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sábado, 1 de octubre de 2016

PINK FLOYD, LA MÚSICA LÍQUIDA






Por Carlos Valdés Martín


El estilo musical de esa banda fue llamado con justicia, una música líquida, por el flujo continuo de sonidos que invadía las sensaciones. Sin duda se requiere inspiración para describir ese estatuto líquido con palabras y comprometerse a explicar cómo son las cascadas sonoras que fluidifican el espacio rítmico. 

El tema cabe en una misteriosa “experiencia interior” y, si la opción existiera, luego renunciar a las palabras, sugiriendo que escuchemos de nuevo The dark side of the moon o The Wall

Ahora el Zócalo de la capital está lleno… ¿Te imaginas hace años cuando los discos de Pink Floyd eran para una minoría insignificante de snobs y de apretados del rock, gusto de los herejes del sonido, los inconformes de la mercadotecnia, los disidentes del metal, los extraños ante el puro y duro rock, los exiliados de los canales televisivos y los olvidados por la radio? Hubo un tiempo en que nuestro país le daba la espalda a Pink Floyd y la película se exhibía en una sola sala comercial, con un auditorio medio vacío. 

De pronto todos somos Pink Floyd, y antes era casi un escándalo, un gusto culposo de los señoritos con gustos casi mariguanos o peor que eso; la rareza de los esnobs que leen a Monsiváis y miran cuadros de Cuevas, se encierran en la función postrera de la Cineteca… Los fans de The Wall fueron más condenados que los de la marcha LGBT por los labios de los acólitos católicos… así fue de incomprendido algún lejano día ese gusto por la música fluida. El lema es “todo cambia” y la música líquida se terminó imponiendo como una nostalgia de lo que jamás llegaría a México. Ahora que Roger Waters ronda los 73 años y apremia la última oportunidad para verlo en “vivo y directo” se agolpa el mar de los viejos admiradores y el torrente de los que se sumaron en camino. 

Por si fuera poco, el término “Wall” se vuelve a politizar y hacerse polémico con los desplantes del candidato Donald Trump. Los ecos contra el muro de Berlín que profetizaban el disco y película adquieren nueva actualidad. Contra el muro, la música horada y resquebraja that stupid wall. Y lo fluido es romper barreras, establecer las series hasta el infinito, hacer llorar a las rocas, comenzar las locas carreras para no detenerse como los ríos. El cantante termina con la frase en español “¡Viva México cabrones!” que regresa como el duende travieso, de nuevo el extranjero nos recuerda que seguimos siendo una nación.

“Última oportunidad” es un lema completo para el 1° de octubre de 2016. Hoy la última oportunidad, la música líquida de Roger Waters se desparrama desde el corazón físico de México. Las aguas reflejantes antiguas se alimentan con otros ecos y vuelven a vibrar. El viejo romance del Valle montañoso con las aguas se convierte en música liquida regada por la banda inglesa. El zócalo está pletórico, la gente es la marea, el sonido es el fluido y la historia destila sus corrientes; tras los fuegos artificiales la masa se afloja, fragmenta y disuelve… las gotas de emoción se dispersan entre el pavimento, las ondulaciones de frescura se incrustan en la noche aún vibrante, la emoción líquida se vuelve recuerdo y la oscuridad va extendiendo su misterioso manto.

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