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jueves, 20 de diciembre de 2012

LÁZARO CÁRDENAS PRESIDENTE MASÓN



Por Carlos Valdés Martín

En lo que sigue está un fragmento de mi participación en el libro El poder de la masonería en México. Ahí presento también a José Vasconcelos y Gilberto Bosques, cada uno destacado en un campo de la actividad humana en el México del siglo XX. Debo aclarar que esta edición fue motivada por el esfuerzo personal de Arturo Cruz como líder del proyecto y con la colaboración de 30 autores destacados que nutren esta obra. Por fortuna ya está por agotarse la Primera Edición a unos meses de ser presentada, todavía se consiguen algunos ejemplares en Sadi Carnot 75 PB.

Si me preguntan por el mejor presidente mexicano del siglo XX, contestaré que Lázaro Cárdenas y sus antecedente no lo señalaban en ese sentido. Su trayectoria previa se calificaría de modesta, pero su periodo está marcado por los mayores logros. En fin, basta de preámbulos y les dejo el texto:



La leyenda popular de que todos los Presidentes de México han sido masones esconde una verdad interesante, pues no ha sido la unanimidad (no todos lo fueron), sino la importancia de los personajes lo que cimentó esa impresión. Entre los muchos políticos ilustres de la masonería debe destacar el constructor de la gran obra reformadora del siglo XX, que fue Lázaro Cárdenas del Río. Resulta imposible evaluar la compleja obra de este personaje y bastará señalar su importancia para la forja de la nación mexicana. Después de tres siglos de colonia y uno de turbulenta independencia, para la mayoría de los compatriotas la faz del país adquirió la forma de una patria material. En el periodo del gobierno de Cárdenas, la mayoría del país estaba compuesta por campesinos semi analfabetos, sometidos a terribles condiciones de explotación; entre los cuales una importante fracción conservaba la aspiración a las tierras de sus antepasados, plasmadas en títulos virreinales que les otorgaban derechos. Sin embargo, la mayoría ni siquiera poseían un lejano título antiguo sino aspiraciones de justicia, expresadas con vehemencia revolucionaria. La Reforma Agraria había comenzado desde las luchas revolucionarias y en el texto de la Constitución de 1917 ya estaba planteado el fundamento legal para el reparto, sin embargo, la resistencia de los terratenientes y cacicazgos locales había mantenido a la mayoría del agro en las mismas manos. El país estaba harto de la violencia y el campesinado tenía hambre de justicia y tierras. En los gobiernos previos habían comenzado el reparto, pero la gran mayoría del país esperaba su turno. Faltaba el líder decidido a romper con cualquier limitación y convertir en realidad la promesa que dio la Revolución a los campesinos. En el momento preciso surgió Cárdenas, quien llegó a la Presidencia con la apariencia más apacible y con la palabra mesurada, pero dispuesto a cumplir. En los seis años de su gestión se reparten las extensiones enormes de las haciendas henequeneras, algodoneras, cafetaleras y azucareras, regiones de riego y de temporal, extensiones ganaderas y zonas forestales; en fin, esa superficie es la mayor en extensión y también en calidad de zonas entregadas.

Los rincones del país se conmocionan con el impulso de una reforma que daría sentido material a la patria del campesino, porque para la gente del campo, la patria sería mucho más que solamente una bandera y relaciones con un lejano gobierno, para convertirse en la tierra bajo sus pies y el surco arado por su propio esfuerzo[1]. Esta transformación fue la verdadera revolución social en el campo, que liberó a los peones “acasillados” de sus amos y entregó las tierras, sin detenerse por su alto valor económico, como sucedía con los ingenios azucareros y plantaciones algodoneras. Por primera vez, con el reparto agrario, se nacionalizó a los campesinos de un modo radical: dándoles la fuente misma del sustento material. 

Esta hazaña de nacionalizar al campesinado en un sentido integral, se complementó con un efecto parecido dentro de las ciudades, debido a que el grupo obrero adquirió mejores derechos mediante prestaciones y un fuerte incremento de sus ingresos reales. El gobierno de Cárdenas fue el mejor ejemplo de modelo progresista: integrando el ideario de izquierda y liberal favoreciendo a las clases desposeídas, para mejorar su condición económica pero respetando las libertades esenciales[2]. En cuanto lo obreros sintieron la evidente mejoría de su posición económica y social, también mostraron un nuevo entusiasmo nacionalista, que se expresaría de modo claro durante la expropiación petrolera.

Ante el reto de las empresas petroleras extranjeras, el gobierno de Cárdenas optó por una acción casi inimaginable de desafío al poderío económico y militar norteamericano y europeo. La decisión de expropiar, atrajo el entusiasmo sincero de la población de manera inmediata, que observó a un líder por entero decidido a salvar los intereses del país.

Uniendo estas reformas sociales y al nacionalizar esta industria estratégica y emblemática, las acciones de Cárdenas establecieron un programa nacional práctico y modernizador, que dignificó a la población, devolvió el orgullo patriótico y garantizó concordia social durante décadas.

Por si fuera poco, el esfuerzo gubernamental de ese periodo continuó integrando a la población en un sistema educativo creciente, con un enfoque para favorecer la movilidad social, que también integraba culturalmente a la población. Es decir, la obra educativa favoreció la integración nacional de un modo real y cercano al pueblo, con una cultura que generaba un sentido de identidad.

Esa compleja y —me atrevería a calificar— perfecta obra nacionalista de Lázaro Cárdenas del Río lo coloca en un sitio clave de nuestra historia. Esa obra resultó en completa consonancia con el ideal masónico que él profesó. Asimismo, su actividad masónica fue de primer nivel y logró reconocimiento como dirigente máximo del Rito Escocés. Del bagaje ideológico de la orden masónica el Presidente Cárdenas compartió los principios de libertad, igualdad y fraternidad aplicados a la construcción de esta nación y al ordenamiento de un Estado republicano, basado en la igualdad y el sentido de justicia.




NOTAS: 

[1] Cf. VALDÉS MARTÍN, Carlos, Las aguas reflejantes, el espejo de la nación, Ed. Romel.
[2] El balance total del sistema político esterilizó el sistema electoral y terminó fortaleciendo aspectos semicorporativos, los cuales generaron un sistema político, interpretado como “único en su género” por parte de la ciencia política. Algunos lo ven como “populismo” pero ese término hoy resulta más ideológico que de análisis. Cf. IANNI, Octavio, La formación del Estado populista en América Latina, CÓRDOVA, Arnaldo, La política de masas del cardenismo.

1 comentario:

Alberto R dijo...

Excelso, Felicidades