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viernes, 8 de mayo de 2026

MERCADO ES UN GANAR, GANAR


 

Por Carlos Valdés Martín

 

Palabras iniciales: el mercado es el metabolismo vital

En el mercado la persona hace lo mismo que en sus demás actividades: presentarse como un ser completo con su conciencia completa, sus emociones y sus carencias corporales. Ese ser completo de cada persona (ya en etapa adulta), en su actitud mental y eficiencia física vence a la muerte mediante una trascendencia activa. La más simple institución del mercado expresa esta complejidad, sin agotarla. El acto mercantil puede parecer un simple acto de presentar dos mercancías (en el trueque primitivo) o presentar una mercancía ante el dinero y viceversa, pero arrastra la existencia humana y social completas. En el acto mercantil también se juega el metabolismo individual y colectivo, su éxito o fracaso, por tanto, hay un jugarse la existencia completa.

En las sociedades más primitivas este “jugarse la vida” en el acto mercantil resulta menos claro que en las sociedades mercantiles donde la mayoría del sistema económico atraviesa por el metabolismo del mercado. Sin embargo, en toda producción-consumo las personas se juegan la vida, en cuanto actúan luchando contra el tiempo y la finitud completa. 

Afirmó Freud que la mente desconoce psíquicamente a la muerte, por eso actúa con indiferencia, pero se refería a la situación individual de imaginarse como cesación de toda existencia[1]. Hegel descubrió (con el romanticismo) que una de las primeras posiciones para la consciencia es superar un miedo a la muerte, para lo cual exige un reconocimiento. En un prólogo Bataille recuerda que Hegel ya había descubierto que el código de las células que se dividen implica negar la muerte en la reproducción, donde aplican una estrategia extrema: la mitosis es desaparecer para encontrarse enteras[2]. Algo contrapuesto interpreta Marx, cuando afirma que la muerte es “la victoria dura de la especie sobre el individuo”[3], de tal manera que el grupo permanece mientras el individuo perece, de ahí que lo auténtico le parezca el “ser genérico” (al estilo más de Feuerbach) y luego lo interprete como la sociedad: fuente de todos los bienes y trascendencias en su perspectiva. Por su parte, Sartre anota con profundidad que la perspectiva de la muerte está presente en el enfoque de la consciencia como negación del ser del mundo, como capacidad negadora y que, constantemente, mantiene el horizonte de su propia finitud y mortalidad.  

 

Post-producción y que producir es afirmar la vida y negar la muerte

Llevar una mercancía hacia el intercambio es un gesto adicional al del productor de auto-consumo. Con la mercancía la producción se extiende, como un desdoblamiento, que pone en contacto lo producido con su espejo de otro. Esa llegada al mercado es una especie de post-producción, que alarga a primer acto de producción material. Cada mercancía que sale de la esfera de la producción para entrar al intercambio, está en un más allá para ligarse (socializar) en un gesto de re-producción, en el sentido, de ir más allá.

La producción más simple es un acto del ser humano en el tiempo, buscando escapar del dolor de su cuerpo lleno de necesidades imperiosas y, casi sin variación, compartirlo con el prójimo con quien está superando ese horizonte de muerte. En la historia no existen individuos aislados por la carencia biológica y el dispositivo de la reproducción sexual, los dados están cargados desde el principio, así hay siempre relación con otros, por tanto, toda individualidad es condición social, y toda producción es también re-producción (la especie).

El acto mercantil posee esa rara afinidad con el parir, pues el objeto se aleja del productor directo (individuo o grupo) para alojarse en otro consumidor (a partir de quien compre la mercancía). En ese sentido, el mercado es gesto de reproducción y simple alejamiento. La mercancía es la unidad productiva que escapa de sus fronteras y se liga al metabolismo de vida más allá. En ese sentido, la mercancía es “el servidor del otro” y, además, con una figura abierta, pues los circuitos mercantiles no están cerrados, sino abiertos o vuelven a abrirse con cada nueva producción y renovación de necesidades.

 

El individuo y la herramienta

La unidad mínima a considerar en el acto económico es el individuo, sin embargo, su aislamiento es imposible. El desconcierto ante ese aislamiento extremo, es la base da la afirmación aristotélica del “zoón politikón”, donde se resalta la imposibilidad del aislamiento. Sin embargo, el acto de producir con una herramienta, lo más probable es que sea con las propias manos y con una herramienta individual. En el momento más primitivo con una herramienta de una simple piedra o un palo. Sin embargo, hay contexto y un compartir, donde afirma Hegel que la herramienta es la “objetivación del espíritu”, como tal es la escala de su expresión y el medio de su astucia, que deja la huella más palpable del progreso[4]. La permanencia de la herramienta es la objetivación astuta del espíritu, que da continuidad a una operación, que permite repetir los triunfos ante la precariedad natural y el tiempo imperioso, al satisfacer después las necesidades.

Una paradoja constante es que cada individuo resulta más que un individuo, porque está atado a sus congéneres como especie y, sin duda, al pasado como evolución biológica y antecedente histórico (condiciones de producción). Por si fuera poco, toda consciencia incluye una proyección de futuro constante, entonces hay tres dimensiones en todo individuo que lo desbordan. Cada individuo es un punto atravesado por esas tres dimensiones y todas operan en el proceso productivo, tanto en la producción inmediata como en un acto mercantil. Incluso enfocando al individuo como unidad mínima ya aparecen las tres dimensiones de pasado, contemporaneidad y futuro. Cuando se mira un conjunto resulta sencillo perder de vista al individuo, incluso aunque sea un acto mercantil que se describa como M-M (mercancía por mercancía). Desaparece el individuo en su integridad porque deja de ser productor, no importa su pasado ni se indica su proyecto futuro, más allá de la otra M, que se relaciona con la primera.

Cuando miramos solamente al individuo con su herramienta en las manos, ahí pareciera que se ha aislado y se afirmara algo distinto que esas dimensiones (pasado, contemporaneidad y futuro). ¿Cómo parecieran desaparecer? La herramienta sustituye al pasado (pues la herramienta ya se hizo, no importa cómo); la acción de trabajar sustituye a la contemporaneidad (no importa cuántos otros prójimos haya que luego recibirán o condicionan esa producción) y el futuro (está suspendido, no importan otras elecciones, ya se tomó la única valedera, que es hacer ese trabajo. En esta ecuación separada, la herramienta es una maravilla que ya fue hecha antes y el individuo es la maravilla viva que ya fue reproducida antes; entonces, en vez de colisionar estos dos microcosmos se vuelven unificados y la dupla se vuelve el operario-trabajador, del individuo con herramienta. Ya que están juntos individuo herramienta se hace evidente que se oponen al objeto de trabajo. La herramienta se vuelve parte del individuo (exoesqueleto y, en este presente, en cyborg) para enfrentarse al objeto. El individuo a mano desnuda podría ser el sujeto, pero ya estamos acostumbrado a que no lo sea, pues la herramienta ya está apegada y adaptada a su ser. La herramienta ya es ergonomía completa del mundo asimilado, y afuera está el magnífico objeto de trabajo.

El trabajo manual no existe: individuo complejo

Por más que se simplifique la operación, el trabajo puramente manual en el sentido de materialidad mecánica no existe. La complejidad del individuo con mente y emociones se mantiene atada a su mano y al gesto más simplificado. La división del trabajo con su reducción extrema posible, jamás desaparece las demás dimensiones de cada persona.

Antes de mover la mano hay un proyecto, el apetito y la idea de lo que se hará. En el trabajo, casi desde el comienzo apareció la herramienta, que hemos comentado, y al crecer las luces de nuestros antepasados, pronto surgió la máquina: el motor con astucia, la repetición planeada, la estratagema de las modificaciones. La primera máquina simple es hermana de la herramienta simple, pues basta un simple palo para convertirlo en palanca y así, casi sin notarlo, pasara a otra etapa.

Cuando decimos máquina ahora pensamos en mecanismo más sofisticados con engranajes, casi no recordamos que todo empezó con la palanca, polea y plano inclinado, donde ya está un principio de potenciación del esfuerzo y su conversión. Con las poleas y las cuerdas, luego llegaron los engranajes y surge lo que consideramos más propiamente máquina.

Y luego vino una propulsión no humana: el viento en las velas, los animales de tiro y carga, hasta alcanzar la sofisticación del vapor y los combustibles. La máquina se va convirtiendo en la entidad compleja, que abre el camino hacia la fábrica.

A la complejidad del individuo corresponde la complejidad de la máquina y su integración en la fábrica.

 

Embrutecimiento del trabajador y grandes concentraciones

Los estudios técnicos del taylorismo intentaron reducir los gestos para sacar provecho máximo de los actos, pero no desaparecen la mente y emoción detrás de los actos más sencillos[5]. La simplificación bajo una división del trabajo genera una explosión de productividad, pero también el tedio, la rutina y hasta cierto embrutecimiento por desvitalización del obrero. De diversas maneras, el obrero manual se debe rebelar en contra de la simplificación extrema, de ahí el sindicalismo y resistencias obreristas junto con el socialismo, anarquismo, etc.

Algún nivel de embrutecimiento en el trabajo no es un invento moderno, la dificultad extrema que presenta la naturaleza, resistiéndose a entregar sus frutos, implica esa precariedad de vida y un trabajo agotador. El ejemplo del cazador bosquimano persiguiendo durante días y noches a una presa herida hasta vencerla recuerda la dificultad inherente y la exigencia extrema a que se ha sometido el ser humano. La naturaleza no es una cornucopia perpetua, el “estado de naturaleza” ha sido una condición de adversidad complicada para la sobrevivencia. Para la más antigua tribu un cambio de clima o alejamiento de las manadas era fatal, para el individuo de ese contexto una herida, una fractura o una picadura venenosa eran condiciones fatales.

Concentrar en grandes poblaciones en centros de trabajo y someterlas a la más espantosa explotación no es un invento capitalista bajo la relación asalariada. Aunque Marx juega a que sí, en sus mismos estudios históricos, sabe que ha sucedido antes de la relación capital-trabajo que le interesa. Las conquistas militares entre pueblos y el sometimiento a situación de esclavitud inventa ese conglomerado labora y la reducción al trabajador máquina como castigo de los vencidos. Repito, someter masas laborales a una espantosa explotación no fue un invento capitalista, pero sí fue una realidad palpable durante la Revolución Industrial capitalista. Otro tipo de regímenes lo hicieron antes y el supuesto Estado que iba a liberar al proletario inventó la más espantosa pesadilla para someter y destruir al trabajador en el Gulag, fantaseado como campo para reeducar a los delincuentes o disidentes políticos.

Vuelta de tuerca a la concentración laboral son altos salarios: Owens a Ford

La concentración laboral para producir podría parecer el mal en sí, pero no lo es. Las mentes esclarecidas descubrieron que podía ser un medio de productividad superior y por tanto de mejora del trabajador. El mérito de Charles Owen y de otros socialistas llamados utópicos (cuando él era más práctico, que otra cosa) fue mostrar que una gran fábrica podía dar un resultado en favor del trabajador directo. Por su parte, Ford al diseñar la fábrica más productiva, comprendió que el corolario lógico era el incremento del salario, a un nivel que antes se creería soñador, entregando 5 dólares diarios al obrero[6]. En ese sentido, la productividad del trabajo generada por la gran industria es la fuente para una condición de vida arriba de la simple subsistencia.

Antes del capitalismo, la mayoría absoluta de la humanidad debía sobrevivir con ingresos inferiores a los 2 dólares mensuales. En 1914 Ford lanza una espectacular iniciativa de Acuerdo general sobre salarios, para ofrecer 5 dólares diarios, lo cual era un salto descomunal, pues previamente se mantenía un promedio de 2.5 dólares diarios, en la ya muy avanzada condición de los Estados Unidos y ya traspasada la “barrera” de la Revolución Industrial[7].

Los reportes históricos indican que los aumentos salariales directo con el cooperativismo de Owen fueron moderados, pero en términos de reducción de horarios (bajando un promedio unas 2 horas diarias) y prestaciones alrededor como proporcionar hogares, pagar durante los paros, etc. fue una auténtica revolución.

Henry Ford fue capitalismo puro y duro con competitividad técnica de vanguardia, Owen fue la creatividad de una perspectiva cooperativista, bajo una libertad experimental, efecto de un modelo y no de la competitividad.

De las muchas fábricas: el taller, la Moloch, la fábrica normal y utopía lúdica (Google)

Conforme el trabajador se apropia de un espacio, crea el espacio productivo, primero en lo que llamamos taller, por la simple composición entre el trabajador, su herramienta, su medio, un espacio confinado y la acumulación de resultado. Sucede lo mismo que con el templo: se corta la extensión para consagrarla a algo. Casi siempre hay una vestimenta o mandil del trabajador, sumado al encierro espacial. Los antiguos hacían rituales para consagrar sus actividades y los más astutos y misteriosos, establecían un área de secrecía, para que nadie profanara su situación con una mirada hostil o no les robara sus secretos. Los antiguos gremios eran confundidos con magos, en especial, cuando realizaban transformaciones misteriosas, como la arena en cristal o las rocas en metales cortantes.

Después, que los trabajadores se separaran de los demás se convirtió en algo como reflejo, como si fuera una definición auto-evidente de propiedad privada, cuando hay muchas coordenadas de sentido, para definir a la persona que se dedica a trabajar sin interrupciones y con un esfuerzo concentrado hacia su objetivo. 

Una vez, que el trabajo productivo se volvió usual, la fábrica es cualquier sitio donde se hacen las cosas y, por época, se identificó como el gran establecimiento que concentra a las máquinas y los trabajadores. Algunos ilustrados llamaron al individuo como una fábrica y al conjunto social también. La época le proporciona su estilo y estética.  

El despertar de la revolución industrial propagaba fábricas destructoras del trabajador, que llamaré como Moloch: la deidad devoradora. De manera estética esto se plasmó hacia la sociedad como un conjunto maligno, pletórico de trampas y sujeciones, por ejemplo, en Metrópolis de Lang.

La ideología soviética escindió la fábrica en una versión maldita, como cámara de tortura capitalista y como epopeya socialista; donde la dualidad implicaba una crisis hacia el fracaso, conforme se atoraba en la zona oscura del Gulag, como su institución peculiar.

Después, el mismo proceso de incremento de la productividad acelerado por la competencia capitalista, implica una transición hacia una “fábrica normal”. Grandes galerones con techos simples y un espacio cerrado, donde aposentar suficientes máquinas y trabajadores se volvió el panorama de las zonas industriales del siglo XX.

El último tránsito está en las fábricas ya casi utópicas de centros de trabajo lúdicos, tipo proyectos de Google o Facebook. En la propaganda y la ilusión la URSS planteó alcanzar la fábrica utópica, cuando realmente destiló lo contrario en el Gulag, para terminar en algún punto intermedio (una fábrica gris e improductiva como el estándar post-estalinista), en la “sociedad fábrica” improductiva.

A la fecha, desconocemos si los proyectos futuristas para levantar un ambiente más lúdico y relajado por los gigantes de la electrónica son un nuevo estándar o, con menos sentido, son espuma sobre la siguiente oleada de cambios. Sin embargo, la productividad abre las posibilidades para una vida mejor.

Hombre de mármol: heroicidad del simple trabajador

Todo ser humano existe contra el tiempo y la adversidad, estando sometido a un final de muerte, donde ningún escapará, y bajo la condición constante que cualquier finalidad deseada está sujeta a la hipótesis de su fracaso. Es en la actividad de la cacería donde quedó establecida la estructura del ciclo heroico, aunque su arquetipo mental puede integrarse (en potencia) hacia cualquier trabajo humano. El ciclo del héroe implica una estructura típica que implica: el personaje que siente un llamado, que traspone un umbral, entra a un área de peligro y confusión, descubre un talismán y/o herramienta, obtiene un mentor (o un consejo divino), enfrenta un enemigo superior, que lo reta y lo pone en peligro real, surge una lucha donde puede perder, se alcanza el triunfo, que al ganar le da una recompensa satisfactoria, incluso tendrá algún reconocimiento y con quien compartir, para regresar hacia su origen, hogar o tierra con la satisfacción de su triunfo. La partida de cacería posee ese tipo de estructura conforme se aleja del hogar y enfrenta animales peligrosos, sin embargo, incluso donde el trabajo humano no parece peligroso, sí existen peligros serios. Por ejemplo, el campesino y el ganadero durante milenios tuvieron el asecho de animales fieros o ponzoñosos, riesgos de caídas y de un medio natural con rayo y otros riesgos. Incluso los trabajos domésticos no son carentes de riesgos inusitados de caídas, animales, incendios y pérdidas súbitas.

Sin importar el trabajo particular, su estructura ontológica implica al sujeto, su esfuerzo orientado a un fin, las herramientas y los objetos sobre los cuales se trabaja[8]. Esa relación tan general está sujeta a la frustración y además implica una entrega. El trabajo puede fallar por miles de causas técnicas y fortuitas. El objeto que resulta del trabajo no se consume de inmediato, sino que se desprende del presente para un consumo futuro y, desde que hay familias, que es siempre implica una entrega de ese producto a otros. La producción egoísta únicamente para sí es un imposible técnico, casi todo lo que hacen los humanos comienza por ser dualidad para uno mismo y para los otros. Gran parte de cualquier producción es para entregarse y ahí también se presenta la estructura potencialmente heroica del proceso de trabajo.

¿Cómo? El trabajo es una actividad que requiere de esfuerzo, que puede fallar, que existe intensión y habilidades, que debe triunfar contra la naturaleza y que el resultado traerá una manera de compartir y la satisfacción, que en el camino hay riesgos de fracasar y de ser dañado (accidente laboral, etc.) En base a tal estructura, es fácil tratar al trabajador como a un héroe y benefactor del prójimo, incluso aunque se mueva en un círculo de actividades egoístas.

El socialismo descubrió ese potencial heroico en el proceso de trabajo y le dio una utilización política. La ideología oficial comunista llevó hasta el absurdo el ensalzar como héroes extremos a los simples trabajadores. Cierto que todo trabajo posee algo de heroico y gratificante, pero el discurso comunista excedió los límites, para engañar al trabajador mientras le arrebataba los “medios de producción” que le había prometido entregar y se los quedó el Estado.

Enfoque equivocado de Marx del perder-ganar en suma cero

El enfoque de Marx es muy interesante y hasta apasionante, pero su enfoque es totalmente negativo: la enajenación total y la pérdida completa de humanidad del proletario. Sin embargo, comparando con el periodo anterior y con el tipo de conflicto social propio de la Revolución Industrial, el ideario comunista omite todo lo positivo que sucede simultáneamente según lo muestran Adam Smith y otros. Marx en su análisis omite qué sucede con el metabolismo de la mercancía dejándolo como “valor de uso” que se intercambia, para subsumirlo a la forma valor (mero movimiento bajo su fórmula de suma cero) donde supone que se intercambian equivalentes, cuando no es así. Precisamente suceden, la menos dos cosas, en un simple trueque: tanto una equivalencia (el intercambio) como una ventaja sobre la equivalencia (el metabolismo de los valores de uso). A cierto nivel, Marx respeta el argumento de los clásicos (valores de uso distintos-valores de cambio como equivalentes), sin embargo, hace un giro en el argumento para únicamente interesarse en la conversión cuantitativa, para convertirla en “sujeto” del valor.

En otras partes, he seguido el argumento, por un lado, Marx es genial, pero también comete un desastre teórico, al únicamente señalar el lado oscuro de esa dialéctica, para absolutizarlo (el capital es un valor que se autovaloriza sacando la máxima plusvalía al obrero, hasta desangrarlo). Los clásicos y los neoclásicos señalan lo contrario del mismo fenómeno: hay cambio porque las mercancías son no-equivalentes, si lo fueran no se llegaría al cambio. Y lo más importante, un metabolismo complejo donde millones de consumidores deciden ellos mismos cuáles son sus necesidades reales, establecen el intercambio.

No sigue la forma M-M

En un sentido muy materialista un intercambio no sigue la fórmula de Marx como dos M-M, dos mercancías, sino en una duplicación de Necesidad-Producto. Quien ofrece da Producto, quien compra adquiere para su Necesidad. Quien es Productor duplica su Necesidad, como necesidad de vender (oferte) y Necesidad de comprar (adquirió) conforme sus requerimientos del Cuerpo (para sí, consumo final) o del Proceso productivo (para la producción continuada).

Desde los antiguos, se entendió que el ser humano es una unidad compleja, por lo que algunos lo interpretaban como una dualidad: cuerpo-espíritu. Todavía mejor resulta una tríada, que será espíritu (mente), alma (emoción) y cuerpo (metabolismo). Marx intenta reducir esta dualidad en el acto mercantil a una unidad, siendo que dos mercancías se cambian y luego lo complejiza, poniendo al dinero en medio. Pero no es bastante, porque la M-M no se lleva por sí misma, sino por ese humano triple: lleva en cada M, mente-emoción-cuerpo engarzado en la Mercancía. A su vez, esa mercancía es Producto, la misma Mercancía y es Consumo (la demanda que el productor hará con esa M que él lleva)[9]. 

Quien lleva un lienzo de tela y lo intercambia, también está cargando su necesidad de alimento, entonces lo cambiará por X de pan y carne. Siempre el movimiento es Producto-Necesidad. El Producto es una realización triple con mente-emoción-materia, donde la emoción pareciera desaparecer, pero resurge como motivación. La mente la reduce Marx a la idea que se plasma en el producto: la idea de hacer algo que se realiza en la cosa producida. Pero la idea sigue en todo su presente, luego seguirá la urgencia de llevarla al mercado y realizar la venta (Marx tiende a considerarla algo automático, lo que se lleva se vende sin complicaciones, lo cual es una gran falsedad).

Quien produce más de lo que requiere para el autoconsumo, en estricto sentido, produce un gran problema: el exceso de tela le estorba, se hacina, le causa un problema porque no es para su consumo. En algún pasaje de El capital Marx se da cuenta de esa tensión cuando señala que llevar al mercado algo es el “día del juicio final”. Pero ese gran problema proviene de una característica anti-Fourier que también descubrió Smith: el consumo requiere muchos objetos diferentes (cada vez son más y más), mientras la variedad a producir con eficiencia es reducida. Incluso si se producen varias cosas por una misma persona (o pequeña organización), el paso de un producto a otro implica complicaciones.

Etapa primitiva

De ahí la “división natural del trabajo” entre los sexos donde se marca una diversificación mayor de la mujer por la exigencia de atender a los hijos, mientras el varón cazador se especializaba en matar y sobrevivir. Aunque el varón no es monomanía de cazador y también requirió hacer varias cuestiones diferentes, lo que importa, es la dificultad intrínseca de hacer muchas cosas en un mismo día entre pocas personas. Hacer puntas de flecha y lanzas permite sobrevivir, pero no es un gran salto durante miles de años. Las herramientas metálicas ya son una especialización absoluta, donde era imposible que todos los hicieran.

Incluso una etapa muy primitiva de paleolítico requiere de alguna variación de productos. Fabricar fuego y conservarlo ya es una especialización. Donde Marx y Engels fingen que no hay mercado, puede asumirse uno bajo el mero intercambio, sin requerir de muchas cuentas: el cazador atrapa al antílope y lo da para que coma la familia tribal, la mujer le da el fuego y los niños a salvo[10].

Donde parece que no hay mercado

Cierto que los pueblos más primitivos no tienen una noción muy rigurosa del intercambio, incluso establecen las instituciones del don: entregar donde parece que nada se recibe. Al menos se recibe no estar en hostilidades, eso ya es un intercambio, el mismo principio de los impuestos.

Las necesidades múltiples provienen de la naturaleza, pero especialmente de la mente y la emoción las hacen proliferar. ¿Cuándo comienza la humanidad? Para algunos con la herramienta, que une la mente y el cuerpo, para transformar. Otros señalan que comienza con el culto a los muertos, donde la mente nota la ausencia y deja flores en los entierros: funciona la mente, la emoción y casi nada se encuentra de materia en ese acto. Otra señal es la curación del herido: el fracturado sobrevive en la tribu a diferencia de las manadas. Cuidar al herido y al enfermo, por principio parece anti mercado; pero solamente para los superficiales. Quien da ahora, quizá recibe en su corazón y en su mente que lo lleva al futuro, además tener al Otro herido presente, ya es recibir algo, el abrazo de la primera fraternidad.

¿Qué M da el herido cuando se deja curar? Ninguna entrega el herido. Ese ofrecer los objetos de caridad o fraternidad no exige un intercambio de cosas. Pero el herido está dando el significado de su cuerpo, no su materia objetiva. Que el intercambio sea siempre de equivalentes es una ficción. ¿Un vaso de agua por un dólar es realmente equivalente? Como valores de uso jamás. Lo serían en el caso limitado que luego el mismo dólar vuelva a comprar un vaso de agua, y se regrese a un intercambio ilógico de un vaso de agua por un vaso de agua.

Donde se comienza a notar un gesto como de mercado

A diferencia del gesto rápido que lanza piedras y flechas con agresiva contundencia, el desprenderse de la mercancía exige delicadeza. El intercambio no acepta gestos brusco ni hostilidad, requiere de un desprendimiento suave. No basta que haya excedentes para crear mercados, también se requiere que los puntos de contacto posean alguna suavidad. El M-M requiere de gestos recíprocos de entrega que no dañen el producto ni la reputación en el proceso, por tanto, la violencia y la ofensa se excluyen. El ciclo mercantil, en ese sentido, resulta como un modelo pacífico, que requiere de paz para su desenvolvimiento. La irrupción de actos violentos o la presencia armada alrededor del acto mercantil M-M es una interferencia de ambiente, de la misma manera que las tormentas no son inherentes a las caravanas de mercaderes[11]. El ritual de la donación silenciosa, donde se dejan objetos (pre mercancía) en un punto fijo para una tribu diferente, es una especie de primer paso del mercado; pero sin contra-prestaciones claras.

La conservación de la mercancía, con frecuencia, implica un largo desplazamiento y el viaje en caravanas o barcos es el complemento perfecto del gesto suave de intercambio. La larga espera mediante un viaje largo garantiza que la diferencia de apreciación y costos de los bienes se imposible de equivales, como señala la hipótesis de la utilidad del Mediterráneo como ruta marítima privilegiada. El mejor intercambio es el desigual, donde ambas partes maximizan su ganar, para duplicarlo. Durante siglos los mercados prósperos implican travesías complicadas y viajes conectando regiones que no saben o no pueden producir lo que se compra.

Demasiados productos parecen un problema por Cronos

Decíamos que el productor de muchos productos iguales se ha metido en un problema serio, pues siempre está la hipótesis de que no serán vendidos y, la otra realidad, el producto terminado puede ser perecedero. Algunos son perecederos rápido y con evidencia, como algunos alimentos, y otros duran como la piedra, pero con los siglos se perderán.

En ese sentido, M (la mercancía) siempre está en agonía, pues su existencia es efímera, pues busca encontrar su puerto final de satisfacer necesidades. La crisis mercantil o capitalista es una confirmación de esa naturaleza frágil de lo que se produce más o menos en masa y exceso. Sin embargo, esa crisis también está presente desde antes, pues el productor puede fracasar en su hacer: lo más paradigmático surge con el cazador primitivo, quien puede volverse la presa cazada. El productor mercantil también puede ser la presa cazada por el mercado, por no querer su producto o quererlo a un precio demasiado bajo. Lo anterior es el defecto del tiempo (la boca de Cronos), no es un defecto específico del mercado ni del capitalismo. El Estado totalitario que se pretende comunista comete esa tarea de Cronos en una escala monstruosa, entregando recursos y vida a las “obras faraónicas”, las cuales terminan en fracasos colosales o un desperdicio de vidas (Gulag) y de recursos (Planes Quinquenales fracasados).

La ironía del tiempo muerto y su sustanciación

El tiempo de Cronos muere de inmediato, pues cada fracción de segundo nunca regresa. El presente vive en el ahora, pero huyendo del pasado que nunca lo alcanza y persiguiendo al futuro inalcanzable. El futuro está huyendo, pero es perseguido, de ahí le perpetuo proyecto teleológico (o finalista). Esa estructura de la percepción de tres modalidades de tiempo, representa un dilema (y drama) para el productor, pues en cuanto el producto terminado se separa del productor, surge la potencia de la separación definitiva; lo que el joven Marx, lamenta como la enajenación radical. El producto separado del productor está sometido a una nueva ley, ajena a las continuas transformaciones de un proceso productivo (imaginemos al alfarero). En sentido estricto ¿dónde queda el tiempo de la producción frente al producto? En el mundo físico ha desaparecido, está en el pasado inalcanzable. Algunos economistas creen que ese tiempo anterior, queda incorporado en el objeto. Algunos argumentan como sí ese pasado permaneciera en el objeto salido de la producción, pero Marx juega a que el tiempo sí vive como sustancia. El filósofo idealista Hegel señala que el Espíritu (emanación divina) entra en la materia y que por eso es interesante, como encarnación, pero no supone que sea un fluido medible. El ingenio de Marx radicaliza la economía clásica, pretendiendo que la sangre temporal se cristaliza en sustancia del valor, filtrada por el mercado, pero que siempre conserva el tiempo del proletario. Su argumento hace un gesto religioso: el proletario se vuelve la fuente perpetua del valor y, mientras existan objetos, la sustancia del tiempo laboral estará animando a los objetos, en sus movimientos de precios, incluso en el movimiento del dinero y sus finanzas. El tiempo físico es irrecuperable (la física cuántica especula sobre si sería viable un viaje en el microcosmos contra las manecillas del reloj), pero la teoría del valor-trabajo específica juega a que nunca muere, sino que es la sangre del sistema económico.

La evidencia material señala un proceso por completo distinto y, por cierto, maravilloso. El tiempo puesto en cada objeto producido se muere, sin embargo, en cuanto el objeto entra en contacto con un individuo vivo también vuelve a la vida. Imaginemos al jarrón del alfarero, que se ha quedado en una bodega olvidada. Permanecerá inmóvil por siglos y con mínima lentitud resecará hasta romperse por efecto los siglos, a menos que sea rescatada del reino de los muertos, por el humano que pondrá agua o licores en su seno, dándole sentido y convirtiéndolo en un satisfactor de necesidades. El producto como mercancía no vendida está muerto o, si se gusta, como una semilla o un zombie, hasta que un gesto mágico lo vuelve a la vida. La fórmula M-M del intercambio significa que dos mercancías vuelven simultáneamente a la vida, es el concepto de Ganar-Ganar más fuerte mediante un renacimiento. La fórmula M-D-M significa que el D del Dinero, es el psicopompo (Hermes o Mercurio) que los va sacando del “reino de los muertos”.

¿Elegir el trabajo como un factor tercero es error o una simple medición con sentido filosófico?

Cuando se mira de manera simple M-M y se dice que se cambiaron, pero hay que señalar que hay una equivalencia, varios pensadores importantes señalaron que el tercero debía ser un signo de igualdad. Aristóteles no estaba convencido de que hubiera igualdad espontánea en el intercambio, pero buscaba una solución justa que garantizara tal igualdad.

Por cierto, la realidad es que M-M no requiere de un tercero como referente de valor, incluso eso lo asume parcialmente hasta Marx en su versión de la “polarización” de la mercancía en el trueque interpretado como dos polos[12]. Lo real es que el tercer elemento que emerge es el Dinero[13]. Pero algunos clásicos les parece que el trabajo es un buen referente, por su importancia, y que la mejor manera de cuantificarlo es volverlo tiempo de trabajo. Algunos economistas derivan esto hacia un “costo salarial” y como una aproximación; otros lo usan como una medida aproximada. Algunos dan una importancia al trabajo como tal, como eje filosófico de la existencia, el punto de unión entre la consciencia y la materia (Hegel); garantía de la humanización, etc. En cierto sentido, no es un error utilizar al trabajo y su tiempo como una referencia de valor[14], sin embargo, llevar al extremo un argumento lo convierte en una falacia.

Hay muchos argumentos sobre la importancia del trabajo, el tiempo y el tiempo de trabajo en relación al valor, con lo cual surgen teorías objetivistas (valor trabajo en sus variaciones), pero el error es el llevar al extremo de creer que el tiempo de trabajo vive siempre en la mercancía y se desliza por todas las ranuras del sistema económico para regular sus tendencias de composición orgánica del capital y crisis económicas. En sentido estricto, el tiempo (su transcurso igual) únicamente es una unidad de medida y no de contenido de las mercancías, pues nunca se cristaliza. Precisamente los excesos y carencias de la producción total del mercado caótico agregar la dificultad final, donde es imposible predeterminar la acumulación de jornadas laborales para satisfacer las necesidades reales, que cambian constantemente. De ahí, que habrá una perpetua divergencia entre valores (supuestos) y precios (reales), que nunca se va a zanjar.

Que el tiempo de trabajo tenga sentido filosófico no significa que sea la respuesta, en realidad, se volvió un segundo problema al justificar una línea donde el proletario se supone víctima y el capital no estaría aportando nada positivo, al contrario, generaría un esquema de suma cero, donde todo lo que gana el capitalista lo ha perdido el proletario.

Fórmula de la riqueza en Smith

Según lo observado la fórmula M-M implica una doble ganancia. Esto funciona con todo tipo de mercancías, incluso con una muy peculiar, que es el trabajador mismo. El obrero se puede presentar como una Mercancía y ofrecer su servicio temporal a cambio de otra Mercancía (o su representación en Dinero). Ahí es donde Marx se alarma y pretende que sucede algo terrible, pues el que compra trabajo, obtendrá más de lo pagó. Esto lo acepto como cierto, pero también es propio de cualquier M-M. Quien entrega pan que no se comerá a cambio de ropa que usará gana más de lo que ha gastado y viceversa, visto desde quien vendió la ropa.

Este ganar-ganar entre dos mercancías es posible que (en condiciones de precariedad productiva) no sea un asunto ventajoso para las dos partes. El que vendió la tela y adquirió el pan quizá tiene muchos hijos y no le alcance para la alimentación con lo que obtuvo; al revés, también podrá ser que el lienzo no alcance para vestir a la familia.

Smith encontró la solución muy sencilla, que se convierte en estratagema sistemática: basta que haya suficientes productos del trabajo, es decir, que haya una técnica adecuada (para él basada en la división del trabajo) que dé abundantes resultados, para que todos tengan suficientes ventajas. Suficientes panes de un lado y se cambian por suficiente tela del otro, para garantizar que el M-M sea un auténtico ganar-ganar.

Marx objeta que el comprador de trabajo siempre será malo y pagará poco al obrero, por lo que seguirá siendo pobre y deberá a contratarse. La historia de Inglaterra le estaba demostrando que los obreros comenzaban a ganar más cada vez. La historia posterior demuestra que la productividad de las empresas mercantiles está creciendo y que las masas van escapando de la miseria. Smith descubrió la fórmula: más división del trabajo y competencia generan más producción y subirá el nivel de ingresos.

La fórmula de Smith es sorpresivamente sencilla: incrementar la división del trabajo en unidades productivas separadas y dentro de los talleres, para que esa doble división (reunida en el mercado) fuera la fuente de progreso técnico. Antes la idea era acaparar buenas tierras, esclavizar a los vecinos o conseguir minas de oro y plata. En cambio, con Smith no se requiere de una naturaleza privilegiada sino de un procedimiento basado en el mercado y permitir que los privados emprendan, para que desde ahí surja la riqueza de las naciones. Surge una estratagema del crecimiento entre las páginas de Smith, una astucia digna de Ulisis: la división termina reuniéndose. La pequeña división del trabajo de la familia extensa y de las tribus se expandirá hacia una división de trabajo a escala de mercado mundial. Bulle la revolución capitalista de las fuerzas productivas. 

Adam Smith no inventó un sistema capitalista, simplemente observó lo que estaba sucediendo de Inglaterra y otras partes, para ponerlo en papel en 1776. Por su parte, los admiradores de Marx intentaron experimentar con sus lineamentos comunistas en 1917 y después, con resultados desastrosos por lo que en 1991, los dirigentes de la URSS desistieron de ese experimento, colocando el letrero de “cerrado hasta nuevo aviso”.

 

A manera de conclusión: el mercado resulta con una ventaja única, sin ser perfecto

La producción mercantil fracasa a veces, fallando en este y aquel caso (produciendo demasiado o haciéndolo caro), sin embargo, presenta una doble ventaja que la hizo revolucionaria: es más productiva y depende de pocos para cumplirse. Al combinarse ambos factores, resulta una figura con dinámica ascendente y auto-regulada que ha sorprendido a la Historia, pues nadie diseñó previamente al mercado.

La ventaja de más producción al especializarse, al principio, parece una casualidad. Hubo más cosecha de la que requieren un individuo, una familia o una tribu, y ese exceso se coloca en el mercado. El exceso de la producción se coloca en la familia bajo un principio gratuito (o desmedido), se entrega a la tribu (y luego al Estado) bajo un principio de gratuidad obligatoria y ante los otros más indiferentes bajo un pacto de mutua conveniencia (el llamado equivalente, la contra-prestación medida). El gran salto en la situación económica viene cuando se abandona la producción para autoconsumo, para dedicarse al puro producir para vender, entonces el productor adquiere una siguiente funcionalidad y personalidad de vendedor más sistemática.

La división del trabajo hasta el exceso favorece una revolución de la productividad y la expansión mundial del mercado, resultando el tipo de sociedad del presente, basada en el intercambio de mercancías.

La perfección del mercado amplificada como noción extrema es una ficción. Atrás he mostrado que el intercambio es un ganar-ganar, donde su multiplican los valores de uso, sin embargo, eso no desaparece los problemas económicos y humanos. Producir mucho no significa producir con perfecta calidad y, por si fuera poco, el productor puede ser tramposo o generar externalidades. El consumidor también posee defectos y tampoco consume a la perfección, como lo demuestra la obesidad y la drogadicción. Debido a que el mercado es el encuentro de productores y consumidores, entonces los defectos previos estarán presentes en el proceso de intercambio mercantil. El mercado no resuelve los complejos problemas humanos por sí mismo, pero sí establece un marco de alta productividad y la oportunidad de establecer continuas correcciones, en un marco de elecciones libres a nivel de la producción.

NOTAS:

[1] Freud, Más allá del principio del placer, etc.

[2] Georges, Bataille, Prólogo a Historia del ojo.

[3] Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, sección “Propiedad privada y comunismo”. “La muerte parece ser una victoria dura de la especie sobre el individuo particular y contradice su unidad. Pero el individuo particular no es más que un ser genérico particular, y como tal mortal.”

 

[4] Hegel Filosofía del derecho, “El instrumento es algo superior a los fines inmediatos del deseo; en él se conserva el trabajo humano, mientras que el goce inmediato pasa y se olvida.” Párrafo 204.

 

[5] Coriat, El taller y el cronómetro, El taller y el robot.

[6] Coriat, El taller y el cronómetro. Capítulo Fordismo.

[7] En esa misma época muchos países europeos tenían salarios comparativamente muy bajos de un dólar al día.

[8] Esta subjetividad, para un idealista objetivo funciona bien, que el espíritu materializado de la conciencia deje el valor plasmado en la materia, tal como lo señala la Fenomenología del Espíritu de Hegel, pero es un absurdo plantearlo como una sustancia de tiempo que se materializa, según lo plantea Marx.

[9] Jean Baudrillard agrega un problema muy específico, donde el significado es crucial. Una igualdad de M-M esconde relaciones de significado-significante, que dan muchas vueltas de tuerca, para establecer jerarquías e iniquidades. Por ejemplo, Economía Política del Signo, entonces el verdadero valor no sería un tiempo (objetivo) sino una valoración, que es social y clasificatoria, pero no valor-de-uso (cuerpo) de mercancía, sino ubicación del sujeto en la escala social.

[10] Engels al mirar el periodo primitivo, se esfuerza por ver un sistema “comunista” en estado primitivo, porque no encuentra una división del trabajo robusta, pero sí hay procesos desconcertantes. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

[11] Resulta una especie de tradición marxista el afirmar que la naturaleza del capital y, por tanto, de la mercancía son violentas. En realidad, los argumentos de Marx y sus sucesores, donde atribuyen a la mercancía, están mostrando la acción violenta del grupo político y, en especial, del Estado. Requiere una respuesta afirmaciones gratuitas como la “llamada acumulación originaria”, donde Marx interpreta los orígenes como un despojo sistemático, con lo cual se confunde acto de Estado, con la acción del mercado.

[12] El capital, tomo I.

[13] Hay una buena refutación lógica de que no es atinado pretender que el tiempo de trabajo por fuerza debe ser el “tercer elemento” referente que se desprende del intercambio. El tercer elemento referente del intercambio es el dinero y no hay más en sentido material; en sentido de buscar trasfondos, se pueden hacer muchos malabarismos mentales y pensar en términos marginalistas, cuantificar márgenes de productividad, intentar regresiones infinitas de tiempo, etc.

[14] Marx inventa una doble naturaleza del trabajo, donde una hace la cosa material y el otro únicamente transcurre como ente abstracto, cuando mucho habría que considerar su “intensidad media” y correspondencia con el desgaste. El capital, tomo I, en “La doble naturaleza del trabajo”.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

MARX NO PREDIJO NADA, LA VERDAD ES OTRA

 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

No predijo nada importante con acierto, aunque sí era un genio dedicado y buscó una regla científica, pero una leyenda roja señala que él predijo todo el futuro capitalista. Spoiler: Marx no fue bueno con las predicciones, aunque sí confeccionó ideas fuertes (incluso fueron “poderosas”, lo cual no es bueno ni malo antes de ver su resultado). Repito, por interés de la propaganda, se alteran y falsifican las ideas de Marx para atribuirle aciertos inexistentes. Los partidarios interesados intentaron darle el cariz de un profeta infalible. Esto era entendible en el caso de su amigo obsesivo y sincero, Federico Engels, capaz de él atribuirse un hijo fuera de matrimonio para cubrir a su amigo. Y Lenin convirtió esa misma exageración en el esbozo de una religión, cuando exageró y alteró el marxismo para siempre al afirmar que “el marxismo es todopoderoso, porque es verdadero (o exacto)”[1]. Lo que Lenin confirmó no fue esa veracidad extrema del marxismo, sino otra realidad: que Lenin, un político astuto como pocos, era capaz de lograr un “salto de etapas”[2] con las herramientas de la política moderna: el partido combatiente y el Estado dictatorial llevados al extremo. Así, cuando un Estado tiránico se apoderó de la economía y monopolizó el poder, las atrocidades fueron cubiertas y disimuladas con las tesis teóricas de Marx.

Le atribuyen muchas predicciones, cuando lo que hizo Marx fue tomar nota detallada de lo que sucedía en el capitalismo mundial del siglo XIX, en especial de Inglaterra. Marx sí hizo una gran apuesta o predicción general, que él no inventó: que tras el capitalismo se levanta un nuevo sistema social llamado socialismo-comunismo y que se realiza vía una revolución social encabezada por un proletariado masivo.

Los posteriores admiradores de Marx le están atribuyendo predicciones específicas que no aparecen de manera tan directa o novedosa en sus textos originales como El Capital (1867). Cierto, que desde su irrupción pública con el Manifiesto Comunista de 1848, Marx le jugó al profeta político, aseverando su hipótesis a lo que sucedería con el capitalismo y el mundo entero, conforme a su esquema de sucesión entre capitalismo y un socialismo-comunismo, como una etapa superior de un único carril, bajo la hipótesis del salto revolucionario.

Cosas que no descubrió Marx ni representaban una predicción

Marx era un analista serio que intentó con su propio método dialéctico que identificaba tendencias ya presentes en el capitalismo de su época (como la expansión del mercado o las crisis cíclicas) y las proyectaba como intensificaciones futuras, pero sin los detalles o implicaciones que se le atribuyen en lecturas populares. Muchas de estas "predicciones cumplidas" no fueron profecías sino la afirmación bastante obvia de que esto sucede y para esa afirmación no se requería de ninguna teoría[3]. Por ejemplo, el mercado capitalista se había extendido por todo el mundo desde el siglo XVI y para el siglo XIX era un fenómeno que cualquier ciego podía ver. Ningún contemporáneo de Marx negaba con seriedad que la expansión del comercio se estuviera deteniendo o que tuviera una barrera imposible. Los economistas previos a Marx ya habían señalado la importancia del mercado mundial y su crecimiento[4], pero los marxistas suenan fanfarrias como si Marx hubiera anticipado la globalización, como una especie de descubrimiento. Tales afirmaciones serían tan insensatas como señalar que Galileo descubrió que existe la Luna.

La mayoría de las famosas predicciones de Marx son observaciones del siglo XIX

Marx tuvo esperanza de que con rapidez los obreros se convirtieran en una compacta clase revolucionaria que superar al sistema capitalista en los países más desarrollados. Lo que luego se interpreta como predicciones son en realidad continuaciones de fenómenos observados por él, o ampliaciones por autores posteriores (como Engels, Lenin o teóricos del siglo XX). A continuación, hay 10 puntos, cuidando cuáles fallaron por completo, pues cambió la tendencia y cuáles lineamientos podrían mantener alguna vigencia. Las "fallidas" las refino ligeramente para coherencia, pero sin cambios mayores ya que no las cuestionaste.

Hipótesis de Marx que se han Cumplido (Revisadas y Matizadas) Aquí, enfoco en elementos directamente de Marx, reconociendo que muchas son proyecciones de tendencias existentes en su tiempo, no "predicciones" inéditas. Elimino o ajusto las que son extrapolaciones no marxianas estrictas.

Mercado mundial intensificado

Marx observaba el mercado global emergente desde el colonialismo (siglo XVI en adelante), pero predijo su fortalecimiento progresivo como una necesidad del capitalismo para superar la sobreproducción, con la burguesía creando interdependencias económicas globales. No predijo explícitamente una "integración económica" post-colonial superando imperios, como señalas; eso es una interpretación posterior. Cita: "La burguesía [...] ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo en todos los países. [...] En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas que reclaman para su satisfacción productos de los países y climas más lejanos." (Manifiesto Comunista, 1848). Como es evidente esta tesis la sostiene ya antes de hacer un estudio detallado de la economía capitalista, es una tesis de estructura, es un corolario de las premisas del capital. Esto se ha cumplido en la globalización contemporánea, pero como continuación de lo que ya veía.

 

Concentración creciente de capital (acumulación)

Marx describía la centralización del capital como un proceso dialéctico donde el capital se acumula en formas colectivas (como sociedades anónimas), no necesariamente en monopolios individuales dominando ramas enteras, lo cual es más atribuible a Engels o teóricos posteriores como Hilferding[5]. Predijo esto como tendencia inherente, y se ha visto en fusiones corporativas modernas. Marx plantea una tendencia a la concentración: "Un capitalista mata a muchos. Mano a mano con esta centralización o expropiación de muchos capitalistas por pocos, se desarrolla [...] la expropiación de muchos capitalistas por unos pocos." (El Capital, Vol. I, Cap. 32). Hay que señalar que Hilferding desarrolló una tesis peculiar, propia de los teóricos del hiper-monopolismo para imaginar que el capital individual genera una concentración máxima, a la que llaman el “capital financiero”, donde imaginan que los bancos se apropian de la industria y el comercio. Una variación de esa distorsión la aplicó Lenin para interpretar su visión del imperialismo, como fundamentado en el “capital financiero”[6]. La realidad económica del capitalismo maduro de la posguerra mostró que esa tesis eran exageraciones de las tendencias básicas.

 

Crisis económicas recurrentes

Las crisis (como las de 1825 o 1847) ya ocurrían en su época, y Marx predijo su continuación por contradicciones internas como la sobreproducción. No vaticinó específicamente crisis financieras modernas con burbujas hipotecarias o derivados; se enfocó en crisis monetarias y bancarias ya presentes. Esto se ha cumplido, pero sin la novedad de colapsos inéditos. Cita: "Las crisis son siempre soluciones momentáneas y violentas de las contradicciones existentes, erupciones violentas que restablecen momentáneamente el equilibrio perturbado." (El Capital, Vol. III, Cap. 15).

Aumento de la desigualdad entre clases

Marx predijo una polarización relativa entre burguesía y proletariado, con acumulación de riqueza en pocos, basada en la plusvalía. Esto se observa en la brecha actual, aunque no siempre absoluta como él temía. Aunque Marx no afirma la pauperización absoluta de los salarios siempre, que sostuvieron algunos de sus discípulos o émulos (la Ley de hierro de Lasalle), sí su perspectiva no asumía un crecimiento salarial sostenido. Siempre esperó la caída salarial en el capitalismo, y la bonanza de Inglaterra y otros países, le parecían una excepción.

El verdadero reto conceptual, es que su concepto de clase social se vuelve una metafísica que convierte al individuo un títere (encarnación de su condición social) y a la historia un teatro de títeres colectivos (lucha de clases), que inventa una narrativa teatral sobre la revolución o no (una dramatización de los llamados “Grandes Relatos”). Esa estructura, termina siendo poco científica, más heredera del dramatismo de Michelet que propio de la ciencia. Tomado en sentido suave, el concepto de clase social es una emanación ideológica espontánea, pero tomado en el sentido de Marx es una ficción ideológica dura, que permite justificar cualquier atrocidad, pues deshumaniza a las personas, siendo una especie de racismo (ahora llamado “clasismo”). Cita: "La acumulación de riqueza en un polo es, al mismo tiempo, acumulación de miseria, tormento de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto." (El Capital, Vol. I, Cap. 25).

Automatización desplazando trabajo (parcial)

Marx analizaba la maquinaria fabril de su tiempo, prediciendo desempleo masivo por desplazamiento directo de trabajadores, volviéndolos "inútiles". No anticipó robótica ni IA; su visión era mecánica y equivocó en no prever el crecimiento del sector servicios, que absorbió mano de obra. La expectativa de Marx era el sostenimiento del desempleo, por una “ley de sobrepoblación” de trabajadores que él llamó con el pintoresco nombre de “ejército industrial de reserva”. Esto se cumple parcialmente en desempleo tecnológico, pero falla en la escala masiva. Cita: "La acumulación de riqueza en un polo es, al mismo tiempo, acumulación de miseria, tormento de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto." (El Capital, Vol. I, Cap. 25).

Pobreza en medio de la abundancia

Marx señaló que el capitalismo genera miseria junto la riqueza de los excedentes producidos, como sobreproducción coexistiendo con hambre[7]. Esto sigue sucediendo hasta el presente, incluso en economías capitalistas ricas, por ejemplo, en fenómenos de viviendas vacías y homeless en EUA. El concepto de pobreza artificial en mitad de la abundancia no lo descubrió Marx, sino que fue una evidencia de su época victoriana. Él fue uno más entre un potente coro de voces que en Europa clamó para resolver la pobreza. De hecho, los países de capitalismo desarrollado emprendieron infinidad de medidas más o menos exitosas para resolver esa miseria. "La sociedad se ve de pronto retrotraída a un estado de barbarie momentánea; parece como si el hambre o una guerra devastadora universal hubieran cortado los medios de subsistencia de toda ella." (Manifiesto Comunista, 1848, refiriéndose a crisis de sobreproducción).

 

Alienación de los trabajadores (básica)

Marx describía la enajenación como opresión terrible del trabajador por su propio producto y emanado en directo por el proceso de producción, que le arrebata su producto. Esta enajenación se extiende hacia su vida completa derivada de su desposesión (condición proletaria) y su posición subordinada en la división del trabajo. El planteo de Marx nunca se refería a burnout emocional o insatisfacción moderna (un vacío existencial), eso es una ampliación por autores como Marcuse, Fromm, etc. Entonces Marx se centra en la alienación laboral y, como asalariado actual, el trabajador sigue sin controlar el proceso, a menos que sea un autónomo o un cooperativista equilibrado. Una derivación bien justificada de la crítica de la enajenación está en la autonomía del mercado, descrita en el fetichismo de la mercancía. Aunque el enfoque de Marx, por la evidencia de época, se centra por entero en la miseria absoluta y degradación directa del obrero en su siglo XIX, también Marx observa dimensiones más sutiles, sobre otras modalidades de degradación. "El objeto que el trabajo produce, su producto, se le enfrenta como un ser extraño, como un poder independiente del productor." (Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844, Trabajo Enajenado).

 

Fetichismo de las mercancías (estricto)

Marx lo definía como la apariencia de relaciones sociales como propiedades inherentes de las cosas (mercancías), con mercados moviéndose "autónomamente". No enfatizaba "apetitos imaginarios" o consumismo; eso es posterior (e.g., Debord). Se cumple en cómo los mercados parecen independientes, pero no en el branding moderno. Marx se enfoca más hacia la cristalización de las relaciones sociales en las mercancías y a que el movimiento del mercado (auges y caídas) obliga a que toda la sociedad siga sus pasos, como a una divinidad externa que les marca qué hacer[8]. "Una relación social determinada entre los hombres asume, a sus ojos, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. [...] A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo tan pronto como se producen como mercancías." (El Capital, Vol. I, Cap. 1, Sección 4).

 

Desempleo estructural o Ejército de reserva industrial (parcial)

Marx predijo un exceso permanente de mano de obra para suprimir salarios, basado en su época. Esperaba altos niveles de desempleo estructural, pero post-1945 (con welfare state y keynesianismo), el desempleo no ha sido tan masivo ni constante en Occidente. Se cumple en presiones salariales, pero falla en la escala. "Forma un ejército industrial de reserva disponible, que pertenece al capital de manera tan absoluta como si éste lo hubiese criado a sus propias expensas." (El Capital, Vol. I, Cap. 25).

 

Creación de necesidades (limitada)

Marx notaba deseos inducidos por el mercado del capitalismo para sostener la acumulación, pero no predijo que las nuevas necesidades artificiales "arrasarían" con las básicas, como se afirma en teorías consumistas de Baudrillard (hiperrealidad) y del posmodernismo (Lipovetsky). Su foco era en valor de uso sometido al intercambio; lo cual se cumple en publicidad, pero como extrapolación. Hay interesantes interpretaciones sobre el alcance del valor de uso y su posible redención, sin embargo, Marx en su teoría económica, casi siempre deja al margen el valor de uso de los productos, delimitando a algunas categorías como generales[9]. "La extensión de los productos y de las necesidades se convierte en un esclavo ingenioso y siempre calculador de apetitos inhumanos, refinados, antinaturales e imaginarios." (Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844, Propiedad Privada y Necesidades).

 

Lo único que sí predijo Marx (spoiler) falló: socialismo por vía revolucionaria

Este concepto tampoco lo inventó Marx, pero sí fue el primero que intentó darle una fundamentación en la ciencia social. Con claridad publicó en su Manifiesto comunista, que la sociedad capitalista sería derribada por un proletariado revolucionario para dar paso a una sociedad socialista primero y comunista al final. Al principio de la experiencia de la URSS y China los partidarios de Marx sostuvieron que ya estaban en el socialismo y que construían ese tipo de sociedad; después del derrumbe de la URSS en 1989, el colapso dominó de las demás repúblicas sometidas a Moscú y, por si fuera poco, las reformas capitalistas en China, las dudas florecieron. Desde entonces la mayoría ha sostenido que el socialismo realmente nunca existió y que esos países tuvieron un régimen que no se atreven a definir, por ser tan horroroso.

Resulta evidente y bien probado que Marx esperaba que el socialismo fuera el fruto maduro del capitalismo avanzado y no una insurrección en sociedades precapitalistas (Rusia y China, etc.), esperando que el socialismo fuera resultado de más civilización y no de más atraso. Estaba convencido que la entidad del proletariado revolucionario se apoderaría del Estado y que, desde ese mismo momento, el Estado (como máquina de opresión y tiranía) comenzaría a desaparecer. El Marx teórico tenía cierta afinidad con los anarquistas y estuvo aliado un tiempo con ellos en la Primera Internacional. Es evidente que cuando Marx señaló sobre una “dictadura del proletariado”[10], jamás predijo ni imaginó una dictadura total del Estado burocrático contra el proletariado y sobre toda la sociedad. En este punto, se le puede tachar a Marx (y a Engels) de muy ingenuo ante el peligro del Estado totalitario[11]. La ironía fue que sus teorías candorosas a favor del proletariado, se volvieron en armas en manos de líderes sin escrúpulos imponiendo un Estado totalitario en contra del proletariado.

Muchos creen que Marx atinó prediciendo la revolución proletaria y otros sostienen que abrió el camino para un proceso de regresión y control totalitario del Estado, lo cual ni de broma debería llamarse revolución proletaria. Por mi parte, sostengo que Marx se equivocó favoreciendo una visión ilusoria de resorte y que ese “saltar etapas” lo aprovechó Lenin para enredarse en el aventurerismo revolucionario, para terminar, siendo un pasaporte para que otros tiranos revolucionarios deshicieran a su antojo.

Conclusión: Marx un analista con visiones y no un profeta

Sí poseía un gran talento teórico y por eso Marx ha estado en el corazón de las transformaciones del siglo XIX al XXI. En ese sentido, Marx funciona como Cristo o cualquier líder religioso: sirve para colocarlo de bandera en las causas más siniestras. Visto con detalle Stalin resulta un personaje siniestro, dispuesto a asesinar a sus camaradas y amigos para aferrarse al poder más personal, que utilizó a su maestro Lenin y a la bandera de Marx como camuflaje para su propia religión de Estado que exigía el “culto a la personalidad” de Stalin. El gran éxito de Marx como teórico significa que sus errores se suman con argumentos que rechazaba, para levantarlo como bandera de una ficción de perfección. Con Stalin interpretándolo desde una dictadura se encargó a los propagandistas que convirtieran las teorías de Marx en “marxismo de Estado”, por lo que se torcieron en su esencia. ¿Cuál fue el torcimiento? No fue tan burdo como hicieron con las fotografías, cuando borraban a los colaboradores de Stalin, después de fusilarlos. La operación fue alterar la perspectiva y, en lo anterior, está marcado: fingen que Marx predijo cosas que no son ninguna predicción. Convertir con ilusión las afirmaciones en predicciones que se propagandizan como acertadas elabora la ficción de un halo mágico de control sobre el futuro. Las dictaduras sí pretenden controlar el futuro, pero Marx no era tan irracional como un dictador en el Kremlin. El “marxismo soviético” convirtió la doctrina de Marx en un vaticinador de ficción, con lo cual se pretende que los líderes marxistas copian las perfecciones del fundador[12]. Por magia simpática establecen una línea genética de Marx, Lenin a Stalin, y después seguirán con Mao y luego Kim y su dinastía de pequeños reyezuelos rojos.

Muchas de las principales Hipótesis de Marx han Fallado y otras han perdido importancia. La esencia de su falla se centra en el tema del proletariado radical y la revolución socialista perfecta.

Catálogo de fallas conocidas:

El centro del error teórico-social es que el proletariado revolucionario no creó el socialismo ideal. Marx imaginó que el proletariado en rebelión contra sus cadenas radicales era capaz de tomar el Estado mediante una revolución y abrir una etapa superior de civilización humana, tomando la producción en sus manos y disolviendo poco a poco al Estado. Esa sí era una predicción esencial para el conjunto de la teoría de Marx, al establecer un “sujeto revolucionario”, debido que el proletariado sufre de ”cadenas radicales”, causadas por la base objetiva del sistema capitalista. Su predicción fue sustituida por el instrumento político desarrollado por Lenin, pues fue un Partido autodenominado Comunista quien se adjudicó de la representación del proletariado para tomar el Estado y usarlo con tiranía; esto sin entregar la producción al proletariado, aunque fingiendo hacerlo.

Después de esta falla esencial lo demás son una serie de errores de diferente calibre; así, entre las equivocaciones o deslices más evidentes y conocidos de Marx son:

1.    Desaparición de la clase media: Predijo su reducción drástica, absorbida por proletariado o élite, sin embargo, este sector medio ha crecido en países desarrollados por movilidad y efecto del Estado de bienestar[13].

2.    Empobrecimiento casi absoluto de la clase trabajadora: Esperaba pobreza como la regla en la clase proletaria[14], pero estándares de vida han subido globalmente por productividad y regulaciones. De hecho, el capitalista estaría erradicando la pobreza en el mundo.

3.    Caída inevitable de la tasa de ganancia: Predijo beneficios cayendo hasta colapso, según alguna modalidad de “ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”, pero se han estabilizado las ganancias con innovación y globalización.

4.    El mercado obstaculiza el progreso técnico: Pensaba que, a final de cuentas, el mercado capitalista frenaría innovación de las fuerzas productivas para maximizar plusvalía, pero el capitalismo sigue desarrollando fuerzas productivas.

5.    Colapso inminente del capitalismo: Previó un final rápido por contradicciones, pero el capitalismo se adaptó con intervenciones estatales, procesos continuos de incremento de productividad y adaptaciones.

6.    Revoluciones en naciones industrializadas: Asumió que Inglaterra o Alemania serían los sitios propios de la revolución comunista, pero capitalismo allí fue donde se estabilizó.

7.    Desempleo masivo por automatización: Esperaba desplazamiento directo de mano de obra, generando masas "inútiles", pues no estaba en su esquema la explosión del sector de servicios. La automatización no ha desplazado tanto la mano de obra como para generar un desempleo sin remedio. Las políticas keynesianas y de Estado de bienestar, con cambios en la productividad han mitigado lo suficiente el desempleo durante el último siglo.

Más allá de la interpretación de hechos que se pueden constatar, también ya varios puntos muy debatibles de Marx y su derivación marxista, entre los más destacados:

1.     Estructura en exceso determinista, que establece un sistema de causalidades rígidas, donde la evolución está determinada (en rigor) por la estructura económica. Hay quienes lo han tachado de “economicista”, en especial, basados en su famosa metáfora de la determinación de la superestructura ideológica por la base estructural (economía).

2.     Determinismo sobre el futuro (plantear alguna manera que hay un futuro comunista inevitable) y predominio del grupo sobre el individuo (la clase sobre su personificación), de tal manera que la libertad termina siendo ilusoria[15].

3.     Manejo fallido de la dialéctica, al plantear un salto de fases, bajo una modalidad arbitraria, de un futuro predeterminado y arbitrario.

4.     La teoría del valor trabajo cuestionada como una ficción, pues realmente nunca se utiliza en el análisis económico concreto y, la ilusión específica, que fantasea en que el tiempo (de trabajo socialmente necesario) se cristaliza en una sustancia (la sangre del sistema), en radical oposición al materialismo físico del relativismo y la cuántica, pues el tiempo es una coordenada relativa, etc.

5.     Paradoja de un aparente materialismo que despliega tantos “puntos ciegos” que es utilizada como la trama de una religión de Estado por los sucesores marxistas, lo cual cuestiona la tendencia científica del Marx mismo y subraya sus tendencias metafísicas inherentes[16].

6.     Fallida integración de campos del conocimiento con el monolitismo de una visión de “materialismo histórico y dialéctico”, tan fallida que favoreció su falsificación en ideología del Estado soviético, etc.

El texto anterior no significa tirar la obra completa de Marx, a quien se le pueden reconocer méritos intelectuales y enfoques retadores hasta el presente, incluso varias etapas en su pensamiento de enorme interés. Sus análisis no son argumentos superficiales, sí fue integrando su pensamiento con esmero y, de manera constante, intentando integrar lo mejor de las especialidades que aborda. Por ejemplo, en filosofía Marx se consideró heredero del idealismo objetivo alemán, en economía de la economía clásica inglesa, etc. Por sus propios méritos, resulta tan tentador repetir con simplismo a Marx, como si el tiempo fuera a revivir al pensamiento del siglo XIX y redescubriera su vigencia.

Conclusiones

Marx falló en el corazón de su predicción transformadora y bajo esa falla hay una larga serie de inconsistencias y fallas teóricas. Su falla central fue aprovechada bajo una tecnología política exitosa, que canalizó con un partido las fuerzas revolucionarias de las masas, y la docilidad postrevolucionaria para realizar experimentos totalitarios, disfrazados de los ideales éticos de Marx. La falla abrió el camino a la falsificación y se creó la ideología soviética que imita a Marx y falsifica su esperanza de que el proletariado gobernara. En lugar de seguir le núcleo esencial de Marx, su ideología fue falsificada con exceso de elogios y, entre lo pernicioso, se fingió que el fundador había atinado en predicciones sobre el capitalismo, cuando únicamente estaba describiendo su tiempo presente. Por si fuera poco, algunos temas que sí eran predicciones erróneas fueron reinterpretados para fingir aciertos. La derivación hacia una ideología oficial pagada con recursos millonarios y su empleo hacia una especie de religión de Estado, difundió el mito burdo de la infalibilidad de las predicciones de Marx. De esta manera Marx se utiliza como Cristo, para jugar a una bandera de pureza originaria y una ortodoxia con la cual ganar maquillar un presente lleno de crímenes en nombre del socialismo. En el extremo, los regímenes estalinistas, maoístas y otros semejantes mataron a millones de personas y sometieron a sus pueblos a los sufrimientos más atroces, cuando se pintaron con los colores de Marx. Las mentiras terminan por caer, aunque tarden décadas a desmontarse.

La terrible manipulación del ideario de Marx y sus ideas para implantar regímenes totalitarios es incompatible con el principio marxista de que quienes gobiernan son los proletarios. Los partidos totalitarios sustituyen burdamente al proletariado y un estado represivo mantiene al pueblo sometido, combinado con regímenes de producción catastróficos.

Las buenas intenciones y las partes de mayor análisis de Marx son incompatibles con los regímenes del llamado socialismo real, funcionando como Cristo para los reyes guerreros, que sometían a sus vecinos bajo la espada y con el pretexto religioso. Por lo anterior, resulta difícil hacer análisis objetivos de Marx que no incluyan largas precisiones, pues las distorsiones circulan ampliamente. El tema con que inicia este análisis es la usual falsedad que atribuye a Marx un don profético inexistente, pero fue una variación muy difundida, que, en el presente, todavía sigue circulando.

NOTAS:

[1] Lenin escribió la frase "The Marxist doctrine is omnipotent because it is true" (en ruso: "Учение Маркса всесильно, потому что оно верно"), que en traducciones al español aparece como "La doctrina marxista es omnipotente porque es verdadera" o variaciones aproximadas como correcto o exacto. Está en su ensayo "Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo", publicado en marzo de 1913 en la revista Prosveshcheniye (Ilustración).

[2] Marx afirmaba que el socialismo era efecto de la maduración del capitalismo, y Lenin mostró que era posible hacer un experimento político social, saltando al sistema feudal zarista y al incipiente capitalismo rusos, para experimentar con un Estado que pretendía ser proletario, mientras expropiaba a toda la sociedad: burgueses, proletarios y campesinos simultáneamente. Y en 1989 la ineficiencia de la tiranía roja (estatismo sin rumbo) derrumbó al Estado desde adentro.

[3] En particular, el concepto de clases sociales ya era popular en la época y hasta de uso corriente en la “ideología cotidiana”, siendo que el manejo que les da Marx poseen los matices metafísicos de Jules Michelet, pero armados sobre las bases de la economía clásica, como si fueran categorías económicas. Escohotado descubrió que Marx no alcanza una definición final de las clases sociales, pues cuando comenzaba el tema en la llamado Tomo IV de El capital o Historia crítica de las teorías de la plusvalía, fue cuando falleció Marx. Anotemos, la teoría de las clases aparece en el Manifiesto Comunista, afirmada como el comienzo de las contradicciones y el motor de dilema constante de la historia, pero no se termina de definir en el sistema. La respuesta de Escohotado apunta a la crítica, que sería imposible para Marx aterrizar el sistema. 

[4] Las teorías de Adam Smith y David Ricardo, los máximos exponentes de la economía clásica, fueron retomados por Marx, para levantar su propia visión.

[5] Rudolf Hilferding, El capitalismo financiero. Donde sostiene una monopolización acelerada y sin contratendencias.

[6] Lenin, Imperialismo, fase superior del capitalismo.

[7] Esta contradicción llama sobre manera para la historia de las Revoluciones, pues suceden con frecuencia en periodos de crecimiento económico. Por ejemplo, Adam Schaft, Historia de la Revolución Francesa, etc.

[8] Una interpretación muy exacta en István Mészaron, La teoría de la enajenación de Marx.

[9] Rosdolsky, Génesis, estructura y método de El capital. El cuerpo de las mercancías suele ser irrelevante para el análisis económico, delimitándose a su segmentación como Medios de Consumo, Medios de Producción, Dinero, etc.

[10] Por ejemplo, Marx: La guerra civil en Francia.

[11] Quizá la mayor falla de Marx fue su ceguera ante el riesgo del Estado emergido de una revolución, pues se ilusionó con el efecto de renovación y transformación cualitativa de ese cambio. A diferencia de los liberales clásicos que alertaban contra la tiranía y exigieron división de poderes, gobierno de leyes con derechos y demás, Marx se contentaba con el remplazo de clases, esperando que un proletariado gobernante siempre aplicaría una ética angelical. Véase La guerra civil en Francia y El 18 brumario de Luis Bonaparte.

[12] Trotsky tenía claro esa falsificación del marxismo por Stalin en muchos aspectos, pero intentó una radicalización fantasiosa del proceso, con la hipótesis de una “revolución permanente”, que da título al libro La revolución permanente. Por su parte, con más años de distancia, Marcuse señala con cuidado las distorsiones teóricas, como una psicología del deber ser opresivo, en El marxismo soviético.

[13] Una parte de los discípulos marxistas, llamados socialdemócratas, supusieron que la clase media no desaparecería y que el proletariado se podía beneficiar del capitalismo. Esa fue el ala más moderada en Bernstein y un ala centrista de Aldher. Sin embargo, la Revolución Rusa favoreció la preminencia de la opción radical, incluso al alterar la evidencia económica, y convertir la ruina material en una expectativo positiva para el proletariado revolucionario.

[14] Aunque la miseria absoluta no se registraba en la Europa del final del siglo XIX y principio del XX, la interpretación marxista era que sí seguía una “pobreza relativa”, pues los capitalistas se beneficiaban más. Véase del debate Luxemburgo vs Kautsky recopilado en Reforma o Revolución.

[15] Agnes Heller, después de años de estudios filosóficos marxistas, rompe en ese punto, véase después de La teoría de las necesidades en Marx.

[16] Pocos autores han descubierto que la visión de la materia física en Marx y Engels poseía los rasgos de un Dios monoteísta: eterna, infinita, regulando la totalidad, etc. Jorge Cuesta, Ensayos.