a sangre y fuego sus ortodoxias revolucionarias. Lukács tiene claro que la idea guía era una totalidad coherente, como su eje metodológico, en Historia y consciencia de clase.

[3] Un auténtico campeón del eclecticismo, Nietzsche, capaz de reunir poéticamente una enorme variedad de planteamientos disímbolos. Por eso, acusado de irracionalista por sus detractores, como Lukács en El asalto a la razón.

martes, 13 de febrero de 2024

CLARIDAD: MÁS QUE MICHAEL JACKSON EN SU HIBERNACIÓN


 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

 

El buscar claridad no es una exquisitez ni un problema, hasta lo considero un gran mérito, siempre que no esté mal enfocado. Lo que buscaba en famosísimo cantante y bailarín era colocar esa claridad en su piel, lo cual es un exceso y provoca a la risa. Pero los filósofos y científicos serios se han interesado por que haya claridad en su pensamiento y que esa condición diáfana alcance hasta tu espíritu.

Platón te recomienda salir del mundo de las sombras, de esa honda caverna donde confundes las vagas sombras, para alcanzar un mundo bañado por el deslumbrante sol de las ideas[1]. A René Descartes lo bautizaron como el “filósofo de la luz”, por más que él se considerara un tipo discreto y que no quería llamar mucho la atención[2]. Que cuando domina el fanatismo religioso es de gran riesgo hacerse notar por las luces de la mente. El movimiento intelectual europeo que se decidió a incrementar el conocimiento y permitirse analizar cualquier fenómeno de una manera claramente racional se llamó a sí mismo la “ilustración”, que sabemos es una palabra que se refiere a abrir las luces de la mente y esclarecer a los espíritus.

¿De una manera práctica cómo logramos la claridad mental? Primero una recomendación del francés: reduce los elementos a mirar con tu mente, de tal manera que sean tan pocos que te resulte muy evidente lo que estás captando. Mientras menos elementos observes en un momento inicial será más fácil y más luminoso tu momento.

Por desgracia, a veces nuestra mente está tan agitada que no alcanzamos a concentrarnos en un único elemento para captarlo tan intensamente. Por eso, tantos pensadores y hasta líderes espirituales recomiendan el ejercicio de meditación que tranquiliza tu mente. Incluso la técnica que se llama “Mindfullness”, también trata de eso: la pausa adecuada para captar cada cosa a la vez, para no estar agitados y confundidos.

Imagina que abres la puerta de una bodega que está llena de objetos desordenados y de cualquier clase, en la revoltura están hojas con todas las fórmulas de matemáticas que algún día estudiaste; artículos deportivos de todo tipo de juegos; artículos de cocina y trozos de alimento; libros y revistas viejos; aparatos electrónicos nuevos y descompuestos; prendas de ropa tiradas; muchas cajas y envases; adornos con figuras de animales; piedras de colores; fotografías de escenas de películas que viste; recortes con horarios de programas; fragmentos de videos de internet; escenas de anuncios; etc. Todo está revuelto y sin orden. Al sitio no llegaste por casualidad, sino que buscas una hoja que tiene la fórmula de Pitágoras para calcular el área de un polígono. Encontrar esa hoja con la fórmula será una tarea difícil y lenta porque hay mucho y está revuelto. Es una simple fórmula que ya estudiaste y no te acuerdas. Quizá te acuerdas de la fórmula del triángulo y del cuadrado, pero no la de un polígono más complicado. Entonces te pones a buscar en el cuarto y quizá nunca encuentras esa hoja, porque ni siquiera sabes cómo es esa hoja. ¿Cuál es el problema? Hay demasiados elementos revueltos.

Con tu mente sucede lo mismo que con esa bodega revuelta: hay demasiada información sin orden ni concierto.

Supongamos que en lugar de buscar en toda una bodega revuelta buscas en un solo libro, que además tiene un índice preciso. El reto de encontrar la fórmula será muy sencillo. Mientras más pequeño y ordenado sea el ambiente, más fácil será encontrar lo que buscamos.

Segunda clave para la claridad: alcanzar un orden que nos convenga para encontrar rápidamente lo buscado.

Ahora coloquemos el tercer elemento que sea útil: hay que intensificar esta claridad. La intensidad para que nos quede mejor ubicado y sea recordado lo que intentamos pensar mejor. El show coloca una luz intensa para destacar a la estrella del espectáculo, así nuestra mente requiere de destacar con más fuerza lo que estamos pensando. ¿Cómo se logra? Las maneras con las cuales se logra esa intensidad son: Duración. Repetición. Contraste. Conexión.  Recordación posterior.  Integrar en un conjunto.

Cuando permaneces más tiempo con una observación o una idea obtienes una visión más precisa. Cuando repites sobre ese mismo objeto del pensamiento te familiarizas y resulta más sencillo; así aprendiste de niño que uno más uno es igual a dos. Cuando conectas al pirata con un barco ya te queda más claro de qué se trata el personaje “con parche en el ojo y pata de palo”. La recordación posterior nos facilita mucho entender, así que resulta también un buen recurso apuntar lo que deseamos entender bien, por eso anotamos una receta de cocina o una dirección que nos importa. Por último, están los conjuntos que son tan útiles, por ejemplo, colocar la representación de una gárgola en la catedral de Notre Dame, que está en París y la relacionamos con la novela de Víctor Hugo.

Para concluir: la claridad mental se obtiene enfocándose, ordenando lo que separamos al enfocar y, para reforzar, también intensificando lo que observamos. En algunos momentos del día y sin darse cuenta, todas las personas siguen este proceso hacia la claridad mental. Reitero que se cumple el proceso, al menos en parte, sin darse cuenta. Las grandes mentes y personas extraordinariamente productivas siguen este proceso de manera sistemática y, vale decirlo, de manera impresionante por sus resultados. La capacidad mental es como la musculatura, que todos la tienen, pero pocos le sacan el máximo provecho.

¿Quieres sacarle un mayor provecho a tu mente mediante la claridad mental? Con toda confianza, pregúntame.

NOTAS:



[1] Platón, La República. La más famosa metáfora sobre la labor emancipadora de la filosofía se llama “la caverna”.

[2] Biografía del filósofo, por Richard Watson, Descartes el filósofo de la luz.