Música


Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta KOSIK. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta KOSIK. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de septiembre de 2013

EL BIEN ECONÓMICO DEBAJO DEL MANTEL BLANCO



Por Carlos Valdés Martín

El “bien económico” pareciera un asunto trivial y hasta resuelto antes de plantearse, sobre el cual ninguna discusión levantaría el vuelo. Pero esa discusión obstruida obedece a varios prejuicios.
Basta imaginar un mantel blanco para convencernos de la existencia de un bien económico, sin embargo, hasta un mantel blanco podría esconder algo, agazapar una pequeña sorpresa, convirtiéndose en la sábana fantasmal de los cuentos infantiles. Empecemos con unas pocas definiciones y así, en principio, se acepta generalmente como “bienes económicos” a los objetos escasos para consumir directa (la sopa en el plato) e indirectamente (el piso de abajo) o bien los que sirven para producir otros objetos (las máquinas fabricadoras). Los bienes económicos de consumo se definen como los objetos aptos para consumir por los seres humanos y los medios de producción son los objetos materiales mediante los cuales se generan ulteriores objetos de consumo. En una sociedad mercantil los bienes abarcan las mercancías de todo tipo y los capitales (medios de producción), pero existe un objeto particular donde concentra las bondades del mundo mercantil: el dinero. El dinero en su calidad de medio de cambio universal y valor objetivo estructura al conjunto de los bienes materiales de la sociedad mercantil y ofrece un nuevo sentido. Los bienes económicos del mundo mercantil incluyen el comprar y vender, lo demás es un espacio marginal de relaciones de otro género, como las domésticas, las afectivas... Así, los objetos económicos consumibles son difícilmente conmensurables y están sometidos a la más diversa arbitrariedad de los gustos, mientras el dinero opera como el objeto social que sugiere su continuidad e intercambiabilidad universal[1].

El sentido del “bien” de los objetos económicos concretos de la sociedad capitalista está adherido al cuerpo de los mismos, por lo que su particularidad contiene todo el peso de la ecuación. Las mercancías se consumen de manera privada y el sentido bueno o malo de su consumo cae dentro de una esfera particular, por eso algunos ocurrentes consecuentes consideran que el consumo de drogas no se debe prohibir porque resultaría un atentado contra la libertad del consumidor.

Procurando santificar ese “bien” contenido en las mercancías, los neoclásicos han tratado de aislar un gozo abstracto o una utilidad genérica que sería posible homogeneizar en cada producto mercantil. Esa utilidad general se convertiría en una medida homogénea para determinar el valor de cualquier mercancía respecto del consumidor conjunto de consumidores. Esta teoría centrada en el consumidor esconde un problema de conversión de lo interior distinto de cada sujeto consumidor (su apetito con diferencias concretas) en una cualidad homogénea. Por eso se ha reprochado al neoclasicismo económico que se está reinventado al hombre en base a una abstracción y con una hipótesis improbable: el homo económicus[2]. Ese homo económicus inventa al sujeto del consumo y la producción comportándose tal como dicen los autores neoclásicos que una persona debería comportarse en el mercado: con una racionalidad completamente adaptada a las leyes del mercado (oferta y demanda, preferencias consistentes en base a precios, movimiento consistente de necesidades en base a precios). Pero las personas no se comportan ni consumen siempre bajo ese modelo simplificado.

BIENESTAR ECONÓMICO
No es casual que el lenguaje de la economía esté tan impregnado del lenguaje de la ética, porque de la vida misma depende el funcionamiento de cualquier sistema social. La afirmación de la vida es el bien y el sentido todo el proceso económico implica una orientación hacia ese simple bien (subvertido parcialmente por tendencias en sentido opuesto, como puede ser un afán de lucro desmedido, los efectos secundarios indeseados). La reproducción económica implica un bien por la mera continuidad de la vida, y esa existencia, desgajada de su continuidad con sus premisas, es un don y casi un milagro. La producción de la vida es la premisa material del bien y su definición general. Decir "bien" es permanecer vivo[3].
Bajo las premisas generales y generalizadoras, cualquier economía implicaría un bien, sin embargo, debemos observar las contra-tendencias y las situaciones anómalas. El mantel blanco nos indica que la mesa está servida, y la disposición de una mesa indica el periodo de alimentación, tan cotidiano e indispensable. Al alimento se le enmarca con un mantel para indicar su separación de un ambiente más tosco o que no es completamente asimilable. El plato sostiene e indica que el bien que comeremos es indudable alimento, sin embargo, su maravilla resulta poco apreciada, si no la colocamos en un marco adecuado. El mantel se revela como el marco adecuado, pues al hecho se le refuerza con su obviedad. Y luego de lo obvio conviene preguntarnos con extrañeza si aparecen productos que definitiva y claramente no sean buenos (nunca jamás).

OBJETOS MALIGNOS
Si en la esfera de la generalidad todos los objetos producidos son buenos porque pretenden una utilidad, al aterrizar esta afirmación descubrimos su fracaso. La producción humana, con su crecimiento y variedad ha creado también objetos dañinos o mortales. La expresión más ácida de "bien económico dañino” (BED) aparece con la densidad de una droga y un arma, que respectivamente descubren las expresiones extremas del daño propio y del ajeno[4]. Bajo este rubro se crea un objeto maligno, que perjudica a la persona completamente y sin lugar a dudas finales. Tanto el arma como la droga poseen una antigüedad inmemorial, partiendo desde rudimentarias elaboraciones durante la edad de piedra; su adecuación está ligada a las "debilidades del ser humano": su abatimiento y muerte. El perfeccionamiento técnico generalizado abarca todos los campos, pero existen condiciones especiales en esta sociedad. Una masa enorme de la sobrepoblación (una población sin empleo útil para su sociedad) serviría de carne de cañón potencial para las guerras. Bajo las leyes de la sobrepoblación relativa se contemplará la posibilidad misma de la masacre, porque el exceso de población lanzada a un suicidio bélico (hasta el final silencioso después de una ruidosa campaña bélica) resulta funcional para la población remanente, la cual después de una guerra sobrevive y se encarga de la reconstrucción.
Aquí encontramos una paradoja moral-económica porque si se compran y obtienen su demanda entonces los BED también integran bienes económicos. En especial, las armas trazan su mercado perfectamente legalizado por los mismos poderes públicos que regulan el mercado entero. Por un lado, existe un bien económico (definido en base al consumo del sujeto) y por otro lado ofrece “malignidad”, porque la única forma de consumo correspondiente implica destruir o herir personas: des-utilidad extrema en lugar de utilidad. Claro, este drama se enmascara suponiendo que el arma aporta algún bien para el sujeto cuando siente seguridad con ella o la utiliza para su defensa o agresión, pues destruye a otro sujeto, y por eso sigue siendo un bien económico particular y privativo. Deteniendo el argumento en el beneficio de quien posee el arma se enmascara el resultado. A nivel más general se mantiene intacta la dualidad antagónica de ese tipo de objeto económico. Esta dualidad antagónica es clara si observamos el ejemplo de un arma de destrucción masiva como las bombas nucleares, con cuyo empleo masivo se dañaría tanto a la víctima directa como al usuario-beneficiario, según lo revelan los estudios sobre el consecuente "invierno nuclear" fruto de una guerra de tal calaña. El armamento atómico expresa globalmente la producción de un “bien” económico cuyo consumo sería letal y entonces entregaría el peor de los males, generando un claro BED.
Esta contradicción de la producción/consumo de bienes malignos se presenta particularmente clara en las drogas. El consumidor final paga mucho dinero por un producto que atrae consecuencias atroces para el mismo sujeto que pagó. En el principio del fenómeno sucede un disfrute de una droga y después viene tanto una dependencia como situaciones fisiológicas desagradables, que impulsan para repetir la situación agradable. Aquí el factor tiempo permite esta contradicción dentro de cada adicto, quien paga mucho dinero y agota sus recursos, para causarse un dramático malestar final. Primero disfrutar y luego sufrir pagando como si únicamente se comprase el disfrute, muestra crasamente una contradicción entre esencia y apariencia, entre momento inicial y final. Pero esa tragedia también indica la situación estructural del sujeto bajo el capitalismo, sometido a la presión del mercado y víctima de las apariencias.
La convicción y aceptación legal sobre esa debilidad del consumidor, cuando su voluntad es vencida (un sistema de necesidades alterado) por las drogas pone la base teórico-moral para las legislaciones restrictivas en contra del tráfico de drogas. Ejemplifica esta drogadicción el caso de un comercio que provoca un mal profundo y no como causa secundaria o “externalidad” (ejemplar es el caso de la ecología) sino inmediata, que trae su “veneno” en el producto y por eso emerge una reglamentación coercitiva.
Basta observar este caso para darse cuenta de la falsedad original planteada por los apóstoles del mercado y los fanáticos del neoliberalismo. Que algo sea necesario o indispensable no implica que sea perfecto; así, el intercambio medido de objetos producidos se llama mercado, entonces es necesario el mercado, lo cual no implica que sea perfecto. Si se aceptara al mercado como perfecto y que el Estado jamás debe intervenir con las preferencias de los consumidores, entonces ese argumento extremista conduciría a legalizar el consumo de drogas y santificar el comercio de armas. Para que el mercado fuera un mecanismo perfecto entonces los consumidores deberían comportarse cual ángeles del cielo.

LA POBREZA Y LAS HABICHUELAS MÁGICAS
Otro mal económico define a las personas carentes de bienes, su estatuto se denomina “la pobreza” y ésta aparece absoluta (desamparo) o relativa (escala menor respecto de cualquier vecino). Esas personas encarnan un malestar, (entendido superficialmente como amenaza latente para quien posee bienes) por lo que desde la perspectiva de los propietarios-privilegiados los desposeídos son una amenaza viva, son los potenciales envidiosos, quienes quizá tratarían de violar las fronteras santas de su propiedad privada. La pobreza sería un enemigo latente sobre la riqueza. Aunque la propiedad privada  es una institución elemental y legal, —escondiendo hostilidad universal donde el principio básico es que cada quien vela por su interés exclusivo— resulta que cualquiera esconde una amenaza potencial, incluyendo a todos los demás propietarios privados. Aún así, en la conciencia superficial, unos frente a otros los propietarios privados (por ejemplo, capitalistas) no se miran como una amenaza directa, porque comparten el respeto (supuesto o efectivo) a las reglas del juego. En cambio, el desposeído completo está fuera de las reglas del juego (potencialmente) porque está excluido del mecanismo del juego (realmente) sin embargo, permanece como “posibilidad” de ser consumidor (la necesidad del pobre) y productor (el potencial de su empleo). Entonces existe una hostilidad y miedo potenciales del propietario privado hacia el desposeído, por eso decimos que el desposeído se presenta como el mal económico (en potencia y no activo).
De forma más contundente, el desposeído se presenta como el padecimiento del mal económico, pues carece de los medios de consumo necesarios, conforme no tiene bienes padece un malestar: la pobreza. La situación lacerante de tales personas confirma la perspectiva relativa de lo que significa atrincherarse tras los bienes materiales. Se confirma por medio de la comparación. La comparación es sumamente importante, porque establece la riqueza y pobreza relativas; sin comparación no hay sistema social. Un bien aislado dice poco sobre las personas, necesitamos interpretar un conjunto de objetos y un marco de referencia. Esto semeja la historia de las habichuelas mágicas, cuando un crecimiento desproporcionado nos eleva hasta las nubes, entramos al mundo de los gigantes, lugar donde las cosas poseen otra medida; así, una escala colosal convierte a humanos ordinarios como enanitos. Y en el territorio de las riquezas gigantes, por la simple comparación, entonces los “clasemedieros” se vuelven pobres, los honrosamente pobres se convierten en miserables, y ¿en qué se convierten los miserables? La concentración de riqueza proporciona un microscopio para ver la pobreza, la cual crece desproporcionadamente en la sociedad mercantil. En el último piso de los rascacielos, donde se colocan las direcciones generales de las corporaciones multinacionales, se respira el aire enrarecido de los gigantes y desde la altura nos debemos preguntar si ¿ellos alcanzan a ver a las personas del suelo? Por este efecto de polarización, comprendemos la preocupación y escándalo de las instituciones mundiales y los gobiernos para combatir la pobreza extrema[5].

EL EXTRAÑO CASO DEL SACRIFICIO
Siendo que el producto adecuado a necesidades es el bien económico material cabría sospechar que el consumo encierra el mal. Tal suspicacia es limitada, porque la finalidad del objeto económico es consumirse, tal resulta su propósito de nacimiento, entonces preservarlo del consumo es privarlo de sentido o convertirlo en otra clase de objeto, como sucede con las colecciones. El ascetismo y la avaricia se han practicado como conservación del objeto hasta el límite, más allá del cual queda destruido tal objeto de modo natural (piénsese en los alimentos) o es destruido el sujeto (su mismo destino de mortalidad).
Sin embargo, a veces el consumo es bastante extraño y pareciera como si el destino del bien trabajosamente elaborado fuera su destrucción caprichosa. Esta situación brilla especialmente llamativa en el caso de sacrificios, practicados por los pueblos antiguos. Por ejemplo, en una fiesta periódica, se sacrificaba a una doncella maya bellamente ataviada y con joyas, lanzándola ritualmente a un pozo natural, llamado cenote. Dejando de lado la cosificación extrema que convierte a la persona en cosa a sacrificar[6], resalta otro aspecto. El ritual de cenote sagrado nos indica el sacrificio de lo más valioso, del bien generado con un gran esfuerzo y también de la flor de la vida subjetiva (simbolizada por la doncella). El sentido de una decisión de destruir el bien parece muy extremo, pareciera que todo el sentido de la creación del bien fuese apresurar su muerte. Incluso en este extremo existe una analogía muy poderosa respecto del consumo en general, donde sin importar la forma en que ocurra, el objeto consumido desaparece para mantener y reproducir la vida del sujeto, que se reproduce con sus mismas carencias, y estamos como al principio, pero sin ese producto. La manera como ocurre el consumo se puede ignorar, porque al fin cada consumo está hundiéndose en el pasado, mientras que aquí y ahora permanece el sujeto pletórico de carencias.
En el caso del sacrificio ritual, en tanto religión de un pueblo, la intención es conservar la vida de la misma sociedad, reproduciendo su forma. Se espera que el favor de los dioses sea ganado y el pueblo se mantenga, se espera continuar las tradiciones. Ese consumo "inútil" lanzando a la doncella ataviada al pozo contiene la mayor utilidad (fantasiosa, claro está) de preservar simbólicamente a una comunidad determinada, y así garantizar su continuidad ideológica. Además, en las sociedades agrarias era casi imposible pensar en un torrente de acumulación de bienes, la misma naturaleza perecedera de los alimentos, y la limitación estrecha para cualquier tipo de "inversiones" favorecía a las actividades religiosas como una opción para dilapidar los excedentes. Una dilapidación que, sin embargo, redituaba para mantener unida a una comunidad y dar continuidad a su estructura social. A través de ese dispendio, los creyentes esperan alcanzar los mayores beneficios (en el trasmundo o mediante el orden mágico de su entorno), así asumiendo en serio (al interior de sus ideas) el sacrificio no describe un regalo sino una astuta oferta, por la cual esperaban ganar mucho.

LA PRODUCCIÓN POR LA PRODUCCIÓN MISMA: VACIANDO LA PERSPECTIVA
Normalmente, en la teoría económica se supone que la producción tiene como su finalidad natural la satisfacción de necesidades dadas, que están inscritas en el corazón y el apetito del consumidor. En base al oráculo interior de los misterios de la necesidad escondidos en la biología, la psicología o las arbitrariedades individuales impera la soberanía del consumidor. Incluso, los partidarios de la teoría subjetiva del valor ubican el valor mismo de los bienes económicos en una preferencia subjetiva de los consumidores (los bienes valen porque los individuos los demandan sistemáticamente por preferencias definidas). Si esa fuese una base “natural” de una teoría del valor debería instaurar una sustentación muy sólida, precepto inicial para ordenar el resto del edificio, pero no es así.
Resulta que en nuestra sociedad capitalista está demostrado empíricamente que los procesos de producción (empresa capitalista que vende) están induciendo al consumidor a generar la demanda. En ese sentido la producción dicta el libreto del consumo, y el agente económico que controla esa producción es el director o actor (según su rango), mientras que las necesidades moldeables del público son resultado de esa monumental comedia. La interrelación entre producción y necesidad en la que el papel protagónico, el lado activo, se ubica en la producción ya lo había propuesto hace mucho Marx y desde el punto de vista más general[7]. El sentido de que la necesidad del consumidor nace como reflejo del proceso social de producción lo exalta Galbraith[8], mostrando que esta afirmación empírica pone en entredicho a la concepción neoclásica, sustentada como teoría de las preferencias del consumidor.
Si la producción reina sobre el sistema en el sentido de que inventa a su consumidor adecuado, concibiendo la necesidad (el apetito manipulado hacia el producto) y generando el poder de compra (mediante el salario, capacidad adquisitiva), entonces sospechamos de círculo cerrado en la argumentación. Si la producción de automóviles con asientos de piel inventa el apetito urgente por adquirir un automóvil nuevo con asientos de piel, entonces el sentido de una nueva y amplísima gama de bienes económicos queda cuestionada en su base misma. Ahora no cuestiona la validez intrínseca del objeto, sino del proceso de su creación y arribo al rango de bien. El cazador tribal no crea una necesidad nueva en su tribu, solamente satisface un mandato; en cambio, la trasnacional de la moda inventa una tendencia cada temporada. La creación impetuosa de necesidades pronuncia es relativamente nueva y de tendencia ascendente; además en el horizonte no existe una muralla irrumpiendo para definir su final. El problema no es que en general la producción establezca lo determinante para el consumo, sino la intensiva manipulación mercadológica-publicitaria, para inducir hacia nuevas apetencias. Un problema de nuestra situación reside en que, efectivamente, sí existe una maleabilidad psíquica para la creación de necesidades humanas. Con suficientes recursos de producción y mercadotecnia casi cualquier fantasía (vaga aspiración o miedo absurdo) se podría convertir en una mercancía. Por eso surgió con fuerza arrolladora la definición de "sociedad de consumo", porque el proceso de producción capitalista exige el consumo masivo más allá de cualesquiera fronteras tradicionales, cuando el incremento espectacular de bienes se convierte en una finalidad económica y exigencia del sistema. Entonces emergió una economía global de manipulación del consumo, la cual está en correlación de fuerzas desmedidas entre las empresas inventoras del apetito por sus productos frente al consumidor aislado y seducido por los cantos de las sirenas de la mercadotecnia[9]. En esta perspectiva, el bien económico queda cuestionado desde su origen mismo como una manipulación.

ALTERACIÓN DEL SISTEMA DE NECESIDADES
Al igual que las capacidades, las necesidades son un sistema (estructurado[10]) dentro de cada persona y esto fue revelado con bases teóricas también por el psicoanálisis y las siguientes escuelas psicológicas, porque las carencias y afectos se estructuran de un modo definido. El impulso hacia la satisfacción de unas exigencias es promovido por esta sociedad mientras otras son inhibidas. En especial, las gratificaciones alcanzadas por medio de la compra son las más aceptadas, mientras que los requerimientos satisfechos por medio de las personas no obtienen un gran apoyo. El presupuesto publicitario para incrementar el consumo de bebidas de sabor dulzón es gigantesco, mientras que el presupuesto destinado a promover un satisfactor tan básico como la amistad casi no existe. Aristóteles colocó a la amistad en un sitio cumbre y no dio ningún lugar a las bebidas de sabores en su referente de la virtud ciudadana o la búsqueda de la felicidad[11]. Y la comparación entre bebida publicitada y amistad se vuelve pertinente cuando los anuncios de bebidas dulces ofrecen dar alegría o hasta felicidad.
En general, el sistema de necesidades dentro del capitalismo queda alterado en favor de actitudes receptivo consumistas[12]. Las relaciones entre objetos, en la medida de lo posible, sustituyen a las relaciones interpersonales, permitiendo una compulsión porque los objetos no sustituyen cualesquiera necesidades entre personas, y la diversidad de lo que menciono es profunda y variada: afecto, reconocimiento, comunicación, amor, etc. Entonces el problema de la sociedad capitalista implica la tendencia a sustituir al bien personal con el bien económico: aparecen prójimos devaluados en su valor de uso al ser sustituidos por valores de cambio.
Entonces cuando el sistema de producción (el poderío de las empresas) manipula alterando el sistema de necesidades del individuo, entonces el concepto de bien económico queda cuestionado. Surge la duda ¿esa cosa comprada por efecto de un apetito inventado en la mercadotecnia es un “bien” económico o material? La medida mercantil del bien económico surge cuando alguien lo compre y consuma, pero resulta que ese consumidor no es el protagonista del proceso, sino que es un engranaje para la realización de la venta, donde la acción del sujeto proviene a control remoto desde la empresa. Esta alteración de las necesidades contiene repercusiones significativas de valores y hasta filosóficas, porque la autenticidad de las acciones de las personas queda cuestionada[13].
Entonces esta crítica de la manipulación de necesidades implica concluyamos que se generan seudo-bienes económicos en la sociedad capitalistas, únicamente bienes porque son mercancías consumibles, pero cuya futilidad reconduce a su rápida destrucción o su uso no redunda en satisfacción. La idea de la moda nos indica de manera interesante el prototipo de esos seudo-bienes y su apariencia distinta destinada a perecer, ejemplificado en que el destino unívoco de la moda exige pasar de moda. Incluso, la "llamada teoría del consumidor" de la microeconomía es preferentemente una matematización formal, sin enfoque en el contenido concreto del objeto consumido. La investigación realista a la economía contiene un campo fértil para sus estudios en este terreno, aunque tradicionalmente el problema específico del valor de uso y su relación cualitativa con el consumidor no se incluyó en el campo de la economía, y se dejó en áreas particulares como el diseño o la ingeniería[14].

Este último inciso, posee una especie de denuncia por la creación intencionada de necesidades del consumidor, nacidas desde un requerimiento de la operación mercantil. Sin embargo, queda implícito lo principal. ¿Recurrimos a unas necesidades no creadas (originarias o “naturales”) mediante un regreso al paraíso perdido (el buen salvaje, el hombre natural, etc.) o mejor invocamos a otro poder que se imagina más racional o justo para las necesidades (un Estado  paternalista o una sociedad casi perfecta o un profeta privilegiado, un enviado de Dios) o mejor reivindicamos un único derecho del individuo para crear sus necesidades (un artista de su propia existencia, un anarquista reivindicando su mandato soberano sobre sí)? No toda invención de productos que inventa apetitos es perversa, incluso Marx miró esto con ingenua complacencia. Pareciera que con esta crítica se cerraba un capítulo, pero se abren tres nuevos y hasta aceptaríamos la inauguración de una ciencia y un arte novedoso anunciado por el Bauhaus y otros: la creación de necesidades como un fin en sí mismo, más allá de la pura mercadotecnia y de cuestiones romas.

UN CONSUMO DE SIGNOS
Para ampliar la cuestión existente en torno al consumo sobrevolamos la interpretación de Baudrillard. Este autor señala que con la madurez del capitalismo emergió una novedad extrema, y se levantó un nuevo tipo de consumo, con una modalidad radical. “El consumo no es ni una práctica material, ni una fenomenología, de la abundancia, no se define ni por el alimento que se digiere, ni por la ropa que se viste (...) sino por la organización de todo esto en sustancia significante; es la totalidad virtual de todos los objetos y mensajes constituidos desde ahora en un discurso más o menos coherente. En cuanto que tiene un sentido, el consumo es una actividad de manipulación sistemática de signos.”[15] Esto lo afirma en un sentido muy estricto, pues pretende no ofrecer un exceso retórico. Antes de la sociedad presente, él afirma “no existió” el consumo (en esta definición), antes hubo proceso de satisfacción de necesidades (las previas serían casi naturales) y ahora ya no existe, desapareció enterrado en las arenas del ascenso capitalista. El consumir de antaño ni siquiera se parecería a este consumo moderno. “Las fiestas ‘primitivas’, la prodigalidad del señor feudal, el lujo burgués del siglo XIX no son consumo”[16] Para esta nueva definición de “consumo” lo consumible no arraiga en la materia de las cosas, sino su sistema de signos, pues es “la idea de la relación lo que se consume”. En esta vuelta de tuerca conceptual, Baudrillard se insinúa como tributario de Marx, indicando que “Tocamos aquí, en su culminación, la lógica formal de la mercancía analizada por Marx”[17]. Sin embargo, Baudrillard gira en su teoría proponiendo una puesta de cabeza del materialismo por una variedad del idealismo. “Esto define al consumo como una práctica idealista total, sistemática que rebasa sobradamente la relación con los objetos y la relación de interindividual, para extenderse a todos los registros de la historia, de la comunicación y de la cultura”[18] Lo indicado parecería continuar con la crítica de la ideología, cuando toma por ideal lo material, pero no es así; al contrario, Baudrillard indica que lo ideal del consumo asalta y sustituye el lugar de lo material, desplazándolo definitivamente, pues donde antes existió materia satisfaciendo necesidades ahora concurre un consumo devorando signos. Concluye que ahora los modernos (o pos-modernos) ya no consumimos la materia de los objetos, sino otra cosa diferente ¿qué cosa? Nos indica Baudrillard una visión de este talante: antes del capitalismo había materia extendida como un mar donde flotaban unas islas de significado, pero ahora las islas de significado cubrieron completamente la mar, ahora ya convertida y relegada esta materia en un flujo subterráneo insustancial. Por ejemplo, con esta visión nos explica la compulsión al consumo. “Si el consumo parece ser incontenible, es precisamente porque es una práctica idealista total que no tiene nada que ver (más allá de un determinado umbral) con la satisfacción de necesidades, ni con el principio de realidad.”[19] Pero la acotación del entre paréntesis repite lo que decían autores anteriores, quienes colocaban el significado como un fenómeno parcial (un agregado) sin el privilegio total, y Baudrillard quiere estatuir una teoría universal donde el privilegio entero le corresponda exclusivamente al signo.
Estas afirmaciones, que procuran un alcance extremo en Baudrillard, sin embargo contienen una parte importante y hasta esencial de las trasmutaciones de la modernidad. Los estudiosos, en distintas vertientes, deben aceptar la mutación de los patrones del consumo, y la peculiar manera de integrar (des-integrar, re-integrar) las necesidades bajo el capitalismo avanzado. Un cambio ha ocurrido y continúa aconteciendo con la extensión del mercado capitalista, la cuestión de fondo es si lo asumimos para reconocer y evaluar. No concuerdo con una tesis de la sustitución absoluta del signo sobre la materialidad de la mercancía, porque un importantísimo carácter de signo siempre ha existido, como lo demuestran los casos de consumo más curiosos y sin finalidad de utilidad directa (sacrificios, donaciones). Es decir, desde el amanecer de los tiempos, el consumo de materia también encierra un importante componente de signos y símbolos. Incluso, convendría detenerse para comprender el sentido de la “utilidad”, cuando tal término abonó un materialismo desnudo (la cosa conteniendo un discurso evidente de su utilidad material) y también existe un más allá de esa evidencia acostumbrada[20]. En la simple cacería nómada, las prácticas persistentes de tribus trashumantes indican que ellos, además de obtener carne también le dan sentido a su existencia, estableciendo simbolismos durante sus cacerías, es decir, obtienen más que nutrientes indispensables para sobrevivir. Sin embargo, en la modernidad esto se debe revaluar desde una perspectiva ampliada, la cual unifique los polos aparentemente opuestos, pues el crecimiento del consumo del lado significativo y simbólico, está acompañado del incremento absoluto de la riqueza material, como si ambos lados de la ecuación se tornaran más densos, entonces no perdiéndose uno a favor de otro como propone Baudrillard. Esto significa una modificación social intensa del “bien económico”, donde el juicio básico sobre los objetos cambia. El mantel blanco que nos entrega el bien económico es más bien un tejido de signos y el apetito ha sido alterado por la mercadotecnia, la situación del consumo es compleja. Ahora la situación global es tal que nos obliga a cuestionar que no toda cosa producida y comprado genera un “bien”, por tanto el fanatismo sobre el ingreso absoluto debe cuestionarse y debemos exigir una renovación intensa de perspectivas[21].



NOTAS:



[1] La teoría neoclásica del valor subjetivo parte del supuesto contrario, de que las necesidades y los gustos de entrada son consistentemente intercambiables y mesurables. Nuestra opinión es que el consumo permanece en una esfera cualitativa-prerracional, pero por la práctica mercantil y las obligaciones del trabajo dividido presionan hacia un comportamiento de los sujetos "como si" se pudieran intercambiar las necesidades, cuando únicamente cambian mercancías por dinero.
[2] Modelo criticado con elegancia por Kósik desde una óptica filosófica en Dialéctica de lo concreto.
[3]La teoría ética de Fromm resalta la relación entre vida y bien con el término de biofilia, que es "amor a la vida", en El corazón del hombre.
[4] Los neoclásicos prefieren excluir esta posibilidad, y se concentran en las “externalidades” como posibles distorsiones positivas o negativas en la asignación de recursos mediante el mecanismo del mercado.
[5] Como lo muestra la trayectoria intelectual de Joseph Stiglitz y los debates en los organismos internacionales, Cf. El malestar de la globalización.
[6] GORZ, André, Historia y enajenación. Para cierta visión, la enajenación podría resultar un hilo rojo para reinterpretar nuestra historia.
[7]En la Introducción de 1857 a la Contribución a la crítica de la economía política, establece ya un cuadro general de la relación entre producción, consumo y distribución de la sociedad. Ahí es importante la mutua determinación de producción y consumo, por lo que del lado del consumo, se establecen las necesidades (consumo es la necesidad con el objeto).
[8]Galbraith, John K., La sociedad opulenta.
[9]Esta desproporción recuerda mucho la desproporción entre la persona singular y el objeto tecnológico (máquina, robot, computador), el cual se puede presentar como abrumador (como si se hubiera subvertido la dialéctica entre trabajo vivo y muerto en favor del componente muerto) porque condensa un saber colectivo de la humanidad, el fruto de muchos esfuerzos de generaciones pasadas.
[10]La teoría económica neoclásica interpreta de manera muy distinta al sistema de necesidades individual de tal modo parece más homogéneo y fácil de operarlo matemáticamente. Supone que cada sujeto busca maximizar su satisfacción en base a un presupuesto restringido, de tal modo establece consistentemente una valoración de los bienes escasos. Esto implica un comportamiento de los consumidores consistente y un funcionamiento esencialmente cuantitativo y capaz de hacer transacciones con las necesidades (unas permutadas por otras). Con esta regla el comportamiento de comprador queda definido, pero se abstrae el conocimiento psicológico sobre la estructura de las necesidades (donde también incluye comportamientos antieconómicos, inconsistentes, contrarios al precio, etc.).
[11] Aristóteles, Ética a Nicomaco.
[12]Erick Fromm en Ética y psicoanálisis plantea una clasificación de las personalidades muy relacionadas con lo que aquí anotamos. En ese caso él plantea la importancia de la personalidad de rasgos receptivo-consumista, de las personas identificadas con su boca y en actitud de succión constante, las más adecuadas al consumo compulsivo.
[13] Este tema es muy importante y se conecta con diversas interpretaciones de la enajenación moderna. Para Marcuse la enajenación invadía a los sujetos creando al hombre unidimensional (sometido a la única dimensión de la mercancía). Para Foucault el poder lo contamina todo, dejando a penas un reducto metafísico en el deseo no tocado. Y la lista puede prolongarse.
[14] En general, el ingenio y esfuerzo de los diseñadores, ingenieros, arquitectos, etc. se ha enfocado a crear objetos benéficos en diversos sentidos. Por ejemplo, se han propuestos criterios de ergonomía y utilidad diversos, lo cual permite que gran parte de la innovación mercantil posea una “materialidad” de bien (en el doble sentido). En ese sentido, un estudio económico del valor de uso sería muy complejo e interesante. Por eso, Baudrillard le da importancia al diseño y a temas como el Bauhaus y la arquitectura de Le Corbusier. BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos y Economía política del signo.
[15]BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos, p. 224.
[16]BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos, p. 223.
[17]Ibid, p. 225.
[18]Ibid, p. 227. Para asumir una parte de esta posición quedaríamos obligados a establecer un dualismo social u otros cortes más, terminando con el monismo materialista del marxismo. Quizá no queda otra salida ante la avalancha de la “sociedad de consumo”.
[19]Ibid, p. 228.
[20] Un agudo enfoque de la utilidad lo demuestra Hegel, en el capítulo dedicado a la Ilustración en la Fenomenología del espíritu, cuando desnuda ese concepto que resulta ser un “para sí” de la conciencia.
[21] Por ejemplo, un crítico radical del sistema como Wallerstein queda preso en la ilusión de un futuro reparto del pastel cuando se caiga el sistema mundo. No tiene la visión de un cambio cualitativo, sino que se contenta con una estrategia de “pedirle más” a los amos del sistema. Esto significa seguir hipnotizados con el “bien económico” tal cual lo imponen las grandes empresas. Cfr. WALLERSTEIN, Immanuel, Después del liberalismo.

viernes, 22 de febrero de 2013

RESUMEN DE LA TOTALIDAD CONCRETA DE KOSIK EN EL CURSO DEL MARXISMO




Por Carlos Valdés Martín

Segunda parte y última del texto titulado "ESTIMACIONES SOBRE LA “DIALECTICA DE LO CONCRETO” DE KOSIK"


3) La cosa misma conocida por la ciencia (El camino más corto = Descartes, el camino imposible = Kant, el camino histórico-espiritual = Hegel, el camino revolucionario = Marx) y la destrucción de la pseudoconcresión.
Podemos caracterizar a la ciencia como un discurso de saber en primer grado, es decir, una descripción bajo reglas (a su vez definidas como científicas) sobre un objeto al cual se estudia directamente, sobre todo, como lo muestran las ciencias experimentales. Por otra parte la filosofía,  desde su lado, se muestra como un saber humano de segundo grado, especialmente en algunas especialidades como la epistemología, ya ocurre espontáneamente un desdoblamiento. En epistemología, usamos un conocimiento que estudia a un conocimiento, es una operación de regreso y autoconocimiento. ¿Dónde está el problema en este doble grado del discurso epistemológico y de otros similares? Que al ser un espejo doble, cada interpretación es un cambio del referente, y existe la posibilidad de un desplazamiento sin fin (luego un conocimiento de la epistemología que ya es una potencia cúbica).
Recuperando a Marx, tenemos su afirmación “ser radical es aferrar  las cosas por la raíz, pero la raíz del hombre es el hombre mismo”[1] Un filósofo inteligente se da cuenta y observa la paradoja implicada en esta temática y enfoque. Y habiendo problema se ofrece solución, y las marxistas fueron la unidad de teoría y práctica revolucionaria, la unidad de teoría de la liberación y de sujeto revolucionario, que en el extremo Lukács la denominó la identidad del marxismo con el proletariado revolucionario[2]. Sin embargo, con esta solución desaparece “la cosa misma”, y sobre este tema Kosik plantea que no hay tal problema, al menos para la filosofía marxista.
Superando la ingenuidad de un camino inmediato entre la conciencia y la cosa misma, sin embargo, Kosik promete un “rodeo” corto o acotado, establecido en la filosofía marxista misma. Para Descartes sí existía un camino casi directo entre la razón y la cosa, porque la evidencia de ideas claras y distintas simplemente se articula mediante la razón para alcanzar las verdades; de hecho este sería una especie de “el camino más corto posible” entre el sujeto pensante y la verdad contenida en la cosa misma. Difícil imaginar un camino más breve y aceptable a la razón que el propuesto por Descartes, pues vía más corta correspondería a una iluminación o descenso de fuerzas divinas que impelen sabiduría, pero dejemos esa hipótesis escabrosa. En cambio, para Kant, el camino crítico concluye en un “callejón sin salida” pues resulta imposible alcanzar a la cosa misma, porque el fenómeno se interponte ante el fenómeno, entonces se cancela la propuesta de una verdad completa. Este camino, por una senda crítica nos ofrece una parcela de verdad, arduamente conquistada a partir de una clarificación filosófica. Por su parte, Hegel propone un camino complejo y elegante, que aquí lo denominamos histórico espiritual, pues ofrece algunas ventajas que resultaría largo exponer, por eso lo mencionamos por su importancia pero sin exponer[3].  Finalmente, Marx ofrece una vía diferente, con una característica semi-inédita en la historia de la filosofía por su radicalismo militante y su estricto apego al materialismo. Este camino implica una construcción de sujeto (a nivel social, grupal e individual) y una práctica para la creación de la verdad (el criterio de la práctica tamizado por la teoría, que lo expuso para el campo filosófico Engels, semejando identidad con la operación de la ciencia natural[4]).
Parece que Kosik sigue a Marx enteramente en la integración del discurso filosófico, sin embargo, se engarza dentro de una paradoja trágica de la historia reciente. Él era un intelectual bajo un régimen que decía seguir al marxismo como doctrina oficial, y sus teorizaciones de seguidor fiel se convierten en una crítica desafiante implícita. Recordemos que el discurso crítico revolucionario de Marx se creó en confrontación con el régimen capitalista del siglo XIX en proceso de mundialización, es decir, cuando el capitalismo se perfeccionaba en su rol del sistema dominante a nivel planetario. Ahora bien, Kosik mediante su discurso también crítico, efectúa un enfoque más general sobre el mundo que se interroga. De tal manera, Kosik no se delimita a cuestionar el capitalismo (realidad que le aparecía fuera de su país) sino que critica “el mundo de la pseudoconcresión”. Y ese “mundo de la pseudoconcresión” nos parece bastante abarcante, y perfectamente se aplicaría al régimen supuestamente socialista de la República Popular de Checoslovaquia. Este  “mundo de la pseudoconcresión” abarca para Kosik: El mundo de los fenómenos externos, las apariencias; el mundo del traficar y manipular, es decir la práctica fetichizada[5]; el mundo de las representaciones comunes nacidas de esa práctica fetichizada, es decir, la ideología; y el mundo de los objetos fijados, donde parecen naturales las realidades que son eminentemente sociales. Esta visión de que el “enemigo a vencer” es el “mundo de la pseudoconcresión” está perfectamente cercana a las interpretaciones del joven Marx, del joven Lukács, el existencialismo, etc. [6]. Significa que el reto a vencer por la filosofía es el amplio campo que se denomina la enajenación. Resulta significativo, que el filo de la diatriba es por completo pertinente en contra de los regímenes de partido de Estado, donde la política se convierte en medio utilitario que domina a la población; convirtiéndose el Estado en un ídolo enajenado que oprime al pueblo (básicamente proletario), mientras gobierna en su nombre.  
De este “mundo de la pseudoconcresión” para Kosik se debe efectuar una doble destrucción: una teórica y otra práctica. La destrucción teórica es la cumplida por el mismo Kosik al ofrecer una obra de teoría. Desde el punto de vista teórico, ese “mundo de la pseudoconcresión” muestra los siguientes escollos o “materiales brutos” para la superación teórica: fenómeno, apariencia, apariencia externa del fenómeno, conciencia superficial, representaciones elaboradas a partir de apariencias, falsa conciencia, aspectos aislados, fijaciones sin movimiento, sistematización de las apariencias o ideología[7], etc. Ese conjunto es la tarea para superar del “mundo de la pseudoconcresión”, sin embargo, su visión tiene un lado práctico, como en Marx, así, le parece que “la destrucción de la pseudoconcresión, como método dialéctico crítico (…) para alcanzar la realidad, es sólo el segundo aspecto, el reverso de la dialéctica como método revolucionario de transformación de la realidad.”[8] En el original se subraya esto de  que se ofrece un “método revolucionario de transformación de la realidad”, ya que en ese nivel acontece la novedad de la propuesta (desde Marx), la bandera y el grito de batalla del movimiento revolucionario del siglo XX[9]. Ahora bien, tenemos dos partes: la crítica teórica y la crítica práctica proponiendo un maridaje perfecto un matrimonio ideal; lo cual nos susurra las noticias de los cuentos de hadas de princesas y príncipes azules, sobre un ensamblaje perfecto de principio a fin. Reconozco que la mera referencia a parejas de príncipes de la imaginación infantil ya ofrece una rudeza auto-crítica ¿dónde existe el reino de la perfección? ¿dónde acontece la no-contradicción? Para empezar, el matrimonio entre la teoría y la práctica revolucionarias se debería probar, y más bien se aceptaba como un principio, cuando la práctica histórica muestra más reiterado el desencuentro total entre teoría y práctica[10]. De alguna manera el discurso vigoroso e inteligente, procura probar esta unidad, pero lo toma por ya probado, y así únicamente teje sobre la unión de estos dos ámbitos, sin establecer el maridaje específico (el marxismo con el proletariado revolucionario), ya que el discurso crítico de Kosik lo lleva hacia un nivel más elevado. Por ejemplo, reitera de varias maneras que el hombre “a la realidad humano-social puede cambiarla revolucionariamente, pero sólo porque él mismo ha producido esta realidad.”[11] También, vemos la unidad en que “El mundo de la realidad (…) es un proceso en curso del cual la humanidad y el individuo realizan su propia verdad, esto es, llevan a cabo la humanización del hombre”[12]. La teorización y la práctica están engarzados en este “curso” donde la acción se convierte en verdad[13]. En la modalidad de una tesis abstracta, a veces esto sucede, pero parece predominar la negación de tal “evento”, por cuanto se realiza el proceso precisamente contrario, digamos en el lenguaje de Kosik que la “pseudoconcresión” deviene en verdad (aparente) y separa al sujeto (individuo o sociedad) de su verdad. De hecho, la historia muestra una tendencia al regreso de la pseudoconcresión (incluso bajo la bandera del marxismo, entre otras paradojas) y muestra que la actividad teórica y educacional resulta el ingrediente indispensable, cuestión que le resulta clara para Kosik cuando indica que “la realización de la verdad y la creación de la realidad humana es un proceso ontogénico, ya que para cada individuo humano el mundo de la verdad es , al mismo tiempo, su propia creación espiritual como individuo histórico-social.”[14] En definitiva, lo des ventajoso es la generalización excesiva sobre esta unidad de operación entre la conquista de la verdad y las de una práctica social. Una parte de esta afirmación resulta esencial, ya que el mundo ha cambiado y sigue avanzando, y en tal proceso, la vanguardia (real no la autoproclamada) opera en la parte más fina del pensamiento, justamente en la vanguardia intelectual, en el descubrimiento del saber[15].

4) Las virtudes de la totalidad y su estructura esencial.
Vale mucho la pena rescatar este tema de la totalidad y su correcto abordamiento, tratado por Kosik con la brillantez de lo simple en apariencia y la precisión del cirujano. Resulta de doble importancia, ya que comprender la totalidad es clave para interpretar los “sistemas complejos”[16] que vuelven a la moda intelectual. Este tema de la totalidad, durante tantos siglos relegado como una especialidad misteriosa de los filósofos, sin atención del resto de los pensadores, últimamente regresó como una estrella del escenario intelectual bajo la etiqueta de “pensamiento sistémico”. Casi siempre los seguidores de la corriente sistémica desconocen el amplio legado de la filosofía clásica y en particular de la corriente marxista más avanzada, y cuando lo conocen quizá lo estimen demasiado encriptado para mostrarlo al amplio público. En la filosofía clásica el gran ídolo de la totalidad desplegada, si duda, debe ser Hegel, y de éste abrevaron Marx y Engels directamente. Para el método exigente de Hegel únicamente la totalidad conduce a la verdad, pues las partes son como un engaño mientras no aparezcan integradas al despliegue de la totalidad en movimiento[17].
La corriente marxista rescató esta visión global y procuró convertirla en radicalmente materialista. En este entronque de una larga tradición, Kosik incluso considera ya la sutileza para integrar una “totalidad concreta”, que contenga simultáneamente un concepto fino, filoso y realista. Por ejemplo indica: “Reunir todos los hechos no significa conocer la realidad y todos los hechos (juntos) no constituyen aún la totalidad”[18], y también indica que son trivialidades de método el anotar “que todo está en conexión con todo y que el todo es más que las partes”[19]. Estas dos indicaciones negativas de Kosik sobre la insuficiencia de reunir hechos y la insuficiencia de contener una vaga conciencia de todo, nos indica que busca un concepto más preciso de la totalidad, para colocarle el calificativo de “concreta”, entonces su término es unido así “totalidad concreta”. En este tema, Kosik se desenvuelve con maestría y nos regala varias claves sobre el abordamiento adecuados y el equivocado en el tema de la totalidad concreta. Sobre la fuente de las equivocaciones en el tema de la totalidad recordemos que se podía nutrir con una amplia literatura marxista dogmática[20], a la cual ataca pero casi no menciona por obvia precaución. Respecto de la fuente de abordamientos correctos, en mi opinión retoma las finas cavilaciones de Lukács, junto con las creaciones originales de Marx y Engels.
Para el abordamiento correcto de la totalidad concreta ofrece varios criterios metodológicos, entre los cuales destacan los siguientes:
n  Concreción de la totalidad. Como la parte remite al todo, al conocerla se va determinando el todo. Las partes siempre se iluminan y remiten hacia el conjunto, por tanto el fondo las ilumina, la remisión les da sentido, sin embargo, la partes es contributoria, ofrece resignificaciones hacia una totalidad comprendida.
n  Dinámica de la totalidad. La parte está en movimiento y también el todo, solamente viendo genéticamente y en movimiento se capta la realidad. La totalidad es genética, posee origen y curso, se mueve en los ejes del tiempo[21].
n  Esencia de la totalidad. Partiendo de la apariencia se alcanza la esencial, y la esencia explica la apariencia, finalmente el saber es la unidad de ambos. Alcanzar la esencia no es reducir el pensamiento, se revela una dialéctica permanente entre apariencia y esencia[22].
n  Integración de las contradicciones en la totalidad, los opuestos y elementos en conflicto forman la totalidad, resultan indispensables en su creación constante[23].
n  Estructura y jerarquía de la totalidad. Las relaciones de una totalidad no son simples agregados mecánicos, sino relaciones estructurales con jerarquía internas.
n  Captación de diferentes dimensiones de la totalidad. La totalidad se capta en diferentes niveles de realidad, por ejemplo su nivel físico es muy diferente del social, y en cada uno se descubren conjuntos de leyes operativas.
n  Subjetividad del conjunto social. Ver la parte junto con el proceso implica descubrir el sujeto en acción, descubrir al productor de su realidad[24].

Asimismo, Kosik ofrece una síntesis de las tres principales modalidades generales de definición de la totalidad en la historia de la filosofía:
n  La totalidad atomístico-racionalista desde Descartes a Wittgestein, donde la totalidad se obtiene por la agregación de los hechos más simples (en general correspondiendo con la perspectiva las ciencias naturales).
n  La totalidad organicista y la organicista-dinámica la cual afirma la prioridad del todo sobre las partes, formalizando el todo, como en Schelling y Spann (Spinoza y seguramente en gran parte del estructuralismo como en la primera etapa de Foucault[25], y convendría agregar a las versiones dogmáticas del marxismo).
n  La totalidad dialéctica que concibe la realidad como un todo estructurado que se desarrolla y crea, a la cual se adscriben Heráclito, Hegel, Marx y el propio Kosik.

Asimismo, se podría agregar para redondear la historia de la filosofía, las concepciones donde existen serios problemas para visualizar la importancia del todo, entre las cuales la totalidad queda fuera del concepto teórico (Hume y el empirismo, Nietszche y las variedades de irracionalismo), y aquéllas donde resulta irresoluble (Kant).
Ahora bien, el conocer perfectamente un método no significa que se vaya a sustituir la investigación directa. En esto hace énfasis también Engels cuando no acepta que se configure una filosofía separada de la investigación científica[26]. Entonces no bastan las mejores precauciones metodológicas sobre las relaciones posibles entre la parte y el todo, cuando la investigación obliga a modificar hipótesis.

5) El fruto del árbol (conclusión)
Como indicaba Hegel, la fuerza del espíritu se manifiesta por su exteriorización. En este caso me pregunto ¿cuánto saber histórico concreto se ha desplegado a partir de tantas consideraciones metodológicas tan brillantes de Kosik? En definitiva existe una escuela de pensamiento marxista de economía, política, historia y ciencia social, sin embargo, en el curso del pensamiento del siglo ha operado como una sección especializada, más bien como una especialización de la perspectiva histórica y política. Fuera de ese campo acotado su fulgor metódico casi no da frutos ni se expande. Incluso, el avance de tales conocimientos especializados no resulta demasiado alentador, si nos atenemos al detallado y erudito recuento de Perry Anderson, quien efectúa un preciso balance de la evolución secular del campo marxista[27]. Esto quiere decir, que existiendo una visión tan completa y elegante del fundamento filosófico de la totalidad, su posible utilidad intelectual ha resultado truncada, la plataforma de lo general (la teoría de la totalidad misma) no alcanza el suelo de la investigación particular.
La historia personal de Kosik resulta también aleccionadora en ese sentido, pues fue perseguido político y condenado al silencio por un régimen autoritario que se suponía fundado en el marxismo, la misma filosofía que utiliza nuestro autor con tanta maestría. Asimismo, su aportación personal permaneció confinada a un selecto grupo, con una inclinación política muy marcada, en cambio para el grueso de la academia y el gran público ha permanecido como un autor inaccesible. Con el renacimiento del interés por los temas de la totalidad, manifiestos en la corriente del “pensamiento sistémico” resultará enriquecedor vincular este tipo de pensadores de tema filosófico para unirlos con el nuevo interés hacia los conjuntos mediante los sistemas complejos[28]. Posiblemente, en el presente este tipo de reflexiones sobre la totalidad encuentren un ambiente propicio para integrarse al tronco central del pensamiento, enriqueciendo la gran obra intelectual por venir. Es decir, el fruto del árbol de Karel Kosik permanece en maduración lenta, cual vino añejo y fermentando lentamente bajo las alas del búho de Minerva, el cual solamente levanta el vuelo al atardecer. Quizá se acerca la estación para brindar con este vino del estío. 

NOTAS:

[1] MARX, Karl, Manuscritos económico-filosóficos de 1844.
[2] LUKACS, Georg, Historia y consciencia de clase. Solución bastante criticada por sus adversarios de izquierda tildándolo de una desviación tipo hegeliana.
[3] Hegel, desde la Introducción a la Fenomenología del Espíritu ofrece una superación al callejón sin salida del nóumeno de Kant, al indicar que el espíritu mismo hace la distinción, entre la cosa fenomenológica y la cosa en sí.
[4] El tema se ha discutido, algunos han cuestionado la falta de dialéctica de Engels y otros la han alabado. Cfr. ENGELS, Friedrich, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
[5] Cf. Especialmente MARX, Karl, El capital, Tomo I, capítulo I, “El fetichismo de  la mercancía”
[6] Cf. Especialmente MARX, Karl, Manuscritos económico-filosóficos de 1844; LUKACS, Georg, Historia y conciencia de clase; SARTRE, Jean Paul, La crítica de la razón dialéctica; MÉZSAROZ, István, La teoría de la enajenación en Marx.
[7] También típico del enfoque de Marx y Engels perforar el conjunto de ideas falsas, designadas con el neologismo del siglo XIX, de “ideología”, que sería interpretada como el conjunto de falsas impresiones creadas por un ambiente. Cfr. La ideología alemana.
[8] KOSIK, Karel, op cit., p. 35
[9] Estimo que filosofía racionalista presenta un corolario hacia el cambio del entorno, la diferencia es que algunos eran cautelosos o no observaban una entidad social, así Descartes culmina su especulación proponiendo cambiar el alma, dominando las pasiones y Espinoza domeñar la ética. Cfr. DESCARTES, René, Las pasiones del alma. Sin embargo, la tradición marxista creyó que los autores previos manejaban una teoría en esencia pasiva hacia el entorno. Cfr. LUKÁCS, Georg, Historia y consciencia de clase.
[10] Por ejemplo, León Trotsky en La Internacional Comunista después de Lenin hace el cruel recuento de la bancarrota teórica y la traición sistemática dentro de movimiento comunista desbarrancado bajo el control de la burocracia de Moscú, con acciones siniestras de persecución y asesinato de los mismos militantes revolucionarios, así como la destrucción del movimiento obrero. Más reciente el recuento de Fernando Claudín en La crisis del movimiento comunista.
[11] KOSIK, Karel, op cit., p. 35
[12] KOSIK, Karel, op cit., p. 36.
[13] Debo anotar que el anhelo de la “verdad” está presente como ideología literaria en Maximo Gorki cuando plasma su obra La madre, retrato de la causa comunista. Ese “deseo de verdad” formó parte integral de la variedad rusa del marxismo. Resulta curioso que la degradación del marxismo por el estalinismo haya sido tan eficaz para levantar la mentira oficial como su divida, por ejemplo, reescribiendo la historia cuantas veces fuera necesario para complacer a la cúpula dirigente. Cfr. MANDEL, Ernest, Preguntas y respuestas sobre la historia del Partido Comunista de la URSS.
[14] KOSIK, Karel, op cit., p. 36. Con lo cual asume parte del programa del racionalismo, cuando asume que la razón individual faculta a cada quien a conocer la verdad, aunque algunas variedades de marxismo restringen esto a una clase elegida y otras a la élite política que asume la posición política correcta o conoce la obra de Marx. Por ejemplo, Lukács argumenta la relación entre el punto de vista proletario y la actualidad de la revolución (el hoy del siglo XX como la época revolucionaria por excelencia), en Lenin la coherencia de su pensamiento.
[15] La explicación de Alvin Toffler en El cambio del poder se dedica a explicar el papel crucial del conocimiento en la nueva estructura del poder que desplaza a la violencia o al capital como las fuentes últimas.
[16] De hecho, uno de los adalides de la complejidad, Edgar Morin, proviene de la corriente marxista.
[17] Cfr, GWF HEGEL, Enciclopedia de las ciencias filosóficas.
[18] KOSIK, Karel, op cit., p.55.
[19] KOSIK, Karel, op cit., p. 54.
[20] En el periodo estalinista, cundió la costumbre de elaborar “manuales” para el tratamiento exhaustivo de problemas, que para los temas del marxismo resultaban recopilaciones, donde el agregado sustituye a la comprensión y la propaganda grosera arruina la interpretación, un ejemplo Manuel de Economía Política de P. Nikitin “La teoría económica marxista-leninista se desarrolla con espíritu creador en las
resoluciones del Partido Comunista de la Unión Soviética, de los partidos comunistas y
obreros de otros países y en las obras de los discípulos de Lenin”, p. 7. Mueve a risa la pretensión de que la ciencia económica avanza con las “resoluciones” de un congreso de un partido; pero esas palabras eran obligatorias y se perseguía a quien las ignorase. Por ejemplo, una afirmación lúcida Kosik golpea ese tipo de propaganda: “La falsa totalización y síntesis se manifiesta en el método del principio abstracto, que deja de lado la riqueza de la realidad (…) El principio abstracto elevado al rango de totalidad, es una totalidad vacía, que trata a la riqueza de lo real como un ‘residuo’ irracional e incomprensible” KOSIK, Karel, op cit., p.71.
[21] En su origen el marxismo presumió ante el resto del pensamiento de su capacidad para avanzar, mientras el “pensamiento burgués” les parecía detenido, por ejemplo, la llamado padre del marxismo en Rusia, a Pléjanov en El papel del individuo en la historia y La concepción materialista de la historia de Carlos Marx.
[22] Si bien, la esencia proviene desde la temática idealista de la filosofía, donde el mundo ideal es la esencia para Platón, el término lo conserva Marx, para comprender la esencia de la sociedad capitalista a partir de sus leyes fundamentales. Cfr. MARX,  Grundrisse. También véase MANDEL, Ernest, La formación del pensamiento económico de Marx.
[23] El tema de la contradicción confronta a las tradiciones de la lógica formal y del positivismo científico con este lado dialéctico, que también se cabría comprender como momentos del proceso de pensamiento, ya que al coherencia formal y la positividad de los hechos es importante en el proceso del conocer. Cfr. LEFEVRE, Henri, Lógica forma y lógica dialéctica. Por su parte citamos a Kosik, “En efecto, la totalidad sin contradicciones es vacía e inerte y las contradicciones fuera de la totalidad  son formales y arbitrarias.” KOSIK, Karel, op cit., p. 73.
[24] Esto se vincula con el principio práctico del marxismo en su sentido más positivo, cuando acepta la capacidad de actuación libre del individuo en la sociedad, lo cual fue bien defendido por la versión marxista de Sartre en “Cuestiones de método”, la Crítica de la razón dialéctica., obran en la cual el motivo principal es resolver los dos polos: sociedad (desde el marxismo) e individuo (tras el legado existencialista y fenomenológico).  
[25] En Las palabras y las cosas, la episteme de cada periodo es una totalidad-red que obliga a todos los pensadores de cada periodo a someterse a una visión global, para generar la interpretación bajo la modalidad de esa época.
[26] ENGELS, Friederich, Anti-Düring.
[27] ANDERSON, Perry, Tras las huellas del materialismo histórico y demás textos de balance.
[28] O’CONNOR, Joseph, El pensamiento sistémico, y TOFFLER, Alvin, La tercera ola.