
Por Carlos Valdés Martín
Durante una amena
deliberación con un amigo, que incluyó analizar a un tal Emmanuel Todd sobre la
declinación de Occidente, surgió el esquema sobre la ventaja de quien piensa
antes de plasmar, de esa manera anticipa y genera una perspectiva acertada. Los lectores, en raras ocasiones tienen la
oportunidad de tomarse el tiempo y descifrar cómo se formó una estrategia o
cuál es el campo conjunto. La ventaja del escritor es la misma que la del
estratega que anticipa, cuando lo escrito con profundidad y diseño posee las
mismas ventajas que lo planteado por el general estratega, cuando anticipa y establece
las ventajas para su ejército. La transformación social y política, en muchas
coyunturas pone la opción para que gane un proceso republicano democrático y no
lo haga un proceso de autoritarismo dictatorial. El dilema existe: república o
dictadura. Las coyunturas van cambiando, pero es importante ver qué elementos
facilitan cada ruta. La noción espontánea es que el dictador (jerarca,
autócrata, rey en el sentido antiguo) es más fuerte que una democracia (por
limitada que seas), pues la última integra un poder laxo y no puede actuar mediante
atropellos.
Leónidas el
estratega heroico, pero separado
Cuenta la leyenda
histórica que Leónidas tuvo anticipación y conocimientos para colocarse en el
desfiladero estratégico de las Termópilas. Desde un desfiladero privilegiado
Leónidas se posicionó para recibir con inmensa ventaja al enorme, pero descuidado
ejército del rey persa Jerjes. Resulta que Leónidas, con sus famosos 300 guerreros
espartanos, obtuvo una ventaja
por el diseño de un plan militar ante un enemigo gigante. Anoto que el general
espartano actuó con autonomía
y separación respecto de los demás griegos.
En ese sentido la separación de los grupos autónomos de las ciudades libres desplegaba su ventaja
contra el reino (o imperio unificado). Los griegos amaban la astucia y su obra
literaria fundamental, la Odisea muestra las hazañas del más astuto de sus
hombres, Odiseo, capaz de vencer cualesquiera obstáculos mediante tretas
ingeniosas y, de ese modo, rebasar cualquier adversidad.
La ventaja del
autócrata concentrado
La situación de
la antigua Persia, dominada por el autócrata Jerjes, ofrece un panorama por completo distinto,
cuando toma ventaja de su concentración
de fuerzas, pero no posee esa dispersión de astucias ni de grupos
separados. Esa concentración posee su ventaja natural porque crea la fuerza acumulada
y vence a los pueblos pequeños, que se someten sin pelear o con resistencias
débiles. Esta ventaja del rey-autócrata (con las diferentes figuras históricas
de emperador o dictador moderno) suele ser la misma: concentración de poderes y
uso indiscriminado de la fuerza violenta, revestido de alguna otra ventaja. El
autócrata NO requiere de muchas ventajas además de la concentración de poder en
sus manos.
¿Dónde se
forman grupos separados y eficientes (élites)?
Para síntesis
vale llamar élite a ese
grupo separado y eficiente dentro de una sociedad. El autócrata que unifica un
reino enorme cuenta con una ventaja puntual de su cantidad y los recursos
superiores, sin embargo, los grupos
separados (incluso el individuo separado) poseen la ventaja de diseñar su propia estrategia de defensa con nivel
variable de eficacia y alguno poseerá el máximo. En las sociedades democráticas se forman grupos élite con
facilidad, mientras en las sociedades autoritarias resulta casi imposible.
Para entender
esto resulta fácil imaginar una línea de continuidad entre dos extremos. En el
extremo autoritario está un sistema con máximo autoritarismo, donde los
recursos del Estado se enfocan a servir al Líder, y en el opuesto está un sistema democrático y/o disperso,
donde hay facilidad para que se formen grupos de élite diversos.
En el caso griego fueron las muchas ciudades Estado (polis) que poseían
diferentes élites y configuraciones variadas. Los griegos eran difíciles para
poner de acuerdo y en conflictos mutuos, por lo que su eficacia como rivales
militares estaba delimitada por su dispersión. Esa dispersión sustenta que las
ciudades griegas se especialicen y desarrollen diferentes habilidades
militares.
El autócrata
al comenzar utiliza a grupos dispersos y luego…
Según la
narración histórica Ciro, contendiente persa, sí respetaba a los grupos
separados y no destruía las identidades y autonomías, por eso se celebra que el
Rollo de Ciro fue el antecedente al respeto de los Derechos Humanos en la
historia de las leyes. Sin embargo, con facilidad ese “reino constitucional” se
convirtió en la autocracia de sus sucesores, los Jerjes. La propia historia de
los romanos señala el paso de reinado a República y su doblegarse ante el
Imperio. La historia muestra que resulta muy fácil el paso del autócrata ascendente que durante su
periodo ascendente tolera a los diversos o distintos, para después aplastarlos.
Cualquier político hábil con aspiraciones de dictador comienza aceptando a grupos distintos y a individuos
talentosos que, incluso, en el nivel de brillo personal lo opacan, pero
después se deshará de ellos. Claro, que la mayoría de los dirigentes de la
historia no se convierten en autócratas, porque no querían (Washington, Gandhi,
Lázaro Cárdenas, etc.) o porque no pudieron (Juan Domingo Perón, en Argentina por
golpe de Estado y muerte; Manuel Odría, en Perú, 1948-1956; Gustavo Rojas Pinilla, en Colombia,
1953-1957; etc.). Los casos de
dirigentes que sí se convierten en autócratas o dejan un régimen autocrático
son notables en la historia, por eso causan la falsa impresión de que
son la mayoría: Alejandro Magno, César Augusto (Octavio), Bonaparte, Franco,
Hitler, Lenin-Stalin, Mao, Castro, Chávez, etc.
En este caso,
únicamente quiero hacer notar que durante una fase inicial hacia un gobierno autocrático los
grupos divergentes o disidentes
se pueden tolerar, asimilar sin desaparecer o pasar desapercibidos con
facilidad. Algunos casos, por la velocidad de las conquistas y conflictos
militares ni siquiera hay una evidencia para analizar sobre esto como en
Alejandro Magno, pues el reino crece a velocidad de vértigo y a su muerte, son
las unidades separadas las que habrían de estudiarse (Ptolomeos, Seléucidas,
etc). Otros casos son muy conocidos, como la transición de Hitler o Chávez en
el poder, así como el proceso soviético.
El ataque a
los dispersos o a los propios partidarios
En los casos de
Hitler y Stalin se evidencia que la dictadura extrema no ataca únicamente a los enemigos, sino
también a los divergentes o anómalos dentro de su esfera de poder. Lo que se
suele olvidar con facilidad es que una dictadura extremista ataca a sus propios
partidarios. Los motivos por los que Stalin atacó a sus partidarios fueron diversos, pues
resulta difícil seguir el paso a un dictador cuando comete errores y ejecuta
“cambios de timón”, pero no los somete a escrutinio.
El atacar a los propios con acusaciones paranoicas de espionaje o traición le
sirve al dictador para infundir el terror y obligar a la lealtad automática.
Los líderes bolcheviques se dieron cuenta muy tarde que el antes centrista
moderado Stalin, se había vuelto el dueño absoluto de la URSS y terminaron
perseguidos y asesinados. Estos ataques del dictador contra sus propios
elementos partidarios le dan más poder al tirano, pero abren la ruta de su caída.
Hay una fuerte lección de vida, pues es más peligroso ganar con un aspirante a
tirano que perder con un demócrata. A veces, el ataque del tirano contra los
elementos diferentes lleva a la ruina de su país, pero eso no le interesa en
esencia al tirano. En general, varios de los regímenes comunistas siguieron ese
patrón de persecución ruinosa y el caso más extremo fue Pol Pot en Camboya, que
destruyó en tiempo récord a su país y masacró a sus compatriotas, llevando a su
rápido fracaso.
Contrataque desde
muchos y, anotemos, a los anómalos
La caída de los
regímenes autocráticos casi siempre tiene la participación desde los dispersos
que son autónomos, anómalos, base de la pirámide, invisibles, hasta mismos
sirvientes humillados, etc. La situación más fuerte viene cuando los oprimidos
del sistema están integrados en las fuerzas armadas, pero la aglutinación de
elementos anti-dictadura puede provenir desde cualquier estrato social o región
de las geografías humanas.
Los grupos privilegiados se sublevan
por excepción y rompen la concentración del poder, es el caso romano y de las
“revoluciones burguesas”. Ese es el modelo que se observa con facilidad debido
a la historiografía marxista, en el siglo XX muy influyente, que busca la
estructura de clases socio-económicas como fundamento del poder político. Los
grupos que no son privilegiados, aunque viven con desahogo y no sienten empatía
con un régimen autócrata, incluso suelen volverse más revoltosos, como las clases medias más o menos
ilustradas desde el siglo XVIII. Y lo más conocido son movimientos masivos de desheredados
que periódicamente por miseria y desesperación se sublevan, y luego con la
consolidación de tendencias ideológicas de izquierda, a lo cual se le llama
revoluciones sociales. Otro gran modelo para la caída de la autocracia, es el de
la transformación del ejército
por grupos outsiders como en la decadencia del Imperio Romano,
donde los bárbaros se volvieron el corazón de las legiones y terminaron por
abatir al centro de Roma. El ejército también puede ser golpista y dar fin a un
régimen autoritario, por situaciones más particulares.
Concentración
de poder también significa fragilidad
La concentración
del poder en una sola persona es la lógica íntima de toda autocracia
dictatorial (sinónimo). La súper-concentración de poder se mantiene por un
solo motivo: porque se queda sin rivales. Y por eso mismo, intenta contar
con sucesores a modo y, lo único lógico, es que el rey decida a su sucesor
consanguíneo. Varios hijos aspirando a sucesores ya es un lío y camino a la
guerra interna, como lo mostró la Europa feudal y el periodo de los reyes mongoles
en la India. Cerrar el círculo de poder para garantizar la consanguineidad
lleva al absurdo de la sangre decadente, los Habsburgo en Madrid, por ser
endogámicos terminaron siendo los reyes más frágiles de cuerpo y mente,
montados en el reinado más poderoso del mundo.
El sistema
dictatorial de mando único se vuelve muy frágil, porque basta que caiga
la cabeza para tirar al poder.
En una república puede fallar el líder y es sustituido sin tanto problema. La
falla del tirano se vuelve una catástrofe, aunque su derrocamiento en un
momento preciso, puede resultar una gran fortuna. A veces, basta un pequeño grupo para
derrumbar una autocracia que parecía sólida. La guardia pretoriana
asesinó a un Calígula, enloquecido de poder, y dio el poder a Claudio, que
resultó un excelente gobernante para su tiempo. Un pequeño grupo mató al
dictador Trujillo de República Dominicana, terminando con la época trujillista.
En cierto sentido, las conquistas de Tenochtitlán y del Inca fueron
protagonizadas por grupos muy pequeños, aunque la desproporción tecnológica e
histórica, fue excepcional. En el
periodo feudal, las propias familias gobernantes eran las principales
protagonistas de los golpes palaciegos y las asonadas.
El modelo
republicano y democrático
Los republicanos
romanos conocían este riesgo
de dictadura y lograron controlarlo durante 500 años. Su sistema
funcionó con altibajos internos y enorme éxito hacia el exterior. Hasta su
dinámica de conquistas cambió por completo la estructura de su Estado y
sociedad tras su éxito como Imperio que explotaba un área gigantesca y obtenía
tributo suficiente para aniquilar el fundamento previo de la república
esclavista, pero civilizada.
El modelo republicano quedó eclipsado por el Imperio Romano (y continuado en el
Bizantino), por lo que los reyes bárbaros ignoraron ese sistema. En Europa
aparecían islotes sociales que revivían las tendencias republicanas sin tener
una visión de esto y la tendencia renovadora fue avanzando paso a paso.
La tendencia
republicana avanza con lentitud, pero con firmeza en Europa y da un salto
cualitativo en América, con la Revolución Americana que muestra un modelo
completo de república democrática, y luego siguen las independencias
latinoamericanas, que casi todas marcan pauta y se adelantan a Europa en el
modelo. Europa se divide entre dos fórmulas políticas. El modelo de monarquías
constitucionales, que paso a paso forman una trama legal y de derechos civiles,
bajo el manto de los reyes. El modelo de repúblicas sin reyes como Francia,
Italia, Alemania, etc.
Modelo
soviético
Lenin y su
partido instauran un modelo que suponían era la aplicación práctica del ideario teórico de Marx y
Engels. Desde el principio resulta comprensible que los dirigentes justifican
con excepciones a sus teorías sociales la instauración de una férrea dictadura,
porque suponen que es del proletariado, cuando ejercen la dictadura del Partido
Comunista desde el Estado. El sincero
convencimiento que están llevando al proletariado al poder, mientas oprimen a toda la sociedad
con salvajismo se mantiene en la construcción del Estado soviético de la URSS.
Los marxistas y otro tipo de socialistas (anarquistas, populistas) que se dan
cuenta son perseguidos con salvajismo y muertos rápidamente.
La “leyenda rosa”
del Estado totalitario soviético es fácil desmontarla en cuanto se le quitan los colores rojo-marxistas al modelo.
Basta mirar a un grupo de autócratas que expropian todo a todos (empresas a los
burgueses, tierras a campesinos, micronegocios al pequeñoburgués, derechos a
las nacionalidades menores), meten una policía política despiadada (la Cheka,
la Gestafo con color rojo), incluso imponiendo una religión de Estado (con el
culto a la Personalidad del Líder infalible) y concentran todo el poder en cada
vez menos manos, y terminan dejando todo el país en poder del autócrata. Pero
no lo veíamos como un simple
autoritarismo tiránico, porque sinceramente quedó pintado de rojo y Marx
deberá estarse revolcando en la tumba, con la perversión que se levantó con su
ideario. El proletariado jamás tuvo en poder directo los medios de
producción, que sería el criterio clave de Marx, para hablar de régimen
proletario y revolucionario.
Los comunistas bolcheviques siempre fingieron que daban las fábricas y todo a los obreros, cuando lo
ponían en manos del Estado, y al
proletario le quitaban el mínimo derecho sindical y labora, mientras
fingían que lo plasmaban en sus leyes. Destruyeron y persiguieron cualquier
sindicato obrero que protestara contra los abusos. Que mataran a todos los
comunistas ideólogos que intentaban hacer realidad el sueño del proletariado en
el poder, claro que no era una casualidad, sino coronar el nuevo sistema, de
totalitarismo vestido de rojo. Reitero y subrayo: los bolcheviques pretenden
dar el poder al proletariado, mientras lo despajan de todo. El Partido
Comunista sí pide reivindicaciones para el proletariado, hasta que toma el
poder y entonces todo es concentrar poder y dejar fuera a las masas
revolucionarias. Dice que el soviet representa a todos, pero no son las masas quienes gobiernan, sino
quienes se sacrifican y obedecen. Con los primeros descontentos de obreros
aplastados a sangre y fuego desde Lenin, el esquema de aplastar a los mismos
obreros revolucionarios se vuelve un hábito y esencial al sistema soviético.
Irónicamente Marx y Lenin fueron feroces críticos de la ilusión de la
representación del pueblo que lo excluye y lo deja oprimido, cuando su
teoría llevó al extremo ese sistema;
pues los camaradas del Soviet Supremo son burócratas acomodados que rinden
cuentas al Jefe y no a la masa obrera.
Muy pocos
marxistas alcanzan a darse cuenta que el Estado soviético es una realidad
alterna y no encarnación del ideal de Marx. Además, hasta la fecha ha resultado
difícil definir integralmente qué fue ese Estado Soviético, para sacer todas
las con secuencias: nuevo Despotismo Asiático, Burocratismo de Estado de rojo,
Estado obrero monstruosamente burocratizado, Casta novedosa, etc.
Transiciones
de la tiranía soviética
A la fecha hay
tres modelos de transición desde la tiranía soviética. Primero, un regreso rápido hasta un
capitalismo normal, bajo una democracia promedio; donde podemos
considerar a varios países que entran a la Unión Europea. Segundo, una catástrofe económica y
retorno hacia una dictadura (próxima al totalitarismo extremo, de corte
fascista, con Putin). Tercero, un deslizamiento suave, que mantiene una identidad política comunista
(China, Vietnam) con una base de economía capitalista floreciente. Este último
modelo presenta la gran interrogante si chocará entre la estructura
político-ideológica y la base.
Queda el ejemplo,
de la resistencia absoluta a transitar y la permanencia en el sovietismo
estalinista, donde queda Corea del Norte como el proceso de no transición,
donde ya la deriva se hace más evidente como una Dinastía Roja, disfrazada de
su versión de la deriva estalinista.
La transición
de la URSS hacia la tiranía de Putin
En lugar de
aprovechar la oportunidad
histórica del 1989, la URSS cayó en una espiral de caos económico y
político muy doloroso, sin capacidad para establecer un mercado capitalista
mediano, sino hasta muchos años después. Omitiré los detalles, para señalar que
el daño político y emocional a la población rusa abrió el camino para la
imposición de un autócrata sin freno.
En lo que aquí
observo esta transición de la nueva Rusia, se desarrolló entre fracasos de las
tentativas democráticas y un régimen dictatorial que está dispuesto a no dejar
títere con cabeza a su alrededor. Eso también explica las sucesivas guerras, pues sirven para Putin,
que justifica sus ataques a las libertades elementales y el asesinato de sus
opositores.
En el presente,
las fronteras que desafían al poder de Putin son sus vecinos, que están
horrorizados ante esa modalidad neofascista de Putin. Se nota menos, pero el
ataque a los mismo empresarios y clases medias rusas ha implicado un deterioro
de las capacidades de Rusia, que se compensan con publicidad y guerra, pero en
términos económicos no ha resultado y sigue fallando cada vez más. Quizá la economía de Rusia ya ha entrado al
tobogán de su catástrofe y llevará a desbaratar el intento de imperialismo
territorial y abatirá al régimen.
Preguntarse
cuál es la mejor transición desde una tiranía roja
La pregunta es si
bajo la tiranía roja puede sobrevivir
una especie de élite capaz de resolver la compleja problemática
económica y social que se desata tras el colapso de las ineficientes empresas
del Estado que se encargaban de todo, pero fallaban hasta para lo mínimo. En la
URSS se colapsaron y predominó el reparto de despojos de empresas y recursos
gigantes entre compadres,
amigos, mafiosos y corruptores del entorno privilegiado. El mejor
ejemplo es el propio Putin aprovechando privatizaciones y luego siguiendo como
chantajista sobre los empresarios, siendo su objetivo una alianza perversa
entre Estado y burguesía, basada en alianza estilo mafioso, sin eficiencia ni
beneficio económico para la sociedad.
A manera de
conclusión
Las élites
autónomas, como ejemplifica el rey guerrero Leónidas, son capaces de aprovechar
ventajas estratégicas y golpear con fuerza a una tiranía. El régimen tiránico, por más acumulación de
fuerza que contenga, posee varias debilidades estructurales. La unidad de mando
implica que su habilidad de lucha está delimitada (sitiada, ahogada, atada) por
las facultades de su líder y las pocas personas en quienes confía. La
fragilidad del tirano y su pequeña élite señala la debilidad del autoritarismo. La dispersión del
mando democrática implica un problema, pero también permite las actuaciones
disruptivas exitosas,
pues los individuos y élites diferenciados son capaces de intentar resolver o
atacar al tirano con distintas tácticas.
Las democracias (y
las masas) avanzan con más lentitud, incluso desde los márgenes, pero son
capaces de generar largos periodos republicanos y efectos de libertades muy
extendidos. Tenemos el caso de los griegos clásicos, de la República de Roma, y
el liberalismo democrático desde el siglo XVIII, con la irrupción espectacular
de Estados Unidos de América.
Algunas
transiciones, desde una condición inicial de tiranías hasta su cambio a democracias
republicanas resultan rápidas y exitosas, mientras que otras fracasan o
encuentran demasiados obstáculos, como demuestra Rusia tras la caída del Muro
de Berlín. Existen vías típicas mediante las cuales las poblaciones superan a las tiranías y encausan
hacia sistemas republicanos democráticos.
El más débil individuo posee un poder tremendo cuando lo comprende, porque desarrolla
sus estrategias diferencias, particulares o inesperadas. El mejor ejemplo está
en el psicólogo Milton Erickson, que quedó discapacitado por la terrible enfermedad
de poliomielitis y, entonces, condenado a postrarse en una cama o silla de ruedas.
En lo físico era la persona más débil que te puedas imaginar, pero su mente fue
potente y desarrolló sus estrategias, fortaleciendo su voluntad. El individuo
requiere de una formación y reunir muchas cualidades y virtudes para en su sola
persona funcionar como si ya agrupara a una élite completa, para volverse un
líder eficaz. El liderazgo excepcional es una excepción, pero sí sucede.
Ya vimos que los espartanos,
atenienses y otras ciudades eran débiles ante los persas, pues el reino
imperial superaba numéricamente a las ciudades independientes. Cuando los
débiles sumaron sus estrategias derrotaron a la tiranía oriental que los intentaba
aplastar.
El ágora pública, reuniendo individuos
libres, fue la clave de la democracia. Los individuos fuertes
y dignos salvaron a las ciudades griegas del desastre. Hubo estrategas astutos
e ingeniosos que mostraron el camino para derrotar a las tiranías del Siglo de
Oro. Y ese resultado positivo se ha repetido una y otra vez: las débiles
democracias terminan por vencer a los tiranos. Para que el débil triunfe se
requiere de estrategia, no basta la fuerza bruta.
NOTAS: