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martes, 11 de septiembre de 2012

Puerta del cielo, fragmento de Las puertas y lo vasto.

Por Carlos Valdés Martín

Dedico esta presentación a la generosidad del artista plástico Daniel Barrera, quien ha tenido la gentileza de prestar la imagen angélica y desgarrada que nos ilustra.


La del cielo... 

Para la religión ninguna otra apertura puede ser tan atractiva como la de la puerta del cielo. Para los humanos normales, por obligación ese camino transita primero por la muerte y los requisitos de comportamiento, pero en casos extraordinarios alguno descubre una entrada directa. El Génesis firma que Jacob encontró una puerta al cielo, mediante una escalera celeste, por la que transitaban los ángeles. El prodigio aconteció de manera casual, pues esta vía se le apareció durante un sueño usando como cabecera una piedra, y esa piedra era significativa, porque generó la estimación como casa de dios, Beth-el. La belleza imaginada de esta vía y su importancia ha sido motivo repetido de la literatura mística. Esta puerta celeste se identifica como centro del mundo y como eje del mundo, punto de unidad entre lo más alto y el plano terrestre. La mayoría de los pueblos han tenido nociones semejantes, para establecer un vínculo entre la tierra y el cielo, mediante un eje del mundo. En muchas tradiciones es una montaña mágica o morada de los dioses, el camino que une los dos reinos, así como el Olimpo de los griegos o la montaña del Norte de los chinos, sobre la que se posa la Estrella Polar. Entre otros pueblos es un árbol sagrado, un Igdrasil, el medio de unidad entre los planos de transmundanos y por tanto el vehículo que conduce hacia los portales del cielo. Ahora bien, las escaleras llevan a la puerta, pero la puerta misma del cielo nos indica algo más específico, y es una visión esplendorosa. La posibilidad de arribar y que se abra el cielo es un ensueño máximo. Esta ambición no solamente es parte de las religiones, que colocan al dios supremo en el cielo, sino también de muchos poetas. Recordemos, incluso, que algunas religiones tenían otros trasmundos diferentes, fuera de la órbita celeste, colocados dentro de tierras o aguas, según imaginaciones mitológicas locales. Por lo mismo, se podía hablar de una “Puerta de todos los prodigios”(1) , como vía por la cual se podía acceder a las maravillas más allá de este mundo.

Nota: 
1) Loa Tse, Tao Te King.

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